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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


NÉSTOR KIRCHNER: NUESTRO VECINO PRESIDENTE

<hr><h2><u>NÉSTOR KIRCHNER: NUESTRO VECINO PRESIDENTE</h2></u> Por Augusto Alvarado

A la memoria de Alberto “Cunfi” Quirós,
compañero y amigo


Néstor Carlos Kirchner Ostoic nació en Río Gallegos (Provincia de Santa Cruz, República Argentina) el 25 de febrero de 1950. Hijo de Néstor Carlos Kirchner, argentino, descendiente de alemanes y suizos y de María Ostoic, chilena de Punta Arenas, hija de inmigrantes croatas. Dicen algunos biógrafos que sus padres se conocieron mientras ejercían como telegrafistas en sus respectivos correos nacionales. Era don Néstor Kirchner padre una especie de Florentino Ariza (Gabriel García Márquez: “El amor en los tiempos del cólera”), que transmitía el amor a su amada a través del alfabeto Morse. Se ve que don Néstor padre ganó la pequeña batalla y logró llevar a su mujer a Río Gallegos. ¿Hubiera sido muy distinta la historia si se afincaban en Punta Arenas y Néstor hijo resultaba siendo chileno? Podemos intentar un ejercicio de adivinación.

El futuro presidente habría tenido 20 años cuando Salvador Allende asumió la presidencia de Chile en noviembre de 1970. Habría cursado sus estudios básicos y medios en escuelas públicas, tal como lo hizo en su país natal. Y no hubiera podido sustraerse a la atracción de la política en una provincia chilena, la de Magallanes, con una fuerte presencia socialista. Con toda seguridad habría leído a Francisco Coloane y Baldomero Lillo, a Manuel Rojas y Rubén Azócar. Y también miraría con ojos enamorados a alguna magallánica a la que recitaría los versos de Neruda: “Amo el amor de los marineros / que vienen y se van”…

Y nuestro vecino presidente habría tenido 23 años en septiembre de 1973, cuando fue derrocado Salvador Allende y miles de chilenos fueron exonerados de sus trabajos, prisioneros en recintos militares, torturados para después ser arrojados al exilio. Y Magallanes no fue la excepción. Habría conocido el Regimiento Pudeto y el Regimiento Cochrane, el Estadio Fiscal y el Palacio de la Risa (Centro de Torturas) para terminar, como cientos de nosotros, confinado en isla Dawson, en el centro del estrecho de Magallanes, entre Fuerte Bulnes y la Tierra del Fuego.

Pero doña María Ostoic cruzó la frontera y se radicó en Río Gallegos, donde vivía su esposo y allí nació su hijo Néstor Carlos, ya lo dijimos, el 25 de febrero de 1950, en pleno primer gobierno del General Perón. Tenía dos años cuando murió Evita y cinco cuando fue derrocado el presidente constitucional. Cursó sus estudios básicos y medios en escuelas públicas. Pudo haber leído, tal vez, al más grande cuentista chileno del siglo veinte: el chilote Francisco Coloane. Pero con toda seguridad leyó, como miles de otros jóvenes de una generación de argentinos, a Arturo Jauretche y Hernández Arregui, a Puigróss y Jorge Abelardo Ramos, a Leopoldo Marechal y Scalabrini Ortiz, maestros en la política, la literatura y la sociología, la historia y la economía. Había que encontrar las claves de una derrota y descubrir los caminos de una nueva victoria. Como no podía ser de otro modo, se hizo peronista, de la mano de su viejo maestro, don Mario Cepernic. Y esa Argentina que va del 73 al 76, pletórica de esperanzas y tragedias, lo encuentra estudiando derecho en La Plata y militando en la izquierda peronista. En 1975 contrajo matrimonio con la platense Cristina Fernández, compañera de estudios y de partido. Vivió la alegría del triunfo de Cámpora y la de una nueva presidencia de Perón. Sufrió la muerte del general y una nueva agonía del peronismo en el poder. Una vez más en su patria la restauración oligárquico-militar descargaba su odio contra el pueblo.

Vuelve al pago chico, a su patagonia, donde instala un estudio jurídico junto a su colega y compañera. Hay que reorganizar el movimiento, esperar mejores momentos. Se dice, aunque no está documentado, que en aquella época fue perseguido y encarcelado.
Después, a partir de 1983, el torbellino, las responsabilidades administrativas y políticas. A cargo de la Caja de Previsión Social de Santa Cruz pone orden en el caos y hace justicia con jubilados y pensionados. Luego, la Intendencia de Río Gallegos, feudo radical (en connivencia con los jefes militares). A continuación, tres períodos consecutivos a cargo de la gobernación provincial.

Cuando asume su primer gobierno la provincia estaba asolada por la crisis económica, altos niveles de desocupación y un elevado déficit en sus cuentas públicas. Informes actuales indican que Santa Cruz es la provincia con mejor distribución de la riqueza y menor índice de pobreza, sólo superada por la Ciudad de Buenos Aires.

Visitar Río Gallegos u otras zonas de la provincia de Santa Cruz (El Calafate, por ejemplo) mueve al asombro. No es necesario leer estadísticas. Basta observar el ritmo febril de la construcción, el enorme empuje de la obra pública (el Hospital de Río Gallegos, todo un ejemplo), el crecimiento en los niveles de consumo, la reactivación de Río Turbio, el mejoramiento de las carreteras existentes y nuevos planes de expansión vial en rutas interiores y hacia la frontera con Chile. Para no hablar del turismo (que no es sólo el Perito Moreno), actividad en expansión de la cual el Presidente es el principal y más entusiasta operador.

¿Cómo entender este “milagro” mientras Menem aplicaba a nivel nacional el más crudo modelo neoliberal durante la década de los noventa? En aras de la síntesis, sólo abordaremos algunos aspectos. Primero, una fuerte inyección de capitales provinciales en actividades productivas, lo que generó altos niveles de empleo y de consumo; segundo, una inteligente negociación política con el gobierno nacional para obtener regalías petroleras, la principal riqueza del territorio; tercero, un manejo eficiente y transparente del presupuesto provincial.

Y en estos días, cuando desde hace nueve meses es el presidente de todos los argentinos, está enfrentando el desafío más grande de toda su carrera política: las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional y con los acreedores privados de bonos por el valor de ¡60 mil millones de dólares! Ha apelado el presidente a la solidaridad continental (principalmente Brasil y Venezuela) y lo ha conseguido. Dice que no pactará acuerdos con los acreedores internacionales que impliquen más pobreza para los argentinos. Los gurúes del neoliberalismo enquistados en la prensa local vaticinan: no es posible gobernar al margen del mundo real (léase FMI, Grupo de los Siete, Wall Street); gobernadores, dirigentes políticos de “primera línea”, dirigentes sindicales, escatiman su respaldo; la “izquierda”, perdida en el tiempo y en el espacio, ya se pronunció: Kirchner es un presidente “burgués”.

Tenemos todo el derecho a pensar que podemos enfrentarnos a una nueva decepción. Pero también tenemos derecho a la esperanza. Desde la patagonia, donde se ha fundido por generaciones la sangre de argentinos y chilenos, hacemos fuerza para que nuestro vecino presidente encuentre el respaldo y la sabiduría necesarios para superar este duro momento y empecemos a consolidar, en conjunto, la grandeza de la Patria Grande.

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