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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


21 DE MAYO

<hr><u><h2>21 DE MAYO</u></h2>

La guerra del Pacífico, el mar para Bolivia y la gloria



por Tomás Moulian
El Mostrador - 23 de mayo de 2000

Anteayer se celebró el combate naval de Iquique, en el cual Prat y sus compañeros entregaron su vida por defender lo que los grupos dirigentes de la época consideraron e impusieron como un deber patriótico. Junto con ellos murieron miles de chilenos de pueblo. Muchos de ellos creyeron que en lucha con Perú y Bolivia se realizaba el destino de nuestro país, mientras otros fueron reclutados para defenderlo.

Como sociedad debemos mirar esa guerra sin orgullo ni falso patriotismo. Fue un conflicto armado por defender nuestras propiedades y derechos en las tierras del salitre, una guerra comercial como muchas de esa época. Tiene que ver con el desarrollo capitalista de nuestro país, más que con otra cosa. Esto evidentemente no niega el carácter heroico de muchos de los actos de nuestros oficiales, soldados, dirigentes civiles que se comprometieron en la dirección de la guerra. Pero esa guerra, como decisión colectiva, no tiene que ver con la gloria de Chile. En realidad, tiene relación con decisiones de política económica que nos permitían, o si se quiere forzaban, a usar nuestras potencialidades como Estado en la lucha contra pueblos hermanos por el dominio de un recurso natural, cuya conquista nos iba a permitir la primera modernización capitalista de nuestro siglo.

Creo que esto lo sabemos inconscientemente y por ello celebramos con unción las derrotas, el combate naval de Iquique y la batalla de la Concepción. No hablamos de gloria para celebrar la ocupación de Lima por nuestras tropas, quizás porque, en el secreto de nuestra conciencia colectiva, sabemos que lo que en verdad se juega en la guerra es el poder de una sociedad y que en todo conflicto armado con otra nación las miserias de los hombres salen a la luz tanto como sus grandezas.

En la guerra del Pacífico contribuimos a humillar con daños territoriales y simbólicos a dos pueblos hermanos. A Perú, de una manera coyuntural, porque nuestros diplomáticos y políticos contribuyeron a una solución que a nuestros vecinos no les inflingió tanto daño. Pero a Bolivia la hemos obligado a soportar una pérdida que todavía dura. En relación con esa nación no debe importarnos el formalismo de los derechos, debe importarnos la construcción de lazos para el futuro. En algún recodo de nuestra historia nos convertimos en un país aislacionista que contribuyó más al refuerzo de la fragmentación de nuestro continente que al sueño de la unificación. Fracasada en el pasado la unificación creciente de los pueblos de nuestro subcontinente, de nuestra América sureña, es hoy una condición del desarrollo futuro. El necio orgullo de creernos más yanquis que sureños nos llevó, durante la dictadura y después de ella, a creernos del primer mundo. Somos de aquí y para poder ser de aquí con nuestros vecinos, con los más próximos, debemos resolver la pérdida simbólica que le ocasionamos a Bolivia. Ese gesto nos podría dar la gloria a la que tanto nos referimos en nuestros discursos patrióticos.
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1 comentario

Prof. Pedro Godoy -

Vaiosa la nota de Moulián. Se requiere tenga mayor resonancia. La izquierda marxista que representa no se hace eco de ese enfoque. Hay flaquezas que ya surgen con Recabarren. El aislacionismo que es proimperialista echó raíces en todo el cuerpo social. Desafío a efectuar un seminario -seminario digo y no asamblea- para analizar el tema.
Prof. Pedro Godoy
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