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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


"LOS SECRETOS DE MACHUCA"

<h2><hr><u>&quot;LOS SECRETOS DE MACHUCA&quot;</h2></u> La nueva película de Andrés Wood recrea el Chile de 1973. Elogiado en el Festival de Cannes y con excelentes críticas en España, el filme destaca por su impecable reconstrucción de la época al relatar la amistad de dos niños de sectores sociales opuestos en los días finales de la Unidad Popular. Durante cinco meses previos al rodaje, un equipo investigó el período para retratarlo con fidelidad.

Por Rodrigo Miranda – La Tercera – Santiago de Chile – 25-07-2004

Como si el azar le jugara una broma, en septiembre del año pasado el director Andrés Word terminaba de filmar su cuarta película Machuca cuando asomó esa incontenible /vorágine/ de cientos de imágenes, documentos y testimonios que marcó la conmemoración de los 30 años del golpe de Estado.

Para la ambientación de la cinta, que revive la Unidad Popular desde el punto de vista de dos niños, un equipo realizó una investigación de cinco meses previo al rodaje. Más de 10 personas revisaron archivos de partidos políticos y entrevistaron a diferentes personajes que vivieron los años 70 o algunos que guardaron el exiguo material que sobrevivió a la censura del régimen de Augusto Pinochet.

Obviamente se encontraron con respuestas negativas y puertas que se cerraron. Pero el director se había autoimpuesto la tarea de reflejar la estética del período a toda costa y con lujo de detalles: se mandaron a hacer boletas de la época, los semáforos se pintaron de amarillo y los buzones postales de rojo, pues el color fue cambiado después de 1973 por "subversivo".

También se borraron digitalmente los teleféricos del cerro San Cristóbal y las fechas de vencimiento de tarros de leche condensada, que los protagonistas saborean en una de las escenas.

"De pronto aparecieron todas las imágenes que tanto nos había costado recopilar y que nos hubieran ahorrado todo ese trabajo. Eso es lo emocionante de Machuca. Fue una película hecha desde la memoria", explica el director de arte, Rodrigo Bazáes.

Película autobiográfica

El sondeo en la memoria colectiva de la historia reciente y su raíz autobiográfica se convirtieron en los elementos que transformaron a Machuca en la película más personal del director de Historias de Fútbol, El Desquite y La Fiebre del Loco.

Al final, la recreación de época se convertirá en telón de fondo para una historia que no se centra en el debate ideológico de su tiempo, sino en la amistad entre dos niños de familias que se ubicaban en bandos opuestos en el Chile de 1973. Gonzalo Infante (Matías Quer) y Pedro Machuca (Ariel Mateluna) son dos colegiales de 11 años que viven en Santiago, el primero en un barrio acomodado y el segundo en un humilde campamento.

El padre McEnroe (Ernesto Malbrán), director de una institución religiosa de enseñanza privada, decide realizar un experimento de integración en el elitista Colegio Saint Patrick e incorpora a alumnos provenientes de familias de escasos recursos, con el apoyo de parte de los apoderados.

El sacerdote tiene la firme decisión de que las diferentes clases sociales aprendan a respetarse, como un ejemplo en medio de un clima social de abierto enfrentamiento. Es así como Machuca se convierte en compañero de curso de Infante y entre ellos surge una amistad, que termina abruptamente después del 11 de septiembre.

Word, como alumno del Colegio Saint George, participó en un programa de integración similar y quiso reflejar esa experiencia en la trama. Sin embargo, la película no se rodó en los lugares reales y se usaron los patios y algunas salas del Campus Oriente de la Universidad Católica, junto al frontis del Internado Manuel Barros Arana.

En la toma de Peñalolén

La labor más ardua fue limpiar Santiago de elementos contemporáneos a través de efectos digitales o directamente en los lugares de filmación. De las secuencias en exteriores se sacaron aires acondicionados, señales de tránsito, semáforos, alumbrado eléctrico, letreros de alarmas de seguridad, antenas de celulares y hasta las cunetas amarillas, ya que antes no se pintaban.

Una de las escenas más impactantes también fue recreada virtualmente: dos aviones Hawker Hunter -hoy fuera de funcionamiento- atraviesan el cielo, por sobre las cabezas de Gonzalo Infante, uno de los pequeños protagonistas, y el personaje de Silvana (Manuela Martelli), una niña de una población que ayuda a su padre a vender banderas chilenas y de partidos políticos en manifestaciones. La inocencia de los pequeños no les permite advertir que esos aviones se dirigen a bombardear a La Moneda.

Las tomas en campamentos se filmaron en algunas calles de la ex toma de Peñalolén y poblaciones de Lo Barnechea. También fueron intervenidas en posproducción para quitarles toda seña de modernidad.

Al contrario, para despertar la nostalgia en el espectador muchos de los elementos de utilería son reales. Los pupitres -de color café y con un hoyo para el tintero- del colegio donde ocurre la historia se consiguieron en escuelas de provincia, ya que en Santiago los productores no encontraron. A su vez, en tiendas de anticuarios lograron comprar las antiguas gomas escolares de dos colores, cuadernos fiscales con el escudo chileno en la tapa y los lápices grafito amarillos.

En una ocasión, incluso, husmeando por casualidad en una fábrica, la vestuarista Maya Mora se topó en una bodega con los últimos rollos de la tela original con que se fabricaba la desaparecida chaqueta colegial sin solapa y de grueso paño azul.

"Se mandaron a hacer cigarrillos, vasos, fósforos, pajitas para tomar bebiba y los botones de los vestuarios. Pero la recreación de época debería volverse invisible. Trabajamos para que tuviera naturalidad y gozara de verdad", explica el director de arte.

Con la Brigada Ramona Parra

Una de las dificultades mayores fue llevar al color la imaginería de la época de la UP, que a través de la documentación aparece sólo en blanco y negro. Para lograr el verismo deseado, uno de los fundadores de la Brigada Ramona Parra, Alejandro "Mono" González, se integró a Machuca como realizador escenográfico.

Entre otras labores, el ex brigadista asesoró las secuencias de concentraciones y manifestaciones políticas confeccionando las pancartas, lienzos y carros alegóricos.

"Recreamos hasta la forma en que desfilaban los diferentes sectores políticos. Las concentraciones de izquierda las filmamos en calles cercanas al Paseo Bulnes y las de derecha, en la zona del ex Congreso Nacional", recuerda "Mono" González, quien tras el golpe no se exilió y se mantuvo clandestino hasta 1980.

Y agrega: "Ahora me tocó hacer letreros del Partido Nacional, aunque en general la derecha usaba más la bandera chilena como emblema, y hasta de Patria y Libertad. Una ironía de la historia".

Machuca, cuyo presupuesto se acerca al millón de dólares (recibió 54 millones de pesos del Fondart), se estrena en Chile en agosto y llega precedida de los excelentes comentarios que recibió en su paso por España, donde se exhibió en el circuito comercial, y en la Quincena de Realizadores del último Festival de Cannes.
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