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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


CRÓNICAS DE LOS MARES AUSTRALES

<hr><h2><u>CRÓNICAS DE LOS MARES AUSTRALES</h2></u> “Patagonia Mía” – Agosto de 2004

Documentación: H. Catalán

EL HUNDIMIENTO DEL “MAGDA” (ABRIL DE 1933)



Era la segunda oportunidad que el “Magda” llegaba al muelle de Punta Arenas. Su arribo estaba anunciado para el día sábado primero de abril y muchos vecinos se aprestaban a ir a dar un paseo para esperarlo. Era agradable ver llegar un barco de modernas líneas y de una capacidad que era difícil encontrar por esos años en los transportes de carga regular. El “Magda” era de propiedad de la Compañía Sueca de Navegación, empresa que se lo había arrendado a la Interoceánica de Navegación. Esta empresa naviera cubriría con esta nave los viajes regulares entre El Callao en Perú y Buenos Aires. En este segundo viaje, Correos de Chile, aprovechaba de enviar 58 sacos de correspondencia con destino a los hogares y oficinas públicas de Magallanes.

El “Magda” era un barco de carga. En este viaje traía una tripulación de 30 personas en su mayoría de nacionalidad sueca y algunos daneses. Todo en la navegación se venía dando excelente. Antes de llegar a Chiloé el telegrafista del navío, Jacob Svenson, comunicó al segundo piloto, Costa Bernstson, que los barcos navegando por la zona de los canales en las cercanías del Estrecho de Magallanes, estaban reportando endemoniados temporales. Rápidamente la oficialidad se reunió con el Capitán del “Magda”, Iván Henry Blucker, en el puente. Este oficial sueco se había graduado en la Marina Mercante de su país en 1915. Este era su décimo viaje por los canales magallánicos; otros ocho viajes los había hecho en el vapor “Cordelia”.

La idea fue esperar el paso por el golfo Corcovado y de acuerdo a las condiciones de navegación en el lugar más las informaciones de radio se tomaría la decisión de salir a mar abierto o bien seguir por los canales interiores. Estaba tan malo el golfo que ni siquiera se dio la opción de salir mar afuera. Además influyó la confianza del capitán Blucker, quien ya se creía un conocedor de los canales. El día 31 de marzo, a las 19.30 horas, el “Magda” entra al temido Canal Smith (tumba de muchos barcos). Si bien es cierto había amainado un poco el temporal, el lugar estaba invadido por una espesa neblina. En sus declaraciones del sumario, el capitán sueco describe el entorno...”No pudimos encontrar un lugar adecuado para capear el mal tiempo. Tampoco era prudente volver atrás. De aquí, entonces, que seguimos despacio, a media marcha, vigilando continuamente. En las primeras horas de la noche, divisamos una luz, suponiendo que era la del Faro Fairway y seguimos adelante” (“El Magallanes” - 3/4/1933).

La investigación naval, constató que el presunto faro estaba esa noche descompuesto y la luz débil provenía del Faro Félix. Con esa percepción equivocada del lugar, mas el viento que volvió a soplar fuerte a las 23.00 horas, tenía que ocurrir lo peor. El sentir los roqueríos en el vientre del pesado buque; la llegada del agua desde las bodegas a la cubierta; la rápida inclinación del barco entre 12 a 15 grados; eran evidencias que el “Magda” había quedado entrampado y mortalmente herido sobre los roqueríos de la Península Muñoz Gamero en el Canal Smyth, frente a la Isla Larga. Esa penosa noche, a las dos de la madrugada el capitán ordenó alistar los botes, llevar lo indispensable considerando perdida la nave. El temor era sobrevivir en aquel embravecido mar en los botes salvavidas. La desdicha de aquellos rubios marinos, que tenían ante sus ojos, aquel hermoso mercante que había sido su hogar en estas lejanas tierras, duraría hasta el mediodía del día siguiente. Raudamente y alertado por las estaciones de radio de la Armada y de otros barcos que pasaban por el lugar, el vapor “Don Ricardo”, que también viajaba a Punta Arenas, los recoge llevándolos sanos y salvos a Punta Arenas.

Recién el día miércoles 5 de abril de 1933 por orden del Gobernador Marítimo de Punta Arenas, Capitán de Fragata Guillermo Arroyo, zarpa hacia el lugar del accidente el escampavía “Colo-Colo”. En este viaje se embarca el capitán Bluker, conocedor de su barco; deberá informar el lugar exacto donde están los sacos de correspondencia. El “Magda” en este su último viaje transportaba 1830 toneladas de mercaderías varias. Entre otras cosas en las bodegas habían sacos de azúcar, café, arroz, azúcar, cacao, arvejas y lentejas. Otros productos además de la correspondencia para Punta Arenas- que viene a rescatar el “Colo-Colo” - consisten en 300 toneladas de postes telefónicos y 18 chassis de automóviles.

Llegados al barco siniestrado y al recorrer los compartimentos que aún no estaban inundados, el capitán sueco y los marinos chilenos, constataron que del lunes al miércoles se había producido un raqueo de proporciones. Las cámaras de los tripulantes habían sido saqueadas; igual suerte corrieron comedores y todas las dependencias donde se guardaba vestuario, repuestos e instrumental de navegación. Al parecer los saqueadores habían escapado hacía poco- porque aún había olor a alcohol- retirado del bar del comedor de oficiales. Para los marinos chilenos no fue difícil saber que quienes habían participado en el saqueo eran indios alacalufes dirigidos por José Viejo. Este grupo siempre estaba navegando por el sector, intercambiando mercaderías por cueros de nutrias con aventureros que obedecían ciegamente las ordenes de Demógenes Guajardo Rivera.

El escampavía “Colo-Colo”, luego de extraer toda la correspondencia desde la bodega Nº1 del “Magda” partió de regreso a Punta Arenas. A juicio de los oficiales del barco siniestrado era imposible liberar su carga. Ni siquiera valía la pena tratar de salvar los alimentos, puesto que estos estaban contaminados con 481 toneladas de azufre. La posición del barco indicaba que de seguir los temporales, este sería destrozado hasta desaparecer entre roqueríos y sargazos. En algún lugar cercano, deberían estar las canoas alacalufes de José Viejo y los nutrieros de Guajardo, esperando la partida del “Colo-Colo”.
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