No para dar por pensado, sino para dar en qué pensar Agenda de Reflexión Número 244, Año III, Buenos Aires, sábado 1º de enero de 2005
2005
"En un día del hombre están los días" (James Joyce, de Jorge Luis Borges)
"El tiempo es el único enemigo que mata huyendo" (Francisco de Quevedo y Villegas)
El rapsoda inmortal lo definía: enemigo que huyendo nos da muerte; oscuro manto del olvido inerte, que alumbra otros días tras el día.
El tiempo nos humilla y nos guía por sus senderos de tragedia y suerte, con cambio calendario que lo alerte a ese cálido canto de utopía.
El espejo, la flecha, el laberinto, azar de Cronos, que muestra cada año el sutil arabesco de su danza,
latiendo tan igual y tan distinto, renovando la cita del extraño encuentro entre el destino y la esperanza.
Oscar Sbarra Mitre Buenos Aires, diciembre de 2004
(Soneto inédito, difundido con autorización expresa del autor exclusivamente para la Agenda de Reflexión)
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Día del año nuevo, día eléctrico, fresco, todas las hojas salen verdes del tronco de tu tiempo. Corónanos con agua, con jazmines abiertos, con todos los aromas desplegados aunque sólo seas un día, un pobre día humano, tu aureola palpita sobre tantos cansados corazones...
Pablo Neruda, Tercer libro de las Odas
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PRIMERO DE ENERO
Las puertas del año se abren, como las del lenguaje, hacia lo desconocido. Anoche me dijiste: mañana habrá que trazar unos signos, dibujar un paisaje, tejer una trama, sobre la doble página del papel y del día. Mañana habrá que inventar, de nuevo, la realidad de este mundo. Ya tarde abrí los ojos. Por el segundo de un segundo sentí lo que el azteca, acechando desde el peñón de promontorio, por las rendijas de los horizontes, el incierto regreso del tiempo.
No, el año había regresado. Llenaba todo el cuarto y casi lo palpaban mis miradas. El tiempo, sin nuestra ayuda, había puesto, en un orden idéntico al de ayer, casas en la calle vacía, nieve sobre las casas, silencio sobre la nieve.
Tú estabas a mi lado, aun dormida. El día te había inventado pero tú no aceptabas todavía tu invención en este día. Quizá tampoco la mía. Tú estabas en otro día.
Estabas a mi lado y yo te veía, como la nieve, dormida entre las apariencias. El tiempo, sin nuestra ayuda, inventa casas, calles, árboles, mujeres dormidas.
Cuando abras los ojos caminaremos, de nuevo, entre las horas y sus invenciones y al demorarnos en las apariencias daremos fe del tiempo y sus conjugaciones. Abriremos las puertas de este día, entraremos en lo desconocido.