Posted by Milodon City - Saturday, January 01, 2005
También aquí, donde los castores desvían el curso de los ríos y los guanacos miran con esbelta tristeza, ha surgido la vieja voz envolviéndome en vagos sueños. En esta tierra seca donde los grandes lagos escarchados inician su deshielo y las avutardas, siempre en pareja, gris el macho, marrón la hembra, picotean el suelo, algo irreprimible me ha obligado de nuevo a tratar de decir la vida con palabras insuficientes. A pensar en la blanca euforia de la nieve y en el caparazón rosa de las centollas cambiando de color a medida que cambia el día incierto. Cuántos años, cuánto tiempo, sin más ley, que la ineluctable que rige las mareas. Que la de los bosques de lenga envueltos en su barba verde, muriendo y renaciendo incluso antes de la llegada del hombre a la Tierra. Por tal razón trabajo los vocablos que deben introducirse en algún remoto pecho omo quien miles de años después recoge un pedazo de vidrio golpeado hasta conformar una punta de flecha, o como quien derriba todo un árbol para extraer de su tronco, ya pulido y desbastado, apenas un arco matemáticamente perfecto. Que me sea dada la paciencia con que la estalactita elabora su cuchillo transparente o la tenacidad con que el albatros viaja 20.000 kilómetros desde las Canarias hasta esta América. Me pregunto, entonces, si nuestra tarea podrá hallar tales equivalencias. Sin embargo en éste, el lugar más austral del planeta, donde los continentes a la deriva parecen concluir su errante viaje por la Tierra, algo que aún no sé nombrar te advierte sin remedio. Poesía, fatalidad del instinto reconociendo su cría entre los centenares de miles de ese rebaño que bala y se atropella. Desaparecen los últimos onas en medio de la peste del progreso y se esfuma el recuerdo de los anarquistas grabando en un fósforo, y desde su celda, himnos de independencia, pero del mismo modo, con la misma minuciosidad estéril, enciendo en la alta noche los extraños fuegos para que los perdidos navegantes a punto de naufragar (como don Hernando de Magallanes) encuentren su rumbo y sigan viaje en pos de su presa. Esa voluble, frágil y sonámbula quimera tras de la cual los hombres viajan y luego desaparecen.