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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


MEMORIAS DE UN KAWÉSQAR

<h2><hr><u>MEMORIAS DE UN KAWÉSQAR</h2></u>

LA HISTORIA DE PETEYEM



Por Carlos Edén - Maidel
www.serindigena.cl
– Junio de 2005

Un joven matrimonio kawésqar había llegado a Puerto Edén, atraído por la novedad y las noticias que corrían por los canales. Había llegado gente a habitar lo que sería llamada La Casa Grande, y estaban curiosos por averiguar y conocer a dichas personas. Ella estaba pronto a dar a luz y por lo tanto era bueno el estar cerca de aquella gente, que ayudaban a sus hermanos de raza con víveres y ropa. Así que se asentaron lo más cerca posible de aquella extraña construcción.

Pasaron los días, hasta que los síntomas del parto se presentaron. Varios kawésqar corrieron hacia la Casa Grande y avisaron lo que ocurría. Mama Raquel, en compañía de un enfermero, llegaron a la pequeña y precaria “ruca”, donde la pareja kawésqar se había instalado. Ahí constataron que el parto ya era inminente, y a la hora después, había llegado un nuevo habitante a Puerto Edén, un niño kawésqar que sus padres lo bautizaron como Peteyem.
Mama Raquel le tomo cariño a ese pequeño ser. Ella nunca había podido tener un hijo, así que personalmente se preocupó de la madre y del recién nacido, llevó ropa para el matrimonio, y leche para Peteyem.

Llegaba el invierno a Puerto Edén. Las aguas del canal se escarchaban, así que el joven matrimonio se decidió a quedarse cerca de la Casa Grande.

Pasó el tiempo. El resto de los kawésqar, notaron que la madre de Peteyem se ponía cada día más pálida y ojerosa. Sin ellos saberlo, había contraído una neumonía, grave y fulminante. El matrimonio, ya no usaba sus atuendos y elementos naturales, el aceite de lobo que cubría sus cuerpos había sido sustituido por las ropas occidentales, causantes directas de esta extraña enfermedad. La mujer murió en pocos días, a pesar de los esfuerzos de los enfermeros de la radio estación por sanarla y Felipe, su esposo, como ya era llamado por los miembros de la pequeña base, también murió a los pocos días, dicen que de pena.

Peteyem no estaba ajeno a la enfermedad. Unos familiares cercanos se habían hecho cargo de él cuando se enteraron del estado de salud de la madre, pero el pequeño, al paso de unos días, había empeorado. Se consultó dentro de los miembros de la comunidad, asentada cerca de la Casa Grande, si había alguien, que pudiera echar fuera de Peteyem a Ayayema que se había apoderado de su frágil cuerpo. Entonces uno de ellos dijo: "Yo haré el rito".
Tomaron a Peteyem y lo pusieron de espaldas y con la concha de una cholga, procedieron a hacerle unas pequeñas incisiones en su estomago. Marcas que le quedaron para el resto de sus días.

Significaba el conjuro, una petición a los dioses buenos, a los que siempre ayudaban al kawésqar. Le pedían que lo protegiera y no lo abandonara nunca. ¿Se trataría acaso de Atkasap, ese ser bondadoso? Después de lavarlo, decidieron llevarlo a la Casa Grande y allí lo dejaron, a la entrada de la puerta. Mamá Raquel encontró al pequeño Peteyem casi muerto de frío. El rito, los cuidados y el calor hicieron que el pequeño se recuperara.

Pasaron los años, Peteyem hablaba Kawésqar y español. Era el encargado de avisar a sus hermanos cuando tocaba la repartición de víveres. La madre de Raquel también le tomo cariño a ese pequeño indígena: Una de sus primas, también fue acogida por mamá Raquel. La llevó a casa para que velara por Carlitos, (como ya era llamado Peteyem). Re nombrada Ana Rosales Ulloa, acompañaría más adelante a Carlos Edén hasta Valparaíso.

Un buen día, la madre de Raquel enfermó, la agonía duro días. Papá Gaymer *, a pocas horas del deceso de la abuelita, llamó a la comunidad Kawésqar y les pidió que subieran al segundo piso de la Casa grande, a despedirse de la Abuelita. Así también lo hizo Peteyem. Se mantuvo al lado de la abuelita hasta que ella expiró.

Papa Gaymer tenía que tomar una decisión, no podía enviar el cuerpo de su suegra a Puerto Natales. Había pues que sepultarla en el mismo Puerto Edén. Eligió una pequeña isla cercana y allí se celebraron los funerales.
Peteyem iba en el bote de doble bancada, junto a su mamá Raquel y su papa Carlos Gaymer. Con el paso del tiempo, Mamá Raquel mandó a construir una capilla funeraria y la abuelita, por adopación de Peteyem, se quedo para siempre a descansar en los canales del sur de Chile.

Nota: La atención médica se llevaba a cabo según las posibilidades de la base, a cargo de un practicante, y sólo se les podía dispensar ayuda de urgencia en casos de accidente; un tratamiento sistemático y con medicinas apropiadas no era posible, pues faltaba la competencia necesaria y los medicamentos. En la actualidad Puerto Edén cuenta con una posta de primeros auxilios a cargo de una enfermera, contratada por la Municipalidad de Puerto Natales; también existe un practicante de la Armada en la Capitanía de Puerto (ex base de la FACH). Cuando hay un caso que no pueden atender allí, el enfermo es embarcado rumbo a Punta Arenas y a veces a Puerto Montt, según donde se dirija el barco que pase, pero en muchas oportunidades el socorro es demasiado tardío.

* Carlos Gaymer Gomez. Padre adoptivo de Peteyem. Estaba a cargo de la Estación de Radio de la pequeña Base Aérea.
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3 comentarios

veronica arrieta gaymer -

buscando por el apellido gaymer encontre tu articulo, me encanto, pero ademas quiero pedirte si tenes mas datos de la rama de la familia gaymer a la que perteneces. porque todos venimos de gaymer weysser que tuvo 21 hijos.....
Te agradeceria tu ayuda. sino me equivoco vienes de santiago gaymer rhodes quien era hijo de mi bisabuelo.
saludos y espero tu respuesta

Nelson Gaymer Ortiz -

Gracias por contarnos parte de esa historia la hoy cuando pequeño de mi abuelo Alfonso Gaymer Gomez

jorge -

mas que comentar algo del relato mi interes es saber sobre el asentamiento e historia del sector de agua fresca en Punta Arenas.
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