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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


AMÉRICA LATINA

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ENTRE LA IMPROVISACIÓN Y EL CAMBIO

Por Enrique Lacolla
La Voz del Interior - 31 de Octubre de 2005

Todo presente es difícil de desentrañar. Se exhibe bajo múltiples facetas, tiene una gran variedad de resoluciones posibles y, aunque el conocimiento de la historia puede consentir que se disciernan en él muchos elementos recurrentes e indicaciones provechosas para plantarse frente a la realidad, la proyección de ésta a futuro dependerá en gran medida del grado de decisión y conciencia que los individuos sean capaces de generar en sí mismos, y de su aptitud para medir sus fuerzas y las de los adversarios con los que eventualmente les tocará enfrentarse.

Incluso entre quienes comparten una perspectiva ideológica o comprenden la realidad de acuerdo a valores comunes, la calidad de la apreciación difiere notablemente. Es la anécdota del vaso medio lleno o medio vacío. Están quienes ven las cosas con un lente oscuro y quienes buscan los costados positivos de esas mismas cosas. Encontrar un equilibrio entre esos dos factores debería ser la tarea de todo político bien intencionado, sea reformista o revolucionario.

Aquí y ahora

La hora actual de América latina está poblada de elementos de una vivacidad y una positividad extraordinarias, que ponen sobre el tapete el tema esencial de su unidad después de que éste fuera negado durante años o estuviera relegado a su formulación retórica.

La situación se deriva de los riesgos que emanan de la globalización, del absoluto fracaso de las recetas neoliberales para la economía puestas en práctica durante las últimas décadas, de la recomposición de las fuerzas populares después del espantoso castigo que sufrieran durante la década de 1970 y de su triste manipulación en la etapa, equívocamente designada como democrática, que la siguió de inmediato.

Los sucesos argentinos de diciembre de 2001, la irrupción de Hugo Chávez en Venezuela, el ascenso de Luiz Inácio “Lula” da Silva en Brasil, las puebladas bolivianas que desalojaron a Gonzalo Sánchez de Losada y el arribo al gobierno de formulaciones políticas que en general pueden calificarse como social-reformistas en Argentina, Chile y Uruguay están designando un momento al que los gobiernos del continente no pueden sustraerse del todo, aunque quienes los encabecen no compartan, o no compartan siempre o en igual medida, el ideal sanmartiniano y bolivariano de la unidad latinoamericana.

Un indicio de cómo están las cosas lo brindó la Cumbre Iberoamericana de Salamanca, que escapó hasta cierto punto del floripondio retórico que suele envolver este tipo de encuentros, para aproximarse a algunas formulaciones concretas –como el rechazo del bloqueo a Cuba y la exigencia del juzgamiento del terrorista anticastrista Luis Posada Carriles, señalado por el abatimiento de un avión cubano de pasajeros en la década de los ’70– que denotan una actitud mucho menos complaciente que la acostumbrada hacia Estados Unidos.

La preocupación de éstos frente a este retobo se exteriorizó en el reclamo de la sustitución, en el documento final de la cumbre, de la palabra “bloqueo” a Cuba, por “embargo” a Cuba (discordia semántica que se resolvió salomónicamente conservando la primera palabra para el texto español y la segunda para su traducción al inglés), y por una presión en torno al tema del terrorista que redundó en que la conferencia admitiera la posibilidad de que Posada Carriles fuera juzgado en Estados Unidos. Lo que equivale a otorgar un bill de indemnidad al ex colaborador de la CIA.

Los escenarios de la realidad

La tendencia a una reconfiguración del proyecto iberoamericano es un dato emergente de la realidad de hoy. La cuestión, sin embargo, consiste en saber de qué modo se puede articular ese proyecto, cuáles son sus vectores sociales y cómo reaccionará la hiperpotencia ante la veleidad autonómica de su patio trasero.

En el primer rubro no hay excesivas razones para ser optimistas. Si bien la corriente profunda empuja en esa dirección, los grupos dirigentes, las elites de poder, los núcleos empresarios y toda esa constelación que la sociología suele representar con el nombre de burguesía, no se han distinguido en el pasado por una predisposición independentista. Más bien al contrario, se han inclinado a una apreciación muy prudente de sus capacidades en tal sentido, cuando no han formado parte de un sistema de exacción de la riqueza de sus países, sistema del que se beneficiaron y se benefician copiosamente.

Por otra parte, la representación de la realidad que se hacen los sectores medios, donde podrían reclutarse los grupos más predispuestos a enfrentarse con el sistema, suele estar informada por una concepción del mundo un tanto deformada por el problema identitario, que les hace receptar las cosas preferiblemente a través de prismas importados. Lo cual lleva a menudo a que estos sectores sostengan en teoría unos postulados connotados por un radicalismo abstracto y un colaboracionismo práctico, ejercido de modo más bien inconsciente, con el estado de cosas. Lo cual los convierte en objetos más que en sujetos de un devenir histórico.

No se divisan, pues, vectores sociales claramente diferenciados como protagonistas de un decisivo salto hacia adelante. Y sin embargo, el momento es propicio y al mismo tiempo explosivo. Pues si el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) se regocijan pronosticando un cuatro por ciento de crecimiento para el conjunto de la región, fuerza es reconocer que ese acopio no recae sobre el conjunto de sus pobladores, sino sobre apenas un 10 por ciento del total de éstos. Ese 10 por ciento concentra una desproporcionada cantidad de riqueza en relación al 60 por ciento de pobres que reúne el área. Y es por lo menos dudoso que ese superávit pueda volcarse a la creación de oportunidades y de nuevas fuentes de empleo si lo que no va a parar a las arcas de los grupos privilegiados (que lo dedican a gastos suntuarios o lo reciclan a paraísos financieros internacionales), es asignado al pago de una deuda “eterna” afín al tema del mito de Sísifo.

¿Paliativos o planificación?

Mientras tanto, desde abajo sube la presión. ¿Cómo responderla? Los artilugios compensatorios, que frenan el descontento a través de paliativos como los subsidios a la desocupación, los bolsones de alimentos, etcétera, son expedientes a los que puede ser necesario apelar por razones humanitarias y para evitar que la situación siga degradándose, pero no suministran ninguna solución. Ésta sólo puede surgir de planes de desarrollo regional de corte democrático, que encuentren en las mayorías un sustento activo y que procuren la formación de cuadros aptos para proseguir en el tiempo con esa clase de emprendimiento.

Éste no se dará por generación espontánea. Tiene que ser empujado por sectores capaces de planificar su desarrollo. Sólo el Estado, las fuerzas políticas imbuidas del sentido de una misión y las fuerzas armadas pueden ir brindando el marco propicio para esta evolución, que debe ser controlada por el ejercicio activo de la participación democrática de los ciudadanos.

Esta potencialidad positiva, desde luego, no va a poder ser liberada sin chocar con la oposición de Washington. Cuál será la naturaleza de ésta, es una incógnita. Mucho depende de los gobiernos que se instalen en el país del Norte. Aunque el interés del establishment estadounidense no contempla un desarrollo del “patio trasero” que convierta a éste en algo distinto de lo que en la actualidad es, a veces la realidad impone arreglos que de otra manera no se aceptarían de buena gana.

De momento, sin embargo, nada indica que Estados Unidos vaya a corregir la mezcla de desinterés e intervencionismo activo, dirigido a poner las cosas en su punto cuando éstas se salen de madre, que caracterizara su política hasta el presente. Más bien al contrario. La presión económica articulada a través de los organismos internacionales de crédito; la hostilidad contra Hugo Chávez, quien es el promotor más enérgico de una nueva realidad latinoamericana asentada en el eje Caracas-Brasilia-Buenos Aires; el plan Colombia; la proliferación de las Fol (Forward Operating Locations) minibases diseminadas a lo largo y lo ancho de Centro y Sudamérica, y la instalación de una base militar “provisoria” en Mariscal Estigarribia, en el Chaco paraguayo, casi encima del acuífero guaraní y a tiro de piedra de los nudos estratégicos significados por el oriente boliviano y la Triple Frontera, diseñan una perspectiva inquietante.

Reconfigurar América latina para que se dé un destino superando esta pesada oposición es cualquier cosa menos fácil. La lucha entre la inercia de unos grupos dirigentes atados a las fórmulas de un presente inviable y el dinamismo de quienes han tomado conciencia de lo insostenible de la situación, vuelve a erigirse en la piedra de toque de la lucha por el progreso.


 

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