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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


ÁNGELES EN LA DEHESA

<h1><hr><u>ÁNGELES EN LA DEHESA</h1></u>

Foto de Cecilia Castro Salvadores 

Patricia Verdugo *

Página12 de Argentina - 4 de enero de 2006

Cuando entraron a la casona de La Dehesa (donde Pinochet tiene su mansión), los funcionarios de la Policía de Investigaciones y del Registro Civil llevaban sobre sus cabezas –invisibles– al menos 119 espíritus que han clamado por justicia por tres décadas. Las 119 víctimas de la llamada Operación Colombo. De frente, general. Ahora, de perfil. Su mano derecha, general. Ahora su izquierda. Estire bien los dedos.

Muriel

Uno de esos espíritus es el de Muriel Dockendorff. Era muy linda y tenía sólo 23 años. Estudiaba economía en la universidad. Era prima de quien hoy es ministro de la Presidencia, Eduardo Dockendorff. Fue arrestada en 1974 en su casa, arrancándola de brazos de su madre, que clamó por saber adónde la conducirían los agentes secretos. Muriel se perdió en la espesa niebla de los detenidos que desaparecieron en los campos de concentración. Y como si hubiera intuido lo que iba a ocurrirle, escribió estas líneas a una amiga que también estaba arrestada en Cuatro Álamos: “Nos encontraremos a través de la niebla que despejaremos. No me olvides, camarada”.

Cecilia

 También de 23 años y estudiante de derecho de la Universidad de Chile era Cecilia Castro Salvadores. Fue arrestada en 1974, un año después del golpe militar. Era una de las mejores amigas de la senadora electa Soledad Alvear. Su hija Valentina ya incursiona en el periodismo. Muriel y Cecilia eran dos jóvenes chilenas, cultas e inquietas, que soñaban con un mundo mejor y no habían cargado más armas que sus lápices para dibujar un Chile justo y solidario. Eso era todo y eso las hacía peligrosas. Pertenecer a un partido de izquierda y no rendir su conciencia ante el terror de la dictadura.

No hubo tribunales de justicia. No hubo acusaciones ni derecho a defensa. Sabemos lo que hubo y no es necesario entrar en detalles para sentir escalofríos. Podríamos hasta rogar por un rápido disparo en la nuca, pero sabemos que la tortura se toma días y semanas que parecen eterna pesadilla hasta destruir a un ser humano.

No hubo tribunales de justicia. No hubo acusaciones ni derecho a defensa. Sabemos lo que hubo y no es necesario entrar en detalles para sentir escalofríos. Podríamos hasta rogar por un rápido disparo en la nuca, pero sabemos que la tortura se toma días y semanas que parecen eterna pesadilla hasta destruir a un ser humano.

Operación Colombo

Muriel y Cecilia son dos de los 119 chilenos que sucumbieron en la llamada Operación Colombo, por la que el general (R) Pinochet está siendo procesado y fue prontuariado. La mayor parte de las víctimas son jóvenes, menores de 30 años. Los 119 no tienen en común ni el partido político ni la fecha de arresto ni el campo de concentración. Su común denominador es una siniestra operación matemática que eligió 60 nombres para conformar una lista y 59 para otra, sumando 119 en una “acción de comunicaciones” que requirió de apoyo de la prensa pinochetista.

Los hechos son simples. La ONU presionaba a la dictadura chilena para que respetara los derechos humanos. La Iglesia Católica presentaba recursos de amparo por los prisioneros que no aparecían. Y el general Pinochet aceptó la propuesta de su jefe de Inteligencia, el coronel Manuel Contreras. ¿En qué consistió la Operación Colombo? En inventar una “noticia” para deshacerse de más de un centenar de muertos. La tal noticia informó que guerrilleros chilenos, infiltrados clandestinamente en Argentina, se habían enfrentado en una batalla por pugnas internas. Y el trágico saldo era de 119 muertos.

La prensa

 

Las listas fueron publicadas por dos revistas de única edición –la argentina Lea y la brasileña O’Dia– y la agencia UPI difundió la noticia que fue titular de portada de los diarios chilenos por varios días. Incluso el vespertino La Segunda –perteneciente a la cadena de El Mercurio– tituló “Exterminados como ratas”.

Imagine por un momento que, en esas listas, aparece el nombre de su hermano, de su padre, de su hijo. Imagine lo que ocurrió con los padres de Muriel y de Cecilia. Las listas se publicaron hace 30 años y de más está decir que nunca aparecieron –en Argentina– los cuerpos de los muertos en esa supuesta batalla.

 

Justicia

El dolor de las familias ahora se alivia. El ahora lúcido Pinochet está sometido a proceso y un juez valiente, Víctor Montiglio, ordenó prontuariarlo. Paso a paso, a golpes de sol y de agua, de memoria y de coraje, se avanza en la tarea de hacer justicia.

* Periodista chilena. Premio Moors Cabot de la Universidad de Columbia. Autora de once libros, entre los que destacan Interferencia secreta, La caravana de la muerte y Los zarpazos del puma, el más vendido de la historia de su país. De Diario 7. Especial para Página/12

 

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2 comentarios

tania -

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ingresen aqui para ayudar a nombrar una sala del edificio gabriela mistral en honor a patricia verdugo apoyen

Andrés -

Que orgullo haber tenido a Patricia Verdugo como compatriota, de verdad que me falta su valentía y reconozco que trabajar en la dictadura debe haber sido 10 veces más difícil que para un nacido en la miseria hoy. lamentable su partida.
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