"En la crisis entre Argentina y Brasil se halla la ausencia de un proyecto cultural común"
El País, Montevideo, Mayo de 2005
En la raíz de las fricciones entre Argentina y Brasil se halla la ausencia de un "proyecto cultural común", explicó a El PaísAlberto Methol Ferré, docente de historia latinoamericana en la Universidad de Montevideo y de la Academia Diplomática de la Cancillería. Methol fustigó tanto a Argentina como a Brasil porque están enfrentando el asunto de la integración desde sus intereses nacionales y no como conjunto. Señaló que las fricciones continuarán en tanto no haya una "revolución cultural" en la región que implique el conocimiento mutuo de los aliados.
¿A que se deben las diferencias, ahora públicas, entre Argentina y Brasil?
En el fondo la cuestión es cultural. Estamos, en el Mercosur, en un proceso de transición entre una larga historia de países solos, que vivieron y se las arreglaban solos, al desafío de pensarnos en el conjunto. Y eso es muy difícil, porque aún económicamente integrados, cada país arma su estrategia política desde su interés nacional, sin pensar en el otro. Yo pregunto: ¿cuántos uruguayos o argentinos conocen la estructura económica de Rio Grande do Sul, que lo tienen al lado? Ninguno y si ninguno sabe, cómo quieren comerciar con él. ¿Y en cuántas escuelas o liceos uruguayos o brasileños se enseña historia argentina, por ejemplo? En ninguno. Entonces es imposible que tengan un diálogo de integración política cuando no saben cómo se formó el Estado del otro, quienes fueron sus pensadores más importantes, qué es lo que piensan en definitiva.
¿Por qué ahora Argentina sale a la pelea con Brasil?
América del Sur está dividida en dos: la zona lusoparlante y la hispanoparlante. Las dos regiones son casi iguales en población y recursos; la única diferencia es que una está concentrada en un país (Brasil) y la otra en nueve. Argentina que es un enano en comparación con Brasil, se cree grande y golpea la puerta brasileña para exigir un trato igualitario. Y si yo digo que Argentina o Uruguay o cualquier otro país sudamericano es igual a Brasil, digo una verdad jurídica, pero una mentira real. Brasil tiene más población, más recursos y además, tiene fronteras con todos los demás países, entonces Lula no tiene más remedio que pensar en ser el líder del continente. Argentina lo que tiene que hacer es liderar a los hispanos, que además están todos enojados con Brasil, y pensar en una estrategia común a sus ocho hermanos y ahí sí, en igualdad de condiciones sentarse a negociar con Brasil.
Argentina argumenta que Brasil quiere ser líder pero sin pagar ningún costo...
Para ser líder uno tiene que darle algún beneficio al liderado. ¿Y qué es lo que da Brasil? Nada. Retira a su candidato a la OMC y en vez de darle el apoyo al otro sudamericano, que es el uruguayo Carlos Pérez del Castillo, se queda callado. ¿A quien van a votar? ¿Al proteccionista europeo Pascal Lamy?
¿Es insalvable el problema?
Es insalvable en la medida en que no se den cuenta de que hay que tener un proyecto común. Brasil sólo, en el escenario mundial, es otro enano. Y Brasil también está aprendiendo, como se aprenden estas cosas de la integración, a los tumbos, dándose contra la pared, como supongo vamos a seguir durante varios años más.
Miércoles, 11 de Mayo de 2005 22:28 ;?> Hay 1 comentario.
09/04/2005
ENTREVISTA A ALBERTO METHOL FERRÉ
"No es tiempo de un papa latinoamericano"
Por Carmen María Ramos - Para La Nación Miércoles 6 de abril de 2005
El teólogo uruguayo Alberto Methol Ferré cree que el mundo y la Iglesia atraviesan un momento de gran complejidad. Methol Ferré se formó con algunos de los más importantes teólogos del Concilio Vaticano II: Yves Congar, Henri de Lubac, Romano Guardini, Hans Urs Balthasar. Sin embargo, ese catedrático de la Universidad de Montevideo, profesor de Historia de América latina, de Historia Contemporánea y de Historia de la Iglesia, se define como un hijo de la Ilustración. Tuvo una educación afrancesada y sus vocación cristiana, su conversión y su primera comunión sólo llegaron en una tardía adolescencia.
Entre los hitos más importantes de su trayectoria está el haber sido miembro del equipo de reflexión teológico-pastoral del Celam (Consejo Episcopal Latinoamericano) desde 1975 y durante casi veinte años. Fue consultor y participó como experto designado por el Vaticano en la Conferencia Episcopal de Puebla (1979) y su influencia pudo percibirse en varios de los documentos redactados por los obispos.
Sobre los temas de su especialidad ha dictado cursos y conferencias y colaboró en distintas publicaciones. Dirigió la revista latinoamericana Nexo y ha publicado, entre otras obras, "Las corrientes religiosas en el Uruguay", "El resurgimiento católico latinoamericano" y "La Iglesia en la historia de América latina. De la posguerra a nuestros días", así como numerosos estudios en obras colectivas.
"Soy un uruguayo, es decir, un argentino oriental; ustedes son argentinos occidentales", dice Methol Ferré, casado y padre de tres hijos de 11, 14 y 18 años. Esta definición sintetiza perfectamente su sentir sobre lo que deberían ser estos países y sobre su pensamiento, siempre proclive al afianzamiento de una identidad latinoamericana.
En materia religiosa prefiere que no lo encasillen. "He sido un Vito Dumas, un navegante solitario dentro de la Iglesia. Tengo amigos en Comunión y Liberación, en Schoenstatt, en el Opus Dei. Pero no pertenezco a ningún grupo." Respecto de este último -en una de cuyas universidades es profesor- subraya que tiene buena opinión. "Pienso que uno de los aportes esenciales de monseñor Escrivá de Balaguer fue afirmar la santificación por el trabajo", dice.
-Pero daría la impresión de que el Opus no arraiga en las capas más desfavorecidas de la sociedad...
-Lo reconozco. Pero más bien diría que lo que intenta es estimular una mentalidad empresarial, y esa mentalidad no solamente puede arraigar en la clase dominante.
-Se habla de la posibilidad de que el sucesor de Juan Pablo II sea un latinoamericano. ¿Lo cree posible?
-Diría, en principio, que aún no me parece que sea el tiempo para que esto ocurra. Sencillamente, porque desde la última conferencia del episcopado latinoamericano, en Santo Domingo, en 1992, no se ha dado una relatinoamericanización profunda de la Iglesia de nuestro continente. La Conferencia de Medellín (1968) y la de Puebla (1979) -esta última, a poco de iniciarse el pontificado de Juan Pablo II- se hicieron en tiempos de una intensa fermentación espiritual de América latina. La de Santo Domingo, en cambio, se produjo apenas dos años después del derrumbe del comunismo, que significó el fin del mundo bipolar y un cambio drástico en el escenario mundial. En Santo Domingo, los obispos no tuvieron ni los elementos ni una idea nítida de cómo se iba a rehacer ese escenario mundial, porque les cambiaron abruptamente las circunstancias. De modo que, a mi entender, Santo Domingo fue un acto superfluo, porque no tuvo las condiciones necesarias para pensar un mundo en un momento en que en el planeta se había levantado una verdadera polvareda. Esto eclipsó al Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) como presencia real en las iglesias de toda América latina.
-¿Se podría decir que el Celam quedó mudo desde Puebla, que la Iglesia latinoamericana ya no ha hecho oír del mismo modo su voz?
-Exacto. Desde entonces, cada Iglesia está en su país: la Iglesia argentina volvió a ser argentina, la brasileña, brasileña. Se "deslatinoamericanizaron" y ahora hay que "relatinoamericanizarlas". Esa es la gran meta para 2007, año de la próxima conferencia. Por eso yo creo que solamente podrá haber un papa latinoamericano si las iglesias de América latina tienen una interacción profunda, porque si no tendríamos un papa argentino, o chileno, o brasileño: una cuestión de aldeíta.
-Se dice que el futuro cónclave de cardenales será el más abierto y complejo que haya registrado la historia y que no entrarán en juego prejuicios de raza o nacionalidad. ¿Coincide?
-A mí me parece que lo más conveniente sería un papado de transición. Y un papa de transición sería, todavía, europeo.
-¿Por qué?
-Porque la Iglesia está saliendo de Europa, pero éste es un proceso reciente, que aún necesita maduración. Europa fue el centro del mundo hasta hace 50 años. A partir de la descolonización surge todo un mundo de iglesias nuevas, en la India, en Asia, pero son procesos muy incipientes. La Iglesia más madura, aparentemente, sería la latinoamericana, porque es la más antigua entre las no europeas. Tiene cinco siglos, contra un siglo de las de Africa. Por eso no me parece que las iglesias de la periferia europea estén en condiciones de una conducción mundial, todavía. Dentro de pocos años seguramente sí, porque la intensidad de la globalización y de la coparticipación interna de la Iglesia es cada vez más fuerte.
-Tampoco habría que esperar, siguiendo su lógica, que se eligiera a un papa africano?
-Me parece muy difícil. Las iglesias más antiguas estuvieron en Egipto y en Africa del Norte, pero eso desapareció. No es que yo esté en contra de un papa negro. Estoy diciendo que se trata de una Iglesia nueva, que todavía no arraigó en su propia cultura, por lo que difícilmente sea fuente y no mero reflejo de lo que piensan las iglesias europeas. Hace falta que maduren más y que asimilen las experiencias de evolución real de sus iglesias y no de lo que piensa o propone un tipo que está en Roma. El punto no es que el candidato sea de raza negra o amarilla, sino que las conferencias episcopales de cada una de esas regiones del mundo tienen que madurar. No olvidemos que las iglesias de Africa se hicieron musulmanas. En Túnez estaba nada menos que la iglesia que alumbró a San Agustín, pero hoy no queda nada ni comparable a lo que fueron los inicios de la cristiandad en el Mediterráneo. Se trata de una cuestión de maduración y, en ese sentido, sí diría que la que parecería estar más lista es la Iglesia latinoamericana.
-Su papa de transición europeo, ¿tiene nombre y apellido?
-Yo soy un gran partidario de Joseph Ratzinger. Pienso que es el hombre más indicado para ser papa en estos momentos.
-¿Por qué?
-Porque es una de las últimas grandes expresiones de una generación intelectual que tiene un esplendor intelectual equiparable a los siglos XII y XIII de la Edad Media, equiparable también a la mejor época de la patrística griega y latina, que es cuando comienza la evangelización. Ratzinger es uno de los últimos hombres de la Iglesia actual que representan eso. Además ha sido, en mi opinión, la persona de mayor confianza intelectual y espiritual de Juan Pablo II, con un papel muy definido: estar en el centro de la escena para ver las evoluciones intelectuales y espirituales en el mundo.
-¿Le dan los años?
-Es mayor: ha de tener 77 años. Pero yo hablo de un papa de transición. Primero, porque es uno de los hombres que más comprenden la situación mundial actual. Pero además, porque es un alemán. Eso me importa mucho, en la medida en que el origen del árbol de la Reforma se llamó Lutero. La relación del ecumenismo de la Iglesia Católica con los luteranos va muy bien. Pienso que para el pueblo y la Iglesia alemanas y para la Unión Europea es indispensable un papa católico alemán, que cerraría el ciclo de la gran herida de la Reforma en el corazón de Europa. Creo que Ratzinger es el hombre para una presencia espiritual que subsane las raíces de las culturas básicas de la modernidad.
-Lo cierto es que no se lo menciona entre los papables, aunque también se afirma que "quien entra papa al cónclave, sale cardenal"?
-Yo expreso mi opinión dentro de lo que conozco, que es limitado. No estoy interiorizado de todos los nombres importantes de la Iglesia mundial, entre otras cosas porque hoy hay menos información que hace 10 o 15 años.
-¿En qué sentido?
-En tiempos de la bipolaridad mundial, la Iglesia estaba en una gran tensión, pero al aflojarse la bipolaridad no ha logrado reponer una nueva lógica misional adecuada a un escenario político. La Iglesia está sintiendo el amorfismo de la transición de épocas. Durante medio siglo, hasta la caída de la URSS, el enemigo principal era el ateísmo mesiánico, materialista, que se había difundido por el mundo en apenas un siglo y medio, con una velocidad extraordinaria, sólo comparable a la del islam. Ahora no hay nada de eso. Resulta mucho más complejo discriminar quién es el enemigo y darles una jerarquía a los peligros. Eso genera un gran estancamiento en la dinámica misional de la Iglesia.
-Se ha dicho que el futuro papa no tendrá que luchar contra estructuras políticas o ideológicas demasiado visibles, pero sí tendrá que confrontar con transformaciones culturales cada vez más desafiantes. ¿Coincide?
-Yo creo que éste es un instante de gran perplejidad, de acumulación de problemas. Cuando se juntan los cristianos para ver los problemas del mundo no logran articular una visión de la coyuntura en su conjunto.
-¿Usted cree que hay temas que inevitablemente habrá que encarar?
-Sí; la sociedad contemporánea hace inevitable una reflexión muy profunda sobre temas hasta ahora no abordados, probablemente porque en el repertorio de los desafíos de la Iglesia eran nuevos y de segundo orden. Pero hoy resultan mucho más ostensibles. Hace apenas diez años el asunto de la unión de homosexuales no se planteaba, o si se planteaba era en algún núcleo ínfimo, pero no era una ola, como lo es hoy. Para mí, resulta obvio que la unión civil de los homosexuales no es un matrimonio, porque el matrimonio implica la reproducción, pero eso no significa que la Iglesia, ante situaciones especiales, pueda llegar a aceptar la unión civil de estas personas. Entonces aunque no se le ponga el mismo rango que el matrimonio, ya que está justamente en las antípodas de lo que significa el matrimonio, de algún modo ese mal puede encerrar un bien. Estas son cosas que se tienen que empezar a discutir en la Iglesia con un análisis que no sea juridicista y abstracto. La sociedad no tiene por qué legislar como si todos sus miembros fueran religiosos y católicos.
-Proyectos como la educación sexual en las escuelas, la despenalización del aborto, el uso de profilácticos para prevenir el sida y otras cuestiones prometen encrespar más las aguas entre la Iglesia y los gobiernos civiles de la región. ¿Cómo prevé que evolucionará la relación en estos aspectos?
-Yo soy partidario, en general, de que haya educación sexual a las edades que corresponda. Me parece obvio. Ahora, por supuesto, esa educación puede ser de múltiples contenidos y múltiples significados. Yo soy partidario de que se enseñen bien los aspectos físicos, psíquicos, espirituales, porque si no, ponemos a los chiquilines a ver cine ##### y listo, ¿no le parece? En cuanto a otros temas, como el uso del preservativo, la Iglesia se recuesta en la intimidad del confesionario. La diferencia entre Calvino y la Iglesia Católica es que para Calvino todo pecado era mortal. La Iglesia distinguió siempre entre pecado mortal y venial. Para mí, el preservativo es un asunto venial, pero necesario, porque si no el matrimonio se expone a tener veinte hijos, y eso es imposible. Lógicamente, la Iglesia no puede decir urbi et orbi "Usen preservativo", pero lo contempla, caso por caso.
-Pero la Iglesia no dice que eso queda librado al confesionario...
-Yo digo que ésa es, un poco, la realidad.
-¿No es un doble discurso?
-No; es aconsejar ante cada caso concreto. Es no herir la esencia del asunto desde el principio, es tratar de que las heridas sean menores. La Iglesia no lo recomienda, pero es consciente de que una buena educación sexual evitaría muchos abortos y es mejor usar un preservativo que exponerse a un aborto. ¡Por Dios! El aborto es una cosa muy grave. Para la Iglesia, desde que un óvulo es fecundado hay un ser humano, y punto. Ahí sí que no hay matiz posible. Por eso yo digo que era mucho más fácil ser monje en el siglo XI. Hoy vivimos en un mundo erotizado y en una cultura que no tiene parangón en la historia mundial, que plantea todos estos problemas.
-Y usted, ¿qué piensa?
-Pienso que el enemigo principal es lo que yo llamo el ateísmo libertino, que está en el corazón de la sociedad opulenta euronorteamericana y que consiste en la gratificación de todos los deseos. La gente tiene como valor fundamental la satisfacción de sus deseos. Esa es la propaganda que irradia el capitalismo y que está ligada a las nuevas formas de comunicación y, por supuesto, al deseo fundamental, que es Eros. El ateísmo mesiánico se transformó en una rueda de placer del poder y de poder del placer. Esa es la rueda que empieza a hacer girar la sociedad de consumo del mundo capitalista actual, como no había ocurrido nunca antes. El capitalismo nos ofrece millones de cosas buenas, pero -sobre todo en los países pobres- también se multiplican los problemas de los paraísos artificiales, como la corrupción, la droga, la pedofilia. Un mundo donde todo es posible.
-¿Cómo se revierte?
-Ese es, a mi entender, el problema pastoral fundamental. Es muy difícil identificar al enemigo, porque el ateísmo mesiánico tenía estados, partidos, instituciones multitudinarias. Acá, en cambio, no hay una cara visible ni un aparato social expreso. Todo es amorfo, individual y no identificable fácilmente, pero hay una incitación perpetua. Por eso hay que intentar comprender sus orígenes, su lógica, su forma de expansión. Solamente si se tiene una visión totalizadora, mundial, de esa lógica es posible un enfrentamiento real. Zbigniew Brzezinski, a mi entender uno de los pensadores contemporáneos más brillantes, ha llamado al corazón de la sociedad opulenta "la cornucopia permisiva". Cornucopia es el cuerno con que Zeus se alimentaba de todos los deseos posibles. Bueno, Brzezinski cree que en el apogeo del poder de Occidente están todos los síntomas de su decadencia, y eso se propaga en las zonas no centrales, por la hegemonía de los medios de comunicación. Ellos nos comunican a los que no estamos a su altura de opulencia la cornucopia permisiva que no estamos en condiciones de sostener.
Sábado, 09 de Abril de 2005 20:08 ;?> Hay 2 comentarios.
07/12/2004
LA UNIÓN SUDAMERICANA
EL PENSAMIENTO DE ALBERTO METHOL FERRÉ
Por Augusto Batista - Uruguay
El historiador uruguayo Aberto Methol Ferré empieza su análisis diciendo “El tema y la óptica nuestra es histórica. No se puede pensar el futuro sin el arraigo en el mundo histórico al que pertenecemos”. Esto quiere decir que para Methol Ferré solo se puede pensar el futuro si el mismo está estrechamente vinculado al mundo histórico al cual se pertenece. Por eso que el historiador compatriota recuerda la primera independencia. Nos dice “En 1808 se inició el proceso de descomposición del imperio español, vinieron las juntas, luego continuó todo el proceso hasta el año 28 ó 30 del siglo XIX. Entonces, parece útil recordar la lógica de aquellos acontecimientos: la lógica del proceso de la independencia de los países que resultaron independientes. Y hablo de América del Sur, no del conjunto de América Latina, porque de alguna forma el norte, México, América Central y las Antillas siempre tuvieron lógicas específicas y propias, diferentes al conjunto América del Sur. En la independencia también fueron dos procesos que no estuvieron íntimamente imbricados. Hablo de lo que nos importa más, que es la América del Sur, o sea lo más importante de América Latina en extensión, en recursos y en población. La masa fundamental de América Latina está en América del Sur, y lo que define América Latina como “latina” es que abarca los mundos lusomestizo e hispanomestizo por igual y le da al conjunto ese nombre. Aunque “latina” incluye el Haití antillano, que fue el primer país en independizarse solo, no es tan determinante del nombre como las dos partes de América del Sur”.
El historiador Alberto Methol Ferré a la hora de recordar la lógica del proceso de la independencia de los países que resultaron independientes se centra en la América del Sur. Dado que entiende que es la más importante de la América Latina debido a su extensión, sus grandes recursos, y a su gran población. Además, la América del Sur tiene una doble cara. Es decir, una cara lusomestiza y otra cara hispanomestiza. Para Methol Ferré “El rasgo nuestro, sudamericano, es que ninguno de estos países hispanoparlantes se independizó solo, sino que la independencia estuvo siempre ligada al “más allá” de cada país resultante. Esto es un acontecimiento fundamental. Bolívar empezó la lucha por la independencia de su país en Venezuela –lo que resultó ser un país- pero derrotado tuvo que ir al lado, a Bogotá, ayudó a liberar a Colombia y de Colombia liberó a Venezuela. Y así sucesivamente, marchó sobre el Ecuador, Perú, etcétera. Por el otro lado, en el sur, por ejemplo lo que resultó ser Argentina –que no era el conjunto de las Provincias Unidas del Río de la Plata – para poder lograr la independencia San Martín tuvo que ir a Chile, a Lima, y el objetivo último era el Alto Perú, donde estaba el principal ejercito español, esa tarea se la pasó a Simón Bolívar. De manera que todos empezamos, los países resultantes, a ser independientes, por tuvimos el “más allá” de lo que resultó ser. Ninguno es hijo de sus actos exclusivos. Es diferente al caso de Brasil, que fue independiente como Brasil desde el comienzo hasta el fin.”
El rasgo nuestro sudamericano, el acontecimiento fundamental, según el historiador uruguayo, es que ninguno de estos países hispanoparlantes se independizó solo, sino que la independencia estuvo siempre ligada al “más allá” de cada país resultante. Es decir, que los países hispanoparlantes son hijos de sus actos compartidos con el vecino de al lado. No se independizaron por sí mismos. Es entonces, que llegamos al año 1828. En relación a esto, Methol Ferré dice lo siguiente: “Es en el año 28, no recuerdo si en octubre, que con el Tratado de Paz entre Argentina y Brasil, con la mediación inglesa, nace el Estado de Montevideo, que esa sí es la fecha de la independencia del Uruguay. Nadie se acuerda de ella. A no equivocarnos, porque sino decimos la verdad de la historia tampoco entendemos la verdad del hoy. Hay que decir siempre la verdad para poder responder con autenticidad los desafíos. Entonces, ese proceso en que todo empezó y se resolvió se debió a que cada parte resultante fue generada o generó desde el más allá de si misma, terminando en el año 30 cuando Bolívar muere en el destierro. Bolívar, que fracasó en su intento de reunir el conjunto de América Latina entera – no solamente América del Sur-, finaliza su tarea diciendo, un poco antes de su muerte : “hemos perdido todo, menos la independencia”. O sea, hemos perdido las condiciones de la independencia. Eso es lo que dice el más alto representante de la Independencia. Resultó la independencia en un conjunto de “Estados Ciudad” antiguos que controlaban inmensos hinterlands para cualquier europeo, en la periferia de Gran Bretaña, la primera nación industrial moderna.”
La independencia resulto para los países hispanoparlantes, según Methol Ferré, ser un conjunto separado entre si de estados ciudades dependientes comercial y financieramente de Gran Bretaña. En otras palabras, los países hispanoparlantes quedaron siendo estados oligárquicos, en sociedades latifundistas sin industrializar y dependientes de la primera nación industrial moderna. Como bien dijo, Domingo Faustino Sarmiento: “No somos industriales ni navegantes y la Europa nos proveerá por largos siglos de sus artefactos en cambio de nuestras materias primas.” En el siglo XX en el año 1900 entran en escena una nueva generación de intelectuales latinoamericanistas. En relación, con estos intelectuales, Methol Ferré dice lo siguiente: “La crítica del “enanismo” coral, fue la gran tarea de la generación latinoamericana del 900, con Rodó, Ugarte, Blanco Fombona, García Calderón, etcetéra: querían la Patria Grande (es decir, un Estado Continental, sin la cual no había protagonismo posible). Querían los Estados Unidos de América del Sur, alcanzar a ser iguales a los del Norte. Así se ponían a la altura de las exigencias históricas. ¿Qué es la Patria Grande sino el ámbito en que nos podemos salvar las Patrias Chicas?” La crítica a los solitarios estados ciudades de los países hispanoparlantes fue la gran tarea, según Methol Ferré, de los Rodó, Ugarte, Blanco Fombona, García Calderón. Estos intelectuales latinoamericanos querían la Patria Grande. Es decir, los Estados Unidos de América del Sur.
En el año 1930 el mundo capitalista experimenta en sus centros metropolitanos una crisis económica muy grande y en América Latina entre en la escena política el fenómeno nacional populista. En relación a estos temas Methol Ferré nos dice “En los años 30 vino la crisis de los centros capitalistas metropolitanos y la emergencia del nacional populismo, entre nosotros, que muchos han convertido en una mala palabra y que es la mejor palabra que inventó la política de América Latina; lo más original, lo más hondo, lo más popular y lo más nacional de América Latina. Ahora, con el lío de fondo de los mercados financieros, en Washington la preocupación es que no vuelva el populismo. Parece que eso es horripilante. ¿Qué fue el nacional populismo? El inventor fue Haya de la Torre, y es a partir de la crisis del 29 y del año 30 que se inicia la lucha por la industrialización, por la sustitución de importaciones. Una lucha que Haya de la Torre percibía ante todo como la exigencia de la democratización radical de nuestros países agrarios. Y por eso había que industrializar a los países. Y para sostener el proceso de industrialización había que ir a la Integración. Pero la industrialización iba a fracasar si quedaba encerrada en los minipaíses, en los nueve enanos. El enano mayor era Argentina y el otro gran enano estaba en Colombia. Los otros eran todos enanitos. Somos todos enanitos. Este es un dato de la realidad. Si no lo sabemos bien, vamos a macanear incesantemente.” En los años 30 del siglo XX además de venir la crisis económica en los centros capitalistas metropolitanos en América Latina los movimientos nacional populistas por boca, según Methol Ferré, de Haya de la Torre, plantea el tema de la industrialización (sustitución de importaciones) estrechamente vinculado a la cuestión de la democratización radical de la sociedad y de la integración de los países de América Latina.
Para el historiador uruguayo “La Industrialización implica la Integración. Como nadie tiene mercados de escala con población suficiente, la lucha por la democratización es también una lucha por la integración. Las tres dimensiones inseparables de nuestra modernización son: Democratización, Industrialización (ciencia y tecnología) e Integración, que se implican y exigen mutuamente. Ese es el corazón de los “nacional- populismos” tan denotados, por que todavía ninguno alcanzó el objetivo de la realización, que es la integración. Han sido todos nacional populismos truncos.” El corazón de los nacional populismos, según Methol Ferré, son la Democratización, la Industrialización (ciencia y tecnología) e Integración, que se implican y se exigen mutuamente. Pero, los nacional populismos quedaron truncos. Dado, que ninguno alcanzó el objetivo de la realización, que es la Integración. En otras palabras, fueron experiencias de transformación socioeconómicas que quedaron frustradas.
Methol Ferré, sigue diciendo “Entonces el proceso de industrialización en cada país aislado era insuficiente, frágil hacía falta la Integración. Se necesitó recomenzar este asunto en forma más amplia y para mí el gran salto histórico lo da la fundación del Mercosur, que es el acontecimiento fundamental de la historia de América del Sur. La idea fue de un tipo no muy amado por los uruguayos, por lo menos por la mayoría de los uruguayos, que se llamó Perón. Perón es quien propone a Vargas e Ibáñez pasar de una etapa “nacional” a una etapa “continental” para terminar en la mundialización. Había que superar los “Estados nacionales” para ir a los Estados continentales.” Es el presidente argentino Juan Perón que en el año 1951 le propone al presidente de Brasil Getulio Vargas y al presidente de Chile Carlos Ibáñez una segunda versión del llamado ABC. La primera versión fue en el año 1915. En esta segunda versión del ABC Perón es quien, según Methol Ferré, le propone a Vargas y a Ibáñez pasar de una etapa nacional a una etapa continental para terminar en la mundializaciòn. Es decir, había que superar los Estados nacionales y pasar a los Estados continentales. El Mercosur va en ese proceso histórico por eso su fundación es un acontecimiento fundamental de la historia de América del Sur.
Methol Ferré sigue diciendo “Soy uruguayo y amo el Uruguay, pero no amo el uruguayismo, como amo a la Argentina pero no amo el argentinismo, y así sucesivamente, porque fue nuestra perdición y es la negación del proceso que resultó en nuestra propia independencia. Entonces, no es que estamos en la “segunda independencia”. Estamos en la “segunda fase” de la lucha por la Independencia, entrando ahora.” Si la primera fase de la lucha por la independencia de los países hispanoamericanos se caracterizó por sus mutuas y múltiples intervenciones que dio como resultado nuestras independencias. La fundación del Mercosur es la entrada de la segunda fase de la lucha por la independencia. En lo que respecta, al Mercosur, Methol Ferré dice “El Mercosur no es una alianza entre Argentina y Brasil como si fuera una alianza en el Pacto Andino o en otro lado. Es la alianza constituyente de las posibilidades de la unidad de América del Sur, la única alianza que puede fundar la unidad de América del Sur. Por eso reniego del nombre de Mercosur. Eso es un subtítulo. Es pensar que estamos haciendo solo mercado. Bienvenido el mercado entre nosotros, y bienvenido el que se desarrolle, pero lo fundamental es que tendríamos que llamarnos “Unión Sudamericana”. Porque es esta la única posibilidad real de Unión Sudamericana. El Mercosur es más que sí mismo.” El Mercosur es la alianza, según Methol Ferré, constituyente de las posibilidades de la unidad de América del Sur, la única alianza que puede fundar la unidad de América del Sur. Por eso, el historiador uruguayo, reniega del nombre del Mercosur y propone llamarse “Unión Sudamericana”. Siendo esta la única posibilidad real de hacer posible la Unión Sudamericana.
Por último, Methol Ferré termina diciendo “Me parece que el Mercosur, que tantos anuncian su muerte, les va a renacer todos los días, y va a volver una y otra vez porque está en la esencia fundante de nuestros pueblos, que ahora, sino vuelven de si mismos solos, para intervincularse y saber que la globalización no avanza sola: avanza la vecindad, avanza la política sudamericana, está naciendo la política sudamericana. Y por eso esta renaciendo la Unión Sudamericana de la primera fase de la Independencia frustrada.” Lo que está avanzando, según Methol Ferré, es la vecindad, avanza la política sudamericana, está naciendo la política sudamericana. Y por eso esta renaciendo la Unión Sudamericana de la primera fase de la independencia frustrada.
Conclusiones
De lo analizado se desprende que para Methol Ferré el Mercosur no surge en base a un mero acuerdo entre la Argentina y el Brasil, sino que se trata de la alianza constituyente de las posibilidades de la unidad de América del Sur. Es por eso, que el Mercosur se tiene que pasar a llamar Unión Sudamericana. Siendo esta la única posibilidad real de concretar una verdadera Unión Sudamericana. Con la Unión Sudamericana se esta construyendo un Estado continental que es la segunda fase de la primera independencia de América del Sur. Es el avance de la vecindad (la mutua influencia entre los países sudamericanos que son todos países fronteras) es el nacimiento de la política sudamericana.
Bibliografía
Methol Ferré, Alberto, Unión Sudamericana, Segunda fase de la Independencia de América del Sur, Uruguay: opciones para su inserción en un Mundo Global. Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo Uruguay, 2002, p.155.
Galeano, Eduardo, Memoria del fuego (II) Las caras y las máscaras, ediciones del Chanchito, Montevideo, Uruguay, 1987, p.206.
Martes, 07 de Diciembre de 2004 15:26 ;?> No hay comentarios. Comentar.
12/06/2004
MERCOSUR O MUERTE
Imagen: La bandera de José Artigas
Nuestras tres ebulliciones totalizadoras
"No para dar por pensado, sino para dar en qué pensar" Agenda de Reflexión - Número 189 - Buenos Aires, jueves 10 de junio de 2004
Investigación periodística de Carlos Luppi -------------------- Hoy se cumplen veinte años del fallecimiento, en su exilio mexicano, del doctor Carlos Quijano, un uruguayo esencial, de los más preclaros hijos de la nacionalidad oriental. Maestro de juventudes, precursor de la reforma universitaria, legislador, jurista, y economista, alcanzó la cumbre con la creación del semanario Marcha. La legendaria publicación, que formó e influyó a varias generaciones, se editó entre 1939 y 1974, cuando fue clausurada, pero sus prolongaciones, a través de los Cuadernos de Marcha, llegaron hasta el 16 de junio de 2001. Ahí escribieron los más importantes intelectuales uruguayos y latinoamericanos del siglo XX. El artículo que publicamos a continuación es el homenaje del notable pensador oriental Alberto Methol Ferré.
América Latina tuvo tres grandes ebulliciones "totalizantes" que la configuraron y la están configurando. Digo "totalizantes" porque en sus inmensos espacios, en este medio milenio último, de golpe, casi sorpresivamente, toda ella entró en ebullición sólo tres veces. ¿Podríamos contar las ebulliciones generales de Europa? Muchas más. Pero espacialmente era mucho más pequeña y concentrada. Ahora estamos en plena "tercera ebullición" general latinoamericana. Nuestras dos ebulliciones generales anteriores duraron pocas décadas. Luego les siguió una larga calma, durante la cual esa ebullición se fue como disgregando, digiriendo, agotándose y recreándose lentamente como para la nueva sucesiva ebullición general, mucho tiempo después. Ahora, nuestra "tercera ebullición" tiene caracteres muy distintos que las anteriores. Acerquémonos un poco.
Primera ebullición general: El nacimiento de América Latina
Tras una etapa preparatoria en las Antillas y en América Central, de 1520 a 1560 aproximadamente, es la conquista y colonización de lo que comenzará a ser un pueblo nuevo, mestizo, en la historia: América Latina. Todas sus partes entran en relación, en conflagración, luego de milenios de dispersión, de comunicaciones fragmentarias. En pocas décadas se funda la red de villas y ciudades esencial de América Latina, que incluye casi todas las que serán sus capitales. Antes de este ciclo (1520-1560) sólo se habían configurado dos imperios, el Azteca y el Inca, que al estar hechos "a pie" quedaron muy lejos de agitar el conjunto de lo que sería luego América Latina. Se ignoraron. Los dos imperios -como movimiento de concentración- duraron apenas un siglo, y fueron arrancados de cuajo por la vorágine totalizante de la conquista y la colonización, que tuvieron una velocidad inédita, combinada, del barco oceánico y los caballos. Esa ebullición general, la primera "latinoamericana" fue a la vez el primer fruto del comienzo de la globalización, encabezada desde Europa por Castilla y Portugal, en los buenos tiempos de la "Alianza Peninsular". Luego le seguirán, a partir de sus tres núcleos, México (con América Central y las Antillas), Perú y Brasil (las partes castellana y portuguesa de América del Sur), casi 250 años de estabilización dispersa, comunicándose más que entre sí, con los centros metropolitanos. América Latina (ibérica o hispánica en su sentido original) fue como dividiéndose por paulatina complejización y madurando un nuevo y vasto "círculo histórico-cultural" que hoy somos nosotros, desde nuestras raíces. Mestizaje hijo de la Cristiandad latina en su último gran despliegue barroco, y primero nuestro. Es la primera ebullición fundadora de América Latina. Todo se junta con todo, y luego va particularizándose.
Segunda ebullición general: La Independencia de América Latina
Siempre hay signos preparatorios. Pero la ebullición estalla desde 1808 y se prolonga hasta 1830. La dilatada América española entra toda ella en efervescencia, se vuelve a interpenetrar con intensidad inusitada en todos sus fragmentos, y Bolívar busca culminarla con un gran Congreso, que fracasa. En la medida en que se independiza América Latina va separándose en múltiples "estados -ciudad" que encabezan espacios insólitos para cualquier europeo. Estados-ciudad como de una Grecia primitiva gigante. Estados parroquiales, diría Toynbee. Ni siquiera una "Nación de Repúblicas" confederadas, como quiso Bolívar. Sólo Brasil, entonces mucho más pequeño y menos dilatado que la América española, mantuvo la unidad ¿quién podría controlar la Amazonia entonces, que descoyuntura toda América del Sur? El espectáculo final de la segunda efervescencia hizo exclamar a Bolívar: "¡Hemos perdido todo, menos la independencia!". Es decir, hemos perdido las condiciones de la independencia. América Latina fue formada por barcos y jinetes. Entreveros. Lo que volvió desmesurada a América Latina para los latinoamericanos, que no pudieron controlar sus espacios. Nuestros marinos no eran criollos, sino irlandeses, ingleses y norteamericanos. Los barcos eran ingleses. Y nos volvimos periferia de la Revolución Industrial inglesa del siglo XIX. Cada estado parroquial perdió contacto con su vecindad, salvo en los casos de dos o tres conflictos vecinales graves, pero localizados. Cada país se fue volviendo un "en sí" (hoy de 170 a 180 años): su afirmación era la exclusión del vecino y el éxtasis con los centros metropolitanos transoceánicos. Primero ingleses y franceses, luego norteamericanos.
Tercera ebullición general: desde el MERCOSUR
Desde comienzos del siglo XX los medios de comunicación latinoamericanos empiezan su paulatino acrecentamiento e intensificación. Por mar, tierra y aire. Aunque todavía en la Cumbre de Brasilia del 2000, donde los países de América del Sur (Comunidad Andina y Mercosur) proyectan su unión, se hace énfasis en la necesidad urgente de ampliar las conexiones mutuas de "infraestructuras". Es que estamos en plena ebullición general, que nos exige multiplicar las intercomunicaciones de personas, bienes y servicios. La globalización avanza, pero la cercanía vecinal y latinoamericana también. Está naciendo definitivamente la "política sudamericana" (que sólo hubo en fugaz momento de la Independencia). La política sudamericana, novedad de nuestros días, vino para quedarse definitivamente, nos guste o no. A nosotros o a las grandes potencias. Es ya irreversible. Esta es la diferencia con las dos ebulliciones generales anteriores. La tercera ebullición general ha venido para quedarse y volverse -en relativamente poco tiempo más a escala histórica- normalidad. Desde la década del '90 en adelante, la ebullición general ya es y será normalidad. No hay más regreso a los "en sí" imaginarios de las patrias chicas. La conjugación latinoamericana de América del Sur ya es irreversible, es destino. ¿Cómo contribuiremos a acuñar ese destino? ¿Cuál será su signo? Una ojeada a sus preparaciones y eclosión. Es en el siglo XX. Este se abre con la ebullición general de los intelectuales, su "latinoamericanización". La generación del 900 con Rodó, Ugarte, García Calderón, Blanco Fombona, etcétera. Repone en el horizonte a la "Patria Grande", retoma la herencia de Bolívar, San Martín, Artigas. Luego serán los estudiantes universitarios. Luego los imperativos industrializadores -camino hacia adentro- de los nacionalpopulismos. Estos, todavía por separado, se sintetizan en tres consignas: democratización, industrialización (ciencia y tecnología), e integración. La primera no es sin la segunda; la segunda no será plena, eficaz, sin la tercera. En la tercera, es la vencida. En eso estamos. Por eso, Carlos Quijano decía entonces que al latinoamericanismo no se llega por el "latinoamericanismo abstracto", sino a través de las "regionalizaciones" concretas. Y vino la primera oleada regionalista en los años 60, simbolizada en Prebisch y Felipe Herrera, en el Mercado Común Centroamericano, la ALALC (que incluía desmedidamente a México, Brasil y Argentina), el Mercado Común del 67, el Pacto Andino del 69. Luego el reflujo. Desde el 85 la segunda oleada se levanta desde el ensamble de Brasil y Argentina. América Latina hacía así su cortocircuito fundamental: la alianza de Argentina y Brasil. Ya la habían intentado Perón, Vargas e Ibáñez (1951-1954). Ese es el camino principal y decisivo para América del Sur: "el núcleo básico de aglutinación", al decir de Perón. Es como la alianza de Francia y Alemania para Europa. Ese es el cortocircuito que pone todo en ebullición. Por eso el Mercosur es lo decisivo de la combustión y unión de los pueblos de América del Sur. El Mercosur no es una "regionalización" entre otras, es la "regionalización fundante" de América del Sur, y por tanto invencible, aunque por eso mismo amenazado siempre de muerte. Nadie más podrá apagar esta ebullición. Todo otro camino, que no sostenga o se enlace con esta avenida principal, es enemigo de nuestros pueblos. Son tiros al aire, apuestas erráticas, antinacionales. Esto lo iremos aprendiendo rápidamente todos, unos y otros. Hoy América Latina tiende a separar sus dos regiones básicas. México, América Central y las Antillas caminan en o hacia el Nafta-Alca. Es seguramente irreversible, salvo depresión mundial. En tanto que la gran isla de América del Sur, lo más importante de América Latina, su escenario fundamental, se vuelve inexorablemente el centro de ebullición de sí misma. El Mercosur es su avenida principal. Es la gran batalla de estos años, a todos los niveles. Anuncian y quieren muchos su muerte y desaparición. Y les renace al otro día, porque se asienta en lo principal de América del Sur. ¿Cuál es su opuesto? ¿Cuál es la verdad de las otras propuestas que lo excluyen y pretenden ser alternativas (no complementos)? Su opuesto, su contrario tiene un nombre ejemplar: el destino de Puerto Rico. ¿Cuál es el destino de las "patrias chicas" solas? O múltiples y pequeños Puerto Rico, o un gigantesco Puerto Rico latinoamericano, utopía histórica imposible. No otro es el contenido del fantasma del ALCA. Y si ésta llegara a ser, sería multiplicador, a pesar suyo, de la ebullición latinoamericana. Sería la vía más larga y compleja. Impredecible. Podría hasta "portorriquizar" a los mismos norteamericanos, por más murallas eléctricas que levantaran. ¡La historia y sus ebulliciones no se manejan fácilmente! Las "patrias chicas" se salvan en la Patria Grande latinoamericana de la Unión Sudamericana, por la difícil y necesaria avenida principal del MERCOSUR. Por fe cristiana y convicción, sabemos que la Vida puede más que la Muerte. Es la gran apuesta, lo que vale la pena.
Así me quiero despedir, sin despedirme, de Mercedes y Carlos, de Cuadernos de Marcha.
Sábado, 12 de Junio de 2004 21:57 ;?> Hay 1 comentario.