Nombre y Apellido
E-mail
Mensaje

Temas



Archivos

Enlaces

patagonia

chile

unión sudamericana

uruguay

cuba

  • http://www.ain.cu
  • http://www.prensa-latina.cu
  • http://www.granma.cu

chilenos en el exterior

argentina

batalla de venezuela

derechos humanos

bolivia

  • http://www.bolpress.com

méxico

  • http://www.jornada.unam.mx

ecuador

  • http://www.llacta.org
  • http://www.conaie.org

blogs

Otros


Se muestran los artículos pertenecientes al tema carlos parker.

25/01/2005


LA PESADILLA DEL GENERAL LÓPEZ

pinochet.jpgpor Carlos Parker Almonacid

El Mostrador
– Enero de 2005

Cuando abrió los ojos, lo primero que el anciano general Daniel López pudo ver fue la figura rechoncha e inconfundible de su fiel ayudante Máximo Gutiérrez, la que parada de espaldas a su lecho de enfermo, se recortaba perfectamente al trasluz del amplio ventanal, cuyos velos de mecían suavemente al compás de la suave brisa de la tibia tarde del domingo, de esa semana, ese mes y ese año completamente desconocidos.

El general parpadeó y apretó los puños mientras trataba de incorporarse sin lograrlo. Y no hizo falta alguna que Gutiérrez le viera ese gesto ni le dijera nada, para darse cuenta por sí mismo que venía despertando de un pesado sueño que había durado más tiempo de lo debido.

Unos minutos más tarde, después que su ayudante se hubiera sorprendido y emocionado con el sorpresivo regreso de su ex jefe al mundo de los despiertos, el viejo general supo que efectivamente hacía una pila de años que había estado inconsciente. Sumido en el reparador olvido y la ausencia total del coma profundo, tranquilo, negro y silencioso al que le había arrastrado un accidente vascular cerebral, acontecido justo mientras celebraba unos de sus incontables cumpleaños plagados de rancheras, arengas de homenaje y brindis en su honor.

¿Y mi esposa, donde está? Fue la primera frase que el viejo pronunció. Ella estuvo por acá hace un par de semanas, le respondió Gutiérrez, pero me han dicho que no ha vuelto a venir desde hace rato. Al principio, los primeros meses y años la señora venía a menudo. Después comenzó a espaciar sus visitas y las reemplazó por llamadas telefónicas para preguntar por su estado. Pero como siempre recibía la misma respuesta: “ el general sigue sin novedad”, creo que se fue cansando o resignando, hasta que prácticamente desapareció. Si le sirve de consuelo, quienes le han visto me han dicho que la señora, con todo respeto, está más cascarrabias e insoportable que nunca.

Lo mismo pasó con sus hijos e hijas, aunque ellos desertaron mucho antes que su esposa. Así es que después de los primeros meses de su enfermedad nunca más se aparecieron por acá, ni tampoco llamaron para interesarse por su estado. Se sabe que están todos peleados entre sí por cuestiones de plata. Una de sus hijas acaba de casarse por novena vez y lamento decirle que Daniel junior se metió nuevamente en líos, por lo que ha vuelto a caer en la cárcel.

Por lo que cuentas, sospecho que he pasado varios años en estado de coma. Pero te agradeceré que no me digas exactamente cuántos han sido, dijo el general, mientras luchaba por aparentar frialdad y compostura frente al vómito de malas noticias sobre sus familiares que acababa de escuchar de boca de Gutiérrez.

Te parecerá extraño, mi viejo amigo, pero yo me siento igual como si viniera despertando del sueño de una noche cualquiera. Hasta tengo hambre y sed, así es que ordena a alguno de mis escoltas que me traiga algo de comer, bramó el general con la particular voz que le era conocida y como en los viejos tiempos.

Me temo que eso no será tan fácil, musitó Gutiérrez como pidiendo excusas de antemano, mientras sentía cómo comenzaba a apoderarse lentamente de su organismo el miedo reverencial que el anciano ahora postrado le había inspirado en los casi treinta años en que había estado a su servicio.

Sucede, señor, que le retiraron la escolta de seguridad, hace como seis años a la fecha. La institución consideró que ya no le hacía falta protección, si me permite decirlo, porque llegaron a la conclusión que era muy improbable que alguien quisiera causar algún daño y mucho menos tratar de matar a una persona que ya estaba muerta. O que al menos parecía estarlo, o efectivamente lo estaba para todos los fines prácticos de la vida verdadera.

Incluso puedo decirle que se comenta que algunos turistas de visita en el cementerio general, solo por curiosidad supongo, preguntan por la ubicación de su tumba. Y cuando les dicen que no hay tal tumba puesto que usted no ha fallecido, se sorprenden mucho y se niegan a creer que esté realmente respirando todavía en alguna parte.

Así es que usted, mi general, se ha pasado su largo estado de coma, que más parecía un punto final profundo y definitivo, casi siempre solo y abandonado en esta habitación. Salvo por algunos pocos de nosotros que de vez en cuando pasamos a darle una mirada. O por las enfermeras que vienen cada ciertas horas a ver el funcionamiento de las máquinas a las que lo tenían conectado, o para bañarlo. Cosa que a juzgar por el aroma reinante parece ser que hace rato que no hacen.

En cuanto al desayuno, no estoy muy seguro que se lo pueda conseguir muy fácilmente. En especial, porque hace mucho que no se paga la cuenta del hospital, la que parece ser la razón por la cual desde los médicos hasta las auxiliares lo basurean y ningunean siempre que pueden. Sin ir más lejos, una vez escuché a unas enfermeras burlarse de usted y de su estado comatoso, opinando que sería mejor que usted se muriera de una buena y verdadera vez, para poder ocupar la cama con alguien con alguna esperanza de sobrevivir.

Bueno, dijo el general en tono ladino, pareciendo súbitamente recuperar el ánimo con alguna ocurrencia. Esto último al menos no debiera ser problema. Te puedo contar, mi buen Gutiérrez, que tengo unos cuantiosos ahorros guardados a buen recaudo para eventuales tiempos difíciles como parecen ser estos. Así es que esos billetes nos devolverán a todos el alma al cuerpo debilitado. Por lo que me cuentas, supongo que mis rapaces parientes no han podido echar el guante a esos recursos, así es que me pondré manos a la obra rápidamente para recuperarlos.

Si yo fuera usted no contaría con eso, mi general, le retrucó Gutiérrez, en un tono que no dejaba lugar a dudas. Fíjese que poco después que usted cayera en coma sus enemigos, que eran muchos y poderosos, le cayeron encima y comenzaron a hurguetear por aquí y por allá en sus cosas personales, hasta que descubrieron unas cuentas gordas y secretas de su propiedad en bancos extranjeros.

A pesar de que algunas de ellas estaban a nombre de un tal Augusto José, de cuyo apellido ahora mismo no me acuerdo, no tardó en comprobarse que en verdad eran suyas y correspondían, o al menos así se dijo, a platas mal habidas o de dudosa procedencia. Así es que moros y cristianos aplaudieron cuando el juez, junto a Impuestos Internos, procedieron a incautar sus haberes, junto con todos sus otros bienes. Así es que lamento decirle que actualmente usted, mi general, no es propietario de absolutamente nada. De modo que ya no tiene ni parcelas de agrado, ni vehículos, ni casas, ni departamentos, ni depósitos a plazo, ni cuentas bancarias en dólares, nada de nada. Todo se escurrió por el water. Ni siquiera tiene usted donde caerse muerto, mi general, si me permite que se lo diga de ese modo tan directo y en estas circunstancias.

Dicho con todo respeto, creo que la cuestión de las cuentas secretas fue lo que terminó por alejar completamente de su lado a sus amigos, siguió relatando Gutiérrez, mientras el general lo observaba con los ojos desmesuradamente abiertos y la barbilla caída sobre el pecho.

Los primeros en hacerle la desconocida fueron los políticos de derecha y ciertos empresarios, con todos los cuales usted fue muy generoso mientras estuvo al mando. Estos venían desde antes tratándolo con indiferencia y poniendo caras de “yo no fui” o de “a mí que me registren”. Hasta que llegó un momento en que casi todos apretaron cachete lejos y en tropel.

Ocurrió que hace unos años el gobierno ordenó hacer un informe sobre los fulanos que estuvieron presos durante su régimen autoritario, y que dijeron haber sido torturados. Ni le cuento la escandalera que se armó. Aprovechándose que usted estaba en coma y no podía decir ni pío, y mucho menos defenderse, todos sus ex colaboradores civiles se lavaron olímpicamente las manos, como verdaderos Judas, diciendo a coro que nunca supieron nada y lo culparon a usted exclusivamente de todo, mientras proclamaban a los cuatro vientos sus totales y completas inocencias e ignorancias.

A poco andar, algunos de los más osados y tránsfugas, incluso comenzaron a tratarlo como el ex dictador, el tirano depuesto y cosas por el estilo. Así que no hay que extrañarse de que muchos de estos personajes que un día le juraron lealtad eterna e incondicional se hicieran los lesos y miraran para el techo cuando apagaron la Llama de la Libertad, esa misma que se inauguró con tanta pompa y ceremonia prometiendo que ardería por los siglos de los siglos. El caso fue que un día cualquiera llegaron los operarios de una constructora, y sin decir agua va, sin bandas ni discursos, ni salvas al aire, cerraron la llave del gas y se acabó la cuestión

¿Y la fundación que lleva mi nombre, inquirió el general, apesadumbrado? La Fundación ya no existe desde hace años. Ahora funciona en la casa un hogar para ancianos desvalidos. Antes de eso, sus integrantes fueron desalojados varias veces por la fuerza pública por no pagar el arriendo ni las cuentas de servicio. Felizmente cuando pasaron estas cosas vergonzosas ya casi nadie la visitaba. Todo se acabó definitivamente cuando un día un miembro del directorio colgó en el frontis un lienzo con una leyenda que decía “Si tocan a algunos de mis hombres, se acaba el estado de derecho”. No sé que habrá querido decir el gallo con esa frase, aunque dicen que el señor estaba algo mal de la cabeza. Quizá por eso mismo después de hacer eso, el caballero apagó la luz y cerró la puerta por fuera. Luego sacó una muñeca que llevaba en el maletín y comenzó a peinarla enérgicamente. Me han contado que este señor esta ahora recluido en Punta Peuco, cuyas instalaciones llevan a la fecha como diez ampliaciones sucesivas.

A propósito de la famosa llama ahora apagada, le cuento que precisamente hace pocos días atrás la Presidenta de la República inauguró las nuevas obras en ese sector del barrio cívico, el que ha sido completamente remodelado como ofrenda al bicentenario de la patria.

¿La Presidenta de la República has dicho, o te escuche mal? No, general, escuchó perfectamente. Es que todavía no había tenido ocasión de contarle que tenemos una Presidenta, que es la señora Michelle Bachelet, la que según leí en alguna parte, es hija de un colega suyo ya fallecido, o algo así.

¡Pero que dices insensato, chilló el general. ¿Qué es eso de la presidenta Bachelet? ¿Tratas acaso de volverme loco con esta sarta de malas noticias?

No, general, solo estoy tratando de ponerlo al día de lo que ha ocurrido en el país durante su largo sueño. Y no se enoje conmigo que yo no tengo la culpa de nada. Creo que tampoco le gustará oír que la señora, además de mujer es socialista. Como lo fue también su antecesor en el cargo, el presidente Lagos, de quien doña Michelle fue nada menos que su ministra de Defensa.

¡Una mujer socialista como ministra de Defensa y ahora como presidenta de Chile¡ dijo el general como atragantado con sus propias palabras. ¡Este país se ha vuelto completamente loco¡ Pero aguarda, ¿dijiste el presidente Lagos? Supongo que no te estarás refiriendo a Ricardo Froilán.

Al mismo me refiero, exclamó el fiel Gutiérrez con aire casi triunfal. Bien conozco que a usted nunca le simpatizó el hombre, tanto que una vez hasta lo metió a la cárcel. Pero le repito lo que dicen casi todos y hasta yo mismo pienso. El gallo hizo un gran gobierno, tanto que si la Constitución lo hubiera permitido, hasta lo hubiésemos reelegido como presidente por aclamación popular.

A propósito, le contaré que tenemos una nueva Constitución. A la anterior le hicieron tantas reformas, le pusieron tantos parches y remiendos que la convirtieron en un mamarracho inservible. Así es que un buen día tirios y troyanos estuvieron de acuerdo en derogarla y en hacer otra.

Pero volviendo a lo que le estaba contando, creo que don Lagos lo hizo tan bien como presidente que le va a alcanzar hasta para estatua. Así es que no sería raro que alguna vez viéramos su estampa en bronce, dedo en ristre, muy cerca de la estatua de Salvador Allende. Allí mismito en la Plaza de la Constitución.

¿Me estás diciendo que hay una estatua de Allende en la Plaza de la Constitución, frente a La Moneda? Así es, general, y eso no es todo. Un poco mas allá hay también una estatua de Eduardo Frei Montalva, y frente a la Catedral, una del cardenal Silva Henríquez, otro de sus archienemigos, cuyo rostro, por cierto, aparece además en las nuevas monedas de 500 pesos.

Ahora si quiere que le haga un resumen de la situación, sin entrar en más detalles, éste sería mas o menos el siguiente. Usted está más solo que un dedo. No tiene familia, ni amigos, ni aliados ni admiradores. Tampoco tiene plata, ni propiedades ni influencia. No tiene poder, ni prestigio alguno. Ya nadie le recuerda ni le teme, y si acaso usted logra inspirar algún sentimiento, es el de indiferencia, cuando no de simple lástima. Todas las personas e ideas que usted combatió en vida hoy gozan de respeto y consideración. Y en cuanto a sus enemigos, usted representa tan poco para ellos que ni siquiera se molestan en mencionar su nombre.

Al final, usted, mi general, en verdad ya no existe ni siquiera ni en el recuerdo, el odio o el rencor. Y si yo fuera usted, en vista de las circunstancias, dejaría las cosas tal y como estaban hasta antes que despertara de su largo sueño.

El viejo general había enmudecido y su avejentado rostro no reflejaba sentimiento ni expresión alguna. Cerró los ojos y se quedó en silencio un largo rato. Hasta que de pronto, como quién llega a una conclusión meditada y categórica, se incorporó un poco y emitió su última y postrera orden. El último de los incontables veredictos que le tocaría emitir en su larga y mandona vida militar.

Gutiérrez, le agradezco su dedicación, su charla y su consejo. Pero ahora debo ordenarle dos cosas. La primera, que se olvide del desayuno y sobre todo, que considere que esta conversación jamás tuvo lugar, por cuanto yo jamás nunca desperté de mi letargo. La segunda, es que se vaya, me deje solo y no regrese jamás. Me siento muy cansado y necesito seguir durmiendo. Dígale a las enfermeras que no admitan visitas y que no traten de despertarme por ningún motivo. Que me dejen dormir en paz, por lo menos por los próximos cien años. Ahí veremos que se hace.

(*) Carlos Parker Almonacid es cientista político.
Martes, 25 de Enero de 2005 23:12 ;?> Hay 1 comentario.

12/01/2005


NUESTRO GLOBALISMO PROVINCIANO

tsunami-7.jpgPor Carlos Parker Almonacid (*)

El Mostrador
- 7 de Enero del 2005

El reciente cataclismo y maremoto que afectó a las costas de Asia ha vuelto a poner de relieve esta costumbre informativa tan nuestra. Que es un hábito de los medios, pero que se funda en una determinada manera, pequeña, provinciana y ombliguista de ver el mundo y sus circunstancias.

Con ocasión de los atentados terroristas a las Torres Gemelas, aquel fatídico 11 de septiembre, los medios nacionales de prensa y particularmente la televisión, informaron de las alternativas del suceso en un tono y un modo tal, que un observador desaprensivo hubiese perfectamente podido imaginar que los acontecimientos que se mostraban en vivo y en directo no estaban teniendo lugar en el extremo sur de la Isla de Manhattan, Nueva York, sino que, más o menos, en la intersección de avenida Santa Rosa con la Alameda.

Una vez pasado el estruendo inicial, los énfasis informativos de nuestros medios comenzaron a ser colocados, no en las causas probables que habrían motivado este acto deleznable ni en sus consecuencias venideras, de las cuales han habido muchas y muy graves, sino en las impresiones de testigos casuales u observadores improvisados. Así las cosas, las pantallas, las portadas y las notas de fondo fueron reservadas mayoritariamente no a los analistas expertos, sino a los
testigos presenciales, preferentemente compatriotas, quienes nos relataron con lujo de detalles sus sensaciones, sentimientos y temores tras el atentado.

Daba lo mismo si los entrevistados hubiesen presenciado los impactos y el derrumbe de las torres a kilómetros de distancia o incluso si hubiesen seguido el mortal acontecimiento por la televisión, tal como usted o como yo lo hicimos desde Chile. Lo importante era que los entrevistados nos brindaran sus impresiones desde Nueva York y sobre todo, que no se tratara de cualquier testimonio, sino de uno rendido por chilenos. Como si aquellas impresiones, por el solo hecho de provenir de compatriotas, estuvieran a diferencia de otras, revestidas de un colorido y un valor objetivo e informativo especial.

Más recientemente, con motivo del atentado criminal a la estación de Atocha en Madrid volvimos a ser testigos de un tratamiento periodístico semejante del suceso. Otra vez la prensa concentró su atención en los testimonios de compatriotas. De modo que vimos comparecer a algunos que habían estado en el sitio del suceso en el momento de la tragedia, o poco antes, y supimos de varios otros testimonios de chilenos o chilenas que por la sola y aleatoria circunstancia de vivir en Madrid, o estar de paso por la capital española, se estimaron como fuentes informativas privilegiadas.

Tal pareciera que cualquier tragedia de proporciones que tenga lugar en algún sitio de nuestro asolado mundo no llega a ser verdaderamente tal, si acaso no llega a afectar directa o indirectamente a alguno de nuestros compatriotas. Más todavía, uno llega a pensar que para que dicha tragedia pueda verdaderamente llegar a interesarnos y eventualmente a conmovernos, fuese preciso que la misma fuese experimentada directamente por un chileno, o cuando menos, teniendo como testigo presencial a un compatriota.

No resistimos no estar ahí. Precisamente en el lugar mismo donde la tragedia que golpeará al mundo está ocurriendo o acaba de ocurrir. Así es que buscamos cualquier subterfugio mediático para marcar nuestra presencia, de modo tal que cuando este enganche no está presente o no es posible improvisarlo, ni llegamos a enterarnos de lo que ha ocurrido y mucho menos a impresionarnos.

Mencionemos el caso de África sub-sahariana. Una región que está casi permanentemente sometida a devastadores fenómenos naturales y sociales que han costado y sigue costando diariamente la vida a miles de personas. Hambrunas, sequías inclementes, guerras civiles, luchas étnicas, pandemias, etc., son el pan amargo de cada día en una región que se debate cotidianamente en medio de la tragedia más pavorosa. Pero de todo aquello, la mayoría de las veces ni llegamos a imponernos. O al menos lo que llegamos a conocer no alcanza para indigestarnos mientras degustamos nuestra cena, en el preciso instante en que los noticiarios, nos muestran al pasar como niños africanos son literalmente comidos por
las moscas.

De modo que mientras no existan chilenos de por medio, podemos soportar impávidos y casi indiferentes los destrozos y pérdidas de vidas humanas con motivo de un terremoto, una inundación, un tifón, una erupción volcánica o cualquier otro desastre provocado por fenómenos naturales. También será posible que podamos resistir sin echarnos a llorar a mares, el conocer del descarrilamiento de un tren en Bangladesh, las consecuencias de un devastador desastre aéreo en el Kurdistán, el estallido de una nueva guerra civil sangrienta en Liberia, un atentado terrorista en alguna ciudad iraquí o el transitar galopante del Sida por medio continente africano.

Pero no dejaremos de estar atentos y sobrecogidos ante el avance de un huracán que amenaza las Costas de Florida. Especialmente si tal situación de pánico e incertidumbre puede ser ilustrada con los irremplazables testimonios de compatriotas residentes, o por lo menos, que se encuentren pasando sus vacaciones en Miami o algún otro punto turístico de la zona bajo peligro.

Sin ir más lejos, la sempiterna tragedia de Haití estuvo siempre allí, o al menos por más de un centenar de años para quién quisiera verla, condolerse y rebelarse contra ella. Pero solo vinimos a reparar verdaderamente en su existencia cuando nos involucramos como país en el proceso pacificación tras la debacle generalizada y enviamos nuestras tropas. Como se sabe, ello fue la consecuencia de un acto que involucró una definición y una decisión política meditada y de la mayor trascendencia.

Aun así, no deja de llamar la atención que la mayoría de los despachos periodísticos provenientes de la isla caribeña no tengan como propósito principal difundir la situación imperante, que es catastrófica y dramática, sino de informarnos sobre las condiciones de existencia y trabajo de nuestros efectivos militares, con especial énfasis en los naturales sentimientos de nostalgia de la patria y la familia lejana.

El reciente cataclismo y maremoto que afectó a las costas de Asia ha vuelto a poner de relieve esta costumbre informativa tan nuestra. Que es un hábito de los medios, pero que se funda en una determinada manera, pequeña, provinciana y ombliguista de ver el mundo y sus circunstancias.

Se conoce de más de 150 mil victimas fatales y un nivel de destrucción impresionante. Las imágenes que ha mostrado la televisión sobre el momento mismo en que ocurre el desastre son impactantes. Más todavía lo son las rumas de cadáveres y el dolor y la tristeza reflejado en los rostros de los sobrevivientes.

Cualquiera puede ver que estamos frente a una catástrofe de proporciones bíblicas cuyo costo en vidas humanas y bienes materiales quizá nunca se llegue a conocer exactamente. Pero nosotros, los chilenos, optamos por permanecer aferrados, en lo principal, a escudriñar en la vida del grupo de compatriotas que resultaron afectados, la gran mayoría de los cuales lograron sobrevivir, como si nada más nos importara real y sinceramente, y la tragedia en si no fuera más que el contexto, el paisaje desolado que encuadra la dura experiencia que casualmente experimentaron nuestros compatriotas de vacaciones por tan infaustas latitudes.

Quizás por lo mismo las entidades que abrieron cuentas bancarias para recolectar ayuda para las victimas no han querido dar a conocer los montos hasta ahora acumulados. Se sabe, sin embargo, que las cifras son vergonzosamente escuálidas para un país que se precia de exitoso e integrado plenamente al mundo. Hasta allí no más llega nuestra capacidad de compasión y solidaridad. Justo hasta el momento de tener que ser lo suficientemente generoso como para llevarse la mano al bolsillo, por lo menos al propio.

Triste y limitado entendimiento de la globalización el nuestro. Más triste todavía nos parece cuando nuestra falta de generosidad tiene lugar cuando todavía se escuchan los ecos de la muy reciente Cumbre APEC, ocasión en que precisamente acogimos cálida y entusiastamente a los líderes de varias de las economías de países afectados por la tragedia. Claro que para entonces los veíamos como socios y por lo mismo como canales para concretar nuevas oportunidades para incrementar nuestro comercio. No como las víctimas arrasadas de un evento telúrico que inopinadamente vino a poner de relieve las precariedades de toda índole tras el boato y la espectacularidad de las ceremonias.

Para variar, los chilenos podríamos volver a mirar el mundo como lo que esencialmente es. Una tierra poblada por personas de carne y hueso, que son y representan bastante más que potenciales mercados para nuestras exportaciones. Si nos esforzamos un poco, veremos a seres que efectivamente consumen, pero que también sufren y lloran cuando son golpeados por la adversidad y deben perder a sus familiares y sus escasos bienes. Ni más ni menos que como nosotros, que bien sabemos de catástrofes y de la importancia de la solidaridad internacional, generosa y oportuna frente al dolor y la necesidad.

(*) Carlos Parker Almonacid es cientista político.
Miércoles, 12 de Enero de 2005 23:13 ;?> No hay comentarios. Comentar.

20/10/2004


LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA Y EL EFECTO DE CORIOLIS

12chavez.gifpor Carlos Parker

El Mostrador - 8 de Octubre de 2004

Recientemente, mientras caminábamos por las atestadas calles del centro de Caracas, un compatriota avecindado por largos 25 años en la patria de Simón Bolívar y Andrés Bello me regaló con una detallada explicación del llamado “efecto de Coriolis”, fenómeno que tiene que ver con la física y el movimiento de rotación de la tierra, y que determina que todo cuerpo en movimiento sea desviado de su trayectoria recta. Es por este efecto, me explicó, que al quitar el tapón de la bañera el agua que comienza a escurrir en el hemisferio norte rotará hacia la derecha, mientras que en el hemisferio sur lo hará hacia la izquierda.

Mi amigo traía esta cuestión a colación a propósito de la salsa, que era el tema que nos ocupaba, tratando de explicar que una cosa era conocer la correcta coreografía y otra muy distinta “saber bailar salsa”, asunto muy difícil y quizá imposible para un nativo del sur de la línea del Ecuador. Según mi compatriota, el efecto de Coriolis era el culpable de la fatalidad de que dos caderas procedentes de hemisferios distintos jamás pudieran encontrarse y mucho menos complementarse, lo que ilustraba una incapacidad básica de comprensión recíproca de amplias connotaciones.

El argumento me dio pábulo para reflexionar sobre dicha incapacidad, aplicada a la posibilidad de comprender adecuadamente los sucesos políticos que tienen lugar al norte del Ecuador, al menos en lo que concierne a la América Latina, y respecto a si acaso dicha limitación no tendría alguna motivación emparentada con el efecto de Coriolis.

Es un hecho que buena parte de los acontecimientos políticos, sociales y económicos relacionados con el Caribe y América Central nos parecen misteriosos e inexplicables, y las más de las veces, más dignos de una novela de García Márquez que de la historia política real y reciente de nuestra Latinoamérica. Especialmente por sus características y recovecos tan ajenos a nuestra idiosincrasia y nuestro modo de ser como individuos políticos. Por lo mismo, es que a la primera de cambio solemos descalificar los hechos acaecidos al norte del Ecuador como propios de “una República Bananera”, como si una agricultura que produjera este producto determinara por sí misma una cierta manera de ver el mundo y de comportarse políticamente.

Sin ir más lejos, el proceso de reformas que encabeza el presidente Hugo Chávez ha debido someterse a la friolera de ocho procesos electorales consecutivos (incluido el referendo revocatorio del 15 de agosto pasado), y salir airoso y campante de cada uno de ellos, para que recién entonces diversos sectores comenzaran, incluso a regañadientes, a reconocer legitimidad democrática e institucional a su mandato presidencial.

Es un dato de la causa que muchos de los elementos que hacen parte del proceso político venezolano nos resultan ajenos y extraños. Partiendo por la personalidad expansiva y locuaz del propio mandatario, pasando por su origen militar, su fallida intentona de golpe de Estado y el tipo de liderazgo personalista y carismático por el que se le reconoce.

Un proceso político fundado en una alianza entre militares reformistas, las clases trabajadoras y los sectores más desposeídos no es algo a que los latinoamericanos del sur estemos acostumbrados a ver. Salvo quizás la experiencia del peronismo originario en Argentina y la de Velasco Alvarado en Perú. Nuestra mentalidad, especialmente la de la izquierda y el progresismo, se aviene más bien con una prescindencia total del estamento militar en las cuestiones políticas. Y no porque estimemos que los militares no debieran tener opinión ni opción política, sino más bien por la circunstancia de que nuestros militares, siempre que han intervenido en política lo han hecho del lado de nuestros adversarios y en contra de nuestros proyectos.

Por otra parte, la experiencia del chavismo venezolano posee un ingrediente original y único, que por sí mismo explica en buena parte el consistente apoyo social de que dispone. Hasta ahora, uno de los mayores dramas y dilemas que han debido enfrentar los procesos de reforma social en cualquier lugar del mundo ha tenido que ver con la carencia de recursos. Por lo mismo, cualquier voluntad de combatir la pobreza introduciendo pautas de equidad y justicia social ha chocado frontalmente con la precariedad. Hasta la irrupción de Chávez, bien apertrechado de la bonanza petrolera, los reformadores sociales no han podido sino nivelar para abajo distribuyendo la pobreza.

La administración del presidente Chávez financia sus programas sociales con el alto precio del petróleo. Desde su triunfo electoral en 1998, la revolución bolivariana no ha hecho otra cosa que invertir en los más pobres. Por lo mismo, han sido los propios programas sociales los que han dejado atrás la apatía electoral y atraído masivamente a los ciudadanos a las urnas.

Sólo en el último año la administración de Chávez ha invertido 2.000 millones de dólares en los estratos más pobres de la sociedad venezolana. Por lo mismo, Chávez consiguió un respaldo del 60% en el reciente referéndum en que sometió su mandato a la voluntad popular y logró la confirmación hasta el 2007. Hay que enfatizar que la política económica y social seguida por la administración de Chávez, fundada en la expansión del gasto público, se aparta por completo de las directrices del FMI, que proclama la receta contraria, es decir moderación del gasto y recortes abruptos e inmisericordes de los programas sociales.

Actualmente, de acuerdo con estadísticas oficiales el 50% de los 25 millones de venezolanos viven en la pobreza, de entre ellos, uno de cada tres son pobres críticos. Otros estudios indican que entre el 70 y el 80% de los venezolanos sufren algún tipo de pobreza. De una población económicamente activa de 12 millones, el 15,5 está desempleado, mientras que en materia de vivienda, Venezuela posee un déficit de cien mil casas por año. Por lo mismo, intentar acortar la brecha entre ricos y pobres utilizando la bonanza petrolera es una circunstancia que habla por sí misma. No es preciso recordar que otros productores de petróleo no han estado abocados precisamente a hacer eso ni nada parecido.

Venezuela es actualmente el quinto productor de hidrocarburos en el mundo. Por tal motivo dicho país representa un factor fundamental de estabilidad o inestabilidad de los mercados mundiales. Teniendo en mente la crisis en el Medio Oriente, y los altos precios a los que ha escalado el crudo en los últimos meses, se comprende que el mundo no está en capacidad de enfrentar un nuevo foco de incertidumbre en torno a un producto tan estratégico. Y Venezuela puede desestabilizar los mercados si por cualquier razón retrocede en su capacidad exportadora.

Por estos días, la petrolera venezolana PDVSA está exportando 2.500.000 barriles diarios, los que a un precio de cerca de 50 dólares el barril, nos da una imagen de los recursos de los que dispone Chávez para llevar adelante sus planes y propósitos.

Venezuela surte el 14% de las importaciones de los Estados Unidos, lo que significa que dos tercios de las exportaciones de petróleo venezolano van a ese mercado. Ello explica que la administración norteamericana haya resuelto bajar los decibeles en su polémica con Chávez, y tras tres años de virtual congelamiento, los vínculos bilaterales estén volviendo a la normalidad. Los EEUU requieren convivir con Chávez, porque éste tiene petróleo. Por su parte Chávez requiere convivir con EEUU, porque necesita de su mercado. Previsiblemente entonces, el factor petróleo repercutirá sensiblemente en contra de cualquier estrategia agresiva de una u otra parte.

Analistas especializados han indicado que en los próximos 50 años Venezuela será el único país petrolero con capacidad exportadora en el hemisferio occidental. Y además, colocado a sólo 5 días de transporte del principal mercado mundial de hidrocarburos (EEUU, México y Canadá) y a una distancia equivalente del bloque Mercosur.

De otra parte, Venezuela aparece interesada en influir poderosamente en el mercado energético latinoamericano. Para eso tiene en mente su proyecto denominado “Petrosur”, que no es sino una alianza con motivaciones energéticas, la que previsiblemente se articulará bajo su hegemonía.

Con este fin Venezuela se afana en construir un eje Buenos Aires-Caracas, proponiéndose intervenir agresivamente en el mercado de los expendedores de combustible, tanto en Argentina como en Uruguay. Prueba de ello es la reciente apertura de una oficina de PDVSA en Buenos Aires, un hecho inédito en la trayectoria comercial de dicha entidad. Si ello llega a ocurrir, significara que se romperá el monopolio de la Esso, YPF-Repsol, Shell y otras compañías que hoy campean en dichos mercados.

Según se sabe, la brasileña Petrobras no está tampoco ajena a este proyecto y las conversaciones estarían bien encaminadas. Por su lado, Bolivia no podría dejar de tratar de involucrarse en este ambicioso proyecto, para lo cual los vínculos políticos están de antemano disponibles, y mas temprano que tarde Perú no dejará de hacer lo suyo. Evidentemente un acuerdo de esta naturaleza y envergadura se relaciona además con coincidencias políticas que abarcan una diversidad de asuntos, entre ellos la cuestión del ALCA y el papel del FMI en la región.

No por otra razón están teniendo lugar tantos gestos amistosos y de acercamiento hacia el gobierno venezolano, provenientes tanto del entorno más cercano del presidente Kirchner y del círculo más estrecho del PT del Brasil. Eso sin contar con los guiños del PSOE español, que tampoco quiere quedar al margen de estos entendimientos y de lo que de allí podría surgir, tanto en el campo de la política como de los emprendimientos energéticos.

Tanto hacia el interior como hacia el exterior, la administración del presidente Chávez viene reclamando que se reconozca sin ambigüedades su victoria y que cesen los cuestionamientos a su legitimidad democrática. En verdad, parece que aquello no es mucho pedir, habida cuenta de las circunstancias someramente descritas. Salvo, claro está, que una vez más nos dejemos enredar por el efecto de Coriolis.
Miércoles, 20 de Octubre de 2004 21:24 ;?> No hay comentarios. Comentar.


Suscrí
bete a este blog. RSS 2.0 Este Blog ha sido creado con Blogia. Ver derechos de autor . Estadísticas. Admin. [Blogia colabora con 1001 relatos.]