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Se muestran los artículos pertenecientes al tema derechos humanos.

24/01/2005


HOMENAJE A PABLO JERIA RÍOS

estrecho.jpgPor Héctor Avilés (Chercán)
Toronto
– Canadá

Esto, el reportaje de Radio Polar de Punta Arenas, va para los que conocieron a Pablo Jeria Ríos, nuestro recordado compañero, camarada y amigo "Mosca".

Y para los que no lo conocieron, Pablo fue uno de los secuestrados políticos más jóvenes que pasó por los recintos de tortura y los campos de concentración de Magallanes, incluido el de Río Chico en Isla Dawson, fue condenado en Consejo de Guerra a cárcel y luego al exilio.

A consecuencia de las torturas, sus riñones comenzaron a fallar a muy temprana edad debiendo serles extirpados. Vivió alrededor de diecisiete años sin riñones, a excepción de un breve período de casi dos años cuando se le implanto un riñón donado, que para su mala suerte, el donante no era una persona sana y tuvo que serle extirpado también, dejándolo con una secuela de enfermedades y complicaciones que finalmente lo llevaron a la muerte a la edad de 49 años.

Pablo nos acompañó en Septiembre de 2003, durante los actos de conmemoración de los treinta años de la perdida de la democracia en nuestro país. Es importante recordar que llegó hasta Punta Arenas con la esperanza de llegar hasta la Isla Dawson, lo que no sucedió, vino como les decía desde el otro lado del mundo para estar en su ciudad, con su gente en condiciones de pobrísima salud, ya con más de un año de haber perdido el riñón donado. Tan mal estaba que a su regreso, en la escala en Santiago llego con un ataque al corazón por lo que fue sacado del avión en ambulancia e internado de inmediato en la Clínica Alemana donde lo vi un par de días después, ya pleno de su imbatible animo, con sus clásicos garabatos y haciendo planes para cuando nos encontráramos de nuevo en New York. Allí volvió a trabajar, ya en la medida que podía, en sus funciones en una oficina de asistencia legal donde ayudaba a aquellos que no podían pagar por esa clase de servicios.

Todo un ejemplo de valor de ese joven escolar transformado en prisionero de guerra, de una guerra inexistente, siempre soñando con su tierra y siempre con su espíritu en alto, como lo retrató tan gráficamente uno de sus colegas en la ceremonia funeraria en New York, Pablo solía decir: "Yo nunca tengo días malos, todos los días son buenos, a excepción de algunos que son ... excelentes."

"Tamo Daleko", la canción que cantamos tanto en Dawson, que se ha hecho tradicional en las despedidas de los dawsonianos, es una canción de muchos siglos que cantaban los serbios que se debieron exiliar en distintas direcciones durante la ocupación turca de su país que duró,
si no me equivoco alrededor de siete siglos. Aquí en Toronto me he encontrado con inmigrantes llegados desde allá que cantan la misma canción y se sorprenden que yo la conozca.

Honrado de haber conocido a Pablo, un valiente como pocos. Saludos

Héctor Avilés (Chercán)

Entre lágrimas y con un emotivo Tamo Daleko coreado por todos los asistentes

FAMILIARES Y AMIGOS DE PABLO JERIA CUMPLIERON ANOCHE SU ÚLTIMO DESEO Y DEPOSITARON SUS CENIZAS EN AGUAS DEL ESTRECHO DE MAGALLANES



Momentos de honda emoción se vivieron en el reencuentro de sus familiares y viejos amigos en su postrer adiós a orillas del mar, en el cual todos corearon entre lágrimas el conocido tema croata “Tamo Daleko”.

Las cenizas de Pablo fueron arrojadas al mar por su esposa Elaine Rosner, y sus hijos Henry, de 18 años y Pablo, de 14. Sus cenizas fueron traídas desde New York, por su esposa e hijos, en respuesta a su última petición.

El acto comenzó a las 21 horas en el salón ubicado en calle Ignacio Carrera Pinto con Quillota. En una ceremonia breve pero sencilla, que contó con la presencia de aproximadamente unas sesenta personas, la
mayoría de ellas, detenidos políticos en el período del 73, gobernada por la Junta Militar presidida por Augusto Pinochet.

Con respecto a Pablo Jeria, Baldovino Gómez manifestó que Pablo quería que sus cenizas quedasen en Magallanes. Recordó que fue detenido a los 17 años, y que en mayo del año pasado cumplió 48 años, falleciendo en Nueva York justamente el 11 de septiembre, tal vez queriendo expresar un mensaje de que no se debe olvidar lo que pasó y que se debe seguir trabajando para que nunca mas ocurra en Chile que haya niños y jóvenes detenidos y se destruyan muchas ilusiones y proyectos de vida. Agregó que Pablo nunca se recuperó de todos los dolores infligidos contra su persona.

El año pasado estuvo en Punta Arenas cuando conmemoraron los 30 años de la pérdida de la democracia. Luis Valencia, con un español complicado por mas de treinta años viviendo en estados Unidos, dijo el también estuvo detenido, y procesado, durante dos años y once meses en Punta Arenas en los distintos puntos de detención existentes en aquella época incluyendo Dawson. Detalló que salió en libertad condicional en 1976, siendo uno de los últimos prisioneros que abandonaron la cárcel, saliéndole la visa para Estados Unidos en enero del 77.

Dijo que con Pablo fueron grandes amigo especialmente en el extranjero, y que por eso estaba presente en este momento tan especial, aprovechando la ocasión para visitar a su familia, particularmente a su madre a quien no veía desde hace catorce años.

La ex alcaldesa Nelda Panicucci, expresó que para todos quienes asistieron a la ceremonia de hoy, fue tremendamente conmovedor, resaltando de cuanto debemos luchar, para que los sueños, de Pablo como de tantos jóvenes de esa época se lleguen a cumplir.

Añadió que ellos lucharon por una sociedad mas justa y de iguales, donde los jóvenes tuvieran un buen espacio, y que si bien se ha ido avanzando en el tema aun queda mucho por cumplir.

Por Carlos Milos Ozúljevich.

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Lunes, 24 de Enero de 2005 17:15 ;?> Hay 1 comentario.

07/01/2005


CARTA A MI HERMANA

aha29anlahistoria.jpgPor Odette Magnet

El Mostrador - 6 de enero de 2005

* * * * * * * * * * * * * * *

María Cecilia Magnet y Guillermo Tamburini, mis amigos, fueron secuestrados en Buenos Aires en la madrugada del 16 de julio de 1976. La hermana de María Cecilia, Odette, periodista radicada en Washington, en la carta llena de amor y dolor que publicamos a continuación, hace justicia al recordar a dos seres maravillosos que tuve la oportunidad de conocer en Buenos Aires entre 1975 y 1976.

* * * * * * * * * * * * * * *


Esta noche te escribo, hermana mía. No sé que decirte, ni siquiera sé si debo decirte algo en particular. Más bien quiero hablarte, saber que estás ahí, que me escuchas. Tengo el puro deseo de que nos juntemos no sé dónde pero que hablemos. Que me tomes de la mano como solías hacerlo cuando íbamos al colegio temprano por la mañana, tú caminabas y yo trotaba para seguirte el paso y hacía frío y andábamos un montón de cuadras. Tú dirás que eran unas pocas. Yo le pedía no sé a quién que no soltaras mi mano mientras me decías algo sobre que hay que mirar para lado y lado antes de cruzar la calle y yo te quería más que al recreo y odiaba a esas monjas alemanas que nos decían guten morgen al entrar.

Tantos años más tarde, me volverías a tomar de la mano. La noche del 14 de septiembre cuando me paré a hablar en la Universidad de Nueva York sobre mi hermana, María Cecilia, y su marido, Guillermo Tamburini. Sentí tu respiración en mi cuello mientras me acariciabas la espalda, mi espalda que siempre me duele. Estabas entre agradecida y sorprendida por lo que iba diciendo. La sala estaba llena y el silencio era profundo. Detrás de mí, la pantalla mostraba tu foto de niña con tu pelo rubio y tus manos cruzadas sobre tu falda, tu vestido de terciopelo azul y cuello de encaje blanco. Y luego tú con Willy en la orilla de algún mar. Otra foto de la familia, en un parque de Santiago a fines de los 50 y yo, la más pequeña, con ojos de asombro. Mariana no había nacido aún. La memoria desordenada en el tiempo, color sepia.

Con tu ayuda esa noche me armé de valor, aclaré la garganta y, salvo un quiebre leve en el tercer párrafo, leí mi texto con voz firme y resuelta. Por dentro, sangraba. Recordé cómo ambos habían sido secuestrados del departamento de la calle Córdoba 3386, cuarto piso, en Buenos Aires, en la madrugada del 16 de julio de 1976. Hablarlo, ponerlo en palabras, fue muy aliviador, sanador. Perdóname, no quise ser indiscreta ni violar nuestra privacidad pero tienes que entenderme, necesitaba hablar, necesitaba escucharme, necesitaba que supieran. Y necesitaba que tú supieras que no te he olvidado, que lo recuerdo todo, que mi memoria está fresca como ayer y antes de ayer y que sólo nuestras fotos se han teñido de sepia. Porque después de muchos años, voy lentamente quitándome las telarañas de silencio, de inercia, en la cual me sentí entrampada durante tanto tiempo. Poco a poco me he ido liberando de la sensación de culpa, de esa idea loca de que quienes debiéramos sentir verguenza o pudor o algo parecido somos nosotros, las familias de las víctimas, de los caídos, y no ellos. No sé bien quiénes somos los nosotros y menos sé quiénes son los ellos.

Nadie lo dijo así, claro. Nadie dijo que mejor no digan nada, no se sientan mal, no hagan olitas y la procesión va por dentro. Pero hoy me doy cuenta que eso estaba en el aire. En el país, incluso en la familia. Ya no más. En Nueva York lancé mi primer aullido público, mi primer grito y gemido. Y lo seguiré haciendo, con todo el dolor que pueda cargar, frente a quien me quiera oir. O leer. Porque sólo tengo la palabra y la memoria. Tanto dolor descoloca. Cuesta abrazarlo, lavar la herida del otro, cuesta más limpiar la propia.

Quedamos mudos, torpes, con nuestras bocas cerradas en una mueca rara y las manos de barro y a veces sonrío con tanta tristeza que mis labios se secan como en los peores días de invierno. Eso les sucedió a mis padres, es decir, a los nuestros, una vez que desapareciste. No es que la vida no volvió a ser la misma, como dice la gente. La vida no volvió a ser. A mi madre se le quebró la voz para siempre. A veces, cuando quería respirar profundo, se le escapaban unos sollozos que despertaban a mi hija recién nacida, Catalina. Mi hija. No tuviste tiempo de conocerla, de tomarla en brazos, de darle un beso. Te gustaría mi hija, hermana mía. Linda por dentro y por fuera, como eras tú. Un tornado, un huracán, como eras tú. Un remolino con dos piernas largas, una melena al viento. Pero, quién sabe, tal vez la conoces, la has visto caminar por las calles de Washington o de Santiago, tal vez escuchaste su risa gruesa, capaz de despertar a los muertos. Se parece mucho a ti, también a mí y a sí misma. Suelo decir, medio en broma, medio en serio, que tengo una hija activista.

-¿A quién habrá salido?- preguntan mis amigos.

Yo me sonrío de nuevo y pienso en ti. Mi hija no se pierde protesta, pega carteles, enciende velas, reparte volantes, ve los debates, apoya candidatos, defiende sus ideas y grita consignas. Es activa y activista. Le importa el mundo, le interesa de verdad la gente, traga ideas y mastica noticias, discursos y declaraciones. Pura vida. Ella sabe de ti y, sin decirlo, también te extraña.

¿Nuestro padre? ¿Quieres saber de él? ¿Lo ves, lo sigues desde dónde estás? Perdón, ¿dónde estás? Un día abrió un libro y el olor a polvo y tabaco de las páginas ya no estaba. Entonces supo que se había quedado más solo que nunca, con las manos vacías y el corazón lleno de angustia, de pura memoria. Entrampado en su dolor. Habría querido que no se enterara de lo que vino después. Incluso habría querido que tú no hubieras sabido pero difícil porque tú siempre te enterabas de todo. Llegó el día -no hace mucho- en que nos tocó ver cómo esos buzos se sumergieron en las aguas frías de la costa de Quintero y salieron a la superficie con unos rieles de hierro, pesados, mohosos. Fueron varios y sospecho que no serán los últimos. Hacía frío, era septiembre, mes de la patria, y el viento soplaba fuerte. Entonces pensé en ti. Se me escaparon unos sollozos muy similares a los de mi madre, nuestra madre. Y cuando el juez dijo lo que no queríamos escuchar, cuando confirmó nuestras sospechas y entendimos que los detenidos desaparecieron bajo el mar porque sus cuerpos fueron atados a esos rieles, pensé en ti. No pude atajar mi llanto. No pude contener mi pena, mi rabia la puta que lo parió y me sumergí en mis propias aguas de tristeza, de memoria queda, allá, al fondo de mi propio mar, el mío, el que nadie conoce. Ni siquiera tú.

Un sábado por la mañana, el juez entró a la casa del dictador, del asesino, y lo interrogó durante una hora sobre su participación en la Operación Cóndor y él contestó seis preguntas, después de aclarar que la operación ésa no era problema de él. De nuevo, pensé en ti. Y ya no más, dijeron sus abogados, no ve que le cuesta respirar y está agripado, se cansa, no puede mantenerse sentado, no tiene memoria pero así y todo contestó con dignidad de soldado. Rogué no sé a quién, a Dios, a alguien que me escuchara, que tú no estuvieras viendo, que no supieras, hermana. Pero no, sabía que estabas siendo testigo. Como yo, como tantos. Yo acuso. Acusamos. Te enteraste. Y escuchaste cuando el juez le preguntó si él había dado las órdenes para las detenciones, interrogatorios, torturas o desaparecimiento forzados de personas. Y él respondió que cómo se le ocurre, que él era Presidente de la República, que no le iban a informar de esas cosas chicas, que a él le informaban de cosas grandes, como el tema de la seguridad nacional y Argentina. No tenía tiempo para ocuparse de menudencias, ¡no ve que para eso estaban los mandos medios!

Entonces pensé en la gente que se enjuaga la boca con el perdón y la reconciliación y la necesidad de dar vuelta la hoja mientras levanta la copa en el cóctel de rigor y las palabras caen del aire como bolas de fuego en una magistral proeza circense que se cierra con un brindis. Sentí náuseas y en vez del llanto me inundó el vómito. Quise compartir contigo mi tristeza, mi vómito, mi rabia, lavar mis heridas, escupir la hiel, pararme de nuevo. Quise saber si a ti también te dieron arcadas mientras leías la declaración del dictador, si te refugiaste en tu propio mar, no el océano al que te arrojaron desde un helicóptero esa noche de invierno sino ése que es tuyo, de aguas tibias, calmas, con el sol que se desliza por la cresta de la ola y las gaviotas que hacen piruetas cuando se levanta la espuma. Quise saber si la mentira te duele, si la barbarie te hiere, si todavía puedes llorar y extrañar a los ausentes. Como tú, quise saber, comprender por qué tú ya no estás, por qué me dejaste sola, por qué soltaste mi mano.

Pero no soy la única que quiere entender. No sé por qué te lo cuento porque ya lo debes saber pero el año nuevo arrancó muy bien porque esta semana, precisamente, el dictador fue notificado en su parcela de Los Boldos de su arresto domiciliario y procesamiento como autor de nueve secuestros y un homicidio calificado en la llamada Operación Cóndor. Sus voceros dijeron que había firmado lo que correspondía, con altivez y el entusiasmo de un soldado. Te lo cuento y no lo creo. No, ni tú ni Willy están entre los casos pero está bien, sabes, lo importante es que ya no hay vuelta atrás y el dictador está tan solo en el mundo que ni sombra tiene ya y nadie en su sano juicio le cree su amnesia falsa.

También quiere entender por qué de pronto cambió el libreto y las cosas no están resultando como lo tenía pensado. Las hojas de Chile se están moviendo y él no lo sabe y parece remota la idea de esperar la muerte en su cama tibia, rodeado de su familia, con una sonrisa de misión cumplida en los labios. Poco promisorio se le presenta el mañana porque ahora resulta que no puede conciliar el sueño y en sus noches de insomnio no cuenta ovejas sino cadáveres. Cientos y miles se amontonan a los pies de su cama, a los costados, en la cabecera, entre las sábanas, frente al espejo. Son los caídos bajo la tortura o lejos en el exilio, los que no pudieron más y se suicidaron, los arrojados al mar y los enterrados en el desierto, los guardados vivos en los hornos de cal, los de las fosas comunes, los que nunca supieron de fuga ni enfrentamiento alguno, los quemados vivos, los secuestrados, los enemigos, los terroristas, los antipatriotas. La verdadera demencia puede resultar inevitable. Quizás. Pero ése ya no es mi problema, como
diría él.

Yo sólo quiero pensar que tú estás muy lejos, hermana mía, lejos de la noche y el dolor. Lejos del olvido. No sé dónde, no importa porque ya nadie te puede tocar, empujar, humillar, maltratar, torturar. Nadie, nunca más. Estás a salvo, apañada en mi abrazo, clavada en mi memoria, acurrucada por el ruido de las olas de tu mar, con tu sonrisa dulce y tu alma en paz.
Viernes, 07 de Enero de 2005 17:36 ;?> Hay 1 comentario.

18/12/2004


ERRORES, HORRORES: EL GOLPE DE ESTADO Y LOS DERECHOS HUMANOS

allende.gifpor Jorge Arrate (*)

El Mostrador
- 15 de Diciembre de 2004

Los acontecimientos ocurridos a partir de la publicación del informe Valech han significado un positivo avance para los objetivos de verdad y justicia en materia de derechos humanos. La iniciativa, destinada a investigar e informar públicamente sobre los casos de prisión política y tortura ocurridos bajo la dictadura de Pinochet, es un logro del gobierno y del Presidente Lagos. Para las organizaciones de derechos humanos -las grandes protagonistas de una lucha sin interrupciones ni vacilaciones por la verdad y la justicia- ha sido un nuevo triunfo de sus planteamientos.

Como se sabe, las reacciones han sido diversas. El Ejército ha reconocido responsabilidades institucionales y ha señalado, acertadamente, la vía judicial como la apta para establecer y sancionar las individuales. El General Cheyre ha asumido una posición digna y ha puesto en juego su prestigio y liderazgo.

Diversa ha sido la reacción de otras ramas de las Fuerzas Armadas, de los civiles comprometidos gravemente con las violaciones a los derechos humanos y de la Corte Suprema. En algunos de estos discursos resurge una intencionada interpretación que tiende a justificar las violaciones pretextando la situación de agudo enfrentamiento social que precedió al golpe. El paso siguiente es predecible: la izquierda -Allende, sus partidos, sus partidarios- son también responsables del golpe militar y de los inicuos acontecimientos que lo siguieron. En consecuencia -continúa el argumento- "todos somos culpables".

Se trata de un burdo acto de prestidigitación. Como el propio General Cheyre ha señalado, nada puede justificar los crímenes de lesa humanidad cometidos sistemáticamente y durante largo tiempo por la dictadura.

Como señalé hace catorce años en el debate público que siguió al informe Rettig, el allendismo y particularmente los socialistas cometimos errores, pero jamás horrores. Y, como acaba de reiterarlo el Presidente del Partido Socialista Gonzalo Martner, la responsabilidad exclusiva y directa del golpe militar de 1973 es de quienes lo propiciaron violentamente desde antes que Allende asumiera la presidencia: la derecha chilena y el intervencionismo norteamericano.

El Presidente Allende buscó con denuedo evitar el enfrentamiento y el golpe y se aprestaba a anunciar, el día de su muerte, la convocatoria a un plebiscito democrático para resolver sobre los destinos del país y evitar el derramamiento de sangre.

Se trata de dos planos diversos que deben distinguirse, salvo que se quiera embrollar la conciencia colectiva. Uno es el plano de las responsabilidades políticas de cada uno, otro el del respeto a los derechos humanos fundamentales. En el gobierno de Allende, éstos nunca fueron violados. Esa es la realidad indesmentible.

El aprecio por la actitud asumida por el General Cheyre no debe significar concesiones benevolentes ni penosas expresiones de edulcorada comprensión avaladas por la asunción de culpas que no existen.

No nos dejemos confundir. Efectivamente, todos cometimos errores políticos. Pero los horrores los cometió a plena conciencia la dictadura de Pinochet.

(*) Jorge Arrate fue Presidente del Partido Socialista y actualmente es Presidente del Directorio de la Corporación Universidad de Arte y Ciencias Sociales (ARCIS).
Sábado, 18 de Diciembre de 2004 17:29 ;?> Hay 1 comentario.

14/12/2004


VILLA GRIMALDI: MONUMENTO NACIONAL

11grimaldi.gifLa Tercera - 11-12-2004

Villa Grimaldi, uno de los principales centros de detención y tortura, y que desde marzo de 1997 funciona como un parque, fue convertido en Monumento Nacional.

Junto con la instalación de una placa que lo nómina como un lugar de encuentro, defensa y promoción de los DDHH, el ministro de Educación, Sergio Bitar, firmó un convenio de colaboración para un proyecto educativo en materia de Derechos Humanos.

"Porque sólo el que tiene memoria construye futuro. El que está amnésico, o no se acuerda, o simplemente explica para justificar no puede construir un país mejor. Como ministro de Educación por lo tanto yo destaco la importancia de este lugar para la educación de los niños de Chile. Vamos a hacer convenios para que vengan los estudiantes para que ellos puedan ser ciudadanos mejores en el futuro", señaló Bitar.

Por su parte, Rodrigo Villar, presidente de la Corporación por la Paz Villa Grimaldi, dijo que no basta reconocer jurídicamente los derechos humanos, sino que inculcarlos en la conciencia de todos."Tenemos que cautelar la moral de este país. Es fundamental levantar la moral de este país y que en definitiva las brutalidades, las barbaridades que se cometieron en este país no vuelvan a pasar. La única forma de que nosotros podamos superar esto es a través de enseñar a las nuevas generaciones. Son ellos los que van a dirigir este país en el futuro. Y son ellos los que van a tener que velar para que el respeto a los derechos humanos se mantenga", agregó.

El alcalde de Peñalolen, Claudio Orregó comprometió la creación en Villa Grimaldi de un museo abierto a la comunidad.
Martes, 14 de Diciembre de 2004 23:46 ;?> No hay comentarios. Comentar.


MEA CULPA DE UNA PERIODISTA

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Foto: El periodista José Carrasco Tapia (Pepone)
asesinado por la dictadura


Por María Angélica de Luigi

Ex periodista de El Mercurio


Lo siento.

Mi tiempo ha estado dentro del tiempo de los otros, como perra al mediodía en el Paseo Ahumada. Yo solo me estiré al sol, remoloneando, entre los zapatos que perseguían y los zapatos que arrancaban por Huérfanos, por Pudahuel y La Victoria. Soñaba lo normal: ternuras, erotismos, una casita, un buen colegio para el hijo.

Mientras Mónica González, Patricia Verdugo, la Camus, la Monckeberg, la dulce y angustiada Elena Gaete, del Apsi, arriesgaban la vida, yo me daba gustos de perra fina bajo los aleros de El Mercurio. Gustitos: escribir bien, forzar preguntas inteligentes, poner en aprietos, colar entrelíneas sofisticadas.
¿Alguien planteó en alguna pauta en El Mercurio que había que hacer un reportaje a los cuarteles de la DINA?

Yo tampoco.

No puedo culpar a nadie. Nunca se me censuró.

Perra.

Mientras a otras chilenas les rompían la vagina con animales, botellas, electricidad, les daban puñetazos y mataban a sus hijos y padres, yo le leía cuentos a mi hijo, pololeaba, iba a las cabañas de los periodistas en El Tabo, usaba suecos y minifalda, carreteaba, ¿era feliz?

Lo siento.

Yo estuve entre los buenos y entre los malos de la guerra fría de Cheyre.

Entre los malos: me conmovió Allende, su discurso social, la reivindicación del pobre, el vino tinto y la empanada. Trabajé por él, voté por él, estuve en la Alameda con pancarta para defender su triunfo después del asesinato de Schneider.

Entre los buenos: mandé a la mierda a los compañeros del Comité de Unidad Popular cuando se convirtieron en camarilla para perseguir periodistas, censurar informaciones y amenazar con matar al momiaje.

¿Te acuerdas, comadre, el cachetón que te mandé por ser tan resentida y odiosa?
Pero tú si que te acuerdas, pelao Carmona, donde estés, de esa conversación sofocante en un sillón del viejo Congreso en 1973: "Angélica, lo que se viene es un gorilazo, aquí se viene la CIA con todo, va a ser un baño de sangre".

Y yo: "Ya estai con tu paranoia del imperialismo y la custión, pelao".

Y después te encontré en un párrafo de crónica, ametrallado en una calle de Santiago.

Guevona.

Pelao, te juro, si ahora tuviera la oportunidad de vivir todo de nuevo, me gustaría figurar entre tus malos. Lo siento.
¿Qué valor tiene decir "lo siento", así, al voleo?

Pedir perdón a todos, a nadie.

Prefiero personificar: te pido perdón a ti, periodista Olivia Mora, que cuando naciste traías una bandera de Allende, que fuiste izquierdista de alma, que te la jugaste y nunca fuiste sectaria, que nunca quisiste matar a nadie sino hacer justicia social. Perdona por lo que tuviste que sufrir en el Estadio Nacional, en el exilio, con el asesinato de tu primer marido, el Pepe Carrasco (amigo loco que creíste en mí como periodista).

Y, Olivia, perdona por no haber hecho nada para cortar la cadena de horror que se llevó a uno de tus hijos.
Fui una perra.

Guevona
.
Martes, 14 de Diciembre de 2004 01:39 ;?> No hay comentarios. Comentar.

07/12/2004


RAMÓN MAYORGA (Q.E.P.D.)

01=05_12_2004.jpg
Había relatado su caso a la comisión Valech. Penoso caso de víctima de torturas que murió cuando se daba a conocer informe. Ramón Mayorga vivía desde 1975 en Ushuaia y quería regresar a Chile para vivir con la pensión que le daría el Estado.


La Prensa Austral – Punta Arenas – 5 de diciembre de 2004

Justo hace una semana, a la misma hora que el Presidente Ricardo Lagos leía el discurso con el que entregaba al país el informe de la Comisión de Prisión Política y Tortura y anunciaba las medidas de reparación, una de las víctimas que pasó por los centros de detención en Magallanes fallecía en Ushuaia (Argentina) sin alcanzar a concretar su deseo de regresar a Punta Arenas.

La historia de Ramón Antonio Mayorga Lara sobrecoge pues, tras casi 30 años de vivir en Argentina hasta donde escapó de la represión y de sus propios recuerdos, sufrió un accidente laboral que en pocos días terminó con su vida y frustró sus planes de regresar el próximo 27 de diciembre.

En la nómina de víctimas de la tortura calificadas por la Comisión Valech, Ramón Mayorga ocupa el número 14.516. Entregó su testimonio a través del consulado chileno en Ushuaia.

Según quienes lo conocieron, por años, mientras duró su detención y luego vivió en Argentina, se negaba a hablar de su experiencia en los centros de detención y menos a optar a alguno de los beneficios que el Estado ya había generado para quienes fueron perseguidos en el gobierno militar.

Así, recién se adscribió a los beneficios de la ley de exonerados políticos en el último llamado efectuado este año, y esto fue así únicamente porque sus amigos lo convencieron. Lo mismo ocurrió con su testimonio a la Comisión Valech, la que él esperaba le abriría la posibilidad de contar con una pensión para volver a Chile.

Magallánico por adopción

Ramón Mayorga nació en Puerto Aisén hace casi 60 años pero cuando cumplió 16 vino solo a Punta Arenas para trabajar. Aquí pasó a formar parte de una numerosa familia que lo acogió y que con el tiempo lo consideró uno más de entre los suyos.

En 1973 trabajaba en la cooperativa Copeaustral, y debido a su militancia en el Partido Comunista fue detenido el 15 de octubre por efectivos de la Fuerza Aérea en pleno centro de Punta Arenas. A partir de su detención, perdió su trabajo y pasó detenido por el estadio Fiscal, los regimientos Pudeto y Cochrane, la base de la Fach de bahía Catalina y la isla Dawson. Según el relato que hizo cuando se quiso acoger a la ley de exonerados, en esos recintos fue torturado física y sicológicamente junto a gran cantidad de otras personas.

Ese relato todavía lo conserva Secundino Díaz Vargas, miembro de la familia que recibió a Ramón Mayorga en Magallanes y quien, pese al tiempo transcurrido, todavía lo considera como u hermano. Según contó, la tortura marcó para siempre el carácter reservado de Ramón Mayorga.

Todavía con lágrimas, recuerda que el pasado 16 de noviembre, su hermano que trabajaba en la construcción cayó desde un segundo piso y permaneció en estado de coma en el hospital de Ushuaia hasta el domingo pasado, cuando murió.

Gracias las gestiones del consulado, sus restos fueron traídos a Punta Arenas donde los sepultaron el miércoles en el cementerio Parque Cruz de Froward, en una ceremonia a la que asistieron sus familiares adoptivos y algunos de los ex prisioneros que compartieron con él la prisión política y la tortura.
Martes, 07 de Diciembre de 2004 17:16 ;?> No hay comentarios. Comentar.

20/10/2004


"YO LANCÉ PRISIONEROS AL MAR"

vvvilla
Dibujo: Prisioneros en Villa Grimaldi

Impactante testimonio sobre la brutalidad
de la dictadura militar



Por Julio Oliva García

El Siglo
– 16/10/2004

En el interrogatorio del juez Juan Guzmán, Pinochet culpó a sus subordinados de las violaciones a los derechos humanos, gesto que tuvo como respuesta la reacción de Manuel Contreras Sepúlveda -"nos dejó solos"- y la ruptura mayor del pacto de silencio que existía al interior de los organismos de seguridad y los uniformados que participaron en los crímenes. Este es un relato de esa nueva ventana abierta a la verdad.

Manteniendo su identidad en anonimato, por las obvias repercusiones que puede tener su testimonio, un ex uniformado relató las labores que cumplieron, por órdenes directas de Pinochet, para hacer desaparecer los cuerpos de prisioneros políticos que se encontraban enterrados clandestinamente en terrenos de las Fuerzas Armadas. En esta ocasión le llamaremos "Claudio Carvajal". En los casos, que por estos días adquirieron actualidad cuando el juez Guzmán encontró rieles utilizados en el delito, han sido procesados diversos miembros del Ejército, como los suboficiales en retiro Juan de Dios Alberto González Dubó, René Meier Chávez, Sergio Castro Cano, Marco Cáceres Rivera y Rigoberto Saavedra Navarro, a quienes se les acusó de obstrucción a la justicia por negarse a aportar antecedentes sobre estos verdaderos "vuelos de la muerte". En este caso, que investiga los secuestros de Calle Conferencia y el asesinato de la dirigente comunista Marta Ugarte, también están procesados Manuel Contreras Sepúlveda, el ex jefe de la Brigada de Inteligencia Metropolitana de la DINA Carlos López Tapia, los pilotos Emilio de la Mahotiere, Antonio Palomo, Oscar Vicuña y Luis Felipe Polanco, y el ex jefe del Comando de Aviación del Ejército Carlos Mardones Díaz.

El caso de Marta Ugarte y las órdenes de Germán Barriga

Según el Informe Rettig, Marta Ugarte, integrante del comité central del PC, fue detenida en la vía pública el 9 de agosto de 1976 y llevada al centro de represión de Villa Grimaldi, en Santiago, donde murió a consecuencias de las torturas cuando tenía 42 años. Su cuerpo fue lanzado al mar, pero las precauciones que sus captores tomaron para hacerla desaparecer fueron débiles y su cadáver fue encontrado semidesnudo y dentro de un saco amarrado a su cuello con un alambre, en la playa de La Ballena, sector los Molles en La Ligua, el 9 de septiembre de ese mismo año.

La autopsia determinó que Marta Ugarte, secretaria de Mireya Baltra cuando ésta fue parlamentaria, sufrió en vida una luxo fractura de columna, traumatismo toráxico abdominal con fracturas costales múltiples, ruptura y estallido del hígado y del bazo, luxación de ambos hombros y cadera y una fractura doble en el antebrazo derecho.

Un ex agente que entrega su versión de los hechos afirma que laboró en la Brigada Tucán a cargo de coronel de Carabineros Germán Barriga Muñoz y que en 1976 le correspondió amarrar con alambres a un trozo de riel de tren a Marta Ugarte Román, para luego subirla a un helicóptero Puma del Ejército. El aparato -con piloto, copiloto y un agente- se dirigió hacia la costa para lanzar su "equipaje" al mar. Barriga Muñoz, procesado en múltiples casos de secuestrados, usaba el alias de "Don Jaime" y siguió siendo parte de la CNI luego de la disolución de la DINA. Aparece implicado en las desapariciones de Alfredo Rojas Castañeda, Carlos Lorca, Ricardo Lagos, Exequiel Ponce, Carolina Wiff, Mireya Rodríguez Díaz, Rosa Solís Poveda y Michelle Peña Herrera, embarazada de varios meses.

"Operación Puerto Montt"

Con el código "Puerto Montt", la DINA designaba a los ejecutados que serían lanzados al mar, y que entre 1974 y 1978 pudieron ser unos 500 prisioneros, lo que lleva a afirmar con mucha seguridad a Manuel Contreras que "los desaparecidos no existen, están muertos".

Luego de tomada la decisión por Contreras, Espinoza, Moren Brito, Ferrer Lima y Miguel Krassnoff, la operación era realizada con el apoyo de pilotos y mecánicos del Comando de Aviación del Ejército, quienes ponían a disposición sus conocimientos en el manejo de los helicópteros Puma, como el que fuera utilizado en la denominada Caravana de la Muerte. De hecho, tres de estos pilotos participaron en ambas acciones: Antonio Palomo, Emilio de la Mahotiere y Luis Polanco.

"Claudio Carvajal" cuenta que "desde los sacos paperos sobresalían las pantorrillas y los pies. A las mujeres se les veían los zapatos con tacones altos o bajos. A veces se les asomaba el ruedo de la falda. A los hombres se les veían los zapatos y el extremo de los pantalones. Cada saco contenía un cuerpo amarrado con alambre a un trozo de riel. Algunos cuerpos todavía mostraban sangre fresca. Otros expelían el olor de la primera descomposición. Otros sacos estaban impregnados de aceite humano, señal de que los cadáveres habían permanecido algún tiempo enterrados. Algunos de los bultos no tenían la forma de un cuerpo, eran de un tamaño más reducido, sólo parte de los restos".Se habla de unos 40 viajes que comenzaban en Tobalaba, donde funcionaba el Comando de Aviación del Ejército, pasaban por los sitios de entierros clandestinos en Peldehue y culminaban en las costas de la Quinta Región. Antes de cada vuelo los mecánicos recibían la orden de sacar los asientos del helicóptero Puma y el estanque de combustible adicional. La autonomía de vuelo sin el segundo estanque es de dos horas y media. Cada viaje era ordenado por el jefe del CAE al jefe de la Compañía Aeromóvil de ese comando de helicópteros. Todos los vuelos quedaban registrados y la tripulación estaba conformada por un piloto, un copiloto y un mecánico. En Peldehue eran esperados por dos o tres camionetas blancas Chevrolet C-10, operadas por un par de agentes de la DINA que ya tenían los cuerpos ensacados para ser subidos al vehículo aéreo.

"Claudio Carvajal" sigue su relato con dificultad, señalando que "nos dirigíamos hacia la costa de San Antonio o Quintero, a veces nos internábamos mar adentro, aunque la mayoría de las veces arrojábamos los cuerpos en zonas rocosas a poca distancia de la costa. El lanzamiento se efectuaba a través de la escotilla ubicada en el medio del helicóptero, donde se encuentra el gancho de carga que baja por dentro a la altura del rotor principal. Aunque también se hacía desde una escotilla de popa. El lanzamiento lo efectuaban los agentes civiles, que eran los responsables de llevar los cuerpos a Peldehue, ponerlos en el helicóptero y supervisar que los bultos llegaran al fondo del mar. Los rieles recién cortados brillaban en la oscuridad. Cumplida cada misión, retornábamos a Peldehue donde los agentes abordaban las camionetas C-10 y se iban. Partíamos luego a Tobalaba, desocupábamos el helicóptero y se procedía a su limpieza, pues la mayoría de las veces quedaba con sangre impregnada y con un penetrante olor a carne descompuesta. Se manguereaba el piso y el interior, y se dejaba ventilar. Sólo cuando el olor y la sangre desaparecían, los mecánicos volvían a instalar los asientos y el estanque de combustible adicional, a no ser que al día siguiente la máquina tuviese que cumplir una tarea similar".

Una segunda fase de esta fórmula de desaparecimiento, arrojando sus cuerpos al mar, se inició después de 1978 y duró al menos hasta 1981 ó 1982, luego de que todas las unidades del país recibieron la orden de "retirar los televisores". Los jefes del Comando de Aviación del Ejército eran el coronel Hernán Podestá Gómez, entre enero y diciembre de 1978; coronel Fernando Darrigrandi Márquez, entre enero de 1979 y julio de 1981; y el coronel Raúl Dinator Moreno, entre agosto de 1981 y febrero de 1982.

La "Operación Puerto Montt", si bien en un primer momento sirvió a la DINA para hacer desaparecer de manera rápida a sus prisioneros muertos, fue usada después para terminar con cualquier vestigio de cuerpos que estuviesen en terrenos militares. Por estos días, cuando el Consejo de Defensa del Estado se pronuncia por el fin del procesamiento por "secuestro permanente" y por la aplicación de la Ley de Amnistía, nada dice sobre este nuevo delito de exhumación ilegal, que agrava el anterior y que está fuera del tiempo cubierto por la amnistía dictada por Pinochet.

Días antes de someter a exámenes sicológicos a Pinochet, el juez Juan Guzmán Tapia se dirigió a la costa de Quintero para buscar los rieles que habían sido usados para fondear a los prisioneros. En la ocasión dijo: "Vinimos a buscar rieles y encontramos rieles". Luego de tanto conocer las atrocidades de la dictadura, de saber cómo funcionaba la DINA bajo el mando operativo de Manuel Contreras y las órdenes del ex dictador, en este caso para hacer desaparecer definitivamente a los detenidos desaparecido, es de esperar que este viernes 8 de octubre, luego de conocidos los informes de los peritos, procese definitivamente a Augusto Pinochet, el mismo que dio la orden de "retirar televisores" en todo Chile.

Incineraciones, la otra forma

Diversos testimonios hablan de la otra forma en que se hizo desaparecer los cuerpos de los prisioneros enterrados ilegalmente, vinculada directamente a la orden encriptada en máxima seguridad que envió Pinochet a todas las unidades militares del país, conocida como "Operación Retiro de Televisores".

Entre otros, el suboficial mayor Mario Contreras Brito, manifiesta en su declaración que "en una fecha indeterminada de 1978 se presentó en el regimiento (Infantería de Montaña Reforzada N° 17) un equipo conformado por unos cuatro funcionarios, provenientes de la Sección II (Inteligencia) de la III División de Ejército de Concepción, al mando del suboficial Eduardo Paredes Bustamante, sosteniendo una reunión con el Comandante de la Unidad, coronel Jaime García Zamorano. Posteriormente, el jefe de la Sección II, el entonces teniente Julio Reyes Garrido, reunió al personal de la sección y nos informó que tendríamos que salir a cumplir una misión en conjunto con el personal de Concepción, sin darnos mayores detalles.

El teniente Reyes dispuso que me quedara de servicio en la oficina, junto a otro colega cuya identidad no recuerdo, ordenándome, además, conseguir dos bidones de combustible para tener a su disposición a su regreso, de acuerdo a lo solicitado por el suboficial Paredes. En estas circunstancias, me enteré que salieron del regimiento dos camionetas civiles, a cargo de los funcionarios de Concepción. La misión era desenterrar los cuerpos de personas que habían sido inhumadas en la zona de Mulchén. Regresaron al regimiento con cuatro sacos plásticos conteniendo restos óseos que, por instrucciones del suboficial Paredes, fue quemado en un incinerador fabricado de ladrillo con forma de chimenea que existía en el regimiento. Una vez finalizada esta tarea, el personal de Concepción abandonó el regimiento.

La Sección de Inteligencia del regimiento estaba conformada, además, por el teniente Julio Reyes, los sargentos José Puga Pascua, José Iturriaga Valenzuela y Luis Palacios Torres, los cabos Jaime Müller Avilés, Julio Fuentes Chavarriga y Juan Cares Molina"
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"Me correspondió cumplir esta misión"


Por su parte, el suboficial Luis Palacios Torres declara que "me correspondió abordar una camioneta marca Chevrolet, modelo C-10, con sport wagon completo. El otro vehículo también era civil, ya que no se ocuparon vehículos militares. Salimos rumbo al sur por la Ruta 5, pasado Mulchén nos detuvimos unos momentos y continuamos el viaje en dirección al oriente. Tras recorrer media hora de camino, llegamos a un sector para mí desconocido, ya que no soy oriundo de la zona, en donde se detuvieron los vehículos. En este lugar, recibimos la orden de descender y bajar unas herramientas que se encontraban en el vehículo en que viajaban los funcionarios de Concepción. Según recuerdo el suboficial Eduardo Paredes nos condujo a las cercanías indicándonos un lugar en donde recibimos la orden de comenzar a excavar.

Luego de aproximadamente una hora de excavación, fueron encontradas osamentas que se guardaron en unos cuatro sacos plásticos del tipo "papero", que ayudamos a subir a una de las camionetas. Ya en el regimiento, bajamos los sacos y los dejamos en la parte posterior de las dependencias que utilizaba la Sección II. Al cabo de un rato, no recuerdo si por orden directa del teniente Reyes o por comunicación de otro funcionario que transmitió sus instrucciones, se procedió a incinerar los sacos.

La Sección II tenía un incinerador, fabricado de ladrillo con forma de chimenea, donde se procedió a vaciar el contenido de los sacos poco a poco. Me correspondió cumplir esta misión, pero no recuerdo qué funcionarios colaboraron. Entre el material que pude observar al momento de su incineración recuerdo que había restos de osamentas, cráneos y botas de goma del tipo utilizado en labores agrícolas. En mi opinión, cada uno de los sacos contenía más de un cuerpo, sin poder precisar su número exacto"
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Miércoles, 20 de Octubre de 2004 16:32 ;?> Hay 1 comentario.

21/06/2004


DE HÉROES CALLADOS

19.gifManuel Luis Rodríguez Uribe
Punta Arenas – Chile


De lealtades y heroísmos estoy hablando...

No era fácil ser héroe por aquel entonces. Nunca lo ha sido. Cualquier “engalonado” podía dispararte un tiro y “no le salía ni por curado”. Un compañero detenido me preguntó un día con crudo realismo mientras caminábamos por isla Dawson: ¿sabe usted compañero, porqué estamos vivos? No, le contesté. Simplemente porque no nos han matado, me respondió y seguimos caminando en silencio...

No era fácil ser héroe por aquel entonces.

El heroísmo requiere de una pasta humana especial, que no se da frecuentemente y que discurre por senderos imprevisibles y generalmente desconocidos.

El golpe militar del 11 de septiembre de 1973, instaló en Chile una brutal dictadura que, después de una larga planificación comenzada en octubre de 1972, se dio a la poco honrosa tarea de perseguir, detener, fichar, interrogar, torturar y asesinar a miles y miles de dirigentes políticos y sociales partidarios de la Unidad Popular. En Magallanes, mientras algunos dirigentes partidarios y sociales se presentaron en los cuarteles militares a partir del 12 de septiembre, ya desde la noche del martes 11, se abrieron los cuarteles y unidades castrenses como cárceles y centros de tortura, para decenas y decenas de líderes populares y militantes de izquierda.

Una noche pesada de silencio, de terror y de muerte, se instaló en todo el país y en Magallanes.

La tarde del viernes 14 de septiembre, algunas mujeres de detenidos políticos en algunos regimientos de Punta Arenas, fueron hasta la casa del recién nombrado Obispo de Punta Arenas, el salesiano Tomás González Morales, situada en Balmaceda y 21 de Mayo y pidieron ser escuchadas. Algunas de ellas, también en un gesto de valentía y de desesperación, fueron a intentar conversar con el sacerdote Alejandro Goic ese mismo día, quién junto con darles aliento y fortaleza, les indicó que debían hablar con el Obispo.

Dos días más tarde, Tomás González y Alejandro Goic se reunieron y delinearon las primeras medidas a tomar frente a la situación imperante: las instrucciones del Cardenal Raúl Silva Henríquez eran de abrir las puertas a las víctimas y sus familiares, y para ello se había constituido en Santiago el Comité ProPaz. Las instrucciones de Tomás fueron muy simples: “abrir las puertas y los corazones a las víctimas, porque son seres humanos.”

Pocos días después de Fiestas Patrias, en la Parroquia Catedral se constituyó modestamente, casi improvisada una oficina, donde llegaban las esposas, padres, hijos y otros familiares de los detenidos, siendo atendidos por el propio sacerdote Alejandro Goic, o por el pastor Arnoldo Soto de la Iglesia Salvacionista y algunos pocos colaboradores. Así nació el Comité ProPaz en Punta Arenas.

Recogían toda la información que podían sobre los detenidos, sus lugares de reclusión y estado de salud, y daban aliento y alguna ayuda material a sus familiares, además de la inavaluable solidaridad moral.

La Iglesia Católica de Punta Arenas, por lo menos la mayoría de sus sacerdotes, siguieron la senda indicada por su Obispo Tomás González desde septiembre y octubre de 1973: ayudar a las víctimas de la represión militar, sin importar su identidad política o ideológica, y siempre en nombre de la doctrina de los Derechos Humanos y de la supremacía indiscutible e inalienable del ser humano.

La identidad a favor de los Derechos Humanos, por parte de Tomás González se originaba en aquel entonces, en una sólida formación filosófica y moral, que lo inscribía directamente como pastor y como ser humano, en la línea teológica y eclesiástica de inspiración proveniente del Cardenal Raúl Silva Henríquez.

Nuestras esposas, compañeras y familiares poco a poco nos fueron informando de los contactos que hacían en el Comité Pro-Paz a favor de cada uno de nosotros. Cada católico detenido que escribió alguna carta a Tomás González, desde algún regimiento de Punta Arenas o desde el campo de concentración de Isla Dawson, siempre recibió su respuesta de aliento y de esperanza.

¿Es hoy necesario recordar aquellos días sombríos y aquellos gestos heroicos de Tomás?

¿Es acaso necesario recordar esa multitud entusiasta llenando la catedral de Punta Arenas en la noche de un 4 de septiembre de 1983, coreando: “Tomás, amigo, el pueblo está contigo!”, al término de una misa de homenaje al Presidente Salvador Allende, mientras afuera, en la plaza Muñoz Gamero, las fuerzas policiales esperaban con sus fusiles cargados de bombas lacrimógenas?

¿Es hoy necesario recordar aquellos días sombríos?

Si, creo que es necesario, aquí y ahora, en este Punta Arenas del invierno del 2004, porque en estas semanas y meses, cuando Tomás González obispo, ha sido sucesivamente cuestionado, acusado y atacado por solidarizar con un hermano suyo, pocos tuvieron el coraje de recordar y solidarizar lealmente con el héroe callado de 1973, que ha sabido permanecer fiel a sus valores y su ética de los Derechos Humanos hasta el día de hoy.

Mientras Tomás González, acusado y sometido a juicio, camina todavía por las calles de Punta Arenas y ostenta en silencio su antigua fama de “obispo rojo”, después de haber recorrido países y ciudades, brindando apoyo a los miles de chilenos que hubieron de salir al exilio o sufrieron la detención y la tortura, pocos han sido lo que han dicho en voz alta su adhesión con el golpeado cura que algún día nos brindó solidaridad y aliento.

De lealtades y heroísmos estoy hablando...
Lunes, 21 de Junio de 2004 16:10 ;?> No hay comentarios. Comentar.


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