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Se muestran los artículos pertenecientes al tema eduardo galeano.

25/11/2005


LATINOAMERICANOS

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Por Eduardo Galeano (*)

Dicen que hemos faltado a nuestra cita con la Historia, y hay que reconocer que nosotros llegamos tarde a todas las citas.

Tampoco hemos podido tomar el poder, y la verdad es que a veces nos perdemos por el camino o nos equivocamos de dirección, y después nos echamos un largo discurso sobre el tema.

Los latinoamericanos tenemos una jodida fama de charlatanes, vagamundos, buscabroncas, calentones y fiesteros, y por algo será. Nos han enseñado que, por ley de mercado, lo que no tiene precio no tiene valor, y sabemos que nuestra cotización no es muy alta. Sin embargo, nuestro fino olfato para los negocios nos hace pagar por todo lo que vendemos y nos permite comprar todos los espejos que nos traicionan la cara.

Llevamos quinientos años aprendiendo a odiarnos entre nosotros y a trabajar con alma y vida por nuestra perdición, y en eso estamos; pero todavía no hemos podido corregir nuestra manía de andar soñando despiertos y chocándonos con todo, y cierta tendencia a la resurrección inexplicable.

(*) Patas arriba, la escuela del mundo al revés (1998)

Viernes, 25 de Noviembre de 2005 21:22 ;?> No hay comentarios. Comentar.

11/11/2005


OBJETOS PERDIDOS

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Por Eduardo Galeano
Brecha – Montevideo – Uruguay
www.brecha.com.uy

La noche del Día de Muertos, en noviembre de 2005, Helena Villagra y yo tuvimos que pasar, en tránsito, por el aeropuerto de Miami.
Veníamos de Honduras, El Salvador y México. A la salida del aeropuerto de México, nuestras cuatro maletas fueron cuidadosamente revisadas, ante nuestros ojos, por manos enguantadas que las hurgaron hasta el último rinconcito y las despacharon a Montevideo.

Todo bien, pero la cosa no terminaba ahí. A continuación, nos tocaba el cambio de avión en Miami. Allí estuvimos unos cuarenta minutos, que raspando alcanzaron para cumplir con el calvario de las colas, los formularios, las preguntas, las impresiones digitales, las fotos y el strip-tease previo al embarque.

Horas después, al fin del viaje, descubrimos que dos de nuestras maletas habían sido violadas.

De una, había desaparecido el candado. En la otra, había sido roto el cierre de seguridad. Adentro encontramos, a Bush gracias, una explicación. La violación había ocurrido en Miami. “Objetos prohibidos”: ése era el asunto. Dentro de cada valija había un impreso de la Administración de Seguridad en el Transporte de Estados Unidos, que nos decía: “Su maleta ha sido elegida para la inspección física. Durante la inspección, la maleta y su contenido pueden haber sido revisados en busca de objetos prohibidos”. Y tenía la gentileza de agradecer: “Apreciamos su comprensión y cooperación”.*

Helena tiene la afortunada o desgraciada costumbre de ver la realidad antes de que ocurra. La ve mientras duerme. Dormida la vio, poco antes de que nuestras maletas sufrieran este ataque de la curiosidad oficial. Nos vio en un aeropuerto, haciendo fila, obligados a pasar, a través de una máquina, nuestras almohadas. La máquina leía, en las almohadas, los sueños que habíamos soñado. Era una máquina detectora de sueños peligrosos para el orden público.

¿Qué encontraron los agentes de seguridad que abrieron nuestras maletas? Me temo que no resultaron sospechosas por lo que llevaban, sino por lo que no llevaban. Las maletas no tenían armas de destrucción masiva. Por eso merecían ser invadidas. Como Irak.

Y para colmo, ahí adentro no había ni un solo objeto de esos que no sólo no están prohibidos, sino que son recomendables, y hasta imprescindibles, en la cartera de la dama y en el bolsillo del caballero:

• Había muchos libros, pero entre ellos no figuraba la colección completa de los discursos del presidente del planeta, que desde sus primeras piezas oratorias en Texas se ha destacado por su fina prosa, su fervor místico, su transparente honestidad y su involuntario sentido del humor.

• Los agentes no encontraron, entre nuestros papeles, ningún contrato de trabajo al estilo de la empresa WalMart, modelo universal del éxito, que prohíbe los sindicatos y otras molestias enemigas de la productividad obrera.

• No encontraron ningún documento de los sabios expertos internacionales capaces de demostrar que hasta la lluvia debe ser privatizada, como ocurrió en Bolivia hasta que el pueblo la desprivatizó.

• No llevábamos ningún tratado de libre comercio, de esos que dicta el todopoderoso país que jamás ha practicado ni practica semejante cosa.

• Tampoco llevábamos picanas eléctricas, ni otros instrumentos de tortura necesarios para los interrogatorios que ese país sí ha practicado, y practica, para promover la libertad de expresión.

• En nuestras valijas no había bandejas de Mc Donald’s ni de Burger King, ni de ninguna otra empresa consagrada a la noble misión de luchar contra el hambre multiplicando a los gordos.

• Tampoco había ningún automóvil, lo que sin duda tiene que haber llamado la atención en un país donde hasta los bebés tienen permiso de conducir y desde que nacen pueden pudrir la atmósfera sin que les suene para nada la palabra Kyoto.

• Resultaba también reveladora la ausencia de semillas transgénicas, de esas que están convirtiendo a los campesinos del mundo en felices funcionarios de la empresa Monsanto.

Y no menos reveladora era la ausencia de la prensa transgénica, cuyos transgénicos periodistas llaman catástrofes naturales a los cotidianos actos terroristas de la sociedad de consumo.

Nosotros veníamos corridos por los huracanes. Habíamos estado en algunos de los países más golpeados por estas locuras, ciclones, sequías, inundaciones, cada vez más frecuentes y más feroces.

¿Qué tienen de naturales estas catástrofes matapobres? ¿Tan perversa es la naturaleza? ¿Loca de nacimiento? ¿Perversa y loca? ¿O estamos confundiendo al verdugo con la víctima? ¿Es la naturaleza la que envenena el aire, intoxica el agua, arrasa los bosques y envía el clima al manicomio?

En Honduras visitamos las ruinas de Copán. Éste fue uno de los reinos mayas misteriosamente derrumbados seis siglos antes de la conquista española. O no tan misteriosamente: los investigadores tienden a creer, con creciente fundamento, que esos fueron desastres ecológicos. En el caso de Copán, al menos, está claro que los bosques se habían reducido a desiertos que daban piedras en lugar de maíz. ¿No se está repitiendo esa historia? Sólo en Honduras, el exterminio avanza a un ritmo de 75 mil árboles por día, según denuncia el sacerdote Andrés Tamayo, que vive al servicio del cielo y de la tierra. En las Américas, y en muchos otros parajes del mundo, los bosques naturales, verdes fiestas de la diversidad, están siendo brutalmente reducidos a la nada o convertidos en pasturas de ganado o en falsos bosques industriales que resecan la tierra. ¿No podemos mirarnos en el espejo de los tiempos pasados? ¿Será la memoria un objeto prohibido?

El desastre del ciclón Stan en Chiapas se hubiera reducido a la mitad, afirman los entendidos, si esa región estuviera todavía defendida por sus bosques. En Cancún, donde Wilma no dejó nada en pie y vació de arena las playas, los inmensos hotelones del negocio turístico habían aniquilado las dunas y los manglares que protegían esas costas.

¿Y los otros huracanes? Esas imparables ventoleras que arrastran gentíos desesperados desde el Sur hacia el Norte, ¿son catástrofes naturales? En Tegucigalpa, en San Salvador, en Oaxaca, vimos largas filas de mujeres descalzas, cargadas de niños, venidas de aldeas lejanas, ante las casas de cambio. Ellas esperaban el dinero enviado, desde Estados Unidos, por el marido, el hermano o el hijo.

Las desgracias se disfrazan de fatalidades del destino y dicen ser naturales. ¿Es natural que un país condene a sus hijos más pobres a jugarse la vida y a perseguir la esperanza al precio de la humillación y el desarraigo?

En toda América Latina, los filántropos del Fondo Monetario y del Banco Mundial han multiplicado las exportaciones… de carne humana.

¿Emigrantes o expulsados? Muchos de los idos, los llamados “mojados”, caen en el camino, por sed o por bala, o regresan mutilados a sus pueblitos de origen. Los que sobreviven y llegan al prometido paraíso se desloman trabajando en lo que sea y como sea, día y noche, para que sobrevivan, allá lejos, en el país que los expulsó, sus familias despojadas de tierra y de comida.

Dura odisea.

Ellos también son objetos prohibidos.

* Transportation Security Administration: “Your bag was among those selected for physical inspection. During the inspection, your bag and its contents may have been searched for prohibited items. We appreciate your understanding and cooperation”.

Viernes, 11 de Noviembre de 2005 17:46 ;?> No hay comentarios. Comentar.

05/10/2005


LOS EMIGRANTES, AHORA

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Por Eduardo Galeano
La Nación de Chile - 5 de octubre de 2005



Desde siempre, las mariposas y las golondrinas y los flamencos vuelan huyendo del frío, año tras año, y nadan las ballenas en busca de otra mar y los salmones y las truchas en busca de su río. Ellos viajan miles de leguas, por los libres caminos del aire y del agua.

No son libres, en cambio, los caminos del éxodo humano.

En inmensas caravanas, marchan los fugitivos de la vida imposible.

Viajan desde el sur hacia el norte y desde el sol naciente hacia el poniente.

Les han robado su lugar en el mundo. Han sido despojados de sus trabajos y sus tierras. Muchos huyen de las guerras, pero muchos más huyen de los salarios exterminados y de los suelos arrasados.

Los náufragos de la globalización peregrinan inventando caminos, queriendo casa, golpeando puertas: las puertas que se abren, mágicamente, al paso del dinero, se cierran en sus narices. Algunos consiguen colarse. Otros son cadáveres que la mar entrega a las orillas prohibidas, o cuerpos sin nombre que yacen bajo la tierra en el otro mundo adonde querían llegar.

Sebastiao Salgado los ha fotografiado, en cuarenta países, durante varios años. De su largo trabajo, quedan trescientas imágenes de esta inmensa desventura humana caben, todas, en un segundo.

Suma solamente un segundo toda la luz que ha entrado en la cámara, a lo largo de tantas fotografías: apenas una guiñada en los ojos del sol, no más que un instantito en la memoria del tiempo.

La pobreza



Las estadísticas dicen que son muchos los pobres del mundo, pero los pobres del mundo son muchos más que los muchos que parecen que son.

La joven investigadora Catalina Álvarez Insúa ha señalado un criterio útil para corregir los cálculos:
-Pobres son los que tienen la puerta cerrada- dijo

Cuando formuló su definición, ella tenía tres años de edad.

La mejor edad para asomarse al mundo, y ver.

La historia que no pudo ser



Cristóbal Colón no consiguió descubrir América, porque no tenía visa y ni siquiera tenía pasaporte.

A Pedro Alvares Cabral le prohibieron desembarcar en Brasil, porque podía contagiar la viruela, el sarampión, la gripe y otras pestes desconocidas en el país.

Hernán Cortés y Francisco Pizarro se quedaron con las ganas de conquistar México y Perú, porque carecían de permiso de trabajo.

Pedro Alvarado rebotó en Guatemala y Pedro de Valdivia no pudo entrar a Chile, porque no llevaba certificados policiales de buena conducta.

Los peregrinos del Mayflower fueron devueltos a la mar, porque en las costas de Massachusetts no había cuotas abiertas de inmigración.

Menos mal.

Estos textos se publican con la autorización del autor y se encuentran en el libro “Bocas del tiempo”. (Ediciones del Chanchito, año 2004).
Miércoles, 05 de Octubre de 2005 19:44 ;?> No hay comentarios. Comentar.

12/08/2005


URUGUAY

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UN DISCURSO DE EDUARDO GALEANO ACERCA DE LAS PAPELERAS



Grupo Guayubira, Uruguay
info@guayubira.org.uy


"Buenas noches a todos, queridos todos. Quiero empezar por hacer un par de aclaraciones. Algún diario publicó y algunas radios reprodujeron la noticia de que esta noche yo iba a encabezar una marcha contra el gobierno. Bueno, ni encabezo ninguna marcha -porque yo no encabezo nada, no nací para encabezar- ni esta concentración es una concentración contra el gobierno. Yo diría que al revés, esta concentración está alimentada por una esperanza colectiva, una esperanza que compartimos todos de que el gobierno escuche otras voces y no sólo las voces que lo urgen a tomar decisiones apuradas en relación con temas fundamentales que son importantes para el país. Porque hay decisiones que toman 15 minutos o veinte pero después tienen consecuencias durante siglos.

Y ahora se da como un hecho consumado que el gobierno aprobó o puso su visto bueno a la instalación de las plantas de celulosa en Fray Bentos. Lo que nosotros habíamos solicitado en un manifiesto que firmamos y lo que después hemos subrayado una vez y dos, y veinte veces, es la necesidad de que antes de tomar una decisión que nos parece grave y que puede implicar el envenenamiento del río y la reducción del poco humus que nos queda en la tierra, esto que va a pudrir las aguas y secar las tierras, que no es de ninguna manera obra de la imaginación sino que es la enseñanza triste que han dejado las fábricas de celulosa por la experiencia ya realizada en tierras vecinas sobre todo, en Chile, en Argentina; bueno pues, que se escuchen esos testimonios y que antes de tomar una decisión se piense mucho en lo que se va a hacer. Que se escuchen voces diversas porque esto de las voces diversas al fin y al cabo es también una tradición del Frente. El Frente Amplio [coalición de izquierda en el gobierno] se llama amplio por eso, porque nació queriendo ser amplio; una conjunción de conciencias unidas bajo banderas comunes pero que vienen de lugares diversos y que pueden tener opiniones diversas.

Alguien dijo, no sé si Artigas -probablemente Artigas- [héroe nacional de Uruguay] que la contradicción es la única prueba de la libertad. Pero yo además creo que la contradicción es la prueba de la vida, porque la vida es contradictoria y no hay que tenerle miedo. Nosotros tenemos la certeza también abonada por la experiencia histórica de que cuando se confunde la unidad con la unanimidad no se llega a buen puerto porque no existe una verdad única, sino una suma de verdades que resultan de la contradicción de las muchas verdades que la verdad contiene. Entonces, no le tenemos miedo a la contradicción y no nos importa, realmente no nos importa que nos llamen traidores por discrepar.

¿O acaso hemos vuelto a los tiempos de la Santa Inquisición y ahora nos van a quemar con leña verde, por creer que alguna de las medidas que el gobierno está tomando son equivocadas o apresuradas? No compañeros, yo creo que hay que reivindicar el derecho a la divergencia dentro de la confluencia y que esa es nuestra mejor manera de ayudar al gobierno a gobernar.

¿Por qué? Porque este gobierno no nació de la oreja de una cabra y no fue votado por un señor que se llama mercado, que parece que es el que nos está tomando los deberes.

Porque ahora se dice: No, lo que pasa (me lo dicen amigos, gente querida, compañeros que quiero), me dicen: Eduardo, vos no entendés que el mercado está satisfecho. Les digo: ¿El mercado? Me dicen: esto no, porque el mercado no quiere. ¿El mercado? Y pregunto: ¿y ese Sr. Mercado es uruguayo? ¿Tiene Credencial Cívica? ¿Votó? ¿Fue votado? ¿Quien votó por el Sr. Mercado?

El Frente Amplio no tiene que rendir cuentas al Sr. Mercado pero si está obligado a rendir cuentas al pueblo que lo votó. En estos días, en estos tiempos, estamos viviendo -yo creo no sólo el Frente, el gobierno, sino el país todo- tiempos muy difíciles. Sin duda que el gobierno ha heredado un país hipotecado, endeudado hasta la manija, cuyos márgenes de soberanía se han estrechado, se han hecho cada vez más angostitos. Y entonces se vive un clima en el cual es muy difícil decir algunas cosas, y yo lo comprendo.

Comprendo que pueda haber sectores de la población, como ahora ocurre con algunos sectores en Fray Bentos, que estén contentos con la idea de que van a trabajar. Porque este es un país desmantelado, donde el trabajo se ha convertido lamentablemente en un privilegio de pocos. Entonces la defensa ecologista del medio, de la tierra, del agua y también de la salud humana parece una cosa de marcianos. Porque se vive un clima semejante al de aquella película (probablemente algunos de los que están acá la vieron) "Bienvenido Mr Marshall", en la que había un pueblo español enloquecido porque venía Mr. Marshall que iba a traer la plata, o sea, las inversiones, que es otra cosa de la que hablan ahora los expertos todo el tiempo, día y noche.

Hablando de las inversiones, me hace acordar al episodio aquel, que vivimos no hace mucho, no recuerdo exactamente, cuando buena parte de este país quedó enferma de tortícolis por mirar al cielo esperando el avión que iba a traer los 3 mil millones de dólares que habían sido prometidos por un embajador de los Estados Unidos que es muy meterete, que por cierto ahora está urgiendo al Parlamento que apruebe una ley de inversiones que contiene cláusulas coloniales humillantes para el país.

Este señor meterete no se ha enterado de que el país cambió, porque la gente votó para que el país cambiara, y cosas que antes resultaban normales, humillaciones aceptadas como costumbre en tiempos del poder "blanquirado", "coloranco" [referencia a los partidos tradicionales blanco y colorado], ahora ya pasan a ser ofensas graves a la dignidad nacional recuperada. Y yo creo que es no sólo nuestro legítimo derecho sino también nuestra obligación, nuestro deber, recordarle a este gobierno que muchos sentimos que es nuestro gobierno, recordarle que la dignidad es su obligación principal y que no se equivocó aquel jefe que dijo: ”NO VENDEREMOS EL RICO PATRIMONIO DE LOS ORIENTALES AL BAJO PRECIO DE LA NECESIDAD” [frase de Artigas] Gracias".
Viernes, 12 de Agosto de 2005 23:39 ;?> Hay 6 comentarios.


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