El ministro de Ganadería, Pesca y Agricultura del gobierno uruguayo, José "Pepe" Mujica, concedió una entrevista a EL ARGENTINO para analizar la controversia por las plantas de celulosas. Es la primera entrevista que un alto funcionario del gobierno de Tabaré Vázquez concede a un medio argentino sobre este tema.
Es la primera entrevista periodística que un alto funcionario del gobierno de Tabaré Vázquez concede a un medio argentino sobre este tema. Además, Mujica representa un emblema de la memoria histórica que dio sustento al Frente Amplio para llegar a ocupar la primera magistratura en Uruguay. Por eso, no se trata de una voz de un funcionario, sino acaso la de un hombre que tiene sobre su conciencia la importancia de la coherencia de vida.
El encuentro se realizó el miércoles pasado en su despacho ministerial en Montevideo y el diálogo duró casi dos horas. Si bien sostiene que aplicando la tecnología y los controles que se ejercen en Finlandia no habría nada que temer, asegura que al primer indicio de contaminación el gobierno tiene el compromiso público de dar marcha atrás con la iniciativa. Decisión que fue discutida en el propio gabinete del presidente Tabaré Vázquez. Más allá de esta postura, Mujica agrega que no está dispuesto a desangrarse por las papeleras ni a sacrificar la relación de los pueblos por el emprendimiento. Cuestionó también el modelo de forestación, por ser de monocultivo y atentar con la diversidad de la propia naturaleza; aunque asume ahora los costos de la política de los hechos consumados. Con respecto a la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú, sostuvo que comparte el cuestionamiento sobre la advertencia de protección al medioambiente y que eso lo obliga como gobierno a hacer las cosas sin margen del más mínimo error. "Si las empresas contaminan, debemos como gobierno dar marcha atrás", sostendrá en varias oportunidades y reconoció que el veredicto de la Comisión Binacional si bien no será vinculante para los Estados, será un buen convidado de piedra que habrá que poner a consideración. Y advertirá que ser un juntador de votos, al político no le da título de sabio y que por eso hay decisiones que deben tomarse conjuntamente con los científicos. No obstante estas definiciones, quedará claro que su gobierno le dará una oportunidad a las papeleras para que demuestren que no contaminarán el medioambiente como sostienen las empresas en sus países de origen.
-¿Qué lectura tiene sobre la controversia por la instalación de las dos plantas de celulosas en Fray Bentos?
-Es un lío bárbaro. Estoy esperando que pase el tiempo electoral en Argentina para dimensionar el tema. Nosotros, heredamos una ley de promoción de la forestación, que habría que llamarla del monocultivo del eucalipto para producir pulpa de celulosas. Porque la causa original está en su majestad la computadora, que rompió el equilibrio del consumo de papel en el mundo y como en esta parte del mundo la tierra está barata, ingeniosamente el mundo rico decidió financiar y presionar para que se crearan nuevas cuencas productoras de celulosas. El Banco Mundial se puso generoso y se ofrecieron varios lugares. Y como siempre, los latinoamericanos faltos de plata, ni lentos ni perezosos -porque los gobiernos son de corto plazo-, en Uruguay descubrieron que los árboles tenían una posibilidad de corte más acelerada que en otras partes por la conformación del suelo y que la tierra estaba barata y bastante despoblada. Así empieza el Uruguay forestal, que en realidad está mal denominarlo forestal.
-¿Por qué sostiene que Uruguay no es forestal?
-Porque nunca ví que la naturaleza haga el mamarracho de hacer un bosque con una sola especie. Eso es un invento del hombre, para la ecuación de la rentabilidad. La Naturaleza hace las cosas mucho más complicadas. Crea sotobosques con diversidad de especies y todas esas particularidades que tiene el monte nativo. La Naturaleza cree en la diversidad y en los equilibrios permanentes y el hombre rompe con eso.
-¿Cómo se entiende que un gobierno "progresista" como el suyo, hoy se encuentra ejecutando un anuncio del neoliberalismo?
-Creo que las pilas están muy cargadas, pero no he visto ninguna manifestación popular que sostenga que se renuncia al uso del papel. No he visto levantar en el planeta la consigna "Arriba los dedos, abajo el papel". Todos vamos a seguir usando papel y en algún lado hay que producirlo. Entonces compro papel, pero que se haga en otro lado, donde los que se embroman sean otros, me parece que no es defendible como argumento. Si considero que la producción de pasta de papel es tan negativa que no se tiene que solventar, no debemos consumir papel.
-Pero, de lo que se trata es que se produzca sin afectar al medio ambiente.
-Tecnológicamente eso es posible, porque en Finlandia el problema está resuelto. Las inversiones para corregir son caras, y ese es el problema.
-¿Quiere decir que el gobierno seguirá adelante con estos emprendimientos, pero está preparado para cerrarlos en caso de contaminación?
-Si, por supuesto que sí. El gobierno las tiene que eliminar si generan el menor problema al medioambiente. Esto está hablado al máximo nivel de gabinete. Lo que deberíamos exigirnos entre todos, es crear un tribunal técnico del Mercosur. En la cuenca de los grandes ríos tenemos que crear un organismo que sea eminentemente técnico y que tenga la preocupación de que se cuiden todas las aguas. Hay una parte de las manifestaciones de Argentina que me cae muy bien y es la parte que nos obliga a no perder el tiempo en el tema de los controles. No nos podemos permitir hacer macanas. Algún día los finlandeses y los gallegos se van a ir, y los pueblos y el río seguirán en el mismo lugar. En todas partes de la tierra hemos trabajado mal con la Naturaleza y es hora de cambiar.
-El pasado siempre dice cosas que interesan al futuro. Teniendo en cuenta los antecedentes de estas empresas, tampoco hay demasiadas garantías de que vayan a cumplir con el precepto de no contaminar.
-Los finlandeses son prolijos. En el pasado papelero de España hay cosas lamentables y las sabemos. Si estas tecnologías no cuidan el medioambiente se tendrán que ir. Esto es como en la industria del cemento. Hay que gastar en los filtros para no dañar el aire, sino se invierten en filtros, se ahorrarán mucha plata, pero no se podrá vivir en el pueblo. Ya nos pasó. Por eso, el Estado tiene que tener una actitud francamente policial y de controles sistemáticos. Con la presión regional y la importancia del agua, y la opinión pública tanto de Argentina como de Uruguay -que también está preocupada por esto-, no hay margen para el más mínimo error.
-Si hay un argentino más parecido al uruguayo, ese es el entrerriano. Pero es evidente que existe un conflicto social de suma gravedad.
-No vamos a ir a la guerra y menos con argentinos, pero existe ese nivel de conflictividad, es evidente. El asunto se nos escapó a todos y terminamos todos embromados. Tenemos un Mercosur abollado que es un asco y lo estamos debilitando cada vez más.Más allá del papel, terminamos embromados por los estúpidos orgullos nacionales, que para lo único que sirven es para que nos alejemos más de la necesidad de la supranacionalidad latinoamericana, que es una deuda que tenemos por delante. Y ese es el único camino que avizoro para equilibrar en algo la enorme distancia que nos sacó el mundo central. Siento que Brasil y Argentina tienen una responsabilidad muy grande en el destino futuro de América Latina y esa responsabilidad va más allá de ellos. Tendremos una América Latina distinta si logramos que la Amazonia se junte con la Pampa, caso contrario no tendremos nada. Y el papel del Uruguay, que siempre fue un Estado tapón, tiene que ser el de un Estado puente.
EL CONFLICTO SOCIAL
-Más allá de su creencia de especulación electoral, el conflicto es social y tiene demasiado tiempo...
-Es cierto, la ciudadanía tiene pantalones largos. La única garantía de que se cumplan las cosas, es en definitiva que haya conciencia en la gente. Porque los gobiernos pasan, sabemos que las empresas en sus países pueden hacer las cosas bien, pero en el área del subdesarrollo hacen cosas que en el mundo central no la harían. Entonces, que allá hagan las cosas bien, no es una garantía de que la van a hacer bien aquí. La única garantía es que apliquen la tecnología adecuada, más allá de las inversiones y los costos. Y los finlandeses son capitalistas serios, porque planifican a largo plazo. No son inocentes, quieren ganar, pero saben que tienen que ganar haciendo las cosas bien.
-Uruguay es un país que protegió al agua...
-Es uno de los pocos países en donde usted abre la canilla y toma agua. Pero también hemos sido campeones mundiales en el fútbol y miremos cómo estamos jugamos ahora. De historia no vivimos.
-Es cierto. Pero "el oro azul" como se denomina al agua, será motivo -según sostienen los entendidos- de futuras guerras mundiales. El Acuífero Guaraní no es sólo el agua que está debajo, sino también las aguas superficiales.
-En estas cosas necesitamos autoridades supranacionales. Y lo necesitamos en varios frentes. Lo necesitamos en la aftosa, no sirve de mucho combatirla en un sólo país, si el vecino no hace nada. Estamos en una necesidad geopolítica, donde las fronteras políticas han quedado chicas frente a las fronteras ambientales o ecológicas. He vuelto a leer a Platón. Y le digo esto porque las decisiones científicas tienen que encuadrar a las decisiones políticas. Y pienso que a veces los políticos podemos parecer bárbaros en el marco de estas decisiones. Estados Unidos no firmó el acuerdo de Kyoto, es poderoso, invade a cualquiera y hace lo que quiere. Pero, lo que le está ocurriendo al mundo, me lleva a pensar que para algunas cosas hay que convocar a los sabios para que gobiernen. Los científicos más destacados del planeta vienen advirtiendo sobre el cambio climático y el gobierno más poderoso de la tierra no los escucha y ahora la humanidad en su conjunto paga esas consecuencias. El tener voto a uno no le da patente de sabiduría. Uno puede tener muchos votos, pero puede ser una bestia en las decisiones de gobierno. Entonces hay determinados temas en donde tienen que tallar otro nivel de gente y hay que consultarlas antes de tomar decisiones. Soy un buen juntador de votos en Uruguay, pero no tengo autoridad científica para decir cómo hay que cuidar a la Naturaleza. Por eso, tengo que servir a quienes tienen ese conocimiento.
-Existen algunos intentos. La Comisión Binacional se orquestó para eso. ¿Qué pasa si recomienda que no es conveniente la instalación de las plantas?
-El veredicto de la Comisión tiene una vinculación ética. Y si sostiene que no es conveniente, sería un elemento que hay que colocarlo arriba de la mesa y se transformaría en un muy buen invitado de piedra. En lo particular, no me voy a desangrar por unas papeleras. Serán inversiones importantes, pero no me voy a desangrar por ellas. Le quiero asegurar que no soy afecto a un país productor especializado en la pulpa de papel. No es mi modelo de país. Quisiera trabajar en un país que concilie el árbol, la vaca y la oveja. En todo caso, un país que genere madera, pero para trabajar.
-Son conscientes que aunque las chimeneas de las papeleras larguen humo, las manifestaciones seguirán. ¿O acaso están apostando a la política del cansancio?
-No, de ninguna manera estamos apostando a la política del cansancio. A la corta o a la larga, Uruguay tendrá que darle participación e información en los controles a la Argentina. La única manera que podemos encaminar esto es haciendo las cosas bien. Y que Argentina participe en los controles con técnicos no comprables. Es muy grande lo que hay en juego. Nosotros no podemos seguir alimentando este problema, antes prefiero quedarme sin papeleras. En definitiva, la causa que impulsa el movimiento ecologista es noble y la comparto. Comparto que no se pudra el medioambiente. Y si estas industrias embroman al medioambiente, tenemos el compromiso público de poner marcha atrás. Eso costará mucho, sin duda, pero habrá que hacerlo. Lo que el hombre hace, el hombre lo deshace.
Sábado, 29 de Octubre de 2005 20:36 ;?> No hay comentarios. Comentar.
18/11/2004
URUGUAY: LA HONRADEZ AL TOPE
ENTREVISTA AL SENADOR JOSÉ MUJICA
Por Nelson Cesin
-En una entrevista que concedió a BRECHA hace diez años, la primera después de haber sido electo diputado, usted sostenía que estaba trabajando de trueno para que de otros fuera la llovizna. Pero todo indica que ahora lloviznó, y mucho, sobre su cabeza...
-Sí... Nos cayó mucha llovizna en forma de votos (se ríe). Se verá ahora qué hacemos. La noche del festejo, alguna gente pensó que me había venido un vahído de emoción. ¡No, qué va!, porque estaba en la baranda y me agarré la cabeza, mirando para abajo: me agarré la cabeza de la tremenda sensación de responsabilidad y de tragedia. Yo sé que toda esa alegría es por la cantidad de cosas postergadas y el afán que tiene la gente por progresar y todo lo demás, y que eso que ahora es alegría dentro de poco será un reclamo. Yo estoy en cana de vuelta, me siento abrumado. Porque además, cuando teníamos dos diputados, éramos un testimonio. Pero la tragedia del gobierno de Vázquez es nuestra tragedia.
-Están abrazados a Vázquez como a un rencor, utilizando su expresión.
-Sí señor, no hay escapismo, vamos en el mismo paquete. Y vas a tener herencia maldita y todas esas cosas, pero la gente quiere soluciones. Por lo menos la sensación de que, aunque sea de a centímetros, mejora.
-Estará bravo para cumplir con las expectativas que generaciones de uruguayos depositaron en un gobierno de izquierda. ¿Usted tiene la fórmula?
-A todos mis compañeros de gobierno les quisiera trasmitir en dos palabras por dónde pasa ese desafío: la estética de hoy es la ética. La ética tiene que ver con desde lo que ganás a cómo vivís, a cómo atendés a la gente, a cómo te rompés el alma por la gente. La gente te va a perdonar que no puedas por las dificultades, o porque la embarraste, pero no tiene más paciencia para tolerar que la jodas, que la cagues. Tampoco te va a permitir que no reconozcas tus errores y los rectifiques. Estoy planteando una honradez al tope.
-Bien, eso desde el punto de vista de la noción de valores con que se debe encarar el gobierno. Pero falta el contenido. ¿Qué sería lo imperdonable que la izquierda no hiciera en su primeros meses de gobierno?
-Dos cosas fundamentales: la atención de los derechos humanos, de los que están vivos (golpea la mesa), y el laburo, tener políticas que busquen generar laburo. Y esto no es sencillo, porque la tendencia estructural de la economía contemporánea es a solucionar cualquier cosa menos el problema del laburo. Me encuentro con una Alemania que tiene el 15 por ciento de desocupados declarados...
-No parece sencillo, además, porque en el Frente hay distintas ideas acerca de cómo generar trabajo. Usted enfatiza en la revalorización del papel del mercado interno, pero la concepción económica dominante en la izquierda apuesta al crecimiento asentado en las exportaciones, para lo cual estimula la inversión extranjera. Está el caso de la empresa Botnia, por ejemplo, que parece concitar cada vez más adhesiones en la izquierda.
-Sí, quiero señalar que yo concuerdo con que debemos tener una economía exportadora y en términos de largo plazo veo que el mundo va hacia procesos progresivos de liberación comercial. Ahora, el sector exportador no le da trabajo a más del 30 por ciento de la población activa de Uruguay. Que hay que incrementarlo, macanudo; que hay que aumentar la productividad y apostar a la inversión, macanudo y vamo' arriba. ¿Pero mientras tanto? Por eso creo que necesitamos combinar todo: una economía abierta, una economía entreabierta y una economía cerrada. Si no puedo vender el trabajo para afuera, por nuestras limitaciones, tengo que venderme trabajo a mí mismo. Verme también como mercado, porque ahí hay una franja, y lo discutiremos. Si tengo una fabriquita que hace baterías, la tengo que apoyar. No poner fábricas nuevas de baterías, pero esas que están las tengo que exprimir, darles un poco de protección, porque hay gente que sabe trabajar con eso. Si hay zapateros...estos zapatos que tengo son uruguayos, el taller está en Ángel Salvo, ¿me entendés? No son inversiones nuevas que tengo que hacer, tengo que exprimir lo que hay, darle vida. Aplico esa mentalidad entre nosotros: pensé que íbamos a tener una bancada de 26 legisladores y saqué cuentas: tres diarios por día, tantos pesos cada uno. Hay un negrito que puede vivir con eso. Estoy inventando el trabajo como militante. Necesitamos un auto para movernos, y les dije a los compañeros: "vamos a estudiar contratar dos taxímetros, así se podrán ganar el mango". Esto te lo digo en la chiquita, pero se puede aplicar en lo macro. Hablan de puestos de trabajo y entonces piensan en grandes planes. No, loco, dejame arrancar con lo que hay, le quiero dar vida a todo lo que hay, pero con un criterio selectivo, no inventar cosas que son imposibles.
-Insisto: ¿no hay un choque entre la visión que usted plantea y otra, dominante, que jerarquiza sobre todo las variables de la macroeconomía?
-La macroeconomía tiene que crear la atmósfera pero no genera valor, genera condiciones; el valor lo genera la micro o meso economía, es decir las líneas sectoriales que tengo que tener para que tal sector se revuelva. Claro, yo estoy embretado porque no puedo poner aranceles como en 1966, pero tengo que apelar al recurso antiguo del Estado.
-No entiendo…
-Claro, alguien me dice "tengo que importar ajo", y yo le digo que no, que no importe ajo chino. El tipo jode, insiste, y yo le digo "bueno, traé un contenedor". Cuando lo va a buscar a la aduana le falta un sellito, le falta esto o lo otro... Pero para el mundo soy liberal.
-Se trata de un sentido heterodoxo del respeto a las normas y reglas de juego
-(Se ríe de manera socarrona.) Las respeto, sí. Cuando me patean mucho, bueno, dejo pasar. ¿Acaso los brasileños no encontraron una bacteria en un cargamento de ropa y lo mandaron para atrás? Yo estuve peleando una vuelta en Salto con dos camiones de frutillas que estaban autorizados a entrar a Argentina, pero cuando autorizaron la pasada ya estaban podridas las frutillas.
-¿Este tipo de medidas están conversadas en el equipo de gobierno?
-No, no están conversadas. Claro, para esto hay que tener un poco de rostro y un poco de decisión. Para mí ese tipo de política me va a generar trabajo. Si yo les digo a los importadores de autos "paren, por un par de añitos sin importar no pasa nada", me van a patear. Nuestra industria automovilística, que se rehaga en los talleres; después si respiramos traemos algunos autos. ¿Entendés? Porque somos unos cracs los de izquierda: hablamos de emergencia social, y la emergencia laboral, loco, ¿cómo la vamos a bancar?
-Le van a decir que induciendo a doña María a que compre zapatos uruguayos la estará castigando, al impedirle que compre importados más baratos.
-Es que ya la estoy castigando. Hay un gasto público que recae siempre en los bolsillos más humildes. Cuando un desocupado va a Salud Pública nos cuesta 8 mil pesos y cada gurí del Iname otros 17 mil. No importa si los consumos finales me cuestan un poco más, pero estoy generando trabajo; capaz que en lugar de gastar tres pares de zapatos gastaremos uno, pero como te cuesta más caro le vas a hacer poner media suela y va a haber un viejo, que hoy está al pedo, que se revolverá remendando los zapatos. Por supuesto que no puedo aplicar ese criterio para hacer un tractor al torno porque me encarece el trabajo. Por eso digo la palabra selectivo. En el caso que me citabas de Botnia, que se habla de una inversión de mil millones de dólares para generar 2.000 puestos de trabajo indirectos, grito socorro. Yo no tengo posición respecto a esto, lo que tengo claro es que debo colocar arriba de la mesa todo el tema de la forestación.
-Evaluar esa inversión en función de la política forestal.
-Claro, hacer un balance profundo y completo sobre qué nos aportó, qué no y a qué costo. Si a mí me ponen una empresa que va a consumir 300 hectáreas por día, estamos hablando de 100 mil hectáreas por año. Estamos hablando de que todo lo que está plantado teóricamente tiene que ser para esa empresa, y por lo tanto hay que plantar mucho más para las otras. Me pregunto cuál es el tope, y me pregunto si no cambió nada en el mundo desde que se votó la ley forestal. Hace 15 años la mayoría de la gente no sabía que había tierras que eran arables y se destinaban a la actividad forestal. Esas tierras hoy se pueden sembrar. Cuando se hizo la ley forestal andaba en 45 o 50 dólares la tonelada de madera y ahora estamos vendiendo a 30. Los números que me va a dar la forestación tienen que ser superiores, para que me rindan, a los de la ganadería extensiva. Y tengo que compaginar este tipo de forestación con el ciclo de pastoreo, con la producción de madera que no sea para celulosa. Es una discusión cojonuda a poner sobre la mesa antes de tomar una decisión. Me parece que uno no se puede encandilar con los mil millones de inversión de que se habla. Esas empresas me van a tener que poner mucha cosa en el balance que se les exija, por ejemplo una valoración de lo que significa la desaparición de la culebra por falta de hábitat de los bañados y la multiplicación de la yara. De repente tendremos que desembocar en otro tipo de forestación. Yo quisiera reconciliar el árbol con las vacas y con las ovejas.
-¿Le parece que con esas ideas le van a ofrecer un ministerio de producción?
-Y bueno, yo no las disimulo, digo lo que pienso. Tampoco soy fanático, porque si me demuestran lo contrario capaz que rebobino. Pero quiero sopesar todos los intereses en juego.
-Cuando la izquierda habla de reforma del Estado a menudo la asocia con el objetivo de una mejor distribución del gasto, pero muy poco con el de la mejora de su gestión. ¿En ese campo el modelo a seguir es el de la Intendencia de Montevideo?
-Primero una definición teórica: cada vez estoy más convencido de que la gestión es del poder. Ese es el talón de Aquiles del país. Hay dos caminos: sos patrón o incluís a la gente para que la gente se sienta patrón y tenga estímulos; hay que elegir, definirse. No se puede ser una cosa chirle. Incluir a la gente significa inculcar el sentido de responsabilidad y eso significa premio y castigo. El problema es cuál es el juez que lauda eso; si los jueces están arriba o están abajo. Me pueden matar por lo que te voy a decir, pero creo que habría que empezar a experimentar con un pago distinto, por sección, allí donde se pueda calcular el valor anual que tiene el trabajo de un equipo o de un conjunto de hombres, y que después la barra se lo reparta. Pero no los jerarcas de arriba, sino los de abajo, y darles libertad para organizar el trabajo y hasta para vender trabajo para fuera. De tal manera que si vos te rompés el orto, te vas a llevar un peso en la mano, pero también controlás a ese que está garroneando, porque indirectamente te está jodiendo. Ahora me enteré de que esto se está discutiendo en Dinamarca y se está empezando a aplicar en Suecia. Yo quisiera hacer una reforma del Estado con la participación comprometida de los trabajadores, no contra ellos, porque si no no se puede. Lo que ellos, los trabajadores, tienen que entender es que si me sobra gente en tal banco, tengo que discutir cuáles son los trabajos que inventamos para esa gente, pero no insistir en que sigan laburando diez donde pueden hacerlo tres. Quiero transferirle el poder a la gente, por lo menos una cuota de poder en las baldosas que están todos los días trabajando, y despertar su ambición, que es muy bueno que exista mientras no joda al otro. No me vengas con igualar para arriba, hay que igualar por el mérito. Qué sé yo, tenemos que dar vuelta tantas cosas... A mí me tiene que doler cuando una cola de viejas está en la Intendencia para pagar un recibo piojoso, porque los que tienen guita no van a las colas, tienen gestores. En realidad estoy castigando a todos los que están jodidos.
-Entonces el modelo de gestión de la Intendencia de Montevideo no es aplicable a escala nacional.
-No, yo creo que al sistema hay que cambiarlo; la Intendencia está englobada en el sistema de todo el Estado, como lo está toda nuestra sociedad. Nosotros no somos tan diferentes; estamos en la misma. La revolución mental que requiere todo esto no nos llegó.
-¿No afecta la necesaria diversidad del Frente el hecho de que sus sectores radicales carezcan de representación parlamentaria? ¿De qué modo puede incidir esto en la administración de los disensos? Porque buena parte de la gobernabilidad futura residirá en la unidad de su fuerza política.
-Hay que perseguir siempre la unidad, mantener la libertad de opinión y dar lugar a que las minorías existan y disientan, entre otras cosas porque la minoría te puede enseñar la cagada que vos no estás viendo. La unidad de acción no puede querer decir unidad de opinión. El Frente tiene ahora un fuerte desafío: gobernar conservando la libertad de pensamiento interna sin perder la capacidad de conducción.
-¿El hecho de que esos sectores hayan quedado fuera del Parlamento no contribuye a colocarlos en la vereda de enfrente?
-Pienso que contribuye, porque les deja el grito social como única alternativa, pero no el grito político. Hasta donde pueda voy a procurar que tengan presencia o participación en algún lugar del gobierno. Entre otras cosas porque tenemos que meter todos las patas en la batea.
-Usted decía, en aquella entrevista de BRECHA de hace una década: "Me parece que vivimos una época naturalmente centrista, en la que nosotros representamos un tipo de propuestas demasiado duras. Pero igualmente vamos a mantener el estandarte, sin apearnos del lugar. Lo medular siguen siendo las cuestiones estratégicas, y en ese sentido cualquier proyecto que le intente rayar un poco el lomo a ese nudo que llamamos oligarquía conlleva un proceso frente al cual sólo quedan dos caminos: radicalizarse en profundidad o abdicar de los principios". ¿Cuál de los dos caminos siente que está transitando?
-El de la lucha por la liberación nacional en un contexto del mundo que es muy distinto, penoso. Esto supone una larga lucha, pero hay que darla. No creo que se pueda construir ninguna sociedad mejor con un país pobre y analfabeto. Pude haber creído distinto pero hoy he cambiado. Estoy más cerca de Marx que de Lenin, en el plano de definiciones primigenias. Estamos en una época distinta, en la que no nos podemos olvidar que un cowboy anda suelto. Y si me olvido es dramático. El camino que tenemos planteado en el Frente no es otra cosa que un conjunto de reformas, que desde el punto de vista teórico de la década del 60 es meramente reformista, no cuestiona el sistema. Pero pienso que es la lucha de esta hora. Si no la gente no te entiende, te quita el hombro y vos te quedás como un intelectual rezongón en el cordón de la vereda. Descubrí que en política, si no lográs construir grandes seres colectivos que te den pelota, no existís. Los compañeros que no fueron electos en gran medida es por esto, porque no le sirven a la gente en este momento; ellos consideran que tragarse sapos es una cuestión de principios; no entienden que no tiene nada que ver con los principios comer sapos, sólo hay que condimentarlos. Ellos tienen una sensibilidad pequeñoburguesa porque no pasaron hambre. No jodamos: si el Frente no da respuestas a problemas elementales la gente le dará la espalda, lo castigará, y votará a los colorados y a los blancos. El país que tengo estaba estructurado de determinada manera, y yo hoy no lo puedo cambiar, tengo que hacerlo andar lo mejor que pueda. Esta libertad de pensamiento me permite negociar de igual a igual y saber que cuando estoy negociando con un burgués él está buscando llenar su morral. Con él haré un contrato que comprenda esas reglas de juego. No es que las comparta, pero si quiero hacer que el tipo piense como yo ¡estoy loco!
-¿Qué atributos propios que lo distingan de los anteriores debería tener en su función un ministro de Trabajo, un ministro de Economía, de un gobierno progresista?
-Hay una cuestión metodológica que pasa a ser central: no habría que hacer nada sin consultarlo con la gente que está involucrada. No debés permitirte el lujo de tirar una cosa sin considerar la situación de los distintos niveles de víctimas y sin escuchar lo que tengan para decir. De alguna manera hay que encontrar formas de que mucha gente participe en las decisiones. Participar no es decir "vamos a tal barrio y hacemos unos arreglitos". No, no. Participar es llamar a los representantes naturales de la gente y ver qué pueden aportar. Con los niveles de información tan distintos que hay en la sociedad, yo le puedo tirar a una asamblea un montón de cosas y no entenderá nada. Eso no es participación. Pero si voy a tomar una medida con el calzado y llamo a los zapateros, perdé cuidado de que me la van a desmenuzar, me la van a hacer pelota en un montón de cosas y me van a poner otras. Ojo que a los tipos les voy a reclamar que piensen, que se pongan de gobernantes y me hagan una propuesta con el orden de dificultades en cada etapa. Yo abro la cancha, pero vos laburá.
-¿Pero da lo mismo que el Ministerio de Trabajo sea comandado por una figura asociada a los trabajadores que por otra más ligada al universo empresarial?
-No, no, no, qué va a dar. Yo me lamo por poner a alguno de los que siempre han estado del otro lado (se ríe).
-¿La retirada de los cuadros del gobierno actual será tan ordenada como sugieren las primeras señales, o cabe esperar algún tipo de "herencia maldita", al margen de la económica?
-No, creo que la herencia maldita está en lo económico, y que no viene de ahora sino de bastante atrás. A pesar de estos problemas de fondo brutales, espero una transición sin muchos sobresaltos. No veo ningún capitalista que saque la guita desesperado.
-Quiere decir que esta izquierda, siguiendo su razonamiento, ya no jode a nadie.
-Eso mismo, ya ni siquiera somos capaces de meter miedo a nadie (se ríe). Ellos saben que tenemos libertad condicional en este mundo, que tenemos una libertad relativa. Miden también cuáles son nuestras limitaciones. La jugada de Tabaré de llevar a Astori es una señal, va a asegurar un tránsito. Desde ese punto de vista estamos bastante bien. Los que son problemas para algunos, también son posibilidades para otros; en puerta está una negociación que requiere garantías internacionales, y eso va a establecer el margen...
-¿También en el tema de la deuda el MPP se va a alinear como un soldado disciplinado a lo que decida el equipo económico...?
-Bueno, nosotros no vamos a interpelar a Astori.
-Pero ganas de incidir en las negociaciones supongo que no les faltan.
-Y claro que no, tenemos seis senadores, imaginate. Igual pienso que de algún detalle nos vamos a enterar.
-El diario argentino Crónica tituló hace unos días con una declaración suya: "La deuda no se puede pagar"...
-Chocolate por el título rimbombante. Un liberal te dice "la deuda no se paga, se maneja", otros dicen "se negocia". ¿Dónde está la diferencia? Como te digo una cosa te digo la otra. Pagarla con teca no se puede, y eso lo sabemos todos. Pero pasar de la convicción a la acción no es sencillo. Hasta que el mundo no cambie, hasta que algún rottweiler de la región plantee alguna otra cosa... Si es así nosotros ponemos un cuzquito atrás del rottweiler, pero solos no, ¿eh?
Tomado de Reconquista Popular
Jueves, 18 de Noviembre de 2004 22:06 ;?> Hay 1 comentario.
20/10/2004
ELECCIONES EN URUGUAY
UN FENÓMENO LLAMADO MUJICA
A muy pocos días de las elecciones generales que tendrán lugar en la República Oriental del Uruguay el próximo 31 de octubre, la coalición de izquierdas Frente Amplio-Encuentro Progresista-Nueva Mayoría es candidata, según todas las encuestas, a imponerse incluso desde la primera vuelta. Retrato de uno de sus líderes, el más popular y fuera de lo común.
Por María Urruzola (*) Periodista uruguaya.
La anécdota la conoce todo Uruguay. El 15 de febrero de 1995, día en que comenzaba la 44 Legislatura del Parlamento, los porteros de la Cámara de Diputados interceptaron el paso a un señor de aspecto bastante rústico y desgreñado, muy informal, vestido de pantalón y campera jean, que acababa de aparcar una pequeña motocicleta en el estacionamiento equivocado y le advirtieron que la entrada y el parking eran sólo para legisladores. “Es que soy diputado”, contestó con sencillez José Mujica, más conocido como “el Pepe”.
Por primera vez en la historia política del país, un tupamaro, un ex guerrillero de la década de los ‘60, de profesión pequeño campesino o, más específicamente cultivador de flores, ingresaba al Parlamento como diputado nacional. Aquel novel diputado, pero viejo luchador social, es hoy senador, a sus 70 años, y el personaje más popular dentro del Frente Amplio-Encuentro Progresista-Nueva Mayoría, como se llama ahora la coalición de izquierdas que según vaticinan todas las encuestas podría acceder al gobierno el próximo 31 de octubre con un porcentaje de votos que oscila entre 48 y 52%. Es decir, tal vez en la primera vuelta y sin necesidad de ir a un ballotage.
Esa doble condición de líder de izquierdas más votado por la ciudadanía y de ex guerrillero tupamaro fue el argumento al que recurrió el Partido Colorado (específicamente el Foro Batllista, agrupamiento liderado por el ex Presidente Julio María Sanguinetti) que figura último en las encuestas, para desatar la infaltable campaña de “miedo” en el último tramo de la contienda electoral, a tan solo 15 días de que comience la veda publicitaria.
Puesto que no hay inestabilidad cambiaria, ni descenso en la cotización de los papeles de deuda uruguayos, ni aumento del “riesgo país” y tampoco aumento de la inflación; es decir, hay tranquilidad en “los mercados”, el miedo no puede propagarse por el lado de esa infaltable pieza en el ajedrez del poder que es la inestabilidad económica y financiera y, por lo tanto, los argumentos para sembrar el temor entre la ciudadanía tuvieron que extraerse del pasado lejano.
El instrumento fue un documental alemán filmado en 1996 titulado “Tupamaros”, del que se extrajeron algunos minutos de declaraciones de José Mujica, del también senador tupamaro Eleuterio Fernández Huidobro, y de la diputada tupamara Lucía Topolansky (pareja de Mujica), en los que analizan su opción por la vía armada en la década de los ‘60. Esos fragmentos, extraídos de contexto, refieren a la concepción que el MLN-Tupamaros tenía de la democracia en aquella época y a la forma en cómo llegó a realizar un par de ejecuciones de hombres acusados de integrar los escuadrones de la muerte. El anuncio televisivo difundido por el Foro Batllista termina con una pantalla en negro donde se lee: “Ellos son la mayoría del Frente Amplio”.
Antes de que el anuncio fuera puesto al aire en los canales de televisión abierta el MLN prohibió la difusión de imágenes de sus dirigentes en propaganda ajena, y la productora alemana Specogna Filmproduktion prohibió la difusión total o parcial, pública y privada del filme, incluso en la red, donde lo colocó el Foro Batllista, quien lanzó a todos sus dirigentes a una campaña apocalíptica sobre la “censura” de la que estaba siendo “víctima” y lo que eso vaticinaba para el futuro del país bajo gobierno de izquierda. Mientras por un lado se anuncia una batalla legal respecto a si existen derechos de autor o no de esas imágenes (los líderes del Partido Colorado argumentan que “son del dominio público”, pese a que existe una ley de derechos de autor mejorada en enero de 2003), el Foro Batllista dobló su apuesta y comenzó a emitir por radio breves anuncios que simulan un informativo, en los que se anuncia que los senadores tupamaros le quitaron su apoyo al Ministro de Economía, Danilo Astori, o que por viaje del Presidente y del Vicepresidente asume la Primera Magistratura el senador tupamaro José Mujica. ¿Quién es Mujica, este nuevo “cuco” que la derecha agita en un intento desesperado por impedir que la izquierda llegue al gobierno en la primera vuelta de la elección y forzar así un ballotage entre Tabaré Vázquez y el candidato del Partido Nacional, Jorge Larrañaga, segundo en las encuestas?
UN PERSONAJE SINGULAR
Se hace necesario aportar los datos básicos de este nuevo fenómeno de la política uruguaya, aunque no expliquen mucho: nacido el 20 de mayo de 1934 en el seno de una familia campesina por ambas ramas, José Mujica Cordano fue primero militante del Partido Nacional, uno de los dos partidos tradicionales del país, luego de la Unión Popular, un desprendimiento más hacia la izquierda del anterior, y tras la aplastante derrota de todas las opciones algo progresistas en la elección de 1962, fundador del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, junto al ya fallecido Raúl Sendic, su máximo dirigente.
En su historia figura haber caído preso por primera vez en 1964, en un fallido asalto del MLN que se hizo pasar por “rapiña común”; haberse enfrentado con la policía a tiros y haber huido por las cloacas de la ciudad; haber sido herido gravemente de seis balazos (se salvó de la muerte por milagro); haberse escapado dos veces de la cárcel de Punta Carretas; haber estado 13 años preso; haber sido torturado sistemáticamente y haber integrado el grupo de nueve presos conocido como “los rehenes”. Poco después del golpe de Estado de junio 1973, nueve dirigentes fundadores del MLN, entre ellos Sendic, Mujica, Mauricio Rosencof y Eleuterio Fernández Huidobro, fueron sacados del Penal de Libertad y llevados de un cuartel a otro permanentemente durante siete años. Vivieron literalmente en un pozo subterráneo, aislados unos de otros y prácticamente sin movilidad. “El síntoma más evidente de vida era siete ranitas, a las cuales las alimentaba con miguitas de pan. ¿Sabés que las hormigas gritan? Lo descubrí al ponerlas en el oído para entretenerme”, contó el senador Mujica en una de las innumerables entrevistas que la han hecho desde su ingreso al Parlamento.
Pero los datos básicos de la vida del Pepe Mujica no alcanzan para explicar cómo su liderazgo llevó al MLN de ser en 1985 un pequeño grupito de ex presos con el que simpatizaban algunos miles de ciudadanos, a integrarse primero al Frente Amplio y volverse luego en poco más de diez años la fuerza más votada dentro de la izquierda, lo que en números significa actualmente alrededor de 400.000 votos según las últimas encuestas, el doble de lo que obtendría el Partido Colorado. Es necesario ubicar primero el análisis de la coyuntura electoral en el contexto de un país literalmente quebrado, donde este año aparecieron en el norte del país, en el departamento de Artigas, casos de muertes de niños por desnutrición infantil, y en la capital cifras que indican que el 58% de los niños viven por debajo de la línea de pobreza. En un libro sobre su vida editado en 1999, Mujica explicó que uno de los elementos constitutivos de la formación inicial del MLN “fue el apoyo a los cañeros de Artigas”. Esos cañeros se agremiaron en 1961 en la Unión de Trabajadores Agrícolas de Artigas (UTAA) gracias a la labor de Raúl Sendic, y en 1962 marcharon más de 600 kilómetros a pie hasta Montevideo para reclamar por sus derechos básicos. En 2004 esos derechos siguen conculcados, tal como demuestran las muertes infantiles por desnutrición, que provocaron un sobresalto de solidaridad en todo el país. La única diferencia entre 1962 y 2004 es que en esta ocasión el recorrido fue inverso -desde Montevideo hacia el norte- y distinto, porque no lo hicieron ciudadanos sino alimentos, ropas y medicamentos enviados por compatriotas solidarios. Además de ese contexto socio-económico hay que tener en cuenta que la dirigencia política uruguaya ha estado siempre mayoritariamente integrada por hombres de origen urbano, abogados -eventualmente contadores- de traje y corbata, lenguaje “jurídico-político” y con una visión tecnocrática de la labor de gobierno.
Mujica, en cambio, es campesino de profesión y de ocupación aún hoy, pero tiene una sólida aunque autodidacta formación intelectual: durante cinco años de los 13 que estuvo en la cárcel sólo pudo leer ciencias -matemáticas, física, química- y en los otros nada; antes, en libertad, había sido un entusiasta lector de historia y luego, de nuevo en libertad, se dedicó a profundizar en antropología para entender al “bicho humano”, según sus términos. Mujica se viste invariablemente con un jean y una campera gastados; se desplaza en motocicleta junto a su compañera Lucía -arrastrando un pequeño trayler cuando llevan sus flores a la feria- y reúne en su temperamento la calma del hombre de campo con la picardía del gaucho; la habilidad del viejo luchador político con la franqueza de quien no tiene nada para perder porque no tiene ni quiere nada, todo ello combinado con un lenguaje desusado en el discurso político nacional, en el que conviven los términos camperos con las malas palabras familiares que todos decimos a lo largo del día y ciertas expresiones de una infinita ternura hacia la raza humana. “Tengo una personalidad un tanto campesina, una mentalidad propia de quien ha vivido de la tierra. Y a medida que me fui intelectualizando diría que fui profundizando más en lo mismo. En algún momento me puse a leer bastante sobre biología y a estudiar bioquímica, y a partir del conocimiento me fue naciendo una especie de admiración cuasi religiosa. He dicho por ahí que soy casi panteísta. Y cuando digo que hablo con las plantas, por supuesto que no estoy diciendo que realmente hable con ellas, sino que trato de interpretarlas. Un terrón debe ser un laboratorio entero, tan complicado que el hombre no está ni en condiciones de remedarlo. Se puede ser religioso por analfabeto. Pero también se puede tener una actitud religiosa cuando se empieza a saber y se comprende que no se sabe nada”, dice en el libro antes citado.
Esa inusual combinación de campesino-intelectual, sobrio y pausado pero rápido como un lince para dar respuestas certeras ante los medios de comunicación, informal de verdad y más preocupado por insuflar esperanzas en los jóvenes que en ganar votos, parlamentario responsable y trabajador en serio, lo posicionó paulatinamente como interlocutor válido para sectores tan diversos como los empresarios, los jóvenes, los universitarios, y sobre todo los habitantes del interior del país, desilusionados y enojados con “la capital”.
Seguramente el mayor peligro que representa este fenómeno llamado Mujica sea similar al que el propio Pepe identificó como uno de los problemas del MLN de los años ‘70: “La gente se nos venía encima”. Así como el aluvión de simpatizantes de la época clandestina los volvió vulnerables a la infiltración y a la policía y fue un elemento que coadyuvó a su derrota militar, el aluvión de votos de esta época parlamentaria los puede tornar incapaces de responder a tantas expectativas, contribuyendo involuntariamente y por efecto bumerang a la desilusión popular que muchos desean y algunos vaticinan a la izquierda en el gobierno. Entre tanto, este abuelo sin nietos se ha vuelto el enemigo público número uno de la derecha aún en el poder.
(*) Tomado del foro de discusión Reconquista Popular.
Miércoles, 20 de Octubre de 2004 22:06 ;?> No hay comentarios. Comentar.
27/07/2004
AL PASADO NO SE LO SEPULTA: SE LO SUPERA
Tabaré Vázquez, Jorge Brovetto y José Mujica por Arotxa (Rodolfo Arotxarena) Fuente: El País
Por José Mujica (*)
Fuente: Reconquista Popular
Amigos: es tiempo de fogones, fogones de memoria, de recuerdos de la Patria Vieja, de la gesta artiguista -el Reglamento de Tierras, la Ley de Aduanas, que sean los más infelices los más privilegiados-, un proyecto de Patria abortado, Patria Grande y Federal.
Es tiempo de cultivar la memoria, aunque al pasado no se lo sepulta sino que se lo supera; tiempo también de entender que hay una patria gaucha de a caballo y una patria gringa que sobrevino, entreverada -la de nuestros bisabuelos los que nos dieron apellido, trajeron oficios e ideas de organización social-. Es tiempo de recordar a un país singular, pequeño, que tuvo su construcción constitucional antes de ser país.
Costó mucha sangre afirmar los derechos civiles, las libertades públicas. Pero tuvo un proyecto nacional de hecho; una larga etapa de 70 años sin inflación. En 1920 había 10 millones de vacas, 7 mil hectáreas de viñas, tal vez 7 u 8 mil hectáreas de montes frutales, 40 mil toneladas de exportación de harina, (en tiempos del caballo y el buey). El país creció y se desarrolló, fundó empresas públicas a partir de comprar iniciativas privadas, fue gestando un sistema de enseñanza, una condición social que en mi niñez (ya lejana) hacía que los pobres de acá viviéramos mejor que los pobres de Inglaterra y que el ingreso medio de nuestros trabajadores estuviera a la par del de los países desarrollados. Por esos tiempos teníamos 4 mil y pico de kilómetros de línea férrea. ¡Un país sin deuda! (¡nos debían a nosotros!). La gran pregunta: ¿qué nos pasó, qué nos fue pasando?
La acumulación histórica de un proceso devastador
La larga marcha de ese Estado con proyecto nacional -que en sus mejores momentos, a veces se definía como “escudo de los pobres”- fue desembocando en el Estado clientelístico y por momentos, también, enfermizo de corporaciones con poder de “lobby”. Fueron mis tiempos de gurí y de muchacho como de tantos otros que nos dábamos cuenta que se nos iba un país y una historia.
Cincuenta años estuvimos casi flotando sin visión nacional; esta crisis que ha culminado hoy, no empezó ayer ni anteayer, es la acumulación de un proceso devastador donde cambiaron las leyes de intercambio (décadas de 1950 y 1960) pero donde además el país no hizo los cambios más elementales que necesitaba.
El paquidermo no construyó el porvenir
Nos quedamos contemplando nuestro pasado. Así como hubo un Maracaná en el fútbol ¡cuántos maracanazos! quedaron como abortos de iniciativas. El país de pronto vivió de la nostalgia, pero no vivió hacia el porvenir. Así aquel Estado eficiente, punta de lanza, que abría surcos y que tenía responsabilidad en la acción económica y en la acción social, se fue transformando en un paquidermo -altamente costoso- con una concepción (en parte) de Estado amortiguador y en gran medida de Estado clientelístico. Pero el mundo cambiaba aceleradamente y hemos llegado a este hoy.
Acabamos de enterrar 25 años de patria financiera y nadie se hizo responsable de ese intento de nueva Luxemburgo, país cola de paja dedicado a currar (a veces dinero negro de la región), instrumento de servicio en contra de legítimos intereses regionales, refugio para mucha plata negra, constituido en plaza financiera de tal magnitud que fue el desideratum, país de espeso secreto bancario que cuando un banco se fundía, el Estado se tenía que poner. Hay una historia de la deuda pública que es precisamente paralela a esos picos de crisis bancaria.
Seguir sin mirarnos al espejo
De ser un país sin deuda, de economía estable, hemos evolucionado a ser uno de los países proporcionalmente más endeudados de la Tierra. Mi generación tiene el triste privilegio de haber contemplado una tendencia a consumir la acumulación que hicieran nuestros bisabuelos y dejar a nuestros nietos cuentas que tendrán que pagar hasta el 2033. ¡Hasta cuándo, compatriotas! ¡Hasta cuándo vamos a seguir sin mirarnos al espejo y andar soñando una bonanza que va a venir de afuera, que supuestos inversores generosos han de llegar un día. Sin darnos cuenta que estamos solos frente a la historia.
En todo caso, en el mundo en que vivimos, -tan liberal para vendernos, pero no para comprarnos- podremos tener la tentativa de cambiar en parte la conducta del Uruguay pero, objetivamente, el mundo seguirá por su propio camino. En esa historia de intercambio desigual y en el proyecto de tirar la crisis para adelante hemos perdido la última década, década feroz: la del atraso cambiario. Cuando el gobierno del Dr. Lacalle se hizo cargo del país un productor de novillos vivía vendiendo 20 novillos al año y cuando ése terminó y llegó el segundo gobierno del Dr. Sanguinetti, el mismo productor -para comprar lo mismo- tenía que vender 56 novillos. (Podría traducirlo a litros de leche y es todavía más dramático o en atados de acelga y es peor.)
Esta fue la razón de que el país productivo se hiciera harina, se llenara de deudas, que desaparecieran probablemente más de 150 mil puestos industriales y terminara desapareciendo una franja ¡enorme! que trabajaba para el mercado interno. Vivimos la apariencia de un progreso mientras nos prestaban para comprar importado y después nos prestaban plata para que nos endeudáramos comprando lo importado.
No es la fatalidad: es el modelo
El descalabro no fue consecuencia de la crisis argentina ni de la aftosa, ni de la sequía ni de la mar en coche, ni de los términos de intercambio: en términos groseros se pueden promediar como estables a lo largo de la década del 90. La verdadera causa fue el modelo que habíamos adoptado. Y si la crisis bancaria argentina nos sepultó fue como consecuencia de la debilidad estratégica de un país subordinado al sistema financiero, cuya actividad principal era traer dinero de afuera -banca “off shore”.
Nadie se ha hecho responsable de ese modelo; todos miran para arriba, todos le echan la culpa a la fatalidad, la mala suerte, y no a la política que aplicaron los hombres durante tanto tiempo. No negamos la vigencia de factores adversos unidos a la mala suerte, pero la mala suerte fue tener semejantes gobernantes, que no tuvieron una pizca de honestidad intelectual para reconocer enfáticamente: “Nos hemos equivocado en ésto y en esto”. ¡Nadie se hace responsable!
Pobre, no: empobrecido
Entonces, en este momento de fogones para meditar, para pensar en la Patria Vieja, pero fundamentalmente para juntar fuerzas y pensar en los cimientos de una Patria nueva que tiene que elegir lo mejor de lo viejo, hay que empezar por recordar al sistema productivo. El país debe grabarse a fuego que en los últimos 50 años las tres veces que hubo atraso cambiario se terminó estrellando; hay que tener la honestidad intelectual de marcar a fuego por qué razones fueron esas etapas.
La comodidad de detener una inflación no se puede pagar con el precio macabro de una deflación y de una caída fenomenal de todos los valores económicos, y como consecuencia, de los valores sociales. Es demasiado amargo lo que le ha pasado al Uruguay en la historia de crisis más larga que ha padecido, cuyas consecuencias nos han devastado: en gente, en capital, pero sobre todo en esperanza y en valores. El 70 u 80% de la gente que está en el Comcar tiene menos de 25 años y el alud emigratorio se ha llevado una parte sustantiva de nuestra nata más joven.
No estamos en un país pobre: estamos en un país empobrecido que no ha enfrentado sus circunstancias sino que esencialmente se ha dedicado a un juego de barajas y tirar cuentas que tendrán que pagar las generaciones que vienen. De esto, ¡hay responsabilidad política!
Cambios a fondo: ahorro, inversión, créditos para aumentar la producción
Se necesitan cambios muy a fondo que empezarán un día pero tendrán que ir eslabonándose. La “Patria productiva” así dicho, es apenas una consigna; significa previamente la Patria del ahorro y la inversión que tiene que salir de nuestros callos y de nuestro lomo. Significa haber aprendido que no se puede gastar lo que no se tiene y que en todo caso el crédito externo apenas puede y debe utilizarse para aumentar el patrimonio productivo; no para tapar agujeros fiscales.
También significa que hay que acudir y sacudir lo más viejo, pero hay que entender que en este país, por largos años, el sector exportador no le puede dar salida más que al 40% del sector activo del Uruguay (y ello teniendo en cuenta todo el impacto de repercusión de los servicios), que la pregunta es desde hace 40 años, qué hacemos con el resto. Aquel intento del segundo batllismo –distribuir engordando al Estado y sacándole al sector exportador- es también un camino imposible, un fracaso.
Inventar trabajo, generar ahorro
Si no podemos vender al exterior todo lo que necesitamos y no hay tiempo para esperar: hay que inventar trabajo interno en parte de nuestros consumos finales hasta que el mundo cambie o podamos diversificar la matriz exportadora de este Uruguay.
Ningún proyecto es sustentable si no se basa en el trabajo y en el ahorro, pero en un trabajo generador de valor genuino. Eso es punto de arranque; es poner a trabajar toda la capacidad ociosa empezando por transformar al Estado, no en el sentido de echar gente sino que tiene que haber una revolución del campo de la organización del Estado.
Es increíble que mientras el mundo empresarial en los últimos cien años ha hecho tres o cuatro revoluciones en materia de organización de los factores que componen la gesta del trabajo, prácticamente en el Estado uruguayo ¡no pasa nada! No hay cosa más envejecida que el estilo de trabajar del Estado uruguayo -no por culpa de los trabajadores, nadie los convoca a participar un carajo en nada-. Es un Estado donde se asciende envejeciendo, donde se cambian los administradores por el hecho de que no tuvieron votos para salir diputados o senadores; un Estado a contramarcha de lo que tiene que ser un Estado moderno, en un país donde la historia hace que el Estado sea determinante. Los orientales tuvieron Constitución antes de tener Patria; la nación se hizo de arriba hacia abajo y no al revés.
Cambiar al Estado
El que quiera cambiar al Uruguay tiene que entender que tiene que cambiar la matriz del Estado. El Estado tiene que ser el primero que cambie porque éste es un país no afecto al riesgo, con una burguesía raquítica, falta de iniciativa y acostumbrada a acomodarse. Ésta tiene que sentir la picana de un Estado que no la sustituya pero que la lleve a rempujones.
Hacia el mundo de la inteligencia
Hay que introducir en el balero la técnica en el mundo del trabajo, porque el mundo despierta al tiempo de la inteligencia. Una de dos: o entramos a cambiar de raíz la conducta del Estado, de la sociedad uruguaya y de cada uno de nosotros y peleamos por ética y valores, o vamos rumbo a ser como África. Un país que venda atados de troncos o carne en el gancho sin diferenciar, no va a ninguna parte. Pero no se puede gargantear progreso que no se tiene; el progreso se arranca. Ésta es la deuda colosal que tenemos con los que van a venir luego de nosotros: somos responsables de la vida nueva, de la que está viniendo, pero mucho más responsables somos del mundo y el tipo de país que vamos a dejarles.
Repartir selectivamente hacia adentro: recursos para pagar la deuda
Tenemos un número, un compromiso de carácter electoral: ¡no sirve pa’un carajo si en última instancia no se entiende que lo electoral es pa’ganarse el derecho a bailar con la más fea!
En este país habrá una fajina sin precedentes: fumigar, pasar la rasqueta, lavar los pisos, echar aire nuevo. Eso será una batalla llena de resistencia, pero ya no nos queda tiempo, hemos perdido demasiado tiempo. Así como la selección uruguaya es un desastre, el desastre está acampado en todas partes, correlativo con una mentalidad burocrática de seguir tirando la pelota pa’adelante, con un sistema político que le echa la culpa a la sequía, la aftosa, la mar en coche, pero que no asume.
No vamos tampoco a ninguna parte en este mundo donde la piedad no existe; nadie nos va a regalar prosperidad. Hay que entender que la prosperidad hay que pelearla y hay que empezar por ser equitativo en la base, en lo que está más sumergido.
El verdadero modelo es aprender a repartir selectivamente pa’adentro, porque una economía basada en una pata sola -la exportadora- tiene la debilidad del mundo en el cual nos toca vivir. Tiene que haber otra pata, hacia adentro: la intraexpansión de la economía y el desarrollo hacia adentro.
Ése es el otro capítulo que hay que abordar; nunca va a venir capital de afuera, digno, pa’remendar nuestras vergüenzas hasta que suturemos parte del brutal endeudamiento público que tenemos, porque lo que más asusta a cualquier inversión es el tamaño de la deuda, que les hace decir “¡Socorro! Éstos no pueden respetar ningún acuerdo porque no tienen la masa de recursos para pagar lo que deben”.
Al pueblo blanco y colorado: una mano
Entonces al Uruguay hay que levantarlo a partir de los cascotes que tenemos y de nosotros mismos. Lo otro es ¡mentira!, ¡mentira piadosa! Esto lo digo como punto de arranque; no es que estemos contra la inversión directa, es que la verdadera inversión directa que venga de afuera para agrandar al patrimonio productivo no puede venir a un país que vive en el mejor de los casos organizando la lástima, que vive exportando a su gente joven, que como mercado interno se niega a sí mismo.
Todo esto implica cambios políticos muy serios, que no se pueden dar con el crecimiento vegetativo de la vieja izquierda, (tendríamos que haber tenido cada uno 25 ó 30 hijos). La única manera como puede darse es pidiéndole al pueblo blanco y colorado -desesperadamente- que nos dé una mano para empezar a cambiar a partir de octubre. Para eso no hay que renunciar a nada y tampoco que ninguno renuncie de su religión y de su manera de ver el mundo. No hay una cultura; hay diversas subculturas y hay que respetarlas.
Tenemos que ser mucho más amplios que antes, cuando aprendimos el valor geométrico de la suma que significa la amplitud, cuando aprendimos la lección de oro de que no éramos un partido sino un frente -sumatoria estratégica de cosas distintas, con distinto origen- con una tarea común hacia delante. La unidad posible no está en una misma interpretación de la Historia, no está hacia atrás.
Vuelvo a repetir: el pasado no se entierra ni se sepulta, se supera, y la superación es siempre una síntesis, un camino hacia delante, un crédito hacia el futuro, un compromiso con el porvenir. No te olvides de estas cosas: más que por nosotros los veteranos, por los que están llegando. Más abiertos que nunca, pero tampoco te metas a resolver en tiempos de decisiones internas, lo que tiene que hacerse en cada uno de los otros partidos. Hay que tener honestidad intelectual y compromiso con nosotros mismos; si el constituyente dijo “elecciones internas” elige cualquier número -el que más te guste- pero dentro del Frente o del Encuentro; no vayas a la aventura de otras decisiones porque ello les corresponde a esos pedazos de pueblo que se sienten ligados a esos mensajes políticos. Elige lo que se te cante, siempre hacia delante, por el porvenir.
(*) Dirigente del MPP (Movimiento de Participación Popular – Frente Amplio – Uruguay)
Martes, 27 de Julio de 2004 22:06 ;?> Hay 1 comentario.