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03/01/2006


SOBRE CAROLINA HUECHURABA

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ACLARACIÓN: El título original de la nota es: "LOS CALZONCILLOS DE CAROLINA HUECHURABA". Nada más me permití acortarlo por una cuestión estética (según mi criterio): que el título no tenga más de una línea. Perdón... Luis Sepúlveda. 

Por Luis Sepúlveda*

En realidad la señora alcaldesa de Huechuraba se llama Carolina Plaza, pero a veces las informaciones que llegan desde Chile son tan extrañas que los periodistas europeos se confunden, sobre todo cuando sujetos como Sebastián Piñera sueltan, evacúan, perpetran declaraciones de tal cinismo, que resultan sencillamente increíbles. Desde Italia me preguntan si los calzoncillos de Carolina Huechuraba son:

a.- una fritanga típica como los calzones rotos
b.- se trata de una heroína de la guerra del Pacífico y
c.- una demostración de sabiduría popular semejante al “no importa si el gato es blanco o negro, el asunto es que cace ratones”.

Me veo entonces obligado a revisar la prensa chilena y descubro que doña Carolina Plaza, alcaldesa de Huechuraba, asegura que la cuestión de fondo en la próxima segunda vuelta de las elecciones presidenciales “no es si tienes calzoncillos o calzones”, reduciendo, mediante esta proeza intelectual, la importancia de que una mujer pueda ser elegida por primera vez Presidenta de Chile.

Al hablar de una mujer, y de todas, estamos hablando de más del 51 por ciento de la humanidad, de una mayoría segregada, con sus derechos más que notoriamente reducidos o sometidos a la opinión dominante del que lleva los calzoncillos. Lo que doña Carolina Plaza, que así se llama y no Carolina Huechuraba, ignora, no lo sabe ni puede saberlo porque si lo supiera no estaría en la UDI ni sufriría en silencio por los reiterados reveses de su General, es que el camino seguido hasta que dos mujeres –primero Gladys Marín y ahora Michelle Bachelet- postularan a ocupar la primera magistratura, marca todo un hito en la historia política de Chile, siempre dominada por los que llevan los calzoncillos. También ignora doña Carolina Huechuraba, perdón, Carolina Plaza, que la cuestión de los sexos debe ser importante, toda vez que hasta ahora uno sólo, el de los que llevan calzoncillos, ha sido el que ha conducido los destinos del país. El otro sexo, ese cuyo único mérito según la señora aludida es el de llevar calzones, jamás ha tenido la ocasión de plantear su propuesta de presente y de futuro en el cargo institucional más alto. Esa propuesta significa también una interpretación ideológica del mundo y de la sociedad, ideológica y no sexista, pues el feminismo es mucho más que el simple acto de reivindicar el uso de los calzones, y toda mujer inteligente –Michelle Bachelet ha dado pruebas más que suficientes de su inteligencia y capacidad- o es también feminista, o no lo es.

Negar importancia a la cuestión de los sexos ha llevado a la formación de esperpentos como Margaret Tatcher o Condolezza Rice, señoras muy orgullosas de sus calzoncillos mentales.

La señora Plaza hizo estas declaraciones calentando a la galería de un acto político, cuyo plato de fondo era el futuro derrotado Sebastián Piñera, hombre de rigurosos calzoncillos, que muy suelto de cuerpo (sinónimo de “antes de cagarla”) ha declarado que no puede pronunciarse respecto de la reforma al odioso sistema binominal que impide el comienzo de la transición a la democracia plena, porque tal proyecto no existe. Pero, ¿no es el mismo Sebastián Piñera el que calienta a otras galerías blandiendo su crítica al sistema binominal? ¿No está dentro de su oferta terminar con esa odiosa situación? ¿Es que él tampoco tiene un proyecto y sus intenciones no son más que la clásica demagogia de la derecha chilena? Y si lo tiene, ¿por qué no lo ha presentado como iniciativa legal apadrinada por su partido?

Es evidente que el anuncio de Lagos en este sentido llega tarde y huele mal. Tuvo tiempo y posibilidades para hacerlo, lo que le faltó como a todos los gobiernos de la concertación se llama voluntad política, valor, coraje cívico y civil. Así como Piñera algún día debe aclarar de qué manera fue a parar a su patrimonio la Línea Aérea Nacional que era propiedad de todos los chilenos, también Alwyn, Frei y Lagos deberán explicar por qué no terminaron con el nauseabundo binominalismo, y por qué no llamaron a la formación de una Asamblea Constituyente que dotara a Chile de una Constitución civil, y civilizada.

Consciente de que a ningún candidato o candidata se le puede entregar un cheque en blanco, y que se debe terminar con el chantaje político de votar por la Concertación para que no gane la derecha –recuerdo que por Alwyn la izquierda votó con legítimo asco-, creo sin embargo que Michelle Bachelet representa una posibilidad de cambio real, tal vez no tan rápido como muchos deseamos, pero real.
El fracaso de la última reunión de la Organización Mundial de Comercio pone en jaque a los TLC, pues está claro que ni los Estados Unidos ni la Unión Europea quieren terminar con las subvenciones a sus agriculturas, y se pedirá en consecuencia mayor “liberalización de los mercados”, es decir precios más bajos para los productos que se exportan. Así, para que una empresa lechera argentina pueda vender mantequilla en China (la gran ilusión de los “tigres de las exportaciones”), esta deberá ser más barata que la ofrecida por la sobre producción europea o norteamericana, y ya sabemos sobre quienes recaen los “ajustes de costos de producción”. Lo mismo ocurrirá con las manzanas y los kiwis. A Michelle Bachelet le corresponderá encabezar una gran pregunta colectiva: la de la sustentabilidad del modelo económico imperante.

El cambio climático más que evidente a escala planetaria, obligará a plantearse la cuestión ambiental con la seriedad que hasta ahora no ha existido. El Estado chileno no puede entregar el futuro que es patrimonio de las generaciones venideras, a inversores como los del proyecto Alumysa, que sin ni siquiera un miserable estudio de impacto ambiental trataron de pervertir el ecosistema de Aysén, que entre otras virtudes posee una de las mayores reservas de agua dulce del planeta. A Michelle Bachelet le corresponderá asumir la reconquista de la soberanía, que es algo más que una cuestión de límites.

Son muchas las tareas que le esperan, y ellas se harán evidentes dada la rapidez de los cambios globales y sus incidencias en las realidades locales. Se merece entonces el apoyo de la izquierda, pero un apoyo crítico, fiel a esa cultura política de izquierda que debemos recuperar.

Le guste o no, señora Carolina, lo que está en juego es mucho más que un problema de calzones y calzoncillos.

*Luis Sepúlveda es adherente de ATTAC y colaborador de Le Monde Diplomatique.

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Martes, 03 de Enero de 2006 21:45 Autor: aonike. ;?> Hay 1 comentario.

30/12/2005


DE FRENTE Y DE PERFIL

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EL  FINAL DEL DICTADOR AUGUSTO PINOCHET 

 

Por: Luis Sepúlveda (especial para ARGENPRESS.info)

(Fecha publicación:29/12/2005) El 28 de Diciembre, Augusto Pinochet, el sujeto más miserable de la historia de Chile no estaba con ánimo para bromas o inocentadas. Por fin se cumplió uno de los deseos más caros para sus víctimas, para los valientes familiares de los chilenos y chilenas que nos faltan, que siempre nos faltarán, y para los que sobrevivimos a sus métodos de exterminio, a su afán de carnicero: hoy, sus dedos fueron embadurnados con tinta negra y, como se hace con todos los delincuentes, una fotografía de frente y otra de perfil abren su prontuario, su currículo de asesino, se historial delictivo de ladrón, su ficha técnica de malandrín, e ingresa definitivamente en el sub mundo de los fulanos con antecedentes sucios.

La justicia llega gota a gota, con exasperante lentitud. Esto, evidentemente no justifica ni perdona todas las dilaciones y trucos de los que se ha valido el tirano para impedir verse sometido a lo que en el lenguaje de los malandrines se llama ’tocar el piano’. Lo imagino con sus gestos de gran simulador, con su fingida incapacidad para recordar dónde tiene la mano derecha y dónde el culo, pero al mismo tiempo dotado de una memoria sorprendente a la hora de realizar chanchullos bancarios. Qué placer han de haber sentido esos funcionarios que tiñeron de negro las yemas de sus zarpas. Qué placer para el fotógrafo que tiró esas dos tomas que son, desde hoy y para siempre, testimonio gráfico de la historia de la infamia.

Compañeras, Compañeros: tenemos motivos para brindar con lo mejor que encontremos, y para abrazarnos deseándonos un Feliz Año 2006, un año de Justicia, un año Solidario, un año que recordemos como el de la Justicia, con el tirano juzgado y condenado por su traición y su felonía.

 

 

* Luis Sepúlveda es adherente de ATTAC y colaborador de Le Monde Diplomatique.

Viernes, 30 de Diciembre de 2005 20:51 Autor: aonike. ;?> No hay comentarios. Comentar.

30/10/2005


LUIS SEPÚLVEDA

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Con su primera cinta "Nowhere" compartió el premio con
el director argentino Fernando Solanas

El escritor y cineasta chileno Luis Sepúlveda y el realizador argentino Fernando "Pino" Solanas fueron galardonados este martes ex aequo (compartido) con el Premio del Público en el certamen de los VI Encuentros Cinematográficos Sudamericanos de Marsella (sur de Francia).
 
Sepúlveda, que acudió al festival celebrado en el cine El Prado de esa ciudad, se llevó el premio por su ópera prima, "Nowhere", de 2001, protagonizada por la actriz española Angela Molina.
 
En la película, Sepúlveda, más conocido por su trabajo como escritor, narra la historia de cinco hombres secuestrados por militares chilenos y conducidos a un campo de concentración improvisado en una estación de tren abandonada durante la dictadura.
 
El galardón a Solanas fue otorgado por el documental "Memorias del saqueo" (2003), sobre la situación argentina entre 1976 y 2001, y da cuenta del proceso de decadencia económica, social, política y cultural en el que se sumió el país.
 
El Premio de la Juventud del festival de Marsella se lo llevó el filme "La mina", del argentino Víctor Laplace, otorgado por un jurado de jóvenes de varios liceos de la ciudad francesa.
 
Los VI Encuentros Cinematográficos Sudamericanos de Marsella, inaugurados el pasado día 30 y clausurados este martes, tuvieron este año como invitado especial a Chile y dedicaron un homenaje al poeta Pablo Neruda con motivo del centenario de su natalicio. (EFE)

Domingo, 30 de Octubre de 2005 11:50 ;?> No hay comentarios. Comentar.

05/09/2005


“CARNE DE BLOG” (1)

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Por Luis Sepúlveda*



La enciclopedia Blogger dice que un Blog es una forma de comunicación informal, y yo añadiría, por ser lector de muchos Blogs, que es un estupendo recipiente para vomitar. Así que vomitemos.

Hoy es cuatro de septiembre, hace treinta y cinco años que en un día similar, de primavera en Chile, celebrábamos el triunfo de la Unidad Popular, la victoria electoral de Salvador Allende, del Compañero Presidente Salvador Allende. Todos sabemos como terminó aquella experiencia democrática y socialista a la chilena, y sabemos que, con asco y el vómito luchando por salir, los chilenos deben convivir con sus sátrapas, con los torturadores, con los que hicieron desaparecer personas, asesinaron y robaron a manos llenas. Vomitivo.

Hace algunos días murió de cáncer el general Forestier, un torturador, un asesino, un sujeto que negó la existencia de desaparecidos y estiró la pata a salvo de cualquier impugnación por sus crímenes. Un sujeto vomitivo. El gobierno chileno envió sus sentidas condolencias a la familia de Forestier. Vomitivo. A mí no me dolió su muerte, es uno menos, por lo menos es eso, uno menos. Una semana antes, el mismo gobierno chileno, y en aras de la “convivencia nacional”, amnistió a un criminal que secuestró y degolló a Tucapel Jiménez, un sindicalista chileno, tenaz y valiente opositor a la dictadura. La convivencia también es vomitiva si se basa en los perdonazos a espaldas de las víctimas.

Nunca comas antes de leer la prensa. Hoy es cuatro de septiembre, aún es verano en España, un país en donde la izquierda debe ser muy ligth y la derecha cada vez más facistoide. Un país donde el acto de pensar o de tener la ingenuidad de iniciar un debate es considerado altamente inconveniente, donde el fútbol, el ciclismo, el tenis, el golf y el automovilismo fórmula uno son las únicas preocupaciones sugeridas. Un país de atletas de bar. Vomitivo.

Abro el periódico y leo que una sub normal a la que una vez oí decir muy seria que al escribir mantenía sinergias sexuales con la mesa de su cocina y con la aspiradora, es nombrada redactora de la sección “hombres” del suplemento dominical. “Que los hombres que me leen no piensen que estoy contra ellos, en realidad me gustan todos los hombres”, declara en su debut. Vomitivo. Carne de Blog.

Hace unos meses estuve en Seúl, y caminando con unos amigos chilenos por la zona americana conocí a dos marines de los Estados Unidos. Hablaban español con acento del Caribe. Eran de Puerto Rico, un país latinoamericano que representa una estrella de la bandera yanqui. Iban a Irak, pero antes de mandarlos a la carnicería de Irak los premiaban con una semana en Corea del Sur. Uno había recibido de regalo un reproductor de MP-3, y el otro una cámara de video digital. “Este era antes un país comunista y nosotros lo salvamos”, dijo uno. “América me dio la oportunidad de estar aquí”, dijo el otro. Luego me confesaron que su inglés no era muy bueno, y que iban a Irak porque al regreso los harían ciudadanos de los Estados Unidos, siempre y cuando no volvieran en bolsas plásticas. Vomitivo. Les pregunté qué opinaban de los “voluntarios de Kansas y Alabama” que, en cómodas caravanas y armados hasta los dientes, vigilaban la frontera sur de los Estados Unidos, dispuestos a disparar a los “espaldas mojadas”, a los más pobres de los pobres, a los que les han quitado hasta la dignidad y tratan de pasar al “país de las oportunidades”, a esa “Amerika Amerika” que recibió y formó chivatos tan geniales como Elia Kazan. “En América todos pueden llegar a ser presidentes”, dijo uno. “Con esfuerzo todos podemos disfrutar del american dream”, señaló el otro.

La mayoría de los soldados muertos en Irak, casi dos mil, son negros y latinos. Conozco uno que tuvo un ataque de inteligencia latina y desertó; es hijo del compositor nicaragüense Carlos Mejía Godoy. Como todavía no era ciudadano americano los yanquis no saben qué hacer con él, porque América no contrata mercenarios y, como se sabe, los negros pobres y los latinos pobres van a matar civiles iraquíes y a morir entre el Tigris y el Eufrates de forma voluntaria. Vomitivo. Carne de Blog.

En Noviembre del año pasado el Huracán Michelle azotó el Caribe y se ensañó con Cuba. Según Ben Wisner, del Instituto de Desarrollo de la London School of Economics, el huracán que afectó a casi 25.000 viviendas, destruyó totalmente 2.800, causó solamente cinco muertes entre la población cubana. El gobierno cubano evacuó a 700 mil personas, el 6.36% de su población en tan sólo 24 horas. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba llegaron al sur de la isla para ayudar a la población, y lo hicieron. No llevaban órdenes de disparar a matar para “mantener el orden”.

Hace una semana el Huracán Katrina asoló el estado de Luisiana y los muertos se cuentan por miles. La mayoría de los muertos son negros y latinos, sus cuerpos flotan en las calles inundadas de Nueva Orleáns, muy cerca del Superdome, el gigantesco estadio que habría de servir como centro de refugio y evacuación. El presidente Bush estaba de vacaciones. Condolezza Rice se compraba zapatos en una tienda exclusiva para mujeres como ella.

Era una tragedia previsible. En el año 2001, la revista Scientific American advirtió del estado lamentable de los diques que contenían las crecidas del río Misisipi, de lo obsoleto de los sistemas de bombeo en caso de inundación, del crecimiento incontrolado de viviendas en zonas de alto riesgo, y de la insuficiencia de vías de evacuación. Ese mismo año la Agencia Federal de Control de Emergencias advirtió al gobierno que si no se tomaban medidas inmediatas, un huracán tendría consecuencias catastróficas para Nueva Orleáns. Los ingenieros militares de los Estados Unidos recomendaron la aprobación urgente de un presupuesto de 27.1 millones de dólares para reparar los diques. El gobierno de Bush lo aprobó, pero a la hora de enviar el dinero decidió desviar el 80% para solventar los cada día mayores gastos de la ocupación de Irak. Así se planifican las catástrofes imperiales. Así se condena a que cientos de miles mueran de sed, de falta de asistencia médica, aplastados bajo los escombros, ahogados bajo las aguas, o devorados por los caimanes del Misisipi. Vomitivo.

Las televisiones del mundo mostraban náufragos sobre los techos de sus viviendas, algunos de ellos –nunca faltan- enseñando la bandera de las barras y las estrellas que ni siquiera les sirvió de toalla. Vomitivo.

Cuando el Estado nos abandona, cuando la necesidad se impone, cuando la sed y el hambre amenazan con matar, el instinto de sobrevivir ordena violar las leyes que no sirven. Es legítimo saquear un supermercado si la ayuda no llega. Y la gobernadora del Estado de Luisiana, Kathren Blanco, en lugar de acelerar la ayuda humanitaria, armó con fusiles M-16 a tres mil soldados de la guardia estatal. “Saben como disparar a matar, están más que deseosos de hacerlo y espero que lo hagan”. Sus palabras son parte de la historia norteamericana. Esa mujer es una republicana de pura cepa. Vomitivo.

Y el precio del petróleo sube y sube. Algunos gobiernos, entre ellos el español, deciden ayudar, no a los norteamericanos sino a Rumsfeld, a Dick Cheney, a la Shell, a la Texaco, a Halliburton, enviando millones de barriles para que la minoría opulenta de los estados Unidos no vea alterado el American way of Life. Vomitivo.
En la Casa Blanca, un intelectual texano, ex alcohólico mal regenerado, fundamentalista religioso y cretino integral, pide una entrevista con el reverendo Pat Robertson, el piadoso que clama por el asesinato del presidente venezolano Hugo Chávez. Sus ojillos pequeños de bellaco limitado buscan Venezuela en el mapa de África. Vomitivo. Carne de Blog.

Gijón, España, 4 de septiembre de 2005

* Luis Sepúlveda es escritor, adherente de ATTAC y colaborador de Le Monde Diplomatique.
Lunes, 05 de Septiembre de 2005 21:00 ;?> No hay comentarios. Comentar.


HAY MONOS MÁS CAROS QUE OTROS

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Por Luis Sepúlveda
"Carne de Blog", Septiembre de 2005



Los ingleses tienen una colonia de monos en Gibraltar, y en la simpática ciudad, andaluza por donde se la mire, además de los "llanitos", sujetos que se ven como andaluces, hablan como andaluces, pero juran que son británicos en el peor inglés imaginable, esos monos constituyen la principal atracción.

No son simpáticos, algo o alguien les contagió la arrogancia inglesa y burda de Tony Blair, son feos como Margaret Tatcher o el príncipe Carlos y muy ladrones. En eso sí que se nota su pelaje inglés. Roban a los turistas -a un hijo mío le arrebataron un helado de las manos-, y si alguien se resiste a sus latrocinios de macacos se tornan agresivos. Pero están ahí, en lo más alto del peñón, como un símbolo del poderío británico. Una leyenda dice que el día en que los monos falten, los ingleses terminarán con la usurpación de esa porción de territorio español.

Los monos de Gibraltar son un ítem del presupuesto de defensa británico, incluso existe un grado militar; "Gran Caporal a Cargo de los Monos de Gibraltar", una especie de Capitán General Benemérito encargado de que a esos monos de mierda no les falte de comer, ni asistencia veterinaria. El cuidado y manutención de esos monos les cuesta a los contribuyentes británicos alrededor de treinta euros anuales, por mono, y son cerca de sesenta según el último censo.

Si un mono de Gibraltar gasta treinta euros anuales en comida, vacunas y veterinarios, ¿por qué el Estado chileno gasta 600 millones de pesos cada año en alimentar, vacunar y asistir veterinariamente a Pinochet? Los monos de Gibraltar roban helados, bolsas de papas fritas, hasta alguna cartera dejada al descuido en el auto, pero ninguno tiene cuentas secretas en los EE.UU o en paraísos fiscales. Tampoco defraudan al fisco con declaraciones fuleras, ni sus monas y monitos forman sociedades para delinquir.

Los ingleses están convencidos de que esos monos sirven para algo, pero ningún chileno puede decir lo mismo de Pinochet. ¿Es justo que ese punga tenga asignados cinco autos con chofer, una ambulancia con médico incluido y 45 empleados que le pelan los plátanos?

Recuerdo que cuando era niño me topé muchas veces con un señor que caminaba a grandes trancos, siempre mirando al suelo y con gesto de eterno mal humor. Era don Jorge Alessandri, por entonces Presidente de la República, derechista pero ilustrado, y caminaba solo por la calle Estado rumbo a su casa o a La Moneda, sin otra compañía que un par de carabineros que lo seguían con mucha discreción, pese a que al mandatario le molestaba la presencia policial porque no tenía nada que temer, no había robado ni defraudado al fisco.

Cuando ese hombre asumió la presidencia era propietario de un departamento en la calle Phillips. Cuando dejó la presidencia su patrimonio era el mismo, aunque devaluado por el tiempo.

¿Qué tenía Pinochet cuando traicionó la constitución y se transformó en un dictador, en un asesino, en un torturador? ¿Cuál era el patrimonio del cártel de los Pinochet el 11 de septiembre del 73? ¿Y qué tienen ahora? ¿Por qué no podemos ver publicada una lista de todas sus propiedades?

Al mono de Gibraltar que robó el helado a mi hijo le di una soberana patada en el culo, y cuando un "boby" se me acercó para indicar que estaba prohibido maltratar a los monos le dije por qué lo había hecho. El "boby" estuvo de acuerdo, en ningún caso alegó que el mono ladrón padecía de "demencia vascular moderada". Era un mono ladrón y se mereció la patada.

Cuando los chilenos escuchamos declarar que "se terminó la transición a la democracia", y sabemos que en el macaco ladrón se gastan cada año seiscientos millones de pesos, vemos en nuestros políticos los mismos gestos idiotas de los monos de Gibraltar.

En cuidar a Pinochet se malgasta, se dilapida, se arroja a la basura, el presupuesto de varias escuelas públicas o de policlínicos más que necesarios. ¿Hasta cuando se prolongarán los mimos y atenciones a un miserable ladrón? Pinochet y los militares chilenos tuvieron y siguen manteniendo buenas relaciones con los británicos, hay mucho trapicheo de armas de por medio, de tal modo que, ¿por qué no aprovechamos esas buenas relaciones y mandamos a todo el cártel de los Pinochet a Gibraltar? Estarían felices entre sus congéneres, los macacos feos y ladrones del Peñón.

Gijón (España), 15 de agosto.

(*) Luis Sepúlveda es escritor, adherente de ATTAC y colaborador de Le monde Diplomatique.
Lunes, 05 de Septiembre de 2005 20:59 ;?> No hay comentarios. Comentar.

28/06/2005


CHILE

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Los micro infartos del tirano Pinochet



Por Luis Sepúlveda
Le Monde Diplomatique


Cuando a un punga, a un estafador, a un asaltante, a un ladrón o a un falsificador cualquiera lo acorrala la justicia, suele tener diarreas, cólicos, alarmante frecuencia de ventosidades y otros síntomas generalmente gastrointestinales. Eso ocurre con un chorizo normal, pero con Pinochet es diferente pues, cada vez que se le intenta desaforar, privar del atroz lujo que hace de él un intocable, se ve acometido por extraños micro infartos cerebrales que lo privan del sentido, le ocasionan desmayos, y termina en una habitación de lujo del hospital militar.

El chileno de la calle, la chilena que siente asco cuando escucha el nombre del sátrapa, el muchacho que desea creer en la justicia, se preguntan por qué a este sujeto no se le suelta el vientre como a cualquier punga cada vez que una resolución de los tribunales amenaza con tocarlo, por qué las anomalías gastrointestinales y las simples diarreas se le suben a la cabeza. Todos sospechábamos, algunos lo sabían, que este sujeto siempre pensó con esa parte del cuerpo que usamos para sentarnos, y que arriba, debajo del casco o de la gorra algunos centímetros más alta que las de los demás generales, no tiene nada más que un par de neuronas, dos o tres, pero que bastan para planear robos, desfalcos, falsificaciones y toda clase de chanchullos. Es un pillo y un cretino, pues sólo los cretinos creen en la impunidad y en poder eterno del abuso y el crimen.

Cuánta razón tuvo el general Carlos Prats al calificarlo de “bellaco de luces limitadas”. Sus evidentemente falsos y más que sospechosos micro infartos cerebrales, o expresiones castrenses de diarreas mentales provocadas por el pánico a la justicia, colocan a Chile y a sus instituciones de administrar justicia en una posición de lamentable ridículo. ¿Qué credibilidad puede ofrecer un país en el que un bellaco responsable de robos, desfalcos, falsificaciones, crímenes contra la humanidad, evade sistemáticamente a los jueces y se burla de la ley mediante el viejo truco de aparentar ser un viejo chocho?

Horas antes de cada uno de sus micro infartos, se dedica a leer cuatro periódicos, organiza las transferencias de los muchos millones de dólares robados al erario chileno y a las víctimas de su satrapía, es un atleta de la gimnasia bancaria, reparte unos milloncitos a las sociedades administradas por la vieja punga, otros milloncitos a los papanatas de sus hijos y resto de parentela delictiva, y con las cuentas bien cuadradas dispone el cojín sobre el que se desplomará aquejado de otro micro infarto cerebral.

Un país que permite semejante burla, no es serio. O tal vez sí. Tal vez este ganar tiempo sea uno de los tantos secretos de la transición, uno de los tantos acuerdos a los que se llegó de espaldas a la sociedad civil, a los que padecieron los años más grises de la historia de Chile.

¿Sabremos algún día cuántas son sus propiedades? ¿Sabremos cuánto pagó por ellas y de dónde sacó el dinero? ¿No hay en Chile un contador, una de esas lumbreras que se formaban en el Instituto Superior de Comercio, los señores del “debe y el haber”, capaz de decirnos “tanto ganaba según su liquidación mensual y tanto es lo que pagó por sus propiedades”? ¿Es tan difícil entregar esta información a los chilenos? ¿Cuánto ganaba como general el día en que traicionó a la Constitución y qué ahorros tenía? ¿A cuánto ascendió la paga extra como integrante de la “Junta”? ¿Le pagaron Nixon y Kissinger un aguinaldo por su traición? De los robos más que probados de la soldadesca, ¿cuál fue su parte? Cuando se autonominó “presidente” y echó a los otros tres de la “Junta”, ¿se subió el sueldo, a cuánto? En los días finales de su mandato ilegal, cuando no sabía si declararse emperador o rey del fin del mundo, y se autonominó “Capitán General Benemérito”, ¿qué compensación económica acompañaba su ridículo bastón de mando?

Todas estas preguntas y muchas otras precisan de respuestas urgentes, y de acciones. En nombre de la decencia más elemental todas sus propiedades deben ser embargadas como medida cautelar, evitando así que sus testaferros oculten el botín.

No dudo de la calidad de los médicos que lo asisten tras cada micro infarto cerebral, pero me permito sugerirles que por las orejas peludas del sátrapa metan dos supositorios del viejo y eficaz “Mejoral” que, como todo Chile sabe, es lo mejor para conservar la cabeza bien amueblada.

Luis Sepúlveda es escritor, adherente de ATTAC y colaborador de Le Monde Diplomatique
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Martes, 28 de Junio de 2005 15:34 ;?> No hay comentarios. Comentar.

02/05/2005


EL "SIETE"

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Sobre Julio García, el fotógrafo chileno muerto en Ecuador



Por Luis Sepúlveda
Le Monde Diplomatique
- 26-04-2005

A Julio García Romero los ecuatorianos le llamaban “Manito”, pero los chilenos del exilio siempre le dijimos “El Siete”, porque tenía solamente siete dedos portentosos, capaces de dibujar, pintar, y lo que hiciera falta para reunir dinero en las campañas solidarias con las compañeras y compañeros que vivían en Chile bajo la atroz dictadura.

Militamos juntos en las filas socialistas, y hoy comparto la tristeza de “Renato”, “Gabriel”, “Pato”, “Rosario”, “Ciro el Pampino” y tantas y tantos compañeras y compañeros que compartimos con él las aventuras del “Taller del Batán”, a dos pasos del taller de Oswaldo Guayasamín, en ese Quito luminoso y solidario que nos recibió con los brazos abiertos y nos permitió curar las heridas abiertas el 11 de septiembre del 73. Julio García, “El Siete”, bajito y fuerte, con gesto malhumorado para disimular un corazón que se le escapaba por todas partes, y una barba cerrada que no conseguía ocultar su rostro de hombre noble, de compañero de los mejores, amó al Ecuador con pasión y, consecuente, se empeñó en una labor pedagógica muy chilena para dotar a la izquierda ecuatoriana de argumentos de peso en las manifestaciones contra la dictadura de Rodríguez Lara -“El Bombita”-, y los posteriores gobiernos que se caracterizaron -salvo el de Rodrigo Borja- por declarar que el país estaba al borde del abismo y que había que dar un paso adelante.

El mayor insulto de los ecuatorianos era tratar de “felón” a los canallas, y fue gracias a la pedagogía del “Siete” que muy pronto la izquierda ecuatoriana contó con un respetable inventario de puteadas. Trabajamos juntos diseñando campañas de alfabetización junto a Vidal Sánchez, para enseñar a leer sus derechos a los indígenas y campesinos de Imbabura.

Muchas veces lo vimos furioso frente al inhumano trabajo de los cargadores de la Avenida 24 de Mayo, o frente al discurso de los curas que bendecían la explotación y el sufrimiento en la ciudad de las cien iglesias.

Escribo éstas líneas y veo a mi hermano Julio, “El Siete”, cuando para la navidad de 1977 se le ocurrió fabricar los primeros caballos balancines del Ecuador. Los dibujó, diseñó, cortó, pintó, y salimos con una enorme rebaño de caballitos de madera a ofrecerlos como la novedad del año. No vendimos ni uno, y mientras reflexionábamos si acaso los niños quiteños tenían una incapacidad congénita para la equitación, Julio los ordenó en una impecable formación a lo largo de la Avenida Amazonas, y declaró que habíamos hecho la mejor réplica del Séptimo de Caballería.

Y también lo veo cuando la sed de justicia aconsejó que había que luchar en Nicaragua. Allá marchó “El Siete”, en silencio, y también cumplió en la tierra de Sandino con su deber de socialista.

Muchas veces, mirando desde San Rafael el Valle de Los Chillos y sus cientos de arco iris, comentamos que Ecuador era un hermoso país para vivir y ser felices. “Y también para morir”, agregaba Julio, pues no podía dejar de ver la atroz realidad del latifundio en la idílica naturaleza andina.

En otras ocasiones y mientras nos echábamos unos tragos de ron San Miguel, entonábamos una absurda cancioncilla que “El Siete” adoraba. Era la propaganda de un banco y decía: “este es el Ecuador/ un país lleno de historia/ donde la naturaleza/ puso sabor y belleza”. Sabor y belleza que no conocen el más de un millón de ecuatorianos que se ha visto obligado a emigrar para escapar de la miseria. Esos hermanos latinoamericanos que, gobernados por corruptos como Bucaram, o mediocres iluminados como Lucio Gutiérrez, tuvieron que aceptar la dolarización de sus economías, renunciando con eso a la mínima dignidad nacional de tener una moneda propia, y con cada vez menos dinero para solventar sus necesidades. Por ellos murió Julio. Por ellos dejó la vida “El Siete”.

Julio García Ramos era un chileno y más que eso; era un internacionalista de corazón, era un periodista sin más acreditivo que el coraje, era de los que- como dice el poema de Brecha- “los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles”. Era un socialista genuino, de la escuela de Allende. Era “El Siete”, coño. El Siete.

* Luis Sepúlveda es escritor, adherente de ATTAC y colaborador de Le Monde Diplomatique
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Lunes, 02 de Mayo de 2005 15:52 ;?> No hay comentarios. Comentar.

25/04/2005


PREGUNTAS SOBRE CHILE

por Luis Sepúlveda (*)
El Mostrador - 21 de Abril del 2005

La semana pasada se realizó en la Casa de América, en Madrid, una jornada sobre literatura chilena, y a la hora de hablar de Chile quise hablar de lo mejor de mi país, de su gente esperanzada en alcanzar esa normalidad democrática que nos fue arrebatada y que, a quince años de terminada la dictadura aún no nos es devuelta en todo su esplendor, con todos los derechos garantizados. Lo mejor de Chile es su gente que, mayoritariamente, desea la plena normalidad de las instituciones, y la verdad por sobre los absurdos mitos que determinan gran parte de la realidad chilena.

Quise hablar de lo mejor de mi país, pero el fantasma del delincuente que asesinó, torturó, robó, hurtó, falsificó pasaportes y documentos mercantiles, sobornó, realizó compras fraudulentas y tantos otros delitos que día a día vamos conociendo, es, por desgracia, ineludible, y la mayoría de las preguntas del público aludían a la misma estupefacción que sentimos todos los chilenos: ¿cómo es posible que aún no se le juzgue? ¿cómo es posible que todavía no se embarguen todos sus bienes? ¿ por qué se tarda tanto en castigar su felonía y afán de rapiña?

Alguien del público que colmaba la sala Bolivar de la Casa de América, hizo un comentario que, pese a estar bien intencionado, era la repetición de un mito fraudulento. Dijo que el ejemplo de Pinochet ofendía la "tradición prusiana" del ejército chileno. ¿Qué tradición prusiana? ¿El casco alemán que usan en los desfiles?

Las tradiciones se fundan en un proceso de selección cualitativa, tienen raíces culturales, queda lo mejor de toda una experiencia, y es por esa misma razón que ningún ejército tiene ni puede tener tradiciones. Tal vez tengan costumbres, y si aludimos a los prusianos, estos tenían la costumbre del suicidio para lavar el honor mancillado. A qué militar chileno -salvo a los cómplices de sus robos- puede caberle la menor duda de que Pinochet ha enmierdado el hipotético honor castrense. Los prusianos ponían una pistola sobre la mesa del deshonrado, cerraban la puerta, y esperaban a que se diera un tiro.
¿Algún oficial chileno se atreve a poner la pistola en la mesa de Pinochet, de Contreras, de todos los responsables de la época más negra e innoble de nuestra historia? Dice Benedetti que un torturador no se redime con el suicidio, pero algo es algo, y es cierto.

Luego, en la misma Casa de América, otra persona mencionó el hecho, la realidad vergonzosa que significa la actual Constitución chilena, hecha a medida de los intereses de la dictadura y de sus cómplices de cuello y corbata. ¿Realmente no se puede redactar una constitución democrática, representativa de todos y todas los chilenos, y que esta sea refrendada en una consulta popular, democrática e imprescindible?
¿Qué y quién lo impide? ¿No nos merecemos una explicación al respecto?


Alguien más, aludió a otra de las peculiaridades del Chile actual, a ese 10% de la exportaciones de cobre -nuestra riqueza fundamental, de todos los chilenos-, que es propiedad del ejército. ¿Por qué? ¿Hasta cuándo? ¿Cuántos millones de dólares significa ese porcentaje y en qué se gasta? ¿Existe alguna justificación moral para que el ejército sea un estado dentro del estado? ¿Es acaso el precio que pagamos por la lenta recuperación democrática?

Todas y todos los chilenos tenemos derecho a imaginar y a desear un país en donde sea el poder civil y laico, el poder de los ciudadanos representados en un parlamento libre de cargos designados el que decida en qué se invierten los frutos de nuestra riqueza básica, porque nos pertenece a todos. Cada chilena y cada chileno es guardián de la soberanía, y sólo son soberanos los que deciden plenamente su propio destino. ¿Hasta cuando va a durar el tutelaje? ¿No somos una nación de costumbres sanas y de tradición -ahora sí que es válida la palabra-
democrática?

Quise hablar de lo mejor de mi país, de su gente llena de esperanza, de su imagen que no es la reflejada en la basura mercurial ni en los pasquines de Copesa, de sus anhelos democráticos que no se miden con baremos macroeconómicos ni con estadísticas fraudulentas que omiten el porvenir y la incidencia del presente en el mismo.

Y porque amo mi país hablé de sus hombres y mujeres, de su juventud porfiadamente empeñada en conquistar la felicidad y la justicia. Narré como escritor su presencia ordenada y pacífica en las calles de Santiago durante la marcha del Foro Social chileno, y su clamor durante el funeral de Gladys Marín.

¿Alguien escucha ese vox populi? ¿Alguien tiene los oídos limpios de basura cuartelera? ¿Alguna de las dos mujeres brillantes que concurren a las primarias de la Concertación se atreve a pasar a la historia como la mujer que restituyó a todas y todos los chilenos la plenitud cívica, democrática, civilizada, el orden justo de los pueblos nobles como el nuestro?

Y hubo muchas más preguntas como estas, hablando de Chile en la Casa de América.

Gijón, 18 de abril de 2005

(*)Luis Sepúlveda es escritor y adherente de ATTAC.

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Lunes, 25 de Abril de 2005 17:29 ;?> Hay 1 comentario.

12/04/2005


DON PANCHO Y YO

por Luis Sepúlveda

Septiembre de 2002

Me cuesta hablar de Coloane, porque todavía no me repongo de saber que nunca más lo veré, y porque tuve que soportar los llamados telefónicos de muchos carroñeros que desde Chile querían saber la razón de nuestro alejamiento. Advierto que si alguno intenta enmierdar la memoria de don Pancho, tal como lo empiezan a hacer con la de Neruda y Matilde, independientemente de su sexo, estado civil o pasquín para el que escriba, va a escupir los dientes.

Empecé a leerlo cuando era un muchacho. Mis autores preferidos de entonces eran London, Salgari, y un chileno injustamente olvidado que se llama Lautaro Yankas. En sus libros había algo que me conmovía especialmente y era el culto a la lealtad que practicaban sus personajes. Para mí Coloane fue una revelación porque era la primera vez que me enfrentaba a historias en las que el viento soplaba de verdad, y porque me enseñaba que Chile era algo más que el aburrido Santiago, que existía el profundo sur donde la épica era el pan de cada día. Él supo conferir a sus personajes, todos seres marginales, perdedores que sabían por qué perdían, una identidad inédita en la literatura escrita en español. Coloane no escribía desde el punto de vista de la compasión, lo hacía desde una barricada, del lado de los jodidos, y eso fue para mí una invitación a imitarlo.

No adornaba con floridos barroquismos los errores del narrador tan visibles en otros contemporáneos suyos, pero sus libros destilan un rigor de corrector que, modestamente, hice parte de mi bagaje. A él le debo la determinación final de dedicarme a la escritura.

Lo conocí personalmente recién a inicios de los noventa, y, de inmediato, nació una gran amistad que nunca se interrumpió ni se interrumpirá. Yo no he sido, como se ha dicho, el promotor de su literatura porque la obra del más grande de nuestros narradores se impone por sí misma. Pero cuando llegué a Europa, y no como turista ni diplomático, en 1980, constaté que aquí Coloane no se conocía a pesar de que había habido varios escritores chilenos que fueron diplomáticos, porque jamás hicieron nada por difundir su obra. Y me propuse terminar con esa injusticia.

La oportunidad se dio en Saint Malo mientras comentaba este asunto con el gran escritor colombiano Álvaro Mutis. Este movió la cabeza y exclamó que era absurdo porque Coloane era un autor de la talla de London o de Stevenson. Esto lo escuchó un editor francés, que quiso saber más del chileno del que hablábamos. Yo me limité a contarle, en resumen, el mejor y más perfecto relato escrito en los últimos cien años: El témpano de Kanasaka. Él escuchó, tomó nota, pesó la conveniencia de editar a un escritor sudamericano octogenario y ajeno al boom, y meses más tarde me pidió que prologara el primer libro de don Pancho en francés. Éste se convirtió desde su aparición en un éxito de crítica y ventas. Luego, mi editor italiano me propuso dirigir una colección de literatura iberoamericana, para publicar autores cuya obra se acercara a lo que los dos considerábamos como literatura universal escrita en español y en portugués. Así nació la colección La Frontiera Scomparsa. Y, cuando me consultó por el primer título, dije de inmediato Tierra del Fuego, de Francisco Coloane.

Desde la publicación del maravilloso libro de aventuras de don Pancho, y en mi colección están todas sus obras, al éxito francés se sumó el de Italia, donde se transformó en autor de culto, venerado, amado sobre todo por lectores jóvenes, por los inconformistas antiglobalización. Lo mismo ha ocurrido en Grecia, Portugal, Alemania y España. Yo lo único que hice fue presentar sus libros y si algún merito me toca, es el de haber contribuido a lograr que finalmente Coloane tuviera el sitio merecido en la literatura universal.
Martes, 12 de Abril de 2005 15:13 ;?> No hay comentarios. Comentar.

04/04/2005


128 “CHANCHITOS”

sepulveda[1].jpgPor Luis Sepúlveda (*)

La sombra del viejo punga llamado Augusto Pinochet, Ramón Ugarte, Daniel López o como quiera autonombrarse, persigue como una maldición que, si bien es verdad me alegra porque el viejo rufián lo está pasando mal, también lo es que me molesta como chileno, porque en Varsovia o Cracovia, Lisboa o Pisa, Povoa do Varzim o mi querida Pietra Santa, las preguntas sobre Chile siempre terminan citando al viejo cogotero.

Para más INRI, en la prensa internacional de la semana pasada se citó el drama de un sobrino del viejo malversador, que vende un riñón para sacar a su familia de la indigencia. Por fortuna para él ofrece un riñón y no el cerebro, órgano bastante atrofiado en esa recua.

Los polacos, italianos y portugueses insisten en que les explique y cuente qué se sabe de los bienes del viejo carcamán, y debo emplear toda mi capacidad pedagógica para detallar los misterios que el Banco Riggs va soltando a gotas.

Empiezo explicando que en la localidad de Pomaire, los artesanos de la greda, además de vasijas hacen unas alcancías, o huchas, con forma de coquetos cerditos y que en Chile, con el amoroso trato que damos a todo a fuerza de diminutivos, llamamos “chanchitos”. Pues bien, sucede que estos chanchitos de Pomaire dan unos intereses altísimos, pero no a todos. Si un civil mete una moneda por la ranurita, ahí se queda, tiesa e improductiva, pero si en cambio lo hace un milico, esa moneda se multiplica, el chanchito eructa intereses, sonoros pedos multiplicadores, y luego se clona a sí mismo, hasta llegar a los 128 chanchitos que hasta ahora ha reconocido el Banco Riggs.

Este portento permite llegar a dos conclusiones: la primera es que Daniel López, Ramón Ugarte o como se llame el viejo punga, es un extraordinario pastor de chanchitos que, al compás de “yo tenía un camarada”-su himno preferido- conduce como el Flautista de Hamelin a las ratas, hasta las bóvedas secretas de bancos como el Riggs, especializados en dineros mal habidos, robados, expoliados, de procedencia siempre dudosa. La otra, más que una conclusión es una pregunta; ¿por qué los chanchitos prodigiosos de Pomaire no son la principal exportación chilena?

La existencia de los 128 chanchitos generó un cataclismo en la derecha chilena, en manadas “se desmarcan” del viejo ladrón y, de la misma manera como nunca supieron de violaciones a los derechos humanos, torturas y desaparición de compatriotas, tampoco sabían, ni siquiera intuían, que el fabuloso patrimonio personal del viejo sátrapa tenía orígenes inexplicables, las cuentas sencillamente no cuadraban, ni cuadran, aunque en los 128 chanchitos se encuentren entre ocho y once millones de dólares.

El robo, el fraude, la malversación, el pillaje, el saqueo al erario público, el delito ya es tan obvio, que no resta sino el proceder de la justicia y en dos direcciones: la primera y urgente es salvar el prestigio de los inocentes chanchitos de Pomaire. La segunda es de lesa decencia y consiste en embargar todos los bienes del clan Pinochet.

El viejo pillo se encuentra en libertad bajo fianza, ignoramos si el dinero con que pagó esa fianza era también fruto del robo, pero sigue leyendo cuatro periódicos al día y dirigiendo desde su “demencia vascular” sus operaciones bancarias y chanchullos que aún no conocemos.

Es justo desear que la puerta de Los Boldos se adorne con esa bellas cintas de plástico con que los encargados de velar por los bienes del país precintan las propiedades de origen dudoso. Es justa y deseable una investigación rápida que restituya al estado chileno los bienes mal habidos, y ahora.

Nadie pensó que el fin del viejo ratero sería el mismo de Al Capone, encarcelado por fraude fiscal y, como tan bien dice Mario Benedetti: “un torturador no se redime con la muerte, pero algo es algo”.

Me preocupa que la defensa del viejo pelafustán intente vincular la “demencia vascular moderada” al caso de las vacas locas, culpando de todo a 128 chanchitos locos de Pomaire. Pero la justicia chilena empezó por fin a caminar, y hombres como el Juez Guzmán nos devuelven ese viejo orgullo de ser chilenos.

(Gijón, 20 de marzo de 2005)

* Luis Sepúlveda es escritor y adherente de Attac.
Lunes, 04 de Abril de 2005 19:48 ;?> No hay comentarios. Comentar.

06/01/2005


EL DÍA MÁS ESPERADO

sepulveda11.JPGPor Luis Sepúlveda

Edición chilena de Le Monde Diplomatique - 04 01 2005

Hace pocas horas despedía a mi hijo Sebastián en el aeropuerto de Gijón. Como siempre disfracé la tristeza del adiós con un par de chistes, y vi como mi joven hombre de veinte años, de la mano de su chica, me hacía señas antes de subir a la sala de embarque. Como siempre, porque el hombre es animal de costumbres protectoras por absurdas que éstas parezcan, permanecí ahí hasta que el avión despegó. Como siempre, hice un recuento de las días y horas compartidos, y me detuve en el recuerdo de una caminata por la playa solitaria mientras él me pedía que le contara mi último viaje a Chile. Emocionado le narré que había sido un buen viaje, que me había reencontrado con mis viejos amigos, con mis queridos compañeros de la guardia del presidente Allende, y que lentamente empezaba a planear mi regreso.

Mi hijo lucía con orgullo una camiseta del Foro Social Chileno, el bello dibujo de Federica Matta resplandecía con la luz marina.

- ¿Esa bestia sigue ahí, sin que lo toquen?, preguntó de pronto.

Sí, la bestia, el criminal, el asesino, el ladrón seguía en Chile,
protegido por la más odiosa impunidad.

- Lo pasaremos bien en Chile. Tendré un par de caballos - respondí para
conjurar esa presencia avergonzante.

Cuando el vuelo de mi hijo desapareció del panel de información regresé al auto, eché a andar el motor, y entonces el milagro de la radio me entregó la noticia más esperada: la Corte Suprema de Justicia rechazaba el recurso de amparo presentado por la defensa de la bestia, del criminal, del asesino, del ladrón, y sería sometido al juicio que espera la sociedad chilena, los chilenos que viven entre la cordillera y el mar, los que viven en la diáspora, los que nacieron bajo otros cielos y han crecido con nuestro amor por el lejano país salpicado de islas.

Confieso que creí que este día tan esperado no llegaría jamás, y no por
desconfianza en la justicia, sino en los encargados de administrarla.
¿Cuántas vidas se habrían salvado si los tribunales chilenos hubiesen
aceptado los recursos de amparo presentados por los familiares de los
desaparecidos, de los asesinados en los centros de detención y tortura, de los degollados a medianoche y en horas en que sólo los criminales podían moverse por las calles de Chile?

Entre 1973 y 1989 se presentaron miles de recursos de amparo, los
familiares acudían con testigos que habían presenciado las detenciones,
los secuestros, los robos de personas, y ninguno fue aceptado pues la
justicia chilena estaba en manos de prevaricadores, de cómplices del
dictador.

No creí posible este día, pero al mismo tiempo, porque conozco y admiro la historia cívica de mi país, siempre intenté convencerme de que el juicio a Pinochet empezó cuando el último defensor del palacio de La Moneda disparó el último tiro en defensa de la constitución y la legalidad.

No será juzgado por todos sus crímenes, sino por algunos, tan salvajes y bestiales como todos los que ordenó desde su cobardía de sátrapa, desde su vileza de ser mediocre y obtuso, desde el hedor de su traición. Pero será juzgado, con todas las garantías que nosotros no tuvimos, y nos alegra que así sea porque creemos en la justicia.

Es deber de todos velar porque no le ocurra nada, que su salud se
mantenga, que no le falte nada, y si es preciso hacer una colecta pública para mantenerlo vivo, pues la hacemos, ¿cuánto hay que poner? Lo que importa es que mi hijo, los hijos de todos los que sufrieron, y las viudas, y los padres que enterraron a sus hijos, y las novias de ajuar frustrado, y las abuelas que se quedaron con los mimos sin dueño, vean a la bestia fascista, al criminal a sueldo, al asesino de sueños, al ladrón de vidas y de bienes, fotografiado de frente y de perfil, con el número de reo bajo la quijada, estampando las huellas digitales de sus zarpas con la tinta negra de la vergüenza. Eso es lo que importa.

Mientras escribo estas líneas, mi hijo Sebastián vuela rumbo a Alemania y yo recuerdo el paseo por la playa desierta. Ahí le conté de mi regreso a El Cañaveral, aquel lugar sagrado entre los montes en donde el Dispositivo de Seguridad del Presidente Allende, el GAP, se preparaba para defender la vida de nuestros dirigentes, de los encargados de hacer realidad el más bello sueño colectivo de mi generación. Ahí, junto a "Patán", "Galo", "El Pelao" y otros de los mejores, de los más valientes compañeros que he conocido y cuya amistad es mi gran orgullo, simplemente recordábamos aquel sueño lleno de anécdotas y juventud.

Sé que ellos comparten esta serena alegría por este día, por este día tan esperado, en que la débil luz de la justicia se deja ver entre el humo de La Moneda en llamas, entre los rostros luminosos de todos los compañeros del GAP que cayeron y que jamás desaparecieron de nuestra memoria.
Jueves, 06 de Enero de 2005 19:52 ;?> No hay comentarios. Comentar.


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