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30/09/2004


LAS EXPLORACIONES DEL PADRE DE AGOSTINI

paine.jpg

EXPLORACIÓN AÉREA DE LA REGIÓN ÚLTIMA ESPERANZA



Tecpetrol - 2000

Entre las tantas iniciativas tendientes al conocimiento de la Cordillera, es necesario sin duda recordar también el vuelo sobre una parte de ella, cumplido por De Agostini en 1937. Hombre abierto y atento a toda novedad, el misionero ya había sabido valerse magníficamente de la técnica fotográfica para documentar sus propios logros, y supo utilizar siempre toda nueva posibilidad ofrecida por el progreso. Fue, pues, espontáneo en él tratar de poder emplear también los medios aéreos para tener una visión aún más clara de la cadena montañosa. El vuelo de 1937 forma siempre parte de aquellos emprendidos por los pioneros de la aviación, por cuanto, no obstante los progresos de la industria, las particulares condiciones climáticas de la Patagonia tornaban arduo, de cualquier modo, el normal vuelo en avión. Dice al respecto De Agostini: "La navegación aérea en este sector austral de los Andes es una de las más difíciles del mundo... las ráfagas de viento... son terriblemente poderosas y vertiginosas, y producen en su carrera pozos de aire y fuertes remolinos que pueden hacer descender de golpe al aparato centenares de metros".

El primer vuelo sobre tierras magallánicas había sido realizado por el francés Omar Page no muchos años antes. El 23 de agosto de 1914 se lanzó al cielo de Punta Arenas frente los ojos maravillados de poderosos y humildes. Pocos días más tarde el mismo Page sobrevolaba el Cabo de Hornos. En 1916 los chilenos Fuentes y Castro, con un Bleriot de 80 HP, efectuaron la primera travesía del Estrecho de Magallanes, en 23 minutos. Inmediatamente después del conflicto mundial nació el Aero Club de Punta Arenas, y el 21 de mayo de 1921, el SVA de 220 caballos del club, comandado por Mario Pozzatti, efectuaba el primer vuelo postal de la América Austral, transportando una valija con cartas de Punta Arenas a Río Gallegos. El segundo vuelo fue cumplido de Punta Arenas a Ushuaia en 1928 por el alemán >Gunther Plüschow, con el hidroavión "Cóndor de Plata".

Este piloto debe ser considerado un pionero, precursor de una nueva era: sus vuelos con propósitos de exploración aportaron una riquísima documentación acerca de toda la región. Plüschow logró sobrevolar también el terrible Monte Sarmiento y, de regreso, pasó sobre el fiordo De Agostini. De este pasaje dejó una impresión escrita: "¡Oh, monseñor De Agostini! ¡Tú que tanto has trabajado por descubrir las bellezas de la Tierra del Fuego. Ahora experimento la emoción inmensa que sentiste tú al descubrir este magnifico fiordo, que justamente lleva tu nombre!" Después de esta necesariamente breve historia de los pioneros de la aeronáutica en las tierras magallánicas, volvamos a De Agostini y a su vuelo sobre el Balmaceda y el Paine, que le permitió reunir una enorme documentación fotográfica, la que continuó siendo, durante muchos años indispensable y única para el conocimiento de esas regiones. Compañero en la empresa y piloto del monoplano "Saturno" era uno de los animadores del Aero Club de Punta Arenas, Franco Bianco, hijo de piamonteses, que llegó a ser famoso por haber cumplido el raid Punta Arenas - Santiago - Mendoza - Buenos Aires - Punta Arenas: 6700 kilómetros viajando solo.

Para emprender el vuelo De Agostini se dirigió a Puerto Natales, donde esperó un par de días que el tiempo mejorara. Al tercer día, el 13 de abril, aclaró. "A las 10 envío un fonograma a Bianco: 'Tiempo óptimo - Cordillera al descubierto'. Respuesta inmediata: 'Voy al campo y parto'." Esa tarde iniciaba el vuelo."Dos carabineros chilenos vigilan el aparato... Cuando subo a la carlinga, uno de ellos me pregunta por qué no me coloco el paracaídas. Pienso entre mí que el único paracaídas que llevo siempre conmigo es una reliquia de San Juan Bosco, a quien invoco en las dificultades y peligros". El avión despega. "Es la primera vez que sobrevuelo la inmensa Cordillera Patagónica, que desde tantos años es meta predilecta de mis estudios y de mis investigaciones. En pocos minutos el avión, con rápida subida, está a gran altura".El liviano aparato ha llegado a los 2000 metros, y penetra en el estrecho valle entre el Balmaceda y el Cerro Prat. " ... Cuando de pronto siento que el aparato desciende y cae verticalmente en el vacío, como si hubiese perdido las alas a una velocidad impresionante, cincuenta, cien metros? Franco me aseguró después que debían ser doscientos metros. No me he todavía recuperado de la sorpresa de aquel salto acrobático, cuando ahora una fuerza invisible nos lanza velozmente hacia lo alto en tremenda subida. El "Saturno" tiembla y oscila, se hunde y se eleva como si estuviese a merced de una gigantesca marejada... Franco domina con maestría y seguridad el aparato, y a mis temerosas preguntas responde que, apenas salidos de esa garganta, entraremos en una zona de mayor calma".

Apenas hay tiempo de tomar la máquina fotográfica y ya el avión está sobre el Paine, "que absorbe nuestras mirada con la belleza y majestad de innumerables pirámides, torres y penachos, que lo hacen aparecer como una gigantesca catedral gótica... Con una subida a todo motor, Franco lleva el aparato a 3200 metros". Desde allí arriba el horizonte se abre sobre ángulos conocidos y desconocidos, despertando el entusiasmo del misionero.

"Por todas partes hielo y nieves eternas, cadenas de montañas de las cuales los mapas no dan noticia alguna, dejando solamente un espacio en blanco con la inscripción 'inexploradas'.. Ahora nuestros ojos son irresistiblemente atraídos por una inmensa avenida de hielo que la Cordillera, horrendamente revuelta, regurgita".

El vuelo prosigue sobre el Lago Argentino. Los dos pasan junto a las cimas del Monte Mayo y se dirigen un poco más al norte, hasta entrar en el Hielo Continental. "Más a septentrión se extiende la inmensa avenida de hielo del Glaciar Upsala, bordeada por ambos costados por montañas que blanquean por la nieve, entre las cuales se destaca, altísima y dominadora, la imponente torre del Fitz Roy. Hemos entrado en el reino misterioso de las blancas soledades, donde el viento y las tempestades imperan como soberanos, pero hoy todo es luz y silencio profundo, herido tan solo por el rugir del motor. Permanezco absorto ante el fascinante espectáculo y saboreo anticipadamente la alegría de develar los últimos secretos de estos hielos eternos."

Después de cuatro horas de vuelo, el "Saturno" retorna a la base con De Agostini consciente de haber dado la última pincelada al ya completo cuadro de sus exploraciones.
Jueves, 30 de Septiembre de 2004 23:10 ;?> No hay comentarios. Comentar.

25/09/2004


LAS EXPLORACIONES DEL PADRE DE AGOSTINI (I)

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El Padre De Agostini, en 1910 en Punta Arenas,
con un grupo de alumnos del Liceo San José


ÚLTIMA ESPERANZA Y MONTE MAYO



Tecpetrol - 2000

Entre 1916 y 1917 las exploraciones de De Agostini tuvieron como campo de acción la Patagonia y, precisamente, los grupos del Balmaceda y del Paine. El primer macizo surge al fondo de la bahía Ultima Esperanza, unos setenta kilómetros al nordeste de Puerto Natales. Alrededor de las laderas de la montaña De Agostini realizó algunos relevamientos para mejor definir la orografía. Bastante más laboriosa e interesante fue la exploración del macizo del Paine, situado un poco más al norte del Balmaceda.

De las descripciones conservadas es fácil comprender que ese grupo montañoso suscitó en el misionero una muy fuerte impresión, ya sea por la majestuosidad de las cimas como por la belleza del ambiente natural. En la región Última Esperanza, De Agostini veía (y no se equivocaba) un rincón del paraíso terrestre que había quedado oculto, durante años, a los ojos humanos. Varias veces efectuó excursiones por la zona, dejándonos una admirable descripción en sus libros y acompañándola de espléndidas fotografías.

A propósito del Paine se expresa así: "El lugar es de los más salvajes y grandiosos. Selvas, lagos, ríos, cascadas, constituyen el pedestal de este fantástico castillo torreado, con murallones gigantescos, acorazado de hielos, sobrepasado por agujas de terrible aspecto que tanta seducción ofrecen al denuedo de los montañistas."

En 1929 De Agostini efectuó la exploración del último extremo de territorio aún desconocido de la cadena, la cuenca terminal del Paine, que, por su forma perfectamente circular, fue confundida por Moyano, quien la entrevió a la distancia, con el cráter de un volcán extinguido. Del mismo año es la travesía de la Sierra de Los Baguales, macizo basáltico que separa el Paine del Lago Argentino. El grupo montañoso, aislado y salvaje, reservaba nuevas e inusitadas vistas al explorador, quien, en sólo siete horas de caballo, llegó de la estancia "Los Leones" a la estancia "Anita", sobre las orillas del Lago Argentino.

Concluida esta campaña, el salesiano proyectó su interés más al norte, sobre el mismo Lago Argentino y hacia los glaciares que allí se precipitan alimentándose en el corazón de la Cordillera. La región estaba prácticamente inexplorada, y eran desconocidos el paisaje y la orografía interna. Entre diciembre de 1930 y enero de 1932 De Agostini colmó estas lagunas geográficas visitando los fiordos Mayo y Spegazzini. Como siempre, su primera preocupación fue procurar alcanzar alguna cima que pudiese ser punto panorámico para los relevamientos. Con los guías Croux y Bron y con el doctor Egidio Feruglio, el padre De Agostini se dirigió primeramente al glaciar interno y después intentó la ascensión de la imponente pirámide del Monte Mayo. Favorecidos por un poco común período de buen tiempo, los cuatro lograron escalarlo y alcanzaron sin problemas los 2430 metros de la cima, de la cual podían dominar el fiordo y las tierras que se extienden lejos del mar.

Era el 14 de enero de 1931, y desde la cima De Agostini tuvo una vista completa del territorio que lo circundaba. "Un panorama estupendo, indescriptible por la profunda vastedad del horizonte y por la sublime grandiosidad de los centenares de cumbres... son las primeras miradas humanas que contemplan estas soledades de hielo entre arrebatos de alegría y atónito recogimiento... La mirada se dirige ávida a través de aquella inmensa extensión de nieves, de hielo y de cumbres, que la cristalina transparencia de la atmósfera y la fulgurante luz del sol tornan aún más nítida, y procuro escrutar sus secretos."

Bastan estas palabras para aclarar las ideas acerca de qué tipo de explorador fue De Agostini: un científico riguroso, pero también y sobre todo un hombre sediento de conocimientos, impulsado por un fuerte deseo romántico hacia las soledades y lo desconocido, y además, un hombre de fe siempre pronto para asombrase ante las maravillas de la creación.
Sábado, 25 de Septiembre de 2004 23:10 ;?> No hay comentarios. Comentar.

24/09/2004


EL PADRE DE AGOSTINI Y EL PROBLEMA DE LOS INDIOS

agistunuychamanona.jpgTecpetrol – 2000

En muchos textos de De Agostini hallamos un espacio especial dedicado a estudios etnográficos y a consideraciones sobre las condiciones de las tribus indígenas que iban gradualmente desapareciendo bajo el acoso de la civilización blanca. Evidentemente, el salesiano tomaba muy a pecho el problema; él, por lo demás, como muchos de sus hermanos de orden, se hallaba casi impotente frente a la progresiva declinación de esas gentes. En su peregrinar tuvo ocasión de familiarizarse con los representantes de todas las etnias: los onas, los yamanas y los alacalufes de la Tierra del Fuego; los tehuelches y los araucanos de la Patagonia. También en este caso De Agostini se muestra muy capacitado para describir y nos deja precisas apuntaciones sobre las características antropomórficas de las diversas tribus, sobre sus tradiciones y usos, sobre sus creencias religiosas y vínculos sociales. La obra del misionero reviste en este sentido enorme importancia, pues permite conocer una realidad hoy desaparecida.

La precaria situación de los indígenas y las continuas persecuciones de que eran objeto fueron gran motivo de congoja para el sacerdote, quien por decirlo así se hallaba entre dos estados de ánimo diversos. Por un lado, como hombre de caridad, debía mirar por las poblaciones indígenas: era preciso deber suyo protegerlas y procurar integrarlas de manera lo menos traumática posible en la nueva situación social que estaba imponiéndose.

Por otra parte, empero, De Agostini se daba perfecta cuenta de ser él mismo, junto con la civilización blanca, un perturbador de los equilibrios seculares derivados de un milagroso acuerdo entre hombre y naturaleza. No obstante, no podía tampoco olvidar a sus fieles, los colonos, los mineros y todos los que habían llegado a aquellas tierras en busca de fortuna. No obstante ello, muy a menudo De Agostini denunció abiertamente los delitos que los estancieros cometían contra los indios y llegó hasta a acusar en un libro suyo a Manuel Señoret, gobernador de Punta Arenas. Este había deportado tribus enteras, empujándolas hacia Punta Arenas con el pretexto de "sustraerlas de la miseria y asegurarles el alimento y el vestido de que carecían. La responsabilidad de estas guerras de exterminio contra los onas recae en gran parte sobre el gobernador Señoret... Para proteger los intereses de algunos... y también para oponerse a los misioneros salesianos que él habría querido expulsar de la isla de Dawson, de la cual codicia los bosques y los pastos, favoreció la más indigna de las persecuciones. Expuestos casi desnudos por las calles de la ciudad, los indios fueron distribuidos entre cuantos los requerían (remate de indios) sin tener en cuenta los antecedentes de tales solicitantes...".

Este no es sino el episodio más significativo de la lucha de De Agostini en favor de los indios, lucha verdaderamente difícil y perdida de antemano. En sus escritos todavía leemos: "Los pastores, en gran parte anglosajones, eran quienes veían en los indígenas el mayor impedimento para la propagación de sus rebaños, y de allí la caza sin piedad a que se los sometía como si fuesen animales feroces. El inglés Sam Jslop se vanagloriaba hasta de usar correas fabricadas con la piel de los indígenas, que obtenía de las espaldas de estos infelices. Otro terrible perseguidor de onas fue el escocés Mac Lennan, administrador de la estancia 'Primera Argentina'... Para gloriarse de sus nefandos exterminios, equiparaba el número de sus víctimas con el de los whiskies que había bebido, y que no debían de ser pocos porque se hallaba en perenne estado de embriaguez. Dado que los indígenas, para así mitigar el hambre, se cebaban sin repugnancia en los animales que encontraban muertos por el campo, los pastores envenenaban grandes trozos de carne con estricnina para triunfar más fácilmente en su inicua campaña".

Concluyamos este capítulo también con algunas consideraciones de De Agostini a propósito del problema indígena. "También aquí, como en el Lejano Oeste, como en la Pampa y en el Chaco, la suerte de los indígenas estaba inexorablemente marcada; también aquí, la idéntica historia de todas las colonizaciones... En este triste y rápido declinar de la raza fueguina les correspondió a los misioneros salesianos la noble aunque ingrata tarea de defender al indígena contra el blanco, al débil contra el pionero audaz e inteligente, ávido de lucro, al cual sonreía una fácil e inmensa fortuna en la conquista de esas tierras, hasta entonces dominio absoluto de los onas... Ya no escucharán más las selvas vírgenes, en la quietud profunda de una noche lunar, las antiguas leyendas del héroe Kuanip, hijo de la montaña roja, y de su infortunada esposa, la graciosa Oklta, transformada en murciélago. El koliot (forastero), venido de regiones lejanas, sediento de riquezas y dueño de armas mortíferas, ha cumplido con rapidez su obra nefasta, destruyendo para siempre la felicidad secular de esta raza primitiva, que desde hacía siglos vivía solitaria e innocua en la más singular región de la tierra".

No obstante su avanzada edad, De Agostini continuó trabajando activamente, reordenando sus estudios y pensando siempre en las tierras patagónicas. Le había quedado el deseo insatisfecho de conquistar la cima del Sarmiento, pero también esto debía ser alcanzado por su tesonera voluntad: fue De Agostini, ya viejo, quien guió la expedición italiana que en 1956-57 conquistó la cima con Clemente Maffei y Carlo Maun, grupo que después escaló el Monte Italia. Vuelto a Italia, donde a menudo solía pasar los meses que en la Patagonia eran menos buenos, el padre De Agostini murió el 25 de diciembre 1960 en la Casa Matriz de los Salesianos de Turín.
Viernes, 24 de Septiembre de 2004 22:54 ;?> No hay comentarios. Comentar.


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