Se muestran los artículos pertenecientes al tema patagonia mía.
27/07/2005
¿DÓNDE TE FUISTE, AMALIO?
Por Amalia Patagonia Mía – Puerto Natales –Chile
Parte importante del cariño que se tiene a la ciudad en que habitamos, radica en el hecho de encontrar en ella espacios fuera de nuestro hogar al cual nos guste concurrir; son esos rincones urbanos en que nos sentimos acogidos, en confianza, en nuestra salsa, o como quiera que llamemos al hecho de considerar un lugar nuestro punto de encuentro, la segunda casa.
Sea el cafetín de la esquina, la peluquería, el puesto de diarios, o el almacén del barrio, es la sensación de llegar, saludarse con todos y gozar de algunos minutos de conversación gratis lo que hace la diferencia entre este y otros lugares que frecuentamos en la prisa cotidiana. Así, sin darnos cuenta, el mozo del café puede llegar a ser nuestro compinche, la peluquera nuestra psicoterapeuta, el suplementero nuestro cable a tierra y la señora del almacén, nuestra gran confidente a la hora de estirar el presupuesto hasta fin de mes. Nadie puede vivir sin el consuelo de saber que tiene al menos un lugarcito propio al cual llegar en confianza.
Hay lugares que marcan a fuego la existencia misma de quienes concurren a refugiarse en ellos y, de ese modo, nos encontramos con la camiseta de un club deportivo, tomando sangría en el Centro Español, jugando bingo en un club social, discutiendo de política en un café o dondequiera que nos lleven nuestras inquietudes. Es la sensación de pertenencia la que importa.
Pero ¿qué pasa cuando ese lugar irrepetible simplemente desaparece, dejándonos huérfanos de sensaciones tibias? ¿Qué pasó con los que no entienden qué hace ese hotel estilo alpino donde antes estaba el siniestrado y mítico Tres Pasos? ¿Dónde han debido aplacar su hambre quienes acostumbraban almorzar entrada, segundo, tercero y postre donde don Segundo Alvarado, que subía las viandas en una bandeja con soga? ¿A quién recurren quienes antes iban al Socorros Mutuos?
En algún momento de mi vida, conocí un lugar de esos; simplemente, se desvaneció en la bruma del puerto, como si nunca hubiese existido en esa calle ni tras esas puertas, y sólo fuese producto de una imaginación sedienta de encontrar un lugar ideal que recordar.
Estaba éste en calle Lautaro Navarro, de Punta Arenas, donde ahora hay una agencia de turismo. Había que bajar por Roca, pasando junto al quiosco ídem, doblar a la derecha en la esquina de casa Magri, cruzar unos metros en diagonal y voilá: tenía el nombre “Escandinavia” prolijamente escrito en el vidrio de la ventana, y era un bar – restaurant de frontis angosto y techo altísimo. Al abrir la puerta, los gritos y las risas de los eternos parroquianos que atiborraban la barra al mediodía lo dejaban a uno inmerso en esa atmósfera alegre de conversación y encuentro. En el bar, preparando sangrías, agitando vainas, sacando corchos y gritando más que todos los demás juntos, estaba Amalio, su dueño. Era un español peladito, con el zezeo de la península intacto, a pesar de los muchos años de residencia que lo hacían considerarse un chileno más. Gritón y cálido, no dejaba caminar más de un par de pasos sin dar la bienvenida de corazón. A esas alturas, uno avanzaba por el pasillo de madera con el alma más reconfortada. El olor a lasagna, puchero, fabada y crema de garbanzos colmaban los sentidos y la impaciencia por probar las delicias que Luz, su esposa, había preparado en la humeantísima cocina, hacían la espera mucho más larga de lo que en verdad llegaba a ser. El comedor, separado inútilmente del griterío por una pared que no aislaba para nada del ensordecedor ruido, estaba decorado por bandadas de pajarillos de hojalata negra, cuadros con damitas chinas y espejos. Todo impecable. Se comía a cuerpo de rey y jamás se salía de allí sin haber tenido el honor de la compañía de Amalio o Luz en la mesa, en la que abundaba en pan calentito y se tomaba crema de puchero con unas cucharas grandotas y contundentes.
Nunca estuvimos seguros de cómo llegaron a Chile. Parece que fue a bordo del Winnipeg, pero no hay certeza. Lo que sí es cierto es que, un día cualquiera, decidieron que ya estaba bueno de tanto griterío, puchero y deslome. Así, vendieron el local para retirarse a descansar en un departamento en Viña del Mar, con dirección que jamás conocimos. Los habitués de toda la vida, ahora huérfanos de barra de mediodía, se fueron a gritar por un tiempo al restaurant Asturias, pero con los años fueron sutilmente desalojados, por tanto se eliminó el bar y su presencia resultó fuera de lugar. Allí les perdí la pista; como el tiempo ha pasado raudo y, por aquél entonces, muchos eran ya bastante viejos, me imagino que se encuentran juntos en algún lugar entre el aquí y el nunca jamás, con Amalio presidiendo la mesa, alzando una copa de jerez.
Ahora saben el por qué de mi nombre.
Miércoles, 27 de Julio de 2005 18:18 ;?> Hay 2 comentarios.
18/07/2005
PUERTO NATALES: CINES Y TEATROS DE AYER
Nuestros queridos cines de ayer: SENTADO EN LA BUTACA DEL RECUERDO
Por Nelson Danilo Alvarez (*)
Patagonia Mía - Puerto Natales - Junio de 2005
A sólo cinco años de la fundación de nuestro pueblo pareció haberse comenzado a cultivar la cinematografía, este naciente arte que revolucionaba al mundo de aquélla época y que surgiera en París en 1895 gracias a los Hermanos Lumiere.
Así por ejemplo en 1916 los Sres. Lastenio Lara y Carlos Vargas Saldivia, instalan en calle Bulnes N° 120 (actual Turismo Río Natalis) el primer cinematógrafo mudo, con el nombre de “Selecto”.
Al parecer esto fue un buen negocio, pues dos años después comienza a funcionar el cine teatro “Electra”, en calle Eberhard esquina Barros Arana, el que tuvo una corta existencia, para después en ese lugar dar paso al almacén de Ramos Generales Gafo & Villarroel, de Constantino Gafo López y Benjamín Zamora Villarroel.
En 1920 en el sector en que hoy se emplaza la estación Copec, se inaugura con bombos y platillos el cine “Apolo”, propiedad de los españoles Manuel Iglesias Fraga y Ursino González Vásquez, el que después sería vendido al contador Carlos Roberto Aguirre. Años más tarde Aguirre venderá a la Compañía Stubenrauch para instalar su local comercial, que será arrasado por un incendio en 1931.
FINAL A GUSTO DEL ESPECTADOR
En estos cines los natalinos se deleitaban con filmes mudos, inocentes, que mantenían a la gente expectantes y es por ello que la ambientación de los mismos estaba a cargo de un pianista y/o un violinista que hacían la música acorde con la escena que transcurría en la pantalla. Por ejemplo en una carrera o persecución una música rápida, cuando alguien moría una marcha fúnebre. Para entender este tipo de cine mudo se requería tener mucha imaginación, así todos encontraban un final distinto a la historia. Era muy corriente ver películas del legendario Oeste norteamericano, Eddie Polo en “El León de la Sierra” o el singular Charles Chaplin.
Así las cosas, el 17 de Agosto de 1934 con la exhibición de la película “Cabalgata”, la familia compuesta por Bruno Mattioni Batic su esposa Amelia Predolín e hijas Blanca y Bruna inauguran el cine teatro “Palace”, en calle Barros Arana esquina Eberhard, donde anteriormente había funcionado la casa Comercial Braun & Blanchard, cerrada en 1932 o 33. El local debió ser remozado en su interior manteniendo su fachada original. La madera machihembrada que se utilizó fue adquirida en la barraca de la firma L. L. Jacobs que administraba un vecino de apellido Frangópulos.
LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ
Dirigió la obra el prestigioso constructor Alfredo Rivera Mella, que en su currículum cuenta con la construcción del maderamen de la Iglesia Parroquial, el local de la Municipalidad, muelles y casas pioneras de la Provincia. Este edificio tenía una capacidad de 380 butacas, entre platea baja y alta, a lo que se sumaban diez palcos. Aquí se vieron películas como “La Batalla”, “Drácula”, “Rosario La Cortijera”, “La Rosa del Pantano”, o, anunciada con bombos y platillos, el acontecimiento cinematográfico de todos los tiempos “Lo que el viento se llevó”, para el sábado 17 de Abril de 1943, será presentada exactamente como su estreno en Santiago, siendo la duración del espectáculo de cuatro horas. Las hermanas Blanca y Bruna Mattioni atendían la cafetería del cine y ante el fallecimiento de Bruno en 1941, le sucedió su esposa Amelia en la administración, hasta 1966 cuando asume el cargo Manuel Suárez Arce.
El teatro Palace le dio jerarquía a Natales, que era un pueblo humilde. Comenzaron a exhibirse mejores películas, muchas veces estrenos que eran conseguidos en la Argentina. El cine era el centro de atención y atracción de la muchachada que allí se reunían a empaparse de la magia del séptimo arte. ¡Cuántos idilios se tejieron y cuántas ilusiones se derrumbaron en la platea del recordado caserón!.
En Marzo de 1936 el Sindicato de Campo y Frigoríficos, propietario del Teatro Libertad, adquirió maquinarias para proyectar películas, las que instaló en el referido teatro (Bulnes 120), y que bajo la concesión de Antonio Soto Canalejo y Joaquín González Costa presentaban películas sonoras. Definido como el “Cine de Pueblo”, publicaba en el diario “El Natales” que estaba dotado de un equipo sonoro moderno, a fin de asegurar fidelidad y claridad de sonido de las películas que se exhiben ¡ Habladas en castellano!
Este cine disponía de un amplio salón, totalmente decorado con pinturas de paisajes regionales pintados por el peluquero italiano José Dardo Caniggia Porta. Poseía además gran escenario, telón de fondo y cortinaje de seda.
El fallecido comentarista de cine Dionisio Frangópulos Grandi; recordaría años más tarde... “Ese era el Teatro Obrero, donde había localidades bien definidas: se iba en “banca” o en “silla”. La mitad de la sala contaba con bancos de madera y la parte de atrás con sillas de Viena, que equivalían a nuestra actual platea. Los niños íbamos en banca y pagábamos tres chauchas por la entrada a la matinée”. Películas que hicieron furor en ese cine de aquellos tiempos serían “Sombras de gloria” y “La voluntad del muerto”.
“EL PALACE” EN LLAMAS
Este arte va adquiriendo cada vez más fanáticos, algunos de ellos fueron José Alvano Imperatore, José Iglesias Alvarez y Vicente Ferrer Martínez, que en octubre de 1953 inauguran y forman la Sección Cine 16 mm del club Deportivo Natales, exhibiendo películas en el salón de esa institución, Eberhard 332. La primera cinta proyectada es “Cuesta Abajo”, con la participación del legendario Carlos Gardel. Esa comisión se disuelve en 1955.
Un hecho inesperado golpea fuertemente el corazón de los natalinos, truncando en un par de minutos toda una historia mágica, gloriosa y llena de recuerdos maravillosos. En la noche del 29 de julio de 1969, se desata un voraz incendio que destruye en un cien por ciento la vieja casona que albergaba al Cine Teatro Palace. Las pérdidas son totales, más esto no destruye el ánimo del infatigable administrador del cine, Manuel Suárez Arce, quien el 27 de septiembre del mismo año firma un contrato con el club Deportivo Natales, representado por su presidente Floridor Sobarzo Soto, para arrendar el gimnasio “Manuel Alvarez Ruiz”, propiedad de esa entidad para proyectar películas en él. Esto duró hasta el año 1973 o 74.
Contemporáneo a ello la Congregación Salesiana, en el gimnasio Alberto de Agostini, inaugura un cine sonoro del mismo nombre, el cual será lugar de exhibiciones hasta fines de los años 90. Pero, si estamos hablando de cine, no podemos olvidar al destacado fotógrafo, segundo Administrador del Frigorífico Natales, deportista y activo dirigente de numerosas instituciones de la ciudad, Esteban Alarcón Cáceres, quien en 1939, creó la primera película netamente natalina, o sea filmada y editada en Natales.
NATALINOS AL CINE
Este film tuvo una duración aproximada de siete minutos y mostraba desfiles de partidos políticos, instituciones y actividades realizadas con motivo de la visita que hiciera el 23 de noviembre de ese año el primer Presidente que visitara Natales, Pedro Aguirre Cerda. Esta cinta se exhibió en los salones de la Asamblea Radical. Posteriormente Alarcón siguió captando escenas regionales, en todos los ámbitos, como por ejemplo: el partido de fútbol del “Club Chile” de Punta Arenas con el Deportivo “Natales”; un arreo de animales para el Frigorífico Natales y un curanto de camaradería en Puerto Bories. Además de paseos al sector de Casas Viejas, campañas realizadas por el Grupo de Exploración “Sofanor Parra”y el vapor “Alondra” cargando carne y mercaderías en el muelle de la Ferronave.
Todo este trabajo le significó a su autor casi una hora de filmación. Como reconocimiento a su labor, el día 23 de junio de 1941 se estrenó en el cine Palace el trabajo realizado por Alarcón, bajo el título de “Manchas Movibles en Ultima Esperanza”. A la presentación asistió gran cantidad de vecinos, quienes coincidieron en otorgarle un merecido reconocimiento a este pionero de la cinematografía local.
Posteriormente Alarcón vendió esta cinta a un miembro de la familia Marino, quien sufrió el incendio de su casa, presumiéndose que en este siniestro desapareció esta película. La primera realizada en Puerto Natales.
INVITACIÓN AL BIÓGRAFO
Antes de concluir debemos reconocer que el éxito de Esteban Alarcón, en la cinematografía natalina, no terminó allí, sino que le fue transmitido a su hijo Luis, quien hoy es todo un orgullo no sólo para nuestro pueblo, si no que para un país entero que lo ha posicionado como uno de los mejores actores que dejan su talento en las tablas y la televisión chilena. A quien lo quiera escuchar Luis Alarcón le confiesa su orgullo de ser natalino. Desde el año 2001 está realizando anualmente el Festival de Cine en la Patagonia, que se basa principalmente en proyectar películas recientes en el Monumento Natural Cueva del Milodón, que cada vez va ganando más adeptos, haciendo que el novedoso festival vaya tomando ribetes de carácter internacional.
Así poco a poco el cine en Puerto Natales ha ido cayendo en un triste letargo, disipándose esta sana entretención, dejando una estela de recuerdos avivados ante la majestuosidad de las salas y la inocencia de aquellas viejas películas proyectadas por las también añosas máquinas Kondescope. La televisión, las modernas tecnologías y la comodidad del hogar fueron jugando en contra de este bello arte hasta hacerlo sucumbir en una lenta agonía. Ojalá que en un futuro no lejano alguien se interese por reconstruir alguna pequeña salita cinematográfica. Para que así, al igual como dice una tía “podamos volver a ir al biógrafo”.
Lunes, 18 de Julio de 2005 18:20 ;?> No hay comentarios. Comentar.
05/12/2004
CRÓNICAS DE LOS MARES AUSTRALES
“Patagonia Mía” – Agosto de 2004
Documentación: H. Catalán
FEDERICO: EL ÚLTIMO RAQUERO KAWASHKAR
Yo sabía que Alberto Caro era fuente de información obligada en cuanto a barcos hundidos en los canales australes. Le leí el diario >“El Magallanes” de Punta Arenas de abril de 1933. Sobre el “Magda” sólo tenía referencias de terceros. Su padre, un aventurero que llegó desde Osorno, se casó con una kawashkar y vivió mucho tiempo con su abundante prole en el sector del Canal de las Montañas. Al lugar llegaban las canoas alacalufes a comercializar pieles y restos de naufragios. Alberto tiene aún en la retina haber presenciado una concentración de alrededor de 30 canoas; los indígenas merodeaban felices una ballena varada, comiendo sus carnes y gorduras. Lanzaban gritos triunfalistas y cantaban en su lenguaje.
Cuando trato de comprobar su conocimiento de los indios que acompañaban a “José El Viejo”, leyendo sus nombres, Caro me detiene cuando nombro a Federico. Pongo en duda su aseveración que a Federico lo vio hace pocos días en la televisión local como interno en un Hogar de Ancianos. Es que no puede ser; después de 70 años de los hechos relatados en esta crónica, haya sobrevivientes y más aun, un joven alacalufe del grupo operativo del jefe indio “José El Viejo”, que para el raque del “Magda” tenía unos veinte años. Por las condiciones de vida en los canales resulta difícil un kawashkar bordeando los 90 años de edad.
En el Hogar de Cristo de Natales, una institución que sobrevive con muchas dificultades, nos atiende una tarde lluviosa de julio Juanita Prado. Con mucha pena, nos comunica que el “abuelito Federico” ya no está en el hogar. El día anterior lo fueron a dejar al Hospital, su estado de salud era crítico, una consecuencia del mucho fumar lo tenía con una bronquitis fulminante. ¡El abuelo, lo único que quiere es morir!, declara decepcionada su cuidadora. El cariño hacia Federico aflora cuando confidencia “es un abuelito tranquilo, cuando supo la muerte de su amigo Tonko, lloró toda la tarde; se sentó aquí en esta Sala de Espera y estuvo cantando canciones en el idioma de ellos, hasta a mí me dio pena”.
Tonko un amigo de la etnia, murió el año pasado ahogado en Puerto Edén. Participaba representando al pueblo alacalufe en encuentros de etnias aborígenes. Tonko cuando viajaba a Natales se dirigía al Hogar de Cristo y contrataba un taxi para sacar a pasear a su amigo Federico. Después de varios días de hospitalización Federico volvió a su querido Hogar, ha tenido una recuperación milagrosa gracias a los cuidados de Juanita y su personal. Está completamente sordo, aislado de un mundo donde sabe que ya no están sus hermanos de raza varando ballenas, cazando nutrias y raqueando barcos en el Canal Smith. Todos ellos se fueron y están con Tonko al que le volverá a cantar algún día; será el día que se reunirá en el cielo kawashkar con las canoas de “José El Viejo” y sus valientes cazadores.
Domingo, 05 de Diciembre de 2004 18:21 ;?> No hay comentarios. Comentar.
CRÓNICAS DE LOS MARES AUSTRALES
“Patagonia Mía” – Agosto de 2004
Documentación: H. Catalán
LA LEY DEL NUTRIERO
Hermanados en la caza y comercialización de las nutrias los alacalufes de José El Viejo, del grupo kawashkar que habitaba territorios cercanos al Seno Obstrucción y Río Verde, hacía treinta años estaba en contacto con Demógenes Guajardo Rivera. Este era un aventurero chileno que permanentemente viajaba a Natales en los años veinte del siglo pasado, para comercializar los cueros de nutrias entregados por los indios. Luego de largos días de borracheras en los lupanares natalinos, regresaba a Muñoz Gamero en los canales, donde lo esperaba su conviviente -una mujer india- hija de José El Viejo.
José El Viejo, era entre los kawashkar que habitaban la zona del archipiélago Reina Adelaida, Península Muñoz Gamero y Canal Smith un verdadero líder. Reconocido por su capacidad para hacer negocios con los peores aventureros de los canales, tenía su campamento en la Isla Summer. Junto a los suyos participó activamente en muchos “raqueteos” de barcos hundidos en la zona del Canal Smith. Por lo tanto fue una fiesta en grande para el grupo cuando el “Magda” quedó a su disposición. En la repartición de esta presa, empezaron las diferencias con Guajardo; ya que éste trajo socios de su ralea y raza para aprovechar al máximo el naufragio. Sumado a lo anterior las quejas de su hija, fueron precipitando la sed de muerte de José Viejo y su hijo José Chico contra Demógenes Guajardo.
En el mes de octubre de 1933 en la Isla Summer, que visitaba Guajardo Rivera acompañado de su socio Juan Bautista Galindo, José El Viejo ordena el asesinato de su “yerno”. Galindo que es acusado por la policía natalina de ser el autor, declara lo siguiente: “en la noche, como a la oración, el indio Oscar me robó balas de carabina. Más tarde cuando todos estaban durmiendo, sentí un disparo que me alarmó... Esperé que aclarara, cuando observé que mi amigo había sido asesinado. Luego después, José Chico y una de las indias tomaron el cadáver de Guajardo, le amarraron un saco de arena y lo fondearon en baja marea a la orilla de la playa” (Relato completo en “El Magallanes” 10 de octubre de 1933).
Juan Bautista Galindo es tomado rehén por los indios, cuyo grupo estaba compuesto por el líder José El Viejo y sus dos mujeres, José Chico y la mujer de éste. Padre e hijo eran acompañados por un grupo de mocetones indios entre los cuales estaban Oscar, Panchote, Federico, Rosa y Clorinda. El asustado Galindo, declarará a la policía de Natales que se dirigieron al sector de “Veintiún Días”. En una de aquellas islas, quedará sorprendido de la cantidad de cosas pertenecientes al “Magda” que los nativos guardaban. Un hermoso bote, ropas de los marinos, licores finos, tabaco, máquinas de escribir y muchas armas de fuego. En una navegación hacia “Ancón Sin Salida” (frente al Canal de las Montañas) se detuvieron en varios puntos donde había más entierros de restos del “Magda”. La vida con los indios, a bordo de embarcaciones sin reparos, lo enfermó gravemente a Galindo, siendo abandonado en las cercanías del Paso del Kirke, logrando llegar a Natales, donde entregará su testimonio.
Domingo, 05 de Diciembre de 2004 18:23 ;?> No hay comentarios. Comentar.
24/11/2004
CRÓNICAS DE LOS MARES AUSTRALES
“Patagonia Mía” – Agosto de 2004
Documentación: H. Catalán
EL HUNDIMIENTO DEL “MAGDA” (ABRIL DE 1933)
Era la segunda oportunidad que el “Magda” llegaba al muelle de Punta Arenas. Su arribo estaba anunciado para el día sábado primero de abril y muchos vecinos se aprestaban a ir a dar un paseo para esperarlo. Era agradable ver llegar un barco de modernas líneas y de una capacidad que era difícil encontrar por esos años en los transportes de carga regular. El “Magda” era de propiedad de la Compañía Sueca de Navegación, empresa que se lo había arrendado a la Interoceánica de Navegación. Esta empresa naviera cubriría con esta nave los viajes regulares entre El Callao en Perú y Buenos Aires. En este segundo viaje, Correos de Chile, aprovechaba de enviar 58 sacos de correspondencia con destino a los hogares y oficinas públicas de Magallanes.
El “Magda” era un barco de carga. En este viaje traía una tripulación de 30 personas en su mayoría de nacionalidad sueca y algunos daneses. Todo en la navegación se venía dando excelente. Antes de llegar a Chiloé el telegrafista del navío, Jacob Svenson, comunicó al segundo piloto, Costa Bernstson, que los barcos navegando por la zona de los canales en las cercanías del Estrecho de Magallanes, estaban reportando endemoniados temporales. Rápidamente la oficialidad se reunió con el Capitán del “Magda”, Iván Henry Blucker, en el puente. Este oficial sueco se había graduado en la Marina Mercante de su país en 1915. Este era su décimo viaje por los canales magallánicos; otros ocho viajes los había hecho en el vapor “Cordelia”.
La idea fue esperar el paso por el golfo Corcovado y de acuerdo a las condiciones de navegación en el lugar más las informaciones de radio se tomaría la decisión de salir a mar abierto o bien seguir por los canales interiores. Estaba tan malo el golfo que ni siquiera se dio la opción de salir mar afuera. Además influyó la confianza del capitán Blucker, quien ya se creía un conocedor de los canales. El día 31 de marzo, a las 19.30 horas, el “Magda” entra al temido Canal Smith (tumba de muchos barcos). Si bien es cierto había amainado un poco el temporal, el lugar estaba invadido por una espesa neblina. En sus declaraciones del sumario, el capitán sueco describe el entorno...”No pudimos encontrar un lugar adecuado para capear el mal tiempo. Tampoco era prudente volver atrás. De aquí, entonces, que seguimos despacio, a media marcha, vigilando continuamente. En las primeras horas de la noche, divisamos una luz, suponiendo que era la del Faro Fairway y seguimos adelante” (“El Magallanes” - 3/4/1933).
La investigación naval, constató que el presunto faro estaba esa noche descompuesto y la luz débil provenía del Faro Félix. Con esa percepción equivocada del lugar, mas el viento que volvió a soplar fuerte a las 23.00 horas, tenía que ocurrir lo peor. El sentir los roqueríos en el vientre del pesado buque; la llegada del agua desde las bodegas a la cubierta; la rápida inclinación del barco entre 12 a 15 grados; eran evidencias que el “Magda” había quedado entrampado y mortalmente herido sobre los roqueríos de la Península Muñoz Gamero en el Canal Smyth, frente a la Isla Larga. Esa penosa noche, a las dos de la madrugada el capitán ordenó alistar los botes, llevar lo indispensable considerando perdida la nave. El temor era sobrevivir en aquel embravecido mar en los botes salvavidas. La desdicha de aquellos rubios marinos, que tenían ante sus ojos, aquel hermoso mercante que había sido su hogar en estas lejanas tierras, duraría hasta el mediodía del día siguiente. Raudamente y alertado por las estaciones de radio de la Armada y de otros barcos que pasaban por el lugar, el vapor “Don Ricardo”, que también viajaba a Punta Arenas, los recoge llevándolos sanos y salvos a Punta Arenas.
Recién el día miércoles 5 de abril de 1933 por orden del Gobernador Marítimo de Punta Arenas, Capitán de Fragata Guillermo Arroyo, zarpa hacia el lugar del accidente el escampavía “Colo-Colo”. En este viaje se embarca el capitán Bluker, conocedor de su barco; deberá informar el lugar exacto donde están los sacos de correspondencia. El “Magda” en este su último viaje transportaba 1830 toneladas de mercaderías varias. Entre otras cosas en las bodegas habían sacos de azúcar, café, arroz, azúcar, cacao, arvejas y lentejas. Otros productos además de la correspondencia para Punta Arenas- que viene a rescatar el “Colo-Colo” - consisten en 300 toneladas de postes telefónicos y 18 chassis de automóviles.
Llegados al barco siniestrado y al recorrer los compartimentos que aún no estaban inundados, el capitán sueco y los marinos chilenos, constataron que del lunes al miércoles se había producido un raqueo de proporciones. Las cámaras de los tripulantes habían sido saqueadas; igual suerte corrieron comedores y todas las dependencias donde se guardaba vestuario, repuestos e instrumental de navegación. Al parecer los saqueadores habían escapado hacía poco- porque aún había olor a alcohol- retirado del bar del comedor de oficiales. Para los marinos chilenos no fue difícil saber que quienes habían participado en el saqueo eran indios alacalufes dirigidos por José Viejo. Este grupo siempre estaba navegando por el sector, intercambiando mercaderías por cueros de nutrias con aventureros que obedecían ciegamente las ordenes de Demógenes Guajardo Rivera.
El escampavía “Colo-Colo”, luego de extraer toda la correspondencia desde la bodega Nº1 del “Magda” partió de regreso a Punta Arenas. A juicio de los oficiales del barco siniestrado era imposible liberar su carga. Ni siquiera valía la pena tratar de salvar los alimentos, puesto que estos estaban contaminados con 481 toneladas de azufre. La posición del barco indicaba que de seguir los temporales, este sería destrozado hasta desaparecer entre roqueríos y sargazos. En algún lugar cercano, deberían estar las canoas alacalufes de José Viejo y los nutrieros de Guajardo, esperando la partida del “Colo-Colo”.
Miércoles, 24 de Noviembre de 2004 18:23 ;?> No hay comentarios. Comentar.
04/09/2004
NATALES EN EL CORAZÓN
Por: Amalia - Fuente: Patagonia Mía
Ni siquiera nací en Puerto Natales, pero creo que no recuerdo haber vivido antes en otro lugar.
Al cerrar los ojos en la distancia, mis sentidos evocan, de un modo casi palpable, sus callecitas de veredas irregulares, sus casas de nostálgicas fachadas rodeadas de perfumadas madreselvas y retamos, de donde se asoman esos rostros tan curiosamente familiares a los que sonrío tímidamente, de nombres desconocidos a veces, pero que forman parte de este todo que acaricio con la mirada cada vez que vengo, ansiosa, a llenarme de sensaciones tibias, a aprovisionarme de ellas para enfrentar un nuevo año en mi húmeda y adoptiva ciudad de Concepción.
Llego, año tras año, con los cinco sentidos puestos en captar el aroma exquisito de los bosques de lengas; no falto jamás a mi cita con mi lugar favorito, Puerto Bories, donde paso tardes enteras tendida en sus lomas de largos pastos secos que bailan al compás del viento… me emociono al ver ese lugar tan nostálgico y bello, en que el tiempo quedó como congelado en una red atrapa-sueños. También en Bories, me armo de valor para, en cada visita, pedir permiso para entrar a comer parritas, ruibarbos y grosellas a ese huerto de álamos que cada vez encuentro más olvidado, pero que en lo más íntimo de mi ser es sólo mío. Me imagino que por eso tengo la desfachatez de pedir entrar a verlo, a pesar de las caras de extrañeza de quienes atienden a mi peculiar solicitud.
También es objeto de mi nostalgia el pequeñito Puerto Prat, lugar de los entonces aclanados asados familiares, con historias irreales en torno a la animada fogata, los juegos con los primos, los concursos de “gracias” de quienes éramos los más pequeños, esa playa vacía siempre con algún botecito donde subirse a mirar a la Isla de los Muertos. El regreso a Natales envuelta en un chal, somnolienta, arrullada por los tangos y las zambas de la radio de El Turbio… al recorrer hoy la única calle vacía de Prat, respiro hondo, buscando llevarme dentro también algo de ese rincón sagrado de mi corazón.
Me sorprende el constatar cómo la irreverencia y el desinterés de mi adolescencia se transformó en un afán loco por escuchar viejas historias, no importa que sean repetidas; anécdotas de mis abuelos y tíos, los bailes en el Club Natales, del Socorros Mutuos, las verdaderas hazañas hechas en los viajes entre Punta Arenas y Natales, cuando aquí nevaba el triple y había que ser un verdadero piloto para sortear el camino con éxito. Me regocijo oyendo esos relatos, ojalá contados por alguien bien natalino, de esos que te hablan con acentito y que no se irán jamás de aquí; dan ganas de quedarse en su lugar, sustituyéndolos.
Comprenderán que, absorbiendo tan intensamente cada emoción y viviendo cada instante del modo en que lo hago, los días en mi hermoso pueblo pasan dolorosamente rápido, como me ha vuelto a suceder en esta ocasión. Es hora entonces de tomar mis ramas de lenga, mis fotos en Bories, caminar por última vez a tomar el té donde mi abuela, respirar hondo y partir de nuevo, que no he sido de quienes ha tenido la suerte de encontrar su rumbo en el lugar que más ama en el mundo.
Sábado, 04 de Septiembre de 2004 18:24 ;?> Hay 1 comentario.
29/08/2004
LOS OLVIDADOS MÚSICOS DEL CORAZÓN
Dibujo: Carpani
Fuente: Patagonia Mía
“Perfumes de rosas de la calle Prat donde se toma whisky con champagne”
En el número anterior de Patagonia Mía hicimos referencia a cómo se divertían los natalinos en los años cuarenta, cuando ni siquiera existía el alumbrado público y domiciliario. Esta ciudad estaba habitada fundamentalmente por obreros que se desempeñaban en las labores de los frigoríficos y estancias además de los mineros que trabajaban en el mineral de Río Turbio.
En aquellos tiempos el índice de masculinidad era notoriamente más alto que ahora. Muchos hombres solos llegaban a Natales los fines de semana. Para ellos debía haber diversión. Surgieron los bailes en los diferentes clubes deportivos y sociales. La realización de tres y cuatros bailes los fines de semana requería de una dotación de músicos y los hubo muchos y de calidad. A aquellos intérpretes les llamamos Los músicos del Pensamiento Libre. Esta denominación obedece a un momento, dentro del baile, anunciado por el baterista en donde las mujeres podían elegir un bailarín. Esta costumbre no se registra en el resto de Chile de los años cuarenta y puede ser influencia cultural de nuestra cercanía con Argentina, o bien, ella fue traída por emigrantes ingleses y escoceses que abundaron en Ultima Esperanza. También en nuestra crónica anterior hicimos referencia a los Músicos Marciales. Ellos datan de los años cuando se creó el primer Orfeón para animar las ceremonias sociales y patrióticas en el naciente territorio. En aquellos años no había destacamento militar en Puerto Natales. Ello no impedía muestras de patriotismo en todas las celebraciones patrias. No olvidemos que debido a una falta de visión del centralismo, Ultima Esperanza estuvo expuesta a ser ocupada por la Marina Argentina, dando lugar a la defensa del territorio para Chile de parte del colono alemán Herman Kruger.
Ahora le toca el turno a los músicos de la bohemia natalina. Ellos alegraron el corazón de muchos desdichados que llegaban a Natales desde los solitarios puestos ganaderos y de los lúgubres pabellones de solteros de Río Turbio. Fueron los testigos del desahogo de las pasiones humanas más bajas. Con sus ritmos románticos hicieron languidecer en tabaco y alcohol a muchas campesinas nortinas que llegaban a rehacer su vida a la Patagonia. Ellos también celebraron la partida del “ambiente” de aquellas mujeres de corazones solitarios que junto a un natalino siguieron recorriendo la vida y se quedaron para siempre.
ALEGRÍA Y LUJURIA
Alberto Melitón Ojeda es uno de los pocos músicos sobrevivientes de aquellos que alegraron el barrio pecaminoso, ubicado en la calle Prat a una cuadra de las monjitas de María Auxiliadora.
Conversamos largamente con Alberto, la semana pasada, en un día muy lluvioso en Natales. Pronto a cumplir los ochenta años, dice sentirse muy solo en el interior de una casa fría y desvencijada en la calle Chorrillos. Ya no sale a la calle, y en la soledad de una pieza muy pobre resuenan aún en sus recuerdos las noches de alegrías y de lujurias de los años 30 y 40. Cuando tenía apenas catorce años compró un bandoneón muy deteriorado, después de dos años de práctica lo dominaba como el mejor. A los 16 años junto al baterista Luis Díaz y al guitarrista Armando Quinán dan forma al conjunto Los Bohemios. Era el año 1938 cuando fueron contratados para animar las noches del cabaret de doña Candelaria Catriao.
LA NOCHE ES JOVEN
En el sector funcionaban otros “quilombitos”, como el Royal, el Viña del Mar, la Casa de la finá Cañas, el Moulin Rouge y el Shangai con un promedio de 8 a 10 asiladas. La mayoría de las niñas venían del norte del país. Como este era un territorio de “hombres solos, la mayoría de ellas rápidamente se casaban con muy buen resultado ya que incluso las venían a buscar argentinos del mineral del Río Turbio” rememora nuestro informante.
A don Alberto no le cuesta recordar a los otros músicos del ambiente, pues entre ellos había buena comunicación. Por lo demás cada prostíbulo tenía su orquesta. Si se trata de elegir al mejor pianista, el número puesto era Mario Hinojosa, murió de un infarto frente a los teclados del Moulin Rouge. De los trompetistas se queda con Timón, de vez en cuando se juntaban para tocar con bandoneón y trompeta “España Cañí”, un exitazo aplaudido hasta el cansancio en los salones...”a timón la bohemia le carcomió los pulmones y se fue al bombo” sentencia en términos orquestales.
Pero el show debía continuar y aparecen un tal Vásquez bandeonista del “Moulin Rouge”; en acordeón brillaba Eduardo Sorzona; el violinista Demetrio Cholo Díaz lanzaba sus compases hasta el amanecer junto a Pedrito Perotic frente al piano. Tiene recuerdos borrosos de Hinostroza, del argentino Casado, del Chancha Negra; a lo lejos en una noche de viento pareciera estar escuchando las melodías de “Canaro en París”, “Falsa Moneda”, “Abril en Portugal”, pero Alberto Ojeda, sabe que esos compases sólo pertenecen a su imaginación, producto de su incomunicación con un mundo exterior donde predominan otras costumbres y otros compases.
Domingo, 29 de Agosto de 2004 18:25 ;?> No hay comentarios. Comentar.
23/08/2004
"LLEVARÁS POR NOMBRE NATALES
PUERTO NATALES - CHILE - HISTORIA
Fuente: PATAGONIA MIA Julio 2004 Documentación: Lic. H. Catalán
Ernesto von Heinz: Llevarás por nombre Natales
Poco se habla en las crónicas de fundación de Ultima Esperanza de este colono alemán. Al revisar los documentos sobre los primeros años del poblamiento es común encontrar el nombre de Ernesto Von Heinz. Si hubiera que caracterizarlo con la terminología de hoy se diría que era un trabajólico, además es uno de los pocos colonos con formación avanzada en labores agrícolas. Provenía de la ciudad de Ohlan, Silesia, Alemania, donde había nacido el 17 de agosto de 1865.
En el año 1883, Von Heinz estaba dedicado por completo a la administración de los predios de su padre en la región de Silesia. Era un joven que aún no llegaba a los treinta años y todo indicaba que al incrementar la productividad de los predios paternos, sería uno de los agricultores de status en esas comarcas. Pero el joven Ernesto procuraba mantenerse informado de las andanzas de su primo en los territorios de América. Por lo tanto, cuando Hermann Eberhard, su primo regresa a Silesia al primero que visita es a él para hablarle en vivo y en directo de las hermosas tierras en un territorio llamado Chile-Austral .
TENGO UN PRIMO EN AMÉRICA
Este primo hermano de Von Heinz, quince años mayor, a diferencia de él que había optado por la agricultura, siguió la tradición familiar. Hermann Eberhard apenas alcanzó la edad mínima para ser militar, ingresó al Cuerpo de Cadetes de Wahlstatt, cursando allí los estudios primarios y secundarios, los que terminó con el Bachillerato en Berlín. Sus afanes aventureros lo hicieron optar por el mar, transformándose rápidamente en capitán de la Marina Mercante. Fue en uno de los barcos de la poderosa compañía de navegación “Kosmos” que llegó a la Patagonia, radicándose en el sector de Chymen Aike, cerca de Gallegos.
El sueño de Eberhard era llegar a “The Plains of Diana”. Después de una aventura que duraría tres meses un día de agosto de 1892, regresan a Punta Arenas “casi exhaustos, con un aspecto de vagabundos, con su ropa completamente deteriorada y adelgazados como esqueletos, dando cuenta de su temerario viaje” (“El Magallanes”, P.Arenas 22.06.1931). La expedición que encabezaba Eberhrard con su inseparable amigo Augusto Kark, junto a otros atrevidos navegantes habían llegado a lo que hoy llamamos Llanuras de Diana. Rápidamente solicitan al Gobernador Manuel Señoret autorización para poblar todo el hermoso valle que han descubierto. Señoret en un gesto de estadista y visionario da las más amplias prerrogativas para ocupar el lugar. De no ser por la actitud adoptada por tan destacado Gobernador los territorios que hoy conocemos como chilenos pertenecerían a Argentina. He aquí un gesto ejemplarizador, poblar para ganar soberanía por presencia.
De estos territorios le habla Eberhard a Ernesto von Heinz. El capitán de la marina alemana comprendía que estos territorios serían generadores de una riqueza extraordinaria. Necesitaba a su lado la voz autorizada de un profesional en cuestiones de producción agrícola. Al regreso de Alemania ocuparon todo el valle que hoy es la Cuenca Carbonífera de Río Turbio, fundando allí un establecimiento ganadero que llamarían “Silesia” en homenaje a la tierra madre en Alemania.
NATALICIO DE DOROTEA
En la leyenda se le atribuye a von Heinz el haber dado origen al nombre de Puerto Natales. Bien sabemos, que nuestra ciudad debe su nombre al Rio Natalis. Este cauce de acuerdo a las crónicas era importante en los años de los primeros poblamientos. Ubicado en el límite norte de la ciudad hoy es sólo un hilillo de agua. Incluso gran parte de lo que era su cauce hoy está habitado. Nuestro personaje lo descubrió y lo llamó Natalis, porque llegó hasta sus orillas el mismo día del nacimiento de Dorotea, una de las hijas de Eberhard.
Cuando iniciaban con entusiasmo a hacer producir “Silesia”, comenzaron los problemas de límites en el sector entre Chile y Argentina. Informados que el gobierno de Chile cedería el lugar donde estaban ubicados, Von Heinz solicita campos ubicados hacia el Oeste en las orillas del Río Vizcachas. Los campos serían bautizados con la denominación que le daban los tehuelches al sector, es decir, Cerro Palique (¿No debería haberse llamado Pali-Aike?).
Su afán de ir abriendo nuevas tierras a la colonización y a la producción lo hacen aliarse con otro colono alemán, Rodolfo Stubenrauch, que por aquellos años era Cónsul de Alemania en Punta Arenas. Ambos fundan la estancia, hoy argentina, que llevará por nombre Tapi-Aike. A esta empresa de la tierra se incorporará Mauricio Braun. En los años venideros el éxito por la producción de lanares les sonríe a estos socios. La explotación de nuevas tierras sigue siendo la razón de la sociedad, llegando a fundar establecimientos ganaderos en la zona del Río Limay y Río Negro (Argentina).
Respetado por su espíritu de emprender y por su capacidad para incorporar tecnología en los campos de la Patagonia, este ciudadano alemán fallece en Punta Arenas a los 93 años en el año 1958. Para escribir esta crónica hemos tenido a disposición entre los muchos documentos, un recorte de diario donde aparece una pequeña biografía del personaje con motivo de su fallecimiento. Llama la atención el siguiente párrafo del obituario de Ernesto von Heinz...”fue uno de los descubridores de la Cueva del Milodón en los alrededores de Natales, donde halló los restos del fabuloso herbívoro antediluviano que llevados por el navío argentino “Azopardo” fueron obsequiados al Museo de La Plata”.
Desconocíamos este otro destino de los restos del Milodón. Pero, esto será motivo de una nueva crónica. Nuestra intención por ahora era destacar la figura de Ernesto von Heinz. Nuestra pretensión es que trascienda su aporte profesional en el desarrollo incipiente de la ganadería en esta parte de Chile. Pero de no menor importancia ha sido encontrarnos con quien bautizó la ciudad donde hoy vivimos y soñamos.
Lunes, 23 de Agosto de 2004 18:26 ;?> No hay comentarios. Comentar.
13/08/2004
LA MÚSICA DE LA TIERRA
Por Amalia – Patagonia Mía – Puerto Natales – Chile
Corría fines de los ’70 y el clima estaba muy tenso y enrarecido. Tanto así, que yo, a mis 6 años, lo notaba. Fueron tiempos difíciles y oscuros, aún con toques de queda, censura de prensa, música y pensamiento; carabineros chequeando pasajeros de los buses interurbanos, de los vuelos al Norte y mucho, pero mucho miedo: al pasado, al presente y al futuro. Las heridas estaban aún sangrantes y se temía por la integridad física, por el trabajo, por los hijos, los esposos y los amigos, que aún seguían partiendo hacia países lejanos sin pasaje de retorno, pues era la única puerta de escape hacia la libertad y una infinidad de posibilidades vedadas por aquél entonces a quienes, por conocerse su inclinación política, estaban destinados a permanecer replegados en la sombra, conteniendo la respiración, ojalá haciéndose invisibles.
En mi ignorancia infantil, veía cada noche a mi mamá cerrar concienzudamente las cortinas y las puertas. Como aquel ritual me parecía entretenido, la ayudaba, “para que no nos mirara el lobo”... Era la época de la tele en blanco y negro, del Japening con Ja, de las Citronetas, las canciones italianas y de los Bee Gees; la vida transcurría aburrida e incierta, mas llena de ansiedad y esperanza.
No ajeno a esta realidad gris, de invierno profundo en las almas de muchos, estaba gestándose una de las más grandes creaciones musicales de nuestra región. Veía a mi papá ir y venir entusiasmado, anticipando la llegada de algo grande e importante de verdad: era el “Canto a Magallanes”, creado e interpretado magistralmente por el grupo Alturas. Su estreno fue un acontecimiento tal, que las funciones hubieron de sucederse a tablero vuelto más allá de lo esperado, a fin de satisfacer la demanda de miles de magallánicos que se apretujaban en la boletería del Teatro Municipal, locos por conseguir una entrada. A pesar de mi corta edad, fui testigo del fenómeno, pues con mis papás nos repetimos dos veces el plato. La voz envolvente de Fernando Ferrer estremecía desde la primera a la última de las butacas; el sonido del viento, la historia narrada y la fuerza de las canciones fueron tan impactantes, que marcaron a fuego el sentir colectivo. Nunca los magallánicos se habían sentido más identificados, interpretados y homenajeados. Ni una mosca volaba durante la presentación del Canto, cuya culminación, con la consabida “Oración por Magallanes”, llevaba al más insensible a olvidar la compostura y llorar de emoción y aplaudir a rabiar, orgulloso de sí mismo y sus antepasados. Fue un fenómeno inolvidable e irrepetible. Hasta el día de hoy, no hay magallánico al que no se le ponga la piel de gallina cuando lo escucha.
Como prueba de lo anterior, hace algunos años, el grupo Alturas se presentó en el Centro Español de Natales. Pese a que recién habían tenido que lamentar la muerte de su querido trovador, Fernando Ferrer, quisieron regalarnos algunos fragmentos de su obra, con el hermano de aquél tomando su lugar. El resultado fue el de siempre: terminamos todos emocionados hasta las lágrimas.
Hace algunos días, tuve la alegría de recibir una hermosa encomienda, la que incluía el DVD “Momentos de Alturas”, el cual fue rodado casi íntegramente en Natales, con las canciones más recientes del grupo. Fue muy grato ver a gente conocida y querida participando como espectadores, declamadores y “extras”. Las nuevas canciones siguen pregonando amor por Magallanes, su gente y su eterno viento, pero desde una perspectiva más alegre, romántica y soñadora.
Es hermoso tener ritmos que nos transporten hacia el lugar que amamos, letras de canciones que nos hagan evocar nuestras raíces y recordar que, no importa dónde nos encontremos, podemos recurrir a la magia de la música para volar con el viento hacia donde nuestro corazón pertenece.
Viernes, 13 de Agosto de 2004 22:58 ;?> No hay comentarios. Comentar.
04/07/2004
GABRIELA MISTRAL EN EL FIORDO AZUL
Ramón Arriagada – “Patagonia Mía” Puerto Natales – Chile
Rogelio Figueroa era un excéntrico en estos territorios. Era una persona de un bagaje cultural extraordinario. Como político estaba con todas aquellas posiciones que se rebelaban contra la forma abusiva de apropiación de tierras. En esta posición lo acompañaba Herman Eberhard, colono alemán fundador de Puerto Natales.
La posada fue ubicada entre dos lagunas y se llamó “Tres Pasos”. Una de esas lagunas era “Sofía” y la otra con el tiempo se conoció como “Figueroa”. Gabriela Mistral era directora del Liceo de Punta Arenas y fue invitada a visitar Ultima Esperanza por Rogelio que escribía artículos y poemas con el seudónimo de “Tácito” en diarios de Punta Arenas. La visita fue concertada a fines de 1918 y Gabriela viajaría con su amiga Laura Roig en uno de los carros del correo postal de la propiedad de Figueroa.
Problemas en el camino
El 23 de enero de 1919, tuvieron lugar en Puerto Natales dolorosos momentos. El enfrentamiento entre trabajadores del Frigorífico Bories y guardianes de la Explotadora que actuaban junto a Carabineros, había dejado una secuela de muertos por ambos lados. El levantamiento social dio origen a una situación inaudita y nunca repetida en Chile ya que los sindicalistas, en su mayoría anarquistas, tuvieron bajo control la ciudad por tres días. Las cosas se tranquilizaron cuando destacamentos fronterizos argentinos y luego un barco de la Armada chilena con fusileros llegaron a terminar la revuelta. Los sucesos colocaban en difícil posición a Figueroa pues todos aquellos que se enfrentaban a la Explotadora eran tenidos como sospechosos de colaborar con los sublevados. Pero pudo más el compromiso social de la poetisa; ella había ayudado en Punta Arenas a la conformación de Escuela Nocturnas, gratuitas para trabajadores, un gran anhelo de las organizaciones obreras. Junto a Laura Roig “se preocupó de crear conciencia sobre el problema que la indebida alimentación y la falta suficiente de sol creaba en los niños, produciéndoles descalcificación y raquitismo”. Era de una gran conciencia ecologista. Todos los añosos cipreses de la calle Colón fueron plantados por Gabriela y sus alumnas del Liceo.
Belleza y desolación
Son pocos los biógrafos de Gabriela Mistral que se refieren al viaje a Última Esperanza. Recomiendo leer de nuestro Premio Nacional Roque Esteban Scarpa su obra “La desterrada en su Patria” (Editorial Nascimiento, 1977); quien afirma “creyó que en Magallanes, como en su alma, había una gran desolación, nos honró llamando a su primer libro con el nombre del alma de ella en ese entonces”. Muchos de los poemas en “Desolación”, parte IV titulada “Naturaleza” nos transmiten los sentimientos que le producen las vivencias del viaje. Al pasar por el sector del Rubens queda consternada al ver los restos humeantes de bosques nativos, destruidos por el hombre, para ganar terrenos para el pastoreo.
Qué significativo sería hoy llevar a los jóvenes natalinos a dicho lugar y leer con ellos en voz alta “Árbol Muerto” y el hermoso poema “Tres Árboles. Sería la mejor vivencia de cómo la poesía puede ayudar a los hombres a cuidar su entorno. Quien no se conmueve al leer “Desolación” y encontrar el siguiente verso...”La tierra a la que vine no tiene primavera: tiene su noche larga que cual madre me esconde”. La fecha de los poemas donde toca el tema de la destrucción del bosque es el 2 de febrero de 1919. En aquella época el camino de Punta Arenas a Puerto Natales, pasaba por territorio argentino. Baja por el Cordón Arauco y se encuentra con las panorámicas de la Llanuras de Diana y el Seno de Ultima Esperanza. Ella, amante de la naturaleza, queda extasiada.
Más tarde no podrá evitar detener el carruaje que la lleva al norte de Puerto Natales, hacia “Tres Pasos”. Desde lo alto del camino observa el Frigorífico Bories. Es un día de verano magallánico, escribe “El Fiordo Azul” poema breve que merece una doble lectura...”Agua muda pudorosa/ de su dolor. Yo te traigo/ el mío, que entre los hombres/ va como el tuyo, callado”.
La visita continuará hasta “Tres Pasos”, donde la espera Rogelio Figueroa con su esposa Juanita Vásquez. En el libro de Scarpa éste afirma que viajaron junto a Laura Roig hacia las Torres del Paine. La amiga de Gabriela es pintora y plasma en una acuarela ese paisaje celestial.
La estadía en tierras magallánicas de nuestra máxima poetisa duraría dos años. Partirá hacia el norte para volver a sentir el calor de su tierra árida “donde florecen los almendros”. Para la poesía nos dejó su testimonio, invitando a quienes llegan a estas tierras a vivir con su desafiante desolación.
Domingo, 04 de Julio de 2004 18:27 ;?> No hay comentarios. Comentar.
22/06/2004
SUEÑOS DE CARBÓN
PUERTO NATALES Y LA TRAGEDIA DE RIO TURBIO
Por Ramón Arriagada - Patagonia Mía - Junio de 2004
Un entendido en cuestiones mineras señalaba en la prensa de Punta Arenas que el incendio que se declaró en el pique carbonífero de Río Turbio durará por muchos días más. Para esa ciudad minera de la Patagonia Argentina, significa un duro golpe en su supervivencia. Hace unos días atrás la había visitado el presidente de la nación Néstor Kirchner; llevado en andas por sus habitantes al estrado del gimnasio, entre gritos de “Olé, Olé, Olé, … Lupo, Lupo” había comprometido una fuerte inversión. Se construiría allí una gran planta termoeléctrica alimentada con el carbón que sacarían los rioturbienses.
Ese fatídico lunes 14 llegaba hasta el fondo del pique minero el tercer turno integrado por 80 operarios. Aún resonaba en sus oídos las arengas de “Lupo” que los invitaba a ser protagonistas de un gran futuro para esa cuenca carbonífera. Ellos confiaban en su Presidente, quien desde la Gobernación de la provincia había defendido ante Menem la supervivencia del mineral. Hablar del refugiado ex mandatario en Río Turbio provoca manifestaciones de rechazo. Menem quiso cerrar el mineral (reconvertirlo como dicen los economistas)y nada mejor que entregárselo en concesión a esos amigos facinerosos que a él le sobraban. Estos desmantelaron y vendieron todo lo vendible en los piques y superficie. Kirchner siendo gobernador de Santa Cruz los denunció, pese a ser peronistas, y entregó mucho dinero en inversiones para ir al rescate del Turbio sin terminar con las labores extractivas.
Por eso el Presidente argentino, cuando llegó a Río Turbio, para estar presente por dos horas en el velatorio de cinco de los quince mineros, que hasta ese momento habían sido sacados del fondo del socavón, trasuntaba una profunda tristeza. Kirchner se quebró cuando llegó al féretro de un minero chileno muerto. Conversó con los ojos enrojecidos por la emoción con los dolientes, quienes después partirían rumbo a Puerto Natales para sepultar a José Hernández. El Presidente sabía que en la mina de la cual se sacaría el carbón para su flamante usina, las condiciones de seguridad eran mínimas. Todo se había desmantelado. Las correas transportadoras que ardieron ese día lunes al quedar trancadas, sufrían de fatiga de material como toda la quejumbrosa estructura del mineral saqueado por los compadres de Menem.
Nuestro lejano Puerto Natales, está a tan sólo treinta kilómetros del yacimiento carbonífero argentino. Tres de los mineros muertos en la tragedia vivían en esa ciudad chilena. Después del terremoto del 60, muchos chilotes marcharon hacia la Patagonia. No diferenciaron fronteras. Su bandera y patria estaba en el territorio que primero les ofreciera un futuro para ellos y su familia. En Río Turbio en los años setenta trabajaron cerca de 2.500 chilenos en las labores extractivas del carbón. Muchos de ellos tenían como dormitorio Puerto Natales. Eran los tiempos que la Patagonia era un territorio de hombres solos. Ovejeros, pescadores y mineros buscaban compañía en los “quilombitos” natalinos entre efluvios de vino y ginebra.
La ciudad fronteriza chilena se desarrolló gracias a los sueldos de los mineros de Río Turbio. Para desgracia de los gobiernos chilenos todo terminó a raíz de las beligerancias fronterizas del año 1978. Por razones de seguridad los militares argentinos ahuyentaron a los mineros chilenos y trajeron otros pobres. Estos provenían de las provincias norteñas de Entre Ríos y el Chaco. Hoy sólo quedan no más de 200 mineros chilenos en el mineral del Turbio. Todos ellos en edad de jubilar con 30 años de servicio.
Los natalinos han visto en estos días cómo se habla de ellos y su relación con el mineral de Río Turbio. Las noticias han llenado las primeras páginas de los diarios y noticieros televisivos. En Natales ochocientos mineros jubilados acompañaron con sus lámparas y buzos a los compañeros caídos. Ellos sobreviven en Chile con pensiones miserables por el problema del cambio de moneda. Para tener una atención médica decente deben viajar al otro lado de la frontera. En Chile no tienen acceso a ninguna previsión, son parias.
Si hay algo que ha llamado la atención en estos días es el silencio de las autoridades chilenas. A nivel central el mutismo da a entender que desde el centralismo nadie quiere hablar, porque nadie sabe lo que pasa en el sur. O bien, es la vergüenza cómplice de los gobernantes en Chile, que jamás entenderán qué se puede hacer en territorios vacíos. Al menos queda la satisfacción que Río Turbio no está en Chile, puesto que si así fuera, los interventores de turno ya lo habrían sepultado como a Lota.
Martes, 22 de Junio de 2004 18:27 ;?> Hay 2 comentarios.