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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado

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ELECCIONES PERUANAS

<h1><hr><u>ELECCIONES PERUANAS</h1></u>

EL FACTOR DE LOS HUMALA

Carlos Angulo Rivas

rodelu.net - 6 de enero de 2006

En un terreno generosamente abonado y bien sembrado, de guerra abierta contra el neoliberalismo, la corrupción, la inmoralidad y contra los políticos tradicionales y sus viejas armaduras partidarias, la aparición de un liderazgo ajeno al manejo del sistema político imperante era una necesidad inconfundible. Además el aval a esta tendencia contestataria y antiimperialista no provenía sólo del país (Perú) sino del poder integracionista sudamericano en gestación avanzada (MERCOSUR como bloque de poder regional y rechazo al ALCA en Mar del Plata.) Y una muestra representativa de todo este trabajo de la vanguardia política de izquierda y los gobiernos progresistas de Brasil, Argentina y Venezuela fue el inobjetable triunfo del Frente Amplio de Tabaré Vásquez en Uruguay y hoy en día ha sido la aplastante derrota de la maquinaria oligárquica boliviana con el triunfo de Evo Morales y el significativo alcance de un 53.7% de los votos válidos a su favor (cifra oficial.) Resultado que para unos fue una sorpresa y para otros el fruto de una dinámica evolutiva de las fuerzas anticapitalistas en los propios Estados burgueses que bien podríamos llamar una revolución de los votos o de los procesos electorales avivados por las caídas de varios presidentes constitucionales provocadas por la insurgencia popular participativa.

En este contexto, la recepción a un líder antisistema en el Perú estaba descontada. En octubre pasado, en mi artículo "El cambio está sólo en el campo popular" mencioné: "Existe un bolsón de votos no definidos que son anti-sistema, anti-corrupción e inmoralidad, que aunque pesimistas irán a definir la elección en el tramo final apostando por un cambio viable. Se habla con insistencia de Ollanta Humala, el nacionalista comandante del ejército pasado a retiro, quien para llegar a convertirse en el outsider buscado deberá entender la política con el más amplio criterio consensual y pluralista del campo popular. Si así lo entiende bien podría ser el candidato presidencial en un frente amplio de todas las fuerzas sociales innovadoras." Al respecto, una parte de esta visión se ha cumplido. El candidato Ollanta Humala ha llenado el espacio vacío dejado a disposición de él por una vanguardia de izquierda incapaz de haber creado el líder ideal para los tiempos que sobrevendrían, los de juntar la enorme pluralidad de los representantes independientes de izquierda (expertos, intelectuales, técnicos, cristianos progresistas, ecologistas, etc.) cuyo denominador común es el anticapitalismo y, en consecuencia, el antineoliberalismo unido a la desacertada idea (para los países pobres) de la globalización.

A la fecha Ollanta Humala ha llenado ese vacío electoral del hartazgo con los partidos tradicionales, pero lo ha hecho de una manera tal vez precipitada por la urgencia de su inscripción presidencial ante el Jurado nacional de Elecciones y la falta de reconocimiento oficial a su partido (PNP.) Esta dinámica de atolondrada negociación permitió la invasión de elementos corruptos, ávidos comerciantes de la política. No de otra manera se explica la presencia en la fórmula presidencial de un funcionario dorado del equipo inicial de Pedro Pablo Kuczynski y un abogado nexo con el fujimorismo; esto separadamente de su unidad partidaria con la UPP, cascarón partidario tradicional de sagaces utilitarios. Tal vez esta premura de la inscripción sin partido reconocido lo puede haber llevado a una confusa situación que contrariamente a la ambigüedad lleva como capital político el bolsón de los votos de la confrontación con el sistema o sea del espacio izquierdista que los partidos socialistas y afines no pudieron conquistar. Y hoy a pesar del espaldarazo internacional recibido de parte Evo Morales y Hugo Chávez en Caracas, no sabemos si Ollanta Humala es el candidato ideal buscado, aunque sí por las simpatías que despierta el llamado a derrotar al conjunto de los partidos tradicionales del sistema neoliberal impuesto desde Washington: Unidad Nacional de Lourdes Flores, el APRA del acusado de corrupción y genocidio Alan García y el Frente de Centro del ex presidente provisorio Valentín Paniagua.

Sin embargo, no por una cuestión de simpatías sino de seguridad en torno a la verdadera transformación del país, el requisito indispensable era la conformación de un frente amplio popular como el uruguayo, representativo de las luchas anticapitalistas y contra la vieja clase política anillada en torno al cabecilla inmoral Alejandro Toledo. Y digo era sólo porque sigue siendo aún una posibilidad. Ya que si bien hubo algunas conversaciones alrededor de esta posible alianza de frente amplio popular a ser encabezado por Ollanta Humala, el descalabro sobrevino de una parte por la falta de consistencia ideológica y política de un candidato confundido por la velocidad de los acontecimientos; y de otra por el dogmatismo de los partidos de izquierda de auto-promoverse con la dirigencia en primera instancia y no con el naipe abierto hacia los intelectuales y técnicos del vasto campo popular. Debemos mencionar que Ollanta Humala es un candidato caudillista (cuando la costumbre del caudillismo no ha sido desterrada de América Latina;) y es uno, que de buenas a primeras encontró la mesa servida gracias al trabajo de muchas fuerzas en juego en el ambiente nacional exacerbado por la corriente sudamericana de los golpes de la insurgencia popular producidos, principalmente en Argentina, Ecuador y Bolivia; de los paros nacionales contra la política servil y de hambre de Alejandro Toledo; y también del empuje de la revolución bolivariana de Hugo Chávez secundada por Cuba. Por esas razones justamente, la izquierda partidaria o política dejó pasar la oportunidad de la confluencia abierta a todos los sectores agraviados por el sistema político vigente regido por el espurio estatuto de Alberto Fujimori. Y esta clamorosa falta de dirección y visión política de la izquierda se fundamenta en el perdurable dogmatismo de haber privilegiado a la militancia, como siempre jugando a la posible representación parlamentaria dentro del actual orden gubernativo (mínima en el mejor de los casos) antes que pensar en la viabilidad de ser gobierno de cambio radical, para lo cual es básico y forzoso ir contra el sistema vigente del llamado consenso y el ilusorio Acuerdo de Gobernabilidad (lugar donde esta izquierda tiene la triste presencia de los convidados de piedra).

En esta enorme confusión electoral peruana con la vergonzosa presencia de una veintena de candidaturas presidenciales, una vez más la izquierda partidaria padece no sólo de la falta de unidad sino también de la insolvencia para comunicarse con amplios y diversos sectores de la sociedad. Y en esta dirección como ocurrió en el 2000 y el 2001 los izquierdistas activados han dejado la cancha libre para el advenimiento de otro Alejandro Toledo, el hombre que se subió al coche en marcha de la rotunda oposición al delincuente prófugo Alberto Fujimori, y lo hizo con un discurso emotivo de raigambre popular, aprovechando sus inconfundibles rasgos indígenas, para luego desde el poder servir con la mayor eficiencia a los propósitos de la Casa Blanca. Sin embargo, hay que resaltar que Ollanta Humala posee una formación diferente a la de Toledo y no ha sido incubado en las regias hospitalidades de los organismos internacionales y la Casa Blanca. Y si esto abona en su favor para no ser confundido con otro Toledo, no se puede decir lo mismo de su miedo a la definición cabal y auténtica, porque una cosa es su ideario de la creación de una Segunda República y otra muy distinta su alianza con algunos políticos corruptos de vieja data. Aquí no cabe duda que la creación homérica de Ollanta se debe al esfuerzo de su hermano Antauro, los reservistas y el periódico que bajo el nombre del candidato circuló por más de dos años con ataques virulentos contra el régimen pronorteamericano de Toledo, la clase política corrupta y la costra inmoral de los fujimoristas y los generales corrompidos encumbrados por el asesor y agente de la CIA Vladimiro Montesinos. No obstante, todo aquello ha sido dejado de lado a fin de tomar una distancia con su propia familia y fundamentalmente con la sublevación de Antauro Humala en Andahuaylas que en un momento de desbarajuste gubernativo (enero de 2005) pedía sólo la cabeza de Toledo y la restitución del orden constitucional (Carta de1979) violada y burlada por el ciudadano japonés Alberto Fujimori y sus sucesores, seguidores del estatuto dictatorial que rige hasta nuestros días. Sublevación de Andahuaylas que no apuntaba, como la prensa de la derecha quiere mostrarla, a la imposición dictatorial del etnocacerismo. ("Perú: evasión deliberada") Ollanta Humala sólo reivindica la "quijotada" de Moquegua (levantamiento contra Fujimori en las postrimerías de su huida a Japón) como bien lo ha señalado el presidente Hugo Chávez; y no la de Andahuaylas tal vez por temor a ser tachado de insurgente por una derecha hábil en la demolición de los candidatos populares, lo cual es impropio en tanto y en cuanto en la lucha política existen ejemplos de sublevaciones lícitas, de llamadas de atención a la podrida clase gobernante, como por ejemplo la del propio Hugo Chávez contra el impenitente inmoral Carlos Andrés Pérez; o la del mismo Evo Morales contra Sánchez de Losada donde hubo decenas de muertos. Entonces, debemos pensar seriamente en varios aspectos de esta candidatura vinculada a la figura de Velasco Alvarado en la historia peruana, reivindicación internacional hecha en el discurso de Hugo Chávez. ¿Significa este acercamiento a Chávez una política de raigambre fundamental, de identificación firme con el bloque de poder sudamericano en formación o es sólo una pose electorera? Ulises Humala, el hermano también candidato presidencial identificado con Antauro, piensa que tanto el presidente electo de Bolivia, Evo Morales, como Hugo Chávez están equivocados respecto a la posición progresista e innovadora de Ollanta. Pero, lo que cuenta en el oficio político son los compromisos, los programas y las líneas de acción inmediata y de ahora en adelante, para creerle, Ollanta Humala debe dejar de lado su don de confusa presencia para reencontrarse con los mejores cuadros del conglomerado disperso de las candidaturas de izquierda y las progresistas a fin de conformar el más amplio frente popular de respaldo a su candidatura, confluencia posible a través de las lista congresal y la renuncia de las mini-candidaturas sin opción alguna. Si la izquierda peruana ha madurado lo suficiente debe pensar seriamente en compartir el gobierno, en ser gobierno, no elementos aleatorios de oposición consentida y alegre en un Acuerdo Nacional que no sirve para nada, excepto para reforzar el sistema de dominación y colonialismo dirigido por los partidos tradicionales. Y tomándole la palabra a Ollanta Humala, después de su visita a Caracas, estamos por su llamado a "la unidad política de todas las organizaciones sociales y fuerzas de izquierda del país, ronderos, cocaleros, mineros, alpaqueros; las puertas están abiertas en este proyecto nacionalista en condiciones de igualdad," ha señalado. En este sentido, adelantó que en los próximos días tomará contacto con los principales líderes de la izquierda y otras organizaciones sociales para explicarles su propósito.

 

 

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EVO Y OLLANTA

<HR><h1><u>EVO Y OLLANTA</h1></u>

Iván Salas Rodríguez (*)

Bolpress

Conversaba hace poco con un amigo inteligente pero lamentablemente, inexplicablemente simpatizante de la derecha; me decía que Evo Morales en Bolivia y Ollanta Humala en Perú asustaban a los empresarios. Bueno, le dije que en la sierra a los que se asustan los limpian con cuy y se sanan. El susto no es el tema central, la pregunta fundamental es: ¿seguiremos tolerando el saqueo de nuestros recursos, el robo de impuestos, la corrupción y el maltrato permanente a nuestros trabajadores y jubilados?
Evo Morales demostró que el pueblo boliviano no aguanta más abusos, esperó pacientemente el triunfo de una propuesta NACIONALISTA, PATRIÓTICA, de RECONSTRUCCIÓN NACIONAL. ¡Evo valiente, ya eres Presidente! exclamaba la multitud al celebrar el triunfo.
De nada sirvieron los gritos de la derecha: si Evo gana el capital extranjero se va, subirá el dólar, caerá la bolsa de valores, los indígenas tomarán venganza, asaltarán las casas de los empresarios santacruceños. Muy oportunas las declaraciones del premio Nóbel de Economía Joseph Stiglitz. El 20 de noviembre otorgó una entrevista al periodista David Rieff del New York Times, Stiglitz comentó: “Si Bolivia termina los contratos vigentes, podría negociar nuevos acuerdos en mejores condiciones.” (Ver Bolpress del 22 de noviembre).
Las encuestas manipuladas informaban de un “empate catastrófico”, se postergaron las elecciones, se depuraron un millón de electores en el padrón, se dijo de todo, al final se impuso la razón, el amor a la Patria, el compromiso popular auténtico.
Los resultados preliminares hasta hoy día dan 52.99% a Evo y 29.67% para PODEMOS de Tuto Quiroga, el representante de la derecha boliviana, el siamés de “Unidad Nacional” en Perú. Con estos resultados, las encuestas deberían dedicarse a otras actividades más sanas y productivas: criar loros, sembrar papas o tejer.
Ganó el candidato de las mayorías, aquel niño aymara pastor de llamas en el altiplano de Oruro. Cálido triunfo, imagino los abrazos, las lágrimas, el recuerdo de quienes cayeron en defensa de sus derechos y los de sus hijos.Evo Morales ha prometido: “Empieza una nueva historia de Bolivia donde se buscará la igualdad, justicia, equidad y paz con justicia social.” Lloran  desconsolados los saqueadores, los fieles defensores de la infamia y el disparo impune, cosen sus bolsillos los holgazanes que ven en nuestros pueblos oportunidades para la vida fácil, alejada del esfuerzo emprendedor y el compromiso con la Patria.
En el Perú la derecha y sectores conservadores hacen esfuerzos similares que en Bolivia para lapidar la candidatura de Ollanta Humala quien ha propuesto dos temas centrales: revisar los contratos y modificar la Constitución que dejó la mafia Fujimontesinista desde 1993.
Periodistas, sicoanalistas, escritores, analistas, temerosos de una victoria con olor a pueblo, a people sudorosa, han puesto el grito en el cielo. Fascista, loco, irresponsable, autárquico, son algunos de los adjetivos.
El jueves 15 de diciembre asistí al mitín de Ollanta en la plaza de armas de Cajamarca. Resumo lo escuchado:
Nueva Constitución Política.  La de 1993 fue diseñada por la mafia Fujimori-Montesinos, triunfó en un fraudulento referéndum. Esta Constitución está elaborada a la medida de los intereses transnacionales que ya se apropiaron de casi todo por aire, mar y subsuelo. El artículo 63  establece: “La inversión nacional y extranjera se sujetan a las mismas condiciones.” ¿Toleraría un artículo de esta naturaleza la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica, Francia o China? 
Revisar los Contratos.  Incorporo una sugerencia: no basta con revisar, hay que CAMBIAR estos contratos entreguistas estableciendo Joint Venture: 60% de las utilidades netas para el Perú, 40% para la inversión privada. Esto ayudará a capitalizarnos para desarrollar nuestro mercado interno y atender sectores hoy descuidados: Educación Salud, Seguridad Social, Nutrición, modernización de las fuerzas armadas y policiales.                                                            
3º Impulsar el agro y la industria como pilares del desarrollo nacional. Ollanta propuso la urgente necesidad de trabajar por el logro de la SEGURIDAD ALIMENTARIA, propuesta de sentido común, no puede haber desarrollo sin producción nacional sostenida.
4º Fortalecer la presencia del capital nacional incentivando la participación del empresariado nacional. “Queremos una nueva repartición nacional del Poder” manifestó. Explicó el caso de Corea y otros países donde el impulso al sector empresarial nacional es fundamental.
5º Reforma del sistema educativo. Resaltó la necesidad de articular la Universidad renovada al desarrollo nacional.
6º Cuestionó la firma del TLC cuyo informe final aún no se conoce. Propuso la convocatoria a un referéndum nacional.
Remarcó la propuesta de tener instituciones sólidas que sirvan al pueblo con funcionarios honestos; propuso un Estado Nacionalista con capacidad financiera y moral que además recupere su soberanía.
Adquirió el compromiso de terminar con las denominadas “planillas doradas” en la administración pública.
8º Se comprometió a cobrar los impuestos y regalías a las empresas que aún no cumplen: Minera Yanacocha, Antamina, entre otras.
9º Explicó la propuesta de una nueva integración comercial soberana que fortalezca nuestra participación como en APEC por ejemplo (Cooperación Económica Asia Pacífico).
En este tema sugerimos añadir la necesidad de una INTEGRACIÓN CONTINENTAL SOBERANA para afrontar problemas comunes: renegociar deuda externa, disminuir el gasto militar en la región, política comercial integral y soberana que evite el saqueo vía TLC y ALCA. El Presidente Lula ha avanzado en la propuesta de integración  América del Sur con los países árabes. INTEGRARSE O COLAPSAR es el dilema, ningún país sudamericano podrá afrontar con éxito el siglo XXI en forma  aislada.
Finalmente, Ollanta manifestó: “Actuaremos con justicia y no con venganza”, se preguntó además: ¿Qué país les dejo a mis hijos? Nuestros hijos no saben de política pero confían en nosotros.”
Al culminar el mitin nos preguntamos los amigos asistentes: ¿Dónde está el fascista, el autárquico? En honor a la verdad, pura fábula de la derecha y sectores conservadores que pretenden mantener el status quo o simplemente maquillarlo.

 

 


ISLA NEGRA EN EL CORAZÓN

<h1><hr><u>ISLA NEGRA EN EL CORAZÓN</h1></u> Por Rosa Núñez Pacheco
Arequipa, diciembre de 2005
Presentación de Aristóteles España

La autora de esta crónica participó del X Encuentro Internacional de Escritores realizado en el puerto de Chañaral (Región de Atacama-Chile) desde el 24 al 27 de octubre de 2005; posteriormente realizó una visita a las casas de Pablo Neruda. He aquí un recuento de su viaje por aquellos parajes australes.

Y después del Encuentro en Chañaral de Las Ánimas, los poetas partieron hacia distintas y lejanas direcciones: Colombia, Perú, Bolivia, Argentina y Uruguay; los que nos quedamos en Chile emprendimos una larga travesía más al sur. En la madrugada, bajo el tiritar de las estrellas, atravesamos el desierto silencioso de Atacama. Entre sueños lo vimos florido, desprendiendo sus mágicos olores de añañucas y amancaes, mientras que, como un viejo reloj de arena, el tiempo transcurría difusamente, trayendo a nuestra memoria el cálido recuerdo de los amigos, de sus versos, de sus vidas, de su profunda humanidad.
Más tarde, cuando el sol estaba en lo alto y la brisa marina nos refrescaba del ligero calor de aquellos días finales de octubre, entramos a La Serena. Ahí también había un puerto y a medida que recorríamos la ciudad,  imaginariamente anclamos y nos dirigimos a los valles cordilleranos del oriente en busca de la voz de una mujer visionaria que fue reconocida con el Premio Nobel de Literatura hace cincuenta años: Gabriela Mistral. Con su poesía fuimos adentrándonos en su Valle de Elqui, tierra de lagares y de montañas que arden en rojo y azafrán, y cuyo río cristalino se une serenamente con el mar.
Luego de algunas horas más de viaje llegamos a Santiago. Atravesamos la ciudad subterráneamente en el metro y luego desde el vigésimo piso de un edificio pudimos apreciarla en pleno movimiento. Casi al frente nuestro estaba el cerro San Cristóbal, en cuya ladera se hallaba La Chascona que, junto a Isla Negra y La Sebastiana, forma parte de las tres bellas casas náuticas que Pablo Neruda poseía en Santiago, Isla Negra y Valparaíso, respectivamente. Cuando la visitamos sentimos formar parte de ese barco  lleno de objetos a los que él dio vida con su palabra:  Las cajitas de música, las muñecas, los cuadros de Diego Rivera, sus muebles,  sus poemarios, su medalla del Nobel, en fin toda su vida compartida con Matilde Urrutia.
Pero nada se compara a lo que significó llegar a Isla Negra, su mejor barco anclado frente al mar. En su póstumo libro Confieso que he vivido (1974), Neruda dice que luego de regresar  de  España necesitaba un sitio de trabajo para escribir su Canto general. Fue entonces cuando conoció a un viejo capitán de navío español que le vendió una casa de piedra a medio construir en 1939, y él poco a poco terminó de concebirla llenándola con su imaginación y sensibilidad poética, arrebatándola a las olas que se estrellaban contra las rocas acomodadas en sus linderos, o tal vez para compartirla y formar parte de esa inmensidad viva y palpitante que bañaba las costas y que llevaba a su barco por parajes lejanos pero no extraños a su corazón.
Al inicio del recorrido por la casa hay una inscripción que dice: “Regresé de mis viajes. Navegué construyendo la alegría.” En efecto, esta casa invita a navegar, ya sea viendo el océano desde sus ventanas o mirando los objetos marinos que el poeta recolectó con una ardiente pasión.  En sus distintos ambientes pudimos apreciar sus famosas colecciones de caracolas y de insectos, sus colmillos de narval, sus mascarones de proa  como La Medusa o la María Celeste,  sus botellas de variados colores y formas, sus figuras totémicas, sus antiguas fotografías, sus piedras, sus barcos en miniatura, sus libros, su caballo de tres colas, etc. Todo esto perteneció al legado que dejó el poeta a los trabajadores del cobre y del salitre, pero que hoy forman parte del museo administrado por la Fundación Neruda.
Más allá de los recintos de madera y al aire libre hay una  tumba en forma de proa adornada por hermosas florecillas que juegan con el viento proveniente del vaivén de las olas. Ahí descansa el poeta junto a su  Matilde amada. No hay un epitafio como el de Vicente Huidobro, en Cartagena, que diga: “Abrid esta tumba: al fondo se ve el mar”; no es necesario: Neruda era del mar y a él había vuelto, y el mar estaba ahí frente a nosotros. De pronto sentimos una súbita tristeza al recordar sus últimos momentos en aquellos días lúgubres. La muerte había invadido la  primavera que él había construido con toda su esperanza; pero ni los incendiarios ni los guerreros ni los lobos lograron matarlo. Su poesía no ha muerto, tiene las siete vidas del gato, como él mismo había escrito en sus memorias póstumas Para nacer he nacido (1978).

A un año del centenario de su nacimiento, su voz continúa viva, nos la trae el rumor interminable de las olas y el vuelo incesante de los pájaros; por eso miles de navegantes que van de puerto en puerto en busca de la poesía, la encuentran palpitante y bullente en este refugio sereno que verdea en Isla Negra como un canto de amor intenso a la vida.


OLLANTA HUMALA, EL CHÁVEZ PERUANO

<h1><hr><u>OLLANTA HUMALA, EL CHÁVEZ PERUANO </h1></u>

Un ex teniente coronel nacionalista y que hace campaña con un discurso antichileno es el nuevo "outsider" en la elección presidencial peruana, como antes lo fueron Fujimori y el propio Toledo. Ollanta Humala ya va segundo en las encuestas, y -con su discurso populista estilo Chávez- entusiasma a muchos electores que no confían en la democracia.


 Por Álvaro Vargas Llosa
La Tercera - Chile
Fecha edición: 04-12-2005

 

Desde hace algunos años los peruanos se preguntaban: ¿Y quién será el "outsider" esta vez? Acostumbrados a un electorado que hace "desconocidas", como los caballos, presentían que, al igual que Alberto Fujimori en 1990 y Alejandro Toledo en 2000, alguien vendría a poner las cosas de cabeza esta vez también. Y así ha ocurrido. Ollanta Humala está ya en segundo lugar en los sondeos, pero es como si estuviera primero. El candidato nacionalpopulista tiene ese impulso que los estadounidenses llaman momentum".

No hay en su caso nada que, aparentemente no hayamos visto varias veces en la historia de América. Es más: tres dictadores del Perú fueron, como Humala, agregados militares en París antes de dar su golpe de Estado: Benavides, Sánchez Cerro y Velasco. Digo "aparentemente" porque sí hay una novedad importante: el golpe de Ollanta es democrático. Y allí radica el significado de su respaldo. Suele decirse que el suyo es un voto "antisistema". Yo iría más lejos: es un voto antidemocrático en un sentido literal. Un sector amplio del pueblo peruano se rebela contra la democracia, como los fascistas de los años 20 y 30 en Europa, desde adentro del sistema. 

"¿Ustedes quieren democracia?", parecen decir. "Muy bien", prosiguen, "aquí la tienen". Y se vuelcan en favor de quien representa una apuesta por el militarismo seudoprogresista que irrumpió en América Latina con Omar Torrijos en Panamá, continuó con un Velasco en Perú y desembocó, hace siete años, en el triunfo de Hugo Chávez en Venezuela. El orden militar y el Estado populista son la cara que adopta por ahora el golpe democrático de los peruanos. 

Los mismos resortes que movieron a muchos a volcarse con Fujimori en 1990 los llevan ahora, no sabemos si irreversiblemente, a los brazos de Humala. Aquello fue una reacción contra la democracia de los años 80. Esta es una reacción contra la democracia del nuevo milenio. Las diferencias entre ambas -la primera estuvo marcada por la inflación y el terrorismo de Sendero Luminoso- no son, para efectos del análisis, más importantes que lo que hay en común: una absoluta incapacidad para dar al ciudadano sentido de pertenencia al marco institucional, al Estado-nación, que en teoría es el suyo. El último ensayo por lograr eso, el proceso descentralizador impulsado por el gobierno de Alejandro Toledo, ha sido el mismo fiasco que tentativas anteriores. El peruano de a pie ve con rencor al juez, al policía, al parlamentario, al ministro, al Presidente. Pero también al sector acomodado de la sociedad civil: el empresario, el abogado, el periodista. Y ve como a un país extranjero el festín de cifras macroeconómicas que les habla de un PIB lozano.

VOTO RECHAZO 

Desde hace algunos años es frecuente que en las zonas más pobres los ciudadanos se tomen la justicia por su propia mano. Ello dice mucho acerca de lo que piensan del Estado que dice representarlos. Humala es la figura -pudo ser otra- que viene a darles a los ciudadanos hastiados de una "democracia" en la que sólo ven corrupción y politiquería, una irracional y ciega sensación de revancha. No extraña que en la última encuesta casi el 60 por ciento de sus votantes afirmen que el respaldo a Humala es "por rechazo" antes que "por convicción". Muchos expresan ese rechazo yéndose del país: la emigración crece vertiginosamente, al punto que la población solía aumentar a un ritmo de 2% al año y, según el último censo, lo hace ahora a un ritmo de 1,4%. Se ha ido medio millón de peruanos en esta nueva democracia. Los que no se fueron, votan por Humala sin saber que ya lo ha hecho antes muchas veces.

¿QUIÉN ES HUMALA? 

¿De dónde sale? Es un militar de ancestros ayacuchanos -y por la vía de su madre, también italianos- nacido en Lima hace 42 anos que alcanzó el rango de teniente coronel como artillero. En su servicio no hubo grandes indisciplinas. Pero sí hubo, como en el caso de Hugo Chávez, la pertenencia a una suerte de logia al interior del Ejército conocida como "MEC", acrónimo de "Militares Etnocaceristas". El nombre es un homenaje al mariscal Juan Avelino Cáceres, héroe de la Guerra del Pacífico con Chile que lideró una guerra de guerrillas cuando la clase dirigente se había rendido (luego fue un pésimo Presidente).

Su momento estelar llegó en octubre de 2000, el día en que Vladimiro Montesinos se fugaba a Panamá -hecho que despierta muchas suspicacias-, cuando se levantó contra Fujimori, junto con casi 70 hombres, en el departamento de Tacna, colindante con Chile. Durante cuatro semanas, él y su hermano Antauro deambularon por el sur, tomaron brevemente una mina y se incrustaron en la retina nacional. Como Chávez, los Humala fueron amnistiados por la democracia naciente. Ollanta fue enviado al exterior y uno de sus seis hermanos, el cabezacaliente Antauro, lanzó un movimiento "etnocacerista" apoyado por reservistas del Ejército que se ha encargado todos estos años de mantener vivo el recuerdo de lo ocurrido a fines del 2000.

Los "etnocaceristas" recorrieron el país vendiendo el pasquín "Ollanta" a un sol y cosquilleando en miles de ciudadanos el resentimiento contra lo establecido, contra Chile y contra la economía moderna. Hoy, Antauro está preso y Ollanta se ha desmarcado de él, pero es evidente que la asociación con su hermano ha tenido un efecto benéfico en el amplio segmento de peruanos que se sienten excluidos. Es cierto que Ollanta asusta a un sector de clase media (su hermano Antauro hablaba de "fusilar a los corruptos" y fue responsable, tras un breve episodio golpista en la localidad de Andahuaylas durante este gobierno, de la muerte de cuatro policías)). Pero en el sector que interesa a Ollanta, la asociación de su nombre (literalmente "guerrero que todo lo ve") con la movilización "etnocacerista" ha servido para colocarlo en boca de mucha gente rápidamente.

EL ETNOCACERISMO 

La figura central en la familia Humala es el padre, Isaac, un delirante ex militante comunista que lleva algunos años predicando un nacionalismo de corte racista, algo que él justifica, porque "de las cuatro razas que existen en el mundo, la cobriza es la marginada". La ideología "etnocacerista" -si puede aplicarse ese adverbio a su prédica- es nacionalista, entendiendo por nacionalismo un rechazo de la influencia europea y extranjerizante en general que se asocia con la Colonia. Hablan, como Velasco, de "peruanizar" las empresas, de un Estado que "debe ser padre" y de "reivindicar al indio". Ollanta es la cara más sofisticada del "etnocacerismo" -de allí que haya eliminado de su Partido Nacionalista Peruano el prefijo "etno"-. Desde París y Seúl, se distanció del mensaje violentista de Antauro y ahora que está bajo cuestionamiento público dice que nunca ha hablado "de estatizar empresas" y que no está por la violencia ni por destruir la democracia. Su paso por París junto a su esposa, Nadine Heredia, una muchacha joven, le sirvió para continuar estudios de ciencia política y dotarse de un aire más cosmopolita que el de su hermano Antauro. Es el eterno lobo con piel de cordero. 

Pone el acento nacionalista en temas fronterizos, por ejemplo. Cuando se le ha preguntado si un gobierno suyo podría reavivar los conflictos, ha respondido que sí, "a menos que sigamos con los pantalones abajo". Critica los acuerdos de Itamaratí que pusieron fin al conflicto de 1995 con Ecuador y fustiga la "penetración chilena" en la economía peruana. Sin embargo, ha dicho que si la Conaie indígena logra gobernar Ecuador y Evo Morales lo hace en Bolivia, "se pueden diluir los problemas". Ello indicaría que la ideología populista de corte socializante es un factor más importante que el nacionalismo. Mejor dicho: su nacionalismo es, como el de Chávez, expansionista. Ve una Sudamérica regida por gobiernos afines, enfrentada a Estados Unidos. 

Hasta ahora, Humala ha eludido presentar un plan de gobierno. No le hace falta y sólo le traería problemas. ¿Para qué quiere un plan de gobierno un candidato que crece como la espuma en los sondeos? Primero, sedujo al sur serrano, luego conquistó la zona central del país arrebatándole simpatizantes a Fujimori y ahora sus números son relativamente buenos en todas partes, incluyendo una Lima poblada de inmigrantes provincianos. Los organizadores de la reunión anual de ejecutivos y empresarios que suele ser la tribuna desde la cual los candidatos exponen sus planes de gobierno le pusieron en bandeja un pretexto para eludir la cita al extenderle una invitación que, a diferencia de los candidatos Lourdes Flores, Alan García y Valentín Paniagua, le planteaba compartir una mesa con candidatos "chicos".
"Es como si me invitaran a una casa y me dijeran que coma en la cocina", respondió. Ese pequeño incidente atrapó con humor el desfase entre el Perú de los oligarcas y el de los marginales que explica su peligroso avance. 

¿Cuáles son las relaciones de Humala con Venezuela? Nadie ha podido determinar los detalles a ciencia cierta, aunque Ollanta ya ha admitido haber viajado a Caracas -lo hizo hace pocas semanas- y ser un admirador del venezolano. Consulté a funcionarios del Departamento de Estado y del Departamento de Defensa a propósito de las persistentes informaciones sobre el apoyo de Chávez a Humala. Insisten en que "lo está asistiendo", pero prefieren mantener "por ahora en reserva" los detalles de sus informaciones, como lo han hecho con respecto al apoyo que recibe Evo Morales en Bolivia. Por el momento, prefieren esperar a que se desinfle, pero acopian información. 

Lo importante no es la relación ya existente con el gobierno de Chávez, sino la que vendrá ahora que la candidatura de Humala se ha disparado. Todos los ingredientes del militarismo socialista de Chávez están en Humala, quien últimamente ha empezado a enfatizar -por primera vez- la idea de la "integración latinoamericana". En la familia nacionalpopulista a la que pertenece, eso significa una alianza geopolítica entre líderes afines a través del manejo férreo de sus Estados para gobernar todo, incluyendo la economía. Humala, como se ha puesto de moda hacerlo, ataca la globalización, pero ya no opone a ella un modelo autárquico, sino "latinoamericano". La súbita "bolivarianización" de su discurso delata vasos comunicantes a tener en cuenta.

A Humala le queda un escollo -la inscripción oficial de su candidatura- y una prueba de fuego: preservar su éxito durante cuatro largos meses, hasta las elecciones. Con respecto a lo primero, la Onpe ya ha determinado que tiene el número de firmas necesarias para inscribir a su partido, pero el Jurado Nacional de Elecciones evalúa si cumple los otros requisitos. Si no se inscribe su candidatura, a ojos del ciudadano anti-democrático se tratará de una confirmación de que las instituciones oficiales son una farsa que esconde privilegios. Lo otro -mantener el ritmo- es más complicado. 

Precisamente porque su candidatura expresa un rechazo a lo establecido, estar expuesto durante tantos meses a la figuración mediática puede restarle a Humala la cualidad de "outsider". La política peruana tiende a convertir al "outsider" en "insider" velozmente. Lo que le interesa es ser un rumor que va corriendo de pueblo en pueblo, no una cara paseando de canal en canal.

Es pronto para pronosticar nada. Pero una cosa es cierta: a poco más de cuatro meses de las elecciones, el Perú apuesta una vez más por la barbarie. La contenta barbarie.


ROSA NÚÑEZ PACHECO

<hr><h1><u>ROSA NÚÑEZ PACHECO </h1></u>

DOCENTE Y ESCRITORA PERUANA

Presentación: Aristóteles España

Rosa Núñez Pacheco, (Arequipa, Perú, 1971) escritora y docente de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa en la Escuela de Literatura y Lingüística, viajó a Chile en el mes de noviembre, a participar en el X Encuentro Internacional de Escritores realizado en la Provincia de Chañaral, y en la III Región de Copiapó en el norte chileno, evento organizado por la Corporación Cultural de dicha región que dirige el escritor Omar Monroy. Doctorada en Ciencias Sociales, forma parte del equipo editorial de la revista “Apóstrofe” de la misma Casa de Estudios Superiores.

Ha publicado ensayos, artículos, reseñas y entrevistas en distintas revistas culturales y es una de las figuras emergentes de la nueva literatura peruana. Acaba de publicar su primer libro “Objetos de mi tocador” (Logo Sagrado Editores, Perú, 2005), del cual hemos seleccionado dos relatos.
CENTÓN

Mientras los artículos del resto de las vitrinas eran renovados semanal o quincenalmente, los de Centón permanecían presos del tiempo. Aquella vitrina desde que fue colocada junto a la sala de lectura jamás fue trasladada a otro lugar. Nadie sabía a quienes pertenecía ni desde cuándo estaba ahí, sólo unas palabras apostadas al final de uno de los poemas mencionaban una fecha: primavera de 1981.

El nombre de la vitrina era Centón y estaba escrito con letras doradas y en alto relieve sobre una franela negra. Un vidrio vallado por un marco de cedro barnizado resguardaba todo aquello de las iniquidades del tiempo.

Lizardo atravesó el pasadizo y notó que en esos años de ausencia, las gruesas paredes de sillar habían adquirido un color blanco humo más opaco. A esas horas, el sol ya se estaba ocultando y los fluorescentes despedían una luz blanca en el interior de los salones, donde algunos estudiantes tomaban apuntes, leían o, simplemente, oían a sus profesores. El aire solitario que envolvía cada columna, cada esquina, cada ventana de la vieja casona, era el mismo de siempre, es más, ahora la Facultad de Letras parecía un páramo.

Lizardo tenía mucho que recordar, desde las eternas postergaciones de exámenes y toma de locales, hasta el afán de soñar con algo imperecedero, capaz de sellar el paso por la Universidad. Sin embargo, aquellos sueños que tuvo él y que tuvieron sus compañeros de repente, sin saber por qué, un día dejaron de ser soñados.

Después de dar el recorrido por el pasadizo y por todos los ambientes de su antigua facultad, se asomó a la sala de lectura donde aún estaban las grandes mesas de madera y el cartel que decía “silencio”. Ingresó en ella y se fue a parar frente a la ventana, como antes lo hacía, al parque poblado por cipreses, en cuyos troncos casi siempre se hallaban apoyados parejas de enamorados o alumnos solitarios con un libro entre las manos.

Los vidrios de la ventana le trajeron a la mente el recuerdo de una vitrina y junto con ésta vinieron las imágenes de sus compañeros. Murmuró algunos nombres. Luego, con gran precisión, recordó la última vez que estuvo con ellos. Fue cuando arreglaron la vitrina. De pronto, su ánimo comenzó a exaltarse y se arrepintió por no haberse detenido frente a las vitrinas que vió en el pasadizo. Con pasos indecisos se dispuso a salir de la sala de lectura. Cuando estuvo afuera sintió un resquemor que le electrizó el cuerpo. Ahí estaba Centón, tal como lo habían dejado la última vez. Fue como ver nuevamente a sus compañeros. Ahí estaba el poema de Mario con sus noches punzantes de estrellitas temerosas, y también estaba el de Paola con el hermetismo de siempre. Leyó todos los poemas, excepto uno: el suyo. Recordó que lo había escrito en la sala de lectura, en las tardes después del taller de literatura.

Era jueves, tal vez un buen día para regresar. Aún no sabía exactamente por qué había ido a dar a ese lugar; pero permaneció parado largo rato, sumido en el pasado. De pronto, alguien le puso la mano sobre el hombro. Era el portero y le dijo: “Vamos a cerrar”. Lizardo asintió y con ojos trémulos volvió a leer a Centón. Se retiró dando pasos cortos. Cruzó el parque y al llegar a la garita de la Universidad, se detuvo y vio que las luces del pabellón de su facultad estaban apagadas. La noche había adquirido una negrura más espesa. Siguió caminando contra el viento. Sus manos sostenían un maletín de negocios. Advirtió que por algunos instantes había dejado de pensar en números y cuentas. Mientras caminaba iba pensando en aquella primavera de 1981 y le pareció que fue el mejo momento que pasó; sin embargo, ahora todo se veía tan lejano. Solo Centón era el nexo con esa época. Sintió ganas de mandarlo todo al diablo: los negocios, los viajes, su vida misma.
SINOPSIS

He decidido escribir esta historia aunque te moleste, porque sé que al leerla sabrás reconocerte y entonces querrás reprochármela y quién sabe quizá hasta negar que existió, pero eso ya no importa. La decisión no fue fácil, incluso pensé que nunca podría hacerlo, sentía que sería algo como escribir en el aire; sin embargo, ahora al contemplar desde el puente el río que se va, comprendo que es preciso ponen un punto final a todo esto, y creo que el momento propicio ha llegado.

Empezaré recurriendo a la primera carta que me enviaste desde esa lejana ciudad a la que nunca quisiste que vaya; probablemente el ir allá hubiera cambiado el curso de nuestra relación, pero no quiero pensar en lo que no fue, sino en lo que realmente pasó. Esa primera carta con la caligrafía hermosísima parecía un grabado, en ella expresabas lo que yo buscaba en los poemas. Tus palabras cobraban vida en mis ojos y tu imagen, aún no desvanecida, aparecía constantemente en cada momento de mi existencia. Bastó vernos un instante para saber que nuestras vidas se habían encontrado.

Las cartas son sólo una pequeña muestra de lo que significó aquel tiempo. Mejor sería hablar de las fotografías. Realmente eran hermosísimas. Entre foto y foto se trasluce una infinita felicidad que la cámara no supo captar, pero que nosotros registramos en nuestra memoria compartida.

Creer que las imágenes, al igual que las palabras, expresan fielmente lo que pasó, es engañarse, ahora lo sé, ya que desde no hace mucho vengo analizando minuciosamente cada carta, cada fotografía y encuentro que, en realidad, hay cosas imprecisas, vagas, que obviamos por mucho tiempo y que hoy es preciso aclarar.

Llegado a este punto, nuestra historia adquiere otro matiz, recurrir a un objeto ayuda mucho a la memoria. No serán las cartas ni las fotos, que ya caen sobre el agua, ni tampoco los innumerables regalos que me hacías los que me harán dar sentido a lo vivido, sino los objetos más simples como las velas que alumbraban nuestras veladas y que tú te empeñabas en apagar cada vez que yo las encendía; más precisamente son las flores que deshojabas mientras me mirabas sin hablar. Apagaste mi vida, deshojaste mi ser; ésa es la sinopsis de esta historia que ahora encuentra su final.

 

 

 

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JUAN VELASCO ALVARADO

<hr><h1><u>JUAN VELASCO ALVARADO</h1></u>

A treinta años de una infame felonía



Por Carlos Angulo Rivas
Rodelu - 4 de septiembre 2005



Para quienes recién egresados de la universidad vivimos el proceso revolucionario de la Fuerza Armada, encabezado por el general Juan Velasco Alvarado, nos queda poner en tela de juicio la interrupción escabrosa de una traición. El primer pasaporte peruano obtenido por mí, allá en esa mi juventud, llevaba un sello destacado de restricción, vamos de prohibición digamos, para viajar a los países del ámbito socialista soviético, a Cuba, China, Vietnam y Corea del norte. Estábamos en el primer gobierno democrático de Fernando Belaúnde y ya la arbitraria expulsión de la hermana república de Cuba de la Organización de los Estados Americanos (OEA) había sido obedecida por los gobiernos sicarios de América Latina. Ninguno levantaba la voz contra el amo rutinario del continente sometido. La ciega obediencia a Estados Unidos, como hasta ahora subsiste en la mayoría de los mandatarios, ni siquiera era discutida. Esa prohibición en los pasaportes era sólo un símbolo de la servil subordinación de los Estados llamados libres, soberanos y democráticos de América Latina. Pero a los pocos años, mi pasaporte inicial tenía fecha de 1964, una sombra de esperanza se alzó victoriosa en dos países importantes: Perú con Juan Velasco Alvarado y Chile con Salvador Allende.

Velasco inició un proceso de ruptura con la oligarquía, los terratenientes y la sujeción al mandato imperialista expulsando de palacio de gobierno, en octubre de 1968, a Fernando Belaúnde, un presidente que si bien llegó al poder como líder progresista en pos de la reforma agraria, la reforma de la empresa y la nacionalización del petróleo, terminó en medio de los escándalos de la corrupción y el inhumano entreguismo que agobia a nuestros pueblos hasta ahora. Allende como sabemos sucumbió en el intento de llevar el socialismo adelante por la vía democrática y constitucional, pero el imperialismo norteamericano terminó con la vida del presidente y su gobierno. Ya para nadie es un secreto que el sangriento golpe de Estado de Augusto Pinochet fue una hechura del gobierno de Nixon y Kissinger; y que la cruenta dictadura militar de los 17 años en Chile contó siempre con el apoyo directo de la Casa Blanca.

Velasco Alvarado fue un general del ejército fuera del estándar, pues encabezó un gobierno de la Fuerza Armada como tratando de vencer con ello el síndrome de todas las derrotas, en especial la de la guerra con Chile. Y desde el comienzo no sólo rompió con la oligarquía y los terratenientes sino, principalmente, con la hegemonía de Estados Unidos en el aspecto militar y económico. La compra de armamento y equipamiento de la Fuerza Armada hasta su modernización más completa en lo fue la historia del país se realizó con la Unión Soviética; y la nacionalización de los yacimientos de Talara pertenecientes a la Internacional Petroleum Company IPC subsidiaria de la Standard Oil y la de todos los yacimientos mineros importantes en manos extranjeras como la Cerro de Pasco, Marcona, etc. marcaron el carácter del proceso y la recuperación de la dignidad nacional. Sin embargo, aquello no fue todo. Lo fundamental del nacionalismo castrense fueron las reformas estructurales hacia una sociedad distinta enumerada como Democracia Social de Participación Plena. En efecto, el proyecto denominado plan Inca inició un camino sindicado como irreversible con la reforma agraria, la reforma de la empresa, la reforma educativa, la reforma judicial, la comunidad industrial (participación de los trabajadores en la gestión y la propiedad de las empresas), la movilización social y el sistema prioritario de propiedad social como base del futuro autogestionario de la sociedad peruana.

La reforma agraria bajo el lema "campesino: el patrón no comerá más de tu pobreza" confiscó de manera radical los latifundios azucareros, algodoneros y todas las propiedades consideradas como una representación antisocial de la tenencia de la tierra. Esta confiscación tuvo dos ejes principales: el de la justicia social, sin llegar a destruir el complejo industrial en torno a la propiedad de la tierra; y el de promoción, a través de la incorporación de nuevas tierras de cultivo, la eliminación del minifundio y la propuesta pro-industrialista de usar los bonos del tesoro público producto del pago a justiprecio de las tierras expropiadas en la creación de empresas productivas de los diversos sectores. Sólo en estos casos los bonos de la reforma agraria se hacían efectivos de inmediato en un cincuenta por ciento de la inversión estimada, el otro cincuenta por ciento lo ponía el inversionista. Dionisio Romero, dueño del banco de Crédito (el principal del Perú) y de múltiples empresas industriales aprovechó al máximo los bonos de la reforma agraria para multiplicar su fortuna. Los resultados hablan por sí solos. El establecimiento de las cooperativas agrarias de producción para operar los latifundios y la creación de distintas empresas asociativas de base campesina con la finalidad de dar cabida al esfuerzo de los agricultores fue otro de los aspectos fundamentales de la ley. Así surgieron las sociedades agrícolas de interés social SAIS, las asociaciones agrarias y las ligas agrarias de campesinos.
Dentro del proyecto de la Fuerza Armada, la sustitución de la gran propiedad privada se encausaba hacia un sistema de propiedad social autogestionaria y hacia la industria básica y estratégica en manos del Estado; allí también podían convivir las empresas privadas medianas y pequeñas reformadas a través de la comunidad industrial. El tránsito progresivo de una sociedad existente a otra totalmente distinta significaba por supuesto la transformación global de las estructuras sociales, económicas y políticas; proceso en el que los sectores populares de marginados urbanos, de trabajadores, obreros y campesinos debían jugar el papel dinámico de la revolución nacional. Sin embargo, planteado el esquema de transformación revolucionaria faltó la clara visión de la institucionalización democrática constitucional que diera legalidad al trabajo organizativo de la población a cargo del sistema de la movilización social.La revolución bolivariana del presidente Hugo Chávez sí posee esta herramienta fundamental de la legalidad constitucional, ventaja que le da argumento y base en torno a la aplicación de su programa nacionalista, revolucionario y organizativo. No obstante, guardando la distancia de treinta años y las características de cada país, Perú y Venezuela, los proyectos tienen muchas más semejanzas que diferencias. Chávez viene reafirmando el proceso de cambios revolucionarios en permanente consulta popular, disputando a los corruptos partidos políticos tradicionales el espacio ciudadano. Competencia de irrestricto orden constitucional donde la revolución bolivariana lleva una ventaja enorme, habiendo ganado el liderazgo de Chávez ocho consultas nacionales y otras tantas comunales, municipales y estatales. En retrospectiva este ingrediente fue una ausencia sensible en la revolución peruana de la Fuerza Armada y sobre todo de Velasco Alvarado.

Pero no se piense que Velasco Alvarado carecía de sustento popular. Lo tenía, y mucho más que cualquiera de los partidos políticos tradicionales; y lógicamente aflige ahora el que ninguno de sus asesores le hiciera ver la necesidad de refrendar las reformas del proceso a través de una Asamblea Constituyente al tercer año de producidas; y por supuesto su elección como presidente constitucional de la república. Pues creo que de esa ausencia se aprovechó la derecha y las fuerzas retardatarias internacionales para combatir a Velasco hasta derrocarlo, conspiración que también se presenta y seguirá presentándose con Hugo Chávez si se descuida. La institucionalidad de la Fuerza Armada en el proceso peruano jugó el papel principal, sin embargo, pasada la euforia popular por el cambio revolucionario tantos años esperado, no fue suficiente. Faltó la institucionalización del país, más aún porque a inicios del proceso éste nació también como un movimiento militar contrainsurgente habida cuenta de las derrotadas guerrillas del MIR y ELN en 1965. En ese entonces los estrategas de la Fuerza Armada tomaron juicio de un país convulsionado, enfrentado y dividido, sujeto a ser visto bajo la lupa de la justicia social; y no les faltó razón porque al cabo de seis años de derrocado Velasco, Sendero Luminoso inició la insurgencia armada y el MRTA lo suyo propio. Inicio de quince años de una guerra civil en la práctica, la misma que trajo el lamentable saldo de 70,000 víctimas como ha calculado la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Y todavía no está dicho todo porque el país continúa dividido aún más entre los inmensamente ricos y las grandes mayorías marginadas y hambrientas; situación endeble, sostenida por una legalidad deleznable, espuria y corrompida, auspiciada por el estatuto de Fujimori que presume de ley de leyes, muy acorde a la putrefacción de la clase política en el gobierno. Contexto propicio para los golpes de la insurgencia popular en contra de la usurpación del poder soberano del pueblo.

El 29 de agosto pasado, hace treinta años, el general Francisco Morales Bermúdez y un grupo de militares corruptos como él traicionaron a Velasco Alvarado, aprovechando de su enfermedad. El relevo del presidente Velasco fue una infame felonía de quienes días anteriores lo celebraban como líder de la revolución; y cuyo temor a la reacción popular les hizo demorar la contrarreforma llevándola a cabo paulatinamente en varios episodios que ellos mismos llamaron la segunda fase. El APRA, partido gemelo de Acción Democrática en Venezuela, jugó el principal papel desestabilizador mediante una asonada de vandalismo y saqueos en febrero de 1975, meses antes de la traición de Morales Bermúdez. Pero seamos claros, la traición y la infame felonía no fue contra una hombre, Juan Velasco Alvarado, sino contra una nación en busca de la justicia social, contra un país con estabilidad económica y contra las propias instituciones castrenses que volvieron a degenerarse en un mar de corrupción y mafia como hemos visto en el balance de los diez años del gobierno de Fujimori y Montesinos. El desmontaje de las reformas estructurales no pudo ser total en la aventura de Morales Bermúdez porque tenía la oposición popular a cuestas, de allí que durante dos años consecutivos impuso el toque de queda, el estado de emergencia y la ley de seguridad interior, hasta que un Paro Nacional de gran envergadura en julio de 1977 lo obligó a la convocatoria de una Asamblea Constituyente. La suerte del Perú estaba echada, porque con la ayuda de Morales Bermúdez regresaron los corruptos partidos políticos tradicionales a terminar su trabajo de desmontaje y destrucción, también a dictar la cátedra del país con los resultados que el pueblo hoy lamenta hasta las lágrimas después de sufrir a Fernando Belaúnde en su segundo período, a Alan García acusado de ladrón y genocida, a Alberto Fujimori el delincuente prófugo y genocida; y al actual Alejandro Toledo de comentarios reservados por cuanto gobierna única y exclusivamente a favor de las transnacionales y los designios de Washington.


BOLIVIANIZAR A BOLIVIA

<hr><h2><u>BOLIVIANIZAR A BOLIVIA </h2></u> Por Andrés Soliz Rada

Al conmemorarse (el 6 de agosto) el 180 aniversario de su fundación, Bolivia está desbolivianizada. El debilitamiento de la conciencia nacional se expresa en la defensa de intereses sectoriales frente al interés nacional, que parece cada día más difuso y etéreo. Lo anterior ha venido acompañado de una prédica sistemática, directa e indirecta, sobre la inviabilidad nacional. El país se asemeja a una barca quebrada en la que cada uno sólo atina a asirse de un madero para salvarse.

De manera paradójica, la República afrontará un nutrido programa de elecciones y consultas ciudadanas que, al tener carácter nacional, deberían fortalecer su cohesión. Sin embargo, está sucediendo todo lo contrario. Desde el campo popular, no emerge una candidatura con visión integradora de todas las regiones del país. Desde el campo oligárquico, aparecen el ex Presidente Jorge Quiroga Ramírez y el industrial Samuel Doria Medina, que prometen remendar las políticas neoliberales que han ocasionado la crisis presente.

Estos comicios tienen cimientos de barro, ya que a mediados del próximo año se realizará una asamblea constituyente y un referéndum autonómico que podrían determinar, por ejemplo, que Bolivia pasa del sistema presidencialista al parlamentarista. ¿De qué servirán entonces las presidenciales del 4 de diciembre próximo? Ese mismo día se elegirán prefectos o gobernadores departamentales, pero sus atribuciones serán definidas en la posterior Constituyente, en la que se confrontarán visiones antagónicas, como las de la “Nación camba” y de la “República aymara”.

Las heroicas acciones populares no han detenido al poder petrolero. Se aprobó una Ley de Hidrocarburos que cambió, sólo en matices la que dejó Gonzalo Sánchez de Lozada (GSL). No existe contraparte nacional para defender los interese del país. Los reglamentos de esa ley están siendo elaborados por representantes de las petroleras que están fuera del gobierno con representantes de las petroleras que están dentro del gobierno.

No existe transparencia informativa. La gaceta judicial ha publicado el Decreto Supremo No. 27503, de 19 de mayo de 2004 (gobierno de Mesa) por el que se autoriza a reiniciar las ventas de gas a la Argentina y la suscripción de nuevos contratos. Los volúmenes de venta comenzaron con 4 millones de metros cúbicos día (MCD), luego fueron ampliados a 6 millones de MCD y, en días pasados, a 7.7 millones de MCD, sin embargo, el texto de los contratos es desconocido, olvidando que, por mandato constitucional, debieron ser autorizados y aprobados por el Congreso.

Altos funcionarios de Mesa y Rodríguez sabotearon el ingreso de la empresa china Shengli, la que ofrece sociedades con 51 % de acciones en poder del Estado, industrializar el gas y explorar nuevos campos de hidrocarburos en los departamentos de La Paz, Beni y Pando. Mesa ha favorecido a los acaparadores de predios, lo que impide que cientos de miles de personas accedan a un pedazo de tierra para subsistir. El mismo Mesa ha transferido, mediante otro decreto ilegal, las acciones de la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL) a una entidad regional, que suscribirá contratos para explotar el hierro del Mutún, sin beneficio nacional. Tropas norteamericanas, asentadas en el Paraguay, a 250 kilómetros de la frontera, garantizan la desbolivianización.

Los sujetos sociales se hallan muy debilitados. El Jefe de Estado Mayor de Ejército, general Marcelo Antezana, ha respaldado las sanciones de un alto jefe de la Fuerza Naval que planteó la nacionalización del gas. Los grandes empresarios nativos son los mejores defensores de las transnacionales, nunca defendieron a la estatal petrolera ni condenaron la corrupción de GSL. El Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) y las corrientes en las que se fraccionó, que tuvieron gran influencia en las capas medias, han perdido toda coherencia ideológica. La corrupción, como decía Sergio Almaraz, “continúa siendo el hueco por donde se nos escapa la soberanía nacional”.

El Movimiento al Socialismo (MAS), la principal fuerza de oposición, no tiene firmeza ni continuidad para enfrentar a las petroleras. Los movimientos sociales no han podido unificar sus demandas y aglutinar a sus dirigentes. Existe ausencia programática y de conducción política para aglutinar a la nación oprimida. Se necesita llenar ese vacío para bolivianizar a Bolivia.


LIMA LA BELLA

<hr><h2><u>LIMA LA BELLA</h2></u> Por Álvaro Ruiz*

Hace más de 120 años terminó el cañonear de la Guerra del Pacífico -como todas las guerras injusta y en beneficio real de quienes no combatieron-. Hoy el gobierno de Perú se muestra ofendido con el gobierno de Chile. No faltan en ambos países quienes acicateen el desencuentro. El escritor habla de Lima y de un río. De cosas importantes. De asuntos que unen. En definitiva de amor.

Pieldeleopardo.com
Revista latinoamericana de cultura y política

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Lima es una ciudad mujer y su niebla un vestido de seda gris que sensualmente la envuelve. Tiene largas uñas pintadas de rojo y gruesos labios que besan el aire que respiran los hombres. Lima es una ciudad pasional. Tiene un pasado formidable y un futuro promisorio.

Lima es peligrosa. Posee una sociedad clasista y algo que es peor, racista. En cierto modo, deshumanizada. Todas las noches brilla el metal de los cuchillos. Fulgen dando tajos de luz. Los delincuentes irrumpen desde las pérfidas sombras, desde la oscura miseria del hombre.

Lima tiene el peligro propio de un puerto que es ciudad. Lima está sobrepoblada, de todas partes del país vienen a ella en busca de un futuro mejor. Lima es una ciudad de hermosas mujeres y aquella belleza surge de las distintas fusiones étnicas.

Wiracocha aún vive en el corazón de los peruanos y sigue siendo el padre de todos los seres vivientes. Wiracocha es hijo del sol y de la luna. Encarna la fecundidad de la vida y el triunfo sobre la naturaleza.

En general, Perú es un país que se podría caracterizar por poseer una tristeza metafísica, como si extrañaran los gloriosos días de apogeo del imperio inca o en el peor de los casos, la injusta y desequilibrada bonanza virreinal. Sus gentes viven al borde del llanto y al amanecer miran al cielo esperando la esplendente luz del sol, aunque las nubes la filtren y la grisácea luminosidad oscurezca e ilumine el oceánico horizonte.

La citada fusión de etnias hace de Lima una ciudad atractiva. Hay una enorme diversidad indígena. También japoneses, chinos, blancos, negros y todas las mezclas posibles entre estas razas.

En la gastronomía ocurre algo similar y es lo que hace a la cocina peruana extraordinariamente refinada. Prolijas preparaciones que ofrecen un resultado irresistible. Posee una enorme variedad de productos que en más de un platillo también fusiona a la selva, la sierra y el mar, las tres regiones geográficas de este ancho y ajeno país.

EL RÍO DE ALEGRÍA

A propósito de ancho y ajeno estuve hace pocos días en Chaclacayo, un pueblo distante a treinta y cinco kilómetros de Lima, a orillas del río Rímac, el río hablador, por los sonidos de las piedras que arrastra, situado hacia el interior, hacia la sierra, donde vivió sus últimos años y murió aquel gran escritor indigenista que fue Ciro Alegría. En Chaclacayo siempre sale el sol y muchos limeños van en su búsqueda cuando ya no soportan la casi permanente niebla que cubre a la capital.

Leo por estos días las memorias de Alegría, Mucha suerte con harto palo, donde en breves capítulos narra sus vivencias y recuerdos con la característica sencillez, realidad y profundidad que se aprecia en todas sus novelas. El ordenamiento y notas de estas memorias póstumas pertenecen a Dora Varona, alumna suya en Santiago de Cuba y compañera de los últimos años de su vida, quien además hace de editora.

Nos dice que Ciro Alegría falleció de una hemorragia cerebral en la madrugada del día 17 de febrero de 1967, a la edad de cincuenta y ocho años, estando ella embarazada de su cuarto hijo. También nos señala que varias noches, antes de la definitiva, él despertó sobresaltado, abrió la ventana y estuvo escuchando largamente las voces profundas que lo llamaban, desde el río de su infancia, en una trágica advertencia. De hecho, dos días antes de su muerte, Alegría nos deja un premonitorio artículo:

“Aquí en Chaclacayo, por estos tiempos, me despierto tarde la noche y oigo sonar poderosamente al Rímac. Puede ser que el río despierte a mi memoria ancestral, pues generalmente duermo de un tirón. Imagino entonces que algún drama telúrico puede estar ocurriendo. ¿No ví tantos cuando vivía en los Andes? Pienso en los habitantes de la sierra y también en quienes han armado sus chozas en el llano, cerca de la ribera del río. Es una sensación peruanísima, de riesgo y solidaridad, la que experimento”.

El Marañón es el río de su infancia y elemento unificador en su primera novela La serpiente de Oro, un torrentoso río situado en el norte del Perú, que al unirse con el Ucayali forman el Amazonas.

El Marañón nace en la laguna de Huayhuash, se navega en balsas y a orillas de él se sitúa el villorio de Calemar, donde transcurre gran parte de la novela y cuya fiesta más importante dura quince días y está dedicada a la Virgen del Perpetuo Socorro, protectora y patrona del caserío. En ella, se le reza y se le solicita buenas cosechas. Se bebe chicha, cañazo y masato, este último es una especie de mazamorra de yuca que los indios de la selva mastican y escupen dejándola fermentar en recipientes de madera.

En la selva se cree que Dios es el árbol más alto o el río más grande. La voz del autor es la voz de otro balsero más. Narra, reflexiona y describe. Nos dice como el puma azul, en la imaginación de los pobladores, era el causante de tantas muertes de cabras. Cómo los picados de uta, una enfermedad propia de los valles del Marañón, irremediablemente morían con sus rostros desfigurados. Cómo los cholos e indígenas chacchan (mastican) hojas de coca hasta lograr una cetrina bola en sus bocas, contemplando desde las puertas de sus bohíos, el atardecer a orillas del río.

Y finalmente como el ingeniero Martínez Calderón desde la cumbre de un cerro determina llamar a su soñada empresa minera “La serpiente de oro” después de observar con detención desde lo alto del cerro Campana cómo el Marañón, a pleno sol, semejaba una serpiente dorada, sin saber que al día siguiente la Intihuaraka, una serpiente venenosa de piel amarilla, delgada y ágil, le mordería el cuello para después desaparecer como una cinta de oro entre el verde follaje de la espesura, y él, a las pocas horas, morir en la soledad del paisaje con la fiebre y los estertores propios de un cuerpo fatalmente emponzoñado.

Quizás el españolizado protagonista de esta novela olvidó, por exceso de cristianismo, invocar a Wiracocha como también encomendarse al espíritu del río con esta simple y hermosa oración de los balseros:

Río Marañón, déjame pasar:
eres duro y fuerte,
no tienes perdón.
Río Marañón, tengo que pasar:
tú tienes tus aguas,
yo mi corazón
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* Escritor chileno. Reside en Lima.
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