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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


BRASIL Y ARGENTINA: UNA CRISIS OPORTUNA

Por Helio Jaguaribe
Clarín - Buenos Aires - 8 de Mayo de 2005

La crisis psicológica de Argentina con Brasil fue muy oportuna. Oportuna porque reveló sin formalmente comprometer al presidente Kirchner, su estado de ánimo en relación a la política exterior brasileña, y brindó así al gobierno de Brasil la oportunidad de adoptar convenientes medidas correctivas antes de que la crisis psicológica se convirtiera en política.

Visto en su superficialidad inmediata, el episodio es una manifestación del resentimiento. Resentimiento del presidente instruido por el éxito del presidente obrero, del paí###ás educado y civilizado de Latinoamérica por la importancia internacional de una de las sociedades más heterogéneas del mundo, en la que elevados niveles de cultura coexisten con más de un tercio de la población privada de educación.

Un país, sin embargo, que con su enorme heterogeneidad, tiene un PBI que es casi cuatro veces el de la Argentina y dispone del más importante parque industrial del Tercer Mundo.

Detrás de esos aspectos hay cuestiones mucho más serias, que exigen una atención inmediata. Se trata de comprender la situación de países como Argentina y Brasil en el mundo y, a partir de un lúcido entendimiento de esa situación, de formular e implementar las políticas más convenientes.

El proceso de globalización, exacerbado por el gobierno Bush, está conduciendo a la mayor parte de los países del mundo y, ciertamente, a los sudamericanos, a convertirse por un lado en meros segmentos indiferenciados del mercado internacional y, por otro, en provincias del imperio norteamericano. Los países europeos escapan a ese destino por haberse integrado como Unión Europea. Países continentales como China e India, disponen de masa crítica para asegurarse su supervivencia histórica.

La Argentina no dispone de forma aislada de esa masa crítica. Brasil, un país semicontinental, podría alcanzarla por sí solo si no fuera por su bajísimo nivel de integración social, que lo vuelve sumamente vulnerable a las presiones externas.

Para corregir su perfil social, Brasil necesita, si todo se desenvuelve razonablemente, del transcurso de por lo menos tres generaciones, o sea, de cerca de medio siglo. La historia, sin embargo, no le dará más de 20 años. Y si las cosas se mantienen como están, con tasas anuales de crecimiento económico inferiores al 6%, Brasil se convertirá, mucho antes de ese plazo, en un mero segmento del mercado internacional y en una provincia más del imperio.

¿Qué hacer entonces? Hay una sola respuesta. La creación con la Argentina de una alianza sólida, confiable y mutuamente provechosa, a partir de la cual se consoliden el Mercosur y la Comunidad Sudamericana de Naciones. Juntamente con todo esto importa que estos dos países emprendan un gran esfuerzo sostenido de desarrollo económico y social. Si se alcanza ese doble objetivo -que es absolutamente factible-, Argentina, Brasil y los demás países sudamericanos se convertirán en un importante interlocutor internacional independiente.

Si no se lo alcanza, se volverán rápidamente meras expresiones geográficas, controladas a nivel local por las grandes multinacionales y dirigidas internacionalmente por Washington, aunque conserven las apariencias formales de la soberanía -bandera, himno, ejércitos para desfiles y hasta elecciones-. Elecciones en las que independientemente de a quién se elija, los elegidos se verán obligados, lo quieran o no, a seguir las directivas del mercado internacional y de Washington.

La llave para la supervivencia histórica de Argentina y Brasil y, con ellos, de los demás países del continente, es la creación, entre los dos, de una sólida, confiable y mutamente beneficiosa alianza estratégica. La historia es implacable con los estúpidos. Es hora de una alianza argentino-brasileña o de la irreparable pérdida, para ambos países, de su destino histórico.
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