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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


CHILE

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EL DERECHO A VOTAR EN EL EXTERIOR

Por RAFAEL ARAYA MASRY
Especial para "Río Negro" - Sábado 3 de diciembre de 2005

A pocos días de las elecciones presidenciales y parlamentarias en Chile, vuelve a estar sobre el tapete una de las tareas pendientes de la democracia: el derecho a que los chilenos que residen en el exterior puedan emitir su voto en sus países de residencia para elegir a sus autoridades. 

Cuando se negoció la salida de Augusto Pinochet del gobierno de Chile, luego de la categórica derrota que el dictador sufrió en el plebiscito de 1988 –en el que se suponía seguro triunfador–, pocos pensaban en las leyes y normas "de amarre" que la dictadura les dejaba como legado a los chilenos y de las que ha sido extremadamente difícil salir. Tal vez entre las más paradigmáticas estén la que les impide a los chilenos votar en el exterior, la que crea la "institución" de los senadores designados por diferentes poderes públicos del Estado, la condición de senadores vitalicios para todos los ex presidentes de la República (excluido Patricio Aylwin e incluido Pinochet), el sistema electoral binominal y los preceptos legales que hacen necesarias ciertas mayorías parlamentarias calificadas para modificar la Constitución del país. Pero nos centraremos en el derecho a votar en el exterior. 

Junto con el golpe de Estado de 1973 que derrocó al presidente constitucional de Chile, el Dr. Salvador Allende, la represión desatada por la dictadura y las terribles condiciones económicas en que se sumió el país empujaron a más de un millón de chilenos fuera de las fronteras. Algunos, siendo perseguidos, lograron escapar o fueron condenados al exilio por el régimen militar; otros partieron por el miedo imperante en la sociedad chilena y otros, en busca de un futuro más digno para sí mismos y para los suyos. Cualquiera sea la razón que cada chileno tuvo para emigrar, lo cierto es que sólo en la República Argentina llegó a haber cerca de un millón de ellos extendidos por toda la geografía, pero principalmente en la región patagónica: Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz. Son personas que han aportado al desarrollo político, humano, laboral y cultural de un país que les abrió generosamente sus puertas y los acogió como iguales en momentos en que los chilenos llegaban con las heridas abiertas por los padecimientos sufridos a manos de la dictadura. 

Con frío cálculo matemático y electoral, y teniendo en cuenta este antecedente, la derecha parlamentaria se ha opuesto tenazmente y de manera permanente a aceptar la posibilidad de que los chilenos en el exterior puedan votar cada vez que en ese país hay elecciones. Saben que la correlación de fuerzas les es desfavorable. Entonces –y a partir de ese precepto– se ha condenado sistemáticamente al ostracismo electoral a todo chileno que resida fuera del territorio nacional. 

Han pasado tres gobiernos de la Concertación, una alianza que nació para enfrentar a la dictadura, nos encontramos ante un casi seguro nuevo triunfo de esta coalición, encabezada esta vez por la Dra. Michelle Bachelet, y el tema seguirá pendiente de resolución a la espera de contar con la fuerza parlamentaria suficiente para modificar sustancialmente las más perversas leyes de la Constitución, aquellas que han permitido la supervivencia de enclaves autoritarios propios de los tiempos de la dictadura, aquellas que permiten que si una lista no dobla en votos a la otra, sea elegido un candidato por fórmula, desechando el poder real del voto de la mayoría. 

No obstante, también hay avances. Con la reforma constitucional de agosto último, se han restituido importantes derechos cercenados por la dictadura militar, como el derecho inalienable del presidente de la República a nombrar y destituir a los comandantes en jefe de las FF. AA., el derecho a la doble nacionalidad (cosa muy importante para todos los nacidos en la Argentina hijos de padre y/o madre chilenos) y el carácter del Consejo de Defensa del Estado como órgano de consulta y no resolutivo. En fin, un nuevo avance democrático en el desarrollo político del país. 

Pero hay tareas pendientes; una de ellas es el poder ejercer el derecho ciudadano de votar dondequiera que uno se encuentre. Por el momento, las cosas siguen como están. Sin embargo, los chilenos en el exterior se organizan cada vez más para que esto sea modificado y, mientras no lo sea, se dan maña para conseguir que la mayor cantidad de compatriotas inscriptos en los registros electorales concurra a Chile a emitir su voto el próximo 11 de diciembre. Todo sea por mantener erguido el espíritu cívico y ciudadano que hace grandes a los países y a los pueblos.
 

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