
El domingo, todas las boletas son dos boletas
El 23 votamos por los candidatos
del presidente Kirchner
En pocos días, se realizarán los comicios de renovación parlamentaria convocados en todo el país. Por primera vez se asiste a un espectáculo singular:
todos los viejos partidos han pasado a un segundo plano. Nuevas coaliciones y formaciones, bien que todavía precariamente, buscan dar expresión a un nuevo cuadro político.
Ya no existe el gran movimiento nacional que acaudillara el general Perón en el 45 al frente de la juventud militar y de los trabajadores. El radicalismo irigoyenista hace mucho dejó de merecer siquiera ese nombre y es una sombra en la que no se distinguen rastros de sus orígenes populares. La centro-izquierda y el progresismo, que tanto parecieran tener que ver con el perfil del kichnerismo, tienen en realidad el alma dividida y de hecho están con un pie en el gobierno y otro en la oposición. Sus reclutas deshojan la margarita y Elisa Carrió goriliza su discurso sin abandonar la ambigüedad y la confusión de su mensaje.
La “izquierda-izquierda”, tan difícil de diferenciar del “centro”, está llegando al límite de la atomización pero al mismo tiempo se acerca a su unidad más profunda. Socialistas, comunistas y trozquistas de variado pelo y marca coinciden en llamar a un “frente de izquierda” o a una alianza con el progresismo pero repudian la estrategia de convocar a un frente nacional antiimperialista que incluya a todos los sectores oprimidos por la mafia mundial del dinero. De ese modo el infantilismo de izquierda que define a estos grupos es funcional a los peores intereses antinacionales. Esta izquierda no entendió el Mercosur ni lo defiende del acoso y las intrigas del imperio. Mira con desconfianza al Comandante Chávez y sigue fiel a su inveterado antiperonismo. Es una izquierda porteña y porteñista, ignora al resto del país y rechaza a la América Latina.
Su enemigo no es la derecha liberal, privatista y autoritaria de López Murphy, Patti y Menem sino el gobierno de Kirchner, volviendo a ignorar dónde y contra quién hay que luchar por la liberación nacional. ¿Cuándo y dónde se escuchó a un dirigente de esta franja seudo-revolucionaria reivindicar la Unión Sudamericana, el acontecimiento histórico más importante que están viviendo los latinoamericanos de este siglo?
Estas son apenas algunas de las razones que explican por qué el pueblo más profundo de la Patria ha quedado sin representación política.
EL GOLPE DEL 76 Y LA DEMOCRACIA LIBERAL
El golpe del 24 de marzo de 1976, que derrocó al gobierno constitucional peronista, dejó como herencia una falsa democracia liberal que defraudó una y otra vez la voluntad popular y una economía que devolvió a la Argentina a 50 años atrás.
En los ‘80 y ’90 América Latina entró en un cono de sombra. Fueron los años en que la democracia fue una mascarada colonial. Las palabras perdieron sentido, ya no se habló de Patria sino de “mercados globales”. La palabra Soberanía suscitaba una sonrisa nostálgica justificatoria de quienes al mismo tiempo la enajenaban.
Malvinas pasó a ser un amargo recuerdo censurado desde el poder no por los errores cometidos, sino por haber alzado en un minuto de gloria a los pueblos de América Latina contra el colonialismo anglo-yanqui-europeo.
La dictadura militar violó masivamente los derechos humanos blanqueando sus crímenes con la entrega del país a los brutales designios del capital financiero internacional.
LOS PRÓXIMOS COMICIOS
A medida que se acerca el 23 de octubre vuelve a tenderse una línea divisoria como en los momentos de grandes definiciones o de graves crisis. Como siempre, las fuerzas tienden a condensarse en dos polos, y solamente en dos.
Por un lado, están aquellos que proponen como solución de la crisis repetir la historia que nos llevó a ella: son los que postulan volver al Centenario, con una burbuja de prosperidad a cambio de un país sometido. Es la fórmula que, antes y ahora, la clase dirigente ofrece para ocupar “un lugar en el mundo”: la Argentina como apéndice colonial de los poderes globales. Es el proyecto de país propuesto por el Partido Unitario, el de los rivadavianos porteños, enemigos de San Martín y colaboradores de la escuadra anglo-francesa cuando invadió la Confederación Argentina. Son los fusiladores de Dorrego, los herederos de Pavón, los exterminadores del gauchaje y los agresores del hermano pueblo del Paraguay de los López.
Anglófilos y afrancesados, los componentes de esa oligarquía adoptaron una cultura rentística y en lugar de una conciencia nacional engendraron un pensamiento que fue pura imitación y copia.
No está de más reiterar que son los mismos que celebran calladamente el golpe militar del año 30 y condenan al Ejército del 43-45 por haber abrazado la democracia de masas e iniciado una década de Revolución Nacional y por aliarse con los obreros y no con el capital extranjero expoliador. Este es el proyecto colonial y neoliberal que puso a la Argentina al borde de la desaparición.
El proyecto antagónico es el de los Libertadores, de los caudillos federales, de los presidentes populares y de los grandes pensadores nacionales del pasado. Está asociado a los nombres de Arturo Jauretche, Hipólito Irigoyen, Raúl Sclabrini Ortiz, Juan Domingo Perón y Jorge Abelardo Ramos entre otros. Es un proyecto inconcluso.
POR QUÉ VOTAMOS A LOS CANDIDATOS DEL PRESIDENTE
Por eso, el 23 de octubre no hay que confundirse. Como decía Perón, “lo mejor es enemigo de lo bueno”. No se trata solamente de ganar las elecciones. Es la hora de formular nuevos y más profundos objetivos.
No todo lo hecho por el gobierno merece nuestra aprobación y mucho de lo hecho es incompleto y precario. Pero un Presidente que en los discursos critica al Fondo Monetario Internacional, que lo pone en caja al embajador de Francia, que llama al pueblo a que lo apoye y que despliega una política que está dando prioridad al Mercosur y a la Unión Sudamericana y que está enfrentado a las empresas privatizadas, a los grandes grupos empresariales y a los bancos internacionales... obliga nuestro apoyo. Y punto.
La izquierda apócrifa, que hace las cuentas de lo que el gobierno“paga” se complementa en un operativo de pinzas con la derecha evasora y especuladora que lo acusa de “no pagar” con la debida premura.
Nosotros valoramos debidamente la vuelta del Estado a la regulación económica, a las iniciativas de empresas integradas con los países del Mercosur y una resuelta alianza con la Venezuela de Chávez, el Brasil de Lula y los demás hermanos de la Patria Grande.
A veces, hablando en prosa sin saberlo y otras afirmándolo explícitamente el gobierno nacional ha dado pasos importantes en dirección a romper con el modelo neoliberal, a restablecer la justicia social y en favor de la fomentar la integración latinoamericana. Pero esos cambios deben profundizarse, de lo contrario podrán ser fácilmente desechos por el establishment oligárquico-financiero-mediático que siempre está al acecho.
Esos cambios no podrán reafirmarse con la política salarial de Lavagna, que parece prestar más atención a la codicia de trasnacionales y empresarios, que llaman “inflacionarios” a los aumentos de salarios pero se oponen a cualquier control de precios porque engordan con la “libertad de mercado” que hambrea al pueblo.
Desde Causa Popular reafirmamos que el 23 de octubre hay que reventar las urnas con votos para que el gobierno no se detenga ni retroceda.
Por una nueva política económica orientada a la redistribución del ingreso.
Por la recuperación de las empresas estratégicas privatizadas.
Por nuevas formas de control popular y social de los precios.
Por la unidad del movimiento obrero.
Por una Central Sindical Latinoamericana.
Por la reafirmación de la política de integración y afianzamiento de la Unión Sudamericana.
LA IZQUIERDA NACIONAL AGRUPADA EN CAUSA POPULAR INVITA A VOTAR A TODOS LOS ARGENTINOS POR LOS CANDIDATOS QUE APOYAN AL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA.
Alberto Guerberof / Por Mesa Causa Popular
Buenos Aires, 16 de Octubre de 2005