Ella se fue, diseminada, entre las duras cordilleras y perdió entre sal y peñascos los más tristes ojos del mundo, y sus trenzas se convirtieron en agua, en ríos del Perú, y sus besos se adelgazaron en el aire de las colinas,
y aquí está en la tierra y los sueños y las crepitantes banderas y ella está aquí, pero ya nadie puede revivir su belleza.