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02/11/2005
PUERTO NATALES
CAMINO A LOS CIEN AÑOS
Augusto Alvarado
Mirando al Sur
En el sur sur del Continente, allí donde Chile se hace más ancho y llega hasta acariciar las aguas del Atlántico, está enclavada la ciudad de Puerto Natales. Su fecha de fundación es el 31 de Mayo de 1911. En algunos años, casi seis para ser exactos, cumplirá sus primeros cien años de existencia.
El Centenario de Puerto Natales, la tierra que nos vio nacer, será una de las razones de ser de este blog. Recordaremos en estas páginas a los pioneros, a los hombres y mujeres que poblaron esa lejana tierra inhóspita de la Patagonia Austral. También a los que fueron forjando su grandeza, a los que han dejado testimonio de su historia, hombres y mujeres anónimos o casi desconocidos que no han tenido la suerte o la oportunidad de irrumpir en la memoria colectiva de los natalinos y magallánicos. Nos apoyaremos en esta tarea en lo ya hecho, en el trabajo de historiadores, cronistas, poetas, periodistas, investigadores que irán poco a poco engalanando las páginas de este blog. Pero también intentaremos realizar un aporte original, novedoso, nuestra propia percepción de los acontecimientos que marcan el pasado y el presente de nuestra querida “Patria Chica”.
Es cierto que hace varias décadas que estamos afuera, viviendo en la República Argentina, a la cual nos hemos vinculado, por razones geográficas y familiares, prácticamente desde el mismo día en que nacimos. Por tal motivo apelaremos al apoyo y consejo de los paisanos natalinos.
Los invito a colaborar, los invito a participar, a seguir construyendo juntos el sueño de grandeza de nuestro querido “pago chico”. Gracias a todos.
Miércoles, 02 de Noviembre de 2005 19:55 ;?> No hay comentarios. Comentar.
26/07/2005
"CLOROFORMO"
(UN NATALINO CAMPEÓN)
Por Augusto Alvarado Mirando al Sur – Julio de 2005
Eran los tiempos dorados de la juventud y también los años prósperos de la patria. Con toda seguridad, junio de 1972. Viajaba de noche, en bus, de Concepción a Santiago, con la inseparable radio a transistores pegada a la oreja. Sintonizaba radio "Corporación" porque esa noche transmitirían, desde el Teatro Circo "Caupolicán", una nueva edición del Campeonato Nacional de Box Amateur de Chile.
Mi interés estaba puesto en la presentación del mediano natalino "Cloroformo" Andrade, ex compañero de colegio, púgil que había recorrido un largo camino de nocauts en los cuadriláteros de su pueblo, todos de la mano de un golpe casi secreto, un derechazo de arriba hacia abajo, de preferencia aplicado sobre la sien del oponente y conocido en los corrillos locales, bares, clubes deportivos y chincheles varios como "gualetazo". Golpe que a la larga haría conocido a Andrade con el adormecedor apodo de "Cloroformo".
(Aunque "Cloroformo", antes de ser "Cloroformo", había portado otros apodos: "Pepille" en su tierna infancia y "Ministro" después, cuando se vino más grandecito. Había en el pueblo entonces toda una dinastía de "Ministros" y aunque nunca tuve una versión cabal del origen del apodo me imagino que habrá sido porque el "Ministro" originario, el padre de "Pepille", más conocido como "Ministro Viejo", peón en el frigorífico "Bories", tenía la inveterada y extraña costumbre de vestirse bien, hasta con elegancia podríamos decir. Entonces, mientras sus compañeros de trabajo en el frigorífico, con toda lógica y buen criterio, se ponían ropa de batalla para moverse en un medio pletórico de sangre, grasa y caca de oveja, nuestro buen Andrade se aparecía en el trabajo con ropa de vestir, un infaltable sobretodo en invierno y verano, sombrero, camisa y corbata. El extraño proceder ameritaba un apodo. Y en el pueblo donde están los campeones mundiales del sobrenombre no faltó el chusco que asoció la pretendida elegancia de Andrade con la vestimenta de los funcionarios que acompañan al presidente de la nación y así nació, creo yo, la familia de los "Ministros", todos tipos macanudos, buenas personas, amigos de los amigos).
"Pepille", entonces, era el "Ministro Chico". Petiso, rechoncho, piernas cortas y firmes, abundante tórax, tendría que rebuscárselas en el Nacional en una categoría difícil, los medianos, categoría casi universal para el tipo chileno donde se hacía evidente, como en ninguna otra, la diferencia entre los elegantes "boxeadores" y los temibles "pegadores".
Pero dejemos a Renato González, "Míster Huifa", maestro del periodismo deportivo de Chile, que nos presente la pelea:
"Y a continuación tenemos, estimados oyentes, uno de los combates estelares de la noche. Se presenta una de las figuras más prometedoras del boxeo de nuestro país. Julio Medina, de Arica, preseleccionado nacional para los Juegos Olímpicos, un mediano perfecto, buena estatura, pura fibra morena, excelente alcance de brazos, camina bien el ring, un boxeador con todas las letras que seguramente aprovechará este Campeonato Nacional para ponerse a punto. Su rival, que ya está en el cuadrilátero, un muchachito... Andrade... ¿de dónde es este muchacho, Parmisari? ¡Ah!, de Puerto Natales, me dice el relator. Si ustedes me permiten la figura, diría que se trata de un antiboxeador, y esto lo digo con todo respeto, un antiatleta, un muchacho muy joven, con un físico extraño, piernas cortas y fuertes, un tórax demasiado abultado, brazos cortos... Bueno, estas son las cosas que pasan en estos campeonatos nacionales, yo siempre he sido partidario de una preselección, realizar campeonatos regionales para que el nacional sea lo que verdaderamente debe ser, una competencia de alto nivel... (Se escucha la campana y el "segundos afuera" que anuncia el primer round). Estimados amigos, lo dejo Parmisari con el relato".
¡Ay! ¡Carajo! Esos tres minutos del primer round fueron terribles para mi amigo "Cloroformo". Medina lo cagó a trompadas, entraba y salía el hijo de puta con la derecha como un estilete mientras con la izquierda lo acomodaba y otro derechazo y otro... Y Medina bailaba y giraba (como Cassius Clay decía Parmisari) y entraba, salía, pegaba, bailaba y "Cloroformo" recibía y recibía hasta que milagrosamente sonó la campana que daba por terminado el primer round. Me lo imaginaba a "Pepille" con los ojos hinchados, la nariz sangrante, boqueando, sentado en el banquito en el rincón, esperando que de una buena vez se terminara la puta pelea.
"Bueno ("Míster Huifa" comenta la primera vuelta) ocurrió exactamente lo que yo había adelantado. Un Medina perfecto, dictando cátedra, desarrollando todo un repertorio de golpes, un desplazamiento perfecto por el cuadrilátero, entrando y saliendo como lo hacen los que saben, sin dar nunca la distancia para un golpe feliz del oponente. Sinceramente no sé como este muchachito ¿Andrade? todavía sigue en pie. Lo vemos en el rincón, el rostro acusa los impactos de los golpes de Medina, este muchacho de piel muy blanca muestra la huella de los golpes de la cintura para arriba, en los brazos... Vuelvo a repetir, con una buena preselección regional estos muchachitos no llegarían nunca a disputar un campeonato que debería ser serio como éste, la máxima expresión del box nacional...".
(Se escucha la orden de siempre: "Segundos afuera" y suena la campana que anuncia el próximo round).
"Cayó Medina" -interrumpe Parmisari. "Cayó Medina, don Renato" -repite Parmisari. "Es nocaut" -otra vez Parmisari. "Y Medina no se levanta, lo están reanimando don Renato". ("Y nos dieron las diez, y las once y las doce y la una y las dos" cantaría muchos años después Joaquín Sabina. Y Medina no reaccionaba).
"Cloroformo" sabía que tenía una única oportunidad de meter su temido golpe y terminar con la paliza que le estaban dando. En el momento del saludo, al comenzar la pelea y en cada round, los rivales se saludan chocando los guantes, una gentileza que resultó fatal para el mediano de Arica. Allí "Cloroformo" le puso el derechazo, el temido "gualetazo", de arriba hacia abajo, a la altura de la sien derecha y así terminó el Campeonato Nacional para el promisorio mediano Julio Medina, de Arica, preseleccionado chileno para los Juegos Olímpicos.
Comentario final de "Míster Huifa": "¿Qué puedo decirles estimados oyentes? Estas cosas pasan en este tipo de campeonatos. No tengo ninguna duda que Medina es mucho mejor boxeador que este muchachito... ¿Andrade? Pero el box, como otros deportes, tiene la magia de la sorpresa, un minuto de suerte, un golpe bien aplicado y la historia se da vuelta como un guante... Le deseo la mejor de las suertes a este muchachito aunque no creo que llegue muy lejos, carece de fundamentos boxísticos... Bueno, ya están sobre el ring los protagonistas del próximo combate...".
Y a punta de gualetazos y tortazos "Cloroformo" llegó a disputar la final del Campeonato de Box de Chile en la categoría mediano en el año 1972. Nunca estuvimos tan cerca los natalinos de tener un campeón nacional. En la final perdió con un mediano de Punta Arenas que lo conocía como si lo hubiera parido. Nunca se acercó a "Cloroformo", ni siquiera para saludar, metió un par de buenas manos por asalto y así ganó la pelea.
En ese largo viaje entre Concepción y Santiago, una fría y lluviosa noche de invierno de 1972, una sonrisa se dibujaba en mi rostro. Mi amigo "Pepille", "Ministro", "Cloroformo" Andrade, natalino de ley, había derrotado a una promesa del box nacional, el mediano Julio Medina de Arica, preseleccionado para los Juegos Olímpicos.
Martes, 26 de Julio de 2005 22:19 ;?> Hay 1 comentario.
20/06/2005
¡HASTA SIEMPRE … “POCHITA”!
MARÍA VIVANCO ALVARADO (Q.E.P.D.)
Llegó a Río Gallegos hace treinta años, con su compañero de siempre, René Muñoz Ortega y sus cuatro hijos, todavía adolescentes. En Chile, su país natal, no soplaban vientos favorables y había que pensar en los chicos, en el trabajo… en el futuro. Fueron muy duros los primeros tiempos. René era un buen mecánico de automóviles y de todo tipo de máquinas. Algo se podía hacer por aquí y por allá. Los chicos continuaron estudiando pero también trabajando. Había que “parar la olla” todos los días pero en Argentina también se vivían tiempos difíciles. Ella, la “Pocha”, en la vanguardia, en la casa, era el sostén del grupo familiar, con su empeño, su alegría, haciendo milagros con la comida, la ropa, el colegio de los chicos.
Y así fueron pasando los años. Los chicos crecieron, se casaron, vinieron los nietos y los bisnietos, pudo tener su propia casa que pasó a ser el centro de la familia y amable cobijo para los parientes que venían de Punta Arenas, Puerto Natales, Río Turbio, de Santiago de Chile, de Buenos Aires.
Estuve con ella este verano en Río Gallegos, en su casa del Barrio Jorge Newbery. Pasaba por un mal momento personal y pensé que un poco de aire patagónico me vendría bien. Estuve un mes con la “Pocha” y su familia y no me equivoqué en la elección. Recibí toda su solidaridad y su afecto.
Esta tarde, hace unas horas, recibí la noticia cruel. La querida “Pocha”, María Vivanco Alvarado, mi querida prima, falleció en Río Gallegos.
Deja una familia enorme de chilenos y argentinos y su partida enluta los dos lados de la Patagonia.
Desde Buenos Aires, en este triste Día del Padre, un abrazo fraterno con toda mi solidaridad y la de mi familia para René Muñoz Ortega, René, Nelson, Mirna y José Muñoz Vivanco, primos queridos, amigos del alma.
Lunes, 20 de Junio de 2005 22:26 ;?> Hay 1 comentario.
10/04/2005
SOBRE EL GUATÓN ABDALA
Tampoco son muchos 30, 32 años
Jorge Lagos Nilsson – Piel de Leopardo www.pieldeleopardo.com
Lo triste, inevitable de la historia es que nos comprende –ciñe, abraza, rodea– a todos. No es posible concebirla, no es posible vivir sólo entre algunos: la historia es una casa sin puertas. Si en algún momento ella se vuelve pasión, crueldad, egoísmo, intolerancia, luego exige entendimiento, esa potencia del alma –dice el Diccionario de la Real Academia Española–, “en virtud de la cual concibe las cosas, las compara, las juzga, e induce y deduce otras de las que ya conoce”. Es lo que procura en su relato Augusto Alvarado.
Al final de un proceso social violento, luego del apagón que ciega todo cuanto conformó la vida social hasta su estallido, quienes emplearon la mayor crueldad y violencia, los en apariencia más fuertes, intentan definir el futuro remodelando el presente por la reconstrucción del pasado. Se equivocan. No vencen los que ganan; la historia en verdad pertenecerá a los sobrevivientes, porque los sobrevivientes son la memoria de lo destruido y los ladrillos de la nueva edificación. Con una condición: que abarquen. Ni el pretérito ni el futuro son terreno acotado. La memoria, así, implica –contiene– tanto la necesidad de pedir perdón como la de perdonar. Lo contrario es abandonarnos a los arbitrios del olvido; es decir: apostar que se cometerá el mismo error, se tropezará con la misma piedra, caeremos en el mismo –u otro– despeñadero, haremos de la historia una farsa, la viviremos como tragedia.
Augusto Alvarado nació en la Patagonia –detrás de la frontera chilena–. Reside en Buenos Aires desde 1975. Tiene seis hijos y cinco nietos. La historia del “guatón” (gordo) Abdala debe haber sido escrita pensando en ellos.
No es tarea de esta sección de Piel de Leopardo la exégesis ni la crítica –ni la interpretación ni el examen– sino la difusión de textos literarios. En el caso de la Historia de un represor, no obstante, quisiéramos llamar la atención del lector acerca de los aspectos sincréticos de la escritura de Alvarado, que sintetiza –creemos de que manera admirable– el habla chilena y argentina, construyendo una estructura lingüística bella y precisa, que permite especular en estos tiempos de forzada “globalización” sobre la velocidad con que avanzaría la integración de los pueblos americanos si sus ¿conductores? leyeran más y discursearan menos.
Domingo, 10 de Abril de 2005 15:18 ;?> No hay comentarios. Comentar.
09/03/2005
EL GUATÓN ABDALA
(Historia de un represor)
Cuento de Augusto Alvarado
A la memoria de César Oyarzo Vivar
Qué bueno que viniste, cabrito. ¿Cuánto tiempo pasó? ¿31? ¿32? Una punta de años, laputamadre. ¿Qué quien carajos soy? ¿No te acordai? Cuando nos conocimos, hace como cincuenta años, me decían el amordetodas. Algunos, un poco más jóvenes, me conocen como el guatón abdala y los más pendejos me conocen, simplemente, como el huevón de la silla de ruedas. Soy el tom cruise de este pueblo de mierda. ¿Qué? ¿No te acordai de nacido el cuatro de julio? Un pendejo, tom cruise, va a pelear a vietnam como voluntario. Está convencido que va a defender a su país, un estilo de vida, la democracia y la libertad. No le va bien, le meten un par de balazos y vuelve a estados unidos hecho una piltrafa, paralizado de la cintura para abajo. Lo tratan como el culo en un hospital de veteranos y el gil poco a poco va entendiendo que la guerra no es lo que creyó que era. Encima tiene una minita que le comienza a llenar la cabeza de historias contra la guerra. Le empieza a dar al trago y a la droga, va a méxico donde conoce a otros veteranos de guerra hechos mierda. Bueno, tú sabes cabrito, seguramente viste la película, el tom cruise termina siendo un luchador contra la guerra, un defensor de los derechos de las minorías y ahí termina la historia. Por eso digo que soy el tom cruise de este pueblo de mierda porque como ves, cabrito, yo también estoy en una silla de ruedas, no me hirieron en vietnam aunque también tuve mi guerra y quiero contártela capaz que tú cabrito puedes escribir mi historia, o hacer una película, queseyo, tal vez te interesa... Total, no se pierde nada.
(Cuando te ví el otro día caminando por las calles del pueblo después de tantos años me puse contento cabrito, pensé que mi vida otra vez tenía sentido, no me vas a creer, creo que he vivido estos últimos años en esta puta silla de ruedas para esperarte, para contarte, para que sepas, cabrito, que nunca te fallé, para que todos en este pueblo de mierda conozcan la verdadera historia del guatón abdala).
Bueno, como te decía, en algún momento de mi vida me decían el amordetodas. Y a mí me gustaba el apodo porque yo era pintón, ganador, me peinaba con gomina y brillantina, buen bailarín y sobre todas las cosas, un buen deportista. En invierno, que en este pueblo va de abril a septiembre, jugaba al basquet. Cómo hacíamos, no sé. Jugábamos con unas pelotas de cuero enormes, decían que eran número seis, parecían sandías y para picarlas era necesario hacer malabarismos. No había tele, ni cable, ni radios había, ni enebea, ni ligas europeas, nada. Cómo aprendíamos, ya te dije, no sé. Yo tenía mis ventajas, un buen estado físico (en ese tiempo no fumaba ni tomaba), era rápido para las bandejas y tenía buena puntería en lo que ahora llaman tiros de dos puntos. También era bueno para los tiros libres. Con eso bastaba para estar entre los mejores. Y fue más o menos en esa época que te conocí. Porque entrenábamos en el único gimnasio del pueblo y siempre costaba un triunfo juntar diez para hacer por lo menos dos equipos de cinco y practicar como la gente. Y ahí estabas tú, cabrito, con tus amigos, al costado de la cancha esperando que los inviten a jugar. Eran más chicos, diez o doce años menos que nosotros, pero eran empeñosos, no tenían miedo y jugaban bien, por algo se lo pasaban todo el día en el gimnasio. Tenías un lindo lanzamiento, en suspensión le llamaban entonces, tirar al aro con la pelota bien arriba de la cabeza después de tomar impulso y saltar como los dioses. Y la metías seguido, la metías. Fue entonces cuando me encariñé contigo, cabrito, no sé por qué, sería porque no tenía hermanos, ni más chicos ni más grandes, era un amordetodas que estaba muy solo en este mundo. Yo siempre decía, y te juro que no sé por qué, a este campeón lo voy a cuidar, le voy a enseñar los secretos del basquet y los secretos de la vida a este cabrito decía yo.
Después venía la temporada de fútbol y yo también jugaba, cómo no iba a jugar si era todo un atleta, y por supuesto jugaba de arquero, el puesto más difícil, el más arriesgado, solo para valientes. Era bueno y tenía mucha suerte, un culo más grande que una casa decían los muchachos, si yo no la atajaba estaban los postes, el travesaño, alguna pata salvadora de un defensor... Con decirte que un par de temporadas entregué el arco invicto... Pero todas las bellas historias terminan algún día, cabrito, y una vez a los dirigentes del fútbol se les ocurrió traer al colo-colo, el primer equipo profesional que pisaba los potreros del pueblo. Nueve goles me comí cabrito, sin saque, y eso que no vino el chamaco valdés ni el cua-cua hormazábal. Entonces yo dije que a esta huevá no juego más, ningún arquero, ni siquiera el amordetodas, puede llevar nueve goles sobre sus espaldas, en un solo partido. impunemente. Y colgué los chuteadores, cabrito. Así nomás, de un día para otro y para siempre.
Pero sabes donde me hice famoso, y donde llegué a ganar unos pesos, fue en las peleas, en el box, porque no le tenía miedo a nada y ya te dije, era un atleta de tiempo completo, nada de trago ni cigarrillos. Claro que no me gustaba pelear con los gallos del pueblo, eran todos conocidos, así que siempre les gané por puntos, nunca noquié a nadie. Pero que no me trajeran a alguno de otro lado, aunque fuera del pueblo más cercano, los cagaba a tortazos, siempre gané por nocaut y si era argentino, mejor que mejor, porque ahí sí que me salía el indio. Se me inyectaban los ojos de sangre decía un viejo borrachín que escribía en el diario del pueblo. Y fué con un argentino que terminó mi carrera de boxeador, cabrito. Era un mendocino que trabajaba en la mina de carbón, puro músculo el desgraciado, ligero de piernas, rápido con las manos aunque no pegaba fuerte.Tenía una vista de lince el cuyano. Pactaron una pelea a ocho rounds, no sé por qué, siempre eran a cinco o diez vueltas. Ocho rounds y no pude ponerle ni una sola mano al maricón ése, esquivaba todo cabrito, y cada vez que yo pasaba de largo con mis golpes me mostraba la cara y se reía el muy hijo de puta. Se burlaba del amordetodas en su propia casa, en su propio cuadrilátero. La gente me apoyó más o menos hasta el cuarto o quinto round, dale guatón me decían los más viejos, pégale en la bodega amordetodas, gritaban los más jóvenes. Hasta la canción nacional tocaba la banda de música del regimiento, que siempre acompañaba las veladas boxísticas como acostumbraba a decir la gente. Y empezó a ocurrir algo extraordinario, creo que a partir del sexto round. Cada vez que yo pasaba de largo con mis gualetazos la gente gritaba ole, ole y aplaudía al mendocino, laputamadre, nunca pensé que podría pasarme algo semejante, fueron los tres últimos rounds que pelié en mi vida cabrito, todavía tengo el ole en mi cabeza y el puto mendocino que se burlaba y la banda que tocaba adiós al séptimo de línea, la cucaracha y los viejos estandartes. Y el cuyano me punteaba y me punteaba, no pegaba fuerte pero me dejo el hocico como una albóndiga y los ojos chiquititos y cuando escuchaba los ole, ole, por primera vez en mi vida de boxeador quise levantar el brazo y abandonar pero el chileno no se rinde mierda y la banda del regimiento tocaba sin muchas ganas la canción de yungay cuando terminó la pelea y yo dije hasta acá llegó tu carrera pugilística amordetodas me dicen al pasar.
Habrá sido porque no me rendí, porque no levanté la mano, porque no aflojé, que un par de días después vino a verme el jefe del regimiento en persona, un coronel, usted es un buen chileno abdala, me dijo, un patriota, y yo vengo a ofrecerle un lugar en el glorioso ejército de o'higgins. Hombres como usted necesita la patria, me dijo, y yo me puse a lagrimear y a hacer pucheros y en ese momento comprendí que la carrera artística del amordetodas se terminaba y que empezaba la verdadera vida del ciudadano chileno germán abdala, en adelante el guatón abdala, de la gloriosa clase del treinta y seis.
Y fue más o menos por ahí, el sesenta y tres o el sesenta y cuatro que te perdí de vista, cabrito. Cuando cambió mi vida en ciento ochenta grados. Un sueldito todos los meses, no era mucho, pero era un sueldito. Un uniforme con los galones de cabo. Las reverencias de los soldados conscriptos, permiso mi cabo, buenos días mi cabo, buenas tardes mi cabo, buenas noches mi cabo, permiso para ir al water mi cabo. No era instructor, era un cabo contratado, un poco más que ellos nada más, pero qué mierda sabían esos conscriptos ignorantes que venían casi todos de chiloé. Trote carrera marrr mierda y los pelados salían disparando. Encima me casé con mi antigua novia, el amor de mi vida. Mientras yo me dedicaba al box, la milonga y el hueveo ella se recibía de profesora en la escuela normal de ancud. ¿Qué más podía pedirle a la vida, cabrito? Sí, tienes razón, siempre hay algo que las caga, la mosca en la sopa, el pelo en la leche. Me integraron a la banda del regimiento, la que tocaba la cucaracha cuando el cuyano me sacaba la lengua. La banda de la noche triste. ¿Sabes para tocar qué, cabrito? Los platillos, la puta madre que los parió. ¿Puede haber algo más degradante, digo yo, que tocar los platillos en una banda? Aunque pensándolo bien hay algo peor, tocar el bombo. Y cuando el colifato villegas estaba de vacaciones o se enfermaba me mandaban a tocar el bombo carajo, eso sí que era degradante, cargando la mole esa por las calles los domingos en la plaza, transpirando como un energúmeno. Y las retretas vespertinas y los actos escolares y las autoridades militares que nos visitaban y las autoridades civiles que también nos visitaban y yo dale que dale con el bombo y los platillos meta que la tumba serás de los libres o el asilo contra la opresión carajo.
Después dejé de hacer deportes y me puse a tomar como un infeliz y a comer como un chancho y a fumar como una luciérnaga y me empezó a crecer una guata descomunal, una guata que no nacía debajo de las tetillas como todas las guatas, la mía comenzaba en la base del cuello, era todo un tronco prominente y de ahí, como te imaginarás cabrito, empecé a ser definitivamente el guatón abdala, el chancho abdala, el charchetudo abdala.
Aunque cada día me gustaba menos la huevada esa de ser milico, cabrito. Pelar papas en la cocina, limpiar la bosta en las caballerizas, hacer uno que otro mandado, ensayar y ensayar las mismas putas marchas todos los días. Comer, cagar y dormir era la consigna. Paciencia guatoncito me decía mi mujer, ya vendrán tiempos mejores. La patria espera todo de ustedes nos arengaba el coronel todos los domingos mientras nosotros, los pelotudos de la banda, tocábamos una y otra vez el himno nacional puro chile es tu cielo azulado mierda puras brisas te cruzan también.
Y de repente todo cambió, cabrito, de la noche a la mañana, tenía razón mi mujercita querida, por algo había estudiado la flaquita. Un martes de septiembre del setenta y tres nos levantaron a los gritos a las tres de la mañana, arriba los soldados de la patria carajo, nos vamos a tomar el pueblo porque a partir de hoy vamos a ser gobierno, se acabó la tiranía viva chile mierda. Abdala, villegas y tres soldados con el teniente márquez a un jeep armados hasta los dientes ordenaba el capitán piluso, los demás arriba de los camiones en cinco minutos y viva la patria mierda.
Llegamos al pueblo a las cinco o seis de la mañana, estaba oscuro y hacía mucho frío. Creo que había nevado y todo, en septiembre, cabrito. Toda la plaza estaba rodeada de camiones, jeeps, soldados en los techos, todos apuntando al edificio de la gobernación y a los principales edificios públicos. Gritos, órdenes, nerviosismo, puede haber resistencia armada nos había dicho mi coronel cuando arengó a las tropas en el regimiento. Pero no pasaba nada, todo tranquilo en el pueblo, abdala y villegas consigan un tacho vacío de doscientos litros y hagan fuego nos dijo piluso, tres soldados conmigo a la municipalidad agregó y al rato empezaron a bajar con libros, libros y más libros de la biblioteca municipal, vayan quemando toda esta mierda dijo piluso y yo con el colifato villegas meta quemar carajo, libros chicos, medianos, gordos, enciclopedias, diarios, mapas, lo que cayera viejo y como las ocho de la mañana apareció una flaquita de rulos que era la bibliotecaria, bastante buena la flaquita, y nos empezó a gritar, cavernarios, decía, el pensamiento no se multa ni se encarcela, pero lo estamos quemando le dije yo, y apareció mi suboficial mayor morales, el perro le decían, y le encajó una reverenda patada en el culo a la flaquita y no te quiero ver más por acá le dijo, te fuiste y la flaquita de rulos se fue llorando y nunca más la volví a ver. El colifato villegas sabía de libros y les decía a los soldaditos tráiganme uno de neruda muchachos y si encuentran alguno de gabriela mistral también, arden lindo esos libros porque están hechos con papel de arroz y salen unas llamas azules decía el colifato como poseído y fíjense si encuentran algo de garcía márquez, si es de la editorial sudamericana, mejor, les gritaba mientras los soldaditos subían y subían las escaleras y volvían cargados de libros.
Y a la noche nos mandó a buscar mi coronel gallardo, que era el nuevo gobernador, al colifato villegas, al suboficial morales y a mí. Éramos los únicos del regimiento que estábamos presentes, todos los demás eran oficiales o suboficiales de afuera, de inteligencia militar según nos dijeron, el que más hablaba era un mayor de apellido ruiz, tenemos el control del país nos dijo, el presidente socialista se suicidó, estaba borracho, agregó, pero ahora comienza la tarea más difícil, nuestros informes de inteligencia dicen que todo chile es un arsenal, de arica a magallanes, hay armas rusas, checoslovacas, cubanas, armas por todas partes y nuestra misión, soldados, es encontrarlas, busquen, interroguen, olfateen, escuchen, las armas tienen que aparecer ahora porque los enemigos algún día las usarán contra la patria. Por eso los hemos convocado, soldados, porque su hoja de servicios es brillante y ustedes son valientes y patriotas como buenos chilenos. Así que a trabajar muchachos y viva la patria. Y ahí nomás me ascendieron a sargento, galones nuevos, uniforme nuevo, de camuflaje le llamaban, y armas nuevas, y sobre todo, lo más importante cabrito, carta blanca, chipe libre, todo el poder para el guatón abdala y sus amigos de la inteligencia militar.
Instalamos nuestro cuartel general en un edificio de dos pisos medio abandonado de la cruz roja y empezamos los interrogatorios cabrito, nunca en mi vida trabajé tanto como en esos primeros tiempos de nuestro gobierno militar. Casi no dormíamos, no aparecía por mi casa, a veces la flaquita me traía comida aunque más que nada le dábamos al trago, wiski y pisco tomábamos ahora porque teníamos que estar siempre despiertos, al pie del cañon decía mi mayor ruiz, con los enemigos de la patria nunca se sabía, en cualquier momento podía saltar la liebre. Le sacamos la cresta a medio mundo, jóvenes, viejos, solteros, casados, estudiantes, campesinos, obreros, maestros y las armas no aparecían laputamadrequelosparió.
Y ahora viene la parte que siempre te quise contar, por la que te esperé tanto tiempo, siempre dije, el cabrito tiene que conocer esta parte de la historia. Un día el mayor ruiz nos dijo que en la comisaría de carabineros estaba detenido un huevón peligroso, ése estudió en la universidad, dijo, ése sí que sabe de armas, cáguenlo a palos, tirenlo al mar, métanle corriente hasta por el culo, sáquenle información como sea. Y fuimos con el colifato y el perro morales, contentos porque ya estábamos enviciados con eso de pegarle a la gente y además siempre era más fácil pegarle a un huevón de afuera, como en mi época de boxeador. Entramos al calabozo de los carabineros y gritamos ¡mirando a la pared y las manos atrás carajo! y el huevón no se movía, era un ovillo en el piso y ahí nos dimos cuenta que los pacos o los tiras habían empezado la tarea, querían ellos ganarse los galones, el huevón no se podía ni parar, estaba además cagado de frío, tiritaba aunque tal vez era de miedo. Tuvimos que pararlo y afirmarlo contra la pared para vendarle los ojos y atarle las manos por detrás, era el procedimiento de rutina, cabrito, y ahí nomás empecé a tiritar yo, me temblequeaban las piernas, las manos y las carretillas porque fuí descubriendo que eras tú cabrito, detrás de la mancha negra de esa cara llena de golpes estaban tus ojos cabrito y dije guatón tienes que cumplir con tu promesa al cabrito no le vas a pegar, ya tiene suficiente y llamé al paco que estaba de guardia y le dije quién carajos autorizó que golpeen a este hombre y el paco se cagó todo y dijo fueron los tiras mi sargento y dije a este hombre hay que llevarlo al hospital porque se puede morir en cualquier momento y el paco dijo sí mi sargento y ahí nomás llamó a una ambulancia y vino un médico y dijo sí lo vamos a internar y te llevaron cabrito te tuvieron como quince días en el hospital y la sacaste barata campeón porque después te sacaron del pueblo y te mandaron al pudeto y después a isla dawson y después te mandaron a rancagua y después te fuiste a la argentina cabrito y ahora volviste y yo el guatoncito abdala te cuento esta historia porque fuí un hijo de puta cabrito con mucha gente pero contigo no cabrito, contigo no, porque el guatón abdala tiene palabra y tiene corazón cabrito y a tí nunca te pegué ni permití que ningún hijo de puta, ni el colifato ni el maldito perro morales te toquen, cabrito, porque contigo no cabrito, contigo no.
Y ahora, ya ves, estoy en silla de ruedas cabrito. Hace un par de años me empecé a sentir mal, me costaba un huevo y el otro caminar, no sentía las piernas y la flaquita me llevó al hospital y el médico me dijo estás cagado guatón, casi no llega sangre a tus piernas, mucho trago y mucho cigarrillo guatón, mucha grasa en tu sangre, te vamos a tener que cortar las piernas porque si no te vas a morir muy pronto guatón me dijo el médico y me las cortaron nomás, justo debajo de las criadillas, la pichula la uso para mear nomás, no se te vaya a ocurrir ir al hospital en este pueblo de mierda cabrito, aquí te cortan las piernas por cualquier cosa, seguro que tenemos el record mundial de huevones sin piernas y aquí estoy cabrito, en esta puta silla de ruedas, como el tom cruise, mi mujer me saca a pasear, me lleva a hacer las compras, claro que no dejan entrar en silla de ruedas a los supermercados así que me deja afuera, atadito como un perro, porque los pendejos de mierda, seguro que los hijos o nietos de los enemigos de la patria, me molestan, me tiran piedras, me dicen guatón culiao, métete el bombo en el culo me dicen y yo estoy solo cabrito, al colifato villegas lo mataron en un quilombo y el perro morales se murió solo como un perro y yo me voy a morir en esta puta silla de ruedas pero hoy estoy contento cabrito porque te ví después de tantos años ¿30? ¿32? y te conté mi historia y capaz que tú la escribes cabrito o haces una película y todo el mundo va a conocer la verdadera historia del guatón abdala, el amordetodasmedicenalpasar, el huevón de la silla de ruedas, el milico hijo de puta que cagó a medio mundo pero que cumplió su promesa y nunca te tocó cabrito, jamás cabrito, contigo nunca cabrito ...
Miércoles, 09 de Marzo de 2005 19:15 ;?> Hay 4 comentarios.
31/12/2004
¡FELIZ 2005!
A los amigos de “Mirando al Sur” de Argentina y Chile, Suecia, Estados Unidos, España, Venezuela, Bolivia, Uruguay, México y Perú que, en ése orden, constituyen el grueso de lectores de lo que llamo “mi pequeño espacio en la web”.
A los colaboradores permanentes que voluntaria y desinteresadamente se han transformado en pilares de la publicación: el poeta Aristóteles España desde Calama, en el Norte Grande de Chile, que semanalmente nos ha enviado sus aportes recuperando para la memoria histórica a figuras de la literatura chilena consagradas o menos conocidas; desde Santiago de Chile el Profesor Pedro Godoy, del Centro de Estudios Chilenos, que periódicamente nos envía sus agudas reflexiones sobre Chile y su ineludible destino suramericano; el antropólogo Andrés Monares Ruiz y el politólogo Carlos Parker Almonacid, que generosamente han autorizado la reproducción de sus artículos publicados en la página “El Mostrador”; al notable narrador y poeta Ramón Díaz Eterovic; desde la patagonia chilena el querido amigo y poeta Hugo Vera Miranda; el cientista político Manuel Rodríguez Uribe; el periodista natalino Manuel Suárez Arce; el escritor Jorge Díaz Bustamante; el historiador Ramón Arraigada y el joven poeta Oscar Barrientos Bradasic. De Argentina la familia Escobar Pesano de Chubut ; Enrique Lacolla, de Córdoba; de Buenos Aires el Dr. Alberto Guerberof (de Causa Popular), el Filósofo Alberto Buela y Rolando Mermet (Patria y Pueblo). De Santiago del Estero el amigo Raúl Dargoltz, que permanentemente nos hace llegar sus artículos. Desde La Paz (Bolivia) el prestigioso periodista Andrés Soliz Rada, que nos ha permitido la reproducción de sus notas, a menudo publicadas en importantes medios del continente. A Alejandro Ferrer Fernández, que desde Chicago nos envía sus colaboraciones y su palabra de aliento. También Edgardo Condeza.
A los periodistas y columnistas que por falta de contacto no han autorizado expresamente la publicación de sus artículos, aunque ha sido norma permanente en estos casos citar la fuente. Entre ellos, el más notable, el periodista rosarino radicado en México y habitual columnista de La Jornada José Steinsleger que con la claridad de su pluma y la agudeza de su pensamiento crítico engalana los contenidos de “Mirando al Sur”.
A los espacios en la web y revistas impresas que han publicado con generosidad y amplitud los contenidos de nuestro espacio.
A los queridos compañeros y amigos que nos han dejado durante el 2004: el inolvidable Carlos Zanzi, el generoso Pablo Jeria Ríos, el recordado Ramón Mayorga, el querido compañero de Causa Popular Juan Carlos Bertinci.
A mis amigos de Santiago de Chile: Mónica Silva, Sebastián Figueroa, Víctor Hugo de la Fuente y Libio Pérez; Pepe Alvarado de Concepción; Eliécer Valencia de Holanda; Héctor Avilés de Canadá; Víctor Salvo de Suiza; Gonzalo González de Dinamarca. De Punta Arenas, Chile, Juan Carlos Moreno, Baldovino Gómez, Jerónimo España y Daniel Ruiz Oyarzo. De Tierra del Fuego (Argentina) Ramón Taborda Strusiat. De Río Gallegos (Santa Cruz) la familia Muñoz Vivanco. De Buenos Aires José Cárcamo, Gonzalo Velásquez, Graciela Cabrera y Horacio Cesarini.
La generosidad de todos ustedes y los nuevos aires que circulan por el continente (nuestra Patria Grande) me impulsan a continuar con este espacio. Les agradezco a todos por las colaboraciones y el aliento permanente y los invito a seguir creyendo y construyendo el venturoso porvenir de América Latina.
MUCHAS GRACIAS A TODOS
FELIZ 2005
augusto alvarado aonikenk02@hotmail.com
Viernes, 31 de Diciembre de 2004 03:34 ;?> No hay comentarios. Comentar.
09/12/2004
AYACUCHO Y LAS LECCIONES DE LA HISTORIA
Augusto Alvarado
Mirando al Sur – Causa Popular
El 10 de abril de 1982 nos mostró, una vez más, que los designios del Señor son inescrutables. El relator deportivo José María Muñoz, a través de Radio Rivadavia de Buenos Aires, convocó a una manifestación de apoyo a la reconquista de las islas Malvinas, que se transformó en la manifestación política más contundente de que tengamos memoria. Coincidió el acto con la llegada en helicóptero a la Casa Rosada del mediador norteamericano General Alexander Haig. Jamás por estas tierras del Plata un repudio tan contundente para un representante del imperialismo. Sin sanguchitos, choripanes ni colectivos gratuitos para trasladar a la chusma. Era otra vez el “aluvión zoológico”, esos porfiados “cabecitas negras” que unas décadas atrás, en esa misma plaza, se habían lavado las patas en la fuente, mientras impulsaban hacia el futuro a un “oscuro” coronel y a su no menos “oscura” compañera.
Allí estuvimos con las banderas del FIP, que no era ni es otra que la bandera federal de José Artigas. Junto al pueblo peronista, la CGT, cientos de miles de argentinos y argentinas que sintieron que había poderosas razones para apoyar una verdadera causa nacional y popular. Allí, debajo de un árbol, una anciana pareja aborigen, tal vez kollas o aymaras, tímidos, rehuyendo de la multitud, portaban una pequeña pancarta casera que decía: “Por un nuevo y definitivo Ayacucho”.
Porque en esa Plaza de Mayo de abril estaban también los paraguayos de Francia y los López, hijos o nietos de los masacrados en la Guerra de la Triple Alianza; los Orientales de José Artigas; los bolivianos de Villarroel, Ovando y Juan José Torrez; los peruanos de Haya de la Torre y Velazco Alvarado; los chilenos de Grove, Ibáñez y Salvador Allende. También colombianos, venezolanos, mexicanos…
Y aquí estamos otra vez, ahora en la Pampa de Quinua, en Ayacucho, a 180 años de la batalla decisiva por la independencia de la América que fue española. Recordando las inolvidables páginas de Bautista Von Hagen (“Las cuatro estaciones de Manuela”), la más brillante descripción de la batalla decisiva con generales que no tenían treinta años y con soldados llegados de los más recónditos parajes de la Patria Grande. Un soldado insignia, portador de la bandera, se acerca a su general y pregunta: “¿Cómo atacamos, mi general?” “!A paso de vencedores!” responde Córdova, el joven general colombiano.
En la Pampa de Quinua, en Ayacucho, en diciembre de 2004 nace la Unión Sudamericana. Preñada de temores y esperanzas. Con mayores o menores convicciones en los presidentes que firmarán la fundación simbólica de la nueva y gloriosa Nación. Con miles de contras que los agentes de la desmembración no se cansarán de argumentar. Pero los pueblos de la América del Sur no comen vidrio y estarán en la patriada tejiendo día a día el nuevo y enorme telar bolivariano, un nuevo y definitivo Ayacucho.
Desfilarán por la Pampa de Quinua los patriotas originarios, Bolívar, San Martín, Artigas y O’Higgins. Los que mantuvieron la llama encendida pese al viento europeizante que sopló durante casi un siglo: Martí, Darío, Mistral, Manuel Ugarte, García Calderón, Blanco Fombona, Joaquín Edwards Bello. También Sandino y Morazán, Villa y Zapata. Juan Domingo Perón, Carlos Ibáñez del Campo, Getulio Vargas, Salvador Allende.
Y nuestros inolvidables compañeros de la Izquierda Nacional, que desde hace más de sesenta años se entregaron a la pesada tarea de unir en un solo programa las ideas de Bolívar y Marx, que apoyarían con entusiasmo esta nueva batalla de Ayacucho: Jorge Abelardo Ramos, Jorge Enea Spilimbergo, Blas Manuel Alberti, y Juan Carlos Bertinci, entre muchos otros.
“Nada hay más poderoso en la Tierra que una idea cuya hora ha llegado” – Rubén Darío.
Jueves, 09 de Diciembre de 2004 01:10 ;?> Hay 1 comentario.
24/07/2004
CARLOS ZANZI: ADIÓS AL AMIGO
Había que estar, tener agallas. Carlos Zanzi rondaba los 60 años en 1973 cuando fue detenido por el Ejército. También su compañera de toda la vida. Nada sabía de sus hijos, cercanos al Presidente Allende y comprometidos políticamente como su padre. Su gran pecado: ser amigo personal del Presidente y ocupar el cargo de Vicepresidente Ejecutivo de CORMAG (Corporación de Magallanes), instrumento destinado a promover el desarrollo regional. Había que estar. Sobre él recayó todo el odio uniformado del General Torres de la Cruz, el hombre de Pinochet en la región austral. En el Regimiento Pudeto de Punta Arenas cientos de presos políticos vivíamos la incertidumbre de esos primeros días de cautiverio, con dolor, con miedo, con terror. Se atropellaba y torturaba diariamente. Y se ejercía sobre nosotros una enorme presión psicológica. Nos instalaron un televisor sólo para ver las noticias y enterarnos de las ejecuciones sumarias, las denuncias contra el Gobierno Popular, la ropa interior femenina y el alcohol encontrados en el despacho del Presidente. En Magallanes el centro de las calumnias era Carlos Zanzi. Había que destruir al amigo de Allende y crear un manto de sospechas contra la labor de CORMAG. Los traidores querían darnos lecciones de moral y justificaban su Golpe artero con un inexistente Plan Z, contrabando de armas desde Cuba, la vagancia y la inmoralidad del gobierno marxista. En nombre de esos supuestos se torturaba, se mancillaba la virtud de las personas, se llegaba hasta el asesinato político.
Y allí estaba Carlos Zanzi con su generosidad, su entereza, asumiendo el papel de padre consejero (no en vano era uno de los mayores entre los prisioneros). Cuando nos trasladaron a Isla Dawson fue el Delegado de nuestra barraca (Charlie) ante los responsables militares de la isla. Sabía de las torturas contra su compañera, nada sabía de sus hijos y sin embargo ese hombre mayor soportaba con entereza duros momentos, seguramente mucho más duros para quien rondaba entonces los sesenta años.
En septiembre de 1974, al año del golpe, estaba con Carlos Zanzi en el Regimiento Cochrane, de la Infantería de Marina, en el sur de Punta Arenas. Ese día recuperamos parcialmente nuestra libertad, pues nos relegarían a diferentes y aislados puntos del país. Fuimos subidos a un camión, entre otros, Carlos Zanzi, Juan Carlos Mandich, Patricio Rettig, Américo Fontana y yo.
Después nunca más lo vi. No tuve oportunidad de transmitirle mi respeto, admiración y cariño, aunque siempre supe de él, de su exilio en España, de su retorno a Chile.
Esta historia de crecer, de venirnos grandes, tiene sus cosas gratas. Vemos crecer a nuestros hijos, llegan los nietos… Pero tiene sus momentos ingratos, dolorosos. Ser testigos de la partida de nuestros mayores, nuestros seres queridos. Enterarnos (como hoy, por ejemplo, en una luminosa mañana del invierno de Buenos Aires), que Carlos Zanzi, compañero, amigo, socialista de toda la vida, amigo de mi padre, nos ha dejado a los 89 años allá en su ciudad, en Punta Arenas, en esa Patagonia que tanto amamos.
Descansa en paz, querido Carlos… y hasta la victoria siempre…Querida Kica, un abrazo y para ti, todo el amor del mundo.
Sábado, 24 de Julio de 2004 17:11 ;?> Hay 2 comentarios.
20/06/2004
ADIÓS, ROMEDIL
Augusto Alvarado
Tendría 15 ó 16 años cuando la huelga grande del ’35. Trabajaba como vellonero en la Estancia “Cerro Guido” y era un integrante más del poderoso Sindicato de Campo y Frigorífico, organización que agrupaba a casi dos mil obreros que desempeñaban diversos oficios en las estancias y frigoríficos de Última Esperanza, en la patagonia chilena. No había radio, tampoco telégrafo en aquellos alejados lugares de trabajo. Sólo teléfonos en las administraciones o en los retenes de Carabineros de Chile, retenes construidos por la “Sociedad Explotadora” y, obviamente, al servicio de los ganaderos.
La comunicación expedita entre los trabajadores en huelga era prioritaria: había que mantener el espíritu de lucha y contrarrestar las maniobras de los patrones. Ahí apareció Romedil Bitterlich, que en bicicleta recorría casi a diario los más de cien kilómetros que separaban a las estancias en huelga: “Cerro Guido”, “Cerro Castillo”, “Paine”, “Estancia Nueva” y los frigoríficos “Bories” y “Natales”.
Así comienza la vida pública de Romedil Bitterlich, una vida entera de compromiso social, sindical y político que hasta el último instante lo encontró luchando por los derechos de los jubilados de su querido Puerto Natales.
Dijo de él José Ruiz De Giorgio: “No lo conocí en sus tiempos de dirigente sindical, pero por antiguos trabajadores supe de su noble accionar en el sindicalismo. Tuve el privilegio de compartir con él, en numerosas oportunidades en las últimas décadas, y sentir el influjo de su exuberante personalidad. Palpar el cariño y el respeto que le profesan sus pensionados y montepiadas que comparten a diario sus angustias y esperanzas. Recoger sus legítimas y sentidas demandas en la favor de la gente que tan genuinamente representa y también recibir el agradecimiento por algún gesto, a veces pequeño, pero que Romedil con ese gran corazón supo reconocer y valorar. (…) Romedil Bitterlich es un vivo ejemplo del espíritu que impregnó la vida de los pioneros que llegaron a estas tierras y que frente a la adversidad supieron salir adelante con esfuerzo y con coraje” (*)
Hace unos días nos ha dejado para siempre Romedil Bitterlich. Tenía 85 años. Fue dirigente sindical y militante comunista. En sus últimos años, un firme defensor de los derechos de los jubilados. Se fue un natalino de ley que se suma a una constelación de hombres y mujeres que han partido pero que nos han dejado un legado de responsabilidad social y de amor al terruño. Se fue Romedil. Se fue un imprescindible.
(*) Los párrafos citados corresponden al prólogo que escribió el senador José Ruiz De Giorgio al libro de Romedil Bitterlich “Los Centauros: Reclutas de Última Esperanza”, publicado en 1998. Su otro libro, “Rostros inolvidables” apareció en 1995.
Domingo, 20 de Junio de 2004 16:12 ;?> No hay comentarios. Comentar.
25/04/2004
CRÓNICA DE UN BOCHORNO ANUNCIADO
Augusto Alvarado
Nota del autor: Hace un par de años un partido de tenis entre argentinos y chilenos originó bochornosos hechos de violencia. A raíz de esos acontecimientos escribí la nota que les ofrezco a continuación: -------------------- Estaban los tres ciegos ante el elefante. Uno de ellos le palpó el rabo y dijo: -Es una cuerda. Otro ciego acarició una pata del elefante y opinó: -Es una columna. Y el tercer ciego apoyó la mano en el cuerpo del elefante y adivinó: -Es una pared. Así estamos: ciegos de nosotros, ciegos del mundo. Desde que nacemos, nos entrenan para no ver más que pedacitos. La cultura del desvínculo nos prohíbe armar el rompecabezas. Eduardo Galeano - Ser como ellos
Quienes quieran explicar los hechos de violencia ocurridos en el estadio del Parque O'Higgins (escenario del partido Argentina-Chile por la Copa Davis) sólo por sus manifestaciones más visibles, a saber, los errores (o no) del árbitro general; la provocación (o no) de Mariano Zabaleta; la manifiesta agresividad del público chileno hacia jugadores e hinchas argentinos; la poca seguridad que ofreció el ámbito del nuevo estadio (construido a revientacaballos especialmente para este partido); etc., seguramente encontrarán respuestas equivocadas, superficiales, que no irán al fondo del asunto y que, lo más probable, harán aún más difícil la comprensión de un tema que no es sólo de interés deportivo sino que tiene que ver con las relaciones globales entre chilenos y argentinos.
Dentro de este abanico de explicaciones superficiales, y en este caso absurdas y hasta jocosas (si fuera posible reírse ante tan grave situación), aparece la esgrimida por Enrique Morea, Presidente de la Federación Argentina de Tenis, repetida hasta el cansancio por los periodistas "especializados" ... en decir zonceras. Trátase de la temeraria afirmación que "las entradas eran muy baratas" ... "lo que permitió que accediera al estadio gente sin cultura tenística". Hablando en criollo, "negros hinchas del fútbol", "barrabravas" manipulados por la Federación Chilena de Tenis para intimidar a los argentinos. O sea, que quede claro, el tenis es para Amalia Lacroze de Fortabat y no para el "Perro" Santillán. No obstante, la TV nos mostró que el sector más violento se encontraba en las tribunas con sillas (donde el público con "cultura tenística" pagó 20 dólares por la entrada) y no en las galerías, donde los "bárbaros" sólo pagaron 6 dólares para presenciar el partido.
Guillermo Salatino, una especie de patriarca del periodismo "tenístico", en una bien intencionada columna de opinión en el diario "La Tercera" de Santiago (titulada "Derribemos las diferencias") afirma: "... que no nos extrañe cuando en Europa nos llamen sudacas, porque con este tipo de actos nos estamos ganando con creces el apelativo". ¡Justo cuando hace pocos días en Turquía, a raíz de un partido de fútbol por la Copa UEFA, murieron dos hinchas ingleses por golpes y cuchilladas propinados por los turcos! Salatino debe conocer, aunque más no sea porque viaja mucho, cuál es la situación de los marroquíes en España, los turcos en Alemania, etc. No nos dicen sudacas en Europa porque tiramos sillas en los partidos de tenis, Salatino. Nos dicen sudacas sencillamente porque nos desprecian, a todos los hispanoamericanos por igual.
Pero decía que la citada nota de Salatino era bien intencionada y ahora explicaré por qué. Sostiene al finalizar ... "No nos engañemos cuando nos decimos hermanos porque hay muchos elementos históricos que han creado una valla tan enorme como la cordillera de Los Andes y que las nuevas generaciones están llamadas a derribarla, con buenas armas, por supuesto". Salatino intenta, con buena voluntad, buscar la respuesta en la parte oculta del témpano, no se conforma con ver y describir sólo su parte visible. A partir de ahora nos dedicaremos también nosotros a hurgar en la parte invisible del témpano.
Las "historias oficiales" de los países de Hispanoamérica son las historias del desvínculo. Si la Academia Chilena de la Historia entregara Premios Oscar el General San Martín no estaría nominado ni como mejor actor de reparto. La explicación de moros y cristianos es que "con San Martín o sin él Chile igual hubiera sido libre". Salvo excepciones (Joaquín Edwards Bello, entre otros) los historiadores y divulgadores realzan la presencia de intrigantes y espías antiamericanos (Lord Cochrane, por ejemplo) en detrimento del Ejército de Los Andes. Esta historia oficial ha sido digerida por miles de maestros, padres de familia, instructores militares, que han transmitido por décadas y décadas la versión de un Chile autosuficiente, altanero, jamás vencido en el campo de batalla. La síntesis: los ingleses de América del Sur.
Y así a lo largo de toda la vida independiente. En la Guerra contra la Confederación Peruano-Boliviana (del Mariscal Santa Cruz); en la Guerra del Pacífico (1879); en la Guerra de Malvinas (1982) donde el gobierno militar de Pinochet con la abierta complicidad de la prensa, el sistema de partidos y hasta la sociedad civil (con muy pocas excepciones) simpatizó abiertamente con los ingleses. ¿Debemos asombrarnos, entonces, cuando los hinchas chilenos de fútbol gritan "argentinos maricones" cada vez que se le presenta la oportunidad? ¿O que se levanten banderas inglesas en los mismos escenarios? ¿O que pisoteen una bandera argentina como vimos el último viernes en el Parque O'Higgins?
No estamos de acuerdo con Salatino en que sea responsabilidad de las nuevas generaciones conseguir una relación de hermandad entre chilenos y argentinos. Es una tarea de hoy. Es responsabilidad de los gobernantes, de los formadores de opinión, de los maestros, de los padres. Tiene que ver con enfrentar unidos un mundo que cada día nos segrega más en nombre de la religión del neoliberalismo y su nuevo instrumento: la globalización. Por nuestra parte, como integrantes de la izquierda nacional latinoamericana, hace varias décadas que estamos empeñados en vincular la gesta de San Martín, O'Higgins y Bolívar con los desafíos del presente: la independencia nacional y el socialismo latinoamericano.
Por eso nos ha dolido en el alma lo que ha ocurrido el último viernes en el Parque O'Higgins. Porque estamos con José Hernández: "Los hermanos sean unidos / porque esa es la ley primera / Tengan unión verdadera / en cualquier tiempo que sea / Porque si entre ellos pelean / los devoran los de ajuera".
Domingo, 25 de Abril de 2004 19:23 ;?> No hay comentarios. Comentar.
CONDORITO
50 AÑOS JUNTO AL PUEBLO
Augusto Alvarado
Nota del autor: Este artículo lo escribí en Buenos Aires a fines de 1982. Sin mayor apoyo documental, sólo apelando a la memoria y conversando con amigos sobre "Condorito" y su irrupción en el Río de la Plata. En 1999, a cincuenta años de la aparición del personaje, actualicé el título. Originalmente el título fue: "Reflexiones sobre Condorito" y apareció en la revista "Aconcagua" (de la cual fuí director), en Buenos Aires, publicación que alcanzó los seis números y que estaba realizada por un grupo de chilenos radicados entonces en la capital argentina. - - - - - - - - - -
Por estos días está ha cumplido más de medio siglo de vida, aunque es difícil para nosotros averiguar exactamente su fecha de nacimiento. Pero los chilenos de los años 50 crecimos junto al personaje de Pepo en las páginas de la revista "Okey". También existía entonces "El Peneca" y luego aparecería "Barrabases". Todas fueron desapareciendo. No pudieron sobrevivir a la invasión de revistas procedentes de México, a bajo precio, con los clásicos de Walt Disney, más tarde también editados en Chile. Los que vivimos nuestra infancia en la Patagonia también conocimos "Billiken". Circulaba entre los hijos de los chilenos que "cruzaban el alambre" para trabajar en el yacimiento de carbón de Río Turbio, o en Río Gallegos, o en alguna de las estancias de la pampa santacruceña. Pero... esa es otra historia.
Condorito, la revista del dibujante chileno Pepo, libró su propia y victoriosa batalla contra el Pato Donald y Los Tres Chanchitos. Con miles de lectores en su país de origen, conquistó el mercado andino, sin duda el ámbito más propicio para el alto vuelo de este cóndor de "ojotas", "poncho" y "chupalla". Bolivia, Perú y Ecuador se convirtieron en sólidas plazas comerciales de Condorito, para ventura de Pepo y de los amantes de un genuino y unitario humor latinoamericano. Tuvieron los dibujantes el buen criterio de ir incorporando personajes propios en cada país, y lo hicieron respetando el sentir del pueblo. Notable es el caso de "Titicaco", personaje del Condorito boliviano, un pequeño indio kolla simpático, alegre, amistoso y, por sobre todas las cosas, respetuoso de sus tradiciones.
Desde hace varios años la revista chilena incursiona en el Río de la Plata, más exactamente en la Argentina. Para sorpresa de los chilenos residentes, el éxito de Condorito por estos pagos ha sido espectacular. Se pensaba que le resultaría difícil competir en un medio donde el humor gráfico goza de merecido prestigio: Quino, Cognini, Landrú, Caloi, Fontanarrosa, aparecían como obstáculos casi insalvables para el que propusiera "arrastarles el poncho" jugando de visitante. Sin embargo, Condorito y sus amigos han conquistado el corazón de los lectores argentinos. Frente al fenómeno intentaremos una explicación que no pretende ser "ideológica" ni mucho menos "semiológica", pues es "siútico" hilar fino cuando de cosas gordas se trata.
Condorito es, por sobre todas las cosas, un personaje popular, simple, autóctono, latinoamericano. Aunque puede ser, en sus aventuras, astronauta, bombero, médico, fakir o peluquero sus ojotas o su poncho delatarán siempre su estirpe de roto. Nuestro personaje habita junto a su sobrino Coné, su compadre Chuma, su novia Yayita, su suegrita doña Treme y su perro Washington en un imaginario pueblo del Chile central denominado Pelotillehue. Es un marginal, un "afuerino" en la ciudad y en el campo. Con trabajo siempre escaso y poco dinero en el bolsillo. No obstante, le sobra imaginación y le llueven los amigos. Con ambos supera los problemas del diario vivir. El humor de Condorito no es intelectual ni rebuscado. Es directo. Su lenguaje es el que usa la gente común. Los nombres de los personajes y sus características no son producto sólo de la imaginación de Pepo, sino más bien, de su observación de los tipos sociales y de la realidad popular chilena que, sabemos, no es esencialmente diferente a la de otros países del continente ¿Quién no ha tenido un compadre "paleteado" como Chuma? ¿Quién no ha conocido en su familia o entre sus vecinos a un Comegatos, a un Garganta de Lata o un Pepe Cortisona?
Condorito, necesario es manifestarlo, no es un personaje querido por moros y cristianos. Tiene, aunque Pepo no se lo proponga, un inconfundible olor a pueblo. Ello no es del agrado de los sectores "cultos" o de las clases medias intelectualizadas, más entusiasmadas con "Mafalda" que con las aventuras de un cóndor supuestamente apolítico y conformista.
En la Argentina está ocurriendo lo mismo. Es en el pueblo donde ha calado hondo este curioso personaje andino. La gente anónima, los "hombres oscuros" hacen circular de mano en mano la revista de Pepo. Condorito -roto y huaso- ha volado de las altas y frías cumbres andinas a la ciudad portuaria y a la pampa generosa e infinita. "Nada hay más poderoso en el mundo que una idea cuya hora ha llegado" sostenía Víctor Hugo. Condorito sólo podía alcanzar un triunfo definitivo en una Argentina que se latinoamericaniza porque tiene más de Martín Fierro que de cajetilla de arrabal. Por este motivo dan ganas de gritar, al más puro estilo condoril, como expresión de júbilo: "¡Viva el roto Quezada!"
Domingo, 25 de Abril de 2004 19:24 ;?> No hay comentarios. Comentar.
16/04/2004
¿PATRIA CHICA A PATRIA GRANDE?
Augusto Alvarado
a Andrés Solíz Rada
Cuando en la madrugada del dos de abril de 1982, con un operativo conjunto de sus fuerzas armadas, la Argentina recobró la soberanía sobre sus islas Malvinas, un sentimiento de fervor y esperanza se esparció por los cuatro puntos cardinales de la patria de San Martín. Y no sólo allí. En Perú y Bolivia, en Ecuador y Venezuela, en Centroamérica y en México, los pueblos y algunos gobiernos se expresaron inequívocamente en apoyo a la causa argentina. Vivían entonces en la Argentina miles y miles de latinoamericanos, muchos de ellos en situación ilegal. La dictadura militar antinacional de Videla y sucesores no había sido generosa con los inmigrantes de los países hermanos, como no podía ser de otra manera, tratándose de un régimen pro oligárquico y antipopular. Deportaciones masivas, interminables exigencias burocráticas para obtener la residencia legal y definitiva, cuando no la persecución y asesinato de aquellos más comprometidos en la lucha política, en un programa represivo coordinado con otras dictaduras de la región (“Plan Cóndor”). Entre estos residentes eran mayoría los paraguayos, bolivianos, uruguayos, chilenos y peruanos, muchos de ellos en situación ilegal o con residencias precarias. Pero el sentimiento de solidaridad y, por qué no, el de agradecimiento al país que pese a todo los cobijaba, y donde habían nacido hijos y nietos, generó en ellos la necesidad de expresarse orgánicamente en respaldo a la causa argentina y en contra del imperialismo británico. Así nació en Buenos Aires una Coordinadora de Residentes Latinoamericanos que en esos meses de angustia y esperanza emitió declaraciones, participó en marchas multitudinarias, organizó festivales artísticos y, lo más importante, promovió la inscripción masiva de sus adherentes en los registros de voluntarios para combatir en Malvinas, si fuese necesario. Desgraciadamente este nuevo ejército sanmartiniano nunca llegó a constituirse (ya nos veíamos marchando por la turba malvinense, con banderas de todos nuestros países, y “a paso de vencedores”). Era de rigor que la Coordinadora naciera con una “Declaración de Principios”, para lo cual se designó una comisión que redactaría un documento inicial. En poco más de dos carillas se condensó la historia de la Patria Grande de la Malinche a Galtieri, pasando por Tupac Amaru, la lucha contra los españoles, Bolívar, San Martín, Sandino, Martí, las venas abiertas de América Latina, hasta llegar a Malvinas y el desafío de la unidad continental. Una belleza de síntesis. Pero los problemas comenzaron cuando uno de los redactores incorporó en el texto la cuestión marítima boliviana como uno de los problemas irresueltos por la diplomacia latinoamericana, y que en el nuevo contexto de efervescencia continental debería comenzar a discutirse. Esa salida al mar debía ser en el Pacífico y por la antigua provincia boliviana de Antofagasta. (Como dicen ahora la canciller Alvear y el presidente Lagos, el hombre incorporó una discusión “bilateral” en un ámbito “multilateral”. Y ahí se estropeó todo, como veremos más adelante). Se leyó la declaración, para su aprobación, ante una numerosa asamblea. Todo el mundo maravillado, sin objeciones, acuerdo por unanimidad con vítores y aplausos. Se repartían copias para hacerlas llegar a los medios de comunicación y los delegados comenzaban a levantarse de sus asientos cuando desde el fondo alguien pide la palabra. Era un hombre sencillo, de baja estatura, que dijo ser dirigente del Centro Chileno tal, y que representaba a numerosas agrupaciones de chilenos del interior de la Argentina, todos con personería jurídica, aclara. Dice que su organización ni ninguna otra agrupación firmarán un documento donde se avale otorgar una salida al mar para Bolivia que pase por territorio chileno. Que él y sus compañeros manifestaban su protesta, que se retiraban indignados y que se comunicarían de inmediato con todos los centros chilenos existentes en la Argentina para abandonar la Coordinadora mientras en la Declaración de Principios se mantuviera la reivindicación marítima boliviana. Sorpresa, estupefacción en la asamblea. Intento expresar una opinión divergente a la de mi compatriota, quiero decir que Malvinas es lo más importante, que no vale la pena… cuando soy violentamente increpado por otro chileno. Me dice que no tengo derecho a hablar, primero “porque no represento a nadie” y segundo “porque soy un traidor a la patria”. En segundos paso a ser un “don nadie” y más encima “antipatriota”. Se cita a una nueva asamblea para dentro de 48 horas. A los dos días el hombre aparece con telegramas de apoyo a su posición de aquellas provincias de la Argentina con mayor presencia de chilenos: Santa Cruz, Chubut, Neuquén, Mendoza, Salta, algunas localidades de la provincia de Buenos Aires, Bahía Blanca y Mar del Plata. “-Este tipo es un agente del consulado chileno, un espía de Pinochet o un provocador-, pienso”. Impasse. La comisión redactora se reúne en secreto. Sale humo blanco a los pocos minutos. Se mantiene la mención a la salida al mar de Bolivia como una reivindicación justa, pero nada se dice sobre la responsabilidad histórica de Chile en la solución del problema ni mucho menos a que necesariamente dicha salida debía ser por territorio soberano de Chile. Con el tiempo comprendí que mi compatriota no era agente del consulado, ni provocador, ni pinochetista (de hecho era un simpatizante comunista). Era un chileno común, uno más de ese casi setenta por ciento (y tal vez nos quedamos cortos) que, según encuestas actuales, cree que Chile no debe ceder territorio soberano para que Bolivia acceda a una salida al mar por el Pacífico. Un hombre intelectualmente colonizado, alimentado en la autosuficiencia y el desprecio desde la cuna, el colegio, el púlpito, la milicia, la literatura, la militancia política. Un chileno hecho y derecho que no se rinde, mierda. El ciudadano que se estremecía escuchando por la radio los episodios heroicos de “Adiós al Séptimo de Línea”. El hombre para el cual todos los argentinos son “maricones” porque se rindieron en Malvinas. En fin, el tipo de ciudadano que necesita Ricardo Lagos para justificar su postura autoritaria e indiferente frente a las demandas bolivianas. No vaya a ser cosa que por ser generosos con Bolivia la “concertación democrática” pierda las elecciones presidenciales del 2005. No nos engañemos. No es la sólo la “derecha” chilena y los milicos. No es sólo la oligarquía y los fascistas. Es la plebe, el roto, la dueña de casa, el trabajador común, que han sido modelados intelectualmente durante más de un siglo de fino trabajo de colonización pedagógica por las clases dominantes chilenas. “En Chile no llora nadie / porque hay puros corazones”. Chile, desde Pinochet hasta hoy, es el niño mimado de la Casa Blanca, no sólo por sus “éxitos económicos” (no es casual que haya sido el primer país de Sudamérica en establecer un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos). También lo es desde el punto de vista político. Para Bush, Chile es también un importante aliado. Cuando con intermitencias, idas y venidas, el continente vislumbra el camino de la unidad, dignidad y soberanía (Venezuela, Cuba, Argentina, Brasil, ¿Bolivia?) Chile se ha transformado en un verdadero “ariete de la balcanización” como ha escrito de modo brillante José Steinsleger en “La Jornada”, de México, el 22 de junio de 2003: “Con la firma del tratado de ‘libre comercio’ (TLC) con Estados Unidos (Miami, 6 de junio de 2003), Chile convalidó, finalmente, el modelo a seguir en América del Sur y el papel divisionista que las oligarquías del país andino jugaron en la subregión desde la expulsión de Bernardo O'Higgins del poder (1823)”. Ahora bien, ¿se necesitará un siglo o más para revertir este verdadero trabajo de joyería ideológica de la oligarquía chilena? ¿Seguiremos siendo los chilenos los arietes de la fragmentación? Indudablemente no. La historia es sabia y en determinados momentos nos ofrece la posibilidad de aprender (o desaprender) en poco tiempo lo que le ha costado siglos de trabajo consolidar. Son los momentos revolucionarios en que los pueblos y sus líderes conmueven al mundo. Fue lo que ocurrió en Chile entre 1970 y 1973 bajo la presidencia de Salvador Allende. Relata Andrés Solíz Rada (“Allende, el presidente solitario”) que el escritor Néstor Taboada Terán visitó al presidente chileno en los primeros días de su mandato. Allí Allende le manifestó que “Bolivia retornaría soberana a las costas del mar Pacífico”, para luego añadir que “los escritores y todos los hombres de buena voluntad deben venir a Chile y explicar sus anhelos, discutir, crear las condiciones subjetivas en el pueblo para llegar al feliz entendimiento. Ahora no somos gobierno de la oligarquía minoritaria, somos el pueblo. No nos guían intereses de clase dominante. No les pedimos nada, queremos solamente reparar el despojo cruel del que ha sido víctima el pueblo boliviano” (páginas 63 y 64 del libro “La Decapitación de los Héroes” del autor citado). No es casualidad que el verdadero presidente socialista se haya manifestado de ese modo frente al aislamiento boliviano. Allende era fundador y también heredero del mejor pensamiento latinoamericano del Partido Socialista de Chile, que nace a la vida política en 1933 de la mano de Marmaduque Grove (inspirador de la República Socialista de 1932), Erich Schnake y Eugenio Matte Hurtado e influenciado fuertemente por las ideas de Haya de la Torre y el APRA. La bandera del partido se engalanaba con un mapa de la América Latina donde se destacaba en su centro un hacha de guerra mapuche. Poco y nada queda de ese socialismo. ¡Cómo no pensar hoy en Raúl Ampuero, Clodomiro Almeyda y Aniceto Rodríguez! Sin embargo reconforta saber que el Jefe del Partido Socialista, Gonzalo Martner; el Ministro de Educación, Sergio Bitar; el Alcalde de Iquique, Jorge Soria y el diputado penquista Alejandro Navarro reivindican en estos duros momentos lo mejor de la tradición socialista y se unen en la historia a Gabriela Mistral y Vicente Huidobro, a Domingo Santa María y Aquiles Vergara Vicuña, a Enrique Zorrilla y Oscar Pinochet de la Barra. Y cómo no mencionar a los maestros Pedro Godoy y Leonardo Jeffs, que hace más de cuarenta años, desde la cátedra y el periodismo han mantenido enhiestas, contra viento y marea, las banderas de la Patria Grande y defendido la justa causa boliviana de su propio mar. Y cómo no alegrarse, también, al comprobar que Armando Uribe y Belarmino Elgueta continúan difundiendo, con su pluma certera, el mejor pensamiento socialista para Chile y el continente. Con el comandante Chávez, Salvador Allende y Jorge Abelardo Ramos, con Alberto Guerberof y Manuel Ugarte, con Fidel y el Ché quisiera sumergirme en las gélidas aguas del Pacífico en un mar boliviano y bolivariano. Así nadaremos a favor de la corriente de la Historia.
Viernes, 16 de Abril de 2004 21:30 ;?> Hay 1 comentario.
LA NOCHE TRISTE
Augusto Alvarado
Recuerdos de Charlie 47 (4)
El 20 de diciembre (de 1973) no había sido un día más en el regimiento Pudeto. Algún compañero que trabajaba en la panadería, o en la cocina, había escuchado en la radio una noticia que nos conmovería a todos. Se decía que la dictadura militar estudiaba la posibilidad de conceder “una amplia y generosa amnistía” para los presos políticos, considerando la cercanía de la “Pascua” (Navidad). Se agregaba que el Papa presionaba a los militares al respecto. En los habituales “paseos” dentro del gimnasio, donde los presos caminábamos para estirar las piernas y conversar, las opiniones estaban divididas. Algunos, los más optimistas, le daban crédito a la información y se imaginaban en sus casas compartiendo la cena familiar y esperando al “Viejito de Pascuas” la noche del 24. Del otro lado, los más desconfiados, sostenían… “nos van a liquidar a todos”. Lo cierto es que para lo único que servían esos debates era para matar el tiempo y no perder habilidad en el arte de la dialéctica y de la polémica.
Porque el hermetismo informativo en los sitios de reclusión era absoluto. Durante un tiempo contamos con un televisor que había conseguido Goyco Maslov, conocido por ser corredor de autos y que estaba preso por ser dirigente del sindicato de camioneros que apoyaba al gobierno popular. Pero sólo podíamos escuchar los noticieros de Televisión Nacional y un informativo regional, que era lo mismo que no escuchar nada. Sólo calumnias y mentiras sobre los hombres del gobierno “depuesto” y alabanzas para los “salvadores de la Patria”. Carlos Zanzi, que había sido amigo personal de Allende y presidente de la Corporación de Magallanes, era uno de los blancos preferidos de los canallas. Con su esposa también prisionera y sin tener noticias de sus hijos, Zanzi daría muestras de ejemplar fortaleza en tan difíciles momentos.
Pero decía que ese 20 de diciembre había sido un día agitado. Estábamos expectantes y nerviosos, presentíamos que algo inesperado podía suceder. Nos acostamos como siempre, a las diez de la noche, en las graderías o en la cancha de básquet del gimnasio. Un par de horas después, en la madrugada del 21 de diciembre (solsticio de verano en el hemisferio austral) se encendieron las luces e ingresaron a la carrera numerosos soldados metralletas en mano y gritando que teníamos algunos minutos para preparar nuestras cosas y salir del gimnasio. (“Nuestras cosas”: sacos de dormir y colchones inflables en algunos casos; colchones comunes de lana y frazadas en otros; algunos libros, cartas censuradas, ropa, barajas de naipes… alguna guitarra). El desconcierto y el temor aumentaban, sobre todo cuando descubrimos que afuera había una serie de contenedores y en cada uno de ellos un jeep con sus focos encendidos iluminándolo y sobre el vehículo un par de soldados con una ametralladora de punto fijo. Nos llevaban por grupos a los “containers” (conmigo estaba el “Pollo” Radic, conocido deportista, que lloraba sin consuelo) y allí teníamos que mostrar detenidamente “nuestras cosas”. ¿Cómo no pensar, en ese momento y en esas circunstancias, que había llegado el fin? ¿Cómo no recordar la frase que habíamos escuchado durante el día: “nos van a liquidar a todos”?
Sin embargo, los jefes militares habían resuelto un traslado masivo de prisioneros para desocupar el gimnasio del regimiento Pudeto. Allí quedaría sólo un puñado de compañeros sometidos a proceso por la justicia militar. Otros, muy pocos, saldrían en libertad en los días siguientes. La gran mayoría fuimos embarcados en camiones y trasladados hasta el muelle fiscal de Punta Arenas. Aunque el temor aumentaba no dejamos de sentir la emoción de recorrer “nuestras calles nuevamente”. En el muelle estaba apostado el destructor “Serrano” de la Armada de Chile. Nos subieron, nos “acomodaron” y la nave partió proa al Sur. A bordo continuaban las especulaciones entre los prisioneros: “Nos van a fondear (echar al mar)”, decían algunos. “Nos llevan a Pisagua”, sostenían otros. “A la Quiriquina”, corregían los de más allá.
Pocas horas después la nave se detenía un par de kilómetros al sur del campamento “Río Chico”, establecimiento que originalmente estaba destinado a cobijar a un destacamento de la Infantería de Marina. Frente a nosotros, en pleno estrecho de Magallanes, estaba isla Dawson. El sol aparecía siempre por el Este, pero en este caso en el Este estaba el mar. (¿No habíamos aprendido, acaso, que Chile limita al Este con la cordillera de los Andes?). Nos bajaron en lanchas de desembarco, pisamos tierra firme, otra vez los camiones, e ingresamos al campo de prisioneros donde permaneceríamos hasta septiembre de 1974. En la puerta de una de las barracas el “Pibe” Aníbal Palma nos saluda con la mano…
Allí comenzaría otra parte de la historia, cien kilómetros más lejos de nuestras familias y de la civilización. De las barracas “Alfa”, “Bravo”, “Charlie”, “Isla” y “Remo”, de lo que allí sucedió, hablaremos en próximos relatos.
augusto alvarado
Viernes, 16 de Abril de 2004 21:30 ;?> Hay 1 comentario.
"COMO EL AVE SOLITARIA..."
Augusto Alvarado
Recuerdos de Charlie 47 (3)
“Era un mago del arpa. En los llanos de Colombia, no había fiesta sin él. Para que la fiesta fuese fiesta, Mesé Figueredo tenía que estar allí, con sus dedos bailanderos que alegraban los aires y alborotaban las piernas. Una noche, en algún sendero perdido, lo asaltaron los ladrones. Iba Mesé Figueredo camino de una boda, a lomo de mula, en una mula él, en la otra el arpa, cuando unos ladrones se le echaron encima y lo molieron a golpes. Al día siguiente, alguien lo encontró. Estaba tirado en el camino, un trapo sucio de barro y sangre, más muerto que vivo. Y entonces aquella piltrafa dijo, con un resto de voz: -Se llevaron las mulas. Y dijo: -Y se llevaron el arpa. Y tomó aliento y se rió, echando baba y sangre se rió: -Pero no se llevaron la música”. EDUARDO GALEANO – INÉDITO
A nosotros también nos asaltaron los ladrones en septiembre de 1973. Se llevaron las mulas, el arpa y nos molieron a golpes. Pero no se llevaron la música, ni la solidaridad, ni la esperanza…
Ya he hablado de Rubén Cárdenas y “La López Pereyra”, en Puerto Natales. En el Regimiento de Infantería Pudeto del Ejército, en Punta Arenas, había un dentista preso. No pude conservar su nombre pues estuvo poco tiempo con nosotros, aunque siempre lo recordaré por su tenacidad y entusiasmo por la música. Se propuso organizar un coro y andaba siempre por ahí, con su oído atento para encontrar las voces que necesitaba. Y en esos primeros días en el gimnasio, donde el miedo y la incertidumbre prevalecían sobre cualquier otro estado de ánimo, podían escucharse los ensayos del coro del dentista: “Bajo de un botón, tón tón / que encontró Martín, tín, tín / había un ratón, tón, tón / hay que chiquitín, tín, tín”. Canción simple y alegre que no sólo servía para mezclar las voces sino que, por sobre todas las cosas, nos ayudaba a formar parte de algo superior a nosotros y a nuestras pequeñas o grandes miserias y temores. Cuando nos sacaban al polígono de tiro a tomar aire el coro nos dejaba escuchar sus progresos: “Yo soy un pobre diablo / me siento muy cansado / cansado caminando tanto…”. O cuando algún compañero tenía la suerte de salir en libertad el coro cantaba, con alegría y tristeza: “Ya te vas / ve muy feliz / por allá recuérdame…”. También en el Pudeto era muy popular la canción “Libre”, que por esos días se había hecho muy conocida entre los jóvenes. Era un tema que cantaba el desaparecido Nino Bravo (“Piensa que la alambrada sólo es / un trozo de metal…”). Con toda seguridad se cantó la Nochebuena de 1973 en Dawson, en la velada artística donde recordamos con emoción, entre otras, las canciones de Orlando Letelier y Aniceto Rodríguez, ambos figuras destacadas del gobierno popular, ya fallecidos.
Y en isla Dawson los músicos de la esperanza aparecieron en todo su esplendor. Uno de ellos era Augusto Vera, dirigente de la Juventud Socialista que oficiaba de ayudante en la panadería del campamento Río Chico. Augusto amaba las canciones mexicanas y sin duda su tema preferido era “El Jinete”, ese inolvidable tema de José Alfredo Jiménez: “Por la lejana montaña / va cabalgando un jinete / vaga solito en el mundo / y va deseando la muerte. / Lleva en el pecho una herida, / va con su alma destrozada / quisiera perder la vida / y reunirse con su amada”. Había una canción que siempre le pedíamos para hacer enojar a Pedro Calisto, querido y entrañable compañero que ya no está con nosotros. Pedro tenía unas gruesas cejas y se molestaba cuando Augusto cantaba “La Malagueña” (de Pedro Galindo y Elpidio Ramírez): “¡Qué bonitos ojos tienes / debajo de esas dos cejas, / debajo de esas dos cejas, / qué bonitos ojos tienes! / Ellos me quieren mirar, /pero si tu no los dejas, / pero si tu no los dejas, / ni siquiera parpadear”.
Curiosamente la llamada “música comprometida”, pese a tener enorme vigencia en Chile en ese momento, no tuvo una presencia notable durante nuestro cautiverio. De Violeta Parra recuerdo que se cantaba uno de sus últimos temas, que compuso junto a Patricio Manns, “La exiliada del sur”: “Un ojo dejé en Los Lagos / por un descuido casual, / el otro quedó en Parral / en un boliche de tragos, / recuerdo que mucho estrago / de niña vio el alma mía, / miserias y alevosías / anudan mis pensamientos, / entre las aguas y el viento / me pierdo en la lejanía”. De Víctor Jara, pese a su variada y riquísima producción, recuerdo haber escuchado varias veces, a tal punto que se grabó a fuego en mi memoria, un clásico tema social caribeño de Rafael Hernández, que Jara incluyó en su cancionero, “Lamento borincano”, también conocido como “El jibarito”: “Sale loco de contento / con su cargamento / para la ciudad, sí, / para la ciudad. / Lleva, en su pensamiento / todo un mundo / lleno de felicidad, sí, / de felicidad. / Piensa remediar la situación / de su hogar que es toda su ilusión”. Y de Patricio Manns sin duda se cantó, y muchas veces, “El cautivo de Til-Til”: “Dicen que es Manuel su nombre / y que se lo llevan camino a Til-Til / que el gobernador no quiere / ver por la cañada su porte gentil / dicen que en la guerra fue / el mejor y en la ciudad / le llaman el Guerrillero de la Libertad”. Quienes con más calidad, dedicación y entusiasmo entonaban estas canciones, y muchas otras, eran Fernando Lanfranco, Víctor Salvo y Sergio Urrutia. Tras ellos, un grupo de admiradores coreaba las canciones y copiaba las letras para repartirlas entre todos los prisioneros.
Pero la vertiente principal de la música que se cantaba y escuchaba en Dawson provenía del Río de la Plata. Sería tal vez por la relación estructural e histórica de chilenos y argentinos en la zona austral; o por la importancia que tuvo el último festival folklórico de la patagonia, que se realizó en el invierno de 1973 con una gran presencia de músicos argentinos, o simplemente por el valor intrínseco de las canciones, lo cierto es que “Alfonsina y el mar”, de Ariel Ramírez y Félix Luna (“Por la blanda arena que lame el mar / tu pequeña huella no vuelve más / Un sendero solo de pena y silencio / llegó hasta el agua profunda. / Un sendero solo de penas mudas / llegó hasta la espuma”.); "Balderrama”, de Leguizamón y Castilla (“A orillitas del canal / cuando llega la mañana / sale cantando la noche / desde lo de Balderrama. / Adentro puro temblor / el bombo / con las bagualas / y se alborotan quemando / déle chispear las guitarras”); “Canción por todos” de César Isella o “Volver en vino”, de Horacio Guaraní, entre muchas, muchísimas otras, pasaron a formar parte desde entonces de nuestros recuerdos y momentos más sentidos.
Y había más, mucho más: el regionalismo de los porteños de Valparaíso (Rudecindo Valderrama, entre otros) que derramaba sus lagrimones cuando se escuchaba: “eres un arco iris de múltiples colores”; o el de los magallánicos: “te ha rodeado el cielo de hermosura sin igual”; o el de los yugoeslavos (perdón, me cuesta decir “croatas”) o sus descendientes con: “tamo daleko, daleko od krai morá”; o el de los chilotes: “dicen que no caben dos en un canasto, hagamos la prueba, con una de Castro”. Y por ahí, por la barraca Alfa, andaba Carlos González, querido “Grasa”, y su conjunto (¿Valderrama? ¿Pelao España?) cantando “Si usted piensa que cachaza es agua / cachaza no es agua, no”…
Y hasta nuestros carceleros, al observar nuestro entusiasmo por la música, trataron de incorporar a nuestro repertorio cuanto himno de regimiento o fuerza armada podíamos imaginar. Hasta “Lili Marlen” y “Los viejos estandartes”. Pero la memoria fue sabia y archivó esos sones marciales en zonas recónditas de la corteza cerebral en bien de la salud general de nuestro organismo.
En fin, nos molieron a palos y nos robaron las mulas y el arpa, pero no se llevaron la música, ni la esperanza, ni la solidaridad, ni mucho menos, como puede apreciarse, la memoria.
augusto alvarado"
Viernes, 16 de Abril de 2004 21:32 ;?> No hay comentarios. Comentar.
NUESTRO PEQUEÑO COPÉRNICO
Augusto Alvarado
Recuerdos de Charlie 47 (2)
Trabajaba en el observatorio astronómico de Cerro Sombrero, en Tierra del Fuego. Sentía verdadera pasión por los misterios del universo y la investigación espacial. Vino a parar al Pudeto junto a un grupo de enapinos, todos ellos fáciles de identificar porque vestían un saco largo de cuero negro. Era bajo de estatura, más bien pequeño, tenía una nariz ancha y aplastada, como de boxeador y ojos chiquitos y divertidos, como un simpático simio. Por eso le decíamos “el astro-mono”. A diferencia de muchos de los presos, que trataban de disimular sus ideas políticas (hasta llegar a negarlas, en algunos casos), Pedro González Vera reafirmaba sus ideales cada vez que podía. Más de una vez me lo encontré en los lavatorios del baño, a la hora de la higiene matinal. Mientras la mayoría de nosotros sólo nos dábamos una manito de gato, un poco de agua por la cara para despabilarnos, González Vera se desnudaba el torso completo. Allí eran visibles las huellas de los castigos recibidos: hematomas por doquier, quemaduras de cigarrillos en el vientre. Entonces me miraba, y haciendo girar su dedo índice sobre su abdomen para mostrar los golpes me decía: “Por esto soy comunista, compañero”. Sin duda esta obcecada fidelidad ideológica le trajo sus problemas, aún estando preso. Pero resultó beneficiosa para el conjunto de los detenidos. Cuando la primera delegación de la Cruz Roja Internacional visitó el gimnasio del Pudeto (entre otros lugares de detención de la región y del país) para corroborar lo que se estaba denunciando en todo el mundo, esto es, que los presos políticos estaban siendo brutalmente torturados por los militares, González Vera solicitó una audiencia privada con los funcionarios internacionales. Y en los baños del gimnasio desnudó su torso como siempre lo hacía y mostró las huellas de las vejaciones sobre su cuerpo. Desde que ingresó detenido al regimiento, y para demostrarnos que no siempre vivía en la estratosfera, se propuso dos objetivos inmediatos: dictar una conferencia sobre la carrera espacial al conjunto de los detenidos y lograr que le trajeran al gimnasio un telescopio portátil de su propiedad para mostrarnos, por las noches, las maravillas del cielo magallánico, un verdadero regalo celestial en las noches despejadas. Obcecado como era, consiguió ambos objetivos. La charla resultó instructiva, entretenida e hilarante porque era evidente que tenía que hablar de la Unión Soviética en términos elogiosos. El oficial a cargo, al conceder la autorización, le advirtió que no toleraría ninguna mención de la dictadura comunista, que se las arreglara como pudiera, que a la primera trasgresión del acuerdo se terminaba la charla. Y así estuvimos, hora y media o dos, escuchando una conferencia pletórica de analogías, metáforas, frases sobreentendidas, dichas por un conferenciante que demostró un enorme ingenio para guardarse lo que seguramente hubiera querido gritar a los cuatro vientos: el triunfo, en la carrera espacial, del mundo del trabajo y el progreso comunista contra la decadencia capitalista. La llegada del telescopio resultó ser otro acierto. Todas las noches, antes de dormir, salían del gimnasio hacia el polígono de tiro pequeños grupos de prisioneros detrás de Pedro González Vera. La belleza del universo, que siempre estuvo ahí pero no veíamos, aparecía en todo su esplendor en las lentes del telescopio del astro-mono. El Cinturón de Orión, la Cruz del Sur, Antares, Alfa y Beta de Centauro, pasaron a formar parte de nuestras conversaciones diarias y las jornadas empezaron a ser más llevaderas sabiendo que alguna de esas noches tendríamos la suerte de acompañar a González Vera hasta el polígono de tiro. Hubo quienes organizaban coros, partidas de naipes, encuentros de fútbol o de básquet. Todos con la intención de aliviar la pesada carga de días de temor, confusión y horror. González Vera aportó lo suyo con simpatía y amor por la astronomía y la belleza del universo. Seguramente andará por ahí, todavía, diciendo: “Por esto soy comunista, compañero”. Un gran abrazo y un saludo fraterno para Pedro González Vera, nuestro pequeño Copérnico.
augusto alvarado
Viernes, 16 de Abril de 2004 21:33 ;?> No hay comentarios. Comentar.
15/04/2004
NÉSTOR KIRCHNER: NUESTRO VECINO PRESIDENTE
Por Augusto Alvarado
A la memoria de Alberto “Cunfi” Quirós, compañero y amigo
Néstor Carlos Kirchner Ostoic nació en Río Gallegos (Provincia de Santa Cruz, República Argentina) el 25 de febrero de 1950. Hijo de Néstor Carlos Kirchner, argentino, descendiente de alemanes y suizos y de María Ostoic, chilena de Punta Arenas, hija de inmigrantes croatas. Dicen algunos biógrafos que sus padres se conocieron mientras ejercían como telegrafistas en sus respectivos correos nacionales. Era don Néstor Kirchner padre una especie de Florentino Ariza (Gabriel García Márquez: “El amor en los tiempos del cólera”), que transmitía el amor a su amada a través del alfabeto Morse. Se ve que don Néstor padre ganó la pequeña batalla y logró llevar a su mujer a Río Gallegos. ¿Hubiera sido muy distinta la historia si se afincaban en Punta Arenas y Néstor hijo resultaba siendo chileno? Podemos intentar un ejercicio de adivinación.
El futuro presidente habría tenido 20 años cuando Salvador Allende asumió la presidencia de Chile en noviembre de 1970. Habría cursado sus estudios básicos y medios en escuelas públicas, tal como lo hizo en su país natal. Y no hubiera podido sustraerse a la atracción de la política en una provincia chilena, la de Magallanes, con una fuerte presencia socialista. Con toda seguridad habría leído a Francisco Coloane y Baldomero Lillo, a Manuel Rojas y Rubén Azócar. Y también miraría con ojos enamorados a alguna magallánica a la que recitaría los versos de Neruda: “Amo el amor de los marineros / que vienen y se van”…
Y nuestro vecino presidente habría tenido 23 años en septiembre de 1973, cuando fue derrocado Salvador Allende y miles de chilenos fueron exonerados de sus trabajos, prisioneros en recintos militares, torturados para después ser arrojados al exilio. Y Magallanes no fue la excepción. Habría conocido el Regimiento Pudeto y el Regimiento Cochrane, el Estadio Fiscal y el Palacio de la Risa (Centro de Torturas) para terminar, como cientos de nosotros, confinado en isla Dawson, en el centro del estrecho de Magallanes, entre Fuerte Bulnes y la Tierra del Fuego.
Pero doña María Ostoic cruzó la frontera y se radicó en Río Gallegos, donde vivía su esposo y allí nació su hijo Néstor Carlos, ya lo dijimos, el 25 de febrero de 1950, en pleno primer gobierno del General Perón. Tenía dos años cuando murió Evita y cinco cuando fue derrocado el presidente constitucional. Cursó sus estudios básicos y medios en escuelas públicas. Pudo haber leído, tal vez, al más grande cuentista chileno del siglo veinte: el chilote Francisco Coloane. Pero con toda seguridad leyó, como miles de otros jóvenes de una generación de argentinos, a Arturo Jauretche y Hernández Arregui, a Puigróss y Jorge Abelardo Ramos, a Leopoldo Marechal y Scalabrini Ortiz, maestros en la política, la literatura y la sociología, la historia y la economía. Había que encontrar las claves de una derrota y descubrir los caminos de una nueva victoria. Como no podía ser de otro modo, se hizo peronista, de la mano de su viejo maestro, don Mario Cepernic. Y esa Argentina que va del 73 al 76, pletórica de esperanzas y tragedias, lo encuentra estudiando derecho en La Plata y militando en la izquierda peronista. En 1975 contrajo matrimonio con la platense Cristina Fernández, compañera de estudios y de partido. Vivió la alegría del triunfo de Cámpora y la de una nueva presidencia de Perón. Sufrió la muerte del general y una nueva agonía del peronismo en el poder. Una vez más en su patria la restauración oligárquico-militar descargaba su odio contra el pueblo.
Vuelve al pago chico, a su patagonia, donde instala un estudio jurídico junto a su colega y compañera. Hay que reorganizar el movimiento, esperar mejores momentos. Se dice, aunque no está documentado, que en aquella época fue perseguido y encarcelado. Después, a partir de 1983, el torbellino, las responsabilidades administrativas y políticas. A cargo de la Caja de Previsión Social de Santa Cruz pone orden en el caos y hace justicia con jubilados y pensionados. Luego, la Intendencia de Río Gallegos, feudo radical (en connivencia con los jefes militares). A continuación, tres períodos consecutivos a cargo de la gobernación provincial.
Cuando asume su primer gobierno la provincia estaba asolada por la crisis económica, altos niveles de desocupación y un elevado déficit en sus cuentas públicas. Informes actuales indican que Santa Cruz es la provincia con mejor distribución de la riqueza y menor índice de pobreza, sólo superada por la Ciudad de Buenos Aires.
Visitar Río Gallegos u otras zonas de la provincia de Santa Cruz (El Calafate, por ejemplo) mueve al asombro. No es necesario leer estadísticas. Basta observar el ritmo febril de la construcción, el enorme empuje de la obra pública (el Hospital de Río Gallegos, todo un ejemplo), el crecimiento en los niveles de consumo, la reactivación de Río Turbio, el mejoramiento de las carreteras existentes y nuevos planes de expansión vial en rutas interiores y hacia la frontera con Chile. Para no hablar del turismo (que no es sólo el Perito Moreno), actividad en expansión de la cual el Presidente es el principal y más entusiasta operador.
¿Cómo entender este “milagro” mientras Menem aplicaba a nivel nacional el más crudo modelo neoliberal durante la década de los noventa? En aras de la síntesis, sólo abordaremos algunos aspectos. Primero, una fuerte inyección de capitales provinciales en actividades productivas, lo que generó altos niveles de empleo y de consumo; segundo, una inteligente negociación política con el gobierno nacional para obtener regalías petroleras, la principal riqueza del territorio; tercero, un manejo eficiente y transparente del presupuesto provincial.
Y en estos días, cuando desde hace nueve meses es el presidente de todos los argentinos, está enfrentando el desafío más grande de toda su carrera política: las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional y con los acreedores privados de bonos por el valor de ¡60 mil millones de dólares! Ha apelado el presidente a la solidaridad continental (principalmente Brasil y Venezuela) y lo ha conseguido. Dice que no pactará acuerdos con los acreedores internacionales que impliquen más pobreza para los argentinos. Los gurúes del neoliberalismo enquistados en la prensa local vaticinan: no es posible gobernar al margen del mundo real (léase FMI, Grupo de los Siete, Wall Street); gobernadores, dirigentes políticos de “primera línea”, dirigentes sindicales, escatiman su respaldo; la “izquierda”, perdida en el tiempo y en el espacio, ya se pronunció: Kirchner es un presidente “burgués”.
Tenemos todo el derecho a pensar que podemos enfrentarnos a una nueva decepción. Pero también tenemos derecho a la esperanza. Desde la patagonia, donde se ha fundido por generaciones la sangre de argentinos y chilenos, hacemos fuerza para que nuestro vecino presidente encuentre el respaldo y la sabiduría necesarios para superar este duro momento y empecemos a consolidar, en conjunto, la grandeza de la Patria Grande.
Jueves, 15 de Abril de 2004 21:39 ;?> No hay comentarios. Comentar.
LA LÓPEZ PEREYRA
Por Augusto Alvarado
Recuerdos de Charlie 47 (1)
Yo quisiera olvidarte / me es imposible mi bien, mi bien tu imagen me persigue, / tuya es mi vida, mi amor también, y cuando pensativo yo solo estoy / deliro por la falsía con que ha pagado tu amor, mi amor.
En 1872 nació en Salta el músico Artidorio Cresseri, autor de letra y música de la zamba "La López Pereyra", expresión emblemática del folklore argentino hecha popular, entre otros grandes, por “Los Chalchaleros” y “Los Fronterizos”. Escrita a finales de la década de 1910, su título original fue: "Chilena dedicada al doctor Carlos López Pereyra", título que no es casual pues el padre del músico formaba parte de esa legión de salteños que comerciaban con vastas regiones de los países andinos. El arriero, que llevaba hacia esos sitios mulas engordadas en los valles salteños, retornaba con monedas de plata, artículos traídos de España, modismos, elementos de música y baile y hasta con mujer. Del Perú trajeron la vidala, mientras que la zamba antigua procede del norte chileno. En los descansos del largo y fatigante sendero, los arrieros podían entibiar el alma y apaciguar las penas recitando y cantando coplas inspiradas o aprendidas en el camino. A los once años, Artidorio comenzó a viajar acompañando a su padre a esas tierras, lo que determinó que se quedara luego residiendo en Tarija y desde allí comenzó a viajar a Sucre, familiarizándose con la música y los bailes andinos.
Yo quisiera tenerte / a mi lado todo el día de mis ocultos amores / paloma te contaría pero es inútil mi anhelo jamás, jamás, / vivo solo para amarte callado y triste llorar, llorar.
Tenía más de sesenta años de vida la zamba y había transcurrido más de un siglo desde el nacimiento del músico cuando la escuché por primera vez. Lo que había nacido cerca de los Andes altiplánicos llegó hasta la patagonia, viajando en las guitarras de los modernos arrieros, en las mochilas de los estudiantes, en los infinitos fogones de la Patria Grande. No la conocí en un instante feliz pues un par de días después del golpe militar del 11/09/73 fui detenido en mi domicilio por una patrulla militar. “Mi coronel Gallardo quiere hablar con usted…abríguese por las dudas” me dijo el suboficial a cargo. La conversación con el coronel duró quince meses, sin duda un diálogo largo…a veces tortuoso. Entonces conocí a mi primer compañero de cárcel en los calabozos de Carabineros, en la calle Tomás Rogers de Puerto Natales. Se llamaba Rubén Cárdenas y era funcionario del Ministerio del Trabajo. Estábamos en celdas contiguas y después de los saludos y averiguaciones de rigor comenzamos a conversar de temas diversos. Me contó que formaba parte de un conjunto folklórico del magisterio, pues su esposa era profesora. A René le encantaban la música y el canto. “¿Quieres escuchar algo?”, preguntó “es una zamba que estoy aprendiendo en estos días…te va a gustar”. Y haciendo con su boca sonidos como de bombo a manera de introducción comenzó a desgranar los versos sentidos:
Yo bien sé que no me quieres / pero eso no es un motivo me privas de tus miradas, / mi alma, sin ellas no vivo, voy a ocultarme a una selva solo a llorar, / pueda ser que en mi destierro tus ojos negros pueda olvidar.
Rubén y su zamba fueron como un anticipo de lo que vendría. Porque entre tanto dolor e incertid