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Se muestran los artículos pertenecientes al tema gabriela mistral.

28/10/2005


NERUDA + GABRIELA + ALLENDE

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1964. Campaña presidencial. Neruda y Allende recorren el país y se detienen ante la tumba de Gabriela Mistral, en Monte Grande. Neruda describe el momento en el diario “El Siglo”.

Archivo Margarita Aguirre

No sé si en otros países, por lo menos en países extensos y poblados, se comprenderá la importancia de ciertos escritores nacionales, de lo que significan para mi pequeño país. Se sabe en todas partes que Gabriela Mistral, poetisa chilena, obtuvo el Premio Nobel algunos años antes de morir. Este premio reconoció la existencia de una poderosa escritora universal. Pero para ocho millones de chilenos la poetisa tuvo muchos otros significados. En primer lugar tenemos que saber que se trata de una mujer de pueblo y esto es mucho decir para esta república. En nuestras universidades hay muy pocos hijos de obreros y ni uno solo de campesino. Las grandes fuerzas conservadoras de America Latina se empeñaron desde hace más de un siglo en mantener a las clases populares en un oscuro subterráneo.

Tenemos muchos millones de analfabetos. Es difícil para la gente mandar sus niños aun a las escuelas primarias. Por lo común los niños empiezan a trabajar a edad muy temprana. Gabriela Mistral pudo salir del subterráneo: era demasiado luminosa para permanecer ignorada en la inmensa multitud de los pobres.

Pero fue muy duro su aprendizaje y ella lo recordó siempre. Lo importante es que esta niña del pueblo, transformada por su poesía en una gran conciencia de nuestro tiempo, sigue después de muerta teniendo un papel central en la vida chilena. No sólo los críticos literarios la recuerdan, sino las Universidades y los gobiernos, las escuelas y los Parlamentos. En Chile ella es un aglutinante de la nacionalidad. La bandera de Chile tiene una estrella blanca sobre campo azul. Pero verdaderamente Gabriela Mistral es también una estrella invisible en la bandera, estrella que todos ven hasta en los más lejanos sitios de mi patria.

Esto para contar que hace algunos días pasé por el sitio donde reposan los restos de la poetisa. Todo es asombroso en aquella tumba. Yo mismo obtuve el terreno para que ella descansara allí, en Monte Grande, en la aldea en que nació. Yo mismo escogí aquel sitio en una colina.

Gabriela Mistral vivió en todas partes, en Italia, en Brasil, en España, en los Estados Unidos. Y dentro de Chile en el norte del desierto de Atacama y en las soledades de la Patagonia. Pero dejó escrito en su testamento que la enterraran en su aldea, en Monte Grande. Yo cumplí con sus deseos. Busqué un rincón de tierra y los escritores entregamos ese sitio al gobierno. Los escritores pusimos una gran lápida de piedra y el Estado trasladó allí la sepultura de ella. Y allí la dejó abandonada.

Algo peor pasó con sus libros, con sus originales, con sus manuscritos, con sus derechos de autor. Aprovechándose de que ella murió en Estados Unidos, los norteamericanos se apoderaron de todo eso. Ni en una antología pueden figurar sus poemas sin pedir permiso a algún yanqui. Miles de versos inéditos se han sepultado en la Biblioteca del Congreso de Washington. Pero si estas cosas son arbitrarias, son poca cosa al lado del cobre, del salitre, del estaño, del manganeso, del petróleo que se llevan los norteamericanos. Poca cosa, pero muy parecida.

Gabriela Mistral era una amalgama de todos estos metales, de todos estos minerales. Su poesía es ferruginosa, dolorosa y volcánica. Su alma no ha sido separada de nuestra tierra. Allí pues está dormida, allí en Monte Grande, mi compañera errante. En aquella tierra reseca. Nunca llueve. Los montes se levantan como inmensas manos de tierra. No hay más vegetación en las alturas que los gigantescos y espinosos cactus. Por abajo se juntan dos valles que el río Elqui ha cortado en la piedra. Álamos e higueras sin hojas, como centinelas desnudos, bordean el delgado torrente. Desde la tumba mirando hacia la altura no se ven animales ni seres humanos. Sólo las espinas de los cactus. Los montes metálicos, las grandes piedras verdes y grises, el duro cielo azul que jamás tiene una nube. Pocas veces el viajero siente el peso de una soledad tan aplastante.

Pero esta soledad cuya grandeza tiene tanto contacto con la poesía de Gabriela Mistral, estaría bien si no fuera por la miseria de su tumba. No hay una flor, ni un asiento para el viajero; no hay nada sino aquella piedra olvidada con su nombre. Y aquí vienen las escuelas y los niños, cantan los versos de ella contemplando el total abandono de su sueño.

Yo iba de un sitio a otro acompañando a Salvador Allende, hablando con los campesinos y con los aldeanos, indicando el camino del pueblo, llevando las noticias del mundo, iluminando también con mi propia poesía la dura lucha política que culminará el 4 de septiembre próximo. Cuando pasábamos, Salvador Allende, candidato de las fuerzas populares, me pidió que nos detuviéramos en la tumba de aquella estrella invisible de la bandera chilena. Algunos campesinos se reunieron y junto a la tumba abandonada dije algunas palabras.

Dije que el olvido material de aquel sitio de peregrinación era también el símbolo del pasado de mi patria. Y que allí conmigo, en aquel minuto, mirando las ásperas cordilleras y haciendo también una promesa de piedra, estaba el símbolo viviente de las futuras transformaciones, el candidato del Movimiento Popular a la Presidencia de la República.

En la tumba de Gabriela Mistral, en aquel minuto, estaban juntos el doloroso pasado y la esperanza.

Viernes, 28 de Octubre de 2005 23:49 ;?> No hay comentarios. Comentar.

08/03/2005


GABRIELA MISTRAL Y CHILE

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El libro "Pensando a Chile: Una tentativa contra lo imposible" es una compilación de textos encargada por la Comisión Bicentenario al poeta Jaime Quezada, que rescata la mirada y reflexiones de la poetisa en torno a la identidad de Chile

.

Por Grínor Rojo

El Mercurio
- Enero de 2005

La relación de Gabriela Mistral con Chile es un asunto complejo y pedregoso, que no ha sido abordado hasta hoy con todo el rigor que su tratamiento merece. La matriz ideológica omnipresente, que ella no abandona ni siquiera en sus obras tardías, es una versión morigerada; esto es, no necesariamente abusiva del racialismo (no quiero escribir racismo) decimonónico. Me refiero a su aferrarse a la perspectiva biopsicológica. La raza, para Gabriela, como para muchos de sus contemporáneos, implicaba determinismo genético, por un lado, y comportamiento psicológico, por el otro. El chileno es así el que es porque es el resultado de una mezcla (de un "mestizaje" se decía entonces) del español con el habitante originario, lo que supone una "raza nueva que no ha tenido a la Dorada Suerte por madrina", y es, también, "diferenciación viril, originalidad que es forma de nobleza". Tal vez la mejor muestra de esto es la que se encuentra en uno de sus artículos más conocidos, "Menos cóndor más huemul", de 1926. Con la ayuda de estas dos imágenes heráldicas, Mistral intenta en ese artículo reducir la "raza chilena" a una oposición binaria no resuelta o, mejor dicho, a un equilibrio inestable de tendencias atávicas y contrarias, en el que ha sido la "rapiña" del cóndor la que históricamente se ha llevado la mejor parte, y el huemul, "sensible y menudo", la peor.

Gabriela, por supuesto, desea que ese desequilibrio se revierta en favor del ciervo de los Andes: "El huemul quiere decir la sensibilidad de una raza: sentidos finos, inteligencia vigilante, gracia". Pueden citarse muchos textos más de este mismo tenor, pero es preferible aclarar que, aun cuando hay aquí un núcleo y una permanencia ideológicos, su despliegue no deja de tener ciertos matices.

No es, por lo tanto, la misma Mistral ("Alguien", se firma, y tiene diecisiete años escasos) la que en 1906 publica el artículo sobre "La Patria" en La Voz de Elqui que la que muere en 1957 sin haberle querido poner su punto final al Poema de Chile. Median entre un punto y el otro su conocimiento algo provinciano y más bien pedagógico del Chile del primer cuarto del siglo XX ("Conferencia para maestros: el cultivo del amor patrio", 1916; "El patriotismo de nuestra hora", 1919; "Juramento a la bandera", 1919); un quiebre radical y su salida al mundo de afuera en 1922 ("Raza espesa, brutal, raza de pacos y mineros", le había escrito con furia a Magallanes Moure en una epístola de 1921); tres regresos, cada uno más corto que el anterior y cada uno con sus características propias (en 1925, en 1938 y en 1954). En 1926, haciendo el balance de su paso por Chile durante el año anterior, le escribe a Pedro Aguirre Cerda una carta que rivaliza en acritud con la que le escribiera a Magallanes en el 21, en la que le confiesa que "Tengo entre las impresiones más penosas de mi vida mi vuelta a Chile" y "Volví a Chile con una gran curiosidad de verlo bien y de sentirlo", pero "Mejor hubiese sido salir sin conocerlo, porque no miré sino síntomas feos y odiosos"), y su inmersión sin retorno, desde 1938 en adelante -aunque Soledad Falabella encuentra rastros que anteceden a esta fecha-, en el Chile un mucho expurgado y un poco inventado del Poema de Chile. Ahí, en el Poema de Chile, es donde se estaciona Gabriela durante sus últimos años, y ahí es donde se nos muere más que en su cama del hospital de Long Island en la madrugada del 10 de enero de 1957.

Poesía y prosa

Además, habría que atender también a la distribución discursiva en su tratamiento del tema de Chile. Ello ocurre por una parte en la prosa, y en este caso en las conferencias académicas, en los artículos serios, en los discursos funcionarios, en las notas periodísticas y en las cartas, y por otro en la poesía, por ejemplo en los poemas patagónicos de Desolación, en "Cordillera" de Tala, en "Patrias" de Lagar y en la mayoría de los poemas de la sección "Naturaleza" de Lagar II. Pero, sobre todo, en el ya mencionado Poema de Chile. Porque hay en la prosa una gran distancia (y no pocas veces fuertes contradicciones) entre la Mistral que habla a diversos auditorios cultos acerca de Chile y que hace un esfuerzo para comunicarles de la mejor forma posible su experiencia de la patria lejana, la funcionaria que cumple como ella piensa que es bueno con las obligaciones de su cargo en el "escalafón consular", la profesora y hasta la agente de viajes que informa a su público sobre climas y paisajes y la que de repente y por suerte se olvida y escapa de todo eso y es capaz de pergeñar un texto tan perspicaz y tan hermoso como el "Recado sobre la cordillera".

Y, en cuanto a la poesía, hace ya tiempo que yo dije que ése era el lugar donde había que buscar y encontrar a la Gabriela profunda, con sus opciones y sus contradicciones, con sus atrevimientos y sus dudas, y entre todo ello con un apego por lo real chileno a pesar de todo que asombra y admira. Pienso en poemas como "País de la ausencia", de Lagar, y principalmente en uno de los más bellos, sus "Cuatro tiempos del huemul" de la tercera Tala, la de 1958.

Por último, ¿cuál es el verdadero país de Mistral? O, mejor dicho, ¿cuál es el país con el que ella se queda finalmente? Ninguno de los que algo sabemos sobre su obra ignora que ese país es el del Poema de Chile, un país que ella misma produce a lo largo de veinte o más años con la tijera en la mano, cortando y recortando, eligiendo y descartando. Es pues la del Poema de Chile su propuesta definitiva, su programa ético y político para el futuro de Chile, un Chile purificado, despojado de sus pequeñeces y miserias, abierto a la armonía de los seres humanos entre ellos y con una naturaleza en cuyo regazo mujeril tuvieron la buena fortuna de caer alguna vez.

Mucho dolor

Todo lo anterior y mucho más, la política contingente, por ejemplo, el educacionalismo, el agrarismo y el feminismo, entre otros temas de similar importancia, se encuentra en los textos que ha reunido Jaime Quezada para esta edición de Gabriela Mistral: Pensando a Chile. Una tentativa contra lo imposible.

Quezada, mistraliano de oficio, estudioso de la obra mistraliana como hay pocos en el país, les hace un favor a los chilenos poniendo a su alcance el pensamiento que sobre ellos y sobre la tierra en que residen formuló en prosa y en verso una poeta extraordinaria, que hizo cuanto pudo para tratarlos con mucho amor, pero que no pudo evitar el hacerlo también con mucho, con muchísimo dolor
.

FICHA

"Pensando a Chile" - "Una tentativa contra lo imposible", por Gabriela Mistral. Selección de textos Jaime Quezada, Editado por la Comisión Bicentenario. 2004.
Martes, 08 de Marzo de 2005 15:14 ;?> Hay 1 comentario.

05/12/2004


UNIÓN SUDAMERICANA

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EL GRITO



Gabriela Mistral (1922)


¡América, América! Todo por ella, porque todo nos vendrá de ella, desdicha o bien. Somos aún México, Venezuela, Chile el azteca español, el quechua español, el araucano español; pero seremos mañana, cuando la desgracia nos haga crujir entre su dura quijada, un solo dolor y no más que un anhelo.

Maestro: Enseña en tu clase el sueño de Bolívar, el vidente primero. Clávalo en el alma de tus discípulos con agudo garfio de convencimiento. Divulga la América, su Bello, su Sarmiento, su Lastarria, su Martí.

No seas un ebrio de Europa, un embriagado de lo lejano, por lejano extraño, y además caduco, de hermosa caduquez fatal. Describe tu América. Haz amar la luminosa meseta mexicana, la verde estepa de Venezuela, la negra selva austral. Dilo todo de tu América; dí como se canta en la Pampa argentina, como se arranca la perla en el Caribe, cómo se puebla de blancos la Patagonia.

Periodista: Ten la justicia para tu América total. No desprestigies a Nicaragüa para exaltar a Cuba; ni a Cuba para exaltar a la Argentina. Piensa en que llegará la hora en que seamos uno, y entonces tu siembra de desprecio o de sarcasmo te morderá en carne propia.

Artista : Muestra en tu obra la capacidad de finura, la capacidad de sutileza, de exquisitez y hondura a la par, que tenemos. Exprime a tu Lugones, a tu Valencia, a tu Darío y a tu Nervo. Cree en nuestra sensibilidad que puede vibrar como la otra. Manar como la otra, la gota cristalina y breve de la obra perfecta.

Industrial : Ayúdanos tú a vencer, o siquiera a detener la invasión que llaman inofensiva y que es fatal, de la América rubia que quiere vendérnoslo todo, poblarnos los campos y las ciudades de sus maquinarias, sus telas, hasta de lo que tenemos y no sabemos explotar. Instruye a tu obrero, instruye a tus químicos y a tus ingenieros. Industrial: tú deberías ser el jefe de esta cruzada que abandonas a los idealistas.

¿Odio al yankee? ¡No! Nos está venciendo, nos está arrollando por culpa nuestra, por nuestra languidez tórrida, por nuestro fatalismo indio. Nos está disgregando por obra de algunas de sus virtudes y de todos nuestros vicios raciales. ¿Por qué le odiaríamos? Que odiemos lo que en nosotros nos hace vulnerables a su clavo de acero y de oro: a su voluntad y a su opulencia.

Dirijamos toda actividad como una flecha hacia este futuro ineludible: la América española una unificada por dos cosas estupendas: la lengua que le dio Dios y el dolor que le da el Norte. Nosotros ensoberbecimos a ese Norte con nuestra inercia; nosotros estamos creando, con nuestra pereza, su opulencia; nosotros le estamos haciendo aparecer, con nuestros odios mezquinos, sereno y hasta justo.

Discutimos incansablemente, mientras él hace, ejecuta; nos despedazamos, mientras el se oprime, como una carne joven, se hace duro y formidable, suelda de vínculos sus Estados de mar a mar; hablamos, alegamos, mientras él siembra, funda, asierra, labra, multiplica, forja, crea con fuego, tierra, aire, agua, crea minuto a minuto, educa en su propia fe y se hace por esa fe divino e invencible. ¡América y sólo América! ¡Qué embriaguez para semejante futuro, qué hermosura, qué reinado vasto para la libertad y las excelencias mayores!
Domingo, 05 de Diciembre de 2004 18:22 ;?> Hay 1 comentario.

28/04/2004


LA "DIVINA" GABRIELA EN MAGALLANES

gabrielamistralp.jpgGabriela Mistral (doña Lucía Godoy Alcayaga) llegó a Punta Arenas el 18 de mayo de 1918 con el amargo recuerdo de la ingratitud y la injusticia: Muy niña fue acusada injustamente de robo y de retardada mental; se rechazó su ingreso a la Escuela Normal por oposición del Pbro. Manuel Munizaga, quien la acusó de tener ideas disolventes y, por si fuera poco, se la despidió de la Inspección del Liceo de Niñas de La Serena porque no hizo distinción entre niñas ricas y pobres y las matriculó por igual. Reparó injusticias un ministro de educación, que luego sería Presidente Pedro Aguirre Cerda. La nombró directora del Liceo de Niñas de Punta Arenas. Y fue directora ejemplar. Propuso que las vacaciones escolares se hicieran en invierno. Su idea perdió por la implacable mayoría de votos pedagógicos y por oposición de diversos sectores de la comunidad, "porque los niños necesitaban el tiempo bueno para trabajar en el campo y ayudar así económicamente a sus familiares". Frente a su liceo plantó -junto a sus alumnas- árboles que denominó "árboles-hijos". Pero se lamentará: "éramos pocas, nuestro tiempo breve, la indiferencia densa y el mal infinito". Cobija los cursos nocturnos de la Sociedad de Instrucción Popular y hace clases en ellos. Escribe en la revista "Mireya", esfuerzo literario en colaboración con el poeta Julio Munizaga Ossandón. Aquí escribió "Desolación", cuyo capítulo "Paisajes de la Patagonia" dedicó a don Juan Contardi. A su partida dirá: "En estos tiempos, ser franca y ser maestra moderna es peligroso". Su despedida de Magallanes es casi solitaria. Pide a la prensa: "digan que el liceo que más he querido es este liceo mío de Punta Arenas, mi única ternura de dos años". Tiempo después, al recordar Magallanes, expresa: "aquel territorio dichosamente vasto, que fatiga la mirada, pero haciéndole bien, como hace bien la vista desenfrenada del mar"

Desolación

La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde
me ha arrojado la mar en su ola de salmuera
la tierra a la que vine no tiene primavera:
tiene su noche larga que cual madre me esconde.

El viento hace de mi casa su ronda de sollozos
y de alarido, y quiebra, como un cristal, mi grito
y en la llanura blanca, de horizonte infinito,
miro morir inmensos ocasos dolorosos.

¿A quién podrá llamar la que hasta aquí ha venido
si más lejos que ella sólo fueron los muertos?
¡Tan sólo ellos contemplan un mar callado y yerto
crecer entre sus brazos y los brazos queridos!

Los barcos cuyas velas blanquean en el puerto
vienen de tierras donde no están los que son míos;
y traen frutos pálidos, sin la luz de mis huertos,
sus hombres de ojos claros no conocen mis ríos.

Y la interrogación que sube a mi garganta
al mirarlos pasar, me desciende, vencida:
hablan extrañas lenguas y no la conmovida
lengua que en tierras de oro mi vieja madre canta.

Miro bajar la nieve como el polvo en la huesa;
miro crecer la niebla como el agonizante,
y por no enloquecer no cuento los instantes,
porque la "noche larga" ahora tan sólo empieza.

Miro el llano extasiado y recojo su duelo,
que vine para ver los paisajes mortales.
la nieve es el semblante que asoma a mis cristales;
¡siempre será su albura bajando de los cielos!

Siempre ella, silenciosa, como la gran mirada
de Dios sobre mí; siempre su azahar sobre mi casa;
siempre, como el destino que ni mengua ni pasa,
descenderá a cubrirme, terrible y extasiada.

Tres árboles

Tres árboles caídos quedaron a la orilla del sendero.
el leñador los olvidó, y conversan,
apretados de amor, como tres ciegos.

El sol de ocaso pone su sangre
viva en los hendidos leños,
¡y se llevan los vientos la fragancia
de su costado abierto!

Uno, torcido, tiende
su brazo inmenso y follaje trémulo
hacia otro, y sus heridas
como dos ojos son, llenos de ruego.

El leñador los olvidó. La noche
vendrá. Estaré con ellos.
Recibiré en mi corazón sus mansas
resinas. Me serán como de fuego.

Y mudos y ceñidos
nos halle el día en un montón de duelo.

"Impactos" Año 2 Nº 18 - Punta Arenas (Chile) Marzo de 1991
Sin datos de autor
Miércoles, 28 de Abril de 2004 22:59 ;?> No hay comentarios. Comentar.


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