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LA ÚLTIMA CARTA DE AMOR DE BOLÍVAR

20051223033202-boli-1-.jpgEl enigmático Bolívar, el Libertador de las Américas, como se lo llamó, y su fanática admiradora, amante y seguidora fiel, la condesa francesa Fannie Du Villard (la “prima” Fannie) se enviaron cientos de cartas entre los años 1804 y 1830. La correspondencia refleja una relación fascinante, compuesta de amor y admiración. Fannie llegó incluso a ser espía en nombre de la independencia que defendía el Libertador. Junto con el marqués de Lafayette y el estadista estadounidense Henry Clay, fue una de las personas que apodaron al Libertador Simón Bolívar "el George Washington de Sud América". El 6 de diciembre de 1830 (11 días antes de morir) Bolívar escribe su última carta de puño y letra: a Fanny Du Villard.

Presentación: Mirando Al Sur
Enviado por Mónica Chalbaud

Querida prima:
¿Te extraña que piense en ti al borde del sepulcro?
Ha llegado la última hora; tengo al frente el mar Caribe, azul y plata, agitado como mi alma por grandes tempestades; a mi espalda se alza el macizo gigantesco de la sierra con sus viejos picos coronados de nieve impoluta como nuestros ensueños de 1805.
Por sobre mí, el cielo más bello de América, la más hermosa sinfonía de colores, el más grandioso derroche de luz.
Y tú estás conmigo, porque todos me abandonan; tú estás conmigo en los postreros latidos de la vida, en las últimas fulguraciones de la conciencia.
¡Adiós Fanny! Esta carta, llena de signos vacilantes, la escribe la mano que estrechó las tuyas en las horas del amor, de la esperanza, de la fe.
Esta es la letra que iluminó el relámpago de los cañones de Boyacá y Carabobo; esta es la letra escrita del decreto de Trujillo y del mensaje del Congreso de Angostura.
¿No la reconoces, verdad? Yo tampoco la reconocería si la muerte no me señalara con su dedo despiadado la realidad de este supremo instante.
Si yo hubiera muerto en un campo de batalla frente al enemigo, te dejaría mi gloria, la gloria que entreví a tu lado en los campos de un sol de primavera.
Muero miserable, proscripto, detestado por los mismos que gozaron mis favores, víctima de un inmenso dolor; presa de infinitas amarguras. Te dejo el recuerdo de mis tristezas y lágrimas que no llegarán a verter mis ojos.
¿No es digna de tu grandeza tal ofrenda?
Estuvistes en mi alma en el peligro, conmigo presidiste los consejos del gobierno, tuyos son mis triunfos y tuyos mis reveses, tuyos son también mi último pensamiento y mi pena final.
En las noches galantes del Magdalena ví desfilar mil veces la góndola de Byron por las calles de Venecia, en ella iban grandes bellezas y grandes hermosuras, pero no ibas tú; porque tu flotabas en mi alma mostrada por las níveas castidades.
A la hora de los grandes desengaños, a la hora de las últimas congojas apareces ante mis ojos de moribundo con los hechizos de la juventud y de la fortuna; me miras y en tus pupilas arde el fuego de los volcanes; me hablas y en tu voz escucho las dianas de Junín.
Adiós, Fanny, todo ha terminado. Juventud, ilusiones, risas y alegrías se hunden en la nada, sólo quedas tú como ilusión serafina señoreando el infinito, dominando la eternidad.
Me tocó la misión del relámpago: rasgar un instante las tinieblas, fulgurar apenas sobre el abismo y tornar a perderse en el vacío.
Santa Marta, 6 de diciembre de 1830.

Jueves, 22 de Diciembre de 2005 22:58 aonike ;?> Hay 23 comentarios.


ANTONIO JOSÉ DE SUCRE

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Nació: Cumaná, 3 febrero 1795
Murió: Montañas de Berrueco, 4 Junio 1830

Estudió matemáticas y fortificaciones en la escuela de Ingenieros de Caracas en 1808. Al caer la primera república emigró a Trinidad, de donde regresa en 1813, bajo las órdenes de Mariño. Es nombrado Coronel en 1817, por el mismo Simón Bolívar. En 1821, es nombrado Jefe del ejército del Sur de Colombia, en donde logra la independencia de las provincias de Ecuador en las batallas de Río Bamba y Pichincha. Participa en la batalla de Junín y gana la batalla de Ayacucho en 1824, al mando del ejército unido, con lo cual logra el título de Gran Mariscal de Ayacucho. En 1825, ocupa el territorio del Alto Perú, que se independiza del gobierno de Buenos Aires, adaptando el nombre de Bolivia. El congreso del recién fundado país, encarga a Bolívar la elaboración de su constitución. Sucre fue el primer presidente de Bolivia, cargo que ocupó por dos años.

Como lo expresa muy bien el historiador Tomás Polanco Alcántara, "el símbolo de la continuidad de Bolívar era Antonio José de Sucre. Paulatinamente, por su talento personal, por sus dotes intelectuales y por su espíritu altivo, digno y limpio, Sucre se fue convirtiendo en el complemento indispensable de Simón Bolívar. [...] Respetado por los argentinos, los chilenos y los peruanos, admirado por los bolivianos y quiteños, sin enemigos en Venezuela y en la Nueva Granada y con todos sus antecedentes, Sucre estaba destinado a ser el natural sucesor de Bolívar".

Probablemente por esto en la reforma constitucional de 1830 en la Gran Colombia, sus enemigos logran poner la norma que para ser presidente o vicepresidente se debían tener 40 años (Sucre tenía 35). Y también es muy probable que esto haya sido la causa de su asesinato. Con Sucre vivo, continuaría la visión política de Bolívar y la unidad de la Gran Colombia. Es asesinado de un disparo en Berruecos. Bolívar dijo: "Lo han matado porque era mi sucesor".

Martes, 13 de Diciembre de 2005 19:19 aonike ;?> Hay 3 comentarios.

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MIGUEL HIDALGO, PADRE DE PUEBLOS

miguel.jpgPor Mercedes Santos Moray (*)
Argenpress - 18/09/2005

En el primer número de la revista La Edad de Oro, publicada en la ciudad de Nueva York, en español, para los niños de nuestra América, escribió el cubano José Martí un relato que tituló Tres héroes, sobre los hombres que resumían el ideario de la independencia. Entre aquellos padres de pueblos, entre Miguel Hidalgo los aceros del venezolano Simón Bolívar y del argentino José de San Martín, el Apóstol de Cuba situó al 'cura Hidalgo de la raza buena, de los que quieren saber'.

Desde esa narración de ancho amor a la historia americana, la figura del padre de la independencia de México sobresalía como el hombre noble y generoso, sabio y laborioso que enseñó a sus vecinos y a sus feligreses las artes y las industrias.

Así, el sacerdote de Dolores, quien había nacido en Guanajuato, el 16 de septiembre dio el grito de independencia para los mexicanos.

Sumó su talento, su cultura y su sensibilidad a la causa de los más humildes y encabezó el ejército que brotó, como las semillas de la tierra -ante su reclamo-, integrado por campesinos, carpinteros, alfareros, herreros, los hombres y las mujeres que tenían fe en él.

Junto a Allende, a Aldama y a otros patriotas, a valerosas heroínas como Josefa Ortiz de Domínguez, conspiró Hidalgo, porque sabía que sólo la libertad podría permitir a su pueblo el derecho a ser honrado, y como escribiría Martí, 'a pensar y hablar sin hipocresía'.

A caballo avanzó y recibió sus grados de alto oficial, de líder del movimiento insurgente tras la victoria, en Celaya, y como había fabricado con el barro y la piedra, también construyó con su vibrante palabra en los corazones de su gente.

Tenía, incluso, la grandeza de asumir a sus enemigos con generosidad, como expresión de sus principios éticos, soldado que vivió y sufrió la violencia de la guerra, donde ganó y perdió batallas, y padeció también la envidia y la
traición de los hombres.

Hidalgo conoció de esa violencia, y vio a sus compañeros fusilados, siendo él mismo pasado por las armas. 'A Hidalgo le quitaron -narró Martí en su prosa luminosa- uno a uno, como para ofenderlo, los vestidos de sacerdote. Lo sacaron detrás de una tapia, y le dispararon a la cabeza. Cayó vivo, revuelto en la sangre, y en el suelo lo acabaron de matar.'

Después, como un latigazo, cortaron sus cabezas y las colgaron en jaulas, en la Alhóndiga de Granaditas, en Guanajuato, donde había tenido la sede de su gobierno revolucionario, y enterraron aquellos cadáveres descabezados para dejar un mensaje de horror y de miedo que silenciara, para siempre, cualquier aire de independencia en México.

Sólo que Hidalgo no aró en el vacío, sino en la raíz de su pueblo. Diez años después del fusilamiento de los precursores, México proclamaría su independencia como nación.

La erudición y magisterio de Hidalgo como profesor de Teología y de Filosofía, de Moral en el colegio de San Nicolás, donde estudió y llegó a ser rector, su obra apostólica en los curatos de Colima, San Felipe y Dolores, aquella obra social y comunitaria que realizaba entre los más humildes pobladores, están en ese ideario de emancipación que caracteriza, como uno de los valores esenciales, la identidad mexicana.

Como también se manifiesta en la riqueza de un pensamiento renovador, que supera los esquemas y los dogmas y que no enfrenta la fe y la razón, sino que las integra, armoniosamente, en la construcción de una nación soberana, en la que ningún ser humano se vea impedido de expresar sus ideas, y pueda labrarse su destino con laboriosidad e inteligencia.

'Vio a los negros esclavos y se llenó de horror. Vio maltratar a los indios, que son tan mansos y generosos, y se sentó entre ellos como un hermano viejo, a enseñarle las artes finas que el indio aprende bien'.

En cada una de sus fundaciones, en el cultivo de la morera y en la cría del gusano de seda, en su ingeniosa actividad de apicultor, en la fundición de los metales y en el manejo de los hornos está también el mensaje del maestro, quien inició una batalla que todavía no ha concluido, pero gracias a la cual comenzó un pueblo a nacer.

* Mercedes Santos Moray es escritora y periodista.
Doctora en Ciencias Históricas.
Domingo, 18 de Septiembre de 2005 20:38 ;?> No hay comentarios. Comentar.


JOSÉ IGNACIO ABREU Y LIMA

estaabreu.jpgRecife (Brasil) 6.4.1794
Pernambuco (Brasil) 8.3.1869

Por V. Ch.

Oficial al servicio de la Guerra de Independencia de Venezuela. Fue llamado el héroe de las dos Américas, tanto la de origen portugués donde nació, como la española donde también luchó por la libertad. Hijo de José Ignacio Ribeiro de Abreu y Lima, llamado el padre Roma debido a su ordenación de sacerdote en Roma por el cardenal Chiaramonti, futuro papa Pío VII.

Descendiente de familia noble y acaudalada, según él mismo insistía en recordar, perderá todo por la participación de su padre en el movimiento revolucionario por la independencia del Brasil. Abreu y Lima, auxiliado por la masonería, logró huir a Estados Unidos en compañía de su hermano Luis; de allí continuó viaje a La Guaira, atraído por el renombre de Simón Bolívar.

En 1818, Abreu ofreció sus servicios militares como capitán, grado obtenido en el Brasil, y fue aceptado por el Libertador en Angostura en 1819, durante la vigencia del Congreso del mismo nombre. Luego participó en el equipo de redactores del Correo del Orinoco, en el que dio frecuentes noticias de los movimientos brasileños de independencia, sobre todo de su estado de origen, Pernambuco.

En 1819 estuvo con Bolívar en la Campaña del Apure, en la marcha por el páramo de Pisba, tomando parte en las batallas de Gámeza (11 julio), Pantano de Vargas (25 julio) y Boyacá (7 agosto). Siempre al lado del Libertador, actuó en la batalla de Carabobo (24.6.1821), donde fue herido en el pecho. Participó en las operaciones navales durante la toma de Maracaibo (1823). Bajo las órdenes del general José Antonio Páez actuó en las acciones contra Puerto Cabello (8-10.11.1823).

Su amistad con Bolívar, conjuntamente con otros oficiales extranjeros, generó recelos e intrigas; el periodista Antonio Leocadio Guzmán, director de Argos, publicó un ataque anónimo contra Abreu (1825), de quien recibió una respuesta categórica y violenta. Guzmán le entabló juicio y logró que lo condenaran a 6 meses de prisión en el castillo de San Carlos del Zulia (octubre 1825).

A pesar de estar desilusionado y ansioso de volver a Brasil, independiente desde 1822, decidió quedarse para defender a Colombia la Grande, que estaba amenazada de desintegrarse; sirvió de intermediario entre Francisco de Paula Santander y José Antonio Páez , en el intento de reaproximarlos. Ante la imposibilidad de reconciliación, se inclinó por la fidelidad a Bolívar, aceptando seguir para Ecuador y combatir en la batalla de Portete de Tarqui (27.2.1829) al lado de Antonio José de Sucre.

Ya coronel, recibió del mismo Bolívar autorización para defenderlo en Europa de los ataques de Benjamín Constant. Escribió el Resumen histórico de la última dictadura del Libertador Simón Bolívar, comprobada con documentos, que distribuyó en panfletos; organizó el periódico La Torre de Babel, en Cartagena (Colombia), en defensa de Bolívar.

Cuando finalmente se desintegró Colombia (1830), acompañó a Bolívar a Santa Marta con Daniel Florencio O'Leary, Mariano Montilla y algunos otros. Asumió, por orden del Libertador, el Estado Mayor del departamento de Magdalena; aplastó a los rebeldes en Río Hacha, inclusive al bando de Pedro Carujo.

El 9 de agosto de 1831, fue expulsado en compañía de otros oficiales extranjeros, por decreto del ministro de Guerra de Nueva Granada. Regresó a Brasil vía Estados Unidos y Europa.

De vuelta, imaginó que el emperador Pedro I, quien proclamó la independencia brasileña y quien fue forzado a abdicar, era una especie de Bolívar coronado; luchó para que reasumiera el trono a través de periódicos en Río de Janeiro, y fundó uno, La Barca de São Pedro. Una vez que fue aceptada la mayoría de edad de Pedro II, hijo de Pedro I, como solución conciliatoria, insistió en una monarquía constitucional parlamentaria.

Sin embargo, el ardor de las posiciones asumidas por Abreu y Lima, le generó de nuevo odio. Su condición de intelectual, específicamente de historiador, con libros recientemente publicados, fue atacada ásperamente por Varnhagan, vizconde de Porto Seguro, historiador conservador y áulico. Abreu replicó, se dirigió a Recife, su tierra natal, donde aspiraba postularse como diputado.

En Pernambuco, también quedaban residuos de las pasiones revolucionarias de 1817 y 1824, movimientos liberales radicales, en el primero de los cuales fue fusilado el padre de Abreu. No consiguió elegirse debido a la amplia campaña de sus adversarios. Se preparaba una nueva revolución libertadora que estalló en 1848.

Abreu fue condenado a prisión perpetua, siendo después amnistiado. En 1855 publicó los primeros libros brasileños sobre socialismo, en los moldes de Fourier y los socialistas utópicos. En su lecho de muerte recibió la condenación de la Iglesia Católica por ser defensor de la libertad de cultos para los protestantes; por ello le fue negada sepultura católica y, por consiguiente, sus restos fueron inhumados en el cementerio de los ingleses.
Viernes, 03 de Septiembre de 2004 20:47 ;?> Hay 1 comentario.


MANUELITA SÁENZ

manuela_4.jpg

El enigma de una mujer 200 años después



Por Andreína Gómez

Aunque no se sabe con certeza el día de su nacimiento, se ha comprobado que vino al mundo en los primeros meses de 1797. Aún después de dos siglos, su vida sigue despertando suspicacias y crecen las leyendas, anécdotas, injurias, calumnias y epítetos a su alrededor. De cualquier modo, es un personaje fascinante dentro de la historia de la liberación de América del yugo español. Por eso, múltiples investigaciones recogen la importancia de su obra en la gesta heroica del continente, más allá de su ferviente relación amorosa con Simón Bolívar, y las imputaciones que se le hacen como dama de vida impúdica en la sociedad quiteña del siglo XVIII. Sus hazañas para salvar la vida del Libertador, ha hecho que muchos de sus inquisidores históricos se hayan abocado a profundizar en sus ideales libertarios.

Esa quietud de los solares -apenas perturbada por el canto de los pájaros y la presencia de uno que otro personaje importante de su época-, con la cual describen algunos historiadores el escenario de los últimos días de Manuelita Sáenz, no podría ser visto más que como un injusto castigo para quien supo dominar con gracia y astucia las grandes conmociones sociales y políticas de la gesta heroica suramericana. La hermosa quiteña saltó a la inmortalidad por desafiar todas las adversidades que rodearon su vida, desde la infancia hasta la muerte, y sobre todo por ser una amante de la libertad hasta su último aliento.

De ser fruto de la relación extramarital entre el hidalgo español, Simón Sáenz, y la noble señora de la sociedad ecuatoriana, María Joaquina de Aispuru, y por tanto señalada como "impura", salió airosa con su ecuánime personalidad. De las habladurías sobre su relación "poco juiciosa" con un oficial español -su primer amor y con quien se fugó del convento donde se crió-, se libró al contraer nupcias con un destacado médico inglés, con quien salió de Quito y se radicó en Lima. Sin embargo, nunca renunció a ser fiel a sus sentimientos, y por eso acabó con esa desdichada unión cuando conoció a Simón Bolívar.

Pero su relevancia histórica va más allá de esa ardiente pasión con el líder de la Independencia de los Países Andinos: activista patriótica, audaz luchadora y dueña de la entereza de cualquiera de los líderes del movimiento independentista, se convirtió en "Caballeresa del Sol", por sus servicios a la rebelión en el Perú. También se ganó el título de "Libertadora del Libertador", al salvar a Bolívar de varios atentados contra su vida fraguados en la ciudad de Bogotá. Y, hasta su desaparición, fue fiel guardiana de los más reveladores documentos personales del Libertador, y del archivo independentista.

Pero, "¿quién sembró en esta mujer esos ideales libertarios, si los primeros años de su vida transcurren entre las ligerezas de una sociedad corrompida y en el ambiente clerical?” Responde el escritor e historiador ecuatoriano Alfonso Rumazo González: "La enseñó la propia historia ecuatoriana. Su padre, el español Simón Sáenz, fue realista y contribuyó a la matanza de los próceres en Quito el 2 de agosto de 1810. Hay así en ella una conciencia de rebelión frente a la masacre que tuvo lugar". Asegura que tampoco hay que olvidar que fue hija ilegítima y, por tanto, llevó la rebeldía en la sangre.

Valiente como pocas

En las cartas de Ricardo Palma (personaje de la época colonial ecuatoriana), consta que en los agitados días de lucha patriótica en Quito, Manuelita, con lanza en mano, se aventuró a la cabeza de un escuadrón de caballería y supo levantar un motín prendido en las plazas y las calles de su ciudad natal. "Ya se había lanzado a la defensa de la libertad por la vía directa. En esa primera salida demostró dotes de mando, un espíritu indomable y sus maravillosas cualidades de heroína".

Resalta también Palma que al regresar a Lima, Manuelita se entregó con fervor a la causa independentista, sirviendo de agente secreto, coordinadora de acciones de guerra, "infundiéndole aliento a batallones enteros", y hasta se convirtió en secretaria del propio Bolívar. Se dice que en un episodio de enfermedad del Libertador, la impetuosa dama, no permanece inactiva, viste uniforme, arrea tropas en el paso de Los Andes, y en Junín hasta enarbola la lanza y "lucha junto a sus valientes, como el mejor de los soldados".

Pero a Manuela Sáenz no la incomodaban las tareas de poca monta, según refiere la escritora Juana Luisa Rodríguez: "Siempre estaba alerta a las traiciones que se tramaban contra el hombre adorado. Así, una noche, hallándose Bolívar en el teatro, se presenta desgreñada y dando gritos desaforados porque, según dijo, el Alcalde de la ciudad no la dejó entrar. Mas lo que ella buscaba era forzar al Libertador, obligándole a salir antes de que lo cosieran a puñaladas en su propio palco". Lo mismo hizo para salvar a Bolívar de un complot fraguado en su contra durante un baile de máscaras en el Palacio de Bogotá. Alfonso Rumazo González lo describe: "Manuelita impidió al Libertador salir con pistola en mano, y lo obliga a saltar a la calle por un balcón...".

Fue así como Bolívar aprendió de Manuelita a ser cauto. Comenta Juana Luisa Rodríguez que "con ella contempló a algunos de sus hombres desde ángulos nunca antes sospechados, y comprendió un nuevo concepto universal de la condición humana". Incluso, ella llegó a advertirle de la traición de sus más allegados colaboradores.

Identidad Americana

Manuela Sáenz fue la primera mujer con conciencia e identidad americanas, así lo corrobora Rumazo González, quien recuerda que en una carta pública en el diario La Aurora de Bogotá, en 1830, Manuela Sáenz sustentó: "Lo que sé es que mi País es el continente de la América y he nacido bajo la línea del Ecuador". Señala que en esa misma carta, ella hace una apelación a la unidad y dice: "¿Por qué llaman hermanos a los del sur y a mí forastera?". Agrega que fue dueña del acierto de que "su país era el continente de la América, lo atestiguó plenamente con su vida misma".

Al estudiar su figura y la significación de su obra no sólo para Ecuador y Perú, sino para todo el continente, surgen algunas preguntas: "¿Por qué ha tratado de ser borrada de nuestra historia, si su obra se compara a la del propio Bolívar?” El historiador ecuatoriano dice al respecto: "No establezco comparaciones entre Bolívar y Manuela Sáenz pues cada uno tiene su valor propio. Al contrario, quiero mostrar la excelsa identidad de Manuela. No ha sido borrada por los estudiosos de la historia como Vicente Lecuna, Miramón, Calibán, Humberto Mata y Luis Enrique Osorio, entre otros. Yo he hecho una defensa sostenida de Manuela Sáenz durante cinco décadas y he debido refutar en forma documental las mitificaciones que se le han querido imputar. En su tiempo fue reconocida por el General Sucre, quien le dio un tratamiento muy deferente; por O'Leary, Simón Rodríguez, Garibaldi y Ricardo Palma".

Pese a haber sido desterrada y condenada a morir lejos de su patria, Manuela Sáenz no desmayó en su propósito de que el Libertador retornara al poder. Nos refiere Rumazo González que aún después de la muerte de Bolívar, Manuela siguió conspirando, tanto que "fue expulsada de Colombia y fue a parar a Kingston. Tampoco se le permitió su permanencia en Ecuador por considerarla políticamente peligrosa".

El cuerpo de Manuelita se extinguió en la soledad, desterrada en el Puerto peruano de Paita. El destino de sus restos, así como su personalidad, aún siguen siendo un misterio por descifrar 200 años después de haber hecho un tránsito "estelar" por la tierra americana...
Jueves, 02 de Septiembre de 2004 16:07 ;?> Hay 1 comentario.


SUCRE, HOMBRE SOLAR

sucre1.jpgPor: Iraida Calzadilla Rodríguez

www.granma.cubaweb.cu


Hijo y nieto de cubanos fue Antonio José de Sucre y Alcalá, el Gran Mariscal de Ayacucho. Vivió en Santiago de Cuba desde pocos meses de nacido, hasta los 11 años de edad. Cerca de las 8:00 de la mañana, del 4 de junio de 1830, el Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre y Alcalá, se despidió del mesón de Ventaquemada y partió rumbo a Pastos. El más virtuoso soldado de Colombia, como se le llamó, no pudo imaginar que, media legua más adelante, en la montaña de Berruecos, un disparo le alcanzaría el pecho y dos la cabeza.

Cuentan que el hombre impar de la independencia de América en la decisiva batalla de Ayacucho, cayó del mulo en que cabalgaba, fulminado por una muerte inesperada y equívoca. Los traidores, a cambio, recibieron 50 pesos cada uno.

Simón Bolívar, el Libertador, al conocer la noticia del asesinato de su lugarteniente, dijo: "¡Bárbaros, han derramado la sangre de Abel!".

Menos conocido es el vínculo de este hombre medular de la historia de nuestro continente con la mayor de las Antillas. Hijo y nieto de cubanos fue Antonio José de Sucre, y vivió en Santiago de Cuba desde pocos meses de nacido, hasta los 11 años de edad. El venezolano de Cumaná nunca olvidó a la Isla y, apuntan los historiadores que, inmerso en batallas difíciles por la independencia de América, no dejaba de recordar a Bolívar su deseo de llegar a La Habana con un ejército.

De aquel intrépido, considerado el "gran señor de la milicia latinoamericana", apuntó José Martí: "Fue hombre solar y no se piensa en él sin vida y resplandor". El Maestro lo describió como guerrero de victorias puras, amistad viril, corazón de alas y muerte súbita y sombría.

Martí escribió de Antonio José de Sucre y Alcalá: "Amó la América y la gloria, pero no más que la libertad".
Martes, 31 de Agosto de 2004 22:03 ;?> No hay comentarios. Comentar.


JOSÉ DE SAN MARTÍN

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LIBERTADOR DE ARGENTINA Y CHILE



Por José Martí – “La edad de Oro”

San Martín fue el libertador del Sur, el padre de la República Argentina, el padre de Chile. Sus padres eran españoles, y a él lo mandaron a España para que fuese militar del rey. Cuando Napoleón entró en España con su ejército, para quitarles a los españoles la libertad, los españoles todos pelearon contra Napoleón: pelearon los viejos, las mujeres, los niños; un niño valiente, un catalancito, hizo huir una noche a una compañía, disparándole tiros y más tiros desde un rincón del monte: al niño lo encontraron muerto, muerto de hambre y de frío; pero tenía en la cara como una luz, y sonreía, como si estuviese contento.

San Martín peleó muy bien en la batalla de Bailén, y lo hicieron teniente coronel. Hablaba poco; parecía de acero; miraba como un águila; nadie lo desobedecía; su caballo iba y venía por el campo de pelea, como el rayo por el aire. En cuanto supo que América peleaba para hacerse libre, vino a América: ¿qué le importaba perder su carrera, si iba a cumplir con su deber?; llegó a Buenos Aires; no dijo discursos; levantó un escuadrón de caballería; en San Lorenzo fue su primera batalla; sable en mano se fue San Martín detrás de los españoles, que venían muy seguros, tocando el tambor, y se quedaron sin tambor, sin cañones y sin bandera. En los otros pueblos de América los españoles iban venciendo; a Bolívar lo había echado Morrillo el cruel de Venezuela; Hidalgo estaba muerto; O'Higgins salió huyendo de Chile; pero donde estaba San Martín siguió siendo libre la América. Hay hombres así, que no pueden ver la esclavitud. San Martín no podía; y se fue a libertar a Chile y al Perú.

En dieciocho días cruzó con su ejército los Andes altísimos y fríos; iban los hombres como por el cielo, hambrientos, sedientos; abajo, muy abajo, los árboles parecían yerba, los torrentes rugían como leones. San Martín se encuentra al ejército español y lo deshace en la batalla de Maipú, lo derrota para siempre en la batalla de Chacabuco. Liberta a Chile. Se embarca con su tropa, y va a libertar al Perú. Pero en el Perú estaba Bolívar, y San Martín le cede la gloria. Se fue a Europa triste, y murió en brazos de su hija Mercedes. Escribió su testamento en una cuartilla de papel, como si fuera el parte de una batalla. Le habían regalado el estandarte que el conquistador Pizarro trajo hace cuatro siglos, y él le regaló el estandarte en el testamento al Perú.
Martes, 17 de Agosto de 2004 16:27 ;?> Hay 1 comentario.


O´HIGGINS: MILITAR Y ESTADISTA

ohiggins.jpgPor Pedro Godoy (Centro de Estudios Chilenos)

No cabe duda, es un prócer militar. El único que en nuestra historia ostenta, por mérito, altos rangos en tres Ejércitos: capitán general en Chile, brigadier en Argentina y mariscal en Perú. El uniforme y su bravura en la guerra emancipadora no es todo. También posee estatura de estadista. Como director supremo organiza institucionalmente nuestro Estado. Se proyecta sobre Iberoamérica promoviendo una política exterior integracionista. Al filo de la victoria de Maipú emite manifiesto exhortando a “fundar la confederación de la América meridional”. Impulsa a Expedición Libertadora. Suscribe pacto con la Gran Colombia y otro con Perú. Visualiza el Pacífico como océano andino promoviendo, aunque sin éxito, la liberación de Filipinas. Sus nexos con Buenos Aires permiten que el naciente chauvinismo lo denuncie como proargentino. Proclama su peruanismo y proclama: “soy chileno por nacimiento y peruano por gratitud”. Al empujar Santiago la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana apoya a Andrés Santa Cruz contra la insensatez belicista de Portales. Así el chillanejo ilustre militar y estadista- es conosureño por lo mismo que es hondamente chileno... Este 20 de agosto con motivo del 226º aniversario de su natalicio se invoca su recuerdo como bandera de concordia con las tres patrias fronterizas.
Lunes, 16 de Agosto de 2004 03:34 ;?> Hay 1 comentario.


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