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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


JUAN BOSCH, UN PATRIOTA QUISQUEYANO

<hr><u><h2>JUAN BOSCH, UN PATRIOTA QUISQUEYANO</u></h2>

A proposito de las elecciones del 16 05 2004 en República Dominicana



7 de noviembre de 2001

José Steinsleger

Del dominicano Pedro Henríquez Ureña (1884-1946), Alfonso Reyes dijo que "enseñaba a oír, a ver, a pensar y suscitaba una verdadera reforma en la cultura, pesando en su pequeño mundo con mil compromisos de laboriosidad y conciencia". Jorge Luis Borges acotó: "... se sintió americano y aún cosmopolita, en el primitivo y recto sentido de esta palabra que los estoicos acuñaron para manifestar que eran ciudadanos del mundo".

A escala continental la muerte de Juan Bosch (1904-2001), el otro gran amauta dominicano, debería motivar consideraciones del mismo tenor. Infortunadamente, Bosch desaparece en momentos en que América Latina tramita su anexión a Estados Unidos y cuando contados intelectuales y políticos hablan de "nuestra América", tal como Henríquez Ureña lo hizo en la Universidad de La Plata ante los estudiantes argentinos que anhelaban saber de México y su revolución (1922).

Otros tiempos. ¿Pero quién fue Juan Bosch? En los libros que tratan de la historia de América Latina y en las universidades o centros de posgrado de letras y ciencias políticas y sociales, Bosch es un perfecto desconocido. Su nombre anida en casi todas las antologías del cuento hispanoamericano mas no figura en la “Historia contemporánea de América Latina”, de Tulio Halperin Donghi o en “El espejo enterrado”, de Carlos Fuentes, y otras obras de gran circulación. Omisión nada involuntaria, por cierto. Pues sin haber sido revolucionario en la acepción clásica del concepto, el político Bosch entendía que cuando la legalidad falta, cabe el derecho de rebelión. En 1939, en plena dictadura trujillista, fundó el Partido Revolucionario Democrático (PRD), y en el exilio cubano organizó la frustrada expedición de Cayo Confites para derrocar al tirano de República Dominicana (1947).

Bosch fue el único socialdemócrata de la vieja guardia que muy temprano entendió la farsa de la tercera vía que hoy predican los intelectuales clonados de la socialdemocracia europea. Asimismo, se negó al anticomunismo pueril de los liberales y miró con pena el destino que la historia reservó a sus antiguos coidearios: el venezolano Rómulo Betancourt y el costarricense José Figueres, que acabaron como peones de Washington así como su propio partido, el PRD, en 1973.

En 1961, tras el asesinato de Trujillo y veinte años de exilio, Bosch regresó a su patria y al año siguiente se convirtió en el primer presidente constitucional electo después de tres décadas de tiranía. Su gobierno eliminó los privilegios más odiosos de la oligarquía trujillista y puso límites a la propiedad de las empresas extranjeras sobre los recursos naturales. Fue demasiado. Siete meses después, y a pesar de la frágil operatividad de las medidas reformistas, la Iglesia católica, la derecha oligárquica, la embajada de Estados Unidos y la CIA acabaron con el gobierno democrático, al que acusaron de "procubano" y "comunista".

Ironías de la historia, Bosch fue derrocado poco antes de la publicación de “La ciudad y los perros”, fuerte alegato antimilitar de Mario Vargas Llosa. ¿Quién hubiese sospechado que 37 años más tarde el escritor peruano tomaría partido por los perros en “La fiesta del chivo”, novela de "ficción" donde manipula a su antojo la historia del país antillano?

La caída del gobierno de Bosch dividió al ejército dominicano. En abril de 1965, un grupo de oficiales liderados por el coronel Francisco Caamaño se alzó en defensa de la Constitución, repartió armas al pueblo y derrotó a las tropas del general Elías Wessin y Wessin, apoyado por el Pentágono. El 27 de abril, con la venia de la OEA, el presidente Johnson ordenó la invasión de República dominicana. Cuarenta mil marines, más que los enviados a Vietnam, controlaron a las milicias populares y desataron la represión contra las fuerzas democráticas. La CIA sembró el suelo dominicano de asesinatos, torturas y encarcelamientos masivos. Y al frente del nuevo gobierno impuso al "general" Antonio Imbert Barreras, uno de los que participaron en la muerte de Trujillo y que en la novela de Vargas Llosa aparece como "héroe de la libertad".

De aquel golpe militar Juan Bosch aprendió mucho. Escribió ensayos proféticos: “Bolívar y la guerra social” (1966), “El Pentagonismo, sustituto del imperialismo” (Ed. Siglo XXI, 1968, vigente como nunca) y “De Cristóbal Colón a Fidel Castro” (Alfaguara, 1970), estudio de fundamental importancia. Frente a Cuba, el patriota quisqueyano mantuvo una posición clara: independencia política y solidaridad. En el lúcido ensayo “La tesis de Regis Debray”, criticó el voluntarismo guerrillero del arrogante intelectual francés y pronosticó el curso que la revolución cubana mantiene hoy y que entonces sonaba a herejía: "... Fidel Castro parece depender más de la juventud nacionalista latinoamericana que de los partidos comunistas del continente" (1969).

Escritor, pedagogo, economista, sociólogo, gobernante y político que muchas veces erró en la conflictiva realidad de su país, Juan Bosch fue seguidor de la Utopía de América que Henríquez Ureña vislumbró en el siglo pasado, tornando factible las potencialidades de una izquierda nacional: la que se abre al mundo y convierte el pago chico en patria del universo y dignidad.

La Jornada
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