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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


LAUTARO EDÉN WELLINGTON

<hr><u><h2>LAUTARO EDÉN WELLINGTON</u></h2> Osvaldo Wegmann Hansen

Un escritor recibe a menudo sorpresas agradables. Hace pocos días, al entrevistarme con un jefe militar, me dijo que me conocía a través de mi obra, añadiendo textualmente: “Pero estoy enojado con usted. ¿Por qué mató a Lientur, el héroe de “La última canoa”? Yo le tenía simpatía. Me dio pena que todo terminara así”. Esa observación me la había hecho hacía un tiempo una dama. La verdad es que los lectores se encariñan con los personajes de los libros y solidarizan con ellos. He tenido que explicar que mi héroe está inspirado en la vida real de otro alacalufe que se llamó Lautaro Edén Wellington, que estuvo en Puerto Edén, perteneció a la FACH y volvió a la vida primitiva. Además fue amigo mío. Por eso yo sé tanto de él. La imaginación hizo el resto.

Todo terminó cuando en pleno canal Fallos, frente a la isla Campana, naufragó una chalupa tripulada por cinco alacalufes. La embarcación iba piloteada por Lautaro, joven nativo que pocos años antes había servido en la FACH como mecánico, alcanzando el grado de cabo 1º; que posteriormente debido a un incidente con el jefe de la posta, había abandonado el uniforme, para volver a las actividades de su pueblo, convirtiéndose en cazador y en jefe virtual de las tribus alacalufes, que aún pululan por los canales.

La noticia la transmitió la radio de San Pedro, donde la llevó Manuel Tonko, quien dijo que una canoa había encontrado en la playa del canal Messier la arboladura de una chalupa náufraga y el cadáver del nativo Guillermo Edén. Los demás tripulantes de la embarcación, Lautaro Edén, Arturo Messier, María Campana e Isabel Edén, madre del ex cabo, habían desaparecido.

Lautaro Edén Wellington tenía 26 años. Había nacido en una caleta de la isla Wellington. Su padre fue Gregorio, el famoso Capitán Papa, un indio pintoresco que mandaba a los alacalufes como si fuese un cacique, porque usaba un jormán azul con galones de capitán de corbeta y una gorra blanca de marino, dados de baja por un comandante de escampavía. Los aviadores de la posta se interesaron por el niño, lo tenían como mascota y lo vestían y alimentaban. Al fin lo trajeron a Punta Arenas donde los salesianos se hicieron cargo de su educación. Hasta que pasó por nuestra ciudad el ex Presidente don Pedro Aguirre Cerda, quien en una visita al colegio conoció al alacalufe, que se preparaba para recibir el bautismo. Fue su padrino y lo tomó bajo su protección. Tiempo después fue enviado a Santiago, donde ingresó a la Escuela de Especialidades de la FACH. Egresó con el grado de cabo. Totalmente incorporado a la vida civilizada, contrajo matrimonio con una enfermera. Y trabajó reparando aviones en la maestranza de “El Bosque”.

Pero, como Jemmy Button y otros primitivos, un día sintió la llamada, el atavismo. Y volvió a Puerto Edén. Consiguió que se le destinara como motorista a la posta. Aquí tuvo una serie de problemas con el jefe, que según Lautaro no lo recibió como cabo sino como indio que era. Tuvieron serios disgustos largos de contar, por el trato que según él se daba a los alacalufes. Y un día aparejó una chalupa, embarcó a su madre, a un hermano, a un amigo y una amiga, y volvió a la vida libre de los canales, convirtiéndose de nuevo en un nómade. El comandante Renato García, más tarde general, jefe de la FACH en Magallanes, al ser informado de lo ocurrido, en un gesto de comprensión, lo dio de baja “por razones de servicio”, motivo por el cual en su hora, no fue considerado desertor.
Lautaro Edén Wellington llegó varias veces a Punta Arenas, a vender sus cueros de nutrias y de lobos. Compró víveres y ropa para su gente; reanudó las cacerías desde el Estrecho de Magallanes hasta el Golfo de Penas. Y el 8 de mayo de 1950, cuando navegaba a toda vela en pleno canal Fallos, lo sorprendió el “Williwaw” traicionero. Desapareció hace 33 años.

Tomado de: "De ayer y de hoy - Crónicas de Osvaldo Wegmann Hansen". Recopilación de Jorge Díaz Bustamante. Punta Arenas - 1999.
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1 comentario

Carlos Eden-Maidel -

Exelente...El jefe de posta era don Carlos Gaymer...quien fue mi padre...conoci personalmente a todos los personajes de la novela de don Osvaldo.Carlos Eden-Maidel
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