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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


DON ANTONIO

<h2><u><hr>DON ANTONIO</u></h2> Romedil Bitterlich Vásquez

En las esquinas de Ladrilleros y Bulnes existió una casa enorme, que ocupaba casi la mitad de la cuadra. Este lugar fue utilizado para toda clase de negocios, desde casa de diversión hasta para una escuela fiscal. Era muy amplio y tenía más de 16 habitaciones.

En esta casa vivió mi familia. Aquí mi padre instaló una cantina y un hotel a los que llamó “Valdivia”, nombre que se debía a que nosotros éramos originarios de esa ciudad.

Mi padre, además, trabajaba en el Frigorífico “Natales”. Allí se desempeñaba de “roldanero” en las faenas de carneo. Estas roldanas eran de fierro y pesaría cada una alrededor de 4 kilos. Su trabajo consistía en entregar roldanas a 12 carniceros que trataban de faenar 200 animales diarios y algunos, los más expertos, podían superar esta cifra. El frigorífico en las temporadas de mayor actividad carneaba alrededor de tres mil animales diarios, de manera que este trabajo había que hacerlo rápido, para que a los carniceros no les faltaran roldanas.

Curiosamente mi padre llegó a Puerto Natales contratado como pianista. Había realizado sus primeras “armas musicales”, si podemos llamarlo así, en el teatro “Edén” de Valdivia. Allí debía tocar las piezas de piano cuando en las películas mudas de cowboy se producían disparos, o cañonazos en las de guerra.

Un día el dueño del teatro lo sorprendió pulsando el teclado e intentando elaborar sus primeras melodías. Lo retó, pero después le preguntó si quería aprender más. Así se hizo, lo llevaron donde un pianista profesional que le enseñó a tocar algunas piezas musicales y cuecas, que estaban de moda en ese momento. A partir de ese instante el dueño del teatro le subió el sueldo.

Al aparecer un aviso en la prensa local solicitando un pianista para Natales, se presentó junto a mi madre, que tocaba la guitarra. En Natales tuvo la oportunidad de conocer otros pianistas que le enseñaron nuevas melodías. Él siempre me decía:

-A mí me falta mucho para ser un buen pianista.

Nos trasladamos desde Puerto Montt a Puerto Natales en el vapor “Alfonso” y llegamos en auto a Puerto Natales en medio de una gran nevazón. Era el mes de mayo de 1925. En la ciudad fuimos recibidos por Floridor Sobrazo y Manuel Villanueva, personas que mis padres habían conocido en Valdivia y a los que unía una gran amistad.
Para los “dieciocho” mis padres animaban las fiestas patrias en las fondas que se realizaban en el teatro “Libertad”, en el teatro “Apolo”, o en las ramadas que se realizaban en el sitio eriazo ubicado en la calle Bulnes con Tomás Rogers (donde actualmente se encuentra la comisaría de carabineros). Conformaban un hermoso dúo y la gente llegaba a rabiar zapateando sus cuecas.

En el campo societario fue socio fundador y maquinista de la Primera Compañía de Bomberos de Puerto Natales. Esta es la historia simple de Antonio Bitterlich González, mi padre.

Tomado de su libro "Rostros Inolvidables" - Puerto Natales - 1995.
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