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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


VENEZUELA Y LOS PROFETAS DEL ODIO

<h2><hr><u>VENEZUELA Y LOS PROFETAS DEL ODIO</h2></u> Por José Steinsleger

La Jornada, México D.F. Miércoles 11 de agosto de 2004

El mundo tiene los ojos puestos en Venezuela. Finalmente, este 15 de agosto caerá la moneda que desde 1998 revolotea en el aire. ¿Cara o cruz? Los pueblos quieren cara. Sus enemigos, cruz. La crucifixión del país cuna de la independencia americana: desestabilización, guerra mediática, asesinatos políticos...

A propósito de "asesinatos políticos": ¿la Internacional Socialista (IS) ya emitió dictamen contra Carlos Andrés Pérez, su ex vicepresidente (1980), quien acaba de apoyar el asesinato del líder de la revolución bolivariana, la disolución de las instituciones democráticas y la instauración de una dictadura? La Carta Ética de la IS dice oponerse "... resueltamente a toda desviación hacia el autoritarismo y a todo sistema político que tolere y practique la violación de los derechos humanos para conquistar su poder". ¿A qué se debe, entonces, el silencio? ¿La IS respeta todos los "puntos de vista" o sus miembros aún deben a Pérez parte de los favores recibidos en los años de la democracia birinbinpum?

En los círculos del poder imperialista y allegados, la eliminación física de Chávez se analiza con cuidado. Nada nuevo.

En enero de 1912 el ecuatoriano Eloy Alfaro, líder de la revolución liberal y dos veces presidente electo, fue asesinado y su cadáver quemado en un parque central, luego de ser arrastrado por las calles de Quito. ¿Beneficiarios? El presidente Leónidas Plaza, jefe del ala conservadora del liberalismo y padre de Galo Plaza, quien llegaría a ser presidente del país andino y secretario general de la OEA.

Un año después, el presidente Francisco I. Madero y José María Pino Suárez fueron masacrados en las calles de México. El presidente Álvaro Obregón (1928) y líderes como Emiliano Zapata (1919), Francisco Villa (1923), Farabundo Martí (El Salvador, 1932) y Augusto C. Sandino (Nicaragua, 1934) corrieron la misma suerte.

Persuadidos de que la historia de los pueblos sólo depende de los "caudillos", las oligarquías nativas y el imperialismo creen que el magnicidio detiene su marcha. Nadie sabe si al presidente de Bolivia, Germán Busch, lo mataron o se suicidó (1939). Pero Gualberto Villarroel, otro gobernante nacionalista, fue colgado de un farol de La Paz (1946). El asesinato de Jorge Eliécer Gaitán (1948) abrió de par en par las puertas del infierno colombiano. En Venezuela, el asesinato del coronel Carlos Delgado Chalbaud (1950), presidente de un triunvirato militar, allanó el camino de Marcos Pérez Jiménez, militar al servicio de los yanquis y de las compañías petroleras.

La apuesta imperialista creció en Panamá cuando el presidente José Antonio Remón murió a tiros en un hipódromo de la capital (1955). ¿Y quién ordenó el asesinato de Carlos Castillo Armas, dictador de Guatemala (1957)? En República Dominicana, Rafael Leónidas Trujillo dejó de ser funcional al imperio y un comando de "disidentes" le hizo conocer al tirano las generales de la ley (1961). René Barrientos, dictador de Bolivia y asesino del Che, murió en un accidente aéreo poco aclarado (1969).

Sólo en Cuba, donde impera el principio de "la nación en armas" (tan caro a países como Suiza o Israel), Fidel Castro pudo sortear centenares de atentados. Suerte que no tuvo Salvador Allende. Suicidado o no, Allende vivió para Chile y murió combatiendo al imperialismo en defensa de la Constitución (1973).

Ex presidentes y líderes del pueblo, como los generales Juan José Torres y Juan Carlos Prats, de Bolivia y Chile, o políticos como el uruguayo Zelmar Michelini (1976) y el boliviano Marcelo Quiroga Santa Cruz (1980) murieron en el marco de la Operación Cóndor, dirigida por Augusto Pinochet y la CIA.

El avión de Jaime Roldós, presidente de Ecuador, y el helicóptero del panameño Omar Torrijos estallaron en el aire (1981). Casualmente ambos estaban señalados en el documento Santa Fe I, redactado por los asesores de Ronald Reagan. El Santa Fe IV señala a Hugo Chávez.

América para los americanos. A inicios de la Segunda Guerra Mundial, el 27 de octubre de 1940, el general estadunidense Robert E. Word declaró que no se iban a tolerar "gobiernos hostiles a Estados Unidos". Seis décadas después, el general James Woolsey, ex director de la CIA, dijo: "... ingresamos en la cuarta guerra mundial... Estados Unidos está en marcha... queremos que estén nerviosos"(Clarín, Buenos Aires, 6 de abril de 2003).

¿Quiénes estarán "nerviosos"? Cantaba Alfredo Zitarrosa, conocido filósofo uruguayo:

No hay cosa más sin apuro
que un pueblo haciendo la historia
no lo seduce la gloria
ni se imagina el futuro
marcha con paso seguro
calculando cada paso
y lo que parece atraso
suele transformarlo pronto
en cosas que para el tonto
son causa de su retraso.
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