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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


EL METAL DEL DIABLO

<hr><h2><u>EL METAL DEL DIABLO</h2></u> No para dar por pensado,
sino para dar en qué pensar


Agenda de Reflexión Número 243, Año III
Buenos Aires, martes 21 de diciembre de 2004

El 21 de diciembre de 1942, a las 10 de la mañana, los soldados abrieron fuego contra la multitud con ametralladoras, un mortero de campaña y fusiles. Los 8.000 trabajadores huelguistas de las minas de estaño de Simón Patiño en Catavi, Bolivia, acompañados por sus esposas e hijos, no tenían ningún refugio disponible. El fuego continuó hasta las 3 de la tarde. Nunca se supo cuántos mineros, mujeres y niños murieron ese día. Oficialmente se dijo que hubo 19 muertos y 40 heridos. Sin embargo, un testigo ocular aseguró que más de 40 cadáveres fueron acarreados en camiones. Y un oficial que estuvo en el sitio declaró que por lo menos 400 muertos fueron enterrados precipitadamente ese mismo día en un cementerio cercano, adoptándose precauciones para que no se pudieran contar las bajas. Los gastos de ataúdes y de entierros corrieron generosamente por parte de la Empresa con sede en Wall Street, lo mismo que cigarrillos para la tropa y whisky para los oficiales. No se informó que uno solo de los soldados hubiera sido herido o muerto durante la acción. Los dirigentes del Sindicato de Oficios Varios de Catavi que organizaron la huelga por un aumento salarial del 100% fueron a la cárcel, y luego enviados a diversos campos de concentración en las selvas del Beni, infestados de enfermedades y distantes de la civilización.

La masacre de Catavi marca la culminación de un programa sanguinario de la trilogía de los Barones del estaño -el propio Simón Patiño, Carlos Aramayo y Mauricio Hochschild-, estratégicamente pensado y aplicado con el nihil obstat del embajador norteamericano, como corolario de una muy antigua aunque todavía vigente tesis económica: matar para obtener bajos costos. Los grandes capitalistas de la minería sostenían que pagaban los salarios más altos de Bolivia, pero eso era muy relativo: efectivamente, eran los más altos en el país de los salarios más bajos del mundo. A la inversa, las utilidades de la Patiño Mines eran en valores absolutos las más altas del mundo. Estas utilidades se fundaban en la desnutrición, la silicosis, la mortalidad infantil, el hacinamiento en chiqueros y cuevas con nombre de viviendas y un salario máximo que no llegaba ni a 20 dólares mensuales.

Simón Patiño, por fin, accedió a otorgar un aumento póstumo a los obreros de sus minas del 15%, considerando sin duda que el 85 % restante ya estaba balanceado con plomo. Este recurso sirvió para hacer firmar a los trabajadores mineros sobrevivientes de Catavi una protesta, publicada por la Empresa en un aviso de toda una página, en la que declaraban "no estar conformes con el pedido del aumento de un 100%" y manifestándose "agradecidos por el aumento del 15%".

Solamente el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) se exaltó de indignación y denunció escandalizado esa inmensa vergüenza nacional. La atrocidad de matar por orden ajena en servicio del dinero y la utilización del ejército como cuerpo mercenario contra el pueblo trabajador, incubó entonces la protesta en las jóvenes jerarquías militares. Los sanos oficiales de la reciente guerra en los esteros del Chaco encontraron entonces más afinidad política con el MNR: un año después, el 20 de diciembre de 1943, un pronunciamiento militar revolucionario puso en el poder a la Logia RADEPA -Razón de Patria- y al teniente coronel Gualberto Villarroel, quien después de tremendos errores, rigideces, ambigüedades e indecisiones, terminó asesinado en forma infame y colgado de un farol de la plaza de La Paz en julio de 1946 por el imperialismo, "la Rosca" oligárquica y la masonería. Pero seis años después, en abril de 1952, el pueblo de La Paz se levantó en una sublevación popular después de tres días de combate contra ese mismo ejército oligárquico para recuperar el gobierno para el MNR en la persona del exiliado Víctor Paz Estenssoro.

Augusto Céspedes (Cochabamba 1904 - La Paz 1998)
ha vivido dominado por la pasión política, una pasión nacionalista con dimensión latinoamericana, y la literatura como actividad estética ha terminado despareciendo de su vida. Periodista, diputado, fundador del MNR, embajador, primer escritor de la Bolivia contemporánea, sus fantásticos libros Sangre de mestizos, El presidente colgado y Metal del diablo son verdaderos clásicos revolucionarios de Nuestra América.
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1 comentario

MANFREDO KERN -

desde que BOLIVIA se independizo e hizo
vida INDEPENDIENTE de lo que fue anti- guamente el ALTO PERU, jamas tuvo "LUMINARIAS" para guiarla hacia un
destino diafano,recto y seguro por des-
gracia.- prueba de ello son hasta el
dia de hoy aprox. 32 dictadores, zatrapas etc. etc. en los puestos de
mando ( DAZA como triste ejemplo ) HOY
SE ESTA PAGANDO LAS CONSEQUENCIA DE AQUELLO !!! ES UNA LASTIMA OJALA QUE
DIOS LE TENGA UN RUMBO DIAFANO Y SEGURO
EN SU FUTURO ATTE. patiperrodeldesierto
@gmail.com
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