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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


SANDINO, 70 AÑOS

<hr><h2><u>SANDINO, 70 AÑOS</h2></u> Por José Steinsleger

La Jornada
- México D.F. Febrero de 2004

Ante la Fundación Woodrow Wilson (Washington), el presidente Franklin D. Roosevelt dijo en 1933: "... si yo estuviera empeñado, en calidad de ciudadano de alguna otra república americana, en una campaña política, quizás me sintiera fuertemente tentado de jugar con los temores de mis compatriotas de esa república, acusando a los Estados Unidos de Norteamérica de alguna forma de deseo imperialista de egoísta engrandecimiento..."

Transmitida por radio a los delegados de la Conferencia Panamericana de Montevideo, la "política del Buen Vecino" cautivó a los gobiernos latinoamericanos. Glosando palabras del presidente Wilson (1913), Roosevelt añadió: "La comprensión debe constituir el suelo en el que habrán de crecer todos los frutos de la amistad".

Días después, el aviador estadunidense Earle V. Kingsley habló en Managua con el embajador Arthur Bliss Lane acerca de tratos del primero con Anastasio Somoza, jefe de la Guardia Nacional, con el fin de fletar "un avión para arrojar bombas a los sandinistas". El diplomático contuvo al voluntario, advirtiéndole que desde el primero de enero de aquel año no quedaban soldados extranjeros en el país.

En tanto, el general Augusto César Sandino no sabía qué hacer con la paz. Después de librar seis años de guerra victoriosa contra el ejército más poderoso del mundo (1927-32), el héroe había llegado a un acuerdo con el voluble presidente Juan B. Sacasa, tras cumplir con su palabra de desarmar al "pequeño ejército loco".

Sí. ¿Qué hacer con la paz? Desde México, el dirigente Vicente Lombardo Toledano lo presionó: "... que el general Sandino defina mejor su actitud después de la paz, porque en el mundo americano se duda, y eso no conviene a los intereses generales ni a Sandino en particular". Sin embargo, la Guardia Nacional (organizada por los marines durante la ocupación) continuaba asesinando, persiguiendo, fusilando y quemando las casas de los sandinistas.

Las relaciones de Sandino con la izquierda mexicana eran tortuosas. En junio de 1930, al trascender que el jefe del "Partido Liberal en armas" había conseguido apoyo del gobierno
de Plutarco E. Calles, el Partido Comunista Mexicano (PCM) publicó en El Machete un brulote declarándolo "traidor a la causa del internacionalismo proletario".

En comunicado del 29 de mayo, el PCM dijo: "El guerrillero nicaragüense, al aliarse al gobierno contrarrevolucionario de México, se ha convertido en instrumento del imperialismo yanqui".

Lo curioso es que la intervención de 1927 obedecía, justamente, a la ayuda que México brindaba a los liberales nicaragüenses que luchaban contra Adolfo Díaz, títere conservador de Estados Unidos, quien declaró que la intervención estaba justificada porque "... Nicaragua es un país débil y pobre que no puede resistir a los invasores y agentes del bolchevismo mexicano".

Consciente de los riesgos que corría, Sandino decidió entrevistarse con el presidente Sacasa. El 20 de febrero de 1934 abandonó su cuartel general y partió hacia Managua acompañado de su padre, el escritor Sofonías Salvatierra y los generales Estrada y Umanzor. Los sandinistas cenaron con el presidente y, pasadas las nueve, abandonaron la residencia. Al llegar a las garitas del Campo de Marte, que se encuentra al pie de la casa presidencial, el automóvil de Sandino y su comitiva fue detenido por un oficial de la Guardia y llevado a la cárcel del Hormiguero. El presidente Sacasa, enterado por su hija de lo que estaba ocurriendo, habló por teléfono con el embajador de Estados Unidos, quien prometió hacer lo posible "para evitar lo peor".

Del Hormiguero, Sandino, Estrada y Umanzor fueron trasladados en un camión a un sitio de las afueras de la ciudad, llamado La Calavera. La descarga de fuego cruzado mató al "general de hombres libres" y los suyos. Minutos después, en otro lugar de Managua, fue asesinado Sócrates Sandino, hermano mayor. Días más tarde, Somoza arrasó con el pueblo sandinista de Wiwilí. Los cuervos, los perros y los cerdos de los alrededores se dieron un festín de carne humana. El gobierno anunció una amnistía para los sandinistas, con la condición de que se presentaran en la ciudad de Jinotepe "por sus papeles". Los que se confiaron cayeron asesinados.

El presidente Sacasa no levantó la voz contra la matanza. En 1936 Somoza lo echó a patadas del Palacio de Tiscapa y el nuevo "paladín de la democracia" se hizo redactar un decreto que le concedió, simultáneamente, la Cruz del Valor, la Medalla de Distinción y la Medalla Presidencial al Mérito. El 21 de septiembre de 1956, tras el ajusticiamiento de Somoza por el poeta Rigoberto López Pérez, el presidente Dwight Eisenhower manifestó: "La nación y yo, personalmente, lamentamos la muerte del presidente Somoza, ocurrida como resultado del cobarde ataque de un asesino". Conviene apuntar que aquel discurso de Roosevelt, anunciando la era de Buena Vecindad, fue pronunciado un 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes.
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