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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


EL PRESIDENTE ALLENDE MUERE MAÑANA

<HR><h2><u>EL PRESIDENTE ALLENDE MUERE MAÑANA</h2></u> Por Ignacio Vidaurrázaga*
Elclarin.cl - viernes, 09 de septiembre de 2005

(a Gastón Vidaurrázaga 1956-1986)

Es 10 de septiembre de 1973, Allende deberá poner en tensión máxima sus condiciones de político avezado. El reloj de la historia marcha acelerado. Si hubo quiebres con lo que esperaba, los tendrá que procesar muy rápidamente. El tiempo termino y estas horas ya pertenecen a la historia.
No es ingenuo respecto a su significación como líder de una época y proyecto. Por ello, supone, y con razón, que exponer su vida y libertad a los golpistas podría significar vejámenes a su dignidad, además de no asegurar de manera alguna su integridad, ni la de los suyos como quedaría demostrado.

Hoy, será un día tenso con múltiples reuniones y consultas. Muchos llamados telefónicos se cruzaran en distintas direcciones. Unos planeando el asalto, otros con la impotencia de saber que vendría y que todos los intentos serían en vano. Allende, sabe que debe decidir cuestiones trascendentales, diversos informes indican que al interior de las FFAA y carabineros hay consolidados movimientos golpistas. ¿Qué hacer? Piensa en Balmaceda, rodeado por una oligarquía que no lo dejaría proseguir. También, recuerda esa frase suya respecto a como saldría de La Moneda.¿Quiénes serán leales y quienes no, en esta, la hora última?

¿Qué sucederá con todos quienes creyeron en él? ¿ Cuánto retrocederá Chile en derechos y justicia social? ¿Qué tiempo deberá transcurrir para un proyecto que represente efectivamente a las grandes mayorías? ¿Tendrá posibilidad en el futuro?

Hace 32 años

El 11 original, fue un día gris. A punta de rockets y balas cambio Chile. Hoy, transcurridos 32 años, aún pena esa fecha como marca a fuego. La memoria a veces es lenta y contradictoria, pero siempre, borbotea imperceptiblemente.

Hoy Allende tendría 97 años. Resulta difícil imaginarlo como abuelo inútil, llevado por otros. Las generaciones que no lo conocieron personalmente, lo aprenden desde los registros que han quedado, lo escuchan arrastrando las eses en ese “compañeros”. El Salvador Allende de Patricio Guzmán, lo repondrá por estas semanas con fuerza como mito gigantesco en la memoria popular. Su apellido coreado por miles todos estos años. También, disputado en el incansable imaginar, sobre lo que haría y no “el compañero Allende” en el Chile de hoy.

Los trabajadores de ayer, hoy viven sobre-endeudados, buscan pega, sueñan con mejores expectativas, tienen débiles organizaciones, se duermen rendidos en las micros y a veces se comunican por celulares. Todo es más privado ahora. Chile cambio, el mundo cambio. Mientras, Allende resuena desde el pasado recordando confiar en las propias fuerzas y que siempre-siempre la política que sirve a los pueblos es un sueño despierto y colectivo...cuando es de verdad.

De Tomas Moro a La Moneda

Es 11 de septiembre de 1973. Todo se cruza en su cabeza mientras atraviesa a gran velocidad Eliodoro Yánez en una comitiva de Ladas 125 azules, vehículos quizás demasiado modestos para un mandatario. Hay una falsa normalidad en las calles de Santiago que él verá desde los vidrios polarizados, de su vehículo de respaldos altos. Este trayecto será el último en su condición de presidente. Una extraña sensación lo invade, piensa con nostalgia en todo lo que tenía por hacer. Haber trabajado tanto para dejar su mandato interrumpido. Ha comenzado a despedirse. Los transeúntes apenas reparan, que están viendo pasar a un hombre que se desplaza a la historia. Parece dormitar tras sus gruesos lentes de carey oscuro, su bigote cano y sus ojos de miope. Todos los recuerdos se agolpan. Esas extensas giras, todas esas humildes casas donde lo recibieron como si ya fuera presidente el 58 y el 64, esas fotos integradas a los álbumes familiares, que a veces más de alguien mostraría años más tarde. A lomo de caballo y caminando, en tren o en lo que fuera, cuando llego a toda la geografía hablando de justicia social y de transformaciones a ese Chile pobre y aún agrario, a ese Chile de injusticias, que volvió a soñar de su mano de caudillo.

La historia, ese libro grandote que acoge a bandidos y a héroes, ya le reserva significativas páginas. Primera experiencia, Chile único, el liderazgo entre los no alineados, el cobre y las 40 medidas, el socialismo con sabor a tinto y empanadas, el movimiento cultural en torno al “proceso”, como dirá arrastrando las eses, desde esa tremenda oratoria cultivada en tantas campañas con la X de allende-vencerá rayada a lo largo de Chile.

Una larga madrugada

Ha dormido poco, no importa, ya llegara el tiempo para descansar. Colaboradores cercanos se reunirán en la casa de Tomás Moro. Salvador Allende evaluara la situación en un circulo de probadas confianzas. Las noticias comenzaran a intranquilizarlo. Hoy, cuando sean las 21:00 p.m., el intendente de Linares informara de movimientos de tropas desde Linares, mientras la Escuadra habrá zarpado desde Valparaíso en el marco de la Operación Unitas. ¿Todos serán espejismos? ¿Mentiras bien urdidas, maniobras de inteligencia, parte de un plan fríamente calculado? Llama a los generales y almirantes responsables y todo esta normal ¿O así, será la normalidad de este día?

Los miembros del GAP estarán acuartelados, habrá guardias esta noche. La Tencha ha retornado de México y ha tenido un breve encuentro familiar con todas sus hijas ¿Será el último?

Pinochet no está ubicable esta madrugada, pero temprano esta mañana, como a la misma hora que usted leerá estas líneas, le aseguró al presidente que todo estaba absolutamente normal, lo mismo dirán los otros.

Crecimos con Allende

Cuando intrigados en 1964 mirábamos esas exis gigantescas y mágicas, de la cual salía un apellido: Allende y además un: Venceremos y el Vote. Eran los tiempos del FRAP en la prehistoria de la UP. Cuando los murales eran resultado del compromiso y no se pagaban a metro de muralla pintada.

Cuando las campañas- esas al menos- eran con muy escasos recursos, y había puerta a puerta, sin temor a las grandes concentraciones. Y nadie contrataba jóvenes desganados en las esquinas, ni llenaba plazas de carteles-bisagras. Y las 40 medidas eran el resumen del programa para todos y cada medida se pintaba en la Escuela Experimental Artística de La Reina.

Como no recordar, cuando Allende escandalizo al Senado que presidía, acompañando desde el norte chileno a los compañeros sobrevivientes del Che, recién caído en Bolivia, para luego viajar con ellos a Cuba.

O verlo llegar en el mercedes benz gris del Senado, a la sede del PS de calle San Martín. Con su chaqueta castellana, la espalda recta y el pecho enhiesto, mientras saludaba con el sombrero a los compañeros de la juventud, que ya lo miraban con respeto... y una distancia crítica...recordarlo en la sala Arauco de viejas butacas rojas saludando al compañero Chicharrita, con el seseo característico.

El 11 era el día

Temprano arribara a La Moneda. Con uno de sus escoltas confirmara que su fusil AKA 47 se encuentra en él deposito del palacio presidencial. Al llegar, las tanquetas de carabineros rodearan palacio y estará izada la bandera chilena con el escudo, emblema presidencial que horas más tarde arderá, como arderá Chile a partir de ese día.

Las noticias estarán confirmadas. Este 11 de septiembre será el día definitivo. Sonaran marchas militares en una cadena de radios. El golpe militar ha comenzado por el reemplazo de los jefes militares leales. Hay que prepararse para la historia. Los mensajes en radio Magallanes, serán improvisados, serenos, visionarios frente al holocausto que se acerca. Mensajes que repetidos 32 años después, todavía recuerdan la tarea de un Chile más justo.

Comienzan los bandos militares. Rendición incondicional. Parece que no conocen con quien tratan estos milicos de mierda. Allí permanecerá con sus leales amigos como cantara muy pronto, Silvio Rodríguez. Médicos, Gaps y periodistas. Además, de algunos detectives y unas pocas mujeres. Los aviones H.H. comprados para la defensa de Chile, bombardean el palacio presidencial, mientras por tierra se movilizan fuerzas de blindados e infantería, Valparaíso estará tomado. Los rockets derrumbaran e incendiaran por dentro el edificio que Toesca proyectara. Será la imagen que recorrerá el mundo, comenzara la desigual batalla. Miguel Enríquez intentara comunicarse: hay que sacar al presidente. Todo es tarde. En barrios, campos y ciudades hombres y mujeres, contienen su rabia, lloran de impotencia, en tanto otros preparan lo imposible: resistir. Este proceso que sorprendió al mundo termina aquí. Comenzará un tiempo que no estaba escrito. La ficción no alcanzara para describir el terror que viene. Los cambios fundacionales de la sociedad chilena serán impuestos a sangre y fuego. Los derechos de los trabajadores, el sueño de un pueblo, ahogado en balas, miedo y torturas.

Allende esta tranquilo, se dispara desde La Moneda y otros puntos. Comienzan los incendios. Rendición no abra, así lo tendrá que consignar la historia. Su muerte, será el legado de este proyecto, que seguramente no midió las fuerzas ni sus correlaciones, pero, que en esa larga marcha constituirá un significativo avance para los más.

Queda poco tiempo. Salvador Allende se escurrirá y quedara finalmente sólo ante la historia en un salón del ala sur. Mañana con 65 años, de casco y utilizando un fusil se quitara la vida. La historia espera su gesto, no tiene otra posibilidad. No saldrá con las manos en alto para ser pisoteado de bruces en la calle Morandé. Ni amenazado por un tanque. No pedirá garantías, porque no cree en sus palabras y dijo una vez que el presidente de Chile... no se rinde mierda.

Culminan meses de espera, de acuartelamientos, de ingenuos preparativos. El tanquetazo del 29 era sólo un tímido ensayo. Ese último desfile del 4 de septiembre frente a ese escenario al costado de La Moneda, será la despedida con este padre, que miraba con ternura y preocupación a ese pueblo de miles, demandando poder popular cuando el fin ya estaba presente. En esos rostros estarán los que seguro serán perseguidos, ejecutados y torturados. Las mujeres que luego desaparecerán por siempre. Ese día la plaza de la Constitución, esas calles serán el escenario de esa última vez. Porque costara volver a reunirse como pueblo, seguro... costara.

Luego, todo será silencio. Sólo silencio.

Comenzará otra época mañana. Miles de personas perderán la vida, otros vivirán escondidos, mientras muchos partirán al exilio. Unos cuantos miles más serán encarcelados, torturados y vejados, varios millones vivirán el miedo. Otros celebraran alborozados y con el tiempo se sonrojaran al comprobar lo que no quisieron ver o escuchar. Porque transcurrido los años será muy difícil justificar tanto terror.

Soldados y bomberos sacaran por la puerta de Morandé 80, en una camilla militar los restos del presidente de Chile. Ira cubierto con un aguayo andino, para ser enterrado sin nombre en Viña del Mar. Luego poco a poco su figura emergerá. Desde sus aciertos y visiones, desde sus errores de hombre digno, desde sus cotidianeidades de hombre común, desde sus ingenuidades de un Chile donde esos militares podían respetar un proyecto popular, que creía tener las fuerzas para vencer todos los mecanismos ideados para frenarlo.

En muchos hogares mañana se prenderán velas, con el cuidado que no se vean desde la calle. Un hombre morirá mañana. Será el primero de muchos hombres y mujeres.

Hace 32 años se dio a la memoria. Hace 32 años se espera verdad y justicia. Hace 32 años que ese proyecto, busca volver a ser presente en las nuevas condiciones.

Es 11 de septiembre de 1973. Es 11 de septiembre de 2005
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*Ignacio Vidaurrázaga Manríquez, periodista
10 de septiembre 1973-2005
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