josé steinsleger
MARCELO QUIROGA SANTA CRUZ (1931-1980)
Por José Steinsleger La Jornada (México D.F.) - Miércoles 20 de julio de 2005
Nada (o casi nada) de la cultura política boliviana sería comprensible sin el aporte de cinco personalidades que le dieron forma y sentido a su realidad nacional: Carlos Montenegro (1904-53), Augusto Céspedes (1904-98), Sergio Almaraz Paz (1928-68), René Zavaleta Mercado (1937-84), y Marcelo Quiroga Santa Cruz.
Los ejes temáticos de sus obras también fueron cinco: nacionalismo, soberanía, antimperialismo, socialismo y defensa de los recursos naturales. Montenegro (Nacionalismo y coloniaje, 1943) y Almaraz Paz (El poder y la caída, 1966) murieron de cáncer a los 40 años. Zavaleta Mercado (Bolivia: crecimiento de la idea nacional, 1965) murió a los 48 de embolia cerebral, y el novelista Augusto Céspedes (Metal del diablo, 1946) murió de viejo.
Distinta fue la suerte de Quiroga Santa Cruz. Pocas semanas después del triunfo de la coalición centro izquierdista liderada por Hernán Siles Suazo, el general Luis García Mesa se alzó contra el gobierno constitucional interino de la presidenta Lidia Gueiler.
El 17 de julio de 1980, en la sede de la Central Obrera Boliviana (COB), Quiroga Santa Cruz resistió arma en mano el intento de secuestro. Bajo el mando del coronel Luis Arce Gómez (narcotraficante, alumno de la CIA y ministro del Interior de García Mesa), el grupo de asalto a la COB asesinó a varios líderes obreros y se llevó al dirigente socialista, herido por una ráfaga de ametralladora. En el cuartel general de Miraflores (La Paz), Quiroga Santa Cruz se convirtió en un "desaparecido" más del terrorismo de Estado patrocinado por Washington, y ejecutado por los regímenes militares del Cono Sur (Operación Cóndor).
En abril pasado, el general José Antonio Gil publicó Con la llanta pinchada, relato novelado que narra los hechos ocurridos en Miraflores. Basado en testimonios de los verdugos, el ex comandante de la séptima división de ejército sostiene que Quiroga Santa Cruz habría sido torturado y descuartizado, siendo sus restos incinerados y esparcidos bajo el asfalto de una avenida aledaña al cuartel general. La avenida lleva nombre sugestivo: Los Leones.
La evolución ideológica de Marcelo Quiroga Santa Cruz es claro ejemplo de que nadie nace políticamente perfecto. Nativo de Cochabamba y educado en el plácido clima familiar de burgueses y terratenientes, el fundador del Partido Socialista Uno (1971) tuvo sus primeras experiencias políticas en las filas de la Falange Socialista Boliviana (FSB, derechista).
En 1962 la Fundación William Faulkner le concedió el premió a la mejor novela iberoamericana, Los deshabitados, escrita a sus 26 años. Sin embargo, la gesta heroica del Che Guevara en Ñancahuzú (1967) fue el cimbronazo ético que cambió el rumbo político del joven que parecía destinado a la politiquería y la cría de caballos, el polo, la literatura y el ballet.
Como diputado de la FSB, Quiroga Santa Cruz entabló el primer juicio de responsabilidades en contra del dictador René Barrientos, por haber facilitado que agentes de la CIA intervenieran en el asesinato del Che (1968).
¿Paradójico? En aquella época existían políticos con sentimientos antimperialistas y patrióticos, capaces de tomar conciencia, aunque esto les representase, como al demandante, la expulsión del parlamento y el confinamiento en una prisión de la selva amazónica.
Caído Barrientos, el gobierno del general Alfredo Ovando Candia nombró a Quiroga Santa Cruz ministro de Minas y Petróleo. El 19 de octubre de 1969 los yacimientos controlados por la Gulf Oil Company fueron nacionalizados, posibilitándose los cambios que conducirían al gobierno nacionalista revolucionario del general Juan José Torres.
Dos libros escritos en el exilio explican los pormenores de su gestión: El saqueo de Bolivia (1972) y Oleocracia o patria (1977). Tras el golpe del general Hugo Bánzer (1971), Quiroga Santa Cruz se exilió en Argentina, donde fue comentarista del diario Noticias (ala revolucionaria del peronismo) y profesor de la Universidad Nacional de Buenos Aires, regida por Rodolfo Puiggrós.
En el exilio mexicano (1975-77), Marcelo vivió tres años en los que combinó su actividad periodística en El Día con la cátedra universitaria en la UNAM. Aquí, la fallecida periodista argentina Elsa Jascalevich preguntó al líder boliviano: ¿cómo se define usted políticamente? Quiroga Santa Cruz respondió: "Lo que he realizado y voy a realizar guardará estricta consecuencia con un objetivo final: la sustitución de un régimen de explotación por otro en el que la justicia social sea posible" (Unomasuno, 04/12/77).
En 1979, con motivo de la tercera edición de El saqueo de Bolivia (Buenos Aires, 1972), Marcelo apuntó en el prólogo: "Siendo costumbre de los escritores dedicar un libro a la persona que inspiró su redacción o en cuyo homenaje se rinde el esfuerzo intelectual, yo quiero que ésta, fruto de una pasión inextinguible por la libertad y la justicia social, le sea dedicada, póstumamente, a los que ya no verán la sociedad liberada de mañana que ellos contribuyeron a organizar con su generosa sangre" .
MARCELO QUIROGA SANTA CRUZ (1931-1980)
Por José Steinsleger La Jornada (México D.F.) - Miércoles 20 de julio de 2005
Nada (o casi nada) de la cultura política boliviana sería comprensible sin el aporte de cinco personalidades que le dieron forma y sentido a su realidad nacional: Carlos Montenegro (1904-53), Augusto Céspedes (1904-98), Sergio Almaraz Paz (1928-68), René Zavaleta Mercado (1937-84), y Marcelo Quiroga Santa Cruz.
Los ejes temáticos de sus obras también fueron cinco: nacionalismo, soberanía, antimperialismo, socialismo y defensa de los recursos naturales. Montenegro (Nacionalismo y coloniaje, 1943) y Almaraz Paz (El poder y la caída, 1966) murieron de cáncer a los 40 años. Zavaleta Mercado (Bolivia: crecimiento de la idea nacional, 1965) murió a los 48 de embolia cerebral, y el novelista Augusto Céspedes (Metal del diablo, 1946) murió de viejo.
Distinta fue la suerte de Quiroga Santa Cruz. Pocas semanas después del triunfo de la coalición centro izquierdista liderada por Hernán Siles Suazo, el general Luis García Mesa se alzó contra el gobierno constitucional interino de la presidenta Lidia Gueiler.
El 17 de julio de 1980, en la sede de la Central Obrera Boliviana (COB), Quiroga Santa Cruz resistió arma en mano el intento de secuestro. Bajo el mando del coronel Luis Arce Gómez (narcotraficante, alumno de la CIA y ministro del Interior de García Mesa), el grupo de asalto a la COB asesinó a varios líderes obreros y se llevó al dirigente socialista, herido por una ráfaga de ametralladora. En el cuartel general de Miraflores (La Paz), Quiroga Santa Cruz se convirtió en un "desaparecido" más del terrorismo de Estado patrocinado por Washington, y ejecutado por los regímenes militares del Cono Sur (Operación Cóndor).
En abril pasado, el general José Antonio Gil publicó Con la llanta pinchada, relato novelado que narra los hechos ocurridos en Miraflores. Basado en testimonios de los verdugos, el ex comandante de la séptima división de ejército sostiene que Quiroga Santa Cruz habría sido torturado y descuartizado, siendo sus restos incinerados y esparcidos bajo el asfalto de una avenida aledaña al cuartel general. La avenida lleva nombre sugestivo: Los Leones.
La evolución ideológica de Marcelo Quiroga Santa Cruz es claro ejemplo de que nadie nace políticamente perfecto. Nativo de Cochabamba y educado en el plácido clima familiar de burgueses y terratenientes, el fundador del Partido Socialista Uno (1971) tuvo sus primeras experiencias políticas en las filas de la Falange Socialista Boliviana (FSB, derechista).
En 1962 la Fundación William Faulkner le concedió el premió a la mejor novela iberoamericana, Los deshabitados, escrita a sus 26 años. Sin embargo, la gesta heroica del Che Guevara en Ñancahuzú (1967) fue el cimbronazo ético que cambió el rumbo político del joven que parecía destinado a la politiquería y la cría de caballos, el polo, la literatura y el ballet.
Como diputado de la FSB, Quiroga Santa Cruz entabló el primer juicio de responsabilidades en contra del dictador René Barrientos, por haber facilitado que agentes de la CIA intervenieran en el asesinato del Che (1968).
¿Paradójico? En aquella época existían políticos con sentimientos antimperialistas y patrióticos, capaces de tomar conciencia, aunque esto les representase, como al demandante, la expulsión del parlamento y el confinamiento en una prisión de la selva amazónica.
Caído Barrientos, el gobierno del general Alfredo Ovando Candia nombró a Quiroga Santa Cruz ministro de Minas y Petróleo. El 19 de octubre de 1969 los yacimientos controlados por la Gulf Oil Company fueron nacionalizados, posibilitándose los cambios que conducirían al gobierno nacionalista revolucionario del general Juan José Torres.
Dos libros escritos en el exilio explican los pormenores de su gestión: El saqueo de Bolivia (1972) y Oleocracia o patria (1977). Tras el golpe del general Hugo Bánzer (1971), Quiroga Santa Cruz se exilió en Argentina, donde fue comentarista del diario Noticias (ala revolucionaria del peronismo) y profesor de la Universidad Nacional de Buenos Aires, regida por Rodolfo Puiggrós.
En el exilio mexicano (1975-77), Marcelo vivió tres años en los que combinó su actividad periodística en El Día con la cátedra universitaria en la UNAM. Aquí, la fallecida periodista argentina Elsa Jascalevich preguntó al líder boliviano: ¿cómo se define usted políticamente? Quiroga Santa Cruz respondió: "Lo que he realizado y voy a realizar guardará estricta consecuencia con un objetivo final: la sustitución de un régimen de explotación por otro en el que la justicia social sea posible" (Unomasuno, 04/12/77).
En 1979, con motivo de la tercera edición de El saqueo de Bolivia (Buenos Aires, 1972), Marcelo apuntó en el prólogo: "Siendo costumbre de los escritores dedicar un libro a la persona que inspiró su redacción o en cuyo homenaje se rinde el esfuerzo intelectual, yo quiero que ésta, fruto de una pasión inextinguible por la libertad y la justicia social, le sea dedicada, póstumamente, a los que ya no verán la sociedad liberada de mañana que ellos contribuyeron a organizar con su generosa sangre" .
EL GUASÓN ATACA DE NUEVO
Por José Steinsleger La Jornada - Miércoles 13 de julio de 2005
¡Dios lo quiere! En las sinagogas de Wall Street el grito de batalla del papa Urbano II (1096) excita a los "cristianos renacidos". En Tel Aviv, el fascismo judío alienta a "... los cuatro ángeles que estaban preparados para la hora, día, mes y año, a fin de matar a la tercera parte de los hombres" (Juan, 10:15). Y entre los mercenarios del Islam resuena el verso del Corán: "... no toméis a los judíos y a los cristianos como amigos. Ellos son amigos los unos de los otros" (VI:51).
¿Se acuerdan cuando el libio Kadafi era malo? Pues ahora es bueno. ¿Se acuerdan cuando Bin Laden era bueno? Pues ahora es malo. Los únicos consecuentes con el mal han sido los terroristas cubanos Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, por esto Washington los premia y abriga con el sol de Miami.
El pensamiento actual rebosa de paradojas. Una de éstas sería el carácter básicamente racionalista de los irracionalismos en boga. El terrorismo de hoy no es ciego. Distingue, estudia y escoge perfectamente el blanco: los deudos de las víctimas y los vastos contingentes sociales que dependen de la CNN, Fox News y la BBC para construir su "opinión".
¿Todos fuimos neoyorquinos, madrileños y hoy londinenses? Puede ser. Pero no fuimos todos colombianos cuando el 7 de febrero de 2003 una bomba mató a 53 civiles y causó 192 heridos en un club de la ciudad de Neiva. El gobierno de Alvaro Uribe, la OEA y el Comando Sur echaron la culpa a la guerrilla. Luego, cuando ya no importaba, la fiscalía, la policía y una veintena de expertos en atentados terroristas de Estados Unidos lo pusieron en duda.
Al Qaeda... ¿Secta de alucinados que en las cuevas del Hindustán pueden más que todos los aparatos de inteligencia de las potencias occidentales? Bin Laden... ¿Guasón ciberespacial que aparece y desaparece tras golpear en el lugar exacto y en el momento preciso?
Por Alá y Cristo Jesús... Que del oficio el novelista inglés John Le Carré conoce más, y los sabuesos de Scotland Yard prescinden de las pistas que ofrece el corrido del mexicano Rigoberto Cárdenas: Por cielo, por mar, por tierra/ Osama Bin Laden, te andan buscando/ Bin Laden el terrorista/ que la CIA ha preparado/ este fue el error más grande/ del gobierno americano.
Racionalidad de lo irracional. En la era del terror programado, aviones F-16 persiguen las alfombras mágicas del talibán con teléfono satelital. "¿Guerra santa" entre fundamentalismos? ¡Háganla buena! El "libre mercado" necesita paramilitarizar la guerra y atosigarnos con lenguajes que convierten la propaganda hitlerista en inofensivas peroratas de aldea.
Enhiesto contra las conciencias críticas que resisten la tiranía global, el Grupo de los Ocho va por todo. Mao Tse Tung no dijo que el imperialismo era un "tigre de papel". Dijo que "... los imperialistas son, al mismo tiempo, tigres de papel que se comen a los hombres".
Hay que apurar el paso. En Irak, la resistencia que los medios llaman "insurgencia" dobla el brazo al país destructor de cometas. Europa no quiere ser yanqui. India y China invaden el mundo de mercaderías. Irán construirá 20 centrales nucleares con ayuda de Rusia. Corea del Norte refuerza su poder atómico. Los globalifóbicos están de pinga, el petróleo se acaba y la verborrea liberal se agotó.
Si Washington tuviese su centro de gravedad militar en América Latina, en lugar de Asia central, demos por seguro que los mártires de la brigada Cachazapo (castrista-chavista-zapatista-populista) conseguirían tantos "jonrones" sangrientos como las "células durmientes" de Al Qaeda.
En su edición del 7 de julio pasado, el periódico Clarín de Buenos Aires (favorito de la clase media y con tirada de un millón 200 mil ejemplares diarios) preguntó a sus lectores: ¿cree que las potencias del mundo finalmente lograrán frenar estos ataques terroristas?
En contados minutos, la página web del matutino publicaba las primeras respuestas: sí: mil 174 lectores (7.9 por ciento); no: 13 mil 623 lectores (92.8), que en su mayoría proponían la vía de la negociación. Sólo faltaría otra pregunta: ¿negociar con quién?, ¿con los terroristas, o con los apóstoles del "libre mercado" que lucran caotizando el escenario de la política internacional?
Fruto tóxico de la CIA y del Mossad, Al Qaeda representa al Islam lo que la Fundación Nacional Cubano Americana a los principios de la democracia neoliberal: escuadrones de la muerte dirigidos por el "trío dinámico" Bush-Blair-Sharon, Henry Kissinger (arquitecto del terror), los multihomicidas Donald Rumsfeld y John Negroponte, y el vicepresidente Dick Cheney, chamán de todos los obispos, rabinos, ulemas y ayatolas enfermos de su fe.
En esta deliberada confusión sin parangón histórico, en esta siembra de miedo funcional al poder, la manipulación informativa criminaliza la protesta social a escala mundial. Y después del circo romano y Auschwitz, Guantánamo y Abu-Ghraib preanuncian el destino de quienes fueron elegidos para morir en los nuevos hornos crematorios.
¿RACISTA YO?
Por José SteinslegerLa Jornada - Miércoles 6 de julio de 2005
El día que todos los pueblos y culturas del orbe consigan vivir en relativa paz y justicia social habrá que resolver un par de asuntos espinosos: el racismo y la religión. La Causa Primera lleva el color de la luz. Y la luz es blanca.
La maldición que el viejo Noé echó sobre su hijo Cam después del diluvio hizo que el alcahuete de Sem fuese el bendecido, y Cam el maldecido. Sem se convirtió en padre de todas las "razas caucásicas" y Cam en padre de todas las "razas malditas". Vamos bien: cuatro milenios después, ningún descendiente de Sem admitiría su racismo congénito. Ni siquiera los responsables que la semana pasada montaron en Los Angeles una exposición del faraón egipcio Tutankamón, representado como blanco.
El publicista que recurre a la imagen de una negra para el comercial de jabón que "lava más blanco" cree que no es racista. Tampoco cree serlo el periódico que anteayer apuntó en titular "Advierten aumento de ideas racistas" (en Estados Unidos), y en la página siguiente señaló al líder boliviano Evo Morales como "quechua", sin aclarar si el presidente del país andino es hispano.
En octubre de 2002 la periodista italiana Oriana Fallacci defendió ante un tribunal de París su derecho a "criticar" a los hijos del Islam. "Se multiplican como ratas -dijo-. Quienes critican mi libro ("La rabia y el orgullo") no es porque se hayan convertido al Islam, sino porque no tienen pelotas, son unos castrados", agregó.
Brigitte Bardot, sex symbol de los sesentas y mujer creada en su época por Dios, también niega ser racista. En su Carta abierta a mi Francia perdida (1999), la defensora de las focas se queja del número de inmigrantes musulmanes en Francia, de sus matanzas de corderos y la abundancia de mezquitas en el país "...mientras los campanarios de nuestras iglesias no tañen por falta de curas".
En el white Anglo Saxon protestant globo en que moramos, nadie quiere ser acusado de racista. Con motivo del juicio a Edgar Ray Killen, acusado de asesinar a tres jóvenes antirracistas en 1964, la afrojefa del Departamento de Estado Condoleezza Rice comentó: "más vale tarde que nunca"... Es una esperanza: en 2045 quizá la condenen a ella por el genocidio de su país en Irak y Afganistán.
Inquieta por la historieta mexicana que narra las aventuras de Memín Pinguín, Rice relató que su abuelo debió escapar de su casa a los 13 años, tras un altercado con un "blanco". Un "blanco" que bien pudo estar al servicio del anciano republicano Strom Thurmond (miembro del Ku Klux Klan), así como ella venera hoy al jefe del Senado Trent Lott, partidario de la segregación racial.
El racismo, claro está, también es practicado por la gente "de color". En marzo de 2002 dos afroestadunidenses de San Francisco le rompieron las piernas al nicaragüense Lester Alvarado por parecer árabe, pero lo corriente es que los blancos den golpizas como las que recibió el mexicano Gerardo Pimentel por parecer iraní.
No hay empate. Con excepción de los 100 y 200 metros llanos, el jazz, el son y el box peso pesado, los descendientes de Sem vienen ganando por nocaut. Sin el tráfico de esclavos africanos cazados por los árabes para ser vendidos a ingleses, portugueses y holandeses, otra hubiese sido la historia del "progreso" y Wall Street.
El uso consciente o inconsciente de un cromático adjetivo habla por sí solo: "trabajar como negro", "humor negro", "conciencia negra", "lista negra", "mercado negro", "noche negra", "ver negro", "septiembre negro", "alma negra", "sentimientos negros", "merienda de negros", "nalgas de negra", "sangre negra", "gato negro", "viernes negro", "oveja negra", suma y sigue.
En septiembre de 1997, la aerolínea American Airlines (AA) se disculpó por el contenido de su manual de pilotos, el cual presenta una imagen caricaturesca y despectiva de los latinoamericanos: "Les gusta tomar un trago en el avión antes de despegar, y no es infrecuente que los pasajeros no respeten las reglas y se emborrachen", rezaba el manual.
Años después, un piloto de AA adoptó un tono más amable. En el vuelo Los Angeles-Nueva York del 2 de febrero de 2004, el piloto sugirió a los pasajeros cristianos que alzaran la mano y los invitó a discutir su fe con los no cristianos.
Sin duda Memín Pinguín es una caricatura originada en el racismo larvado de todas las sociedades. Pero Estados Unidos es el campeón del odio racial legalizado: 676 organizaciones, según un estudio del Southern Poverty Law Center realizado en abril de 2002.
Dijo Tom Klamp, ex policía y conductor de un programa de radio en Texas: "¿No es momento ya de que permitamos a nuestra Guardia Nacional, a nuestros militares y a nuestras fuerzas armadas que ocupen las fronteras y les demos permiso de disparar a aquellos que intenten colarse en este país...?" (The Tom Klamp show, Dallas, 07/3/01). El momento ya llegó y, posiblemente, no por culpa de Memín Pinguín.