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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado

unión sudamericana


PETROAMÉRICA

<hr><h2><u>PETROAMÉRICA</h2></u>

Una verdadera opción alternativa


Por Marcelo Colussi
Rebelión
- 2 de Mayo de 2005

'Los Estados Unidos [...] parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias en nombre de la libertad', decía en el año 1829 Simón Bolívar; sus palabras sin dudas eran premonitorias. Hoy, cerca de dos siglos después, vemos cómo esa intuición es una cruda realidad: la unidad regional reclamada por el Libertador en los albores de los nuevos Estados recién independizados de la corona española nunca llegó. Por el contrario, la dispersión -absurda en muy buena medida- en repúblicas separadas con que Latinoamérica vivió desde su formal independencia no ha sido sino una manera de facilitar al país del norte su papel de potencia hegemónica a nivel continental: 'América para los americanos', del Norte, claro está.

La integración sigue esperando, y en ella puede anidar una de las claves del postergado desarrollo para la región. La actual receta de Washington de un área integrada de libre comercio -el proyecto del ALCA- ni es 'integración', ni es 'libre'. Es él, simplemente, un nuevo mecanismo de recolonización tendiente a seguir manteniendo en el tiempo la dependencia y sumisión de Latinoamérica respecto a su vecino del norte. Pero otro tipo de integración es posible. Surge así Petroamérica.

Petróleos de América o Petroamérica es el proyecto de creación de una empresa multinacional que estaría conformada por el conjunto de empresas energéticas estatales de la región latinoamericana y el Caribe: Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), Petróleos de Venezuela (PDVSA), Empresa Nacional de Energía de Argentina (ENARSA), Petróleos de Brasil (Petrobras), Petróleos de Ecuador (Petroecuador), Cupet de Cuba y Petrotrin de Trinidad y Tobago, a las que se adscribirían nuevas refinerías y gasolineras donde se comercializarían los productos refinados en naciones no productoras de hidrocarburos. Este emprendimiento -que controlaría el 11,5 % de las reservas mundiales de crudo y podría influir decisivamente en el mercado mundial de la energía dominado hoy día por pocos oligopolios, estadounidenses en su mayoría- estaría destinado a atender proyectos de inversión que promuevan la integración energética del área, al par que garantizaría el incremento del valor agregado del petróleo crudo y del gas con la producción de subproductos petroquímicos necesarios para impulsar un genuino desarrollo sostenible y no dependiente para toda América Latina y el Caribe.

La idea no es nueva; ya en 1995 los presidentes brasileño Fernando Henrique Cardoso y venezolano Rafael Caldera esbozaron la iniciativa. Fue recientemente el mandatario venezolano Hugo Chávez, al calor del proceso de la Revolución Bolivariana que conduce, quien relanza el proyecto. Debemos 'unir nuestras empresas para no estar compitiendo entre nosotros y que nos sigan dominando' manifestó, propiciando así una integración alternativa a la que propone Washington por medio del ALCA.

Integrarse en lo energético promueve la creación de un bloque que, a partir de la fortaleza política que puede ir ganando, servirá como estímulo para un desarrollo no dependiente y que despliegue una lucha abierta contra la pobreza en que se sume la región. En otros términos: una integración no para el libre comercio sino para la solidaridad entre los pueblos, una integración no para el beneficio de las grandes empresas privadas sino en favor de las poblaciones.

La visión más amplia de la integración energética plantea la racionalización y el aprovechamiento de las otras fuentes de energías renovables, tales como las hídricas, la eólica, el sol, la biomasa, etc. De allí que no se trate sólo de atender proyectos en el área de los hidrocarburos sino del conjunto de posibilidades energéticas, considerando las características y requerimientos de las diversas zonas que serían servidas a través de Petroamérica. Al conservar la energía no renovable para ser utilizada como insumo para atender las zonas urbanas en la producción de alimentos, fertilizantes, medicinas, etc., se estaría impulsando la inversión de capital privado, especialmente el capital nacional y de los distintos Estados, para así generar el necesario estímulo al empleo productivo. Las relaciones con las empresas privadas de la energía -corporaciones transnacionales, la gran mayoría con casa matriz en los Estados Unidos- se definirán en cada caso a través de la empresa socia de Petroamérica y de los Ministerios de Energía y Ambiente de los países de la región.

Integrarse, unirse -vaya novedad- es saludable; hoy día asistimos a un creciente proceso de integraciones en los ámbitos políticos y económicos: grandes empresas que se fusionan, países que establecen bloques, continentes enteros que se fortalecen por medio de uniones. En definitiva ése era el sueño bolivariano: la creación de una patria grande entre todos los países liberados de la corona hispánica, única garantía para crecer con solidez. El sueño no pudo realizarse hasta ahora, pero la actual Revolución Bolivariana que está teniendo lugar en Venezuela -proceso popular, genuinamente democrático, con amplia participación de los sectores sociales postergados por años- tiene como uno de sus principios primeros la integración latinoamericana, vía para el crecimiento sostenible y equitativo. 'La República promoverá y favorecerá la integración latinoamericana y caribeña, en aras de avanzar hacia una comunidad de naciones, defendiendo los intereses económicos, sociales, culturales, políticos y ambientales de la región. La República podrá suscribir tratados internacionales que conjuguen y coordinen esfuerzos para promover el desarrollo común de nuestras naciones, y que garanticen el bienestar de los pueblos y la seguridad colectiva de los habitantes', dice el Artículo 153, Sección V, Capítulo I, Título IV de su Constitución de 1999.

En esa lógica de integración solidaria, entonces, se inscribe la creación de Petroamérica. El desafío está abierto; los latinoamericanos (e incluso los no latinoamericanos) que apostamos por este camino, por la vía de la solidaridad y de la equidad, tenemos así un interesante trabajo por delante.


SURGIMIENTO Y DESAPARICIÓN DE LA GRAN COLOMBIA

<hr><u><h2>SURGIMIENTO Y DESAPARICIÓN DE LA GRAN COLOMBIA</h2></u>

(1819 - 1830) - UNA VISIÓN ALTERNATIVA



En conmemoración de los aniversarios 185° de la creación de la República de Colombia y 174° de la muerte de su Padre Fundador El Libertador, Simón Bolívar



Por Fermín Toro Jiménez - Embajador Representante Permanente de la República Bolivariana de Venezuela ante Naciones Unidas (ONU).

SEGUNDA PARTE



La República de Colombia, con vocación y tendencia democrática, nace en los confines el Imperio británico como un desafío a la hegemonía anglosajona y un obstáculo a su libre expansión. Aparece de pronto como único actor internacional interlocutor, en una periferia mundial excluyendo los Estados Unidos donde todo era sumisión, miseria y resignación para los pueblos de Asia, América y África. Esta edificación política, a los ojos británicos no era cosa de tomar a la ligera; nació fraguada a sangre y fuego por una élite cívico-militar basada en los propios recursos y auxilios de venezolanos y neogranadinos, probada en la guerra y en los quehaceres de la administración del Estado; sus bases eran sólidas y sus potencialidades de crecimiento auspiciosas. La base económica fuente de sustento y prosperidad de un Estado, consistía en la producción agrícola y pecuaria como relaciones y actividades dominantes, y como actividades secundarias la manufacturera artesanal y minera. La población de 4 ó 5 millones de habitantes, se distribuía dispersa sobre un territorio, muy amplio, en parte inexplorado concentrada por la herencia colonial, en islotes establecidos y sólidos de producción y exportación, que necesariamente habrían de ser el punto de partida de su desarrollo económico para formar un mercado nacional; disponía también de costas y accesos fluviales y lacustres que la conectaban al interior y exterior del continente, como el Esequibo al este, el Amazonas al sur, ríos y lagos en el istmo de Panamá, costas marítimas en el Caribe, en el Atlántico y en el Pacífico. Disponía de un ejército de 26.000 hombres en pié de guerra, aguerrido y fogueado en diez años de lucha, acostumbrado a recorrer las mayores distancias y superar obstáculos para culminar en victoria; del poder naval de una marina corsaria con buques modernos, ejerciendo un poder dominante y sin rival en el teatro de operaciones del Caribe, temible, para la todavía incipiente marina de guerra norteamericana, o las marinas españolas o francesa, capaz de liberar el último reducto español en México en San Juan de Ulúa, de asolar el comercio español francés y norteamericano en las Antillas, de llevar a bordo el proyecto de independencia de Cuba, Puerto Rico y hasta de las Filipinas; una organización burocrática cimentada inicialmente en la infraestructura político-administrativa central del Virreinato de la Nueva Granada y las extensiones regionales de ésta, en Quito y en Caracas, que ofrecían un punto de partida necesario y probado desde el siglo XVI para ulterior crecimiento y perfectibilidad. Finalmente, una diplomacia integradora y lúcida con Bolivia, el Perú, Chile, la República de Centro América y México y los proyectos de una Confederación Andina. Una masa o núcleo de poder como ésta, irresistible en América del Sur y del Centro, no podía ser pasado por alto por el Foreign Office. Una vez se le había escapado ya de las manos al Gabinete inglés el brote de identidad nacional colombiana que los primeros legionarios británicos habían tratado de abortar en sus orígenes, en el Palacio de Gobierno de Angostura. Pero ahora la peligrosidad del nuevo ente político debió haber sido percibida como múltiple desde diversas perspectivas.

En primer lugar, era un impedimento al libre acceso de las mercaderías a toda la costa norte de América del Sur, cuyo acceso había que negociar, no imponer en posición de supra-subordinación, como hubiera podido hacerse con la débil y devaluada y dependiente monarquía española, sino de soberanía a soberanía, para suspender o neutralizar las medidas fiscales que había comenzado a legislar el nuevo Estado en beneficio de su autarquía económica y su autodeterminación política. En segundo lugar, la presencia del Estado colombiano en ambas riberas de la desembocadura del Orinoco, en posición dominante frente a Trinidad, no sólo era un impedimento a las aspiraciones británicas sobre el sistema fluvial, también acechaba el dominio inglés sobre Trinidad, de reciente y aún no consolidada posición. En tercer lugar, un gran temor señoreaba en las autoridades británicas de las Antillas ante el destino de la mano de obra esclava en las islas coloniales caribeñas. La insurrección de los esclavos era una amenaza cotidiana que la Revolución en Haití y la libre nación de los esclavos en Tierra Firme no hacía sino incrementar. El hecho de que sobre la costa norte de Suramérica desde el Esequibo hasta los confines de Costa Rica con Panamá existiera un Estado donde se había abolido la esclavitud, constituyó también un factor de peso en los analistas británicos. Al respecto un militar irlandés en tierra venezolana, que pareciera haber sido una contrafigura de Daniel Florencio O’Leary en carta dirigida al Duque de Wellington desde Trinidad, el 1° de agosto de 1829, Jorge D. Flinter, explicaba:

“…Estas fieras de la revolución, no contentas con haber establecido la anarquía, la miseria y la guerra civil entre 17 millones de habitantes - felices y satisfechos bajo el dominio de la España, más felices con mucho que los habitantes de cualquier otra colonia de la Tierra - quisieron en la rabia de la revolución, en la esperanza del pillaje, envolver a españoles, franceses y holandeses, en una ruina común. Su objeto no es, Señor, la libertad, es el robo y la venganza, su objeto es soltar los esclavos contra sus amos y hacer a los pacíficos negros los instrumentos de sus horrendos vicios. ¡Que el cielo evite este golpe! ¡Que la sabiduría del gobierno de S.M interponga una mediación poderosa y oportuna! Aún no es demasiado tarde, pero la dilación está llena de peligros. Si la chispa escondida llega a hacerse llama todas nuestras islas occidentales serán consumidas en el incendio general. Tal, Señor, es el estado de la efervescencia entre los individuos de color que si se agita la cuestión de la emancipación de cualquier modo ahora, llenará de peligros y convertirá a los pacíficos y contentos negros en enemigos implacables, haciendo a todas las Indias Occidentales un teatro de conmoción y derramamiento de sangre. Qué consecuencias espantosas no debemos de consiguiente temer de que se manden deliberadamente emisarios instruidos a Cuba y Puerto Rico, que contienen más de un millón de esclavos, con el objeto de reducirlos a la rebelión con promesas de libertad, los atractivos de la riqueza y la esperanza del rango y el poder…Desgraciadamente, Señor, en todas nuestras colonias, por ejemplo y contagio de la Independencia de América del Sur, un espíritu de subversión e innovación fundado en sistemas visionarios no aplicable a la vida real, se ha posesionado del espíritu público: sus efectos están escritos en (con)colores demasiado permanentes para que puedan borrarse con facilidad. La rabia de la reforma, los pleitos de partido, el conflicto de (en) los intereses y pasiones contradictorias, han producido una tempestad cuyas consecuencias están en nuestra vista”.

En cuarto lugar, la presencia de Colombia en el Caribe Occidental, en el Pacífico y en el istmo de Panamá, era un factor incómodo a las pretensiones inglesas de control sobre las comunicaciones entre o a través del istmo de Panamá hacia y desde el Lejano Oriente, y también sobre las comunicaciones entre el Río San Juan, el Lago de Nicaragua y el golfo de Fonseca. En quinto lugar, lugar la posición de la nueva República en el Caribe Occidental apuntaba también hacia el bastión estratégico de la Gran Bretaña en el Caribe desde el siglo XVII, Jamaica. En sexto lugar se trataba de un Estado protonacional republicano que casi rodeaba de norte a sur la Monarquía absolutista del Brasil, cuyas fronteras no trascendían del río Amazonas, por lo que era motivo de inquietud no sólo para la Corte de los Braganza, sino para el Procónsul británico en Río de Janeiro. En séptimo lugar, el delicado equilibrio de poder en la cuenca del sistema fluvial Río de La Plata, Uruguay, Paraguay y Paraná y la disputa secular entre la Argentina y el Imperio brasileño, manipulado en doble juego por la diplomacia británica, amenazaba de complicarse por la presencia del nuevo factor de poder estatal, no sólo diplomático sino militar. Colombia habría podido alterar la balanza de poder que garantizaba la hegemonía de Inglaterra en la región; por último, la hegemonía colombiana en el Perú y el mecanismo de las alianzas con la República de Centro América, México y Chile era una barrera, al menos potencial, también a la penetración británica en Centro América y en toda la costa occidental de la América Central y del sur y una posición estratégica o dominante en la segunda alternativa de tráfico marítimo en las rutas de la expansión británica en ciernes hacia el Lejano Oriente, el estrecho de Magallanes.

Este universo de peligros, barajado y analizado en Londres después de largo y detenido cocimiento, posiblemente generó la decisión de reconocer a Colombia y de celebrar con ella un Tratado de Amistad y Comercio en 1825 y de iniciar la labor de zapa subterránea, para disolverla en concierto o con la inteligencia benevolente de la diplomacia y la intriga norteamericana, para cuya clase dirigente (la aristocracia esclavista sureña), Colombia era también una entidad política en las proximidades del golfo de México, rival y activa en las costas del azúcar, del tabaco y el algodón desde New Orleáns hasta Charleston, donde la esclavitud vivía uno de sus capítulos más oprobiosos.

La realización del designio británico se puso en práctica durante el reinado de Jorge IV, siendo Primer Ministro el Duque de Wellington y Secretario de Asuntos Exteriores Lord Aberdeen se inició formalmente el 7 de abril de 1829 con una visita a Caracas del Almirante Fleeming. Según José Manuel Restrepo, testigo de excepción de los acontecimientos y autor de “Historia de a Revolución de Colombia”: “…algunos dijeron entonces que había dado buenos consejos a Páez a favor de la Unión colombiana; pero lo cierto es que se declaró enemigo del Gobierno del Libertador; que desde Caracas fue a Valencia repetidas veces a verse con Páez, a quien diera consejos para que llevase a cabo su revolución; que ofreció premios y empleos en la isla de Trinidad a algunos de los mas atrevidos separacionistas; que dio plomo de la fragata inglesa que le había conducido, y ofreció a Páez elementos de guerra para sostenerse en el caso de ser atacado; que activó, en fin, por cuantos medios estuvieron a su alcance la separación de Venezuela.”

A su vez, Rafael María Baralt, también próximo a los acontecimientos y vivos aún muchos de los autores del drama. En su obra “Resumen de la Historia de Venezuela” expone que en diciembre de 1829, “Se hallaba en Caracas el Vicealmirante inglés Sir Carlos Elphistone Fleeming con el designio de hacer un tratado relativo al tráfico de esclavos, según lo supieron personas instruidas en las cosas de Venezuela y que tuvieron con él amistad y trato frecuente. Obvias razones y muy particularmente su conducta desmienten semejante suposición. Sir Carlos no podía creer que le fuese posible concluir con Páez, Jefe del Distrito militar una negociación de tal especie, y que no estaba de viaje para Bogotá, asiento entonces del Gobierno general, lo prueba su misión de muchos meses en Venezuela; de donde regresó a Europa. El porte del Vicealmirante autoriza para decir que su viaje a Costa Firme sólo tuvo por objeto influir en los negocios de aquel país. Viósele allí acalorando los partidos y activando los manejos revolucionarios para derrocar a Bolívar. No de otro modo puede explicarse su contínua asistencia a reuniones públicas, su intimidad con los principales y más fogosos agentes de la revolución de Venezuela, la grande si bien poco costosa generosidad de promesas con que halagaba a muchos y animaba a los mas, sus frecuentes paseos a Valencia para verse con el Jefe Superior, el contínuo navegar de sus buques a las islas vecinas y a varios puntos del continente, buscando noticias o esparciéndolas, y en suma, los ofrecimientos de todo género que hizo a Páez para el caso probable de una guerra con el Libertador.”

De la recepción del Almirante Fleeming en Caracas ofrecida por Páez, Soublette y Vargas, da fe un impreso publicado por el compilador Blanco y Azpúrua y el propio José Rafael Revenga.

Fleeming regresa a Caracas el 29 de septiembre de 1829 acompañado del Gobernador de Trinidad, Lewis Grant. El 29 de noviembre escribe un informe al Conde de Abeerden, donde dice: “...Un gobierno de Venezuela separado permitiría sin duda la libertad de religión: libertad de culto (en español en el texto); eliminaría el monopolio del tabaco y dejaría libre la exportación del ganado; estas dos medidas solas determinarían inmensa demanda de mercancías inglesas, porque las islas consumirían este artículo y el primero caería en manos de nuestros negociantes, de preferencia a cualesquiera otros.”

Comenta Caracciolo Parra Pérez prestigioso historiador contemporáneo venezolano respecto a los documentos anexos al Informe de Fleeming que: “...Vease en segundo lugar que Fleeming, temiendo la monarquía orleanista, aboga porque Venezuela se constituya en república separada independiente, lo cual, por otra parte, considera convenir mucho a los intereses comerciales de Inglaterra...”.

Por último la participación activa del Almirante en el movimiento separatista promovida por la naciente oligarquía venezolana se infiere directamente de una comunicación dirigida al General Pedro Briceño Méndez el 25 de noviembre de 1829 donde le dice: “...Ha sido en este momento acordado por la Junta del Convento de San Francisco que Venezuela se separa de hecho de la Nueva Granada y que este pronunciamiento se transmita a S. E. El General Páez, para que convocando los Colegios Electorales, se constituya un congreso. Por este acontecimiento que cambia la existencia política de Colombia en su territorio, es consiguiente que influya en que se suspenda la marcha de los Diputados que se habían nombrado al Congreso Constituyente, y por tanto creo que es de mi deber ponerlo en su conocimiento para lo que convenga en su proyectada marcha. Quedo de Vd. Atento servidor y amigo. C.E. Fleeming.”

Independientemente de estos testimonios y pruebas directas e indirectas convincentes, Cónsules y Agentes consulares extranjeros acreditados en Venezuela así como autoridades de Curazao, corroboran la existencia y magnitud de la conspiración inglesa contra Colombia. En la obra que contiene el resultado de la investigación dirigida por Alberto Filippi, en los archivos europeos sobre “Bolívar y Europa, Vol. I, Siglo XIX” se citan textualmente documentos emanados del Comandante de la Guarnición de Curazao, del Vicecónsul de Holanda en Caracas, del Embajador holandés en Londres, documentos numerados en la Sección Neerlandesa con los números 317a, 317b, 318, 324, 325, 329 y 331 donde los funcionarios respectivos refieren a sus respectivos gobiernos sobre la pública y notoria intromisión de Fleeming en la destrucción de Colombia. Mas tarde el Coronel Belford Hinton Wilson, Encargado de Negocios de S.M.B. en Caracas, informó en 1846 al Foreign Office: “La conducta del Almirante (en 1830) puede interpretarse en el sentido de que fomentó y alentó activamente la revolución... La creencia de que el Almirante Fleeming siguió entonces las instrucciones de su Gobierno es universal en Venezuela”.

El Foreign Office, por su parte en forma elusiva confirmó también en 1846 los hechos al expresar: “No parece necesario ni prudente entrar ahora en una controversia concerniente a lo que sucedió hace diez y seis años".

Al terminar quisiera simplemente recordar que el Libertador, en el ápice de su lucidez escribió a José Manuel Restrepo desde Lima el 7 de marzo de 1825: “El mal de que adolece Colombia, mi querido amigo, no depende de usted ni de mí, ni de nadie, sino de un poder extraño y muy grande de la Inglaterra, si viene a ser nuestra aliada.”

Concluyamos con Francisco Tosta García, conocido hombre público y escritor venezolano de finales del Siglo XIX, quien en 1910, nos narra acontecimientos sucedidos entre los años 1829 y 1831 poniendo en boca de uno de sus personajes novelescos lo que sigue:

“Colombia, señores, no es un delirio chimborázico, ni un mito, ni una quimera; la unión de estas nacientes Republiquetas de la América del Sur para formar una Entidad respetable, es una necesidad y el único medio de conservar nuestra soberanía, a través de los tiempos, no por temor a España, ni a ninguna otra nación europea, sino por salvarnos de caer en el porvenir, en las poderosas garras del águila del norte, en manos de los Estados Unidos de esa nación poderosa y colosal, que será siempre una amenaza para estos países débiles de aquende el Atlántico y el Pacífico”.

Con la muerte del Libertador desaparece casi de inmediato la obra magna del líder y su pueblo: la República de Colombia. A partir de este decisivo, aciago y traumático episodio se abre un prolongado ciclo histórico de retrocesos para los pueblos de Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá, en que paso a paso se impone la presencia en los antiguos territorios de la República extinta de una Oligarquía vernácula, variopinta y circunstancial de mentalidad eurocéntrica antibolivariana, anticolombiana y neocolonial. En los antiguos territorios de la región oriental de la Gran Colombia ella colmará el vacío de una élite política venezolana, dirigente del proceso de autodeterminación, prácticamente devorada en su segmento civil por los estragos de la guerra emancipadora. Este grupo de poder se implanta por casi dos siglos como clase explotadora hegemónica, y como élite política que desarrolla una cultura, una conciencia social y una ideología contrarrevolucionarias, necesarias para mantenerse en el poder y someter al pueblo a la ignorancia, la miseria y la exclusión política por cuenta de los intereses imperiales de la Gran Bretaña, primero y del imperio anglosajón, norteamericano, que asumió el relevo de aquel, a partir de 1908.

No obstante, a Simón Bolívar le sobreviven sus más allegados pares militares de la revolución libertadora: Rafael Urdaneta, Santiago Mariño, Pedro Briceño Méndez, Mariano Montilla, Diego Ibarra, Lino de Clemente. José Laurencio Silva, José de la Cruz Paredes, Bartolomé Salom, José Francisco Bermúdez, Manuel Valdéz, José Tadeo Monagas y José Gregorio Monagas, entre otros, que rinden su vida, sucesivamente, en el transcurso del siglo. Estos, próceres exilados en 1830, de regreso a la patria en 1834, después de haber sido desterrados por los autores del magnicidio de Colombia, como una sola voluntad enarbolan la bandera del restablecimiento de la República de Colombia en su unidad Suramericana. En esta decisión se enfrentan, en combates sucesivos a la Oligarquía recién instalada en el poder de la recién nacida República de Venezuela, en el propósito de reanudar el camino de la Revolución política abortada.

La Revolución de Reformas en 1835, los sucesos del 24 de enero de 1848, en el Congreso, son los momentos luminosos iniciales de esta lucha, falsificados por relatores y tinterillos de la Oligarquía, como pronunciamientos de militares ambiciosos estigmatizados y satanizados como enemigos de la paz social y de las instituciones republicanas, como todo, pretexto para reducirlos al ostracismo político. Desaparecida la generación militar de nuestros Libertadores, sus vástagos bolivarianos han sobrevivido, en sucesivas generaciones a pesar de los efectos paralizantes del culto a Bolívar y otros mitos políticos componentes de una ideología reaccionaria, en espera de un nuevo amanecer, que ha comenzado a despuntar con la Revolución Bolivariana iniciada en 1999."


SURGIMIENTO Y DESAPARICIÓN DE LA GRAN COLOMBIA

<hr><u><h2>SURGIMIENTO Y DESAPARICIÓN DE LA GRAN COLOMBIA</h2></u>

(1819 - 1830) - UNA VISIÓN ALTERNATIVA



En conmemoración de los aniversarios 185° de la creación de la República de Colombia y 174° de la muerte de su Padre Fundador El Libertador, Simón Bolívar



Por Fermín Toro Jiménez - Embajador Representante Permanente de la República Bolivariana de Venezuela ante Naciones Unidas.

PRIMERA PARTE



El proyecto de Monarquía en Colombia fue una amenaza a la autodeterminación popular conquistada a sangre y fuego por los pueblos de la América Hispana, amenaza que fue repudiada explícitamente por el Libertador. Pero la secesión de Venezuela que fue un golpe cierto y mortal, significó simplemente la desaparición misma del Estado nacido de esa autodeterminación popular. A los ojos británicos pareció la vía mas expedita para remover radicalmente el obstáculo de una organización política que, a pesar de sus carencias, de haber sobrevivido habría constituido, independientemente de la forma política adoptada, un centro de poder irrefutable en América del Sur. Este golpe de gracia fue el resultado de una habilidosa diplomacia que al mutilar y disolver la República dejó simultáneamente en reemplazo una constelación de pseudo Estados sin consistencia interna, al garete, excéntricos e inermes, aislados unos de otros, sometidos a un régimen de dependencia y subordinación económica y política sin futuro ni viabilidad política. Retomemos ahora la secuencia de dicha acción diplomática, cuyos perfiles no fueron otros que los de una conjura de lesa patria por parte de quienes la secundaron en Venezuela, lo que hasta ahora ha estado oculto como resultado de una amnesia colectiva inducida por la Historia oficial.

Si desplegamos un mapamundi correspondiente al año 1830, descubriríamos enseguida cómo aparecieron en aparente sincronía dentro del sistema internacional de Estados naciones, varios nuevos Estados, con algunas características similares, ubicados en distintas regiones de la geografía mundial. Grecia, al fondo del Mediterráneo Oriental dentro de los confines del Imperio Otomano y próxima a los Estrechos y a Rusia por el Mar Negro; Bélgica situada frente a las costas británicas, deslindada entre el Canal de la Mancha, los Países Bajos y Francia; la República Oriental del Uruguay entre el Imperio del Brasil, el Paraguay y las Provincias Unidas del Río de la Plata y Venezuela, un inmenso territorio sin límites hacia el Sur, de frente al arco de colonias británicas del Caribe y disociada de la Nueva Granada.

Los rasgos particulares que identificaron por igual los llamados “procesos nacionales” según la Historia Universal eurocéntrica, de formación de Grecia, Bélgica, Uruguay, Ecuador y Venezuela consistieron en la carencia originaria de identidad socio política y de intereses nacionales, lo que todavía perdura en mayor o menor grado, en diversos continentes y latitudes del planeta donde perdurarán los regímenes neocoloniales surgidos de la descolonización de la segunda mitad del Siglo XX.

Estados creados desde afuera por la “benevolencia” de un poder extraño y ajeno a ellos como reflejo de estructuras internacionales, es decir como repúblicas de fachadas requeridas y diseñadas por los intereses imperiales británicos. Reflexionemos por un instante sobre la identidad de un belga, de un griego, de un oriental o uruguayo de un ecuatoriano o de un venezolano en aquel momento y difícilmente podríamos reunir rasgos identificatorios decisivos de una formación político-social específica. A lo sumo podríamos vincular a los griegos con reminiscencias de un pasado clásico conocido en la historia de Esparta y Atenas y sus respectivas civilizaciones de la Antigüedad. Pero nada tenían que ver los griegos de 1830 con ese pretérito como no fuera el testimonio de las ruinas de templos, ágoras y circos entre las cuales apacentaban las cabras de un pueblo pastoril por lo demás reculturizado por siglos de dominación otomana; poco podemos también decir de los belgas a quienes, según su procedencia difícilmente podríamos distinguir de un francés o de un holandés de las regiones aledañas, si recordamos a un uruguayo, todavía hoy nos cuesta algún trabajo distinguirlo de un argentino. Es un hecho conocido en el debate historiográfico uruguayo que una de las tesis o posiciones asumidas se funda todavía con o sin razón en la interrogante si se trata de un Estado viable, en razón de sus orígenes. Si finalmente, nos topáramos con un venezolano de aquel momento y aun de muchos años después, salvo el recuerdo del “ejemplo que Caracas dio” como dice nuestro Himno nacional producto de episodios de guerra civil con rasgos posteriores de insurrección anticolonial, en poco nos diferenciamos de los colombianos de la montaña, de la costa o de los llanos. Si hay algún destello de una primera identidad afirmada desde finales del Siglo XVIII en la Historia vernácula venezolana, correspondería en propiedad a los orientales; los demás eran y fueron, a pesar de su indeclinable voluntad de autodeterminación, virreinales o de rasgos virreinales. Excluimos expresamente a la élite cívico-militar libertadora cuya acción libertadora integró en un solo destello la América del Sur de origen hispánico, alumbrada por la conciencia de sus pueblos en rebelión anticolonial.

Lo que queremos expresar con lo dicho, es que los Estados nombrados no fueron otra cosa, en el momento de su aparición y por mucho tiempo después criaturas del Imperio británico, emanaciones de éste, fachadas cosméticas de un estatuto neocolonial, sin vida propia y con fuerte dependencia del Imperio en grados variables. Si observamos en particular el momento mismo de la creación de los Estados en cuestión veremos que constituyeron cada uno la solución a un nudo de contradicciones diseñadas por el gabinete británico en respuesta a necesidades de seguridad o de propósitos de expansión económica. Grecia aglutinada, débilmente alrededor de la Hetairía, resultó ser un producto de un compromiso político entre los intereses en pugna de Rusia en su expansión hacia el Mediterráneo y su rivalidad consiguiente con el Imperio Otomano, guardián en los Estrechos del acceso al Mar Negro, que resistía a la expansión Rusa a pesar de su descomposición interna desde el siglo XVIII, y los intereses imperiales ingleses en el Mediterráneo Oriental que desde sus bases en las islas jónicas rivalizan con Rusia y utilizan el respaldo a la Sublime Puerta para frenar las intereses del imperio moscovita. Es una resultante también de la expansión del Imperio de los Habsburgo y sus intereses danubianos en contraposición a Rusia y al Imperio Otomano y de la reaparición de Francia como potencia mediterránea a partir de 1818, generalmente subordinada a las decisiones inglesas. El desenlace de las contradicciones, el reconocimiento del movimiento filohelénico por Canning en 1825, el tratado franco-anglo-ruso de 6 de julio de 1827, la derrota de la flota otomana en Navarino en 1827 y la paz de Adrianópolis en 1829, fueron los hilos que condujeron al surgimiento de un Estado griego tutelado por la Gran Bretaña y dotado como tal de un gobernante escogido por la Casa real inglesa, una tajada territorial arrancada al Imperio Otomano y una pieza política inglesa en el Mediterráneo Oriental para mantener el control sobre los Estrechos y cerrar el paso a las pretensiones rusas de acceso y dominio del Mediterráneo.

Si atendemos el caso de Bélgica, arribaríamos a una conclusión parecida. La insurrección belga de 25 de agosto de 1830, de por si insuficiente para triunfar sin apoyo externo, desató otro mundo de contradicciones entre Francia, Inglaterra, los Países Bajos y Rusia principalmente, que fué la primera fractura del estatuto territorial establecido en 1815. Contradicciones entre los Países Bajos y quienes habían formado parte de éstos en el pasado; entre Francia, pescando en río revuelto por el engrandecimiento territorial con la posible incorporación de las regiones francesas de Bélgica y la Gran Bretaña que veía amenazada su flanco de seguridad por las aspiraciones francesas sobre la costa de Flandes; finalmente contradicciones entre Rusia como potencia legitimista defensora del statu quo postnapoleónico, Francia e Inglaterra. La salida al conflicto, fue también diseño británico a saber: la independencia de Bélgica un régimen de neutralidad y un príncipe propuesto por los británicos como soberano del nuevo Estado: Leopoldo de Sajonia-Coburgo.

Si nos trasladamos al Río de la Plata el escenario de la guerra entre el Imperio brasileño y las Provincias del Río de la Plata por la Banda Oriental desde 1825 hasta 1828, prolongaba el viejo conflicto territorial entre los antecesores, Imperios coloniales español y portugués en América del Sur. El conflicto termina con la Convención Preliminar de Paz de 27 de agosto de 1828 de donde emerge prácticamente por arte de magia la República Oriental del Uruguay como Estado tapón entre el Imperio del Brasil y las Provincias argentinas. La acción decisiva en este parto político a pesar de la figura el liderazgo y la huella del prócer de José Gervasio Artigas y quienes lo secundaron, fué la intervención británica a través de la mediación de Lord Ponsonby. El mundo de las contradicciones entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Imperio brasileño entre aquellas y éste y el movimiento de José Gervasio Artigas y los intereses ingleses tras y uno otro bando, concurrieron a la construcción del nuevo Estado, que al momento era difícil diferenciar de una provincia argentina.

Por último volvemos la mirada a la aparición de la República de Venezuela por la secesión de la clase dirigente venezolana y la consiguiente disolución de la República de Colombia. La fragmentación y extinción de Colombia, así como la creación de Venezuela fueron también obra británica. En esta acción política y diplomática también tuvieron una importante participación los Estados Unidos de América en su doble condición de aliados y simultáneamente de rivales de Inglaterra. En este caso los hechos se produjeron igualmente como una salida a un complejo de contradicciones inextricables. Dentro de ellas, entre otras, mencionamos los conflictos entre las nacientes oligarquías venezolana y neogranadina, el antagonismo comercial y político entre Inglaterra y los Estados Unidos; el conflicto potencial entre las posesiones coloniales británicas en el Caribe, Colombia y las iniciativas del gobierno francés bajo la restauración que renacía de las guerras napoleónicas, que después para disputar a Alivión, territorios y pueblos de ultramar. Sin embargo, la ejecución del plan de desmembración de Colombia fue exclusivamente británico; la forma que adoptó fué una conspiración cuyo actor principal fue el Almirante Charles Elphistone Fleeming, nacido en 1774 y fallecido en 1840, Jefe de la Estación naval británica en las Antillas y miembro del Parlamento y su esposa de nacionalidad española Catalina Paulina Alessandro. Sus cómplices internos no fueron otra cosa que un cenáculo minúsculo de personajes civiles y militares de Caracas y Valencia, ajenos a toda voluntad popular motivados por el líder visible de los conspiradores, General José Antonio Páez, enemigo jurado del Libertador y de Colombia, seducido y financiado por sus “amigos” ingleses. Es necesario colocar este complot en el centro de nuestra historia como bisagra que explica el surgimiento de Venezuela como Estado en 1830 y como instrumento de demolición de Colombia a fin de no seguir escamoteando la verdad y falsificando nuestros orígenes como Estado. La dinámica de esta confabulación que se desarrolló entre 1829 y 1830 concluyó exitosamente.

Las instrucciones vinieron seguramente de Londres donde se analizó la situación de Colombia y se tomaron las decisiones pertinentes. Si nos situáramos en Londres como observadores y tratáramos por un momento de ponernos, como se dice, en los zapatos de los autores y ejecutores de la política exterior británica, no nos habrían inquietado al principio las informaciones ambiguas y contradictorias recibidas a diario, sobre la creación de un nuevo Estado en Angostura a fines de 1819, consolidado en 1821 en Cúcuta, que pretendía abarcar las cabeceras; fachada norte de América del Sur, ya que su supervivencia dependía al momento de la suerte de las victorias y reveses en que se debatían las armas republicanas, que tarde o temprano tendrían que enfrentarse al poderoso baluarte realista del Perú.

Pero una vez que el correo de ultramar informó del postrero clarín español en América en diciembre de 1824 y la creación de la República de Bolivia en agosto del año siguiente, serios motivos de inquietud deben haber aparecido para el futuro del Imperio. En un vasto territorio asolado por las guerras de independencia y dividido por facciones, se irguió de pronto como una arquitectura política de dimensiones colosales (si atendemos a la medida de los Estados que existían para la fecha, incluidos los Estados Unidos) que alteraba el equilibrio universal. La República de Colombia, como Estado protonacional, representó una eclosión política natural, contemporánea paralela y sincrónica al ascenso de las nacionalidades en Italia, en Polonia, en las posesiones desintegradas del Imperio Otomano en los Balcanes y en los Países Bajos austriacos, dolor de cabeza para las testas coronadas del absolutismo europeo, recién restauradas unas o reforzadas otras por la restauración. El Gabinete Inglés no podía enjuiciar en lo adelante, con la misma displicencia calculada que había demostrado un Canning ante los verdugos de la Santa Alianza, cuando lo invitaban a la represión de los movimientos nacionales en el continente europeo.


ENARSA-PDV

ENERGÍA PARA LA PATRIA GRANDE



Por Federico Bernal

Por supuesto que hay cosas por corregir, cambiar y hasta eliminar en torno a ENARSA, la ley de hidrocarburos y demás. El directorio de la empresa nacional no es de lo mejor. Muchos de sus miembros son retrógrados respecto al papel del Estado; despotrican contra YPF la misma batería de argumentos privatizadores, etc. Asimismo la ley de hidrocarburos no se cumple y se está a las puertas de una modificación absolutamente perjudicial a los intereses del país.

Más allá de esas fallas, por cierto siempre presentes en aquellos momentos de gestación o inicio de grandes proyectos, donde además el imperialismo se juega cartas y billetes fundamentales, ENARSA se ha materializado en un germen de acción revolucionaria, nacional y popular concreta. En 1922, Mosconi y la YPF SE comenzaron con muchísimas dificultades y hasta planteos erróneos (empresa de capitales mixtos, idea primigenia de Mosconi). A él le llevó 7 años ganar el mercado interno y decretar el "segundo ayacucho", al quebrar el monopolio de precios fijado por las transnacionales.

ENARSA, con un par de meses de vida, en una Argentina aún económica y políticamente dependiente, trabaja fusionada con PDVSA en pos de una unidad energética clave para la emancipación de la Patria Grande, y señores, ENARSA-PDV ya expende combustible más barato que las restantes compañías.

ENARSA y PDVSA comprará los activos de Shell (cuando en 1920 la Shell estimulaba la creación deYPF como freno a la Standard Oil), pretendiendo alcanzar el 17% del mercado argentino. Una estrategia de fusión capitalista entre empresas nacionales para ganar el mercado interno y comenzar con el debilitamiento de las multinacionales extranjeras. Exactamente la misma línea de acción que proponía Mosconi, quien por supuesto carecía de un Chávez y de una PDVSA. Llamativamente, Kirchner e Yrigoyen son semejantes en la madurez de su política exterior. La diferencia la plantea Venezuela, ahora hilo conductor de la integración petrolera y política a nivel regional.

La experiencia histórica, plagada de infinitos ejemplos de igual naturaleza, enseña el camino para el análisis actual de ENARSA. Desconocerlos, ignorarlos es traicionar la acción política nacional y revolucionaria más importante de este gobierno, quizás la única que le permitan o se permita concretar.

ENARSA y PDVSA, fusión y realidad para celebrar, emocionarse y apoyar incondicionalmente. Ante estos hechos irrefutables, las críticas contra ENARSA, contra su composición accionaria, su directorio, etc. no pueden sino ser calificadas de nacionalismo de operata, centradas en particularidades que tapan el bosque, por otro lado carentes de una visión estratégica nacional latinoamericana de conjunto.

Prensa - Causa Popular

Federico Bernal
es autor de una importante obra de investigación sobre la historia de YPF y el petróleo de próxima publicación.


HUGO CHÁVEZ EN ARGENTINA

<hr><h2><u>HUGO CHÁVEZ EN ARGENTINA </h2></u>

"Estamos en el camino de la integración del sur"



La Jornada

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y su par de Argentina, Néstor Kirchner, llamaron hoy aquí a profundizar la unidad de América del Sur luego de firmar acuerdos de cooperación e intercambio, entre ellos la alianza de la recientemente creada Empresa de Energía (Enarsa) argentina y la petrolera venezolana PDVSA, además de consolidar el proyecto de la regional Televisora del Sur (Telesur).

El presidente Chávez, quien inició ayer por la tarde una visita de 24 horas a Argentina, declaró previamente a este periódico que las relaciones argentino-venezolanas son "excelentes", y que los avances en las mismas fortalecen el proceso de integración "que es cada vez más profundo".

"Que no se equivoquen algunos que intentan impedirlo", dijo al destacar la acción latinoamericana para advertir a Estados Unidos que no interviniera en el reciente conflicto colombo-venezolano y el papel desempeñado por el presidente de Cuba, Fidel Castro, como mediador.
"Estamos en el camino de la integración del sur y está llegando el momento de decir y hacer", dijo Chávez, quien consideró que los países latinoamericanos están ya conscientes del "inmenso daño que provocó el proyecto neoliberal impuesto".

También destacó que Venezuela nunca había tenido tanta presencia en Argentina y en el Cono Sur como ahora, especialmente con la firma del acuerdo entre Enarsa y la gigante estatal PDVSA, que ya tiene oficinas en Buenos Aires.

El mandatario venezolano sigue pensando en el proyecto de una gran petrolera sudamericana y latinoamericana que una a las empresas de la región.

Después de la firma de los acuerdos con Kirchner en la Casa Rosada, Chávez habló sobre el Foro Social Mundial de Porto Alegre, al que asistió en días pasados: "Es la posibilidad de reflexionar, de ir abriendo caminos a un mundo alternativo, cuando el imperialismo ha resucitado con toda su furia y salvajismo, no sólo económico sino militar". Pero aunque valoró el debate, insistió en que hay que hacer "más".

"Nos estamos encontrando los latinoamericanos desde hace mucho tiempo, porque habíamos perdido el rumbo", dijo al mencionar el esfuerzo de unidad de Simón Bolívar en el siglo XIX. En este sentido consideró que su visita a Buenos Aires está destinada a "acelerar el proceso (integrador) y convertir palabras en acciones".

En su breve discurso, Chávez destacó la "creatividad y coraje" del gobierno argentino para enfrentar el tema de la deuda externa. "Hemos pagado varias veces la deuda eterna", sostuvo, y reproduciendo palabras de Fidel Castro, agregó que la deuda es "matemáticamente eterna".
Arremetió entonces contra el Fondo Monetario Internacional, "culpable de la gran deuda que pesa" sobre los países de la región, pues "violó las Constituciones de nuestros países en beneficio de sectores minoritarios".

Lanzó la propuesta de crear un club de países deudores para negociar con los organismos financieros, pues "hay países cuyos presupuestos se van casi todos hacia el pago de la deuda", así como crear un "banco del sur" que gestione créditos para el desarrollo.

Asimismo, habló de la necesidad estratégica de lograr una televisión latinoamericana como Telesur, para contrarrestar las manipulaciones informativas de la mayoría de los medios privados, y se mencionó a la cadena estadunidense CNN.

Y en el ámbito internacional abogó por la democratización de Naciones Unidas y el retorno al multilateralismo, al criticar "el poder de veto de los triunfadores de la Segunda Guerra Mundial tantos años después" como un anacronismo insostenible.

Por su parte, el presidente Kirchner consideró que para construir una "estrategia de desarrollo sustentable con inclusión social", hay que "construir una sólida unidad continental".

Al destacar la importancia de los acuerdos firmados y que dan continuidad a los que ya se están ejecutando, como el intercambio de combustible por alimentos, dijo que habrá nuevos rubros dentro de ese intercambio, que servirán "para generar empleo" y reactivar producción local.

Por lo pronto, en los locales Astilleros Río Santiago, paralizados en los 90 durante la ola privatizadora menemista, ya finalizó el arreglo de un buque tanque y hasta el año 2008 se construirán otros cuatro, lo que ha significado la reincorporación de trabajadores a sus tareas. "El Luisa Cáceres fue el primer barco venezolano que se repara en Argentina en 200 años. Antes, todo se mandaba al Norte y era muy caro. Aquí salió muy bien y costó 4 millones de dólares. Barato", comentó más tarde Chávez.

En coincidencia con Chávez, Kirchner sostuvo que hay que buscar el respaldo de la opinión pública al multilateralismo, "que debe ser un instrumento especial" para la defensa de todos los derechos de los pueblos, mientras señaló la responsabilidad de los organismos internacionales en las crisis de la región.

"Necesitamos que nuestros pueblos comprendan y defiendan los cambios para encontrar soluciones propias. Es fundamental encontrar el espacio que nos permita una voz en el mundo", señaló el mandatario peronista.
"La fragmentación y las luchas entre países hermanos han resultado funcionales para que la pobreza y la desigualdad proliferen en nuestro continente", añadió.

Los acuerdos firmados hoy contemplan áreas como la energía, comunicaciones, ganadería, educación y alimentos. Este es el tercer viaje de Chávez a Argentina, donde esta tarde inauguró una estación de servicio fruto de la unión Enarsa-PDVSA (gasolinera), de las 600 previstas en el acuerdo energético.

Ahora se busca lanzar la Televisora del Sur, en la que el gobierno venezolano ya invirtió 3 millones de dólares y donde la participación argentina, con 20 por ciento en la etapa inicial del proyecto, será en la prestación de servicios periodísticos y culturales generados en medios públicos, provinciales y académicos.

Poco antes de inaugurar la gasolinera de Petrosur, Chávez dijo que hay "buenas posibilidades" de que PDVSA adquiera los activos de Shell en Argentina, cuando la compañía angloholandesa está retirando inversiones de la región, para "latinoamericanizar" las inversiones internacionales de esa empresa estatal.

"Tenemos ocho refinerías en Estados Unidos, con 14 mil estaciones de combustible, y estamos subsidiando a (el gobierno de George W.) Bush, con 1.5 millones de barriles diarios de petróleo subsidiado. Eso es colonialismo", explicó este día, cuando desde Washington la Casa Blanca volvió a hablar de su "preocupación" por Chávez.

Esta noche, antes de partir Chávez -quien en varias ocasiones citó al general Juan Domingo Perón, el tres veces presidente argentino- se reunirá con intelectuales, periodistas y movimientos sociales y humanitarios
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DECLARACIÓN DEL CUSCO

<hr><h2><u>DECLARACIÓN DEL CUSCO</h2></u>

III REUNIÓN DE PRESIDENTES DE AMÉRICA DEL SUR



Cuzco (Perú)

13 de diciembre de 2004

Alia2

Los Presidentes de los países de América del Sur reunidos en la ciudad del Cusco en ocasión de la celebración de las gestas libertarias de Junín y Ayacucho y de la convocatoria del Congreso Anfictiónico de Panamá, siguiendo el ejemplo de El Libertador Simón Bolívar, del Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre, del Libertador José de San Martín, de nuestros pueblos y héroes independentistas que construyeron, sin fronteras, la gran Patria Americana e interpretando las aspiraciones y anhelos de sus pueblos a favor de la integración, la unidad y la construcción de un futuro común, hemos decidido conformar la Comunidad Sudamericana de Naciones.

I. La Comunidad Sudamericana de Naciones se conforma teniendo en cuenta:


La historia compartida y solidaria de nuestras naciones, que desde las gestas de la independencia han enfrentado desafíos internos y externos comunes, demuestra que nuestros países poseen potencialidades aún no aprovechadas tanto para utilizar mejor sus aptitudes regionales como para fortalecer las capacidades de negociación y proyección internacionales; El pensamiento político y filosófico nacido de su tradición, que reconociendo la preeminencia del ser humano, de su dignidad y derechos, la pluralidad de pueblos y culturas, ha consolidado una identidad sudamericana compartida y valores comunes, tales como: la democracia, la solidaridad, los derechos humanos, la libertad, la justicia social, el respeto a la integridad territorial, a la diversidad, la no discriminación y la afirmación de su autonomía, la igualdad soberana de los Estados y la solución pacífica de controversias; La convergencia de sus intereses políticos, económicos, sociales, culturales y de seguridad como un factor potencial de fortalecimiento y desarrollo de sus capacidades internas para su mejor inserción internacional; La convicción de que el acceso a mejores niveles de vida de sus pueblos y la promoción del desarrollo económico, no puede reducirse sólo a políticas de crecimiento sostenido de la economía, sino comprender también estrategias que, junto con una conciencia ambiental responsable y el reconocimiento de asimetrías en el desarrollo de sus países, aseguren una más justa y equitativa distribución del ingreso, el acceso a la educación, la cohesión y la inclusión social, así como la preservación del medio ambiente y la promoción del desarrollo sostenible.

En este contexto, el desarrollo de las regiones interiores del espacio sudamericano, contribuirá a profundizar el proyecto comunitario, así como a mejorar la calidad de vida de estas zonas que se encuentran entre las de menor desarrollo relativo. Su compromiso esencial con la lucha contra la pobreza, la eliminación del hambre, la generación de empleo decente y el acceso de todos a la salud y a la educación como herramientas fundamentales para el desarrollo de los pueblos; Su identificación con los valores de la paz y la seguridad internacionales, a partir de la afirmación de la vigencia del derecho internacional y de un multilateralismo renovado y democrático que integre decididamente y de manera eficaz el desarrollo económico y social en la agenda mundial; La común pertenencia a sistemas democráticos de gobierno y a una concepción de la gobernabilidad, sustentada en la participación ciudadana que incremente la transparencia en la conducción de los asuntos públicos y privados, y ejerza el poder con estricto apego al estado de derecho, conforme a las disposiciones de la Carta Democrática Interamericana, en un marco de lucha contra la corrupción en todos los ámbitos; Su determinación de desarrollar un espacio sudamericano integrado en lo político, social, económico, ambiental y de infraestructura, que fortalezca la identidad propia de América del Sur y que contribuya, a partir de una perspectiva subregional y, en articulación con otras experiencias de integración regional, al fortalecimiento de América Latina y el Caribe y le otorgue una mayor gravitación y representación en los foros internacionales.

Nuestra convicción en el sentido que la realización de los valores e intereses compartidos que nos unen, además de comprometer a los Gobiernos, sólo encontrará viabilidad en la medida que los pueblos asuman el rol protagónico que les corresponde en este proceso. La integración sudamericana es y debe ser una integración de los pueblos.

II. El espacio sudamericano integrado se desarrollará y perfeccionará impulsando los siguientes procesos:

La concertación y coordinación política y diplomática que afirme a la región como un factor diferenciado y dinámico en sus relaciones externas. La profundización de la convergencia entre MERCOSUR, la Comunidad Andina y Chile a través del perfeccionamiento de la zona de libre comercio, apoyándose en lo pertinente en la Resolución 59 del XIII Consejo de Ministros de la ALADI del 18 de octubre de 2004, y su evolución a fases superiores de la integración económica, social e institucional. Los Gobiernos de Suriname y Guyana se asociarán a este proceso, sin perjuicio de sus obligaciones bajo el Tratado revisado de Chaguaramas.
La integración física, energética y de comunicaciones en Sudamérica sobre la base de la profundización de las experiencias bilaterales, regionales y subregionales existentes, con la consideración de mecanismos financieros innovadores y las propuestas sectoriales en curso que permitan una mejor realización de inversiones en infraestructura física para la región.
La armonización de políticas que promuevan el desarrollo rural y agroalimentario.
La transferencia de tecnología y de cooperación horizontal en todos los ámbitos de la ciencia, educación y cultura. La creciente interacción entre las empresas y la sociedad civil en la dinámica de integración de este espacio sudamericano, teniendo en cuenta la responsabilidad social empresarial.

III. La Acción de la Comunidad Sudamericana de Naciones:


La Comunidad Sudamericana de Naciones establecerá e implementará progresivamente sus niveles y ámbitos de acción conjunta, promoviendo la convergencia y sobre la base de la institucionalidad existente, evitando la duplicación y superposición de esfuerzos y sin que implique nuevos gastos financieros.
Los Ministros de Relaciones Exteriores elaborarán una propuesta concreta de cursos de acción que considere, entre otros aspectos, las reuniones de Jefes de Estado como instancia máxima de conducción política y de Cancilleres como ámbito de decisión ejecutiva del proceso. Los Ministros contarán con la cooperación del Presidente del Comité de Representantes Permanentes del MERCOSUR, del Director de la Secretaría del MERCOSUR, del Secretario General de la Comunidad Andina, del Secretario General de la ALADI, y de la Secretaría Permanente de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica, así como de otros esquemas de cooperación e integración subregional. Las reuniones de Jefes de Estado y de Cancilleres sustituirán a las denominadas Cumbres Sudamericanas.
El Gobierno del Perú ejercerá la Secretaría Pro Témpore hasta la realización de la Primera Reunión de Jefes de Estado de la Comunidad Sudamericana de Naciones, que se realizará en Brasil en el año 2005. La Segunda Reunión se realizará en Bolivia.

Firmado en la ciudad del Cusco, a los ocho días del mes de diciembre del año 2004.

Presidentes de la República del Perú, República de Argentina, República de Bolivia, República Federativa del Brasil, República de Chile, República de Colombia, República de Ecuador, República Cooperativa de Guyana, República de Paraguay, República de Suriname, República Oriental del Uruguay y República Bolivariana de Venezuela
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