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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado

unión sudamericana


NACIMIENTO DE LA UNIÓN SURAMERICANA

<hr><h2><u>NACIMIENTO DE LA UNIÓN SURAMERICANA</h2></u> Centro de Estudios Estratégicos Suramericanos

Diciembre de 2004

El Centro de Estudios Estratégicos Suramericanos (CEES), creado justamente con el propósito de aportar a la unidad de nuestro continente, celebra y adhiere a este magno e histórico acontecimiento.

Hemos sostenido que es discreto y acertado comenzar sobre la base del MERCOSUR (Paraguay, Uruguay, Brasil y Argentina) más Chile y la Comunidad Andina (Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela). Esto permitirá que la Unión Suramericana que se intenta tenga posibilidades de fortalecerse y afianzarse. De nada serviría una abstracta convocatoria al conjunto de los países al sur del Río Grande, con tradiciones y problemas específicos, si antes no se consolida y afirma un bloque del Cono Sur, cuya proximidad y experiencias comunes, facilitan la dificultosa tarea de construir una patria común. Coincidimos en la iniciativa de no invitar a esta reunión inaugural a las antiguas Guayanas, cuya situación las convierte, por ahora, en correas de transmisión de las antiguas potencias colonialistas, Francia, Holanda y el Reino Unido.

Será a partir de este núcleo de hierro como podrán irse uniendo los restantes hermanos latinoamericanos y del Caribe bajo condiciones de total independencia.

Nuestros pueblos se han reencontrado, a ciento ochenta años de la gran victoria de Ayacucho, donde combatieran unidos los hijos de cada una de las regiones iberoamericanas, con su destino de unidad continental.

La tarea no será fácil y las dificultades y los enemigos son y serán poderosos.

Pero a partir de este 9 de diciembre podemos repetir con más certeza que nunca los versos de nuestra marcha patriótica:

“Se levanta a la faz de la tierra
una nueva y gloriosa Nación”
.


¿TRATADO DE PAZ Y AMISTAD?

<h2><hr><u>¿TRATADO DE PAZ Y AMISTAD?</h2></u>

CIEN AÑOS DE ENEMISTAD ENTRE BOLIVIA Y CHILE



Por Hernán Uribe (*)

(Especial para ARGENPRESS.info)
(Fecha publicación: 18/10/2004)

El 28 de septiembre pasado cuando fue destituido el cónsul de Chile en La Paz porque dijo que Bolivia podría recuperar el mar perdido faltaban sólo 22 días para que se cumpliera el centenario del tratado que legalizó la segregación de la provincia de Antofagasta conquistada por el ejército chileno en la denominada Guerra del Pacífico que estalló en 1879 y finalizó en 1883.

La destitución de Emilio Ruiz-Tagle, diplomático profesional con rango de embajador, fue quizás la última medida adoptada por la canciller Soledad Alvear que al día siguiente y por otras causas, abandonó el cargo a petición del presidente Ricardo Lagos, quien obviamente es el autor intelectual de lo obrado.

Los dichos de Ruiz-Tagle al semanario boliviano 'La Epoca' provocaron en Chile un alud de protestas y una alharaca en la prensa y círculos políticos conscientes de la fecha, es decir, las vísperas del Tratado de Paz y Amistad Chileno-Boliviano, firmado el 20 de octubre en 1904 y acerca del cual comenzó a reclamar Bolivia tan sólo unas semanas después de que sus plenipotenciarios lo suscribieran.

El desprevenido cónsul tuvo, además, la ingenuidad de sostener que los tratados no son realmente intangibles pues todo se puede modificar si hay aprobación previa, pero esa cuerda afirmación se oponía por completo a la tesis oficial de Santiago que ha venido subrayando, casi con majadería, que los convenios de esa naturaleza no son modificables, son intangibles según el término favorito empleado.

La postura chilena, peligrosa para sus autores por su debilidad, cae de lleno en el área del sofisma, primero porque se estrella con la realidad históricamente comprobada de modificaciones o nulidades con acuerdos de las partes; en segundo plano- y de igual importancia- en atención que no se discute lo tangible o su contrario, sino el indesmentible hecho de que Bolivia perdió territorio y mar en una guerra en la que fue el agredido.

Lo que Bolivia ha planteado es un nuevo acuerdo con base en los cambios que transcurrido un siglo han experimentado las relaciones internacionales, como asimismo los lazos con naciones vecinas, y por cierto, en consideraciones éticas ya que fue un tratado impuesto al vencido. Por sí o por no, Chile debería responder a eso tan concreto y dejar de mano el sofístico recurso de lo intangible.

¿Que ocurrirá ahora cuando Bolivia ha dicho con claridad que Chile no ha cumplido el tratado de marras al privatizar el puerto de Arica utilizado por La Paz en el intercambio internacional de mercancías? El convenio de 1904 obliga a la 'República de Chile' a otorgar facilidades a la 'República de Bolivia' y, naturalmente no contempla para nada a una empresa particular que de inmediato ha subido las tarifas en un 250 por ciento.

El 80% de las exportaciones y el 61% de las importaciones bolivianas transitan por Arica, en tanto que el 60 % del comercio exterior se realiza en ese, el primer puerto geográfico chileno en el norte, a 2000 kilómetros de la capital. Con sobrada razón, pues, La Paz ha anticipado que para zanjar el asunto recurrirá a la Organización de Estados Americanos, OEA (si es que encuentra un secretario general incorrupto , agreguemos), a la Organización Mundial del Comercio (OMC) y , eventualmente, a la Corte Internacional de Justicia.

100 años de enemistad

Aunque un explicable encono y una persistencia boliviana enfilada a recuperar un puerto marítimo han caracterizado el transcurso de ese siglo, ha habido también en ese lapso intentos favorables a una solución y ésta ha sido- y es -respaldada por importantes sectores del pueblo chileno.

El tratado de la discordia- nombre más merecido- no hizo otra cosa que reiterar el traspaso a Chile de Antofagasta que ya se había establecido en el Pacto de Tregua suscrito entre ambas naciones en 1884, un año después de terminada la guerra. Mas, fue un parto difícil y en él Chile utilizó de inicio la táctica de ofrecer a Bolivia una solución y luego, al fracasar ese método la amenaza de la fuerza armada.

Según historiadores chilenos, particularmente Francisco A. Encina surgió la idea de entregar a Bolivia- y así se le hizo saber a sus gobernantes- las provincias de Tacna y de Arica, territorios peruanos ocupados por el ejército chileno durante la guerra y que colindaban con Bolivia. Con referencia explícita al presidente chileno Domingo Santa María que gobernó desde 1881 hasta 1886, Encina apunta: 'El pensamiento de Santa María era también ceder Tacna y Arica a Bolivia, en cambio de compensaciones, si las provincias quedaban en poder de Chile' (1)

Santa María, que no era proclive a las dádivas, propició el entendimiento con Bolivia por poderosas razones geopolíticas: al interponer Tacna y Arica, el límite septentrional de Chile sería Bolivia y no Perú. Desde luego que en La Paz había partidarios de esa solución y en especial -opina Encina- el entonces Vicepresidente, Mariano Baptista (Después presidente en 1892-96).

Sin embargo, aquella posibilidad fracasó porque en el tratado chileno peruano posguerra se estatuyó que la suerte de aquellas zonas fronterizas con Chile serán objeto de un referéndum dentro de diez años. Santiago, por ende, no podía disponer de algo que legalmente no estaba aún en su poder. (El plebiscito nunca se efectuó y en 1929, por otro tratado, el problema se arregló salomónicamente: Perú conservó Tacna y Arica pasó a Chile).Al inicio de las negociaciones pro tregua con Bolivia, intervino descaradamente un enviado de Washington, Charles Adams, quien 'representó a la cancillería boliviana que el arreglo pactado con Chile contrariaba los propósitos del gobierno de Estados Unidos' (2). En los hechos, en esos días Washington 'protegía' a Perú donde tenía intereses económicos.

Frustrada aquella gestión, Chile optó por la fuerza y amenazó con invadir el Altiplano. Sostiene Encina: 'La guerra efectiva entre Chile y Bolivia pareció inminente(...) Lynch (jefe militar en la ocupación de Perú) podía abrir en el acto hostilidades con 15.000 hombres'. Agrega que Bolivia cedió y sus representantes firmaron el documento de 1884 redactado personalmente por Santa María. El tratado de 1904 reitera para Bolivia la perdida de Antofagasta, mar incluido, y en un plano genérico es otro ejemplo del legendario ¡vae victis!.

Luis Galdames, otro historiador chileno expresa que el movimiento reivindicativo por el mar, se manifestó con fuerza en 1919 y que se comenzó a exigir a Chile la
construcción de un puerto en el Pacífico para Bolivia y luego una salida al mar por territorio soberano, puntos que fueron planteados ante la recién creada Liga de las Naciones (3).

Se enfatiza que la historia no se repite, pero podríamos asegurar que en veces si los episodios se parecen muchísimo.

Notas:

1) Encina, Francisco Antonio, Historia de Chile, Santiago, Ercilla, 1984.
2) Encina, obra citada.
3) Galdames, Luis, Estudio de la Historia de Chile, 1925

(*) Periodista chileno.


ESOS DESCONOCIDOS SOLDADOS CHILENOS (Parte 3)

<h2><u><hr>ESOS DESCONOCIDOS SOLDADOS CHILENOS (Parte 3)</h2></u>
Foto: Leonardo Jeffs Castro

El Deber Extra - Santa Cruz - Bolivia, Mayo de 2004

LEONARDO JEFFS CASTRO:
BUSCANDO PUNTOS DE ENCUENTRO ENTRE PAÍSES



Soldados chilenos con uniforme militar de Bolivia y defendiendo el territorio boliviano. No, no es ficción. Ocurrió hace casi 70 años y en la Guerra del Chaco. Éste es un episodio poco conocido de dicho conflicto bélico que, de alguna manera, nos acercó al vecino país, porque tuvo como protagonistas a un centenar de hombres que luego retornaron a Chile con las marcas de un doloroso conflicto, pero con una visión distinta de Bolivia. Otros, los menos, optaron por reiniciar sus vidas por estas tierras


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El historiador chileno Leonardo Jeffs Castro (66 años) visitó por primera vez Bolivia en 1969. Vino a participar de un congreso de profesionales cristianos del Cono Sur. Este viaje fue decisivo para que cambiara la idea que tenía del país y vio la necesidad de establecer vínculos que contribuyan a un acercamiento entre chilenos y bolivianos. “Con esta visita muchos de los prejuicios que yo llevaba se rompieron como por encanto. Me di cuenta de lo interesante que eran Bolivia y su gente. También tomé conciencia de que no podíamos vivir tan distanciados como estábamos. Entonces me hice el propósito de lograr un acercamiento”, explica el docente de la Universidad Católica Raúl Silva Henríquez y de la Universidad de Valparaíso. En la medida en la que fue pasando el tiempo, Jeffs fue conociendo más detalles de la historia de Bolivia y recorrió el país en una veintena de viajes.

Búsqueda. El historiador y pedagogo chileno investiga desde hace más de 30 años la historia de Bolivia y Chile. Tiene escrito un libro sobre Aquiles Vergara Vicuña y estudió la participación de chilenos en la Guerra del Chaco. Contribuyó también a la Fundación del Instituto Chileno Boliviano de Cultura en Antofagasta y a la reactivación del Instituto Chileno Boliviano en Santiago. Jeffs pertenece al grupo de académicos que cree se debe dar una salida satisfactoria a las aspiraciones marítimas de Bolivia. “A raíz de este acercamiento era imprescindible tocar el tema marítimo y junto a un grupo de amigos nos dimos cuenta de que otra gente ya había trabajado en esa línea. Encontramos entonces a Aquiles Vergara Vicuña, investigamos sobre él y empezamos a estudiar su obra”, explica el historiador y agrega que éste fue el primer paso para luego hacer un estudio grupal de la participación chilena en la Guerra del Chaco.

“Todo esto obedece a la búsqueda de lugares de encuentro, porque mucho nos preocupamos de encontrar puntos de desencuentro. La historia es de claroscuros, de encuentros y desencuentros, y hay muchos puntos de acercamiento entre Chile y Bolivia a los que no se les da importancia”, finaliza Jeffs.


ESOS DESCONOCIDOS SOLDADOS CHILENOS (Parte 2)

<h2><hr><u>ESOS DESCONOCIDOS SOLDADOS CHILENOS (Parte 2)</h2></u>
Foto: Aquiles Vergara Vicuña


El Deber Extra - Santa Cruz - Bolivia, Mayo de 2004

Soldados chilenos con uniforme militar de Bolivia y defendiendo el territorio boliviano. No, no es ficción. Ocurrió hace casi 70 años y en la Guerra del Chaco. Éste es un episodio poco conocido de dicho conflicto bélico que, de alguna manera, nos acercó al vecino país, porque tuvo como protagonistas a un centenar de hombres que luego retornaron a Chile con las marcas de un doloroso conflicto, pero con una visión distinta de Bolivia. Otros, los menos, optaron por reiniciar sus vidas por estas tierras


Aquiles Vergara Vicuña y su gran afecto por Bolivia



Se alistó como voluntario en el Ejército boliviano dejando atrás varios años de una activa vida política en su país y convencido de que la causa boliviana en la guerra era más que justa. Con ese mismo convencimiento gestionó ante personeros chilenos el derecho del país a tener una salida marítima. Aquiles Vergara Vicuña dejó testimonio de ello en sus libros, en los que también expresó su apego a Bolivia, donde decidió vivir y pasar los últimos días de su vida.

Vergara Vicuña nació el 12 de junio de 1895 en Viña del Mar. Era nieto del destacado político liberal Benjamín Vicuña Mackena y de José Francisco Vergara Echevers, uno de los ministros de Chile durante la Guerra del Pacífico. Estudió en la Escuela Militar y egresó en 1914 como oficial de artillería. Estuvo en Cuba y España cumpliendo diversas misiones para su país. Estos viajes le permitieron iniciarse en la escritura. En los años 20 dejó la vida militar para dedicarse a la política, donde se desempeñó como diputado del partido Radical y luego fue ministro de Justicia e Instrucción Pública en el Gobierno de Carlos Ibáñez. En 1930, junto a su esposa Anita Petre, visitó por primera vez Bolivia y Perú. De ese viaje dejó testimonio en dos escritos. Luego de un intento frustrado por retornar a la política, decidió abandonarla y se anotó como voluntario para la Guerra del Chaco en 1934.

“Tenía la conciencia de estar viviendo una etapa singular de mi existencia, casi novelesca; había vuelto al ejercicio de la vocación de mi niñez, comenzaba a olvidar las desazones de la incomprensión y de la estulticia turiferaria de ese triste y envilecedor medio político chileno en que, por un concepto recto y puro de patriotismo, había quemado inútilmente mis alas de luchador y la fe en la bondad de los hombres. Me sentía nuevamente sereno y fuerte en un medio que no me pertenecía por cuna, pero al cual me sentía ya ligado por los lazos ideológicos y afectivos que crean y justifican las adopciones. No pedía más”, escribió en “El Caldero del Chaco”.

Ingresó como teniente coronel y no pidió ningún trato excepcional, sino igualitario al de los otros oficiales de su rango. Fue destinado como Comandante de Artillería del Primer Cuerpo de Ejército.

Finalizada la contienda bélica fue invitado por el Estado Mayor del Ejército Boliviano a escribir junto con el teniente coronel peruano, Julio Guerra, una historia del conflicto. Obra que, desde 1936, encararía solo y que empezaría a publicar entre 1940 y 1945. El resultado de ese trabajo fueron siete volúmenes bajo el título de Historia de la Guerra del Chaco. Este trabajo aún sirve de fuente para muchos investigadores, pero también ha sido muy cuestionado por los historiadores Roberto Querejazu y Juan Lechín Suárez.

Radicado con su esposa en Bolivia llegó al cargo de general de brigada sin que hubiese renunciado a su nacionalidad chilena e incursionó en política a finales de los 40. Vergara Vicuña fue también un gran activista por los derechos bolivianos al mar. Hizo gestiones ante políticos chilenos, recibió algunos apoyos, pero también duras críticas de sus paisanos.

Retirado del Ejército boliviano se dedicó a la pintura y a la enseñanza de esgrima. Además, construyó su casa en La Paz haciendo una réplica de un castillo que vio en España y que aún queda al lado del Hospital Obrero de La Paz. Cultivó amistad no sólo con militares, sino también con intelectuales como Raúl Botelho Gonsálvez. Vergara falleció en 1968 a la edad de 73 años.


ESOS DESCONOCIDOS SOLDADOS CHILENOS (Parte 1)

<hr><h2><u>ESOS DESCONOCIDOS SOLDADOS CHILENOS (Parte 1)</h2></u> El Deber Extra - Santa Cruz - Bolivia, Mayo de 2004

Textos: Ricardo Herrera F, Leonardo Jeffs y archivo

Soldados chilenos con uniforme militar de Bolivia y defendiendo el territorio boliviano. No, no es ficción. Ocurrió hace casi 70 años y en la Guerra del Chaco. Éste es un episodio poco conocido de dicho conflicto bélico que, de alguna manera, nos acercó al vecino país, porque tuvo como protagonistas a un centenar de hombres que luego retornaron a Chile con las marcas de un doloroso conflicto, pero con una visión distinta de Bolivia. Otros, los menos, optaron por reiniciar sus vidas por estas tierras


La incorporación de soldados chilenos se concretó en abril de 1934 y los que llegaron al país eran, en su mayoría, militares retirados que fueron contratados por el Gobierno boliviano para engrosar las tropas que en esos años estaban en el frente de batalla. El mayor contingente llegó en mayo de ese año y se fueron incorporando otros hasta principios de 1935. En total sumaron 105 hombres los que ingresaron en las filas bolivianas como oficiales, aunque según el historiador chileno Leonardo Jeffs existió un número mayor de personas que combatieron como soldados o suboficiales de los que no hay datos; sin embargo, Jeffs, que ha dedicado muchos años de estudio al tema, sólo pudo identificar con nombres y apellidos a poco más de un centenar. Datos similares ha recogido el historiador boliviano Ramiro Molina Alanes, que también tiene un trabajo publicado al respecto.

Los soldados provenían de la fuerza aérea y algunos de las fuerzas armadas; otros eran carabineros o civiles. Cinco de los militares que llegaron al país ingresaron con el cargo de teniente coronel. Entre ellos estaba Aquiles Vergara Vicuña, ex militar y político de larga e importante trayectoria en Chile. Vergara Vicuña dejó siete volúmenes y otros escritos sobre la contienda del Chaco. Textos que aún siguen siendo consultados por los investigadores.

También dieron testimonio de su presencia en Bolivia un mayor, del que sólo se pudo saber que se apellidaba Barrientos y que escribió un libro sobre la contraofensiva boliviana en el río Parapetí, y un subteniente que dejó un texto sobre sus visiones del Chaco.

Pero, ¿cuáles fueron los motivos para que se diera la unión entre soldados que desde la Guerra del Pacífico eran enemigos? Para que se produjera este acercamiento influyeron las circunstancias que vivían ambos países. Avanzada la guerra, Bolivia tenía escasez de oficiales y eso determinó que se revisara la negativa del país de incluir soldados chilenos en sus filas, propuesta que había surgido en Chile a principios del conflicto. Por su parte, el país vecino vivía un periodo muy convulsionado y había muchos oficiales y suboficiales en retiro. “Los que voluntariamente aceptaron venir eran jóvenes que sentían que lo único que sabían hacer era estar bajo el mando militar y que no tenían muchas oportunidades de desempeñarse en otros campos. También estaban los que tenían problemas económicos y vieron una posibilidad de ganar algo de dinero. Otro grupo tenía un afán de aventura y no faltaron los que decidieron apoyar a Bolivia, porque creían que sus razones eran justas”, comenta Jeffs.

En contraparte, el historiador boliviano Roberto Querejazu sostiene la hipótesis de que “fue una manera hábil de los chilenos para que sus oficiales conocieran la organización militar boliviana y para que sus soldados ganaran práctica en conflictos bélicos”. El autor de Masamaclay minimiza la presencia chilena en la contienda y dice que ellos llegaron en la etapa final del conflicto, cuando el ejército boliviano estaba pertrechado en la zona de la cordillera y no tuvieron la dificultad de luchar en el llano, donde el terreno y las condiciones eran mucho más complicadas. Lo cierto es que los soldados chilenos contribuyeron a la defensa de Villamontes y a la contraofensiva en el río Parapetí y, como en toda guerra, también sufrieron bajas. Entre ellas la del teniente Francisco Ortega, el capitán Vicente Romero y el teniente coronel Ignacio Aliaga. Los dos primeros murieron en batalla y el tercero en un accidente de aviación en el escenario de la guerra.

Los soldados chilenos estuvieron poco más de un año en la Guerra del Chaco y la mayoría de ellos retornó a su país. Jeffs entrevistó a familiares de algunos ex combatientes ya fallecidos y casi todos coincidieron en lo dura que fue esa experiencia, pero también reconocieron la buena acogida que tuvieron de sus pares bolivianos. El historiador tuvo la oportunidad de entrevistar a finales de los 90 a uno de los pocos ex combatientes con vida. El hombre tenía 89 años y había trabajado como instructor de la escuela de suboficiales “Aprovécheme pero no dé mi nombre”, recuerda que le dijo.

La presencia de soldados chilenos fue uno de los puntos de mayor tensión entre Chile y Paraguay. Otro fue el pedido del Gobierno paraguayo para que el país trasandino prohibiera el ingreso de armas a Bolivia por sus puertos. A ello se debe agregar la contratación de 1.000 obreros chilenos en las minas de estaño que reemplazaron a los que se encontraban en la guerra. Todos estos hechos contribuyeron a que se creara un clima de mayor acercamiento entre los contendientes de la Guerra del Pacífico. Incluso se llegó a hablar de una alianza entre Chile, Perú y Bolivia, y la creación de una Federación del Pacífico. Pero el tiempo y las circunstancias han determinado nuevamente el alejamiento y las actuales tensiones entre ambos naciones.

Además de los voluntarios que vinieron a la contienda hubo casos especiales como el de Pablo Saint Marie, que nació en Santa Cruz de la Sierra y que en 1913 emigró con su familia a Chile. Su padre era chileno y su madre de una distinguida familia cruceña. Cuando llegó la guerra con el Paraguay, Saint Marie retornó a Bolivia y se alistó como oficial de Sanidad. En el frente de batalla se volvió a encontrar con amigos de la infancia, entre ellos el historiador Humberto Vázquez Machicado, que también era compañero de su hermano Darío y que dejó algunos testimonios en varias cartas.

De la participación chilena en esa guerra existen pocos testimonios y aún quedan muchas historias por contar. Por ejemplo, el periodista Mariano Baptista Gumucio conserva el uniforme, algunas postales de la época y una bala con la que fue herido el subteniente chileno Arturo Benavides, cuyo hijo le entregó estas pertenencias, mientras era cónsul de Bolivia en Chile a fines de los 90. “Lo curioso del caso es que el padre de este militar había luchado en la Guerra del Pacífico en contra de los bolivianos y dejó un libro de memorias con un gran valor literario”, cuenta Baptista, que aún no sabe si entregará los objetos al Museo Militar de La Paz o al Museo Histórico de la Guerra del Chaco que se tiene previsto construir en Villamontes.

El ex director del diario Última Hora aprovechó su gestión en el país vecino y realizó un reconocimiento a los ex combatientes chilenos de la Guerra del Chaco. Al homenaje asistieron familiares de los soldados, a los que entregó un diploma donde se destaca su aporte. Ninguno de los directos homenajeados estaba presente, pero sus familiares coincidieron en destacar que a pesar de lo duro de la guerra, se llevaron buenos recuerdos del país, concluye Baptista.


ESPAÑA EN AMÉRICA

Por Luis López Nieves – “Cartas Bizantinas” – Octubre 2003

El príncipe Constantino Paleólogo, embajador de Bizancio en Puerto Rico, le escribe a la princesa Eudocia, su hermana menor, quien actualmente reside en la capital bizantina.

Querida Eudocia:

He aprendido muchas cosas sobre América Latina desde que nuestro gobierno me nombró embajador en Puerto Rico. Hoy quisiera hablarte sobre los españoles.

Como sabes, fueron ellos quienes descubrieron y luego conquistaron el hemisferio americano. Lo hicieron con furia genuina. Hay regiones completas, como el Caribe en que hoy vivo, en que no sobrevivió un indígena. Los que perduran, en países como México y Perú, lo hacen de un modo miserable. Cuando visito otras naciones latinoamericanas en mis funciones oficiales, siempre me reúno con descendientes de europeos, que son quienes controlan toda la riqueza y los gobiernos de este continente. Es muy raro ver a un indígena que tenga una posición importante en un gobierno o en una empresa.

Una vez exterminados los indios del Caribe, la rapacidad española no se detuvo. Ante la apremiante necesidad de mano de obra para trabajar la tierra y las minas, raptaron de sus hogares a millones de africanos. Los vendieron como reses en el mercado, al mejor postor. No tengo que describirte, querida hermana, el trato que recibieron de parte de sus dueños.

Y esa fue la historia de la América Española durante sus primeros tres siglos: brutalizadas colonias que existían para enriquecer a la metrópoli.

Al comenzar el siglo XIX, Napoleón invadió España. Los españoles, con muchísima razón, se rebelaron heroicamente y lucharon por la libertad. Finalmente expulsaron a Napoleón y recobraron la tan anhelada independencia, que las colonias hispanoamericanas también habían proclamado.

Pero comienza entonces una de esas grandes paradojas de la historia. Tan pronto recobra su valiosa independencia, lo primero que hace España es decirle a sus colonias de América que no tienen derecho a la libertad. Como resultado, empiezan las guerras de independencia, en las que una tras otra las nuevas repúblicas derrotan a la irracional madre patria. España sólo pudo retener las islas de Cuba y Puerto Rico, desde donde te escribo.

En el 1898, casi cien años después de estas guerras, los norteamericanos deciden aprovechar el atraso militar e industrial de España. Le declaran la guerra y muy fácilmente le arrebatan las colonias de Cuba y Puerto Rico, lo único que le quedaba en América. Ésta, hermana mía, es una síntesis de la presencia española en América. Lo que ahora me comentan los hispanoamericanos es que, después de tantos siglos de atropellos, de pronto algunos funcionarios de la España actual, sin que nadie entienda por qué, han pretendido erigirse en árbitros de las acciones de los latinoamericanos.

Un juez español, que acá muchos tildan de loco delirante porque se cree Juez del Mundo, primero quiso meter preso a un ex dictador de Chile. Desde Madrid quería juzgarlo por crímenes cometidos en la ex colonia española de Chile. Luego este mismo juez quiso encerrar a decenas de militares de la ex colonia española de Argentina. Todos acá concuerdan con que estos sangrientos militares deberían estar presos. Pero nadie entiende por qué este asunto le incumbe a un juez español. “¿Este entrometido, qué pito toca?”, me comentan entre risas.

En fin, hermana mía, como representante del Gobierno de Bizancio me limito a escuchar y no opino en público. Pero te admito que, en privado, me pregunto si el Gobierno de España se habrá enterado de que ya no tiene colonias en América Latina. Otras veces me pregunto si es que ya han metido en la cárcel a todos los franquistas que durante décadas privaron a los propios españoles de la libertad.

Recibe un fuerte abrazo de tu hermano

Constantino