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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


LA "NEGRA" LAZO

<h1><hr><u>LA "NEGRA" LAZO</h1></u>

Memorias de una pasión política

(Editorial Planeta, Chile, 2005. Colaboración de Eliana Cea)

Por Aristóteles España

La histórica dirigente y ex parlamentaria del Partido Socialista de Chile publicó tal vez el libro más agudo e interesante de este género tan en boga en estos tiempos, en que destacadas figuras de la vida pública en distintas facetas escriben sus memorias con o sin ayuda de escritores o periodistas para dar a conocer sus experiencias de vida en cuyos relatos o recuerdos compiten con la ficción.

"La Negra Lazo" ingresó a la Juventud Socialista a los 13 años en el mineral de hierro El Tofo, cerca de La Serena, al poco tiempo de la fundación de su Partido. Conoció a Marmaduque Grove, Salvador Allende, Oscar Schnake, Raúl Ampuero, Aniceto Rodríguez. Fue elegida regidora y diputada por Santiago durante tres períodos destacándose como una mujer luchadora, siempre atenta al devenir de los más desposeídos y su oratoria aún es recordada por los antiguos dirigentes y militantes de los partidos de izquierda en Chile.

Fueron célebres sus enfrentamientos verbales y físicos con líderes de la derecha y la democracia cristiana, especialmente con Jorge Lavandero, a quien golpeó duramente en el hemiciclo. "Sin embargo, dice, es un hombre al que respeto profundamente y lo he ido a ver a la cárcel varias veces. Se la jugó en contra de la dictadura exponiendo su vida en varias ocasiones y ocupa un lugar destacado en nuestra historia". Así de simple y honesta esta ex parlamentaria que cuenta que en un programa televisivo donde ella participaba en un canal público de nuestro país el locutor y hombre de los medios de comunicación, de este país, Javier Miranda "manoseaba" a una joven Pilar Cox, ante la vista y paciencia de todos abusando de una impunidad típica de esos tiempos.

El libro se lee con avidez y el lector vive junto a ella los momentos más hermosos y álgidos del siglo XX, con una democracia abierta, sin exclusiones. Fue la primera mujer que formó parte del Comité Central del PS en 1952, y su elección a pesar de ganarla limpiamente no estuvo exenta de complicaciones por el machismo imperante entonces en los partidos de izquierda, del cual su mundo no era la excepción. Molesta estuvo Carmen Lazo con los escándalos que protagonizaron algunos representantes de su partido en el gobierno, pero lo importante, dice, es que se compruebe su inocencia. No se imagina a un socialista robando. "A los socialistas antiguos se nos parte el alma pues fuimos educados en la honestidad, en la solidaridad, valores que se han ido perdiendo".

Para la dirigente socialista ha sido duro el cambio de estilo de hacer política. Cuenta como, antes, los candidatos, con sus adherentes, recorrían las calles, todos juntos, pegando propaganda, realizando mitines, pero ahora dice que la mística se ha perdido y se necesitan millones para contratar personas, agencias, para que hagan el trabajo mientras los postulantes al Congreso sólo se preocupan de salir en televisión.

Contraria a la forma de actuar de las cúpulas actuales, dice que hoy los militantes de Arica a Magallanes se enteran de las resoluciones que son tomadas por pequeños grupos, a puertas cerradas y más encima tienen que acatarlas, dice.

Carmen Lazo es aplaudida en todas sus intervenciones al interior del Partido Socialista de Chile, a rabiar, por las bases humildes que ven en ella un símbolo, tal como se trasluce en la lectura de su libro. Escribe como habla, sin tapujos, tirando las orejas a quienes corresponde.

Permaneció exiliada en México durante 14 años y aún recuerda con afecto su vida en ese generoso país como ella lo llama. En la reseña de la co-autora Eliana Cea, publicada por Editorial Planeta destacamos "El discurso amapolado irradiosamente popular de Carmen Lazo emerge en el estallido confesional de estas páginas que se abren como si fuera el oleaje mujer y nos permite compartir su vida con la generosidad desatada de un revolucionario corazón socialista y marxista. Me llega su voz de metal grave y conversamos como viejas comadres y la veo radiante parlamentaria y briosa en el moreno arrebato, porque ella no reniega de nada, escupe al fascismo. Ni el viento fúnebre de la dictadura ni el exilio logró acallarla".

 

 

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