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30/12/2005


LA HIJA DEL TIGRE

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BACHELET, BIOGRAFÍA

 A FONDO

(RIL, Editores, Santiago, 2005)

Por Aristóteles España

¿Qué opinaría su marido de que su hija quiera ser Presidenta de la República? Angela Jeria, esposa del asesinado General de la Fuerza Aérea de Chile, Alberto Bachelet, padre de la candidata, responde: “La primera frase de Alberto sería “Hija de tigre”. Así lo señalan los autores de este libro, Rosario Guzmán Bravo y Gonzalo Rojas, en una interesante y metódica construcción literaria que prestigia este género tan popular en días actuales en Latinoamérica.

El libro “La hija del tigre” nos cuenta los detalles más íntimos de la vida de la doctora que está pronto a convertirse en la primera mujer Presidenta electa por el voto de la ciudadanía,  en América del Sur.

“Constantemente, la realidad se encarga de ratificar la superioridad que posee frente a la fantasía y de producir historias dignas de los guionistas. Esta es una de ellas”. Los autores de este texto  entrevistaron a más de cincuenta personas, sus hijos, su madre; recorrieron con acuciosidad la infancia, adolescencia, juventud y madurez de Michelle Bachelet para dar forma a un corpus testimonial en que aparece rodeada de míticos personajes de su formación política como el ex Secretario General de la Juventud Socialista, detenido desaparecido, Carlos Lorca, su ex novio Jaime López que fue destruido por los servicios de seguridad y se transformó en un delator para, finalmente, morir asesinado. La prisión de su padre y la posterior detención de ella junto a su madre, el recorrido por campos de detención, el derrumbe de los sueños y utopías de una generación que vio caer el cielo desde sus ventanas mientras llovía en sus mundos interiores y se producía la ruptura institucional de un país para ser transformado en un campo de experimentación donde reinó la paz de los cementerios. 

Seres como Manuel Contreras, Augusto Pinochet, los esbirros civiles de una dictadura que no dudó un instante en aniquilar físicamente a sus adversarios, viven en estas páginas llenas de agua y sol. Los cambios que se van produciendo en el mundo y en su país mientras ella debió viajar a Australia, exiliada; la reconstrucción de las organizaciones sociales y políticas, el regreso lleno de fantasmas, todo esto, que no es menor, se trasluce en estas memorables páginas escritas con pasión y amor por el personaje que encarna hoy los sueños de futuro de nuevas generaciones y, sobre todo, de las mujeres que ven en este proceso,  una verdadera gesta épica en que, una de ellas, presida un país loco y con una desordenada geografía como señalaron en su tiempo, Nicomedes Guzmán y Benjamín Subercaseaux, escritores que de alguna forma tienen que ver con su formación y  su espacio cultural.

Dicen los autores que “en este libro no sólo está la historia de su padre, víctima del golpe de estado, sino la de remotos antepasados de la candidata presidencial: aquel que perteneció a la Primera Junta de Gobierno, aquel que salvó en Chile una cepa de vino desaparecida en Francia, aquel que fue compinche del Premio Nacional de Literatura Manuel Rojas”. 

Dividido en dieciocho capítulos el lector se entretiene con la aparición de Michelle Bachelet,  en el escenario nacional como Ministra de Salud y, sobre todo, de Defensa Nacional, cuando se escuchó el estrépito de los tacos militares al chocar en cumplimiento de la instrucción dada. Luego, el superior siguió: “¡Honores a la señora Ministra de Defensa!, con los sones de marchas militares y un país como el nuestro, en el sur del sur del planeta,  que observaba atónito frente a los televisores como el mundo había cambiado tan rápido y los propios partidos de la Concertación no se daban cuenta aún que surgía una alternativa distinta al modelo clásico de políticos chilenos y se apresuraban a la “ceremonia del adiós”, para entregar el poder, sin sospechar que esta mujer encarnaba los principios fundacionales de los partidos progresistas del país, y no sólo de un sector de la sociedad que gobernaba durante 15 años; error que siguieron repitiendo hasta la primera vuelta electoral,  cuando cambia el escenario y la Concertación obtiene más votos que su propia candidata encapsulada en su entorno.

El libro se lee con avidez, como una novela de acción donde la heroína es una doctora de clase media, que nunca soñó con ser Presidenta, y que muchos pensaron era sólo un sueño más de muchas mujeres, como tantas, que quisieron tomar el cielo con sus manos, llegaron cerca de esa utopía y quedaron conformes para siempre.
 

ROSARIO GUZMAN BRAVO fue conductora de “Almorzando en el 13” y “Telenoche” en canal 11. Entre los libros que ha publicado destacan “La Sebastiana”, de la Fundación Pablo Neruda, y “Para abrir la mente”, junto a un grupo de psiquiatras y sicólogos. Fue Vicerrectora de Comunicaciones de Universidad de Las América y hoy trabaja en forma independiente como editora de libros y reportajes.

GONZALO ROJAS DONOSO, trabajó en la agencia informativa ORBE, en Radio Cooperativa, el diario El Mercurio, Canal 13, Televisión Nacional de Chile, Red Televisión, Chilevisión. Es colaborador de la agencia EFE y diario 16 de España. Ha publicado tres libros, entre ellos,  la biografía del cantante Lucho Gatica. Es profesor de Televisión en la Universidad Bolivariana de Santiago.

 

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Viernes, 30 de Diciembre de 2005 21:28 Autor: aonike. ;?> Hay 5 comentarios.

09/12/2005


PINOCHET, EPITAFIO PARA UN TIRANO

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Caricatura de "La Jornada" 

Ediciones Cuarto Propio, Santiago, 2005 - De Pablo Azócar
Comentario: Aristóteles España

“Los militares afirman que en 1973, en Chile, lo que hubo fue una guerra; si fuese cierto, Pinochet sería un criminal de guerra. Pero hasta un niño sabe que aquello no es verdad, y Pinochet, por lo tanto, es lo que es: un criminal a secas”. 

Así comienza este libro del escritor Pablo Azócar (San Fernando, Chile, 1959). El autor apela a la crónica para registrar la vida, pasión y declive del personaje que gobernó Chile con mano de hierro durante 17 años y que fue creando a partir de sus inicios en el gobierno, una suerte de cofradía con lo cual compartió  el poder y la gloria durante todos los años de su “reinado”.

“Tito” como le decían sus familiares y amigos de infancia, era el retoño predilecto de su madre, doña Avelina, quien lo moldeó para la vida militar que inició a temprana edad.

Según el testimonio de su ex Ministra, Mónica Madariaga, “fue educado por su apoderado en la milicia, el general Alfredo Portales Mourgues, quien siempre le dijo: nunca seas el primero ni el último, sé siempre hombre del medio; el que pasa inadvertido es el único que llega a término en la empresa que acomete”.

El escritor Germán Marín, ex alumno suyo en la Escuela Militar lo describe “como un capitán que tenía dominio sobre sus subordinados, con su bigotillo de galán mexicano, cultivaba una relación distante, provocada, creo, por una suerte de sospecha raigal hacia todo bicho viviente”.

Este libro narra la influencia de su esposa en el momento en que debió decidir su apoyo al golpe de estado, y en la estructuración de su gabinete en varias ocasiones,  siendo la más conocida el despido del Canciller Hernán Cubillos después de su frustrado viaje a Filipinas.

Como en los grandes libros sobre dictadores, “El señor Presidente”, del guatemalteco Miguel Angel Asturias; “Yo, El Supremo”, del paraguayo Augusto Roa Bastos, este texto contiene materiales sobre los cambios de ánimo u opinión sobre los sucesos políticos de su tiempo, los vaivenes ocurridos en su entorno con relación a formas de gobernar, la cocinería política detrás del trono, en este caso, el Palacio de la Moneda. Con relación a su postura en el orden mundial siempre sostuvo que “mi gobierno fue el mayor obstáculo existente en la tierra para la acción imperialista de la Unión Soviética”.

Acusado por oficiales de plagiar textos de otros autores, entre ellos, al Coronel Gregorio Rodríguez en 1950, incluyó en sus libros párrafos completos de historiadores y militares, sin citarlos.

“Epitafio para un Tirano” debe leerse, además, como el agudo retrato  de un tiempo que fue, para extraer las mayores experiencias de vida en torno al poder y sirva  a quienes son o serán protagonistas de su época en las más diversas áreas del conocimiento. El retrato de un gobernante no elegido por su pueblo y que hoy está en el ocaso de su vida, debe ser apreciado, además,  por la valentía y lucidez  de este escritor chileno que logra indagar en los laberintos de la mentalidad de una de las personalidades más complejas del siglo XX.

Pablo Azócar, es periodista titulado en la Universidad de Chile. Vivió en Europa, fue corresponsal y luego editor de la agencia italiana Interpress Service (IPS), trabajó para la revista “Hoy” y, más tarde, en APSI. Ha publicado las novelas “Natalia” (1990), con la que obtuvo el Premio Municipal de Literatura de Santiago; “El señor que aparece de espaldas” (1997); “Vivir no es nada nuevo” (1998), Premio del Consejo Nacional del Libro y la Lectura de ese mismo año.

Viernes, 09 de Diciembre de 2005 20:00 Autor: aonike. ;?> No hay comentarios. Comentar.

20/11/2005


LA "NEGRA" LAZO

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Memorias de una pasión política

(Editorial Planeta, Chile, 2005. Colaboración de Eliana Cea)

Por Aristóteles España

La histórica dirigente y ex parlamentaria del Partido Socialista de Chile publicó tal vez el libro más agudo e interesante de este género tan en boga en estos tiempos, en que destacadas figuras de la vida pública en distintas facetas escriben sus memorias con o sin ayuda de escritores o periodistas para dar a conocer sus experiencias de vida en cuyos relatos o recuerdos compiten con la ficción.

"La Negra Lazo" ingresó a la Juventud Socialista a los 13 años en el mineral de hierro El Tofo, cerca de La Serena, al poco tiempo de la fundación de su Partido. Conoció a Marmaduque Grove, Salvador Allende, Oscar Schnake, Raúl Ampuero, Aniceto Rodríguez. Fue elegida regidora y diputada por Santiago durante tres períodos destacándose como una mujer luchadora, siempre atenta al devenir de los más desposeídos y su oratoria aún es recordada por los antiguos dirigentes y militantes de los partidos de izquierda en Chile.

Fueron célebres sus enfrentamientos verbales y físicos con líderes de la derecha y la democracia cristiana, especialmente con Jorge Lavandero, a quien golpeó duramente en el hemiciclo. "Sin embargo, dice, es un hombre al que respeto profundamente y lo he ido a ver a la cárcel varias veces. Se la jugó en contra de la dictadura exponiendo su vida en varias ocasiones y ocupa un lugar destacado en nuestra historia". Así de simple y honesta esta ex parlamentaria que cuenta que en un programa televisivo donde ella participaba en un canal público de nuestro país el locutor y hombre de los medios de comunicación, de este país, Javier Miranda "manoseaba" a una joven Pilar Cox, ante la vista y paciencia de todos abusando de una impunidad típica de esos tiempos.

El libro se lee con avidez y el lector vive junto a ella los momentos más hermosos y álgidos del siglo XX, con una democracia abierta, sin exclusiones. Fue la primera mujer que formó parte del Comité Central del PS en 1952, y su elección a pesar de ganarla limpiamente no estuvo exenta de complicaciones por el machismo imperante entonces en los partidos de izquierda, del cual su mundo no era la excepción. Molesta estuvo Carmen Lazo con los escándalos que protagonizaron algunos representantes de su partido en el gobierno, pero lo importante, dice, es que se compruebe su inocencia. No se imagina a un socialista robando. "A los socialistas antiguos se nos parte el alma pues fuimos educados en la honestidad, en la solidaridad, valores que se han ido perdiendo".

Para la dirigente socialista ha sido duro el cambio de estilo de hacer política. Cuenta como, antes, los candidatos, con sus adherentes, recorrían las calles, todos juntos, pegando propaganda, realizando mitines, pero ahora dice que la mística se ha perdido y se necesitan millones para contratar personas, agencias, para que hagan el trabajo mientras los postulantes al Congreso sólo se preocupan de salir en televisión.

Contraria a la forma de actuar de las cúpulas actuales, dice que hoy los militantes de Arica a Magallanes se enteran de las resoluciones que son tomadas por pequeños grupos, a puertas cerradas y más encima tienen que acatarlas, dice.

Carmen Lazo es aplaudida en todas sus intervenciones al interior del Partido Socialista de Chile, a rabiar, por las bases humildes que ven en ella un símbolo, tal como se trasluce en la lectura de su libro. Escribe como habla, sin tapujos, tirando las orejas a quienes corresponde.

Permaneció exiliada en México durante 14 años y aún recuerda con afecto su vida en ese generoso país como ella lo llama. En la reseña de la co-autora Eliana Cea, publicada por Editorial Planeta destacamos "El discurso amapolado irradiosamente popular de Carmen Lazo emerge en el estallido confesional de estas páginas que se abren como si fuera el oleaje mujer y nos permite compartir su vida con la generosidad desatada de un revolucionario corazón socialista y marxista. Me llega su voz de metal grave y conversamos como viejas comadres y la veo radiante parlamentaria y briosa en el moreno arrebato, porque ella no reniega de nada, escupe al fascismo. Ni el viento fúnebre de la dictadura ni el exilio logró acallarla".

 

 

Domingo, 20 de Noviembre de 2005 21:42 ;?> No hay comentarios. Comentar.

17/11/2005


INVITACIÓN

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Foto: Aristóteles España 

 

LIBRO “LA ENTERA NOCHE LLENA”

 

Este sábado 19 de noviembre a las 19 horas en la librería ITACA, ubicada en calle ARZOBISPO LARRAIN GANDARILLAS 394, PROVIDENCIA, Fono 415 2685,  se presentará el libro “LA ENTERA NOCHE LLENA”, del poeta ARISTOTELES ESPAÑA, prologado por Armando Uribe, Premio Nacional de Literatura 2004.
El autor, Premio Nacional “Gabriela Mistral”, 1983”; Premio Especial “Rubén Darío” de Nicaragua; Premio “Alerce”, 1998, del Consejo Nacional del Libro y la Lectura y la Sociedad de Escritores de Chile, acaba de ser galardonado con el Primer Lugar en el Concurso Nacional organizado por las municipalidades de Vicuña y La Serena y en conmemoración de los 60 años de obtención del Premio Nóbel de nuestra escritora. El escritor es editor de la revista y ediciones LA PATA DE LIEBRE. La presentación estará a cargo de la poeta Paz Molina y el ensayista Gregorio Angelcos.

Jueves, 17 de Noviembre de 2005 20:43 ;?> No hay comentarios. Comentar.

13/11/2005


ROLANDO CÁRDENAS VIENE VOLANDO

20051114004145-rolando.jpgPor Aristóteles España
Desde Punta Arenas – XII Región - Chile

Con los poetas Pavel Oyarzún y Marcela Baratelli, parafraseábamos el célebre verso de Neruda dedicado a Alberto Rojas Jiménez ese domingo 30 de octubre al mediodía, en el aeropuerto “Carlos Ibáñez del Campo”, de Punta Arenas. Rolando Cárdenas, (Punta Arenas, 1933), uno de los grandes vates chilenos contemporáneos venía para quedarse definitivamente en su tierra natal. El ánfora con sus cenizas lo traían Reynaldo Lacámara, Secretario General de la Sociedad de Escritores de Chile y Dinko Pavlov, Presidente de la SECH local.


Sus restos estaban desde el 17 de octubre del año 1990 en el cementerio general de la capital chilena, abandonados a su suerte, sin visitas, rumiando al olvido. Gestiones de sus compañeros escritores de la patagonia permitían este retorno que él siempre anheló para cuando deje de estar en este mundo.

El avión aterrizaba en el sur del planeta y sus poemas sobre las aves ateridas en el último confín de la tierra, la soledad y la neblina que juegan en sus versos se transformaban en extrañas premoniciones. Lo esperaban su hermana Clorinda, su cuñado Enrique, su sobrina Gobernadora de Magallanes, Ana María Díaz, su sobrino Héctor, Miguel Palma, Director Regional de Cultura, en representación del Intendente y el Alcalde, parientes, amigos, niños que bailaron tres pies de cueca, mientras el cielo se vestía de rojo y amarillo en su honor. De fondo, un perro lanzaba gemidos en las sombras como en su poema “Noches de mi ciudad” y los fantasmas que lo invaden en el texto que dedica a Jorge Teillier empiezan a deambular en el viento patagónico. Los Grandes Láricos chilenos se reúnen en el más allá. Jorge le dice al día siguiente de su muerte: “Espérame, Rolando, haz dado la señal”. A lo lejos, se divisa Tierra del Fuego, la tierra magallánica dispersa y el mar misterioso que Rolando cantó en sus versos llenos de nieve.

En Santiago había sido despedido en La Unión Chica y la Sech por su amigos Ramón Díaz Eterovic, Roberto Araya, Ronnie Muñoz, Alvaro Ruiz, Juan Guzmán. También, desde sus hogares de la capital, le dijeron adiós Jorge Babarovic y Ernesto Aguila, sus grandes amigos puntarenenses y compañeros generacionales.

Después de los saludos de rigor en el recinto aéreo, con discursos y homenajes, el ánfora, con permiso de su hermana, fue custodiada por los poetas de la ciudad en un misterioso lugar de calle Chiloé, antes de iniciar un periplo por bares y centros nocturnos que el escritor visitaba en sus viajes al lar. Era el gran homenaje de sus pares, único en Chile y poco frecuente en el mundo cultural: llevar el ánfora para cumplir los ritos dionisíacos y leer sus poemas a los parroquianos.

La gira se inició en el bar “Sargento Aldea”, continúo en “La Sociedad de Empleados” y en “El Zurich”. Los integrantes de esta cita histórica fueron Reynaldo Lacámara, Dinko Pavlov, Pavel Oyarzún, Marcela Baratelli, Margarita Navarro, Fernanda Hernández, Oscar Barrientos, Víctor Hernández, Enrique Ojeda (cuñado de Rolando), Guillermo Toro, Marco Quiroz, Guillermo Carvajal, Aristóteles España.

En cada lugar se leían sus textos y los contertulios, emocionados, recitaban viejos poemas de José Martí, Federico García Lorca, Pablo Neruda. Alguien cantó un tango, mientras la música inundaba el aire de magia. Fue el ensayista Jaime Valdivieso quien dijo que “Cárdenas construye un mundo fantasmagórico en el cual el poeta es soberano y esclavo a la vez: soberano en la evasión; esclavo frente a una realidad cruel, degradada y brutal que no puede eludir. Afortunadamente, el poeta lárico, niño y anciano al mismo tiempo, siempre derrota a la realidad con la creación de un universo paralelo más fuerte e indestructible que el mundo cotidiano y banal”.

Reynaldo Lacámara pedía vino tinto con su brazo enyesado, Pavel recordaba el día en que leyó por vez primera al Chico Cárdenas, la Marcela fotografiaba hasta los vasos de vino con su máquina digital, Víctor Hernández brindaba con el ánfora que estaba en la mitad de la mesa de todos los lugares que frecuentamos, Dinko vigilaba el cofre con las cenizas del poeta, como quien cuida un tesoro, Oscar Barrientos hablaba de literatura y mujeres, Enrique Ojeda decía que este homenaje será recordado por siempre, Marco Quiroz movía sus manos como un jugador de tenis, Margarita Navarro construía un mundo interior con las luces de los bares a medianoche, Fernanda Hernández se acordaba de un extraño duende llamado Serafín y de poemas de Rolando.

Era el regreso de un poeta inolvidable como dijo en alguna crónica el novelista Juan Mihovilovich. Por nuestra parte, nos acordábamos del cuento de Francisco Coloane, “Cinco marineros y un ataúd verde”, cuando un grupo de marinos deja abandonado el ataúd con el cadáver de un colega en las cercanías de un bar de Punta Arenas, y del célebre relato del escritor brasileño Jorge Amado “A Morte e a Morte de Quincas Berro de Agua”, en el cual, según la critica, se anticipa al realismo mágico en 1961 y que narra la historia de un grupo de amigos poetas que pasean de bar en bar a un muerto de verdad y que los contertulios confunden con un ebrio en estado calamitoso.

Sin embargo, Rolando vivía en el ánfora y colocábamos siempre un vaso de vino tinto en la parte de arriba para que compartiera con nosotros ese viaje al País de Nunca Jamás.

Al finalizar la primera parte del periplo y ahora rumbo a lugares nonc santos, como dijo alguien, quedamos Dinko, Pavel, Oscar, Reynaldo y el suscrito. Nuestro destino: “El Jaco”s Bar”, un famoso local frecuentado por personajes locales de todo ámbito. Allí fuimos recibidos por la Barwoman Adelita y sus amigas Alexandra, Carola, Jacqueline. La anfitriona pidió silencio al público presente y junto a Dinko leímos poemas de Rolando Cárdenas Vera como si hubiéramos estado en el Madison Square Garden de Nueva York. Aplausos, saludos, todas las mujeres fueran a tocar el ánfora para que les diera energía y desearle suerte al poeta en su viaje a la eternidad.

Al día siguiente, la despedida final en El Columbario del cementerio de Punta Arenas, discursos de los invitados y la lectura de un valioso ensayo sobre la poesía del vate, a cargo de René “Popeye” Cárdenas, compañero de juventud y militancia política en el Partido Comunista. Por la noche, la Gala en el Teatro Municipal bajo la dirección de Luis Vidal. Teatro, danza, poesía, un ballet folclórico, el Grupo Hoshken, un diaporama sobre su vida, lectura de poetas de la región austral. Un espectáculo digno de una capital latinoamericana frente al Estrecho de Magallanes. Y por la noche, una gran tertulia literaria en el Hotel Hain. Canciones de Diego Concha, la animación de Jeannette Antonin, himnos de gloria y júbilo de parte de Dinko, lecturas de Arturo Mansilla y del poeta argentino Julio Leite.

Rolando Cárdenas, el fundador de la Patagonia como espacio poético descansa para siempre en su patria chica. Que nunca falten flores en el Columbario. Una calle lleva su nombre en el Barrio Norte de la ciudad de nieve. “A pesar de su estatura de niño –dijo Jaime Gómez Rogers- de sus piernas arqueadas como un cowboy, y de su nariz evidentemente desviada, se sentía buen mozo y se lo hacía saber a todas las mujeres”. Con su aire de caballero antiguo y su aristocrático ademán en los modales, lo recordaremos para siempre. Adiós hermano, descansa en paz.
Domingo, 13 de Noviembre de 2005 20:41 ;?> Hay 1 comentario.

24/10/2005


APUNTES PARA OTRA IZQUIERDA

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UNA DEMOCRACIA DE OLIGARQUÍAS

Por Aristóteles España
Escritor
Santiago de Chile – 22 de Octubre de 2005

Ediciones Documentas (Santiago, 2005) acaba de publicar el libro Una democracia de Oligarquías, apuntes para una nueva izquierda”, de los ensayistas Gregorio Angelcos y Carlos Díaz Gallardo, destacados intelectuales del mundo socialista de nuestro país. El texto está prologado por el ex Presidente del Partido Socialista y ex Embajador en Buenos Aires, Jorge Arrate, quien señala al inicio que “la izquierda ha vivido un tiempo que parece arrancado de la poesía del fracaso propia de un tango de Discépolo”.

Los autores analizan el comportamiento de la sociedad chilena durante el siglo XX y los comienzos de este siglo desde un punto de vista crítico y con especial énfasis en los análisis y conductas de la clase dirigente que ha gobernado los partidos durante 40 años sin que se produzca el recambio que todo país necesita para repensar la historia y el futuro con nuevos aires y bríos. 
 

Este es uno de los pocos países donde los dirigentes se suceden en los cargos y en este último período un reducido grupo ha gobernado durante los gobierno de la Concertación como si fuera un territorio propio, repartiéndose prebendas, cargos, embajadas, gobernaciones, asesorías,  relegando a segundo plano a decenas de intelectuales, artistas que no comulgan con sus “exitosas ideas” y con el utópico delirio de que estamos en la puertas del Primer Mundo.
 

En un Chile donde el consenso es la palabra favorita, donde no existe debate y todos opinan lo mismo, sobre todo en lo económico, los gurúes parecen ser Pablo Baharona y Sergio de Castro quienes dan recetas desde los diarios de la cadena de El Mercurio,  a los economistas de los denominados polos progresistas y  polos cristianos, que lo único que poseen de progresistas es que aún se recuerdan del mayo del 68 y viven recordando al querido Salvador Allende o a la Revolución en Libertad, apropiándose ahora de las tesis del ex mandatario socialista, cuando lo único que hicieron fue fomentar una radicalización más allá de lo que la propia Guerra Fría permitía, expropiando terrenos, tomando fundos, sin una política estratégica que nos dijera adónde conducía todo esto y ahora son gerentes de las mayores empresas privadas de este país y campeones del neoliberalismo.
 

Lo mismo ocurre en el campo de la cultura, donde se ha privilegiado a los denominados artistas de la farándula para enviarlos como agregados culturales a Europa en desmedro de grandes pensadores, escritores que son traducidos a decenas de idiomas y que en Chile están cesantes o haciendo algunas horas de clases en institutos o universidades.

Este libro deja al descubierto las negociaciones a espaldas del pueblo con los militares en la primera etapa de la transición, otorgándole facilidades inauditas al ex dictador para que mantenga incólume su relación con los poderes fácticos que lo sustentaron y que fueron cómplices de la apropiación o robo de dineros fiscales mediante coimas, ventas de armas y uso personal de los fondos reservados del Estado, a vista y paciencia del primer gobierno de la Concertación.

Gregorio Angelcos y Carlos Díaz hacen un tremendo aporte para que estos temas se analicen no sólo en los pocos centros de estudios que existen en el Chile de hoy sino que ojalá llegue a los jóvenes que hoy están más imbuidos en los pequeños temas de la coyuntura que en el mundo de las ideas. No es casual que este libro no haya sido comentado por ningún medio de comunicación chileno. Sus análisis sobre la derecha son fundamentales para comprender incluso el actual período, ya que en el segundo gobierno concertacionista ello fue muy evidente.
 
Los autores son acuciosos en construir un corpus analítico donde enfatizan que a la derecha le interesa la mantención del modelo económico y la institucionalidad legada por la dictadura especialmente el sistema binominal para diseñar una corporación de oligarquías entre ambos sectores mayoritarios para repartirse el poder en  las próximas décadas. Todo el inteligente diseño en el campo jurídico y político destinado a defender a militares y funcionarios de la dictadura involucrados en violaciones a los derechos humanos, fenómeno que se mantiene hasta el día de hoy donde el propio Ministro de Defensa defiende a un oficial de la CNI destinado en la misión internacional de Haití.

En el caso del mundo judicial resultó penoso que no fueran capaces de hacerse una autocrítica, especialmente la Corte Suprema, quienes con su silencio avalaron la dictadura y los crímenes perpetrados por agentes del Estado, como está en los registros de la Comisión Rettig y el Informe Valech.

El libro analiza los límites de la democracia representativa actual. Señalan los autores “que es un dato evidente que el mercado determina el accionar de la política, relegándola a un rol secundario”.

Otra conclusión importante de este valioso texto es que “los partidos políticos son fantasmas colectivos que cumplen con requisitos de número y poseen estructura nacional, pero el conservadurismo del sistema que los regula más sus propias lógicas internas, los mantiene detenidos en una condición funcional. Las oligarquías que en ellos se vienen reproduciendo desde el año 1988 actúan burocráticamente sobre el mismo, sin cuestionar la legitimidad de su origen ni los contenidos de la legalidad que fija los criterios de funcionamiento del sistema político”.

Gregorio Angelcos y Carlos Díaz recuperan el rol del intelectual y el de los artistas en épocas de conformismo. Se rebelan contra el pensamiento oficial. No le escriben como algunos poetas actuales  odas al Presidente o himnos oficiales a los Partidos políticos, sino que colocan el dedo en la llaga para que los intelectuales oficiales del gobierno recuperen su capacidad de soñar y de construir utopías para los tiempos venideros. El pueblo en general y los jóvenes se desencantan porque no tienen espacio para volar o para construir metáforas con emoción. Hoy día, hasta algunos poetas jóvenes endiosan la palabra en vez de la emoción, y no construyen con vigor y energía los espacios para que seamos de verdad un país libre y no una colonia norteamericana y del FMI.

Sería iluso negar lo positivo que fue recuperar espacios democráticos y de convivencia civilizada sin que te fusilen porque no piensas como el gobierno, pero falta tolerancia, diversidad, nuevos equipos, nuevas revistas. No puede ser que el gobierno entregue recursos estatales a Agustín Edwards en publicidad para sus diarios, mientras cierran revistas como Rocinante y las editoriales no publican a los nuevos talentos, sino a best seller importados desde el imperio con crímenes, purgas, drogas, como si fuéramos un campo de experimentos para el nuevo diseño de las potencias a sus enanos mentales.
 

Bienvenido este libro y ojalá pueda venderse y distribuirse para conversar, hurgar y buscar un lugar para el pensamiento de verdad progresista del cual sólo queda el nombre.

 

Lunes, 24 de Octubre de 2005 17:39 ;?> No hay comentarios. Comentar.

15/10/2005


HAROLD PINTER, PREMIO NOBEL

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Por Aristóteles España
Santiago de Chile – 14 de Octubre de 2005



El dramaturgo, novelista, y poeta inglés Harold Pinter (Londres, 10 de octubre de 1930), obtuvo el Premio Nóbel de Literatura 2005. Este artista es sin duda, el más importante dramaturgo inglés del siglo XX y uno de los más importantes de Europa y el mundo, cuya influencia en América Latina y especialmente en Chile ha sido importante y definitiva especialmente en la Generación de 1950. Comparado con Ibsen en todas las latitudes, en nuestro país el Grupo Ictus llevó a escena en 1962 su obra “Cumpleaños para Stanley” y el año siguiente “El cuidador”, dirigido por Nissim Sharim. En 1995, Willy Semler dirigió “La traición”, tal vez su obra más difundida.

Sus creaciones abarcan mundos desconocidos, el hombre frente a la soledad, árboles que caminan en la memoria de un ciudadano común y corriente, desesperado en busca de dioses que no existen, seres que buscan su destino en medio del caos de la modernidad, el individualismo que aflora a medida que la sociedad se industrializa y globaliza, textos llenos de misterio donde la influencia de Kafka cobra un rol fundamental.

Construyó un “teatro del absurdo” o de “vanguardia” apartándose de Ionesco, sin negarlo, sino aportando otra visión: la del ser humano de las grandes urbes que no encuentran su espacio o territorio donde llevar a cabo sueños, hijos, ideas, proyectos de vida satisfactorios para quienes sueñan con lo mínimo.

En Londres la crítica acuñó el término “teatro de la amenaza” en la década del 60 por el vigor satírico de sus propuestas estéticas, con un lenguaje transgresor, de violencia explícita y misterio metafísico. Por ejemplo en la obra “La habitación”, una mujer casada no quiere bajar al sótano de su casa pues allí vive un extraño, que parece conocerla de otro tiempo, el esposo de la mujer mata a este tipo advenedizo. Toda su producción tiene un corpus verbal que no deja indiferente, mundos llenos de tensión, el dramaturgo inglés controla la comicidad de sus diálogos, provocando angustia en el lector y los espectadores de su teatro que ha sido difundido en más de 120 países.

En su narrativa los silencios abundan para desconcertar el sentido y la regularidad de la trama, sus personajes deambulan por caminos de dolor e incertidumbre. Una de sus obras más difundidas es “El amante” donde una pareja burguesa recurre al adulterio como salida a su incomunicación, y los esposos aparentan llevar una vida divertida que esconde su desencanto.

La farsa y la sátira las maneja en forma magistral, como asimismo la arquitectura del vodevil lleno de humor negro. En este último tiempo se dedicó al teatro político, de denuncia, tuvo problemas con su gobierno, apoyó las causas del Tercer Mundo. Admirador de Salvador Allende, siempre estuvo contra Pinochet y abogó para que sea enjuiciado en Londres. También fue un crítico tenaz de la invasión a Irak por parte del régimen de George Bush. No es casual que sus últimos trabajos tomen como eje la tortura y el poder.

Pinter, hijo de padres judíos, estudió en la Real Academia de Arte Dramático de su país. Recorrió Irlanda interpretando las obras de W. Shakespeare. Hace un par de años decidió dedicarse sólo a escribir poesía. Algunas de sus obras son “”La habitación”; “La fiesta de cumpleaños”; “El amante”; “Cumpleaños para Stanley”; “El cuidador”; “El lenguaje de la montaña”; “El elevador del restaurante”; “El sereno”; “Traición”; “Un tipo de Alaska”; “Polvo eres”. Escribió los guiones de cine “La mujer del teniente francés”; “El último magnate”; “El sirviente”; “El accidente”; estos dos últimos para el director J. Losey. Hace un par de años incursionó como actor junto a la actriz chilena Leonor Varela en el film “El sastre de Panamá”. La semana pasada se anunció que sería actor en una obra de S. Beckett para celebrar los 50 años de la compañía inglesa Royal Court Theatre.
Sábado, 15 de Octubre de 2005 10:34 ;?> No hay comentarios. Comentar.

01/10/2005


EL LIBRO DE KAREN

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Valparaíso


Por Aristóteles España



El Gobierno Regional de Valparaíso a través de su Programa de Ediciones que coordina el poeta Juan Cameron acaba de publicar “El silencio crece en mi jardín” (2005), de la poeta Karen Toro.

Se trata de un libro de la ausencia, con gestos perdidos en la memoria que el libro rescata para devolverles un lugar en el tiempo. Hay viajes hacia el invierno pero también a la soledad. En el epígrafe de Jorge Teillier leemos: “Nadie ha muerto en esta casa. / Ninguna mano busca una mano ausente. / El fuego aún no añora a quien cuidó encenderlo. / La noche no ha cobrado sus poderes”.

La atmósfera del libro de Karen Toro recorre estos parajes, donde en ventanas perdidas se cuelga de la humedad del día, y lleva la carga del olvido en sus pies. Aparecen fantasmas en momentos que ella jugaba a cuidar hijos que no tenía y entonces se enciende el fuego. Los fantasmas que rodean el poemario entibian el hogar que la escritora ha construido en este espacio mítico que sólo el oficio poético puede lograr. Este texto hay que incluirlo en lo mejor de la tradición literaria chilena construida por mujeres. De pronto está el hálito de Olga Acevedo, Stella Díaz Varín, Eliana Navarro, Yolanda Lagos, sobre todo en el poema “En el nombre del padre”. Dice: “Mi esperanza/ habita tras una sala blanca/ hasta que tú llames a la puerta/ para yo responder/ para yo ver a mi defensor/ a mi escudo/ a ese señor que no me refugia”.

Cuando decimos que éste es un libro de la ausencia pensamos en sueños inconclusos, en regresos a lugares donde alguna vez habitamos disfrazados de pañuelos, con insectos que avisan cada paso que el lenguaje va diseñando antes de ser un poema, antes de ser un espejo donde el artista, hombre o mujer, se refugia para atrapar pequeños instantes. Poesía dentro de la poesía, sin duda. Particulares momentos logra cuando el silencio es un bosque lleno de miedos, cuando escribe que un cazador no debería admirar tanto a su presa, cuando dice que un cazador no debería llorar cuando dispara. Una metáfora, sin duda, del Chile actual donde todos sus actores viven de arrepentimientos y calvarios. Es la decisión lo que cuenta en el lenguaje poético. No hay pavores ni mentiras en la página en blanco. Se trata de enfrentar el mundo como un zorzal enfrenta a su depredador, un gato, un ciudadano cualquiera que pasa por un sendero de alerces en el sur de Chile.

Volvamos a su lugar secreto: un espacio como un lar de infancia, donde la felicidad es una mujer esquiva, o un hombre sin proyectos de futuro. Temas complejos en la poesía chilena pero no hay que esquivarlos. Cuando hoy existe un ensimismamiento con la palabra y no con la emoción este libro nos recuerda que la poesía nunca va a terminar como ya señalan los agoreros de siempre



Karen Toro Espinoza nació en Valparaíso en 1980. Estudió pedagogía en Castellano en la Universidad de Playa Ancha. Su poesía aparece en recopilaciones : “23 escritores jóvenes de Valparaíso”, de Nancy Fuentes Correa (1998); “2000 palabras” y “La poesía se encuentra en Valparaíso”, ambas de Juan Cameron (2000); “Taller de poesía La Sebastiana”, de Sergio Muñoz Arraigada (2000); “Creación desde la palabra”, de Felipe Ugalde y Arturo Rojas (2001).
Sábado, 01 de Octubre de 2005 14:43 ;?> No hay comentarios. Comentar.

17/09/2005


CARLOS AMADOR MARCHANT

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"ALONE AGAIN"


Por Aristóteles España



Inspirado en la mítica canción “Alone Again” de Gilber O”Sullivan, el poeta iquiqueño logra crear un mundo lleno de soledades donde las sombras del viento del norte chileno aparecen y desaparecen en sitios invisibles, cerca del Morro de Arica, en las playas de esa ciudad donde alguna vez se crucificó en un madero gigante como un cristo del desierto para protestar por la injusticia y el oscurantismo en la década del 80, en plena dictadura militar.

Sus poemas intentan detener el tiempo. El autor se pregunta que hace ahí, parado, en medio de la metafísica, acortando días, mirando las escasas horas que le quedan, esperando cabizbajo la bofetada de la muerte. De pronto, no hay escapatoria. El lector atraviesa túneles invisibles donde el poeta juega con las orillas que traen toda la espuma sucia que queda impregnada en el mundo, mientras escucha solitario la canción que tiene el título de su poemario. Hay desolación, busca a una mujer que amó en la puerta de un pub, y al rato ella aparece tambaleando, golpea su cabeza en las murallas, se abraza a un hombre desconocido y desaparece de nuevo entre calles y avenidas. El hablante es un ser desolado y pesimista; construye un refugio en Valparaíso para que lo dejen solo, con sus cavilaciones mientras piensa en la tierra que lo cobijará cuando deje este mundo, en un lugar lento y espacioso como nieve.

En su poema “Sobre la escarcha”, donde relata sus vivencias en la soledad del sur chileno, dice: “Porque la vida es como visitar una casa. Pero luego hay que despedirse, hay que salir a la puerta y perderse en la niebla/ En consecuencia, he de volver al silencio”.

Una de las características de este libro es que el autor no ve salida alguna, salvo cuando le escribe a mujeres que habitan sus días en la memoria, sus recuerdos de la pampa, sus viajes por el altiplano, el hermoso poema a su hija Valentina, las mujeres extremas de sus círculos, las esquinas con ojos solitarios donde aparece el porvenir como una lejana lluvia de futuro, la presencia de Luisa Ayala en sus horas en el Puerto y autora de la portada de su texto.

“Alone Again” tiene el olor de las calles de Arica, sus cerros, recodos donde el poeta vivió mejores días con sueños y esperanzas por un destino digno para su pueblo; bares donde salen hombres destruidos, imanes, fotografías donde a veces no se reconoce pero sí el latido de la gente que amó antes de emprender viaje a Valparaíso, a reencontrarse con sus historias y mitos.

Este es un libro de la melancolía, no de la derrota. Por sus páginas se escuchan sonidos de trenes, pájaros enormes, la música del desierto más árido del planeta de donde proviene con sus cánticos y sueños.

Carlos Amador Marchant (Iquique, 1955) ha publicado “Pisando tierra” (1977); “Galpón de redes marinas” (1980); “Después de mi casa” (1983); “Barquero en el puerto” (2001); “Los cururos de la Santa María” (2002); “Alone Again” (2003). Entre 1980 y 1985 dirigió la revista de poesía “Extramuros”, que se transformó en un referente de la literatura del Norte de Chile. Amigo de Andrés Sabella, Mario Bahamonde, organizó encuentros en la ex Universidad Técnica del Estado de Arica y en la Universidad de Chile.

Ha dirigido programas radiales de difusión literaria y actualmente se desempeña como Presidente de la Sociedad de Escritores de Chile, Versión Valparaíso.
Sábado, 17 de Septiembre de 2005 20:40 ;?> No hay comentarios. Comentar.

12/09/2005


EL PALACIO DE LA RISA

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Panorámica de la ciudad de Punta Arenas.
Al fondo, el estrecho de Magallanes y Tierra del Fuego


Por Aristóteles España
aristotelesespana@esfera.cl



En la ciudad de Punta Arenas, región de Magallanes y Antártida de Chile, la Armada Nacional y el Gobierno devolvieron a las organizaciones de Derechos Humanos de esa zona en el día de ayer 11 de septiembre de 2005 el local denominado “El Palacio de la Risa”, inmueble donde alguna vez funcionó un hospital de las FFAA y que durante la dictadura fue un Centro de Torturas para hombres y mujeres que adherían al gobierno del Presidente Salvador Allende, sin distinción: jóvenes, mujeres, adultos, sindicalistas, académicos, fueron salvajemente torturados en ese local por personal de la Armada de Chile y del Servicio de Inteligencia Militar (SIM).

Los métodos allí utilizados están narrados en el libro “El sur de la memoria” que el suscrito publicó en 1992: parrilla eléctrica, el teléfono, azotes con “tontos de goma”, es decir, “laques de fierro” cubiertos de plástico y otras experiencias difíciles de narrar en esta crónica. A los prisioneros se les colgaba del techo del recinto para obligarlos a declarar inverosímiles historias, creadas en su mayoría por el fallecido General Manuel Torres de la Cruz, quien personalmente vigilaba los interrogatorios. Muchos prisioneros lo observaron cuando se les “corrían” las capuchas o las vendas y contemplaron como éste, junto a su Alto Mando gozaban del espectáculo.

Particular saña tuvieron con Alfonso Cárcamo, Francisco Alarcón, Sergio Lausic, Jeannette Antonin, Sergio Reyes, Nelson Reyes, Sergio Urrutia, Kika González de Zanzi, Sergio Cárdenas, Pablo Jeria, Carlos Zanzi, Hugo Miranda, estos cuatro últimos fallecidos recientemente y decenas de confinados en distintos recintos de detención, como consta en los informes de la Cruz Roja Internacional.

32 años después se intenta reparar el daño causado a las víctimas con exiguas pensiones, becas tardías, disculpas tantas veces postergadas. Pero algo es algo. Lo importante es que este lugar de horror, como Auswitch, Dachau, Treblinka, los centros nazis de tortura, sean ahora museos de la paz, para que no se borre la memoria histórica y las nuevas generaciones no cometan los errores de la clase política de la época y menos se dejen presionar por potencias extranjeras o grupos económicos como lo acaba de contar el ex Embajador norteamericano en Chile durante ese período, en el film de Patricio Guzmán.

Que las Agrupaciones de ex presos políticos de la zona llamadas “Orlando Letelier” y “Salvador Allende” sepan deponer sus diferencias y estén a la altura de lo que hoy nuestra patria requiere. Que “El Palacio de la Risa” albergue documentales, libros, revistas, testimonios orales, pinturas, esculturas, fotografías, que de cabida a los nuevos artistas del sur del mundo para que escriban una historia distinta donde los protagonistas sean jóvenes llenos de alegría y vigor para construir un país distinto. Que las autoridades educacionales inviten a delegaciones de todos los establecimientos a conocer ese lugar donde alguna vez reinó el dolor y la muerte y que se transforme desde hoy en un escenario lleno de vida, de canciones, solidaridad, encuentros. Que se organicen seminarios, eventos culturales donde los autores sean los ciudadanos de la Patagonia. Que se convoque a concursos artísticos para rendir homenaje a las víctimas, a los fusilados, a los desaparecidos de esa zona tan aislada, remota y gallarda.

Bienvenido el gesto de las nuevas autoridades de la Armada de Chile y el Gobierno. Estas medidas contribuyen a sanar de alguna medida los espíritus y a crear una corriente positiva en la sociedad para que nunca más se repitan estos hechos que tanto daño causaron a ese pueblo austral y a Chile entero.
Lunes, 12 de Septiembre de 2005 20:48 ;?> Hay 3 comentarios.

08/09/2005


"SALVADOR ALLENDE"

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DOCUMENTAL DE PATRICIO GUZMÁN



Por Aristóteles España
aristotelesespana@esfera.cl



Se acaba de estrenar en los cines de Santiago el documental “Salvador Allende”, del cineasta Patricio Guzmán. Se trata de un film donde el director cuenta la historia del ex mandatario chileno desde su infancia hasta su fallecimiento en el Palacio de la Moneda el 11 de septiembre de 1973.

El cineasta va narrando en primera persona los acontecimientos de la vida del líder chileno desde una perspectiva intimista, sus estudios de medicina, su vida en Valparaíso, el joven inquieto que iba formando lazos o redes con los más desposeídos, organizándolos para que luchen por una mejor calidad de vida y contra la injusticia imperante. Luego, junto a un grupo de dirigentes sociales y políticos funda el 19 de abril de 1933 el Partido Socialista como una alternativa política distinta al Partido Comunista que por aquel entonces hegemonizaba el quehacer reivindicativo y social del país. El director nos muestra un Allende de carne y hueso, no el ícono revolucionario tan de moda en estos tiempos. Los testimonios de quienes lo conocieron son de obreros ferroviarios, campesinos, intelectuales, trabajadores que siguen pensando en un mañana mejor y cuyo recuerdo permanecerá para siempre en su memoria.

El documental nos muestra un Chile distinto, la pobreza, la marginalidad, la explotación que Salvador Allende advertía en su patria y que nadie denunciaba. Lentamente fue creando conciencia en las multitudes ajenas al devenir económico para inculcarles la idea de que sólo organizados podrían conquistar el poder político y realizar los cambios necesarios para cambiar las estructuras de la sociedad.

Con imágenes de archivo y otras captadas por el mismo cineasta durante tres años en que lo acompañó en sus giras, el espectador llega a los pueblos perdidos de Chile, viajes en trenes, mujeres y niños que lo esperaban en las estaciones, sus discursos en los rincones más apartados de su patria y en los mitines enormes en los estadios, fábricas, federaciones estudiantiles.

Hay momentos sobrecogedores como su intervención en la Asamblea de las Naciones Unidas, las medidas para nacionalizar las riquezas básicas de su país, el testimonio del Embajador norteamericano en Chile quien señala que la CIA invirtió millones de dólares para apoyar a la democracia cristiana en 1964 y evitar el triunfo del Dr. Allende y posteriormente Richard Nixon financió su derrocamiento, encolerizado de que su ejemplo cundiera en Latinoamérica. El diplomático norteamericano cuenta el odio del Presidente de EEUU hacia la figura del mandatario chileno.

Finalmente, se observan las imágenes de su gobierno, el caos artificial creado por sus enemigos, los sabotajes de la derecha y los empresarios, las alianzas que se iban formando para derrocarlo como sucedió finalmente. En el film se observa a Augusto Pinochet solícito y servil con el Presidente, luego el bombardeo al Palacio Presidencial, los aviones que destruían el símbolo de la democracia chilena, su discurso final de despedida y la masacre de sus adherentes. Lo principal del film es que sus actores son personas comunes y corrientes, viejos sindicalistas, jóvenes obreros, anarquistas, zapateros, dueñas de casa, la gente por la cual Salvador Allende luchó toda su vida y a los cuales dejó su legado eterno.
Jueves, 08 de Septiembre de 2005 20:55 ;?> Hay 9 comentarios.

31/07/2005


UN LIBRO DEL EXILIO

trevi1.jpgPor Aristóteles España

Líber Tamayo (San Bernardo, 1951) acaba de publicar su libro de poemas “Invernadero” (Ediciones Documentas, Santiago, 2005), donde se reencuentra con las imágenes de su exilio en Roma, el paso del tiempo, los atardeceres europeos llenos de nostalgia por la patria. Despedidas en los andenes, suicidios; interminables reuniones con fotos y afiches pegados en los muros, mientras los vidrios de las ventanas italianas se cubren de rocío, angustia, recuerdos de un tiempo que fue.

Este texto lleno de melancolía nos invita a reflexionar sobre los años de la dictadura y los seres humanos que fueron obligados a marcharse de su patria simplemente porque no compartían las ideas del gobierno de facto. Hay heridas en las palabras, sustantivos que caminan colgados por los aeropuertos, en casas de amigos por las noches, “donde nostálgicos artistas y poetas caminan escondidos entre líneas en la noche” de un país que los acoge pero que no es el suyo.

“Invernadero” nos propone una mirada poética hacia los túneles del tiempo. Pedazos de ternuras, de amores, vacíos que fueron quedando en el camino, reconstrucciones de espacios donde vivir dignamente y buscar salidas a las situaciones personales y colectivas de un país -el nuestro- cuyos gobernantes estaban empecinados en borrar la memoria histórica, haciendo desaparecer instituciones, cientos de dirigentes y militantes de bases sociales que fueron declarados enemigos por tener una visión distinta del mundo. La poesía, funciona en este caso, como un corpus desacralizador y al mismo tiempo como un sitio donde se instala la esperanza a defender a brazo partido su derecho a existir en este mundo.

Jorge Montealegre señala: “Los poemas de este Invernadero -en su mayoría breves- semejan cuartos cargados de ausencia, en un exilio sin territorio. Cuartos vacíos de ninguna parte. Los versos caen en cámara lenta para habitarlos. Perdidos en la soledad, vacilantes en su tensión”.

El poeta camina por las calles de Roma pensando en un futuro que no existe, cuenta las estrellas, se enamora de muchachas con las cuales comparte derroteros y vasos de vino en las noches heladas, se interroga sobre el por qué de la poesía con versos de René Char, Ernesto Cardenal, Vladimir Holan, acude a metáforas sobre el silencio o los números que le recuerdan su paso por la vida.

Hay referencias a la Fontana de Trevi, al parque de Luxemburgo, al Trastevere, casi siempre con un profundo halo metafísico, donde la soledad logra arrinconarlo mientras la ciudad duerme y en Chile se vive una vida distinta llena de soldados en las calles y el Toque de Queda cambia la vida de los habitantes.

Líber Tamayo logra de esta manera uno de los más importantes libros del exilio. Al igual que la novela “Morir en Berlín” de Carlos Cerda se respira en estas páginas un aire de tristeza por las vidas truncadas que fueron quedando solas en países lejanos y cómo lograron armar redes para sobrevivir en idiomas, cielos, canales distintos. Sus poemas son conmovedores, sobre todo cuando logra desdoblarse como un pájaro sin alas y caminar por calles llenas de piedra y olvido.

Líber Tamayo estudió Cine en Roma y Televisión en la RAI de Florencia. Su poesía ha sido publicada en Europa, América Latina. Actualmente pertenece a la Sociedad de Escritores de Chile. Reside en Santiago
Domingo, 31 de Julio de 2005 15:01 ;?> No hay comentarios. Comentar.

23/07/2005


DÉCIMAS DE ESTE TIEMPO

alba2.jpgPor Aristóteles España

“Cien décimas falladas” se titula el libro de Alba Llanos Melussa (Centro Gráfico Prisma, Santiago, 2005). Jueza por convicción y vocación sorprende con este libro donde rescata las Décimas como género para comunicar (o contar) a los lectores su experiencia humana y sensorial con los múltiples ejercicios de vida que la cotidianidad la hace asumir. Su texto literario es producto de su trabajo en la judicatura en materias de infancia, su visión integrada a un mundo complejo y lleno de vicisitudes de todo orden.

Por sus páginas caminan los menores que son llevados a los tribunales. Uno de los más estremecedores es el del niño Felipe. Dice Alba Llanos: “Sus más tempranos delitos/ fueron robos por sorpresa/ al acecho de su presa/ quedaba muy calladito/ se contaba como un mito/ que luego de un gran zarpazo/ apuraba mucho el paso/ corriendo a velocidad/ para que la autoridad/ se enfrentara a su fracaso”.

Las décimas cultivadas por poetas populares del siglo XIX destacaban en sus versos la marginalidad del hombre de campo que llegaba a la capital en busca de nuevos horizontes. Los personajes más frecuentes eran zapateros, panaderos, prostitutas, ladrones de todo tipo. Versos a lo humano y lo divino. Estas décimas eran declamadas en auditorios sindicales, teatros pequeños, mitines políticos. Había un afán de denuncia y compromiso con la vida. Violeta Parra musicalizó este género para defender la libertad y el amor. Lo mismo lo hicieron o hacen Pedro Yánez, Eduardo Peralta, Jorge Yánez, Santos Rubio.

Jaime Hales señala: “Tal vez el drama de los jueces radica en que creen que su trabajo es buscar el equilibrio, olvidando que en una sociedad desequilibrada, no todos tienen la misma fuerza y no requieren la misma protección”.

Sin embargo, la autora toma partido por un mundo mejor. Sus textos inspirados en los casos que ha debido ver y fallar a ratos superan a la ficción, como el de una madre que regalaba a sus hijos; violaciones, alcoholismo de los padres, retratos de carencias afectivas. En el libro es posible visualizar un universo, ciertos paisajes sicológicos que al ser trasladados a este género nos muestran otra dimensión del mundo. El ritmo de las décimas es atrayente y de gran capacidad oral y visual. Al leer estas décimas nadie puede quedar indiferente. Si el objetivo era estremecer al lector, lo logra con creces.

“Décimas falladas” está ilustrado con cartas del Tarot. La Justicia, El Loco, La Rueda, El Colgado, La Torre, la Sacerdotisa son imágenes llenas de símbolos que entregan un mensaje de esperanza por los tiempos que vienen.

El juez Roberto Contreras señala: “Por medio de la literatura podemos acercarnos al ser humano en su realidad íntima y personal, por fuera de los estereotipos conductuales existentes, de modo tal que al juzgarlo consideremos su universalidad y particularidad, su exacta dimensión material y espiritual”.

Estos poemas escritos en décimas son un aporte a la literatura chilena al abordar una realidad desde ángulos escriturales poco recurridos y con gran talento.

Alba Llanos ingresó al Poder Judicial en 1981 desempeñándose como Asistente Social en el 4to Juzgado de Menores de Santiago. Paralelamente estudió Derecho en la Universidad de Chile. Sirvió, además, el cargo de Jueza en el Segundo Juzgado de Letras de Buin y en el Tribunal de Menores de San Bernardo. Actualmente se desempeña como Jueza de Familia en la ciudad de Santiago.
Sábado, 23 de Julio de 2005 21:37 ;?> No hay comentarios. Comentar.

18/07/2005


LUIS MERINO REYES

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ESCRITORES CHILENOS DE AYER Y DE HOY



Por Aristóteles España

Así se titula este libro del poeta, novelista, y ensayista chileno, Luis Merino Reyes (Ediciones Rumbos, Santiago, 2005). El texto es un compendio de crónicas escritas en distintos periódicos y revistas chilenas durante los últimos cuarenta años donde da cuenta del curso de la literatura chilena, su evolución, temas, contenidos, desde el siglo XIX hasta nuestros días.

Luis Merino Reyes nació el 12 de febrero de 1912 en Tokio mientras su padre era agregado militar de nuestro país en esa nación asiática. Tiene 93 años, vive en Santiago y conserva su lucidez y capacidad de análisis que lo hace estar presente en la prensa chilena y en conversaciones con escritores que acuden a visitarlo.

Estudió en el liceo Alemán de Santiago donde se destacó por su capacidad oratoria y escritural. Su padre falleció en una de sus destinaciones institucionales y volvió a Chile con su madre a vivir de un escuálido montepío. “En ese tiempo escribí mi novela “Los feroces burgueses”, cuenta.

Su madre era tan católica que se hizo agnóstico para siempre. Luis Merino Reyes recuerda que escribió sus primeros poemas en ese liceo aristocratizante. “Era un poema bíblico dedicado a María Magdalena y me lo solicitó un sacerdote muy culto, admirador de Goethe”. Después escribió su novela “La última llama” cuyos originales quemó porque a una de sus mejores amigas no le gustó la historia. Le contó al crítico Alone lo sucedido y éste le exigió rearmarla. Al año siguiente, una vez publicada obtuvo el Premio Atenea y se reafirmó su amistad con Hernán Díaz Arrieta, de quien los separaban enormes barreras ideológicas, típicas de los años de la guerra fría.

En este libro único, el escritor cuenta y analiza los avatares de Francisco Bilbao, la vida del poeta Pedro Antonio González, Manuel Magallanes Moure, Ernesto Montenegro, Antonio Acevedo Hernández, Pedro Sienna, Luis Durand, Carlos Sepúlveda Leyton, Benedicto Chuaqui, David Perry, Juvencio Valle, Manuel Rojas, Alberto Rojas Jiménez, Ricardo Latcham, Chela Reyes, Francisco Santana, Victoriano Vicario, Nicomedes Guzmán, Volodia Teitelboim, Guillermo Atías, Gonzalo Drago, Wilfredo Mayorga, Alberto Baeza Flores, Mario Ferrero, Franklin Quevedo, Emilio Oviedo, Antonio Campaña, Fernando González Urízar, José Donoso, David Valjalo, Edmundo Herrera, Miguel Arteche, Eugenio García Díaz, María Cristina Menares, María Silva Ossa, Raúl Mellado Castro, Antonio Rojas Gómez, y muchos otros autores con quienes compartió vivencias e historias culturales y políticas desde 1925 hasta hoy.

Su texto no se limita al comentario de sus obras, sino que ingresa a los laberintos o túneles individuales de sus amigos, trazando perfiles y contando detalles desconocidos de sus procesos de creación artística, las lecturas que fueron diseñando un camino.

Miembro único y destacado de la Generación del 38 junto a Francisco Coloane, Daniel Belmar, Nicomedes Guzmán, Manuel Rojas, Oscar Castro, Andrés Sabella, fue amigo de Pablo Neruda, Pablo de Rokha, con quienes fundó organizaciones que aglutinaran a la dispersa intelectualidad de aquellos tiempos.

“Escritores chilenos de ayer de hoy” es un libro de antología que retrata fielmente la vida de los artistas chilenos en esos años difíciles, en períodos de gran turbulencia política en Chile y el mundo.

Luis Merino Reyes, es autor, entre otros textos de “Islas de música”; “Los egoístas”; “El alba y su duelo”; “Regazo amargo”, “Los feroces burgueses”; “Ultima llama”; “El ramo de rosas y otros cuentos”; “Epopeya de dos héroes trágicos”; “Rumbo a Oceanía”; “”Panorama de la literatura chilena”; “Perfil humano de la literatura chilena”; “Escritores chilenos laureados con el Premio Nacional de Literatura”; Epitafios y laureles”; “El ramo de ortigas y otros cuentos”.

En la década del 50 fue presidente de la Sociedad de Escritores de Chile.

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Lunes, 18 de Julio de 2005 12:09 ;?> No hay comentarios. Comentar.

11/07/2005


"EN EL BORDE DEL MUNDO"

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MEMORIAS DEL JUEZ QUE PROCESÓ A PINOCHET


Por Aristóteles España

“En el borde del mundo” (Anagrama, Santiago, 2005), se titula el libro que el juez Juan Guzmán Tapia acaba de publicar en Santiago y otras capitales latinoamericanas y europeas. Se trata de las memorias de este abogado de la Universidad Católica con estudios de post grado en París, que inició su carrera judicial en 1970, que nació en San Salvador, El Salvador en 1939, mientras su padre, el poeta Juan Guzmán Cruchaga, Premio Nacional de Literatura 1962, era Embajador de nuestro país en ese país centroamericano.

"¡Te debes retirar del caso Pinochet o vas a traicionar a tu clase social!”, le dijeron sus viejos amigos. Presionado para que abandone el caso del General Arellano Stark principal responsable de la “Caravana de la muerte”, donde decenas de prisioneros políticos fueron raptados de regimientos y cárceles para luego ser fusilados sin juicio, destrozados sus cuerpos con corvos y cuchillos los primeros días del golpe de estado en Chile, este juez se fue interiorizando de los crímenes y de las violaciones a los Derechos Humanos en forma brutal.

Un ex profesor de la Escuela de Derecho le dijo: “Vamos, Juan, estás golpeando demasiado fuerte a Pinochet y a ciertos militares. Mucha gente te empieza a considerar un renegado. Deja que te ayude a recuperar tu antigua imagen de hombre de derechas...”.

Llegaron a decirle distintas personalidades que “si te solicitan inculpar a Augusto Pinochet te harás a un lado y dejarás que se pronuncie la Corte de Apelaciones de Santiago”. “Me estaban invitando a regresar al rebaño antes de la noche”, dice el Juez.

Pero las evidencias eran tan fuertes, verídicas, potentes, que siguió adelante para cumplir su cometido como hombre de derecho.

Para este hombre, que en su juventud perteneció a grupos de choque de la ultra derecha chilena, el giro que la vida le señalaba tenía altos costos. “Con mis amigos de Facultad asistimos un tiempo a encuentros con un señor Amunátegui, un líder conservador. Eramos parte de grupos de fuerza armados con cadenas forradas en caucho que acudíamos a sembrar el caos en las reuniones del Partido Comunista”.

Era, sin duda, una propaganda anticomunista primitiva, señala en su libro. Su gran meta era ser escritor, tenía planes para una novela, historias de su vida, influido por el padre, que lo educó entre los grandes de la literatura latinoamericana y mundial de los cuales era amigo en sus distintas destinaciones por el mundo.

Lector de Somerset Maugham, Oscar Wilde, Charles Dickens, Pablo Neruda, Miguel Angel Asturias, Jorge Luis Borges, Rafael Alberti, Vicente Huidobro (a los cuatro últimos los conoció con su padre en Buenos Aires y Santiago), Julio Verne, Emilio Salgari, Herman Hesse, Thomas Mann, Walter Scott, Robert Stevenson, actor aficionado en el Saint George”s College, jamás pensó que iba a procesar al dictador chileno, que iba a recibir amenazas, andar con escoltas las 24 horas del día, que su vida iba a cambiar para siempre. Después de haber celebrado con champaña el derrocamiento de Salvador Allende y de haber estado en provincias como Panguipulli, Talca, le tocaba enfrentar tal vez el más importante caso judicial del siglo XX en un país dominado por la institucionalidad heredada de la dictadura, y sin el menor atisbo que la mayoría de la dirigencia de la Concertación pretendiera modificarla; claro está, sólo en los discursos.

El libro “En el borde del mundo” está dividido en tres partes. En la primera repasa su juventud en Santiago, su encuentro con París, la búsqueda existencial de todo joven que desea construir algo trascendente, en este caso, las leyes o la literatura. Un amor de juventud que su padre se encargó de que se olvide por poderosas razones que narra con amenidad. Cuenta como conoció a Inés, su esposa, en una carretera mientras viajaba en busca de aventuras y ella lo conduce en su automóvil. Su amor por ella, el matrimonio, las hijas. Su paso por juzgados rurales en el sur de Chile, su conocimiento de campesinos y latifundistas.

En la segunda parte Juan Guzmán relata su nombramiento como juez de la Corte Marcial y su conocimiento del Caso Letelier lo que significó agudizar su lógica de que el horno no estaba para bollos y que la manipulación periodística de la dictadura era cosa seria y había que andarse con cuidado.

Finalmente, el Caso Pinochet, la detención de éste en Londres, el envío de preguntas vía exhorto que el militar se niega a responder. El regreso a Chile del ex dictador, toda la teatralización de su silla de ruedas en el avión y en el aeropuerto de Inglaterra y Chile, la soberbia de un personaje único.

El Juez sabía que muy pronto tendría que encontrarse con él, personalmente. El viernes 1 de diciembre del año 2000 procesó a Pinochet como autor intelectual de cincuenta y siete homicidios y dieciocho secuestros y lo acompañó con el arresto correspondiente. Lo llamaron políticos de todas las tendencias, magistrados, amigos. La mayoría tenía serias reservas sobre su decisión. La Corte Suprema aprobó que lo interrogue en un par de semanas pero que debe (el inculpado) ser sometido a exámenes mentales por su avanzada edad. A su hogar empiezan a llegar juristas, parlamentarios de la Concertación que alababan su proceder pero hacían hincapié en que había que saber conciliar justicia con paz social. “En otras palabras, me decían que había límites que no se podían sobrepasar, so pena de reavivar heridas todavía en carne viva”.

Se fijó la fecha y debió acudir al hogar del ex general. Negoció con los abogados del militar que ninguno de sus hijos podía estar presente. Habían proferido palabras ofensivas contra su persona en las últimas semanas. Fue una de las situaciones más delicadas de toda su carrera. Lo acompañaron sus escoltas, la actuaria y el chofer. Estaban algunos de sus ex ministros y colaboradores. “Hice una docena de preguntas y mi interlocutor gozaba de buena memoria”, dice. Al cabo de treinta minutos sus ayudantes le solicitaron que terminara el trabajo pues el general estaba muy fatigado. El Juez solicitó un espacio para transcribir el acta , pero ocurrió una curiosa escena: “ Pinochet caminaba y se levantaba con gran soltura, rápidamente hacia otro extremo del hogar”.

Se encontraba de buena salud y caminaba con agilidad. No advirtió que lo divisaba desde el comedor y le pareció deplorable esa duplicidad, sobre todo ante el magistrado que había ido a interrogarlo. “Fuera como fuere -dice el Juez Juan Guzmán Tapia- la escena bordeaba la parodia después de las numerosas advertencias de sus abogados acerca de su mala salud”.

El texto está narrado en primera persona, se lee con gran agilidad; nos permite adentrarnos en el mundo novelesco del juez que procesó a Augusto Pinochet Ugarte.

El libro fue escrito originalmente en francés y traducido por Oscar Luis Molina con la colaboración de Olivier Brass. El magistrado es autor de “La sentencia” y “Etica profesional del abogado”. Ha recibido los premios “Jordi Xifra” de la Universidad de Girona y “Oscar Romero” de Dayton University, Ohio. Vive en Santiago de Chile."

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Lunes, 11 de Julio de 2005 20:02 ;?> No hay comentarios. Comentar.

01/07/2005


EL LIBRO DE MICHELLE

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(“Michelle”, Ediciones Catalonia, Santiago, 2005)



Por Aristóteles España

Este libro reportaje narrado en distintas voces por las periodistas Elizabeth Subercaseaux y Malú Sierra, ambas de reconocida trayectoria en nuestro país y el extranjero, dan cuenta de un personaje femenino, cuya particularidad principal radica en que apareció de la noche a la mañana convertida de pronto en un ícono que rompió los moldes de la cultura machista imperante en la clase política chilena desde la fundación de la república. Michelle Bachelet es entrevistada con rigor y visión de futuro. Las periodistas dan a conocer su perfil humano poco conocido a nivel nacional e internacional sin los estereotipos que abundan en este tipo de géneros literarios (biografías, testimonios, crónicas, alabanzas a personajes del mundo de la cultura, la política, la televisión) que compiten desde hace décadas con la ficción.

Una doctora de niños, experta en epidemiología, proveniente de una cultura de izquierda desde su adolescencia, hija de un general de la aviación, torturado por sus pares, acusado de traición a la patria y muerto en la cárcel por los esbirros de la dictadura militar. Esta mujer que llegó a ser Ministra de Salud y Defensa en el tercer gobierno de la Concertación se ganó un espacio en la historia del país recorriendo hospitales, juntas de vecinos, pasando revista a las tropas de las FFAA arriba de tanques y aviones y que logró reivindicar el rol de la mujer en un momento de la historia en que los cargos públicos, privados, legislativos, están en manos de personeros que llevan en sus puestos durante décadas sin abrir espacios legítimos a las generaciones de recambio. La irrupción de Michelle en este escenario cambió la fisonomía del país en todos sus ámbitos, ya sea para sus adherentes o adversarios.

El libro no contiene peroratas ideológicas ni políticas, tampoco da recetas de cómo se deben comportar las mujeres en los escenarios públicos. Simplemente cuenta su infancia de clase media, rodeada de amigos que luchaban por un mundo mejor en la década del 70, su afición por la guitarra y las canciones de moda, los días aciagos del golpe de estado, la prisión junto a su madre Angela Jeria en Villa Grimaldi, los duros instantes del padre muerto sin tener donde enterrarlo porque su institución, la masonería, y todos aquellos que fueron sus amigos simplemente se borraron del mapa. Luego el exilio en Australia, Alemania, sus estudios de medicina en este último país, su militancia en la Juventud Socialista, sus amores y desamores como toda persona que es capaz de enfrentar los avatares de la vida cotidiana que no es color de rosa como caricaturizan los diarios de la derecha chilena con las fotos en colores de sus modelos y parlamentarias.

Una de los capítulos más emotivos es su estadía en Villa Grimaldi, la visita intempestiva del General Manuel Contreras y el recuerdo de sus compañeras de celda, Lucrecia Brito, Patricia Guzmán, María de los Angeles Salinas Farfán, Mónica Villanueva, que tenía 16 años, una dentista cuyo nombre se le escapa, María Eugenia Ruiz Tagle y la primera mujer de Alvaro Covácevich. Se ayudaban mutuamente después de las sesiones de interrogatorios. Michelle atendía a las gravemente heridas. Algunas de ellas le contaron que los días de año nuevo fueron violadas por militares borrachos. Ambas estaban embarazadas de siete y ocho meses. Todas tenían miedo. Cuando se abría la puerta de la celda tenían terror. Ese el mérito de este libro. Que logra transmitir emociones, sentimientos. Nadie puede quedar indiferente. No es un texto de propaganda como los que abundan en períodos como el actual. Es un texto para comprender desde un ángulo escritural diferente la vida de cientos de mujeres olvidadas que soportaron las mismas pesadillas de esta doctora en niños que tiene una cabaña en un lago y que puede ser la primera Presidenta en este remoto país así como Gabriela Mistral fue la primera mujer latinoamericana en obtener el Premio Nóbel de Literatura años antes que sus pares en Chile le otorgaran el Premio Nacional.

El texto tiene fotografías de distintas etapas de su vida, la reproducción del manuscrito que el General Bachelet envió a su esposa desde la cárcel pública de Santiago el 22 de febrero de 1974, días antes de su muerte. Y a lo lejos, en medio de la lectura de este libro se escucha el ruido del avión que las condujo junto a su madre al exilio, su paso (en el avión) por Isla de Pascua, las islas Fiji, y la llegada a Sydney donde su hermano Betingo y Patti, su esposa, los esperaban en el aeropuerto. Los abrazos, el saludo del gobierno, del parlamento. Eran las primeras exiliadas chilenas en Australia. El resto, ya es historia.

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Viernes, 01 de Julio de 2005 23:21 ;?> Hay 1 comentario.

19/06/2005


CEREMONIAS

huenun.jpgPor Aristóteles España

Jaime Huenún (Valdivia, 1967), es un poeta Mapuche Huilliche que obtuvo el Premio Pablo Neruda el año 2003. Autor de una valiosa obra, sus poemas intentan recuperar la memoria histórica de su pueblo desde la invasión española de 1793 hasta nuestros días. Su mundo está dotado de elementos culturales producto del mestizaje. Su libro “Ceremonias” (Editorial Universidad de Santiago, 2004) da cuenta de los bosques de la Gran Tierra del Sur, y construye un gran canto ceremonial con los árboles sagrados; al viento de montes y espesuras con olor a mar y mañanas.

Los poemas de Huenún tienen esa singularidad. El aire fresco de la Mesa de Piedra, la luna frente al brasero de sus días de infancia en la ciudad de Osorno. De alguna manera, rinde homenaje a César Vallejo y Pablo Neruda en los tonos melancólicos y en la adjetivación para poblar su cántico de imágenes sencillas, y diáfanas. Su prologuista el poeta y académico de la Universidad de los Lagos, Sergio Mansilla, dice: “He aquí un libro que no hace concesiones a los estereotipos etnoculturales. Testimonio sí es del mirar lúcido que ve la significación profunda que yace en las ceremonias: lo poderosamente vital contenido en las formas exteriores y regulares de un culto”.

Particularmente emotivo es su homenaje a las víctimas de la matanza de Forrahue de 1912 en que Carabineros masacraron un villorrio de su pueblo en el sur de Chile. En su texto “Cisnes de Rauquemó” habla de su búsqueda junto a los suyos de yerbas medicinales en la pampa (limpiaplata, poleo, hierbabuena, llantén) junto a un sol violeta, se escarchaban los pastos. Bajaba el Rahue oscuro –dice- ya sin lumbre de peces.

“Ceremonias” es también una metáfora del Chile actual, un canto de amor mientras sus hermanos desposeídos llegan a los lugares periféricos de la Gran Ciudad buscando oportunidades para mejorar su calidad de vida mientras en Temuco y sus alrededores encarcelan a los Longos que desean recuperar sus tierras para poder vivir con dignidad y libertad.

Sus versos tienen el grato olor de las cocinas a leña mientras se comparte el “nütram” conversación mapuche huilliche que entrelaza retazos de mitos, recetas medicinales e historias de parientes y vecinos vivos y difuntos. Cuando se lee este libro se siente la ritualidad de su universo personal, sus amigos que queman hojas de ruda y de canelo para descargar su casa de maldades y brujos.

Jaime Huenún estudió Pedagogía en Castellano en el Instituto Profesional de Osorno y en la Universidad de La Frontera de Temuco. En 1996 y 1997 obtuvo financiamiento del Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura para sus proyectos de escritura poética “Ceremonias” y “Viajes al país de los manzaneros”. Fragmentos de su poesía se han publicado en revistas y antologías entre las cuales se cuentan “Cartas al azar” (Muestra de poesía chilena, Editorial Ergo Sum, Santiago, 1989): “Zonas de emergencia” (Editorial Páginadura, Valdivia, 1994); “Ül: four mapuche poets”, muestra de poetas de origen mapuche publicado por las editorial “Americas Society” y “Latin American Literary Rewiew Press, Nueva York, 1998. En 1999 obtuvo la beca para escritores del Consejo Nacional del Libro. Ese mismo año obtiene el primer premio en el concurso nacional “El joven Neruda” organizado por la Municipalidad de Temuco con su libro “Puerto Trakl” que publicó el año 2001.

Actualmente dirige la revista “Pewma” (El sueño), ejerce la docencia en la ciudad de Freire en la IX Región de Chile e imparte talleres de expresión poética en Temuco.

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Domingo, 19 de Junio de 2005 23:38 ;?> No hay comentarios. Comentar.

12/06/2005


ADIÓS A JONÁS

jonas.jpgPor Aristóteles España

Jaime Gómez Rogers (Santiago, 1940 – 2005) falleció en el mes de marzo del presente año en la localidad costera de El Tabo, donde residió durante más de 25 años junto a su esposa Vania Escobar. Autor de una valiosa obra, obtuvo el Premio “Alerce” en la década del 60.

Pocos días antes de su deceso nos hizo su llegar su último libro “Entre el silencio y la lluvia” (Ediciones Alta Marea, El Tabo, 2004), donde vuelve a redescubrir los temas de su mundo poético: la soledad, el mar, la naturaleza, las aves. Su seudónimo (Jonás) lo acompañó desde muy joven en sus labores académicas y casi toda su obra está firmada de esa manera.

Su libro contiene, además, homenajes a los poetas que influyeron en su formación como Jorge Luis Borges, Walt Whitman, Pablo Neruda, Pablo de Rokha, Gabriela Mistral, Vicente Huidobro. Sus imágenes tienen la fuerza de las olas del literal del centro de Chile el que recrea con sus vientos y las furias de los largos inviernos donde el poeta se concentraba para escribir sus ensayos, cuentos, poemas, que divulgaba posteriormente en su revista “Altamarea” que distribuía por correo en Santiago, Lima, Valparaíso, Concepción, Nueva York, Buenos Aires.

Tuvimos la oportunidad de conocerlo en 1980 en el Bar La Unión Chica, junto a Jorge Teillier, Rolando Cárdenas, Alvaro Ruiz, Ramón Díaz Eterovic, Enrique Valdés. Llegaba con sus revistas y libros para dejarlos en librerías, diarios. Solíamos visitar tiendas de antigüedades, conseguir libros antiguos, y en más de una oportunidad lo visitamos en su hogar. Fuimos a Isla Negra, Valparaíso, a participar de eventos, recitales, presentaciones de libros. En uno de sus últimos poemas titulado “La casa” dice que su hogar palpita como las algas y que los silencios son más fuertes que los gritos. Era su despedida, sin duda. Más de una vez lo escuchamos hablar de la muerte, otro tema recurrente en su producción literaria.

Jonás publico “Deshojándome” (1962); “La fuga de Sebastián” (1966); “Diálogo para dos movimientos” (1967); “El circo” ( 1971); “Oración del niño que crecía” (1973); “El jardín de las palabras” (1976); “Signos” (1978); “Tierra madre” (1980); “El corazón enterrado” (1985); “Carta a un poeta” (1985); “Diccionario cabal” (1986); “Adiós a la ciudad” (1989); “Entonces vino el mar” (1989); “El ángel de la orilla” (1991); “Poetas” (1993); “Raíces tabinas” (1993); “Espíritu del valle” (1994); “El huerto en la montaña” (1996); “Bitácora” (1999); “Piedra del trueno” (2000); “Entre el silencio y la lluvia” (2004). Sus textos fueron traducidos al inglés y francés. Durante 25 años dirigió “Altamarea”, una revista imprescindible de la literatura chilena contemporánea.

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Domingo, 12 de Junio de 2005 22:29 ;?> No hay comentarios. Comentar.

05/06/2005


ELEGÍA PARA ANTES DE LEVANTARSE

sergio.jpgPor Aristóteles España

Sergio Madrid Sielfeld (Iquique, 1967), reside en Valparaíso donde es uno de los más importantes poetas de su región y del país. Dotado de una voz interior llena de imágenes renacentistas, publicó recientemente “Elegía antes de levantarse” (Valparaíso, 2004). Sus prologuistas y amigos apuestan por una voz interior cargada de elementos del romanticismo alemán con guiños a una bohemia ritualmente al lado del Conde de Maldoror; sin embargo, el poeta camina por pasillos de luz, con los demonios del conocimiento y se sumerge en la luz del puerto de Valparaíso lleno de imágenes y caricaturas del horizonte huidobriano.

Su poesía está más cerca del conocimiento que de la sangre, donde animales sonríen, y el cielo no está dispuesto a transar. Los textos de Sergio Madrid están repletos de una urbe agobiante donde las imágenes aúllan en el lenguaje de la melancolía. Pensemos en René Char con su apuesta por el porvenir. De pronto Sergio Madrid aletea los sustantivos para dar paso a la voluntad del lenguaje que se mueve como una nube llena de lluvia.

Una apuesta interior que todo artista debe hacer en algún momento es la que hace este poeta porteño. Su construcción verbal está llena, además, de encierros, abandonos, no hay árboles ni calles en la voluntad del poema. Trabaja con las distancias, con los diccionarios que siempre acosan, y con el humo de los cigarrillos en los días del silencio, con poemas que quieren ser eso: silencios, significados, mínimos espacios donde el verbo es una casa que sube hacia habitaciones cerradas.

Poesía de los espacios secretos, de la nimiedad con forma de orejas es la que construye desde Valparaíso, Sergio Madrid.

En los tiempos actuales sus versos huelen a melancolía por lo que pudo ser. “Yo provengo de una época infeliz, dice, donde la muerte se paseaba como una persona anónima en las calles de nuestras urbes”. El poeta está intranquilo, como todos los poetas del mundo actual, por los días venideros, sobre todo, donde el lenguaje de los vates “es oro falso”, “jardines con abono de cadáveres”.

Este libro dotado de habitaciones y ventanas por el mundo que sueña, tiene la intensidad de los románticos alemanes. Augurios, pensamientos al lado de un mar metafísico; gatos que ronronean en sus versos mientras el poeta habla de jardines mustios en un tiempo que no existe.

Finalmente, se despide de los sustantivos que lo invaden , juega con el mes de octubre, el aromo del sol, y en el paisaje con iglesias y cerros del puerto que lo cobijó con el alquitrán de las noches porteñas y las sombras de esa urbe llena de recuerdos y olas.

Sergio Madrid estudió Literatura en la Universidad Católica de Valparaíso, donde actualmente ejerce la docencia. Ha publicado “Voz de locura” (1988); “El universo menos el sol” (2000); “Retaguardia de la vanguardia” (2001); “Los novios de Ariadna” (2002); “Melancohía” (2003).

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Domingo, 05 de Junio de 2005 21:18 ;?> No hay comentarios. Comentar.

23/05/2005


MOROS EN LA COSTA

Por Aristóteles España

Enrique Moro (Valparaíso, 1956) publicó recientemente su libro antológico “Hay un moro en la costa” (Ediciones del Gobierno Regional de Valparaíso, 2004). Se trata de una compilación de más de veinte años de actividad poética, de este autor porteño ampliamente conocido en nuestro país y el exterior. El poemario está dividido en 6 capítulos (textos publicados anteriormente) que dan cuenta de sus preocupaciones estéticas e ideológicas. La religiosidad, la muerte, el amor, la ciudad llena de túneles y cerros por donde el hombre camina hacia el olvido “que es una barca sin timón”, nos dice.

Poesía en el límite de la desesperación y en la búsqueda de mejores días para su pueblo. El poeta conversa con Dios; “Señor -le dice- tú sabes el paradero de los desaparecidos / así es tu Gracia /. Infórmanos al comité o a un tribunal cualquiera / nunca tan justo como el tuyo / Pero danos al menos esa tranquilidad”.

Poemas con el mundo a su alrededor que giran como un mapamundi en el tiempo. En sus textos hay paisajes desolados, mendigos a la luz de la luna que buscan su alimento en las noches llenas de agua, lodo. A su manera, intercala diálogos con Vallejo, Juan Gelman, Rimbaud. Escribe en el aire, entre las nubes, en la adversidad; el hablante de su libro es un ser indefenso en algunos momentos de la historia de su país; y en otras un personaje que propone dudas, discute, impreca, sueña, en medio de una misteriosa fronda de sonidos musicales; tangos, baladas en la bohemia de un Valparaíso mítico que observa desde su ventana mientras una mujer delgada y triste lo escucha. Al fondo, el mar, las guaridas donde los poetas escuchan los latidos de la muerte que anda vestida de almirante como en los versos de Neruda; o la muerte que canta (esa vieja circunspecta) en la voz de Nicanor Parra.

Poesía política llena de intuiciones, espacios llenos de melancolía, recorren lo largo y ancho de estas páginas llenas del viento porteño; galerías abiertas y repletas de seres solitarios; su visión de mundo tiene el significado de los náufragos que navegan en la noche por los océanos para llegar a puerto seguro con los ojos abiertos y las manos mojadas por el mar que a ratos intentó devorar sus huesos.

En el prólogo, Alejandro Pérez señala: “esta poesía no se incuba en las bibliotecas sino en la experiencia de vivir en el riesgo, de vivenciar extremos y excesos de aventurar amores clandestinos y de reivindicar - muy seriamente- el hueveo como factor de lucha”. Juan Cameron señala: “Estos textos, ahora reunidos para goce del lector son algo más que una mera antología, algo más que una “mora” antología, constituyen en verdad el rescate de cuanto le hemos escuchado y nos pertenece”.

Enrique Moro ha publicado “Moro” (1980); “La bolsa” (1983); “Gracias Señor” (1988); “La piedra feliz y otros tangos”(1996); “Seis canciones” (2002) y ahora “Hay moro un la costa” (2004) con el cual completa un ciclo histórico de toda una vida dedicada a la poesía. El autor publicó en Alemania (1983) una muestra de poesía titulada “Diez poetas chilenos”, libro que contribuyó a difundir la poesía chilena en Europa. Durante las últimas dos décadas ha sido un animador cultural de la región de Valparaíso, en sus más diversas facetas, organizando eventos musicales, teatrales y literarios.

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Lunes, 23 de Mayo de 2005 20:12 ;?> No hay comentarios. Comentar.

18/05/2005


UNA POÉTICA DEL EROTISMO

1marcia.gifPor Aristóteles España

La escritora Marcia Flandes (Temuco, 1957), quien reside actualmente en la capital de la Región del Bio-Bío, Chile, publicó recientemente “Y el cuerpo se me rezaga” (Ediciones Etcétera, Concepción, 2004). El breve e interesante libro contiene una poética del erotismo, desarrollado a través de un espacio lingüístico fuertemente cohesionado, lleno de imágenes que recrean un mundo donde atrapa el sudor del tiempo y del ser amado, con referencias de Pablo de Rokha, Eduardo Anguita, Mafud Massis, en el uso de atmósferas intimistas pero con un lenguaje colosal a ratos e impregnados de ruinas, locura, pétalos que salen de su boca y se depositan en el lecho sobre el cuerpo horizontal del macho. El objeto de su deseo mental y físico.

Al poeta Tulio Mendoza, autor penquista, le dedica uno de sus mejores textos: “A ti, que curiosamente indagas: tengo unas terribles ganas de fornicarte las ideas/ con el descontrol de los violadores. / Poseer con lujuria cada página abierta / morder sin piedad tu idioma perverso”.

La autora juega con su cuerpo que se rezaga, el ansia de volar más alto de esas paredes de carne, dice. El título del poemario pertenece a un verso de Gabriela Mistral donde señala que “Y el cuerpo se me rezaga en cada vuelo”. Volar con las aves, con las nubes en un territorio mítico poblado de ángeles que están condenados a la humedad terrible del suelo animal. Su libro es un compendio de cuerpos fusionados por el calor del éxtasis sexual, en el idioma de los dioses nos plantea, sin dejarnos en claro a cuales.

En sus poemas está el vértigo de la carne en piezas de hoteles, dibujos del alma en la ansiedad del #######, en la humedad de labios que caen en óleos sin pinceles ni música de las orillas.

Marcia Flandes realiza de esta forma un aporte a la poesía escrita por mujeres en Chile en un espacio cultivado mayoritariamente por una poética masculina. Versos eróticos, no #######áficos. Versos del calor humano vividos y escritos por una artista en el sur de nuestro país. La forma de abordar los adjetivos nos recuerda a Winett de Rokha, Stella Díaz Varín, Olga Acevedo. Sobre todo en la construcción de imágenes llenas de delirios y pesadillas, en un tiempo como el actual donde la poesía está ensimismada con la palabra y no con la emoción.

Marcia Flandes es Directora de la Sociedad de Escritores de Concepción. Ha participado en los Grupos Literarios “Los artistas del acero” (1992); “Mano de obra” (1994).

Sus primeros poemas fueron publicados en la revista “El beso silabeado en el cielo” (1994); y sus cuentos en el folletín “las revueltas literarias” (1995) de la Casa del Andalién. Su primer libro se titula “Llamado subterráneo” (poemas y relatos) y fue editado por Ediciones La Letra Nueva (1995). En 1997 Ediciones Etcétera publica su tríptico “El canto de las imágenes”. En 1999 publica “El canto del verbo” (Editorial Cuadernos del Sábado). Junto al poeta Tulio Mendoza Belio realiza actividades de Gestión Cultural en conjunto con Universidades locales y el apoyo de la comunidad.

Organizadora de Ferias del Libro, recitales, eventos de narrativa y poesía, es una de las voces poéticas más destacadas de su generación.

LA NOCHE DE LAS MARIPOSAS MUERTAS

Marcia Flandes

Las alas de la noche
siguen cayendo
en el centro de la plaza
mientras el y su poeta
ven pasar el tiempo quebrado
que rebota alrededor.

Impávidos
se tocan los ojos
para no dormir.

De tanto trasnochar por el mundo
los sueños aparecen como fantasmas.

Acosan con tanto verbo suelto
engañando a los ilusos
que se detienen a observar
todo el fulgor de las aguas.

Donde el fin de esta historia?
Donde las mariposas ciegas?
Todas las noches se transportan
en una sola
no amanece nunca.

No bastan los faroles amarillos
no bastan los ojos bien abiertos.

Ellos
todos ellos
no verán el sol.

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Miércoles, 18 de Mayo de 2005 19:34 ;?> No hay comentarios. Comentar.

10/05/2005


POESÍA DE LA EVOCACIÓN

Por Aristóteles España

“Los versos del tipógrafo huraño” (Autoedición, 2004), se titula el último libro del poeta Miguel Morales Fuentes (Capitán Pastene, 1939), quien reside actualmente en Antofagasta. Es un texto lleno de evocaciones, a su lar lleno de bosques, espejos donde jugaba a ser agua y los vientos de su juventud con los cuales dibujaba guijarros y manzanas. Morales residió en Santiago en la década del 60 y 70 donde se desempeñó como tipógrafo en editoriales; compartió con Pablo Neruda, Pablo de Rokha, Jorge Teillier, Rolando Cárdenas y empezó a construir en silencio una obra breve, contemplativa, ajena a las modas y vanguardias, que lo hizo popular entre los poetas y lectores avezados.

Esta publicación es un texto antológico, versos publicados en trípticos, en revistas de la época, en hojas que distribuía en la biblioteca nacional y en los bares donde compartía con sus amigos. Por sus páginas desfilan atardeceres en su pueblo natal, un caballo encerrado en un closet, el perro Fulgencio de Armando Rubio, los ríos de Angol, un hospital donde lo visitó la Muerte vestida en arpillera.

Los códigos que emplea nos recuerda la poesía de los autores chinos como Li Po, y ciertas huellas de la poesía alemana, de cual es experto, en autores como K.H. Bodensiek, Gunter Grass, Ingebor Bachmann, Hona Bodden, George Forestier, Paul Celan. Un tiempo de arraigo, el hombre busca su Destino en medio de la naturaleza; lo único que importa es la vida en paz, sin guerras ni autodestrucción. El tiempo se detiene para dar cuenta de los túneles donde la lluvia es una desolada nación.

“Los versos del tipógrafo huraño” reconstruyen miradas perdidas de un Santiago que no existe, lugares donde los huesos se doblan, viejos talleres de imprentas con sus linotipias y faroles, los rumores de la noche con libros y ventanas. Todo el poemario de Miguel Morales Fuentes está impregnado de nostalgia. Recuerda su época de tipógrafo con un sueldo miserable, el frío en su lugar de trabajo, las tertulias con poetas ya desaparecidos y siente que se está quedando solo en el norte de Chile, con gaviotas, poemas, amores que no existen.

El libro está dedicado a sus hijas Marieta y Paula. En la introducción hay un breve poema-prólogo escrito por José María Memet: “El tipógrafo huraño”: “Se llama amigo quien sabe soportar el hambre / y es capaz de prestar una sonrisa cuando cuesta levantarse / Y cuando la imprenta de la vida está vacía / porque todos han ido hacia la guerra / Se llama amigo quien sabe tipear el recuerdo en el corazón de los que quedan”.

Miguel Morales Fuentes es autor de “Elegía y regreso” (Santiago, 1966); “El herrero y su noche” (Universidad del Norte, Antofagasta, 1972).

Es cofundador del Grupo Tebaida de Arica y de la revista homónima. En Santiago mantuvo Ediciones Tebaida en la década del 60 y 70 con siete números. Poemas suyos aparecen en las revistas “Cormorán” y “Delfín” en Buenos Aires, “Mundo nuevo”, revista latinoamericana editada en París: “Visión de la poesía chilena” de “Road Apple, Review”, Nueva York. En Chile su obra ha sido ignorada por la crítica y está ausente de las antologías. Recién en 1992, fue integrado a la muestra de poesía chilena “Juntémonos en Chile”. Hace un par de años el Ministerio de Educación, Sede Antofagasta, le entregó una distinción por su trayectoria literaria. El año 2000 ganó la beca del Consejo Nacional del Libro y la Lectura para que escriba y publique la presente obra.

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Martes, 10 de Mayo de 2005 20:06 ;?> No hay comentarios. Comentar.

30/04/2005


DIARIO DE UN POETA CHILENO

quezada.gifPor Aristóteles España

“El Año de la Ira, Diario de un poeta chileno en Chile” (Bravo y Allende, Editores, Santiago, 2004), es el último libro del escritor, crítico literario y ensayista, Jaime Quezada (Los Angeles, 1942). Se trata de un texto donde el autor reconstruye sus vivencias ocurridas los días posteriores al Golpe de Estado en Chile. El día anterior había participado de una reunión en la Sociedad de Escritores y a primeras horas de la mañana lo llaman por teléfono para que sintonice Radio Magallanes donde alcanza a escuchar el último discurso del Presidente Salvador Allende.

Es un libro de reflexiones, de dudas; piensa en Vicente Huidobro cuando dice que “el odio es la debilidad de los débiles”, en cronistas como Alberto Blest Gana, Benjamín Vicuña Mackenna, Vicente Pérez Rosales, cuando retratan desde diversos ángulos escriturales los avatares de su tiempo. Este Diario da cuenta de un mundo que fue, con todo el vértigo y la emoción de aquellos días trágicos para este país. “Con la muerte del Presidente Allende muere también Chile, este país hasta ayer no más civilísimo, del civis político y del civis social. Ahora todo está consumado. Ecce homo. Este pueblo del dolor”, dice Jaime Quezada.

Por las páginas de este libro se escucha el ruido de los helicópteros y se ven las luces de los rayos potentes que buscan enemigos en las calles nocturnas de un Santiago con Toque de Queda. Se reproducen panfletos que circulaban de mano en mano, tanto de la Resistencia contra la Junta Militar como de aquellos que se mofaban del gobierno de la Unidad Popular, como en los días que circulaban festivas versainas e irónicas coplas tras la muerte del Presidente Balmaceda en 1891.

El autor revisa la historia de las últimas décadas antes de la irrupción militar; piensa en Gabriela Mistral, los escritores y pensadores que han ido fundando un Chile lleno de misterios, de locas geografías. Se va enterando de los Consejos de Guerra, de los fusilamientos, en las detenciones masivas de intelectuales, poetas, dirigentes sociales, profesionales de distintos ámbitos. La acusación es “Traición a la patria”. “Qué es la patria?”, se pregunta. “”Un invento?”, “Una ficción”?. “Nadie es la patria dice Borges, ni siquiera el tiempo cargado de batallas, de espadas y de éxodos. Nadie es la patria, pero todos lo somos”.

Una característica de este libro es la soledad interior. Tiempos de miedo, oscurantismo, dolor, con cartas de amigos dispersos por el planeta como el caso del poeta Gonzalo Millán, quien desde su exilio en Costa Rica le escribe y cuenta que se va a vivir a Canadá. Y el retorno del Premio Nacional de Literatura Humberto Díaz Casanueva, y sus recuerdos de Pablo Neruda en Isla Negra. También está presente en todas sus páginas, casi sin nombrarlo, el Dictador.

“El año de la ira” es un retorno a viejos callejones y bosques que se van desdibujando con los años. Por eso la importancia de rescatar del olvido los espacios donde alguna vez habitó la alegría y permanecen aún intactos los sueños de futuro.

Jaime Quezada es autor –entre otros textos- de “Las palabras del fabulador” (Premio “Alerce”, 1968; “Astrolabio” (1976); “Huérfanías” (1985); “Un viaje por Solentiname” (1987); Estudioso e investigador de la literatura chilena y latinoamericana ha publicado ensayos y antologías sobre Gabriela Mistral, Ernesto Cardenal, Nicanor Parra. Fue Presidente de la Sociedad de Escritores de Chile (1989-1991) y representante del Presidente de la República en el Consejo Nacional del Libro y la Lectura (1994-2001).

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Sábado, 30 de Abril de 2005 16:37 ;?> No hay comentarios. Comentar.

12/04/2005


MORIR EN PRIMAVERA

Por Aristóteles España

Con prólogo de Nelson Caucoto, el abogado chileno de DDHH, acaba de aparecer en Santiago el libro “Morir en primavera” de Rolando Méndez Brieres (Autoedición, 2005). Este texto, inscrito en el Género Testimonio, da cuenta de su detención en los primeros días de la dictadura militar chilena en 1973 y las vivencias en el regimiento Tacna, Estadio Chile (bautizado recientemente con el nombre del cantante y director de teatro Víctor Jara), Estadio Nacional, Penitenciaría de Santiago.

Además, relata el bombardeo al Palacio de La Moneda y el pánico que se apoderó en su país ante el despliegue de aviones de combate, tanques, miles de soldados que ingresaban a las poblaciones en busca de guerrilleros, armas, elementos de destrucción masiva, inexistentes.

Libros de esta naturaleza destruyen las versiones oficiales entregadas por los Altos Mandos de las FFAA, y por ex Ministros del General Pinochet, que niegan la existencia de torturas y que los detenidos desaparecidos murieron luchando contra el ejército.
“El aporte central de esta obra -dice Caucoto- es unir memoria con poesía, otorgándole a las narraciones un valor mayor que engrandece el contenido histórico de un episodio vivencial, marcado a fuego en la existencia de nuestro país”.

El mundo interior de este texto es aterrador. Hay sombras de los asesinos, culatazos de los crápulas a la hora del sueño, el insulto, la tortura con los ojos vendados y el olor intestino de la muerte que rodea a los campos de concentración. “Lamentos bestiales consumiendo la esperanza. El frío nos entumía. Orines y excrementos corrían por medio de la canaleta. El hedor se hacía insoportable”, relata el autor en las primeras páginas del cautiverio.

“Morir en primavera” es la escritura de una pesadilla. Nos parece estar viendo una película sobre la vida en Auschwitz, Dachau, Teblinka, los Gulags soviéticos. Por todas partes ronda el miedo como un murciélago sobre los tejados oscuros de las prisiones.

“Jamás podemos volver a aceptar -dice el prologuista- que se deba exterminar o eliminar a quien piensa distinto”.

Este libro testimonial contribuye a la historia de Chile y América, como “Dawson” de Sergio Vuskovic; “Isla 10”, de Sergio Bitar; “Tejas Verdes”, de Hernán Valdés; “Cerco de Púas”, de Aníbal Quijada y otros que pasarán a formar parte de la biblioteca de los Derechos Humanos, que propuso el Informe sobre la Prisión Política y Tortura presida por Monseñor Sergio Valech y entregado a Chile y al mundo en diciembre del año pasado.

Recuperar la memoria histórica es la labor más digna y grande de “Morir en Primavera”. Para que las nuevas generaciones puedan mirar el pasado desde distintos ámbitos, disciplinas y puedan comprender el valor de la vida en momentos aciagos, donde la convivencia era compleja. Para no repetir errores y mirar el futuro con altura y humildad. Después de leer esta obra queda claro al lector que no se puede olvidar. No se debe olvidar.

Rolando Méndez Brieres nació en Angol en 1943, a orillas de la cordillera de Nahuelbuta. Estudió Derecho y Geografía en la Universidad de Chile En 1973 era abogado de la Dirección de Educación Pública del Ministerio de Educación. Fue jugador profesional de fútbol en las divisiones inferiores de la Universidad de Chile. Actualmente ejerce su profesión en forma privada.
Martes, 12 de Abril de 2005 10:06 ;?> Hay 22 comentarios.

04/04/2005


LAS DALCAS BAJO LA ARENA

FOT2002250029[1].jpgPor Aristóteles España

Este es el cuarto libro de poemas de Víctor Hugo Cárdenas (Castro, Chiloé, 25 de agosto de 1962). Uno de los jóvenes poetas olvidados de Chile, ausente del marketing, de los premios gubernamentales y la crítica, construye en este poemario un espacio enteramente chilote, con todo el mestizaje y toda su cultura. En este libro están los traucos inolvidables, los camahuetos, la Pincoya que muestra sus piernas al mundo; el joven Jote, ese pájaro con el cual volaba en su niñez de Nercón, donde su padre construía utopías en el viento,los Veliches, Chonos, Españoles de todas las partes de su ejercicio de dominio metafísico; ahí están las dalcas, esos pequeños botes que eran capaces de llevar a sus antepasados a Punta Arenas o la Ciudad de los Césares. Es decir, pura fabulación, pura historia construida en los margenes de la inteligencia y el miedo.

Las Dalcas de este poeta son los helicópteros de Pedro Ñancupel, los viejos aviones hechos de los cipreses de su estirpe. De repente, aparece una Ñata, una abuela en Villa Francia, sin que él lo sepa. Por todos sus ríos se respira libertad y ausencia. Este poeta es amigo de los imbunches, donde hay huellas de pájaros que se repiten, y donde queda el alma de Dios, nos dice en este libro lleno de fantasmagorías de la patria chilota.

Víctor Hugo Cárdenas es un poeta de la lluvia; cuando el lector ingresa a este libro ve caer granizos, la lluvia de Chiloé en todo su apogeo. El poeta dice que los turistas que observan su país ancestral miran las postales que ellos construyen en sus cámaras fotográficas. El poeta vuela como un ave sobre los atardeceres de su infancia. De repente hay llanto, el mismo sentimiento que embargó a los extranjeros cuando llegaron a esa isla mágica.

Contemporáneo de Nelson Torres, Mario García, Héctor Véliz, Rosabetty Muñoz perteneció al Grupo “Aumen” (eco de la montaña, en el idioma Huilliche) que formaron Carlos Alberto Trujillo y Renato Cárdenas en 1975 en la capital del archipiélago.

La propuesta de Víctor Hugo Cárdenas es que hay un tiempo mítico, un breve lugar donde los intelectuales sueñan, los poetas inventan ríos, los profesores también sueñan pero con un tiempo que fue; los pescadores recrean el pasado y dibujan en el agua, los agricultores sueñan en los bosques y esperan que pase La Voladora y La Fiura sobre los mañíos, mientras escuchan a los zorzales y tordos.

Hoy es el vuelo de las hortalizas, de los duendes, de los repollos y donde el surazo deja sus raíces y muere despresado por el hambre. Otro mundo, la cultura chilota está arrinconada. Otros líderes, los “viejos ya se fueron”, los palafitos son como una nube que está detenida en el tiempo.

Poesía del mestizaje la de este poeta. Por sus páginas está la cosmovisión Veliche, Chona, Española. Nunca Bernardo O”Higgins entró a estos territorios, tampoco los chilenos. Sólo el viento, dicen sus poetas.

Víctor Hugo Cárdenas construye ángeles que cabalgan en Ancud, Castro, Chonchi, junto a sus abuelos, amigos de infancia que dan cuenta de una realidad literaria poco difundida en tiempos actuales. Autor de “El juego de la Oca” (1977); “Treca treca peñi” (1986); “Entre la playa y el mar” (1988); “Las dalcas sobre la arena” (2005). Actualmente es profesor de literatura en la comuna de Maipú, en Santiago de Chile.
Lunes, 04 de Abril de 2005 14:05 ;?> No hay comentarios. Comentar.

26/03/2005


LLAVES PARA UNA MAGA

astrid.gifPor Aristóteles España

La escritora Astrid Fugellie (Punta Arenas, 1949) publicó recientemente el libro “Llaves para una maga” (Editorial La Trastienda, Colección Pez Volante, Santiago, 2004). Un texto poético sobrecogedor, lleno de imágenes sensuales que buscan un paraíso perdido en algún lugar de la tierra. Puede ser su lar magallánico o el país de nunca jamás; pero a medida que el lector ingresa a sus túneles donde el habla se transforma en respiración entrecortada, tiene la clara convicción de que la maga es un ser que no deja espacio para la reflexión sino para el vuelo. La Maga es un personaje que deambula en el lenguaje de la autora como buscando algo, un sueño, una imagen donde el viento del austro juega por las calles de Punta Arenas como si fuera un volantín que escapa de las manos de un niño en esas primaveras llenas de viento o un gato que corre por la avenida Bulnes, la principal arteria de esos confines en el sur del planeta.

El Premio Nacional de literatura, Volodia Teitelboim dice: “Astrid es una mujer de pactos secretos, una abarcadora de muchos anchos y misteriosos mundos…”

El recientemente fallecido poeta Jaime Gómez Rogers, escribió lo siguiente: “Este proyecto poético se organiza bajo la proposición de una especie de contrapunto entre “la maga” y las diversas llaves que abren ámbitos poéticos”.

”Llave de entrada”; “Llave maestra”; “Llave de dos vueltas”; “Llave rota”; “Llave de sol”, son los títulos de capítulos que nos ayudan a ingresar, raudos, a ciudades metafísicas, paisajes llenos de melancolía, donde la escritora conversa con su historia personal y con el mundo que la circunda.

Poemas urbanos, donde las palabras hilvanadas como un cántico a la soledad terminan protegiéndose de esa misma soledad de la cual habla en sus versos con distintas voces, como un coro griego lleno de pájaros, pingüinos, ruidos de automóviles. Como telón de fondo, la historia de Chile, de sus lecturas recientes, los sueños de futuro que nos trae esta maga llena de poesía.

“Llaves para una maga” es un texto que sitúa a la escritora como una de las principales exponentes de la poesía escrita por mujeres en Chile. Junto a Olga Acevedo, Stella Díaz Varín, Heddy Navarro, Yolanda Lagos, Cecilia Casanova, Eugenia Echeverría, nos proponen una mirada de la realidad desde ángulos escriturales que dan cuenta del oficio y de una visión de la historia y la política desde un país subdesarrollado como el nuestro. En la construcción de sus espacios se advierte el claro conocimiento de la poesía universal, sus acentos son cosmopolitas, sin dejar de lado la aldea como decía Tolstoi.

Astrid Fugellie es Educadora de Párvulos egresada de la Universidad de Chile. Ha publicado “Poemas” (1966); “Siete Poemas” (1969); “Una casa en la lluvia” (1975); “Quien es quien en las letras chilenas” (1982); “Las jornadas del silencio" (1984); “Travesías” (1986); “Chile enlutado” (1987); “A manos del año” (1987); “Dioses del sueño” (1991); “Los círculos” (1996); En 1989 obtuvo el Premio de la Academia Chilena de la Lengua."
Sábado, 26 de Marzo de 2005 11:45 ;?> No hay comentarios. Comentar.

19/03/2005


ANTOLOGÍA SEÑALADA

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LA POESÍA DE DAVID VALJALO



Por Aristóteles España

El escritor David Valjalo (Santiago, 1924) , residió fuera de Chile durante 35 años, en Los Angeles, California, y en Madrid. En esas ciudades dirigió una de las más importantes revistas de literatura chilena, denominada justamente así: “Literatura Chilena, Creación y Crítica”, que difundió a los autores de este rincón del mundo en otras lenguas y latitudes. Director del Teatro de Cámara de Hollywood, fue cronista del periódico “Los Angeles Times”. Amigo de Roberto Matta, Pablo Neruda, Enrique Lihn, Rolando Cárdenas, acaba de publicar en Santiago su libro “Antología Señalada” (Ediciones La Frontera, 2005). Este es un libro antológico que reúne gran parte de su producción poética. En sus textos habitan los rincones vacíos, nostalgia de la patria chica, homenajes a parientes literarios; particularmente emotivo es su homenaje a Vicente Huidobro, a los obreros metalúrgicos del Chile que soñaba desde el Imperio. Y al destierro. Pocos como él se preocuparon en tiempos complejos a salvar vidas y ayudar a los exiliados que llegaban por doquier a las costas de todos los continentes del planeta.

Sonetista de los buenos, introdujo en sus tiempos juveniles a Góngora, Quevedo, Lope. Ayudó a los jóvenes a rescatar los endecasílabos desde todos los muros, sobre todo el de las consonantes. Nadie como él llegó a escribir, también sonetos sobre los tiempos en los cuales vivió y vive aún en su casa de Ñuñoa. Amigo de Salvador Allende ha escrito grandes textos sobre el ex Presidente chileno, los cuales fueron publicados en la década del 70 en todo el mundo.

Su antología habla de sus ritos cotidianos en Estados Unidos, el pan, la nostalgia, los atardeceres en California, los viejos relojes con los cuales sueña en medio de una urbe tan distinta a su lar sudamericano.

Valjalo es un escritor preocupado de los avatares de la vida de un mundo que fue. En el soneto “Junto a mis manos” dice: “Junto a mis manos tengo un cuerpo entero/ que me molesta a veces/ Su manera presiento que me sobra, pasajera/ Por supuesto a los huesos me refiero".

Los poetas de su generación en Chile fueron, en algún sentido, cronistas de su tiempo. Militantes de la Guerra Fría, nunca rehuyeron el combate contra el poderoso, e incluso llegaron a escribir textos sobre esos paisajes culturales y políticos. Por eso mismo, nunca fueron partidarios de la exposición pública ni del debate sin contenido. Sus palabras no eran dogmas en sí mismas, sino emoción. Emoción pura, desde la nostalgia a la metafísica, desde el fusil, a la clandestinidad.

David Valjalo ha publicado libros sobre cine, la nueva canción chilena, mujer y cultura en el mundo hispánico. Su poesía ha sido traducida al inglés, francés, rumano, portugués y antologada en Chile y América. Fue Agregado Cultural del gobierno de Salvador Allende en California.

Entre sus publicaciones mencionaremos “Presencia de Chile en California” (1974); “Diez años de cine chileno” (1980); “Nueva canción/ Canto Nuevo” en colaboración con Eduardo Carrasco y Patricio Manns, ( 1984); “Teatro Chileno (dentro / fuera)" en colaboración con Jorge Díaz. Editor y autor de las antologías “Antología de Poesía Chilena a través del soneto”, en colaboración con Antonio Campaña (1987); “25 poetas chilenos” (1994). En poesía: “Los momentos sin números” (1948); “El otro fuego” (1960); “Poemas de la resistencia” (1984); “Elegía al aniversario del universo” (1985). Actualmente reside en Santiago donde imparte talleres y seminarios en universidades chilenas.
Sábado, 19 de Marzo de 2005 19:33 ;?> No hay comentarios. Comentar.

12/03/2005


LA POESÍA DE MARCELA MUÑOZ

marcela.gifPor Aristóteles España

“Poemas para no matar”
(Autoedición, 2005) se titula el último libro de Marcela Muñoz Molina (Puerto Natales, 1966). Textos del hastío, de la furia, la violencia interior que se produce cuando se espanta a la muerte, ya sea a través de una escoba, de un ave que llora en medio de remolinos azules como señala en los comienzos de su poemario. Estos versos son un canto a un pasado que aún permanece en la nostalgia; hay instantes de magia cuando divaga sobre quien cuidará de los libros cuando todos nos hayamos ido. La atmósfera teilleriana es nítida, audaz; recrea un mundo lleno de soledad donde habitan los desamparados, los niños vagabundos, ciudades perdidas en un país inexistente.

Con este libro, Marcela Muñoz se sitúa entre las mejores poetas de su generación en Chile. Sin duda alguna. Por sus páginas llenas de nieve dice que algún día volveremos a ser espíritus, bailaremos como lenguas de fuego, cuenta en su homenaje a las mujeres de la etnia Selk”Nam, que poblaron los territorios de la patagonia.

Los “Poemas para no matar” de la autora magallánica están imbuidos de fantasmas de todo tipo; almas que navegan por el Golfo de Penas o las Torres del Paine; aparece un sol, una explosión, un relámpago donde la escritora sueña con un mundo mejor y parte llena de lluvia hacia avenidas infinitas, a lugares remotos, con los poemas que cantan y despiertan en Bruselas, Buenos Aires, Barcelona.

La autora siente que la vida se va por todos los costados: “Debería salir de mi casa/ y morder las piernas de los transeúntes/ sólo porque sus pies manchan irresponsablemente/ las calles”. Gran parte del libro tiene ese hálito. Cierta desesperanza, el olor a libertad que desaparece por las calles de Punta Arenas, las luces de las noches heladas en invierno donde nunca se logra alcanzar la intensidad de la lluvia, el viento gélido del austro, como en los mejores momentos de Rolando Cárdenas, Olga Acevedo, María Cristina Ursic; árboles que no lo son; sino espectros en la memoria desesperada que vuela sobre el Estrecho de Magallanes.

“Escritura de los patíbulos, con las manos en el viento, donde se pierde el tiempo soberanamente, porque lo sabemos de arena”, dice de este texto el poeta Pavel Oyarzún en el prólogo.

Hay una línea de trabajo en la autora que establece sus dominios en el vértigo patagónico, allá donde el cielo se pierde en cavidades blancas y donde el sol aparece vestido de rojo en las aguas.

Marcela Muñoz Molina ha publicado los libros “Angeles y limusinas” (1989); “El salvavidas lleva mi nombre” (1994). Sus textos han sido publicados en la antología “Poetas jóvenes de Chile”, Universidad de Concepción (1998); “Antología insurgente, la nueva poesía magallánica”, de Pavel Oyarzún y Juan Magal (1998).

Actualmente reside en Santiago donde realiza estudios de dramaturgia.
Sábado, 12 de Marzo de 2005 15:18 ;?> No hay comentarios. Comentar.

05/03/2005


POESÍA EN MAPUDUNGUN

mapu.gifPor Aristóteles España

Graciela Huinao (Rahue, Osorno, 14 de octubre de 1956) es una de las más importantes poetas mapuche - huilliche que escribe, además, en mapudungun y traduce su obra al español. La editoriales Ayun y Tiempo Nuevo en Santiago acaban de publicar su libro “Walinto” , un profundo canto a su pueblo, desde las mismas entrañas del lenguaje aprendido en los bosques del sur del mundo y un ejercicio lleno del aire de la cosmogonía donde nacen los sueños de sus antepasados, de la historia aprendida en medio de los fogones de su infancia y juventud como lo señala en la introducción de su poemario. Graciela Huinao comienza de la siguiente forma su relato poético: “Nunca fuimos el pueblo señalado pero nos matan en señal de la cruz”.

Los versos son breves, concisos. A través de su lectura el lector ingresa al país de la infancia de esta autora que cultiva la oralidad con una metodología rigurosa donde las palabras e imágenes saltan y juegan en el libro para mostrarnos el invierno que dejaba caer sus armas en el patio de su casa, los amaneceres de la pobreza, la violencia del poderoso en contra de sus hermanos.

Emotivos son los pasajes donde recuerda a su padre que atrapaba brujos y duendes en medio de la lluvia y ella los soltaba bajo el calor de un mate en su hogar donde el viento era la música y el fuego.

Sigamos ahora con los rituales de su pueblo. En el poema “Nguillatun en la costa” dice:

“Para poner tranca a la miseria
cada cierto tiempo
los wuilliche de la costa
desclavan de sus ruka las penas.

Se descuelgan de la historia
y a Pukatriwe llegan
espantando con el Nguillatun
al maligno espíritu del hambre
que va en estampida por la cordillera.

Los williche y el mar
en vigilia
comulgan tiempos de miseria”

Poesía dolorosa, de ausencias, que escarba los sentidos y los transforma en un canto de amor. La escritora Cecilia Vicuña quien la publicó en Nueva York dice: “Escribir es una actividad cargada, cuando la que escribe es la primera que toma el lápiz en una línea familiar de mujeres raptadas y violadas. La primera que escribe debe empezar por establecer sus territorios, delineándolos como una marca. Aceptando el desafío Graciela Huinao ha dicho que quiere escribir la historia de su familia. “Soy la primera que se atreve”.

Consultada por la prensa chilena acerca de si existe discriminación en Chile hacia la poesía mapuche- huilliche, Huinao señala que no “sólo a los poetas se nos discrimina por nuestra raza, sino a los pobres, a los gordos, a los discapacitados, a los feos”.

Los editores de la revista “Intramuros” en Santiago señalaron: “Ser mujer, pobre y más encima mapuche son tres estigmas que esta artista ha tenido que sortear para desarrollar su carrera. Como primera mujer de esta etnia en las letras nacionales, debió tocar muchas puertas antes de publicar un libro en nuestro país. Y, como ya parece ser parte de nuestra idiosincrasia, sus poemas fueron editados con anterioridad en Estados Unidos”.

En 1998 Cecilia Vicuña la incluyó en su antología publicada en Pittsburg, USA, titulada “UI, Tour Mapuche poets”, junto a Elicura Chihuailaf, Leonel Lienlaf, Lorenzo Aillapán, Pedro Aguilera Milla, Jaime Huenún, José Ancán, Victorio Pronao.

Autora de “La Loika” (1980); “La nieta del brujo” (1985); “Walinto” (2005) su obra ha sido traducida a varios idiomas y publicada en revistas especializadas de Chile y América Latina.
Sábado, 05 de Marzo de 2005 20:05 ;?> No hay comentarios. Comentar.

28/02/2005


MARIO BENEDETTI

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AMOR, EROTISMO Y MUJERES



Por Aristóteles España

El autor de “Gracias por el fuego" (1965) y “Primavera con una esquina rota” (1983), acaba de publicar una antología con sus mejores poemas de amor. En tiempos de violencia y desencuentros como en los días actuales es agradable leer textos con un fuerte contenido erótico y romántico. Además, el poeta siempre se ha preocupado de usar un lenguaje cotidiano, donde la oralidad se transforma en un recurso para llegar a todo tipo de lectores: intelectuales y obreros, médicos, profesores, abogadas, enfermeras, campesinas, estudiantes de decenas de países donde se lee a este uruguayo comprometido con las causas del pueblo en épocas difíciles.

“El amor, las mujeres y la vida” se titula este libro editado por Seix Barral para el mundo hispano (2005) y que circula en Santiago de mano en mano; se lee en eventos juveniles, universitarios, sindicatos, donde cantantes musicalizan su obra con toda sencillez.

Con un epígrafe de Arthur Schopenhauer: “El amor es la compensación de la muerte; su correlativo esencial”, Benedetti dice en la presentación de su texto: “el amor es el apogeo en las relaciones humanas. Curiosamente -continúa- un autor controvertido en estos temas como Schopenhauer no puede soslayarlo al escribir la frase con la que comienzo esta selección antológica”. El autor uruguayo señala que el amor y las mujeres están más cerca de la vida que de la muerte.

Su antología temática es el resultado de cincuenta años de vida dedicado a la literatura, en su país, en España y en otras latitudes donde vivió el exilio producto de su oposición a los regímenes militares de su país.

Todos los poemas son del más agudo tono conversacional, y muchos de ellos permanecen en la memoria a través de la música de trovadores argentinos, uruguayos, españoles y chilenos que lo cantaron en épocas de clandestinidad, en épocas de amor y muerte como lo señalan sus amigos escritores. El poema “Te quiero” da una muestra de esos instantes: “Tus manos son mi caricia/ mis acordes cotidianos/ te quiero porque tus manos/ trabajan por la justicia/ si te quiero es porque sos/ mi amor mi cómplice y todo/ y en la calle codo a codo/ somos muchos más que dos”. Memorable es la interpretación de Mercedes Sosa.

Mario Benedetti fue amigo de Pablo Neruda, Enrique Lihn; ha compartido con Nicanor Parra; admirador de la obra de Jorge Teillier, de Manuel Rojas, Violeta Parra, Víctor Jara, hoy vive retirado de la vida pública entre Montevideo y Madrid. Escribe sus memorias, algunas crónicas sobre poesía; renueva el lenguaje de los sentimientos y demuestra que el amor, esa fuerza emblemática de la vida que encarnan las mujeres, es el único elemento que sirve para enfrentar la muerte.

Nació el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros, Departamento de Tacuarembó, República Oriental del Uruguay. Vivió su juventud en Buenos Aires, integró la redacción del semanario “Marcha”. En 1949 publicó su primer libro de cuentos titulado “Esta mañana”. En 1950, su primer libro de poemas “Solo mientras tanto”. Sin embargo, fue con “Montevideanos” (1959), y con “La tregua”, (1960) que adquirió fama internacional. Ambos libros fueron llevados al cine, a la televisión y traducidos a decenas de idiomas. Tiene más de sesenta libros publicados y en 1987 Amnistía Internacional le otorgó el Premio Llama de Oro.

En Chile, algunas de sus obras han sido montadas por el Teatro Ictus."
Lunes, 28 de Febrero de 2005 00:00 ;?> No hay comentarios. Comentar.

22/02/2005


EL POETA MIGUEL ARTECHE

1Arteche.gifPor Aristóteles España

Osvaldo Miguel Salinas Arteche
, conocido como Miguel Arteche en los medios literarios de Chile y Latinoamérica, nació el 24 de junio de 1926 en Nueva Imperial (Cautín). Uno de los grandes poetas chilenos, cultiva con maestría el verso religioso, incorporando formas clásicas e introduciendo en nuestro sistema literario a Berceo, Quevedo, Góngora, Garcilaso, Lupercio, Argensola, Vallejo, Juan Ramón Jiménez. Ajeno al influjo nerudiano, en entrevistas recientes reconoce que no conoció a Huidobro ni a De Rocka, siempre se alejó de Pablo Neruda “porque había en él una atmósfera de idolatría que no acepto. No tengo afinidad con ninguno de ellos, mi sintonía poética parte con Gabriela Mistral. Es la más grande poeta de Chile y tal vez del continente. Mis raíces están en su obra. Ella es mi punto de partida. Admiro su poesía y su posición ética”, dijo al periodista chileno Luis Alberto Mansilla en la revista a“Punto Final”.

Arteche es un poeta del descubrimiento. En sus poemas las elegías tienen tanta importancia como las bicicletas abandonadas en la lluvia, las arpas rotas en el agua y se escuchan los ecos de los trenes que pasan y dejan en los durmientes sus metálicas furias. Admirador de la obra de Luis Cernuda, tiene una fuerte vinculación con la Generación del 27 en España, producto de sus constantes lecturas y de su vinculación con el mundo cultural de ese país durantes sus residencias en la capital española, como estudiante y diplomático chileno en el gobierno de Eduardo Frei Montalva, desde 1965 a 1970.

El poeta Andrés Morales lo describe como un vate vinculado al sur profundo de Chile, a sus árboles, paisajes, a sus vientos que tienen un indiscutible protagonismo. Señala que “Invitación al olvido” (1947) es uno de los mejores primeros libros editados por autores chilenos en el siglo XX.

El novelista José Donoso escribió un artículo en el diario “El Mercurio”> el 10 de octubre de 1963 sobre la obra de Arteche que tituló “la realidad que nos sobrepasa”: Allí rescata su fuerte raigambre hispánica. Dice: “La poesía de Miguel es de corte tradicional y se desarrolla siempre en presencia de las grandes cosas inmutables: Dios, el amor, la muerte”.

Podemos señalar que este poeta ha dado una dimensión religiosa del mundo a nuestra poesía y logrado crear una corriente en este sentido en nuestro país. Además, ha sido riguroso en su escritura, en el sentido que la poesía es, en primer lugar, un arte, y que no se puede escribir bien sin que se domine ese arte.

Arteche es también un poeta bíblico en el sentido de que en sus textos siempre están presentes los elementos de las Sagradas Escrituras, de los sueños que allí subyacen y de los recodos que hay en los pasajes más elementales y significativos como el amor, la creación de un mundo nuevo, los mandamientos.

Sus principales obras son: “Invitación al olvido” (1947); “Oda fúnebre” (1948); “Una nube” (1949); “El sur dormido” 1950; “Solitario, mira hacia la ausencia” (1953); “Otro continente” (1957); “Quince poemas” (1961); “Antología de 20 años” (1972); “Variaciones alemanas” (1986); “Tercera antología” (1991). Novelas: “La otra orilla” (1964); “La disparatada vida de Félix Palissa” (1975); "El alfil negro” (1992). Cuentos: “Mapas del otro mundo” (1977); “Las naranjas del silencio” (1987: Autor de ensayos antologías, ha recibido premios de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción, de Municipalidades chilenas. Es miembro de la Academia Chilena de la Lengua y de la Real Academia Española.

Fue subdirector de la Biblioteca Nacional de Chile y en 1996 se le otorgó el Premio Nacional de Literatura."
Martes, 22 de Febrero de 2005 20:28 ;?> No hay comentarios. Comentar.

08/02/2005


ADIÓS POETA

Por Aristóteles España

Hace pocos meses falleció el poeta y periodista Raúl Mellado Castro (Neblinto-Collipulli, 1931). Su poesía se caracterizó por un enorme amor por la tierra, la lluvia y los bosques del sur de Chile. Retrató parajes escondidos; sonidos ancestrales de los bosques de su patria metafísica; llamó por su nombre a las distintas variedades de pájaros y árboles de su mundo de infancia y redescubrió amaneceres; cánticos tan propios de La Frontera.

De alguna forma sus versos tienen que ver con la poesía de Juvencio Valle y Jorge Teillier. La miradas a las estaciones de trenes, a los relámpagos, a los bosques milenarios, a los insectos y musgos de su región interior.

Desde su primer libro se destacó como un poeta con un profundo sentido de la instrospección, como señaló el propio Pablo Neruda al incluirlo en antologías de su tiempo. Desde sus versos es posible observar y sentir los granizos que caen en los inviernos; el sonido del vuelo rasante de los cóndores, jotes, canarios, zorzales y los vientos helados de otoño cuando los niños van al colegio a kilómetros de distancia de sus hogares, a pie, o en un caballo mojado por la neblina y la humedad.

Raúl Mellado ejerció también el periodismo político y cultural. Tenaz luchador por los derechos del hombre, siempre estuvo al lado de los desposeídos y en contra de la injusticia. Su poesía es un canto a la libertad, a favor de los sueños, contra la muerte; por todos los costados del lenguaje sus versos irradian alegría de vivir.
En su ocasión, Neruda le dijo en una nota referida a su libro “Tren del Sur”: “Hermosísimo tu tren, me consta, lo hemos vivido, pero tú lo haces cantar, y echar fuego, humo, estrellas”.

El periodista Luis Alberto Mansilla publicó en la revista “Pluma y Pincel”: “Raúl ha sido siempre un poeta-periodista. No ha dejado jamás de redactar crónicas y párrafos: Pero también nunca ha cesado de escribir poesía. Su producción está dispersa en diarios populares, suplementos, páginas culturales, en los rincones desdeñosos que la prensa le dedica a la poesía, siempre expuestos a ser suprimidos o a ser reemplazados por un aviso de colchones o desodorantes”.

El escritor Alejandro Lavquén señaló: “Con la misma sorpresa que de pronto nos llega un poema que jamás imaginamos, nos sorprende el encuentro con la muerte. No existe hora ni lugar, sólo toca y susurra, inesperadamente. Así sucedió con la partida de nuestro querido poeta”.

Autor de “Poemas” (1950); “La tierra colorada” (1958), Premio “Alerce” de la Sociedad de Escritores de Chile, siendo jurados Nicanor Parra, Juvencio Valle, Luis Oyarzún; “Cuerdas de lluvia” (1978); “Verbo de la tierra” (1981); “Tren del sur y otros poemas” (1989); “Musas a la cacerola” (1994); “Como si fuera un puente” (1999), su obra antológica.

Fue director de la revista “Vistazo”; director del suplemento cultural del diario “El siglo”; redactor del diario “Central” de Chillán y Jefe del departamento de prensa de la radio de la ex Universidad Técnica del Estado hasta 1973.

Estos últimos años se desempeñó como Secretario Técnico de la Sociedad de Escritores de Chile, y director de la revista de poesía “La Hoja Verde”, junto a su esposa Lavinia Lara, donde editó a cientos de vates de Chile y del mundo, en un esfuerzo por dar a conocer lo mejor de la producción poética de comienzos de siglo.
Martes, 08 de Febrero de 2005 13:26 ;?> No hay comentarios. Comentar.

24/01/2005


LA POESÍA DE JOSE ÁNGEL CUEVAS

allende.jpgPor Aristóteles España

“1973”, es el título del nuevo libro del poeta José Ángel Cuevas (Santiago, 1945), editado por LOM ediciones. “1973”, a secas. Para el mundo chileno y latinoamericano ese año es fatídico. El golpe de estado en Chile y el exterminio de miles de militantes que habían hecho suyo el sueño de lograr mejores días para los desposeídos. Este texto de gran belleza y lleno de emoción nos traslada a los días del gobierno de la Unidad Popular, los deseos de llevar a cabo transformaciones en todos los ámbitos de la sociedad chilena. Hay voces de militantes desesperados, dirigentes aislados de la realidad, evocaciones al proletariado alemán, a la construcción de vanguardias que iban a llevar directamente al paraíso a todo un mundo que no lograba entender lo que estaba sucediendo. Seres mesiánicos que pensaron estaban iluminados para construir una sociedad sin clases, dice en un poema.

Sin duda, éste es un libro de la derrota, de sangre por las calles como en los versos de Neruda en la guerra civil española, de alucinaciones, de alcohol, bares, bohemia. El hablante que recorre este texto es como un peatón que deambula por los rincones de una urbe llena de locura y con la angustia de que sus mejores hermanos, están muertos o se auto exiliaron en su propio país, insertos en delirantes análisis para explicar lo sucedido. A su lado hay palomas, perros vagos, gatos en tejados llenos de telarañas, prostitutas, poetas que escriben poemas de amor y muerte. De repente este libro de José Ángel Cuevas nos recuerda el “Aullido” de Allen Ginsberg. No hay escapatoria para el lector. Por sus palabras fluye todo el dolor del mundo, tanques que arrasan la ciudad, sus edificios, dejaron sólo al Presidente, dice, hay perros malditos que nos les importa la poesía política. El poeta cuestiona desde la lírica a sectores de la izquierda chilena, los retornados nos dijeron que en la Urss y en el bloque del Este no existía el socialismo, relata. Para comprender mejor este poemario hay que decir que el autor siempre permaneció en Chile, y que el personaje que construye en este libro, en gran parte, es él; con toda la voluntad de quien no tuvo ayuda para sobrevivir en medio del horror imperante en los años dictatoriales.

En el poema 212 saluda a su generación que estuvo en el hospital psiquiátrico de Santiago, a sus cuerpos llenos de alcohol, drogas, miseria, a sus amigos estudiantes que salían de las prisiones con los dientes quebrados y sin uñas. Los obreros y campesinos ya no están unidos, afirma, los boleros no son los de antes, Allende está muerto y cada día los partidos lo olvidan más.

Esta es una poesía de la aniquilación, los hablantes que participan de esta experiencia tienen sus propias alucinaciones, son los desechos históricos de una “temporada en el infierno nacional”, dicen los editores.

José Ángel Cuevas ha publicado “Introducción a Santiago” (1981); “Adiós muchedumbres” (1989); “30 poemas del ex poeta” (1992); “Proyecto de país” (1994); “Poemas de la comisión liquidadora” (1997); “Diario de la ciudad ardiente” (1998); “Maxim” (2000).

Ha obtenido premios de Consejo Nacional del Libro; de la revista de libros del diario “El Mercurio”, de la Federación de Estudiantes de Chile. Sus obras han sido publicadas en revistas de América Latina y Europa. En la década del sesenta estudió Filosofía en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile
Lunes, 24 de Enero de 2005 18:55 ;?> Hay 1 comentario.

19/01/2005


TERRITORIO CELESTE

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LA POESÍA DE PABLO GUÌÑEZ



Por Aristóteles España

El autor de “Fundación de las Aguas”, (Ediciones del Grupo Fuego de la Poesía, 1973), uno de los principales libros de la poesía chilena contemporánea, acaba de editar “Territorio Celeste” (Ediciones del Concolorcorvo, Colección Papel de Poesía, Santiago, 2004).

Se trata de un espacio lleno de rituales y sueños donde la soledad es la principal protagonista, como en una película. El poeta recorre los ríos de Heráclito, “río lentísimo dentro de la flecha”, dice, para conversar con el “Cuerpo de Dios”. Es decir, poesía de la religiosidad vista desde el punto de vista de un hablante desesperado por conocer su destino. Juegan los rayos, la voz de los ángeles se deslizan por un cielo lleno de fantasmas, hay un coro de hombres y mujeres que cierra los ojos frente al cielo; es la sombra de Dios dicen los cánticos. Es un himno de gloria. La vida, la plenitud de un ser que ama sus temblores y su relación con la muerte. La idea es atrapar el tiempo, detener los instantes de magia.

Pablo Guíñez nos habla de días de piedra y de luna entre los árboles del rayo. Las paredes de sus círculos personales tiemblan en humos verdes, en territorios donde la religiosidad es un país sin fronteras. Por sus poemas atraviesan insectos, colibríes, pájaros de sus mundos de infancia, pétalos, árboles enormes que cobijan zorzales, jotes, toda la lluvia del sur de Chile.

El poeta nació a la vida literaria chilena en la década del 50 apadrinado nada menos que por Juvencio Valle y Nicomedes Guzmán. Este último dijo de su obra: “Pablo tiene un vigor conceptual único, ausencia de imágenes demasiado trabajadas, instinto lírico que trasciende en una expresión serena, transparente y cordial”. Juvencio Valle lo situó de inmediato entre los grandes de su generación junto a Jorge Teillier, Rolando Cárdenas y Enrique Lihn.

Otra de las particularidades de su propuesta lírica es el juego. En todos sus poemas se siente un aire de alegría por conversar con las palabras. Los adjetivos, los adverbios; todo está donde debe estar. La misma construcción de los escenarios del poema; es un artesano que conoce su oficio, lo domina, por lo tanto las lecturas de su vida aparecen nítidas y resplandecientes sin que se noten las influencias; al contrario, incorpora a su acervo, poesía nórdica, poesía lárica, pero sin el hálito teilleriano. Aparecen otras cosmogonías, otros refugios, otros pueblos perdidos, en otras latitudes.

Junto a Gonzalo Rojas y Neruda, es el único autor chileno que tiene uno de los mejores poemas a las piedras reales y metafísicas; las piedras rodeadas de hojas, de ancianas con ojos de pajaritos, piedras con cáscaras y manos que sostienen el aire del universo, dice en su poema “Transparencia”.

Pablo Guíñez nació en Lumaco en 1926. Pertenece a la Generación del 50, término creado por Pedro Lastra y que comprende autores nacidos a partir de 1925 a 1939. Estudió en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile y ha ejercido la docencia en la capital chilena. Autor de “Miraje solitario” (Santiago, 1952); “Ocho poemas para una ventana” (Santiago, 1956); “Afonía total” (Santiago, 1967); “Fundación de las Aguas” (Santiago, 1973); “Territorio Celeste” (Santiago, 2004). Fue fundador del Grupo Literario “La Fraternidad del Agua”, entre 1973 y 1973. Obtuvo el Premio de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción en 1967 y ha sido un permanente animador de talleres de creación literaria en las universidades de su país y en la Sociedad de Escritores de Chile.
Miércoles, 19 de Enero de 2005 00:45 ;?> No hay comentarios. Comentar.

01/01/2005


LOTA SOBRE LA TIERRA

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(Un poema de fin de año)



Por Aristóteles España

Enero de 2005

Así se titula el último libro del poeta Reinaldo Lacámara, (Santiago, 1956) publicado por Ediciones Del Gallo. Se trata de un poema homenaje a los mineros de Lota, que fueron capaces de crear una cultura propia en medio de condiciones de trabajo deplorables e indignas. Este pueblo que hoy se recuerda como un espacio de esperanza y de luchas por la dignificación del trabajo, cuna de grandes movimientos sociales, permanece olvidado por cronistas y escritores chilenos. Sin embargo, es posible, verlo en páginas y revistas europeas como símbolo de la cultura del esfuerzo tan propia de los países subdesarrollados.

Reinaldo Lacámara, investiga en terreno, sueña en medio de las calles de ese campamento, comparte con los viejos mineros, trazando rutas invisibles a las cuales sólo llegan los verdaderos poetas.

José Santos González Vera, Nicomedes Guzmán, el mismo Pablo de Rocka, Francisco Coloane, y otros escritores trabajaron con la realidad, en el barro que emana de sus fauces, aunque ésta les escamoteara la vida y salieran sangrando de narices de los grandes episodios de la vida nacional. Las aventuras secretas de los conventillos, de las plazas de provincia, de pueblos olvidados, cobran vida cuando un autor se compromete con su historia y con sus sueños, ya sean éstos de futuro, o de hecatombes.

Dice el poeta: “El carbón vino del fondo de la tierra / fue una corriente insostenible / más tarde, quedó hecha estría geológica / se hizo vena del planeta”.

En este libro, en el fondo húmedo de sus versos, repletos de sal y sonidos de locomotoras, de paredes de agua, de sudor, de olvido, el escritor logra atrapar el tiempo, como en “Sewell” de Baltazar Castro; “Subterra”, de Baldomero Lillo; “Chuquicamata, imágenes en poesía”, de Héctor Lagos. Detener para la eternidad los instantes de esplendor de los mundos olvidados, ajenos al progreso y al conocimiento, donde sólo importó la explotación del hombre por el hombre para enriquecer a compañías extranjeras que finalmente terminaron por alejarse para siempre de estos lugares inhóspitos para su sed de riqueza.

Personajes como Luis Cunahuel, Pedro Ñeuquil, Juan Lámpara, cobran vida en medio de los rieles, de los piques, del cielo de Lota, de las noches llenas gases tóxicos, de las manos llenas de fuego y sangre.

El poeta se compromete con los mineros olvidados, con sus recuerdos, con un mundo que ya no existe pero que fue parte de los mejor de nuestras tradiciones culturales e históricas. Este largo poema épico quedará en la historia de nuestra poesía como un aporte al rescate de las luchas del mundo de los oprimidos en un tiempo como el actual donde los vates están ensimismados con la palabra pero no con la emoción.

Reinaldo Lacámara
fue parte del grupo fundador del Colectivo de Escritores Jóvenes de Chile en 1982. Autor de “Huellas urbanas” (1989); “Pasajes de otro año” (1997); Su poesía está editada en cassette y discos compactos bajo de el título de “Un giro, todo un mundo” (1992). En la actualidad integra el directorio y el comité ejecutivo de la Fundación Delia Del Carril, y es director de Arte de la Casa Michoacán de Los Guindos, en Santiago.

En la década del 70 estudió Ingeniería Electrónica en la Universidad Católica de Valparaíso.
Sábado, 01 de Enero de 2005 20:02 ;?> No hay comentarios. Comentar.

25/12/2004


PUTAS TRISTES

seriemilenio03[1].gifPor Aristóteles España

“Memoria de mis putas tristes”
(“Editorial Sudamericana, 2004) es el último libro del Premio Nóbel Gabriel García Márquez. Se trata de la historia de Mustio Collados, cronista del diario local, en una ciudad del trópico, captador de ondas cortas y teletipos, que decide regalarse una noche de amor con una adolescente virgen el día de su cumpleaños 90. Para tal efecto, toma contacto con Rosa Cabarcas, dueña del mejor prostíbulo de la ciudad y comienza una aventura esperpéntica, llena de locura y ensueño. Nuestro personaje se jacta de que nunca se ha acostado con una mujer sin pagarle y a las pocas que no eran del oficio tuvo que rogarles de que aceptaran dinero aunque después lo botaran a la basura.

Esta novela es una recreación del clásico japonés “La casa de las bellas durmientes” de Yasunari Kawabata donde el personaje pagaba por dormir (“tan solo mirarlas”, dice el personaje original) con niñas drogadas y alcohólicas.

Collados, frecuentador de todas las casas de remolienda del pueblo, es un personaje solitario, sentimental, aferrado a la vida a través de lo que ha aprendido en los libros de la literatura griega, española. Vive un mundo de fantasía; toda su vida es buscar espacios para dar rienda suelta a su líbido lleno de frustraciones. Hace el amor con su nana mientras ella enjuaga ropa en un lavadero, de pie. Se masturba con el olor de amantes de cinco minutos.

La cabrona Cabarcas le consigue una muchacha pobre que Mustio Collados llama Delgadina. Ella trabaja pegando botones en una fábrica y por las noches acude al extraño ritual de dormir mientras el anciano la observa, hasta que se enamora perdidamente. El pánico se apodera del galán pues se aterra ante la cercanía de su muerte. Mientras tanto, aprovecha este instante de locura y anda en bicicleta, conversa con antiguas amantes, repasa cada etapa de sus noventa años. La decrepitud física es dura mientras el alma está cada día más joven, le dice su amiga Rosa. La regenta le aconseja que haga por primera vez en su vida el amor; con amor.

Eso lo enloquece. Mustio Collados por primera vez en su vida sonríe y quiere vivir hasta los 150 años. Estos momentos de frenesí erótico, mantiene en pie a la novela hasta el final, sin concesiones. El lector quiere saber el final de esta historia, sencilla pero de gran complejidad.

Este libro no tiene el esplendor de “Cien años de soledad”; no está a la altura de “El amor en los tiempos del cólera”. Pero Don Gabo es fiel a sí mismo. Su prosa es ágil; todo está donde debe estar, sin perder de vista la emoción, y la magia de la palabra. El estilo garciamarquiano sigue intacto.
Sábado, 25 de Diciembre de 2004 19:58 ;?> No hay comentarios. Comentar.

20/11/2004


POESÍA DELSUR DE CHILE

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SERGIO MANSILLA TORRES



Por Aristóteles España

“Óyeme Como Quien Oye Llover”
es el título del nuevo libro del poeta Sergio Mansilla Torres, actual académico de la Universidad de los Lagos en la ciudad de Osorno y oriundo de la Isla de Quinchao del Archipiélago de Chiloé, donde nació en 1958. El nombre del poemario está basado en un verso de Octavio Paz, lo que permite introducirnos a este espacio poético lleno de reminiscencias del mundo lárico fundado por Jorge Teillier, pero con una acabada reelaboración escritural y cósmica donde cohabitan sus vientos de infancia, islas remotas, perdidas en los mapas, con fantasmagorías de otras culturas que el autor conoció en sus viajes de estudios en Estados Unidos, Francia, en lecturas de los clásicos de nuestra lengua.

En sus poemas se escucha la lluvia del sur chileno, el agua territorial, metafísica donde sueñan los alerces, los chucaos, los viejos traucos que cantan al atardecer cerca de Chonchi o Llau-Llao, las mareas altas y bajas donde aparecen rocas que raras veces se ven al aire, dice el poeta, para contarnos “que la marisca se entume por el frío y se endurece por la sal invisible de los muertos”.

Por todas partes se respira el sur del mundo y especialmente Chiloé, su patria ancestral, llena de mitologías, leyendas, peces, la lluvia torrencial del invierno con crepúsculos llenos de aves que no pueden volar, brujos que sobrevuelan Quellón, Ancud, Quehui, junto a La Fiura, La Voladora, El Camahueto, y se escucha a lo lejos música en la cubierta de El Caleuche, esa nave que ha hecho soñar a muchas generaciones.

El escritor, junto a otros autores del Grupo Literario “Aumen” de Castro, creado en 1975, que en lengua Huilliche significa “Eco de la Montaña”, son los fundadores de la poesía contemporánea en ese lugar del planeta. Citaremos, además, a Carlos Alberto Trujillo, Nelson Torres, como los tres mejores exponentes de ese universo donde se conjugan la fabulación, con una cosmogonía clásica que representa fielmente el habla de su pueblo, la historia y geografía del mundo Chono, Veliche, la presencia española desde el siglo XVII, donde se hace más fuerte el mestizaje.

Este libro nos entrega una fisonomía de la nostalgia por un mundo que fue. Sergio Mansilla viaja por el tiempo, juega con las nubes que anuncian un aguacero, o el temible surazo que los abuelos chilotes describen como un castigo de los dioses. A lo lejos se divisan embarcaciones que recorren las islas buscando paisanos que van a la feria de Dalcahue a intercambiar papas por chombas, corderos por camisas, azúcar, remedios, como en uno de sus poemas de juventud donde dice “Anda al pueblo, hermano, a vender estas cuantas gallinitas”.

Todo un acierto este libro que recrea un mundo poco conocido en nuestra poesía y lo
transforma en aire, belleza, magia.

Sergio Mansilla Torres es autor de “De la huella sin pie”, “Respirar en el desfiladero”, “Noche de Agua”, “El sol y los acorralados danzantes” y una decena de textos de crítica literaria. Pertenece a la Generación NN, poetas que comienzan a escribir en los inicios de la dictadura militar. Obtuvo un doctorado en literatura en la Universidad de Washington, Seattle.
Sábado, 20 de Noviembre de 2004 20:23 ;?> No hay comentarios. Comentar.

10/11/2004


TIERRA DEL FUEGO

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EN DÍAS DE VIENTO AUSENTE



Por Aristóteles España

Así se titula esta nueva novela del escritor magallánico, Eugenio Mimica Barassi (Punta Arenas, Chile, 1949). La obra, ambientada en esos confines misteriosos en el sur del mundo, es un canto a la soledad de esa isla que junto a Chiloé y Cuba son las más grandes de Sudamérica. Mimica rinde homenaje a Gumercindo Torres Vera, quien desapareció misteriosamente el 23 de febrero de 1985 en el Campamento Cerro Sombrero, hoy comuna de Primavera; construye diferentes escenarios que relatan la búsqueda de este pionero que desde 1929 había comenzado a trabajar en las primeras prospecciones de la Superintendencia de Salitres y Minas del gobierno de Chile. Torres Vera había trabajado en Tres Puentes y Tierra del Fuego, plantas de la Empresa Nacional del Petróleo, desde que descubrieron el Oro Negro el 29 de diciembre de 1945. Una vez jubilado, después de 25 años en esas faenas, y en pleno descanso existencial después de toda una vida dedicada al trabajo decide regresar a Cerro Sombrero, junto a su esposa, para visitar a una de sus hijas.

Un 23 de febrero de 1985 desaparece sin dejar rastros. Lo buscaron con helicópteros, en los pozos abandonados, en los riachuelos, en pequeñas cuevas donde habitan castores, depredadores de todo tipo, gatos salvajes, pero de don Gumercindo nunca más se supo, hasta que diez meses después, en diciembre, su hijo Héctor lo encuentra en un sector del Río Side, lugar al que habían acudido decenas de veces, a doce kilómetros al norte de Cerro Sombrero.

El novelista indaga en la memoria y en la sicología de sus parientes y amigos, los instantes donde Alfonso lo busca en su moto, con el viento de fondo como un personaje colosal, la tristeza de su hija quien le preparó la última cazuela ese día fatídico. La novela reconstruye un modo de vida del minero del petróleo. (“Mientras se procede a la búsqueda va desarrollándose el devenir de la vida de aquel que se perdió”, dicen los editores en la contraportada) Las soledades de Cullen, Manantiales, Clarencia, Percy, Posesión, lugares sin cementerios ni tumbas llenas de huesos sin sonido como decía Neruda. La vida de estos primeros pobladores que hicieron historia como don Gumercindo es narrada con fuerza y gran asertividad en este libro donde es posible escuchar la nieve, la lluvia, lejanos incendios, mujeres que miran el atardecer junto a la ventana y de nuevo los helicópteros que buscan a este hombre, cuya desaparición fue noticia nacional hace dos décadas.

Mimica ha escrito, sin duda, la primera novela del petróleo. Los mundos que subyacen en esos lugares cuyo nombre se debe al humo de fogatas encendidas por los indígenas que observó Hernando de Magallanes en 1520, son descritos en estas páginas con talento y emoción. El autor conoce e investigó esta patria fueguina, similar en tamaño a Irlanda, donde vive como ganadero varios meses del año.

Conocimos a Eugenio Mimica Barassi a fines de 1975 a través del poeta José Grimaldi y el novelista Carlos Vega Letelier. Integramos el Taller Literario que este último dictó en la ex Universidad Técnica del Estado el año siguiente. Y por esa misma época publicamos nuestros primeros libros junto a Elisa Rojas, Luis Alberto Barría. Leímos los versos inéditos de Mario Oyarzún (qepd), Hernán Andrade, Hortensia Fuentes, María Neira, Juan Garay.

Autor de “Comarca Fueguina” (1977); “Los Cuatro Dueños” (1979); “Quien es quién en las letras chilenas” (1981); “Travesía sobre la cordillera Darwin” (1983); “Un adiós al descontento” (1991); “Agenda de efemérides magallánicas” (1993 a 1997); “Enclave para dislocados” (1995). El año 1980 obtuvo el Premio Municipal de Literatura de Santiago. Es Miembro Correspondiente de la Academia Chilena de la Lengua. Reside en Punta Arenas. Chile.
Miércoles, 10 de Noviembre de 2004 17:23 ;?> Hay 2 comentarios.

27/10/2004


NELTUME: EL VUELO QUEBRADO

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(Cuentos de Rubén González)



Por Aristóteles España

En las selvas cordilleranas de Neltume, al interior de Valdivia, en el sur de Chile, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) intentó desarrollar una experiencia guerrillera a comienzos de los años 80, con el objetivo final de derrocar a la dictadura y llegar al poder con un sistema de alianzas -en ese período- en vías de construcción. Esta apasionante e histórica experiencia ha sido analizada desde el punto de vista político por los actores de ese proceso, por la institucionalidad orgánica e ideológica de quienes llevaron a cabo ese proyecto y las conclusiones han sido conocidas en parte: la derrota, el desamparo, la aniquilación física de los combatientes.

Rubén González nos propone otra lectura: los retratos íntimos de esos seres que hace veinticinco años creyeron que esa vía era la mejor para su pueblo y fueron capaces de abandonar estudios, planes personales, familia, en pos de una idea: la utopía central, el paraíso en la tierra.

El autor ingresa a la memoria del lenguaje, atrapa fantasmas, traza un corpus donde reconstruye visualmente hechos, situaciones, sonidos en los bosques, ruidos de hojas invisibles, el olor a la persecución, los nidos donde pernoctan pensando en un mañana luminoso; por todas partes hay sueños, tanto de futuro como de espacios blancos donde ese destacamento de hombres va escribiendo en el pasto de la selva chilena un croquis de los análisis que los convencían que estar ahí era luchar en el centro del mundo. No era Viet Nam, ni Angola: sólo Chile, un remoto país al cual un grupo de gendarmes había confiscado a sus habitantes, pertenencias metafísicas y terrenales. Ellos luchaban por la liberación. Ahí estaba el nervio de todo. Por otra parte, estaba el ejército, los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas, quienes habían desplegado todo el poder del Estado para aniquilarlos.

"Conversación en un bar", "El vuelo quebrado", "Aquel largo tiempo del amanecer", "Los Extraños". "El otro retorno", "Repliegue" son textos de largo aliento. El lector no queda indiferente. Rubén González crea una atmósfera intimista, donde se dialoga con la historia, y los paisajes mentales de sus personajes adquieren ribetes fantasmagóricos.

Este tipo de episodios de la vida nacional han sido obviados por la mayoría de los escritores; les da pavor volver al miedo, jugar con él, como quien tiene un bomba en las manos. Sin embargo, este tipo de libros contribuye a reencontrarnos con nuestro pasado más reciente y a pensar en un mañana distinto para las nuevas generaciones.

Hoy resulta inverosímil pensar qué motivación poderosa los llevó a un lugar tan desamparado, sin pertrechos ni apoyo social; un territorio desconocido a enfrentarse con un ejército de miles de hombres armados hasta los dientes. A una muerte segura, sin ninguna duda. El libro cuenta esas motivaciones, esos momentos frente al espejo de la soledad. El escritor cumple aquí dos funciones: recrear un tiempo que fue, con talento y vigor. En segundo lugar, rescatar del olvido una de tantas gestas de seres anónimos cuyo afán de justicia los llevó a dar la vida por sus ideas. Ni más ni menos.

Conocimos a Rubén González (Valdivia, 1950) en la Isla de Chiloé en los años 80. Fue fundador del famoso Festival Internacional de Cine de Valdivia. Actualmente vive en la capital del Río Calle - Calle donde se dedica a la docencia universitaria en la Universidad Austral de Chile y a la difusión cultural. Ha publicado: "El último crepúsculo" (Cuentos, 1994); "Historia del Cine y Video en Valdivia" (1996) y varias antologías de cuentos y poesía del sur del país. Como cineasta tiene varias realizaciones, entre ellas "Chiloé, la cultura de la madera" (1982).

“Neltume, El Vuelo Quebrado” (Pentagrama, Editores, Valdivia, 2003) es su última publicación.
Miércoles, 27 de Octubre de 2004 18:05 ;?> No hay comentarios. Comentar.

18/10/2004


PAZ MOLINA

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MEMORIAS DE UN PAJARO ASUSTADO


Por Aristóteles España

Así se titula este libro de poemas de Paz Molina (Santiago, 1945) editado en 1982, es decir, hace 22 años y siempre vigente. Autora también de “Noche Valleja (1990) y “Cantos de Ciega” (1994), es una de las principales voces femeninas de Chile y una de las primeras en identificarse y cultivar la imagen del poeta como personaje, como ser que mira al vacío pero con la mente puesta en la historia y en el devenir del tiempo. “El poeta es un espécimen –dice Molina- que vive una dualidad o duplicidad, de tener que estar siempre dispuesto a vivir de cualquier cosa menos de la poesía. Esa forma de vida, siempre me interesó, aunque reconozco que puede ser desgarradora en algunos momentos de la vida”.

“Memorias de un Pájaro Asustado” es un libro revelador, lleno de instantes de plenitud donde el hablante usa máscaras para descifrar la angustia del hombre del siglo XX. No de otro tiempo. Sus textos son fieles a su pensamiento poético: la voz lírica no es la de “los escritores”; “los poetas están al otro lado de la escritura”, dice.

Interesante propuesta porque esta forma de abordar el lenguaje conlleva riesgos, saltos mortales, intentos de suicidio, caídas al vacío desde un despeñadero. Sobre todo cuando no hay talento, lo cual no es su caso. Paz Molina construye lugares míticos a partir de conversaciones con esos fantasmas de las duplicidades; transforma a esas máscaras de las que hablábamos en referentes de la nostalgia. La angustia de vivir una hora al cual no se pertenece.

En sus poemas se advierten los humus vallejeanos, las desolaciones mistralianas, pero no como influencias definitorias, sino como escenarios donde la escritora dibuja poéticamente, paso a paso, esos fantasmas aún vivos, de un corpus literario que alcanza toda la fuerza y el desgarro que la transformaron en la década del 80 en un ícono de la poesía escrita por mujeres en Chile. En su escritura hay olas de magia, la emoción no es un dogma como en otras escritoras de su generación, sino es sangre compartida, frenesí erótico, las palabras cobran significado a medida que enumera los rituales de la cultura en la que está inserta y a la cual rinde homenaje por la variedad de significados de las obras que contribuyeron a su formación y que le permiten seguir escribiendo, ya sea en Isla Negra o Santiago.

El año 1983 Paz Molina fue editora de poesía de la Revista “Huelén” que dirigió Hernán Ortega. Contribuyó desde sus páginas a dar a conocer a una pléyade de jóvenes poetas de norte a sur del país y rescató a Miguel Arteche como una voz ineludible para esos días complejos en que todo el sistema literario, o mejor dicho, el escenario poético chileno estaba dominado por la presencia de Nicanor Parra, Jorge Teillier, Enrique Lihn. Paz Molina nos habló de la religiosidad, de las vanguardias, del rescate de los vates que en las provincias daban a conocer su canto llenos de fuerza, en la adversidad total. Viajó, editó, difundió, sobre todo a las artistas mujeres que aún no tenían la presencia vigorosa que hoy poseen en la narrativa y la lírica nacional.

“Memorias de un Pájaro Asustado”, un libro que debe ser reeditado, nos trae a la memoria el furor del lenguaje de Alfonsina Storni, Alejandra Pizarnik, Olga Acevedo, Stella Díaz Varín, las mejores de este tiempo y del otro.
Lunes, 18 de Octubre de 2004 01:33 ;?> No hay comentarios. Comentar.

10/10/2004


JUAN CAMERON: JUGAR CON LA PALABRA

cameron.jpgPor Aristóteles España

A través del historiador chilote Renato Cárdenas conocimos el libro de poesía “Perro de circo” (1979) del poeta Juan Cameron (Valparaíso, 1947) a comienzos de los ochenta en la ciudad de Castro, Chiloé. El texto, una obra singular, de gran arquitectura y oficio era y es parte de un proyecto mayor cuyos resultados se expresan veinte y tres años más tarde en un libro antológico titulado “Jugar con la palabra” (Ediciones Lom, Santiago, 2003).

Esta obra, dotada de la belleza y magia que producen los grandes artistas es una compilación de casi toda su producción poética que comienza con “Las manos enlazadas” (1971), hasta sus textos escritos en Suecia y otros países nórdicos donde residió durante una década.

Cameron maneja un tipo de ironía difícil de encontrar en los poetas chilenos actuales. Desacraliza la realidad, juega con los mitos urbanos, con el tiempo que está detenido en sus lugares personales y que al mirarlo a través de sus ventanas cobra vida independientemente del texto. Es decir, el tiempo recorre la fisonomía del lenguaje de sus versos, ya sean telúricos, de amor, urbanos, marítimos, con un hondo pesimismo por los días que corren. La mirada del autor es escéptica, no confía en los mitos instalados en la sociedad actual y hace crecer una vertiente llena de paradojas a lo largo y ancho de sus poemas.

La relación entre escritura y vida adquiere en este libro un doble significado. Por una parte, el poeta dialoga con los espejos de la humanidad; esos sitios donde se configuran los proyectos de vida; y, por otro lado, la cosmovisión de su poesía instalada en el escenario cultural chileno: sus guiños a Jorge Teillier, Rolando Cárdenas, Enrique Lihn; la búsqueda de una identidad y el sello que lo identifica como un escritor comprometido con su tiempo histórico. El desenfado, sus críticas a las obsesiones de un Chile en decadencia, que debe reinventarse a si mismo si no quiere naufragar.

“Jugar con la palabra” es una casa de la memoria. Por su paredes, ventanas, puertas, rincones, se respira una aire gogoliano; sus imágenes llenas de obsesiones nos hacen pensar en lluvias, truenos, nunca en días de sol o bonhomía. Los trazos de sus adverbios o adjetivos comprueban lo que decía Huidobro: la vida en el poema es fundamental para buscar lugares donde el ensueño, el encantamiento, formen parte de un corpus donde sea posible inventar un mundo nuevo o, al menos, morir en ese intento.

Conocimos al autor en la Sociedad de Escritores de Chile a fines de los años 70, en Santiago; en las recordadas tertulias literarias de la Editorial Nascimento presididas por Oreste Plath. Frecuentamos bares, tugurios, bibliotecas, asistimos a recitales y nos tocó entrevistarlo para el primer número de la revista de poesía “La Pata de Liebre”, el año 1986.

Nos reencontramos en su “puerto principal”, el mismo Valparaíso cuya atmósfera se respira en su libro “Cámara Oscura” en el verano de este año 2004. Estaba preocupado de editar obras de autores jóvenes de esa ciudad. La difusión cultural es una de sus pasiones. En un mundo mezquino, las personas como él ennoblecen el espíritu y crean corrientes positivas para el desarrollo de nuevas expresiones, no sólo literarias.

Esta muestra antológica debiera ser material de estudio en los colegios de enseñanza media del país, en los departamentos de literatura chilena de nuestras universidades. Un autor con voz propia como Juan Cameron corrobora lo que decía Juan de Luigi, el recordado crítico chileno: “que la poesía redescubre los sonidos, nos ayuda a mirar la interioridad con ojos de niño; que es posible atrapar el tiempo, jugar con la eternidad, esa díscola muchacha”.
Domingo, 10 de Octubre de 2004 21:57 ;?> No hay comentarios. Comentar.

03/10/2004


ARISTÓTELES ESPAÑA: EL POETA DE DAWSON

tote2.gifPor Alejandro Lavquen

Fuente www.puntofinal.cl

Nacido en Castro, Aristóteles España es licenciado en derechos humanos en el Instituto Argentino por los Derechos del Hombre, y tiene estudios en comunicaciones y guión cinematográfico. Ha publicado entre otros libros Incendio en el silencio (1978), Equilibrios e incomunicaciones (1980), Dawson (1985), Contra la corriente (1989), El sur de la memoria (1992), Poesía chilena: la generación NN (Antología, 1993), Los pájaros de post-guerra (1995), Tardes extranjeras y otros poemas (1998) y Materia de eliminación (1998). En 1983 obtuvo el Premio Gabriela Mistral de la Municipalidad de Santiago; en 1985, el premio especial Rubén Darío por el libro Dawson, del Ministerio de Cultura de Nicaragua y en 1998, el Premio Alerce de la Sociedad de Escritores de Chile y el Consejo Nacional del Libro por Materia de eliminación. Trabaja en la Fundación Educacional de Chuquicamata, en el Departamento de Extensión y Comunicaciones y dirige talleres de literatura en la Universidad Arturo Prat. Aristóteles España fue quizá el prisionero político más joven en Isla Dawson, Punto Final conversó con él de este y otros temas.

Usted fue uno de los prisioneros políticos más jóvenes de Isla Dawson. ¿A 30 años del golpe de 1973, cómo recuerda aquel suceso?

-“Con mucho dolor aún. Fui detenido por la Fuerza Aérea a los 17 años de edad. Era presidente de la Federación de Estudiantes Secundarios de Magallanes. También dirigente regional de la Juventud Socialista. Me llevaron a la Base Aérea Bahía Catalina y posteriormente a Dawson, con un grupo de cuarenta dirigentes políticos, sociales y juveniles de Punta Arenas. A Francisco Alarcón, dirigente comunista, lo desnudaron y hundían en el Estrecho de Magallanes, en redes de pesca. Al resto, nos tenían convencidos de que nos iban a ‘fondear’. Sentíamos pánico. Además, todos vestíamos ropas livianas y estábamos muertos de hambre. Fuimos recibidos por el mando naval en la playa, y con infantes de Marina armados hasta los dientes. Se nos comunicó que éramos prisioneros de guerra, que estábamos en Isla Dawson y que seríamos tratados de acuerdo a los convenios de Ginebra. Esa fue la primera gran mentira. No sólo nos torturaron salvajemente sino que, además, practicaron simulacros de fusilamiento con los presos, nos hacían comer comida hirviendo, fuimos sometidos a un régimen de trabajos forzados que consistía en cavar hoyos y zanjas, colocar postes, botar árboles en medio de golpes e insultos. La idea, como me dijo un oficial de la Armada ‘es que pierdan la capacidad de pensar, ustedes deben entender que son sólo números’; en mi caso era el F-13. Recuerdo a Clodomiro Almeyda, Orlando Letelier, Sergio Bitar, Aniceto Rodríguez, y al Dr. Arturo Jirón, quien me cuidó cuando fui sometido a torturas y me envió al hospital naval de Punta Arenas, junto a José Tohá y Orlando Letelier. Otros dawsonianos con quienes tengo historia fueron Sergio Urrutia, Osvaldo Puccio (hijo), Sergio Cárdenas, Fulvio Molteni, Manuel Reyes, Antonio González Yacksic, con quienes conversábamos cosas de este mundo y del otro. Historia aparte fue nuestro traslado al campo de concentración de Río Chico, una réplica en miniatura de un campo nazi. No lo podíamos creer. Nunca pensé que eso iba a suceder en Chile. A treinta años de esos sucesos pienso que nuestro país estaba enfermo del alma. Yo era un adolescente que adhirió a la causa de los desposeídos y por eso me castigaban”.

¿De qué manera influyó la prisión en su poesía?

- “Me enseñó a entender el mundo desde otra perspectiva, aparte de la ideológica. Aprendí que el poder total distorsiona a los seres humanos y su visión se vuelve reduccionista, excluyente, y que los dictadores se creen enviados de Dios, de cualquier signo sea la dictadura y cualquiera sean sus dioses. La poesía me enseñó a ser libre y a creer en la diversidad. Escribir poesía en un campo de concentración como Dawson fue escribir un canto de amor en medio de la muerte. La prisión influyó en mi poesía para darle un carácter más cósmico. Mi libro Dawson es un texto que se inscribe en el género testimonial, pero al releerlo me di cuenta que está vigente porque logró atrapar el tiempo, y a una remota isla en el paralelo 53 sur de este mundo”.

Su generación fue importante en el sentido de representar la resistencia contra la tiranía desde la palabra escrita. ¿Es la poesía (al decir de Gabriel Celaya) un arma cargada de futuro?

-“La poesía es poderosa en el sentido de representar los vientos de la historia y de no sucumbir ante los cantos de sirena del poder de turno. En ese sentido, adquiere mayor fuerza en su expresión creadora durante los períodos de dictadura, sean de Izquierda o derecha. Mi generación, junto con salir a las calles a luchar contra el tirano, mantuvo una actitud ética y de responsabilidad frente a la palabra escrita. Además, siempre estuvimos cerca de los escritores que se habían quedado en Chile, como Jorge Teillier, Enrique Lihn, Nicanor Parra, Miguel Arteche. Estuvimos cuando regresó Gonzalo Rojas, nos acercamos a Manuel Silva Acevedo, Jaime Quezada, Floridor Pérez, Stella Díaz Varín, Cecilia Casanova, Edmundo Herrera, Rolando Cárdenas, Miguel Morales Fuentes. Y muchos otros. Contribuimos a organizar concursos, revistas como La Gota Pura, cuyo creador fue Ramón Díaz Eterovic y La Castaña, de Jorge Montealegre”.

¿Es tan NN su generación, como generalmente se la califica?

- “Fuimos NN en el sentido de la marginalidad casi total, sin apoyo del mundo académico ni de becas ni trabajos públicos. Muchos fuimos dirigentes clandestinos de las juventudes opositoras a la dictadura. Habíamos estado en las cárceles siendo muy jóvenes, como Raúl Zurita, Jorge Montealegre, Mauricio Redolés, Heddy Navarro, Bruno Serrano. Nuestros refugios muchas veces eran la Biblioteca Nacional y los bares. Eso sí, creo que hicimos un aporte a la literatura escribiendo desde el miedo, desde el terror con textos que quedarán en la memoria histórica”.

Usted participó en la Unión de Escritores Jóvenes, de la Sech. ¿Cómo recuerda esa experiencia?

- “Nosotros fuimos la continuidad de esa experiencia que desarrolló en 1976 Ricardo Wilson (¿qué será de él?). Nos denominamos Colectivo de Escritores Jóvenes. Los dirigentes fueron Carmen Berenguer, Diego Muñoz, Ramón Díaz Eterovic, Jorge Montealegre y el suscrito. Me tocó presidir este Colectivo en 1985. Un año antes, organizamos el Primer Encuentro de Escritores Jóvenes de Chile, en la Sech. Allí, por primera vez y ya con un movimiento político, social y estudiantil más o menos desarrollado, se muestra a una generación de creadores que venía desarrollando una enorme labor en las regiones. A este evento llegaron delegaciones de todo Chile. No sé cómo lo hicimos, pero había un ambiente bastante ideologizado, fruto de nuestras experiencias; los temas programáticos tenían que ver con nuestro desarrollo escritural y como telón de fondo, el retorno a la democracia. Los temas estéticos no fueron relevantes. Una época dura, sin duda”.

¿Cómo ve hoy a esa generación de escritores? ¿Cuál diría que es su mayor aporte en el Chile de hoy, literaria y políticamente hablando?

-“Es -somos- una generación audaz y sin miedo que hoy está disgregada, pero que mantiene siempre una preocupación por lo social y por la difusión editorial, y un respeto absoluto por la palabra. Pía Barros es un ejemplo, dirige talleres, editoriales alternativas, su escritura es de gran calidad. Ya vendrá la hora del análisis, de los recuentos. Aparecimos casi cerca de los treinta años en el mundo editorial y todo el mundo nos mira con desconfianza. Los muy jóvenes dicen que fuimos más comprometidos con lo político que con lo poético, y los viejos nos miran con sospecha. Fuimos dignos de la historia literaria del país; continuamos lo que décadas atrás realizó la generación del 38 en el ámbito político. Pero fuimos cómplices con la generación del 50, con Teillier, Lihn, Martín Cerda, y amigos de los creadores de Tebaida y Trilce. Los contenidos de nuestras propuestas no te los podría decir, porque estamos en la mejor etapa en lo creativo. Y en lo político, somos diversos, y eso se nota en el gobierno del presidente Lagos”.

Respecto a los derechos humanos, ¿cree que en Chile habrá verdad y justicia de manera real?

- “En Chile nunca va a existir justicia de manera real, eso lo tengo claro. El país está demasiado polarizado y los bandos en pugna no ceden en sus posiciones, de tal forma que tendrán que desaparecer los protagonistas para aquietar las pasiones. Pero en los círculos intelectuales y culturales la pugna va a seguir por mucho tiempo. Acá hay que tener claro que esa generación se equivocó. La Izquierda y la derecha. Pero hoy hablan ambos sectores como héroes. El absurdo
total”.

En cuanto a su trabajo, ¿prepara algún libro?

- “Terminé la novela Chayanco que narra historias de la visita de Charles Darwin a Chiloé. Tengo varios libros de poesía inéditos. Mi vida ha sido y será siempre la poesía”.

Finalmente, ¿cómo recordará estos treinta años en lo personal?

- “En paz conmigo mismo. Y a los torturadores que conozco les deseo lo mismo, pero no sé si podrán dormir. El 11 de septiembre en la mañana, donde quiera que esté, voy a escribir un poema de amor”
Domingo, 03 de Octubre de 2004 22:18 ;?> No hay comentarios. Comentar.

27/09/2004


STELLA DÍAZ VARIN

stella1.gifPor Aristóteles España

Conocimos a Stella Díaz Varín (La Serena, agosto 11 de 1926) en 1980 en casa de la escritora y fotógrafa Leonora Vicuña en calle San Isidro en Santiago. Estaban Jorge Teillier, Rolando Cárdenas, Eduardo “Chico” Molina, Germán Arestizábal, Alvaro Ruiz, José María Memet, Verónica Poblete, Bárbara Martinoiya, pintores, escultores. Era el cumpleaños de alguien; un invierno de lluvia en el Santiago del Toque de Queda y de uniformes verdes en cada esquina. Todo el mundo le decía “la Colorina” y ella se dejaba querer como Dios manda. Habíamos leído “Razón de mi ser” (1949), “Sinfonía del hombre fósil” (1953), “Tiempo, medida imaginaria” (1959). Alone la había comparado con Huidobro, y Enrique Lihn decía que era una de las pocas artistas con voz propia en el mundo literario chileno. Ni más ni menos. Admirada por toda una generación, Stella conservaba la viveza de sus ojos y una fuerte voz para declamar textos propios o ajenos. Solía recitar de memoria versos de Rimbaud; “Los motivos del lobo”, de Rubén Darío; algo de “Las Flores del Mal”, con un acento baudeleriano inconfundible, según Molina. Leamos a Lihn: “Su poesía tiene un fondo de violencia y en sus versos largos, acumulativos, se ve la fuerza de su voz interior, imperiosa, arbitraria, como una cantante desconsolada y frenética, orgullosa de sus imágenes”.

Esa noche de tertulia nos habló de su vida en La Serena; de cómo –al igual que Neruda- le escribió un poema al Presidente Gabriel González Videla, antes de la traición de éste. Estoy arrepentida, nos dijo, pero a los 16 años uno es demasiado joven. Llegó a Santiago a estudiar medicina, trabajó en los diarios “La Opinión”, “Extra”, conoció a los mejores de su tiempo, fue muy amiga de Pablo de Rocka, quien la apoyó señalándola como una de las grandes de nuestra lírica. Compartió tertulias con Francisco Coloane, Carlos Droguett, Nicanor Parra, Luis Oyarzún, Humberto Díaz Casanueva, Alberto Romero, Teófilo Cid, Andrés Sabella.

En los poemas de Stella Díaz Varín uno puede observar la angustia de la descomposición del tiempo en las imágenes, a través de perros azules que se confunden con la vigilia, semillas que huyen despavoridas y la palabra, las famosas palabras de su cotidianidad que la llevan a la infancia, a los riachuelos de su despertar sexual. Poesía dentro de la poesía. La originalidad de esta autora consiste en que supo incorporar lecturas de los clásicos franceses y alemanes en pequeñas dosis de locura y frenesí, a través del cual, medita, indaga en la razón de la existencia en un mundo como el nuestro, tan lleno de copias, de maderas de Dios, como dice en uno de sus textos.

Reflexiona la escritora: “Nunca he pensado qué es la poesía. Es algo absolutamente fuera de mi misma. En el mismo momento en que lo haga jamás volvería a escribir un poema. Existen instantes poéticos en los que tú existes, pero no se puede decir nada más, porque la poesía trasciende a todo. Tampoco sé lo que siento cuando escribo, porque me encuentro totalmente ida”.

Organizamos eventos en la Sociedad de Escritores de Chile, junto a Luis Sánchez Latorre, Emilio Oviedo, Isabel Velasco, Teresa Hamel, Walter Garib; solíamos tomar café con Enrique Lihn en la Plaza del Mulato Gil, compartimos la militancia contra la dictadura. El año 1990 (con Stella) fuimos campeones de polka en un baile de la Sociedad de Escritores de Chile ante la envidia de decenas de poetas que deseaban bailar con ella. Nos reencontramos este año en la Feria del Libro de La Serena. Andaba con sus últimas obras: “Los dones previsibles” (Premio Pedro de Oña, 1987), “La Arenera” (1993), “De cuerpo presente” (1999). El año 1994 los escritores cubanos le rindieron un homenaje en La Habana y editaron una antología de su obra en la misma Colección de Clásicos junto a Mallarmé y Dylan Thomas, sus favoritos. Ahora, y después de haber contribuido durante décadas a nuestra literatura espera sentada junto a sus nietos, el pago de Chile.
Lunes, 27 de Septiembre de 2004 17:11 ;?> No hay comentarios. Comentar.

19/09/2004


CHILE: POESÍA Y FIESTAS PATRIAS

cueca_centro.jpgPor Aristóteles España

Poetas y narradores han contribuido a la búsqueda de la denominada “identidad nacional”; recreando gestas, epopeyas, cánticos donde la vida de Chile se va conformando lentamente. Somos un país joven, que construye elementos de paisajes terrenales y metafísicos. Fue Alonso de Ercilla quien describió como ninguno los lugares habitados por nuestros pueblos originarios diciendo “Aquí llegó donde otro no ha llegado”. La inmensidad de la cordillera, los bosques, ese enorme mar que inspiró a Samuel y Eusebio Lillo.

Carlos Pezoa Véliz descubrió al pintor pereza, a los vagabundos que pululaban en ríos y callejones de las ciudades que comenzaban a arder. Diego Dublé Urrutia le cantó a las tías Paulinas de Chile que tejían bufandas y sueños. Víctor Domingo Silva le puso alma a la bandera de una nación que necesitaba y necesita aún de símbolos para reconocerse.

Huidobro creó “Altazor”, ese enorme túnel por donde atraviesan los hálitos de Chile, sus costas y besos perdidos. Neruda reescribió la historia a pesar de los historiadores; Pablo de Rokha cantó a las comidas y bebidas del país, de norte a sur. Gabriela Mistral indagó en las desolaciones del austro y en el desierto florido de Coquimbo.

Andrés Sabella describió un norte riguroso y nostálgico, las ensoñaciones del desierto más árido del mundo.

Raúl Rivera, homenajeó a la mujer chilena que cría chiquillos, da comida al marido, lava la ropa, sustenta el hogar lleno de privaciones de la clase media desde tiempos inmemoriales.

Francisco Coloane da vida y más fuerza al Cabo de Hornos y construye su otra península con el Chilote Otey incomparable.

Nicanor Parra dio un remezón a la poesía de este Chile en crecimiento tenaz como dice Gonzalo Rojas y funda un corpus maravilloso en lo estético con la Antipoesía. Jorge Teillier funda la lírica de los lares inventando un lugar donde habitan mariposas y pueblos perdidos y se escuchan desde lejos los pitos de los trenes.

Nicomedes Guzmán en su “Autorretrato de Chile” da cuenta de las ilusiones y leyendas que dan vida a una comunidad tan disímil como la chilena. El pueblo Lican Antai y los Chonos son tan distintos y habitan históricamente el mismo territorio para efectos del estudio de nuestra historia y geografía.

Sólo la poderosa palabra poética y literaria nos une como el cielo, la nubes , el aire. Poesía para volver a los 17 como decía Violeta Parra. Para decir “Gracias a la vida”. Canciones para amar como en los textos de Sergio Hernández, para imprecar como Armando Uribe Arce, para fabular con ciudades de sol como dijo Humberto Díaz Casanueva, para inventar lluvias de aire como Rolando Cárdenas, jugar con sonetos, como lo hizo Enrique Lihn, en la misma atmósfera de la poesía chilena, única en su matriz y en sus sonidos en estos días en que celebramos la independencia de un imperio, poéticamente hablando.
Domingo, 19 de Septiembre de 2004 05:19 ;?> Hay 37 comentarios.

13/09/2004


RÉQUIEM PARA HABITANTES DE LOS DÍAS VENIDEROS

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(Homenaje a Carlos Zanzi Cuccuini,
Sergio Cárdenas Torres, Pablo Jeria Ríos)



Por Aristóteles España

Han partido de este mundo con pocas semanas de diferencia tres ex presos políticos de Isla Dawson, Chile; emblemático Campo de Prisioneros del planeta, que recluyó treinta años antes que se acabe el siglo XX a un conjunto de personas cuyo único delito fue optar por la causa de los desposeídos. A este lugar ubicado en el paralelo 53 sur de este mundo, en el final de los mapas, donde las estrellas y fantasmas se pasean bajo la lluvia durante el verano, acudieron los ex confinados en noviembre de 2003. Era como reencontrarse con un mundo donde alguna vez existió el infierno en la tierra.

Sin embargo, descubrimos que ese territorio era hermoso, lleno de vegetación, de pájaros extraños y multicolores, con caminos de tierra donde pastaban animales y los árboles daban la bienvenida a las cuatro estaciones que se ven en un solo día en esa isla.

Estos tres habitantes que se marcharon al país de nunca jamás como en el poema de Jorge Teillier son Carlos Zanzi Cuccuini, Sergio Cárdenas Torres y Pablo Jeria Ríos. Este último falleció este 11 de septiembre a las cuatro de la madrugada en Nueva York, ciudad que lo acogió desde los 20 años cuando fue desterrado. Pablo había sido dirigente estudiantil del Liceo de Hombres de Punta Arenas y en Dawson perteneció a la barraca de los Condenados en Consejos de Guerra (Remo).

Carlos Zanzi era amigo de Salvador Allende; dirigió durante ese período una Corporación de Desarrollo Regional en la Patagonia y al asumir el gobierno de Patricio Aylwin fue nombrado Gobernador de Magallanes. En Dawson, fue delegado de la barraca Charlie en el campamento Río Chico. Falleció en Punta Arenas, en el mes de julio donde fue despedido por toda la comunidad, a la cual siempre respetó. Por eso mismo fue un hombre querido por moros y cristianos.

Sergio Cárdenas llegó el mismo día del golpe de estado al campamento de la compañía de ingenieros navales, conocido como Compingin. Era locutor de radio Polar donde animaba espacios para jóvenes con música de la época y eventos políticos de apoyo a los trabajadores. Le decían Pete el Negro, pero no tenía nada que ver con el personaje de la caricatura, pues era un joven bonachón, siempre contando anécdotas relacionadas con el mundo del austro. Falleció en Santiago hace un par de semanas, después de saludar a sus amigos Daniel Ruiz y Yerko Hromic, hombres de radio como él, quienes lo agasajaron con un asado en Santiago, donde residía hace dos décadas haciendo doblajes para el cine.

A Pablo Jeria le decían El Mosca. Visitó Punta Arenas en septiembre del año pasado ya enfermo y cansado a pesar de tener apenas 49 años.

Los tres sufrieron la tortura y recordamos aún sus gritos, vendados por oficiales del ejército y la armada de nuestro país, quienes aún se deben preguntar el por qué de tanto encono.

En nuestro viaje a la isla el año pasado le preguntamos a los altos jefes militares qué había ocurrido, dónde, en qué momento cambió la historia para ellos, por qué agredían a un enemigo inexistente, en una guerra inexistente, cuando hasta el más inocente transeúnte sabe ahora y supo siempre que todo fue un invento del Imperio para que no perdure, para que no exista jamás un gobierno para los humildes. Ahora que están desclasificando los archivos de la época las nuevas generaciones podrán entender el por qué en un país tan remoto, y alejado de los temas del poder mundial, se realizó un golpe de estado contra gente indefensa, que alguna vez soñó que era posible la felicidad a través de una vida digna y con sueños posibles de cumplir.

Adiós Carlos, Sergio, Pablo, amigos dawsonianos que una vez habitaron esos parajes de viento y nieve. Su vida no fue en vano, ya son una semilla. Ya vendrán esos frutos que esperamos estén maduros para los días venideros.
Lunes, 13 de Septiembre de 2004 23:42 ;?> Hay 1 comentario.

30/08/2004


ZURITA EN CHUQUICAMATA

z250402.jpgPor Aristóteles España

El autor de “Anteparaíso”, Premio Nacional de Literatura 2000 viajó hasta el mineral de Chuquicamata para premiar a una poeta joven llamada Gabriela Sotomayor, alumna de la Fundación Educacional de Codelco, quien obtuvo el Premio Pablo Neruda por un poemario donde da cuenta de la existencia de una poesía cósmica y telúrica en el desierto chileno, de similares espacios y círculos en los que trabajó Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto hace 70 años en remotos pueblos perdidos en los mapas llamados Batavia, Rangoom, donde escribió “El tango del viudo”, dedicado a Jossie Bliss quien, según cuenta la leyenda, quiso castrar al futuro Premio Nobel.

De este y otros temas conversamos con Zurita en el desierto más árido del mundo. Del ensimismamiento por el lenguaje en algunos vates jóvenes, donde la emoción queda relegada a un segundo plano. Malabarismos, enfoques lingüísticos diversos, el país que lee imágenes y no a sus escritores que siguen intentando pintar la realidad, musicalizando los enormes silencios de una patria quevediana, con sus muros aún con los pájaros del miedo que observan cómo este pueblo se da cabezazos y busca verdades de todo tipo. También respuestas; y más preguntas sobre lo ocurrido en aquellos días aciagos de botas y fusiles (“Miré los muros de la patria mía...”, decía don Francisco de Quevedo). Autores de la hornada más reciente en Chile, indagan hoy en el fenómeno creativo, en la evolución de estos procesos interiores, sin perder de vista la historia cotidiana, el país como una pieza de ajedrez, los tiempos vertiginosos que llenan de agua la imaginación creadora, la metafísica de los territorios que aún quedan por descubrir en un país como el nuestro donde los poetas fundan pueblos desde Ercilla hasta Neruda con su célebre “Cantalao”, la villa para los artistas que había empezado a edificar frente al mar en Punta de Tralca.

Con Zurita reflexionamos sobre este proceso que se da cada cierto tiempo en la poesía chilena. Ocurrió con Rosamel del Valle y Humberto Díaz Casanueva en plena Guerra Fría, con Jorge Teillier y Enrique Lihn en las décadas del 70 y 80 en medio de experimentos políticos como la Revolución en Libertad, La Vía Chilena al Socialismo, donde estos últimos escriben sus mejores obras. La dictadura militar trajo consigo la dispersión pero también el establecimiento de nuevos corpus poéticos, que analizaremos en próximas crónicas.

Las obras recientes de autores como Malú Urriola ("Nada”, Premio Municipal de Santiago 2004); Armando Roa Vial (“Hotel Celine”); Christian Formoso (“Los coros desterrados”); Oscar Barrientos Bradasic (“Egloga de los cántaros sucios”) dan cuenta de este ciclo en que se abren ventanas con representaciones de ríos, hoteles, lenguajes abiertos, música de cámara con las vocales haciendo de las suyas y, como telón de fondo, un Chile que busca aún en su pasado, con una enorme fe en el lenguaje del porvenir como decía Li Tai Po.

Zurita habló a los mineros, a los docentes, a los poetas, a los estudiantes que repletaron un Tambo cerca del río Loa, y contó el por qué quiso ser un artista comprometido, además, con su tiempo. Habló de sus lecturas iniciales y recientes. Instó a la juventud a seguir creyendo en la magia de la creación. Les dijo a esos cientos de personas frente a las dunas de Calama que la poesía era el canto superior, eran los pájaros de Homero, las golonniñas de Huidobro, el aire de Heráclito, los gemidos rockianos, las piedras colosales de la Mistral, aquella niña del valle de Elqui que llegó al cielo en la tierra.

Después de esta memorable jornada de reflexión crítica y lecturas de este tiempo y del otro, podemos decir que el mundo sobrevivirá, que la poesía nos enseña a ser mejores, que seguiremos resistiendo a todas las guerras aunque algunos se empecinen en contradecirnos con sus tanques, cohetes, la aguda melodía de sus marchas."
Lunes, 30 de Agosto de 2004 23:02 ;?> No hay comentarios. Comentar.

23/08/2004


ROLANDO CÁRDENAS

rolandocardenas2.jpg

LA PATAGONIA COMO ESPACIO POÉTICO



Por Aristóteles España

Conocimos a Rolando Cárdenas en enero de 1980. Con el novelista Ramón Díaz Eterovic fuimos a su hogar de calle Teatinos en Santiago; nos presentó a Eliana Oyarzo, su mujer, a sus doce gatos que jugaban con libros de poemas y que estaban sentados debajo de varios textos de poesía del sur de Chile. “Ellos también son poetas -nos dijo- y les gusta sentarse donde hay buena poesía”; sonrió con sus ademanes de caballero antiguo y bebimos el trago del encuentro con uno de los grandes de la poesía chilena, el “fundador de la patagonia como espacio poético”.

Habíamos leído en Punta Arenas sus libros premiados por Pablo Neruda, Juvencio
Valle, Nicanor Parra, Enrique Lihn, Roberto Meza Fuentes. Sentíamos una identificación con su forma de abordar la imagen, la gracia y el misterio de su poesía era superior a lo que escribían sus contemporáneos. Jaime Valdivieso dice: “nada de retórica, ningún recurso exterior. La poesía de Cárdenas nace de una antigua simplicidad que nos obliga a descubrir los gestos, las palabras, las actitudes y los trabajos más nobles, milenarios y significativos”.

Solíamos frecuentar “El Lagar de Don Quijote”, “El Isla de Pascua”, y “La Unión Chica” en compañía de Jorge Teillier, Eduardo Molina Ventura, Enrique Valdés Juan Guzmán Paredes e Iván, el hermano de Jorge. Nos unía la afición por la poesía quevediana, la historia de la patagonia, de la cual fue y será su mejor
representante y descubríamos plagios, recreaciones desafortunadas de muchos escribas que nos querían “pasar gato por liebre” en esos días aciagos, sin tribunas literarias ni espacios para publicar.

Por los poemas de Rolando pasan los caminos del hombre en todas sus facetas y rituales, la nieve del austro, los ríos virgilianos, las estancias a la muerte de su admirado George Trakl.

El año 1972, en el aula magna de la Universidad Técnica del Estado en Punta Arenas define aspectos de su poética: “Quiero desentrañar los mitos que antaño cubrieron esta tierra con su niebla misteriosa. Deseo expresar mi admiración por los hombres y mujeres que hacen posible su grandeza, por los árboles y los pájaros, por el calafate perdido en sus soledades con el mundo mágico de sus frutos”.

Alfonso Calderón, escritor, Premio Nacional de literatura dijo sobre su libro “Poemas Migratorios” publicado en 1974: “Es un libro destinado a sobrevivir, sin desmesura, expone algo de lo maravilloso cotidiano, trazando una mitología magallánica que es una provocación al misterio, una provocación que preserva un mundo que aún no termina por desaparecer”.

El año 1986 nos distinguió con el honor de entregarnos los originales de “Qué, tras esos muros”, para su publicación. En la Colección Encuentro de la revista de poesía “La Pata de Liebre” editamos ese libro extraordinario gracias a la ayuda y esfuerzo de muchos de sus amigos magallánicos y de la universidad (Alfonso “Cocho” Cárcamo, Jorge Babarovic, Ernesto Águila, Francisco Brzovic).

Jorge Teillier, a quien conoció en la Biblioteca Nacional cuando Cárdenas preparaba su antología personal de la poesía chilena, nos señaló “que la poesía de Rolando será algún día objeto de culto y estudio. Su voz aporta un sentido cósmico, de vertientes europeas, aún no conocidas en Chile; tiene la voz de los clásicos alemanes, que tanto admira”. Y Francisco Coloane dijo en la Sociedad de Escritores de Chile en el invierno de 1983, en un homenaje a Manuel Rojas, que Rolando era “el pequeño gigante de la poesía chilena del siglo XX”.

En sus textos se respira la nostalgia de un tiempo que fue; en los desolados bosques, cerros, canales de la Patagonia, donde es posible escuchar el canto ancestral de los peces y desde las cumbres heladas se ven pasar las auroras llenas de aire con las voces de viejos poetas que trazaron el itinerario para que el mundo sobreviva.

Este mes de octubre se cumplirán 14 años del fallecimiento de Rolando Cárdenas Vera (Punta Arenas, 1933), descendiente de chilotes que llegaron a Lacolet; el niño que amó el invierno de su provincia y la inmortalizó en sus versos.

REGRESO

Rolando Cárdenas


Un día regresaremos a la ciudad perdida
como las estaciones todos los años,
como una sombra más en las tardes,
preguntando por antepasados
o por el río en cuyas aguas se quebraba el cielo.

Será en invierno
para revivir mejor los grandes fríos,
para ver de nuevo
el humo negro de los barcos cortando el aire,
para escuchar en las noches
los pequeños ruidos de la nieve.

Nos sentaremos a la mesa como si tal cosa
a probar el pan de otros días.
Un pájaro que cruce por la ventana
nos hará pensar en el bosque de pinos
donde el viento se revolvía furioso.

También preguntaremos por antiguos amigos
pensando quizás en el rostro de alguna muchacha.
Aún existirá el boliche
donde se reunían viejos campesinos.
Nos invitarán a beber y a conversar
asuntos que nadie olvida.

El tiempo no es más que regreso a otro tiempo.
"Todos nos reuniremos alguna vez bajo tierra".
Alguien nos reconocerá a la vuelta de la esquina.
Será como venir a saludar desde otra época.

(de "En el invierno de la provincia")
Lunes, 23 de Agosto de 2004 16:21 ;?> No hay comentarios. Comentar.

16/08/2004


"LA ALEGRIA DEL PUEBLO", REINALDO E. MARCHANT

alegria.jpgPor Aristóteles España

El Libro “La Alegría del Pueblo”, (Bravo y Allende, Editores, Santiago, 2004), es un viaje al mundo del fútbol, un retrato multicolor de todos los escenarios donde los deportistas se enfrentan a sus rivales, los gritos de la hinchada, el olor a camarín, los sonidos del tac tac del balón a ras del pasto que se escuchan nítidamente entre sus páginas. Leer estos cuentos es un placer porque, además, se respira la felicidad de quien asiste a un ritual por su propia voluntad y siente el vértigo, el goce, el viento helado del sudor que corre por las espalda de quien está a punto de ver derrotado a su equipo una tarde de domingo, porque el autor nos ingresa vertiginosamente en el asiento de la mejor tribuna para observar, contemplar, gritar por esos héroes que tienen la misión de triturar al adversario mediante el gol. No estamos aquí escuchando por la radio a Wladimiro Mimica ni frente a la pantalla del televisor junto a Pedro Carcuro. La sensación es otra: nos estamos imaginando un partido, pero también estamos evocando conversaciones acerca de este deporte. Es decir, estamos en el estadio, en el bar “Tunin”de Rodolfo Matti, junto a los ex seleccionados Oscar Fabianni, Chamaco Valdés, Honorino Landa, aparecen los amigos de Reinaldo E. Marchant (“El “Reina” para los amigos, dice Fabianni en el prólogo”), Roberto Sour (“El Mono”); Victor Labbé (“Leche de Gallina”); Miguel Romano (“Paila con huevos”), se bebe café, cervezas, se comentan los partidos del fin de semana. De nuevo estamos en un estadio imaginario que puede ser el Estadio Nacional, Sauzalito, La Portada, El Municipal de Calama, El Sánchez Rumoroso; el lector no tiene escapatorias: siempre está en alguna parte, observando el travesaño, la pelota que va y viene por ese césped húmedo del sur de Chile; el pasto sintético del Chinquihue de Puerto Montt, el verde arena del desierto. Por las páginas de este libro es posible escuchar el grito de las barras, los insultos al árbitro de turno, los comentarios de Don Juanito, el fiel vecino con el cual se ha viajado horas en micro para llegar al Monumental con un sándwich, una bebida y la infaltable radio a pilas para amenizar la jornada.

Este debe ser el primer volumen de cuentos sobre este tema en la historia de la literatura chilena. Hace un par de años se publicó un libro de poemas sobre este deporte titulado “Gol de Oro” de Samuel Orellana, quien jugó en las divisiones inferiores de Cobreloa y fue becario de la Fundación Neruda. Otros antecedentes de la relación literatura-fútbol la podemos encontrar en el argentino Osvaldo Soriano, en los uruguayos Mario Benedetti y Horacio Quiroga; el primero, con sus relatos “Puntero Izquierdo” y Césped” y Horacio Quiroga con “Juan Poldi: halfback”. Hace un par de semanas el periodista bonaerense Walter Vargas publicó “Diario íntimo de un chico rubio y otras historias futboleras” y Jorge Valdano (ex entrenador del Real Madrid) y Eduardo Galeano prologaron en Montevideo “De Puntín”, cuentos de fútbol de narradores del Río de la Plata. En Alemania, hace un par de meses Gunther Grass, hincha del equipo SC Friburgo, un modesto club de esa ciudad alemana, recién ascendido a Primera División, leyó cuentos alusivos al tema ante 25.000 espectadores en su estadio, a pedido de su entrenador Volker Finke, quien sugirió la idea a las autoridades deportivas de la región. “La Alegría del Pueblo” (así llamaban a Garrincha en Brasil) es un clásico en todo el sentido de la palabra y su autor un narrador con enorme fuerza y talento para contar historias.
Reinaldo Edmundo Marchant, a quien conocimos en la Biblioteca Nacional de Santiago durante el verano del 2004, nació en Santiago en 1958. Estudió en la Facultad de Letras de la Universidad Católica. En 1988 obtuvo el Premio de Novela “Andrés Bello”. Su obra ha sido editada en Uruguay, Colombia, Argentina, Suecia. Es autor, junto a Mario Benedetti de antologías de literatura binacionales. Entre 1994 – 2000, se desempeñó como Agregado de Cultura y Prensa en las Embajadas de Chile en Colombia y Uruguay. En su juventud fue futbolista profesional en el Club Deportivo Aviación y Palestino. Académico de Literatura Hispana; es actualmente director de la Sociedad de Escritores de Chile.
Lunes, 16 de Agosto de 2004 19:37 ;?> No hay comentarios. Comentar.

07/08/2004


HOTEL CELINE

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ARMANDO ROA VIAL



Por Aristóteles España

El libro “Hotel Celine” de Armando Roa Vial es un espacio donde confluyen los fantasmas del escritor, alucinaciones y, como telón de fondo, la poesía que invade mundos, axiomas, sonidos guturales donde se advierte la presencia de un hondo pesimismo sobre el ejercicio de la creación, en todas sus formas. El poeta indaga en el túnel del tiempo, que a ratos es como un espacio donde la nostalgia invade adjetivos, esos epicentros donde la memoria histórica es tratada con un tono melancólico, evocativo, en una muestra de oficio de un poeta cuyo talento fue reconocido hace años, cuando aún era estudiante universitario, por Jorge Teillier y Armando Uribe Arce.

En el Hotel Celine se recluyen, hospedan, duermen, sueñan, poetas, mendigos, trashumantes sin oficio conocido, personajes que entran y salen de novelas de Gogol, Kafka, Sábato, que trazan borradores de la irrealidad, luego la convierten en ficciones para que los verdaderos autores puedan mirarse con dignidad frente al espejo y convertir la palabra en magia colosal, en laberintos donde recodos y lugares como este Hotel puedan ser observados desde el más allá cuando los lectores, atrapados por el vértigo, duerman el sueño de los justos en un cielo también inventado por estos seres que han hecho de la fábula la continuidad de sus vidas, el eje de sus vidas, mejor dicho.

“Para los huéspedes del Hotel Celine, el único orgullo está, precisamente, en no tener nada de que enorgullecerse”, dice el autor en la nota introductoria. Lo que puede analizarse como una metáfora de la no existencia, es aquí un corpus donde la muerte camina como en los poemas de Nicanor Parra, Georg Trakl, Robert Browning, es decir, por lugares donde La Parca es parte de nuestra cotidianidad, de nuestros besos y sueños.

Armando Roa Vial, con el pretexto de jugar con los ratones y gatos de un Hotel indaga en el significado y la validez del ejercicio poético en tiempos actuales. La responsabilidad de los artistas frente a la palabra, la forma de abordar lecturas en distintas lenguas, la necesidad de crear una poética frente a estos temas, porque los poetas ya bajaron del Olimpo pero no cortaron las malezas. Esa es la propuesta de un creador que ha hecho de la poesía una forma de vida en un Chile cada vez más alejado de este arte. Memorable es el poema dedicado a Paul Celan: “In Memoriam”: “Que estamos solos/ desamparados/ que la ansiedad y el hastío nos ordeñan la sangre/ que trabamos amistad con la muerte para dejar de morir/. Paul Celan lo sabía/ Y lo escribió en el Sena”.

Este libro debió ser galardonado con el Premio Municipal de Santiago o el Premio del Consejo Nacional del Libro y la Lectura este año, pero los jurados dijeron otra cosa.

El poeta nació en Valparaíso en 1966. Es ensayista, traductor, antologador, narrador. Estudió Leyes en la Universidad Diego Portales de Santiago recibiéndose de abogado en 1991.Estudió chelo, armonía, contrapunto. Admirador de la literatura inglesa y norteamericana, su obra ha sido recopilada en antologías y revistas nacionales y extranjeras. Ganador del Premio Pablo Neruda y el Premio Nacional de la Critica en Poesía. Actualmente desempeña la docencia en la Universidad Finis Terrae.
Sábado, 07 de Agosto de 2004 16:45 ;?> No hay comentarios. Comentar.

04/08/2004


LAFOURCADE

laf.gifPor Aristóteles España

Los homenajes y recuerdos deben realizarse en vida de los autores y no después (más aún cuando éstos no generan unanimidad como en este caso).

Vamos a dedicar estas líneas a Enrique Lafourcade. Conocimos al autor de “Palomita Blanca”, “Mano Bendita”, a comienzos de los años 80 en la Feria del Libro del Parque Forestal. Estaban Rolando Cárdenas, Claudio Orrego, Jorge Teillier, Eduardo Molina Ventura (el famoso Chico Molina) , Iván Teillier, Fernando de la Lastra. Lafourcade quería crear una colección de poesía cuyo título era “El Deshielo” e hicimos planes para incluir autores jóvenes. Gran lector de poesía, pocos saben que es un excelente sonetista. Aún guardamos algunas de sus creaciones. Nos encargamos de conseguir manuscritos que revisamos en varias oportunidades pero la idea no prosperó porque el dueño de la editorial tenía ciertas discrepancias con las ideas de los vates. Sin embargo, Lafourcade siguió difundiendo a los poetas en las páginas de los diarios y en revistas desconocidas.

Habíamos leído durante ese verano “La Fiesta del Rey Acab”, una de sus mejores novelas, magistral sátira a la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo en Santo Domingo. Ese libro clásico, del mismo nivel de “Yo, El Supremo”, de Roa Bastos y “El Señor Presidente”, de Asturias, es un trabajo meticuloso sobre la sicología de los dictadores de cualquier lugar del mundo y de cualquier ideología. Por sus páginas se respira la asfixia, el miedo, el olor de la persecución, los sonidos de los barrotes, la neblina verde del autoritarismo. En un lenguaje sencillo, el escritor chileno da cuenta de la vida de un pueblo lleno de melancolía y miedo. Algo difícil de realizar si no se tiene el talento.

Lafourcade, cronista de su tiempo, fue el inventor de la denominada Generación del 50, publicó libros de esos artistas cuando aún eran desconocidos, los promocionó como sólo sabe hacerlo Lafourcade e inventó polémicas para acercar a la gente al mundo del libro. Su estilo desenfadado es único y pocos le perdonan que sea un francotirador que ataca a la izquierda, a la derecha, a los empresarios. Se ha granjeado enemigos y construyó un personaje para sobrevivir. El hombre tímido que es, no habría estado en las ligas mayores si no golpeara de pronto con un uppercaut a sus adversarios, e incluso a sus amigos. Aún la izquierda chilena no le perdona su duro ataque a Salvador Allende a los pocos días de morir en La Moneda y Pinochet jamás va a olvidar su retrato literario en “El Gran Taimado”, que le significó asilarse por unos días en Argentina.

Por nuestra parte diremos que no tuvo dudas en ofrecer su librería para lanzar nuestro libro “Dawson”, editado por Bruguera y que presentaron en el invierno de 1985 Osvaldo Puccio, Martín Cerda y el propio novelista en una memorable noche llena de agentes de la CNI que posteriormente robaron y asaltaron su librería en la Plaza del Mulato Gil de Castro en Santiago.

Hace un par de meses nos reencontramos en la capital y caminamos como viejos amigos por librerías del centro de la urbe, bebimos un café cortado, recordamos a nuestros hermanos muertos y nos sacamos una fotografía junto a libros policiales y poemas de amor. Debemos ir juntos al sur, nos dijo y quedó hecha la promesa para viajar por los canales, comer mariscos como una vez lo hicimos en Chiloé y reeditar tal vez la colección de poetas, ahora con otro nombre.
Miércoles, 04 de Agosto de 2004 16:49 ;?> No hay comentarios. Comentar.

05/07/2004


PEDRO LEMEBEL: DE PERLAS Y CICATRICES

lemebel.jpgPor Aristóteles España

Conocimos a Pedro Lemebel a fines de los años 70 en Santiago, cuando aún se llamaba Pedro Mardones y era profesor de arte en un liceo de Puente Alto, absolutamente descolocado del sistema y ávido de lecturas, vida, política. Cada cierto tiempo lo veíamos lleno de rasguños, con los ojos morados, en actitud provocativa frente a la policía y a los matones que merodeaban cerca de Plaza Italia en la capital, especialmente en el bar El Castillo Francés, guarida de poetas, actores, y todo tipo de personajes que pululaban en busca de un vaso de vino o una conversación antes del toque de queda.
Frecuentábamos ese lugar con Jorge Teillier, Carmen Berenguer, José Ángel Cuevas, Álvaro Ruiz, Carlos Mellado, Hernán Miranda, el pintor Nemesio Antúnez, los actores Tennyson Ferrada, Aldo Parodi, Alfredo Castro, Andrés Pérez, el locutor magallánico Yerko Hromic. Llegaba también la escritora Yolanda Lagos, a la que apodábamos La Coneja quien solía cantar arias y canciones en inglés minutos antes de las once de la noche, momento en que por arte de magia, todos desaparecíamos.
Allí, Pedro Lemebel empezó a acumular material literario para sus futuros proyectos, como el maravilloso libro de crónicas “De perlas y cicatrices” (Ediciones Lom, Santiago, 2003).
Lemebel es el símil chileno de Charles Bukosky, el gran narrador norteamericano, en su forma desenfadada de abordar los temas de la intemperie, escribiendo lo que vive, con pequeñas dosis de invención, pero siempre en los límites de la realidad. Pedro es capaz de modificar los caminos a su antojo para luego recrear esos segundos de magia con lujo de detalles absolutamente ciertos, pero que a un lector desprevenido sorprendería por el éxtasis de cada locura que limita con la ficción total. Qué escritor podría orinar a un alcalde de provincia y vomitar sobre los invitados lujosamente vestidos para después ser aclamado por los jóvenes de la ciudad. Solamente nuestro amigo.
En este libro Lemebel cuenta su amor por Camilo Escalona. Amor platónico, sin duda, que molestó más de una vez al actual diputado por Lota y ex Presidente del Partido Socialista a quien no le causó gracia esta confesión. Pedro fustiga al cura Hasbún, se ríe de la Cecilia Bolocco, por sus páginas caminan Palmenia Pizarro, Miriam Hernández, habla de Carmen Gloria Quintana, de la matanza de Corpus Christi, y retrata la sociedad chilena de los últimos veinte años como un agudo paisajista psicológico; porque de eso se trata este libro. Un gran retrato del chileno y chilena que atravesó desde el miedo y la represión de una dictadura a una especie de carnaval democrático donde todos apostaron a otra cosa. No así Lemebel, quien siempre fue un out sider, un marginal que asumió su homosexualidad en un mundo cínicamente machista y se convirtió de la noche a la mañana en un ícono de la cultura chilena, donde representa a un sector de la sociedad con toda la dignidad de las minorías del mundo.
“De perlas y cicatrices” en un ensayo sobre las miserias humanas de una sociedad que se cree exitista y democrática, un canto a la vida y al sentido común de un pueblo injustamente maltratado. Dice el escritor: “Este libro viene de un proceso, juicio público y gargajeado Nuremberg a personajes compinches del horror. Para ellos techo de vidrio, trizado por el develaje póstumo de su oportunista silencio, homenajes tardíos a otros, quizás todavía húmedos en la vejación de sus costras. Retratos, atmósferas, paisajes, perlas y cicatrices que eslabonan la reciente memoria, aún recuperable, todavía entumida en la concha caricia de su tibia garra testimonial”.
Pedro Lemebel nació en 1955 en Santiago, es escritor y artista visual. En la década del 80, junto a Francisco Casas formaron el colectivo de arte “Las Yeguas del Apocalipis”. Ha publicado: “Incontables”; “La esquina es mi corazón”; “Loco afán”; “Tengo miedo torero”. Gran parte de su texto “De perlas y cicatrices” fueron leídos como crónicas en la radio Tierra de Santiago.
Lunes, 05 de Julio de 2004 17:26 ;?> No hay comentarios. Comentar.

27/06/2004


MALÚ URRIOLA, POESÍA DE LA NADA

malu.jpgPor Aristóteles España

El libro Nada de Malú Urriola (a quien conocimos en Santiago a mediados de los ochenta en casa del escultor Lautaro Labbé, cuando tenía 13 años) es un ejercicio mayor de cómo debe elaborarse un texto que combina la magia de la invención con una propuesta integral donde las palabras son secuencias que ayudan a construir un espacio inmaterial para negar la existencia de ese mismo aire que las va construyendo, es decir, un hablante que quiere desaparecer en el hábitat del poema.
¿Cómo integrar estos códigos poéticos en la realidad del sistema literario chileno?. Compleja pregunta, porque lo que llamamos tradición en nuestro país, en lo que se refiere a poesía escrita por mujeres tiene marcadas influencias del realismo y de la instrospección como fórmulas que intentan dar cuenta de una realidad –como la nuestra- llena de contradicciones. Aquí se intenta, de alguna manera, fundar un territorio de la Nada como lugar de trabajo y vida, dentro y fuera del lenguaje. La apuesta es arriesgada pero los grandes desafíos tienen esos sellos.
Editados por Lom (2003), estos poemas están dotados de una singular belleza donde las palabras están encerradas en cárceles, ahogadas por una cosmovisión donde se plantean interrogantes metafísicas que la poeta intenta resolver situando su palabra en alegorías circulares: allí, juega con la locura, la muerte, los vacíos, los cielos inexistentes, el verbo es acosado con violencia a ratos; huye de este mundo en un aeroplano inexistente, coloca en duda la calidad de la palabra, “que nada digan –les dice- que no mientan más, que no sobornen, que no encubran”.
Si analizamos este contexto como una rebelión de los sentidos, en el lenguaje mismo, dentro de su área, podríamos escuchar con cierta melancolía este lamento estelar de Malú Urriola: “La poesía es un invento cruel. Pensamientos de que puro salvajes insisten.../ Nada soy, en ningún lugar, nadie”.
Ese es el ciclo que nos propone; la fuerza de una escritura soñada para vivir dentro del caos de la belleza. Nos plantea, además, que las palabras adquieren significado cuando son atrapadas por misteriosos fenómenos fónicos o sensoriales y se internan en la noche, con la muerte que amanece tan sola, cerca de ojos amados.
Con este libro, se sitúa entre las grandes artistas de su país y su arte poética en una propuesta acerca del rol de la poesía en los tiempos venideros.
La escritora (Santiago, 1967) ha publicado “Piedras rodantes” (1988); “Dame tu sucio amor” (1994); “Hija de perra” (1998). Sus textos han sido seleccionados en diversas antologías: “16 poetas chilenos”,Ediciones Cámara Chile, 1987. “Antología de la poesía latinoamericana del siglo XXI. El turno y la transición”, compilada por Julio Ortega, Siglo XX Editores, México, 1997. “Antología de poetas chilenas. Confiscación y silencio”, preparada por Eugenia Brito, Dolmen Ediciones, Chile, 1998. “Mujeres Poetas de Chile: Muestra Antológica” (1980-1995), compilada por Linda Koski, Editorial Cuarto Propio, Santiago, Chile, 1998. En el año 2003 recibe la Beca del FONDART para realizar el proyecto poético de intervención urbana “Poesía es +: Lectura de poesía desde globos aerostáticos”.
Domingo, 27 de Junio de 2004 20:37 ;?> Hay 1 comentario.

14/06/2004


LA POESÍA DE OSCAR BARRIENTOS BRADASIC

fotobarrientos.jpgPor Aristóteles España

Conocimos a Oscar Barrientos Bradasic en Punta Arenas, en el invierno de 1989. Había publicado su primer libro “Espada y Taberna” a los 14 años; tenía un talento desbordante y se apreciaba su vocación literaria, por el rigor de sus lecturas. Ahora nos sorprende con “La Egloga de los Cántaros Sucios”, un extenso poema al Río de las Minas que atraviesa esa austral ciudad y que en el texto adquiere un halo metafísico como suelen producirlos los artistas con los objetos o seres que cobran vida en
el territorio de las palabras, con la magia de la invención.

La Egloga, cultivada desde siglos por autores religiosos, pastoriles, vates del amor y la pasión como Virgilio, Salicio, Garcilaso, Rilke, adquiere aquí un doble significado: el de la transfiguración imaginada, y la construcción de un lugar mítico donde el hablante, con el pretexto de escribir la ciudad, penetra en las cloacas y miserias que suelen desplazarse por el río, donde crea una metáfora de la decadencia.

“Llegarás al mar río de lágrimas sucias/intestino de la ciudad amurallada/ cántaros de la melancolía infinita/llegarás al mar/ allá donde alguna vez se despeñaron/las palabras y no volvieron”, dice
uno los cantos. Este libro, soñado en el sur del mundo debe ser uno de los más importantes de los últimos años escritos en Chile por poetas de su generación.

La Egloga de Oscar Barrientos tiene elementos de la épica y su lectura constituye todo un desafío pues el autor inserta un ámbito lleno de melancolía y tristeza, a medida que va invitando a su río a personajes de la historia, la literatura y también al mundo ciudadano que lo observa cotidianamente en sus paseos por la calle Bories, la principal arteria puntarenense donde el Río de las Minas juega al misterio.

Como el Támesis londinense, el Río de la Plata, el Sena parisino, este sencillo riachuelo cobra vida y ha sido inmortalizado con gran calidad como punto referencial de una cultura. Cada palabra, sílaba, está construida con un talento único para inmortalizar un paisaje que desde ahora tendrá su música; los sonidos serán más perfectos, los pájaros, perros, gatos que lo circulan e invaden por las noches llenas de nieve tendrán ahora un refugio secreto que sólo la poesía puede crear.

El autor magallánico es contemporáneo de poetas chilenos como Germán Carrasco, Alejandro Zambra, Christian Formoso. Un grupo humano que se consolida con nuevas propuestas y una gran responsabilidad con su arte.

Nació el 20 de marzo en Lacolet, estudió en el Liceo San José, en la Universidad Austral de Valdivia donde se graduó en Literatura. Hizo un doctorado en la Universidad de Salamanca, una de las más prestigiosas del mundo y actualmente es catedrático de la Universidad de Magallanes. Ha publicado “Espada y taberna” (poesía, 1988); “Mi
ropero es un mar sombrío” (poesía, 1990); “La ira y la abundancia” (narrativa, 1997); “El diccionario de las veletas” (narrativa, 2002); “La Egloga de los cántaros sucios” (poesía, 2004).

Además, es autor de ensayos sobre literatura latinoamericana y dirige en la patagonia un centro de estudios literarios.
Lunes, 14 de Junio de 2004 16:21 ;?> No hay comentarios. Comentar.

30/05/2004


MARINO MUÑOZ LAGOS

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UN POETA DEL SUR DE CHILE



Por Aristóteles España

Marino Muñoz Lagos nació en Mulchén en 1925. Su poesía representa la nostalgia, la recuperación de un tiempo que fue, la crónica de seres y cosas que pasan por la vida y se desvanecen como la lluvia en medio del campo o de una calle. Testigo de las tempestades del austro, de las auroras, por su canto es posible descifrar como el mundo que se detiene avanza por límites donde el hombre está a la intemperie y, desolado, contempla el devenir del futuro, de todas las ausencias: Ramón Díaz Eterovic dice que “los versos de Muñoz Lagos tienen al mismo tiempo la suavidad de la nieve y el ímpetu del viento que ha acompañado su andar magallánico”.

Conocimos al poeta en la década del 70, en tertulias en casa de Silvestre Fugellie, Osvaldo Wegmann, en visitas a su hogar, en rincones citadinos de Punta Arenas, la ciudad adoptiva.

Su presencia siempre nos ha acompañado a través de la lectura de sus libros y crónicas sobre poetas desconocidos. Autor de un memorable poema “Retrato vivo de mi padre muerto”, que era declamado con ímpetu por Rolando Cárdenas en Santiago y recomendado en sus cátedras y academias por Mario Ferrero, Luis Merino Reyes, Gonzalo Drago.

Sin duda que su obra más poderosa es “Los rostros de la lluvia” (Premio Municipal de Santiago, 1971).

En este texto el poeta explora el entorno de un paisaje metafísico de la patagonia y de sus mundos atávicos. Inventa una patria literaria a través de la cual describe la cotidianidad como un perfecto artesano y cada verso tiene una finalidad y un ritmo que muy pocos autores pueden lograr.

En este libro el poeta juega con las imágenes como trompos o volantines que se enredan con las nubes y hace gala de un profundo sentido de la meditación y del arte de contemplar el mundo en el más absoluto silencio de las abstracciones.

Andrés Sabella decía “que la poética de Marino, en el extremo de la patria, exige ojos avizores y bocas capaces de contener cuanto deslumbramiento acontece en tales mundos de confines y orígenes”.
Amigo de Pablo Neruda, Pablo de Rocka, Nicomedes Guzmán, nuestro poeta se transformó con los años en un referente de esos mundos australes a través de su presencia activa en los periódicos y revistas del país. Traducido a varios idiomas, su obra permanecerá en la memoria cotidiana como la de un autor que le cantó a la vida desde un ángulo poco recurrido por sus contemporáneos: la contemplación de paisajes llenos de nieve y ventiscas, con enormes barcos que venían de lejanos naufragios, observando desde las cubiertas a lobos de mar heridos por el hielo y la muerte, con restos de embarcaciones cuyos ojos traían los gritos desolados de seres míticos que alguna vez poblaron las soledades de Lacolet, en el sur del sur del mundo.

Francisco Coloane nos decía que el gran mérito de Marino Muñoz Lagos era haber descubierto una zona escritural donde el paisaje de Magallanes era un territorio inexpugnable y, por lo mismo, sólo podía vivir en el poema, en los anchos parajes que fueron habitados por milodones, torres de piedra y nieve que alguna vez visitó con el gran poeta ruso Eugenio Evtuchenko y el mismo autor de “El Ultimo Grumete de la Baquedano” en Ultima Esperanza.

Desde el año 2002 es miembro correspondiente de la Academia Chilena de la Lengua en Punta Arenas.
Domingo, 30 de Mayo de 2004 19:59 ;?> Hay 4 comentarios.

21/05/2004


ARMANDO URIBE ARCE AL PREMIO NACIONAL DE LITERATURA 2004

uribe1212.jpgPor Aristóteles España

Nuestro candidato es el poeta Armando Uribe (Santiago, 28 de octubre de 1933). Uno de los grandes poetas chilenos del siglo XX, su producción se inicia con las obras “El transeúnte pálido” (1954) y “El engañoso laúd” (1956). Tiene más de 30 publicaciones en los ámbitos del derecho, la religión, la política, la ficción, la literatura. Miembro de la Academia Chilena de la Lengua y Académico de la Real Academia de la lengua española. El año 2002 recibió dos veces el Premio Altazor; en poesía con “A peor vida” y en ensayo: “El fantasma de la sinrazón y el secreto de la poesía”.

Integrante de la Academia Literaria “El Joven Laurel” que dirigió Roque Esteban Scarpa en el Colegio Saint George de Santiago, pertenece a la Generación del 50 junto a Jorge Teillier, Enrique Lihn, Efraín Barquero, Rolando Cárdenas, David Rosenmann Taub, Delia Domínguez, Cecilia Casanova, Stella Díaz Varín.

Poeta irónico y desenfadado aborda diversas temáticas relacionadas con el hombre y su existencia. Otro de sus temas preferidos es la permanente desazón del ser humano ante un mundo que se va desvaneciendo por la violencia de quienes detentan el poder en todas sus áreas culturales.

Sus textos, de gran fuerza telúrica se nutren de experiencias de vida y como escenario de sus creaciones aparecen películas de la infancia, viajes, un Chile visto por un cronista apasionado que dialoga con personajes de la historia reciente e impreca, fustiga, con la pasión de quien ama y odia con la misma intensidad su paso por la tierra y quiere construir, dejar un legado, denunciar las barbaries del ser humano que en nombre de Dios, de ideologías, destruyen la naturaleza, quitan la vida sin problemas de conciencia. “Su poesía es parca y austera –dice la periodista y crítica literaria Sandra Maldonado- se construye con una gran economía de palabras luego de un concienzudo trabajo intelectual. Uribe escribe con inteligencia y a la vez con gracia golpeando la realidad de una manera feroz”.

El ensayista Hugo Montes Brunet dijo en el diario El Mercurio del domingo 31 de mayo de 1992, páginas E-14-15, que “un grupo de poetas del 50, en conocimiento de la influencia de la vanguardia y la antipoesía, quisieron correr caminos propios, a menudo más tradicionales y menos herméticos que los de la promoción precedente. Los más conocidos son Jorge Teillier, Armando Uribe, Miguel Arteche, Enrique Lihn”.

Todos con una cosmovisión propia dieron cuenta de sus angustias, desesperanzas y de las alegrías de sentirse parte de un territorio poético como Chile que reunía a un importante y selecto grupo de autores que se instalaban con sus versos como los grandes de América Latina en los más álgidos momentos de la Guerra Fría. Admiradores de la poesía norteamericana, inglesa, china, francesa, asumían este arte como un Oficio Mayor y trabajaban para consolidar sus voces en un momento en que Neruda, De Rocka, Huidobro y la Mistral eran los ejes indiscutidos de la palabra poética en el continente y cuando ya asomaba Nicanor Parra con sus versos de salón, sus cuecas largas, sus poemas para combatir la calvicie.

La Generación de Armando Uribe es la más señera y cosmopolita en su conjunto que todas las anteriores del siglo XX y su voz como cuerpo debe ser también la más heterogénea y vasta.

Armando Uribe al Premio Nacional de Literatura 2004 es un acto de justicia a su obra, a su consecuencia con la palabra. A una vida dedicada a la literatura. Y ese es el verdadero objetivo de este premio singular y polémico para un país de poetas.
Viernes, 21 de Mayo de 2004 20:09 ;?> Hay 1 comentario.

04/05/2004


NICANOR PARRA, LITERATURA EXPLOSIVA

Parra1.jpgAristóteles España

Nicanor Parra cumple 90 años. Como este será el año nerudiano su cumpleaños pasará desapercibido y no recibirá los honores que le corresponden. El creador de los antipoemas es uno de los artistas más importantes de nuestra lengua. Contra la poesía de escritorio, de pequeño Dios, de la poesía del tonto solemne, su lenguaje irónico, juguetón, humorístico, coloquial, desacralizó la estructura y el verbo de lo que hasta ese momento se construía poéticamente en Chile y en el orbe. Tuvo tanta fuerza la edición de sus “Poemas y Antipoemas” en 1954 que hasta Neruda escribió un libro titulado “Estravagario”, dando cuenta del remezón del antipoeta a la literatura contemporánea. Cincuenta años cumple ahora en julio la primera edición de ese libro espectacular. Oriundo de San Fabian de Alico, Chillán, nació el 5 de septiembre de 1914. Nicanor es hermano de Violeta Parra y fundador de una dinastía artística en nuestro país: escritores, músicos, pintores, actores, escultores que hoy se destacan y hacen escuela. Traductor de poesía inglesa, instaló en nuestro país el discurso y la conciencia ecologista en la década del 60 con sus célebres ecopoemas. Autor de un Artefacto famoso sobre nuestro Premio Nóbel; cuando éste lo supo reaccionó indignado. El Artefacto dice así: “Si Neruda se lanza del séptimo piso, sígalo, es un buen negocio”. Eran tiempos distintos, de discusiones, polémicas, rencillas literarias al por mayor. Parra abarcó y sigue con los temas más disímiles, la política, el humor, la naturaleza, la muerte, la mujer en todas sus formas. Otro Artefacto famoso es: “La izquierda y derecha unidas jamás serán vencidas”. Parra ha sido candidato al Nóbel tres veces. Lo apoyaron gobiernos, universidades, centros de estudios, artistas de circo, intelectuales progresistas, príncipes y mendigos. Todos pensamos que el Premio Cervantes 2003 iba a ser para él pero se lo dieron a otro grande, Gonzalo Rojas. El mismo autor de “Materia de Testamento” dijo: “mi candidato era Nicanor”.
Solíamos visitarlo en su casa de La Reina con artistas de distintas disciplinas. Era 1982 y había publicado “Poema y Antipoema a Eduardo Frei Montalva”. Creía en la democracia, estaba preocupado por el autoritarismo, la asfixia cultural, la represión. Junto a Luis Sánchez Latorre y otros escritores buscaban consensos y salidas reales a la dictadura. Le temía a una guerra civil. Sería un desastre, decía.
“Para nuestros mayores la poesía fue un objeto de lujo/Pero para nosotros es un artículo de primera necesidad: no podemos vivir sin poesía”, dice en su Manifiesto. Continúa: “Nosotros sostenemos que el poeta no es un alquimista”. “El poeta es un hombre como todos/Un albañil que construye su muro/Un constructor de puertas y ventanas”. “La antipoesía –dice el autor-se presenta como un testimonio artístico de la sensibilidad que ya no puede satisfacer las necesidades estéticas de un tipo de hombre que quiere vivir de acuerdo a otros valores”. Uno de los principales estudiosos de su obra, Iván Carrasco señala: “La antipoesía tiene que ver con las filosofías existencialistas, las literaturas del absurdo y de la angustia, la literatura de ciencia ficción, la subliteratura en algunas de sus manifestaciones, entre otras. La antipoesía hace uso de la sátira, la negación o el nihilismo”.
Parra cumple 90 años. Hay que crear un premio con su nombre, colocarle Nicanor Parra a una carretera, un aeropuerto, plazas, una bahía, antes de que se nos vaya de este mundo y aparezcan los letrados de siempre a rendirle parabienes que no fueron capaces de otorgarle en vida.
Martes, 04 de Mayo de 2004 20:28 ;?> Hay 1 comentario.

23/04/2004


VIGENCIA DE ENRIQUE LIHN

lihn.jpgPor Aristóteles España

Con Enrique Lihn nos tocó participar en el primer encuentro de artistas por la democracia en 1983 en Padre Hurtado. Organizamos cada detalle de las ponencias, actuaciones, diálogos, tertulias, junto a Jorge Narváez, Lautaro Labbé, Diego Muñoz, Antonio Cadima, María Maluenda. Artistas de la literatura, la plástica, el teatro aglutinados en torno a la idea de darle un contenido mayor a la lucha contra la dictadura.

Lihn tenía un gran sentido histriónico y sus intervenciones eran un espectáculo aparte. El poeta Rodrigo Lira lo imitaba en público y provocaba una risotada general en los auditorios culturales del Santiago de los 80.
El autor de “La pieza oscura”, era un polemista inteligente y un creador innato, de aquellos tocados por la vara de los dioses como le gustaba decir a Rolando Cárdenas. Siempre nos pareció que este libro, escrito entre 1956 y 1962 es uno de los grandes poemas escritos en Chile. Monólogos dramáticos con tonos elegíacos en muchos de ellos.

Pedro Lastra en su libro “Conversaciones con Enrique Lihn” dice que “la pieza oscura es el poema central del libro, el que le confiere la unidad de una constelación; y esto no solo o únicamente por su ritmo semántico sino por la tonalidad del fraseo verbal, de un ritmo fónico que atraviesa el conjunto. Yo creo que casi todos los textos, descontadas sus particularidades en otros planos, ingresan de algún modo en la atmósfera que se proyecta desde allí”.

Nuestra admiración por este poema viene desde Punta Arenas, ciudad que el escritor visitó y donde escribió textos notables, entre ellos uno dedicado al cementerio de esa ciudad. A comienzos de la década del 70, en los talleres literarios de la patagonia descubrimos este libro dotado de una fuerza impresionante y tan poco conocido por las actuales generaciones.

Enrique Lihn nace en Santiago el 3 de septiembre de 1929. Parte de su infancia transcurre en la casa de la abuela materna y comparte aficiones artísticas con su tío el pintor Gustavo Carrasco.

En 1942 ingresa a la Escuela de Bellas Artes de Santiago como estudiante libre de dibujo y a los 20 años publica su primer libro “Nada se escurre”. Compañero generacional de Jorge Teillier, Martín Cerda, Armando Uribe Arce, Efraín Barquero, su obra ha sido traducida a varios idiomas y es reconocido como un artista innovador que exploró géneros como el teatro, el comic, la novela, el ensayo, el cuento.

Vivió en Cuba y París, pero al poco tiempo regresó a Chile donde se transformó en editor de revistas, profesor investigador de la Universidad de Chile, cronista de diarios, realizador de videos.

Lihn fue también un gran sonetista, ese género que cultivaron con maestría Góngora y Quevedo. Dice el poeta: “Yo empleé el soneto para hablar desde el terror, en opresión, el soneto barroco, esa prótesis verbal que yo actualizo a fuerza de distorsionarla. Los sonetos del Siglo de Oro son ya piezas canónicas. Para tomarse las libertades que ellos se tomaron y prolongar su gesto trasgresor hay que empezar por agredir a esos poetas: en la cárcel de los cuartetos y tercetos la palabra tiene que hacer movimientos inesperados”.

Enrique Lihn fallece en Santiago el 10 de julio de 1988. Al año siguiente Adriana Valdés y Pedro Lastra publican Diario de Muerte, su último libro que empezó a escribir el primer día que supo que le quedaba poco tiempo en este mundo. Al enterarnos de su deceso en Buenos Aires organizamos un evento con poetas argentinos y leímos su texto “Por qué escribí, estoy vivo”.
Viernes, 23 de Abril de 2004 19:34 ;?> No hay comentarios. Comentar.

16/04/2004


CON TEILLIER EN LA MEMORIA

teillierpic.jpgAristóteles España

Conocimos a Jorge Teillier en el verano de 1980. Junto a Luis Aravena (hoy radicado en Canadá) y el novelista Ramón Díaz Eterovic nos encaminamos al ya mítico bar La Unión Chica en Santiago y procedimos a esperarlo. Un par de semanas antes habíamos conocido a Rolando Cárdenas y a Francisco Coloane.
El autor de “Muertes y maravillas” y “El árbol de la memoria” llegó puntual al mediodía y nació allí una amistad que se prolongó hasta su fallecimiento en abril de 1996.
Dotado de un talento único era un especialista en cosas inútiles, como le gustaba denominarse.
Este mes se cumplen 8 años de su partida y la fuerza del mito a su persona y obra es cada día más grande.
Teillier retrató como nadie la soledad, los recuerdos de infancia, los pueblos perdidos, el lar de La Frontera, los trenes, los bosques, la lluvia, el poeta como sobreviviente de un paraíso perdido, el sur de Chile con todas sus características.
Fundador e ideólogo de la Poesía de los Lares, fundamenta su posición estética en el prólogo a su libro antológico editado en 1971 por editorial universitaria. El poeta había realizado una síntesis incorporando elementos de la tradición literaria nórdica y en la atmósfera que rodea la construcción de sus textos se advierte su admiración por Rilke, K:Hamsum, S. Lagerlof, Georg Tralk, Poe, Francis James, Miloz, Alain Fournier.
Ignacio Valente al analizar la poética teilleriana dice que “la poesía de los lares es una trasposición de mundos y universos eslavos y germánicos sobre la experiencia nativa del sur chileno”.
Jaime Valdivieso señala en su artículo “La otra realidad de Jorge Teillier” publicado por la revista “Trilce” de Concepción (Junio de 1997) que “algunos poemas de Jorge me recuerdan a los poetas chinos de la dinastía Tang, Li Po, Du Fu, Bo Juyi por la serenidad y autocomplacencia ante una realidad que se detiene y se vuelve poesía por el sólo ángulo desde la cual se contempla. Sus poemas han configurado una filosofía de la existencia, como en todo gran poeta, una manera de jerarquizar y transmitir valores sensoriales, espirituales y éticos que dan sentido y organizan la vida”
Con Jorge Teillier solíamos caminar por el centro de Santiago, recorrer librerías de libros usados y coleccionábamos primeras ediciones de Pezoa Véliz, Neruda, De Rocka, Huidobro, originales de Teófilo Cid, Samuel Donoso, Carlos De Rocka, Héctor Barreto y muchos más.
Buena parte de nuestro tiempo también lo dedicábamos a recorrer bares donde otrora se reunían intelectuales y artistas como el Isla de Pascua, el Cu cú, el Patito, el Parrón, La Fuente, el Nacional, y todos los sábados de los comienzos de los ochenta nos encontrábamos en las tertulias de la Editorial Nascimento, lugar presidido por Oreste Plath y donde coincidíamos a veces con Juan Cámeron, Nelly Cid, Martín Cerda, Stella Díaz Varín, Braulio Arenas, Alfonso Calderón, Gonzalo Rojas, Miguel Arteche., Enrique Lafourcade, Isabel Velasco, Yolanda Lagos, Floridor Pérez, Jaime Quezada.
Extrañamos su pasión por la poesía, la forma de relacionarse con sus mundos literarios y su compromiso con la palabra. Contemporáneo de Enrique Lihn, Efraín Barquero, su obra sigue creciendo con el tiempo, especialmente en las nuevas generaciones de poetas latinoamericanos quienes ven en él a un auténtico artista, comprometido con su tiempo y con la historia.
Viernes, 16 de Abril de 2004 21:32 ;?> Hay 4 comentarios.


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