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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado

patricia verdugo


ÁNGELES EN LA DEHESA

<h1><hr><u>ÁNGELES EN LA DEHESA</h1></u>

Foto de Cecilia Castro Salvadores 

Patricia Verdugo *

Página12 de Argentina - 4 de enero de 2006

Cuando entraron a la casona de La Dehesa (donde Pinochet tiene su mansión), los funcionarios de la Policía de Investigaciones y del Registro Civil llevaban sobre sus cabezas –invisibles– al menos 119 espíritus que han clamado por justicia por tres décadas. Las 119 víctimas de la llamada Operación Colombo. De frente, general. Ahora, de perfil. Su mano derecha, general. Ahora su izquierda. Estire bien los dedos.

Muriel

Uno de esos espíritus es el de Muriel Dockendorff. Era muy linda y tenía sólo 23 años. Estudiaba economía en la universidad. Era prima de quien hoy es ministro de la Presidencia, Eduardo Dockendorff. Fue arrestada en 1974 en su casa, arrancándola de brazos de su madre, que clamó por saber adónde la conducirían los agentes secretos. Muriel se perdió en la espesa niebla de los detenidos que desaparecieron en los campos de concentración. Y como si hubiera intuido lo que iba a ocurrirle, escribió estas líneas a una amiga que también estaba arrestada en Cuatro Álamos: “Nos encontraremos a través de la niebla que despejaremos. No me olvides, camarada”.

Cecilia

 También de 23 años y estudiante de derecho de la Universidad de Chile era Cecilia Castro Salvadores. Fue arrestada en 1974, un año después del golpe militar. Era una de las mejores amigas de la senadora electa Soledad Alvear. Su hija Valentina ya incursiona en el periodismo. Muriel y Cecilia eran dos jóvenes chilenas, cultas e inquietas, que soñaban con un mundo mejor y no habían cargado más armas que sus lápices para dibujar un Chile justo y solidario. Eso era todo y eso las hacía peligrosas. Pertenecer a un partido de izquierda y no rendir su conciencia ante el terror de la dictadura.

No hubo tribunales de justicia. No hubo acusaciones ni derecho a defensa. Sabemos lo que hubo y no es necesario entrar en detalles para sentir escalofríos. Podríamos hasta rogar por un rápido disparo en la nuca, pero sabemos que la tortura se toma días y semanas que parecen eterna pesadilla hasta destruir a un ser humano.

No hubo tribunales de justicia. No hubo acusaciones ni derecho a defensa. Sabemos lo que hubo y no es necesario entrar en detalles para sentir escalofríos. Podríamos hasta rogar por un rápido disparo en la nuca, pero sabemos que la tortura se toma días y semanas que parecen eterna pesadilla hasta destruir a un ser humano.

Operación Colombo

Muriel y Cecilia son dos de los 119 chilenos que sucumbieron en la llamada Operación Colombo, por la que el general (R) Pinochet está siendo procesado y fue prontuariado. La mayor parte de las víctimas son jóvenes, menores de 30 años. Los 119 no tienen en común ni el partido político ni la fecha de arresto ni el campo de concentración. Su común denominador es una siniestra operación matemática que eligió 60 nombres para conformar una lista y 59 para otra, sumando 119 en una “acción de comunicaciones” que requirió de apoyo de la prensa pinochetista.

Los hechos son simples. La ONU presionaba a la dictadura chilena para que respetara los derechos humanos. La Iglesia Católica presentaba recursos de amparo por los prisioneros que no aparecían. Y el general Pinochet aceptó la propuesta de su jefe de Inteligencia, el coronel Manuel Contreras. ¿En qué consistió la Operación Colombo? En inventar una “noticia” para deshacerse de más de un centenar de muertos. La tal noticia informó que guerrilleros chilenos, infiltrados clandestinamente en Argentina, se habían enfrentado en una batalla por pugnas internas. Y el trágico saldo era de 119 muertos.

La prensa

 

Las listas fueron publicadas por dos revistas de única edición –la argentina Lea y la brasileña O’Dia– y la agencia UPI difundió la noticia que fue titular de portada de los diarios chilenos por varios días. Incluso el vespertino La Segunda –perteneciente a la cadena de El Mercurio– tituló “Exterminados como ratas”.

Imagine por un momento que, en esas listas, aparece el nombre de su hermano, de su padre, de su hijo. Imagine lo que ocurrió con los padres de Muriel y de Cecilia. Las listas se publicaron hace 30 años y de más está decir que nunca aparecieron –en Argentina– los cuerpos de los muertos en esa supuesta batalla.

 

Justicia

El dolor de las familias ahora se alivia. El ahora lúcido Pinochet está sometido a proceso y un juez valiente, Víctor Montiglio, ordenó prontuariarlo. Paso a paso, a golpes de sol y de agua, de memoria y de coraje, se avanza en la tarea de hacer justicia.

* Periodista chilena. Premio Moors Cabot de la Universidad de Columbia. Autora de once libros, entre los que destacan Interferencia secreta, La caravana de la muerte y Los zarpazos del puma, el más vendido de la historia de su país. De Diario 7. Especial para Página/12

 

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CHILE: DEJAR ATRÁS EL MIEDO

<h1><hr><u>CHILE: DEJAR ATRÁS EL MIEDO</h1></u>

 

"De frente, general. Ahora, de perfil, por favor. Su mano derecha, general. ¿Me permite su izquierda? Estire mejor los dedos para facilitar el entintado".

Patricia Verdugo*
www.pieldeleopardo.com

Palabras más, palabras menos, eso fue lo que escuchó el general Pinochet cuando diciembre de 2005 agonizaba. Funcionarios del Registro Civil y de la Policía de Investigaciones llegaron hasta su casa de La Dehesa, en la capital chilena, y lo ficharon. "Un agravio" irreparable, dijo su defensor, el abogado Pablo Rodríguez, otrora jefe del grupo terrorista de ultraderecha Patria y Libertad.

El supuesto agravio se reforzó cuando la Corte de Apelaciones, por 21 votos contra tres, lo desaforó nuevamente para que sea juzgado por malversación de caudales públicos.

Más de alguien puede extrañarse de que un simple fichaje se transforme en noticia. Lo normal, en un estado de Derecho, es que le ocurra a toda persona procesada por delitos. Pero el general Pinochet, ya sabemos, no es una persona cualquiera.

Una dictadura –cualquiera sea su signo ideológico– utiliza el miedo como la herramienta clave de dominio. Miedo que va desde perder la vida hasta perder el empleo, pasando por campos de concentración y cámaras de tortura. Terror a perder el derecho a vivir en la patria o a ser relegado –dentro de ella-– a gulags en sitios lejanos e inhóspitos. Incluso hablamos del miedo a perder la tranquilidad cotidiana, ese estado que nos permite equilibrarnos en la cuerda floja de la aparente normalidad aún cuando se viva en dictadura. Y las voces se silencian, cunde la delación y se imponen autocensuras tan sutiles que ni los propios afectados reconocen lo que les está prohibido.

La dictadura del general Pinochet –como todas– usó grandes dosis de miedo como política de Estado. La primera fue inyectada el 11 de septiembre de 1973 al tiempo que los aviones bombardeaban el Palacio de Gobierno. Imagen imborrable, casi tanto como el ataque a las Torres Gemelas.

Y si la dictadura usa el terror, la democracia y su estado de Derecho busca dar confianza a los ciudadanos. El paso de una a otra es lo que llamamos "transición". A veces se da por terminada la transición porque se cumplen requisitos democráticos: ejercicio de la soberanía popular, separación de poderes, libertad de prensa, entre otros. Pero una transición termina cuando un pueblo recupera plenamente el estado de confianza y de dignidad que tenía antes de la dictadura.

Porque los miedos se cuelan en los más finos intersticios de la sique colectiva. En Chile, por ejemplo, tras 16 años de transición, ni los socialistas se atreven a usar la palabra pueblo. Se habla de la "gente". Se autocensura el término justicia social. Se habla de equidad. Sólo hace un año se aceptó que los torturados tenían calidad de víctimas. Y los conflictos sociales se cubren con soluciones de consenso –entre el gobierno y la oposición– porque el disenso se sigue percibiendo como peligroso, como detonante de crisis política y no como parte del debate normal entre los diversos componentes de una sociedad pluralista.

La transición chilena, desde 1990, ha sido lenta y difícil. Y las razones están a la vista. El pacto que le dio inicio estuvo marcado por el miedo. Pinochet retuvo una cuota muy importante de poder por ocho años más. Como jefe del Ejército, se quedó con la llave del arsenal. Se instaló, pistola en mano, en la invisible mesa de negociación política. Era intocable. Y cuando dejó la jefatura castrense, pasó a ocupar un sillón vitalicio en el Senado (marzo de 1998). Mantuvo la coraza protectora, asegurando su impunidad. Hasta que la justicia de España abrió el primer boquete en esa coraza y logró su arresto en Londres.

Ese día de octubre de 1998 –con Pinochet en los titulares de todos los diarios del mundo– marcó el inicio real de la transición chilena, del proceso de pérdida del miedo. En los más de 500 días que España lo retuvo en Londres, le llovieron más de 300 querellas en los tribunales chilenos. Y cuando el ex dictador regresó a Chile (marzo de 2000), fue desaforado y sometido a juicio por un crimen masivo de disidentes, conocido como "la caravana de la muerte".

Entonces ocurrió el brusco frenazo. La derecha y las Fuerzas Armadas se jugaron a fondo. En ese escenario, el juez Guzmán no se atrevió a ficharlo. Y el inconfesado pacto político fue simple: otorgarle impunidad por "demencia" a cambio de que abandonara el escenario. Renunció al Senado y el Parlamento dictó una nueva ley para darle fuero como ex Presidente de la República. Único requisito: quedarse callado, hacerse invisible. Pero el arrogante Pinochet no resistió la tentación. Dio entrevistas, se paseó por las calles, presidió comidas de homenaje y siguió realizando hábiles operaciones bancarias en más de 150 cuentas secretas para aumentar su mal habida fortuna.

Una investigación del Senado de Estados Unidos develó su corrupción (julio de 2004) y de ahí en adelante la carga de los defensores de derechos humanos encontró acogida en las cortes. Fue declarado lúcido, sujeto apto para ser procesado. Vuelven a caer los fueros y avanzan los procesos por corrupción, evasión de impuestos y –lo más importante– crímenes de lesa humanidad.

La justicia aún no puede cantar victoria, pero el fichaje de Pinochet marca un punto clave de inflexión en este lento proceso de pérdida del miedo en Chile. Porque no hay nada que atemorice más a los pueblos – incluso más que actos de terrorismo, aumento de índices de delincuencia o crisis económica– que la impunidad de los más poderosos.

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* Periodista y escritora.

 

 


CHILE: DETRÁS DE UNA ELECCIÓN

<H1><hr><u>CHILE: DETRÁS DE UNA ELECCIÓN</h1></u>

Por Patricia Verdugo
Publicado en el diario español El Mundo
Tomado de Piel de Leopardo

Pinochet no pudo votar. Se quedó arrestado en su casa de La Dehesa, el barrio de ricos de la capital chilena. No pudo ejercer su derecho a voto al estar procesado tanto por evasión de impuestos como por el crimen masivo de disidentes de la llamada Operación Colombo. Y quedó en blanco el espacio donde debía firmar en el libro de registro, allí donde aún dice que su domicilio es el Palacio de La Moneda. No cambió el dato pese a que dejó el gobierno en marzo de 1990.

El heredero político de Pinochet, el economista Joaquín Lavín, tuvo que entregar el liderazgo de la derecha al empresario Sebastián Piñera. Este fue el fenómeno más importante de lo ocurrido en las elecciones del pasado domingo en Chile, aunque a primera vista el titular en todos los diarios del mundo destacó que la socialista Michelle Bachelet obtuvo la primera mayoría relativa.

Habrá segunda vuelta –o balotaje- el próximo 15 de enero. Y entonces se medirán las fuerzas entre la alianza gobernante de la Concertación (centro-izquierda) y la oposición ahora marcada por el centro-derechista Piñera. Fuera de concurso quedó la izquierda “dura” (casi un 5.5 por ciento) y la derecha “dura” de Lavín y su pinochetista partido Unión Demócrata Independiente, UDI (casi un 23.5 por ciento).

Se pueden hacer todo tipo de sumas para observar la realidad desde muchos y legítimos puntos de vista. Si se suman los votos de Piñera y Lavín, se puede decir que Chile –con 16 años de transición- es más derechista que centro-izquierdista. Si se apunta al casi 46 por ciento de la doctora Bachellet, se puede anotar que Chile está dando un salto progresista al votar por una mujer, socialista, torturada e hija de un asesinado por la dictadura como la más segura Presidente de Chile para el período 2006-2010. Porque si sólo la izquierda “dura” –comunistas, humanistas y verdes- la vota en enero, ella se asegura la banda presidencial.

Pero el fenómeno es más profundo. En el pequeño país sudamericano, usado como ejemplo de buen funcionamiento del modelo neo-liberal de la Escuela de Chicago, los factores reales de poder se concentran en dieciséis grupos económicos que producen el 81 por ciento del Producto Interno Bruto. Ese poder nació de la privatización de empresas estatales durante la dictadura. Y hoy la abundancia de su riqueza los ha llevado a expandir sus negocios a lo largo y ancho de Latinoamérica.

Ese poder –tan real y tangible como lo son las monedas de sus bóvedas virtuales– es el que toma las decisiones, aunque de tanto en tanto haya elecciones y los ciudadanos crean ser quienes decidan. Ese poder decidió en 1989 que Pinochet “no va más” y le quitó el piso cuando tramó dar un auto-golpe y perpetuarse en el poder. Como pago por los servicios prestados, dejó a Pinochet como administrador del arsenal en el cargo de jefe del ejército por otros ocho años. Impunidad asegurada. Y luego, en marzo de 1998, lo instaló como senador vitalicio. Impunidad de por vida.

Gran parte de quienes fueron disidentes a la dictadura aceptaron el juego a cambio de construir una pacífica transición a la democracia. Se instaló la Concertación en el Palacio de La Moneda, con los presidentes Aylwin, Frei y ahora Lagos. Pero de facto ha funcionado en Chile un cogobierno con la derecha bajo el eufemismo de “política de consenso”, ratificado por el sistema electoral de binominalismo que asegura un cuasi-empate en el Parlamento. Así, la izquierda “dura” no ha podido instalar siquiera un diputado durante toda la transición.

El juego político, casi versallesco, se rompió cuando la justicia española logró el arresto de Pinochet en Londres en octubre de 1998. Es verdad que el gobierno de Frei presionó hasta lograr su liberación y traerlo de regreso a Chile bajo el compromiso de juzgarlo. Es verdad que luego la presión política no halló otra vía –para asegurarle impunidad– que declararlo demente. Pero Pinochet, arrogante, decidió hacer difícil la tarea de protegerlo. Y dio entrevistas ufanándose de su lucidez. Y movió dineros mal habidos en más 150 cuentas secretas. A la derecha –económica y política- no le quedó más camino que darle la espalda.

En ese cuadro es que el heredero político de Pinochet, el UDI Joaquín Lavín, cayó en desgracia junto con él. Y para sacarlo de la competencia saltó al escenario el empresario Sebastián Piñera, quien se ufana de haber votado “no” en el plebiscito que marcó el fin de la dictadura. Piñera pasa a ser ahora el nuevo líder de la derecha.
Es posible que llegue a La Moneda, pero todo indica que para los “dueños” del país sigue siendo más cómodo y rentable estar en una aparente oposición y en un real co-gobierno que instalarse en el otrora bombardeado palacio que vio morir al Presidente Allende.

Piñera representa la nueva postura pragmática del empresariado que necesita dejar atrás, en el olvido, al pinochetismo. La esperanza es que, además, los empresarios chilenos salgan de las cavernas del miedo al marxismo y se modernicen, que comprendan que no hay mejor negocio (para sus negocios) que una democracia donde la riqueza se comparta con mayor justicia social.

¿Cómo le viene este juego político a Chile? Si se lo observa en el contexto del vecindario latinoamericano, habría que decir que muy bien. La economía crece entre cinco y seis por ciento al año, tiene equilibrios macro-económicos aplaudidos por el FMI y no hay peligro inminente de explosiones sociales.

Pero si se observa a Chile 2005 en el contexto de su historia, hay que decir que el juego político es peligroso. Porque la pésima redistribución del ingreso nutre (¿o desnutre?) una extrema pobreza que no tiene más explicación que la desmesurada voracidad de la extrema riqueza y la debilidad o cobardía de los gobiernos de la Concertación para encararla y resolverla. Porque no se puede basar el crecimiento en mano de obra barata y desesperanzada, así como en la sobre explotación de materias primas.
Porque no se puede construir una democracia estable en el largo plazo si los resultados exitosos en lo macro no se traducen en real calidad de vida en lo “micro”, en la vida de cada familia.

Para decirlo sólo con dos potentes ejemplos. Todos concuerdan que si hoy existe una niña en Montegrande, hija de una maestra rural, que ame la poesía o un niño en Parral, hijo de un jefe de estación de ferrocarriles, que escriba poemas en sus cuadernos escolares, tienen ambos escasas o nulas posibilidades de transformarse en Gabriela Mistral y Pablo Neruda, los dos chilenos que conquistaron el Premio Nobel.

Chile se vanagloriaba de ser pobre, pero honrado y culto. Hoy Chile es más rico y debe reencontrarse con su honradez y su cultura democrática.


MURIEL, CECILIA ...

<h1><u><hr>MURIEL, CECILIA ...</h1></u>

LA OPERACIÓN COLOMBO

por Patricia Verdugo

9 de Diciembre del 2005

Era muy bella y tenía solo 23 años. Estudiaba Economía en la universidad. Se llamaba Muriel Dockendorff y era prima de quien hoy es ministro de
la Presidencia del gobierno chileno. Fue arrestada en 1974 en su casa, arrancándola de brazos de su madre que clamó por saber adónde la conducirían los agentes secretos. Muriel se perdió en la espesa niebla de los detenidos que desaparecieron en los campos de concentración. Y como si hubiera intuido lo que iba a ocurrirle, escribió estas líneas a una amiga que también estaba arrestada en Cuatro Alamos: “Nos encontraremos a través de la niebla que despejaremos. No me olvides, camarada”. También de 23 años y estudiante de Derecho de la Universidad de Chile era Cecilia Castro Salvadores. Fue arrestada en 1974, un año después del golpe militar. Era una de las mejores amigas de la ex canciller Soledad Alvear, ahora candidata a senadora por Santiago y una de las figuras políticas más relevantes del país. Alvear la ha recordado con dolor en muchos de sus discursos de campaña.

Muriel y Cecilia eran dos jóvenes chilenas, cultas e inquietas, soñaban con un mundo mejor y no habían cargado más armas que sus lápices para dibujar un Chile justo y solidario. Eso era todo y eso las hacía peligrosas. Pertenecer a un partido de izquierda y no rendir su conciencia ante el terror de la dictadura. No hubo tribunales. No hubo acusaciones ni derecho a defensa. Sabemos lo que hubo y no es necesario entrar en detalles para sentir escalofríos. Podríamos hasta rogar por un rápido disparo en la nuca, pero sabemos que la tortura se toma días y semanas que parecen eterna pesadilla hasta destruir a un ser humano. Muriel y Cecilia son dos de los 119 chilenos que sucumbieron en la llamada Operación Colombo, por la que el general Pinochet está siendo procesado en los tribunales chilenos. La mayor parte de las víctimas son jóvenes, menores de 30 años. Los 119 no tienen en común ni el partido político, ni la fecha de arresto, ni el campo de concentración. Su común denominador es una siniestra operación matemática que eligió 60 nombres para conformar una lista y 59 para otra, sumando 119 en una “acción de comunicaciones” que requirió del apoyo de la prensa derechista chilena –encabezada por El Mercurio- y el enlace de la agencia estadounidense UPI.

Los hechos son simples. La ONU presionaba a la dictadura chilena para que respetara los derechos humanos. La Iglesia Católica presentaba recursos de amparo por los prisioneros que no aparecían. Y el general Pinochet aceptó la propuesta de su jefe de inteligencia, el coronel Manuel Contreras. ¿En qué consistió la Operación Colombo? En inventar la noticia de que guerrilleros chilenos, infiltrados clandestinamente en Argentina, se habían enfrentado en una batalla por pugnas internas. Y el trágico saldo era de 119 muertos. Las listas fueron publicadas por dos revistas de única edición – la argentina Lea y la brasileña O’Dia- y la agencia UPI difundió la noticia que fue titular de portada de los diarios chilenos por varios días. Incluso el diario vespertino La Segunda –perteneciente a la cadena de El Mercurio- tituló “Exterminados como ratones”.

Imagine por un momento que allí aparece el nombre de su hermano, de su padre, de su hijo. Imagine lo que ocurrió con los padres de Muriel y de Cecilia. Las listas se publicaron hace 30 años y demás está decir que nunca aparecieron los cuerpos de los muertos en esa supuesta batalla.

El dolor de las familias ahora se alivia. Los jueces han decidido procesar al general Pinochet. No hay juicio aún para la prensa que colaboró en esta operación criminal. Pero ya va teniendo otro sentido el poema que la bella Muriel Dockendorff escribió en el campo de Cuatro Alamos: “Adiós, compañero,/ será hasta siempre o nunca/ o quizás no será/ Te vas a cualquier parte/ donde haya que luchar/ Lanzar el grito/ y al pueblo despertar/ A construir un mundo nuevo/ donde exista igualdad”.


LA LECCIÓN DE JOAN ALSINA

<hr><h1><u>LA LECCIÓN DE JOAN ALSINA</h1></u>

por Patricia Verdugo

El Mostrador (Chile) – 24 de Octubre de 2005

Sabía que lo buscaban y no huyó. Sabía que el arresto conllevaba un alto riesgo de tortura y de muerte. Y sabiendo todo eso, el español Joan Alsina Hurtos tomó lápiz y papel la noche del 18 de septiembre de 1973 y escribió con la certeza de estar en víspera de morir. ¿Por qué? ¿No debió ser más fuerte el instinto de sobrevivencia? ¿O acaso se hizo misionero buscando ser un mártir?

Quizás nada de eso. Tenía apenas 31 años y ninguna duda acerca de su papel en este mundo. Ser sacerdote católico fue su deseo desde niño. Así lo dijo a sus padres, José y Genoveva, cuando cumplió once años en su hogar de la “masia” catalana de Castelló d’Empuries. Comenzaba la década de los cincuenta y el niño Alsina –en pleno franquismo- quería ser un cura obrero, levadura en la masa para hornear un pan que alimentara a los hambrientos.

Primero fue el seminario de Girona, luego el Hispano Americano de Madrid, teniendo en la mira el objetivo al que apuntar la energía de su vida: ser misionero en Latinoamérica. No había indicios que apuntaran al martirio cuando abordó el avión en Barajas y abrazó a sus padres y hermanos. Para entonces, 1968, Chile parecía un destino luminoso para un joven español iluminado por la fe cristiana. Iba a convertirse en un remero más de una goleta que, capitaneada por el cardenal Raúl Silva Henríquez, tenía claro el puerto de arribo: una Iglesia progresista para ayudar a construir un país con justicia social.

Entre lecturas de Teología de la Liberación y días de intenso trabajo, el joven Alsina se bebió de un sorbo el santo grial de la esperanza, inmerso entre los pobres de Chile –cristianos y marxistas- que apostaban al socialismo democrático con Salvador Allende como líder. Hasta que un día negro de septiembre de 1973 cuajó el complot y, con La Moneda en llamas, comenzaron a escucharse los bandos militares que instaban a la entrega de los rojos.

El nombre de Joan Alsina estaba escrito en uno de esos bandos. Y sabiéndolo, ordenó sus escasas pertenencias y escribió la carta de despedida con la certeza de que “Cristo nos acompaña siempre, dondequiera que estemos” y con la percepción de ser grano de trigo en el campo de la historia: “si el grano de trigo no muere, no da fruto”. . Y sabiéndolo, ordenó sus escasas pertenencias y escribió la carta de despedida con la certeza de que “Cristo nos acompaña siempre, dondequiera que estemos” y con la percepción de ser grano de trigo en el campo de la historia: .

¿Durmió esa noche? ¿Cuán largas fueron sus oraciones? No lo sabemos. Quizás el paisaje de Girona y los rostros amados custodiaron su vigilia. Al día siguiente, 19 de septiembre de 1973, cruzó temprano la puerta del Hospital San Juan de Dios –donde trabajaba- y fue arrestado.

Pocas horas después, golpeado y sangrante, fue llevado hasta un puente de los tantos que cruzan el río Mapocho. El suboficial Donato López dio la orden de matarlo. Y el joven soldado Nelson Bañados, de apenas 18 años, cumplió la orden. Dice en su confesión:

“Saqué a Juan del furgón y traté de vendarle los ojos. Pero Juan me dijo ‘por favor, no me pongas la venda. Mátame de frente, porque quiero verte para darte el perdón’. Fue muy rápido todo. Recuerdo que levantó su mirada al cielo, hizo un gesto con las manos, las puso luego sobre su corazón, movió los labios como si estuviera rezando y dijo: ‘Padre, perdónalos’. Yo le disparé la ráfaga… lo hice con la metralleta para que fuera más rápido”. .

Diez de la noche, 19 de septiembre. Los focos del vehículo iluminaban el patíbulo. La fuerza de la ráfaga dejó el cuerpo de Joan Alsina sobre la baranda del puente Bulnes y el soldado Bañados sólo lo impulsó levemente para que cayera. Abajo, las oscuras aguas del Mapocho se hicieron tumba para el sacerdote español como lo fueron para tantos chilenos en la dictadura.

Ahora, treinta dos años después, un juez condenó a cinco años de cárcel al suboficial López. El soldado Bañados no necesitó condena. Se condenó a sí mismo a la lenta tortura de ver cada día la mirada de Alsina, bendiciéndolo y perdonándolo, antes de morir. Y se suicidó. .

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ARGENTINA – VENEZUELA

<hr><h1><u>ARGENTINA – VENEZUELA</h1></u>

PALABRAS DEL PRESIDENTE DE LA NACIÓN, NÉSTOR KIRCHNER, DURANTE LA FIRMA DEL CONVENIO ECONÓMICO, INDUSTRIAL, TECNOLÓGICO Y COMERCIAL EN EL ÁREA DE PROVISIÓN DE IMPLEMENTOS Y MAQUINARIAS AGRÍCOLAS ENTRE LAS REPÚBLICAS DE VENEZUELA Y ARGENTINA.



29/09/2005 - República Federativa de Brasil, Brasilia.



La verdad querido Presidente que es espectacular, no lo puedo creer todavía. Realmente es un día muy importante no solamente para Argentina y Venezuela, sino para toda la región, querido Presidente. Durante muchos días lo hemos conversado con mucha firmeza, con mucha decisión la idea de construir un espacio en América, que nos lleve a la recuperación concreta del rol que tenemos que tener en la región y en el mundo.

Le agradezco profundamente haber creído, en habernos creído, evidentemente la tarea de Alí Rodríguez, de Ramiro Carreño, de Julio de Vido, de Rafael Bielsa ha sido muy importante para que podamos avanzar, en la concreción de nuestros embajadores, de Nilda Garré, de sus embajadores en la Argentina, que realmente los dos han sido muy buenos y nos ha llevado a la concreción de un tema muy importante, la adquisiòn y la venta de las estaciones Rhasa, de hecho una operación casi de 100 millones de dólares que va a permitir definitivamente que se ponga fuertemente en actividad y que juntamente y Enarsa, que es la empresa que nace en la Argentina con la intención de recuperar la iniciativa política, la iniciativa institucional y la iniciativa económica en la producción energética, que lo estamos logrando gracias al fuerte apoyo que tenemos de vuestro Gobierno, querido amigo, es que nosotros le damos una validez estratégica.

Estamos realmente felices, es el espacio estratégico en América latina, el espacio estratégico en las relaciones entre Argentina y Venezuela. Dios quiera que también la podamos sumar rápidamente a Brasil y al resto de los países en la construcción de ese anillo energético y soberano de los países de América del Sur, lo que sería muy importante



El avance logrado en materia agrícola y el intercambio que estamos haciendo es realmente muy importante es histórico. Con estos 100 millones de dólares en materia agrícola que Venezuela va a comprar a la Argentina, más todas las operaciones que hemos llevado adelante durante todo este tiempo, más el intercambio global de tecnología para que así como nosotros necesitamos el fuerte apoyo en la construcción de una ecuación energética que nos permita desarrollarnos, sabemos que el pueblo venezolano va a poder desarrollar su empresa agrícola, que es fundamental. (Aplausos).

Durante mucho tiempo por las circunstancias que usted mismo expresaba, señor Presidente, se le fueron negando y le fueron generando una economía prácticamente de un solo color, como se dice, y usted está luchando fuertemente por la pluralidad de producción y eso le va a dar a Venezuela el destino de gran país para vencer a la pobreza, a la indigencia y al desempleo, que es la misma lucha en la que nosotros estamos



También es muy importante el acuerdo que se va a firmar mañana con Repsol, donde PDVSA va a participar en cerca del 10 por ciento en el campo de Repsol, también va a estar Enarsa y vamos a estar todos juntos en el Orinoco, en una de las regiones donde más reservas creo que tienen en petróleo y gas en el mundo. Para nosotros es un alto honor y estamos profundamente agradecidos del gesto. Los gestos se ven en estas acciones concretas que para nosotros son relevantes, querido Presidente.

La Argentina ve que se van reconstruyendo los lazos de San Martín, de Bolívar, de O’Higgins, de Artigas y de todos aquellos patriotas que fueron entendiendo el porqué de la construcción de América latina, de los países de América del Sur.



Nosotros, cambiando la dimensión histórica y los tiempos, tenemos que hacerlo con espíritu creativo, entendiendo y ayudando al crecimiento de nuestros países, a un crecimiento equitativo, a que nos de independencia, a que nos dé soberanía, que nos dé inclusión social, que nos vuelva a hacer sentir la autoestima necesaria que tenemos que sentir todos de una región y por supuesto de cada uno de nuestros países.

Así que aquí, en Brasil, hoy creo que Venezuela y Argentina sellamos un paso histórico. Lo agradezco profundamente, creo que es el camino y creo que es el camino que debemos invitar a todos los países de América latina y América del Sur a seguirlo con mucha fuerza, creo que es el rumbo para encontrar las alternativas superadoras, creo que el acción concreta que demuestra que cuando uno dice quiero construir justicia, que quiere construir independencia, que quiere construir equidad, la única forma de construirlo es de esta manera.
Muchísimas gracias, querido Ramírez Carreño, muchas gracias Alí por todas las tareas que tu haces con ese concepto de entender lo que es la integración, la solidaridad, la justicia, la equidad en el mundo, pelear por las ideas, por las convicciones que es vital.

Muchas gracias a Julio y a Rafael, que con un gesto de Rafael muy importante también, que no le importó que está en campaña electoral ni le importó que tenía que abandonar todo allá para venir a cumplir con la Argentina y para venir a llevar adelante esto, que había luchado con Julio durante mucho tiempo. Esos son gestos muy valiosos que realmente nosotros lo valoramos y agradecemos. Y a ti, querido Hugo, un abrazo porque estamos cumpliendo lo que hemos dicho. Muchísimas gracias


APELLIDO, ETNIAS E HILO NEGRO

<hr><h1><u>APELLIDO, ETNIAS E HILO NEGRO</h1></u>

Prof. Pedro Godoy P.
Centro de Estudios Chilenos CEDECH



En breve nota publicada en la prensa el 22.09 se informa "los señoríos étnicos, que buscaban su libertad y estaban hartos de los incas, se unieron a los españoles y formaron así un ejército masivo de la conquista". La opinión se atribuye a la historiadora María Rostworowski cuya obra desconozco. Sin embargo, nada nuevo añade a lo ya investigado. Dicho de modo folklórico: esa experta estaría inventando de nuevo el hilo negro. Sin embargo, se debe impedir que, en virtud de la hipnosis que, seguramente, generará un apellido como el suyo, se comience a citarla como autoridad. Lo cierto es que no solo en el Incanato, sino en todo el Nuevo Mundo las mesnadas ibéricas se imponen y no sólo por el caballo, la pólvora y el acero, sino porque se apoyan en conglomerados amerindios. Estos acuden -como en toda guerra en procura del botín- y también para sacudirse de opresiones centenarias. Solo muy tardíamente -y en función del elemento mestizo- las etnias originarias podrán ensayar un Frente Amplio. El mérito corresponde a Túpac Amaru dos siglos después de Cajamarca.

Es frecuente -en función del huracán indigenista- imaginar el mundo precolombino como compacto. Todo lo contrario: aquello fue ultraheterogéneo en la esfera racial, lingüística, religiosa y en grados de desarrollo sociopolítico. El Imperio Azteca oprimía -desde la meseta del Anáhuac- a toda la periferia. Esa situación permite a Hernán Cortés que se le acoja como libertador. Por centenares acuden guerreros aborígenes a operar como soldados de Carlos V. Francisco Pizarro aprovecha la guerra civil de naturaleza dinástica entre "huascaristas" y "atahualpistas" para imponerse sobre un Estado que no opera al estilo asirio, sino a la usanza romana. El mismo Pedro de Valdivia dispone de tropa picunche en su guerra contra Arauco. Son esos milicianos nativos quienes detectan y aniquilan la ofensiva lautarina en la ribera del Mataquito y el mismo cacique Michimalonco muere en Tucapel apoyando a España. Los mapuches carecen de simpatía porque se les juzga invasores trasandinos. Lautaro mismo -culturalmente mestizo- no logra generar un bloque orgánico para oponerse a la ocupación hispánica.

No sólo destacamentos de guías, flecheros e informantes reclutan los conquistadores, sino también duchos intérpretes. Aprenden castellano y operan como nexos entre los que llegan y los que están. Son el equipo de auxiliares conocidos como "lenguaraces". La guerra de Conquista misma cubre un periodo breve. Eso de los tres siglos de resistencia que opone la Araucanía no pasa de ser un mito, pues a poco andar las autoridades de la Nueva Extremadura y los caciques mapuches suscriben pactos -de potencia a potencia- de no agresión y auxilio mutuo. El mestizaje masivo -fenómeno antropológico jamás visto en esa proporción- añadirá otro factor de complejidad a un mundo nuevo que origina la irrupción de España -y por cierto- Portugal en América. Este Bicentenario -anunciado para el 2010- no se refiere a su gestación, sino a su ruptura con Madrid. Curiosamente esa Independencia no la plasman los descendientes de los conquistados, sino los biznietos de los conquistadores. Los indígenas permanecen leales a Fernando VII y los mestizos, ya mayoría, son apenas espectadores y "carne de cañón".

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