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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


ADIÓS, ROMEDIL

<h2><u><hr>ADIÓS, ROMEDIL</u></h2> Augusto Alvarado

Tendría 15 ó 16 años cuando la huelga grande del ’35. Trabajaba como vellonero en la Estancia “Cerro Guido” y era un integrante más del poderoso Sindicato de Campo y Frigorífico, organización que agrupaba a casi dos mil obreros que desempeñaban diversos oficios en las estancias y frigoríficos de Última Esperanza, en la patagonia chilena. No había radio, tampoco telégrafo en aquellos alejados lugares de trabajo. Sólo teléfonos en las administraciones o en los retenes de Carabineros de Chile, retenes construidos por la “Sociedad Explotadora” y, obviamente, al servicio de los ganaderos.

La comunicación expedita entre los trabajadores en huelga era prioritaria: había que mantener el espíritu de lucha y contrarrestar las maniobras de los patrones. Ahí apareció Romedil Bitterlich, que en bicicleta recorría casi a diario los más de cien kilómetros que separaban a las estancias en huelga: “Cerro Guido”, “Cerro Castillo”, “Paine”, “Estancia Nueva” y los frigoríficos “Bories” y “Natales”.

Así comienza la vida pública de Romedil Bitterlich, una vida entera de compromiso social, sindical y político que hasta el último instante lo encontró luchando por los derechos de los jubilados de su querido Puerto Natales.

Dijo de él José Ruiz De Giorgio: “No lo conocí en sus tiempos de dirigente sindical, pero por antiguos trabajadores supe de su noble accionar en el sindicalismo. Tuve el privilegio de compartir con él, en numerosas oportunidades en las últimas décadas, y sentir el influjo de su exuberante personalidad. Palpar el cariño y el respeto que le profesan sus pensionados y montepiadas que comparten a diario sus angustias y esperanzas. Recoger sus legítimas y sentidas demandas en la favor de la gente que tan genuinamente representa y también recibir el agradecimiento por algún gesto, a veces pequeño, pero que Romedil con ese gran corazón supo reconocer y valorar. (…) Romedil Bitterlich es un vivo ejemplo del espíritu que impregnó la vida de los pioneros que llegaron a estas tierras y que frente a la adversidad supieron salir adelante con esfuerzo y con coraje” (*)

Hace unos días nos ha dejado para siempre Romedil Bitterlich. Tenía 85 años. Fue dirigente sindical y militante comunista. En sus últimos años, un firme defensor de los derechos de los jubilados. Se fue un natalino de ley que se suma a una constelación de hombres y mujeres que han partido pero que nos han dejado un legado de responsabilidad social y de amor al terruño. Se fue Romedil. Se fue un imprescindible.

(*) Los párrafos citados corresponden al prólogo que escribió el senador José Ruiz De Giorgio al libro de Romedil Bitterlich “Los Centauros: Reclutas de Última Esperanza”, publicado en 1998. Su otro libro, “Rostros inolvidables” apareció en 1995.
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