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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


MOSCÚ O GROSNY

<h2><hr><u>MOSCÚ O GROSNY</h2></u> Por Pedro Godoy P.
Centro de Estudios Chilenos


La campaña contra el terrorismo que desata Washington permite a Rusia y, en general al Primer Mundo, disponer de argumentos para aniquilar a los pueblos coloniales y dependientes que sacuden el yugo. Washington, en Irak y Afganistán, oprime. La réplica militar es denunciada como “terrorismo”.

Chechenia es un legado de los Zares. La Rusia imperial llega tarde al festín. Ya Francia, Gran Bretaña, Holanda, Bélgica se apoderan de Asia, África y de segmentos atlánticos de Latinoamérica. La Italia del Duce se apodera en el XX de Etiopía y Eritrea. Poco antes la Alemania del Káiser se engulle Tanganika e islas del Pacífico sur. EEUU destruye en 1898 el Imperio de España y se fagocita Filipinas, Puerto Rico, Hawai, Guam e impone dependencia a Cuba.

Rusia no interviene planetariamente en esta campaña –como diría Sarmiento- de la “civilización contra la barbarie”. Su intervención es continental y sin fanfarria, sin prensa y sin films. Se apoya en la ferrovía: el Transiberiano y el Transcaspiano y su expansión es sobre el Asia Central y la Siberia. Había estado encajonada por siglos y sin acceso a mares abiertos. Además, inclinada ante los khanes mogoles. Ahora inicia su revancha desde Moscú. Hacia el Occidente choca con los Imperios Centrales.

La alianza Berlín-Viena es sólida y sólo un peligro mayor como Bonaparte le da luz verde. Entonces emprende el camino inverso. Apenas un tropiezo: el Japón que en 1905 la frena. ”Asia para los asiáticos” parece ser el lema del Imperio del Sol Naciente.

Pese a esa derrota se posesiona de varios países como Kasakhtan, Uzbekistán, Kirguisia, Turquestán, Mongolia Exterior... La mayoría musulmanes y otros cristianos como Armenia y Georgia. Todos conocieron por siglos el despotismo del Zar de todas las Rusias que incluso tuvo, hasta 1869, como dependencia a Alaska en el Nuevo Mundo. Una plataforma territorial gigantesca que se extendía desde Varsovia a Vladivostok. En su vientre opera la burocracia rusa tolerando diferencias, acantonando tropas, tendiendo ferrovías, residenciando migrantes rusos y exigiendo acatamiento a los úkases de la Corona. Establecido un modus vivendi con Tokio, Moscú cultiva nexos con Paris-Londres –la petit entente- para equilibrar la gravitación austroalemana.

La I Guerra Mundial origina el desmenuzamiento del gigantesco imperio. Con la derrota se astilla. Al oeste se emancipan Finlandia y Polonia y también los países bálticos. Estalla una revolución militar-sindicalista y la fracción heterodoxa del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia toma el poder. El zarismo y la efímera república demoburguesa quedan atrás. Comienza ahora el experimento bolchevique. Lenín proclama el derecho de las nacionalidades oprimidas a escindirse de la Rusia ayer de los Romanoff y ahora de los bolcheviques. Sin embargo, esa política de fomento de la autodeterminación no cuaja. El afán por barrer la contrarrevolución obliga al Ejército Rojo a “liberar” a las mismas nacionalidades oprimidas. A renglón seguida se “armaban” PPCC locales fieles al Politburo domiciliado en Moscú.

Pese a lo prometido con el comunismo se regresa a la rusificación. La identidad soviética como esfuerzo de alianza entre Estados igualtarios y fraternos resulta una quimera. El coloniaje perdura. Los comisarios del Soviet, los uniformados del nuevo ejército, las brigadas de aparachtik, las fuerzas de la policía continuaron siendo rusos. Ese “nacionalismo gran ruso” tan vilipendiado por Lenin, porque estimula el desprecio por el tártaro como expresión de la barbarie, continuaba vivo. Pierde todo pudor durante y después de la II Guerra Mundial cuando Stalin –pese a su condición de georgiano- atribuye todo el honor de la victoria sobre el III Reich a la Santa Madre Rusia. Se deportan pueblos enteros como los kalmucos también a los alemanes del Volga y se refuerza la política rusificadora comenzada por los zares.

Al derrumbarse en 1990 la URSS, con medio siglo de retardo respecto a Bandung, comienza la rebelión del III mundo al interior de esa gigantesco “presidio de naciones”. El Islam ha sido el condimento y Chechenia la bandera. Quizás la gravitación de Afganistán –el Vietnam de la URSS- sea factor importante. La Federación Rusa –hoy capitalista y aliada de EEUU y la CE- acusa de terrorismo a los patriotas chechenos. Ese país caucásico es el Irak de Moscú. Quienes se enternecen por Guernica debieran contemplar Grozny reducida a escombros por la artillería primermundista gatillada desde el Kremlin.

Los bolivarianos, es decir, los nacionalistas iberoamericanos debemos estar con Chechenia en su guerra de liberación. Otra postura es eurocentrismo.
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