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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


FELIPE HERRERA: IX ANIVERSARIO

<hr><h1><u>FELIPE HERRERA: IX ANIVERSARIO</h1></u>
Busto en homenaje
a Felipe Herrera Lane


Prof. Pedro Godoy P.
Centro de Estudios Chilenos CEDECH


Sorprende que CEDECH invoque la figura de Felipe Herrera. Apenas se le visualiza como un tecnócrata cepaliano y -como si fuese poco- Presidente del BID. Sin embargo, hay datos ignorados que se necesita dar a conocer. Como funcionario de la II Presidencia de Ibáñez -posteriormente Ministro de Hacienda- prepara en Buenos Aires el Tratado chilenoargentino de Complementación Económica que suscribirán el general Ibáñez y el mandatario argentino. De entonces hasta siempre será un criptoperonizante. Aun más, ya en 1945 electo Presidente de la Federación de Estudiantes de Chile adhiere al Partido Socialista. En esa tienda se adscribe a la tendencia aprista que se expresará en el Partido Socialista Popular que adhiere a la III posición apoyando el ibañismo. No es infalible en sus escogencias, adscribiéndose –sin mayor espíritu crítico- a Allende. Representando a La Moneda de entonces postula a la rectoría de la Universidad Nacional. Cosecha una contundente derrota. El derrumbe de la UP lo sorprende marginal. Ello no es óbice para que se refugien en su hogar la viuda e hijas de Allende. En ese instante un gesto de esa naturaleza significaba atropello e incluso -no se exagera- la ejecución sumaria.

Los 17 años de exilio interior los aprovecha Herrera en continuar publicando sus obras. Todas con un sesgo notoriamente bolivariano. No menos de una veintena de títulos entrega a la imprenta. Antes –como se recordará- el Presidente Eduardo Frei Montalvo le encarga –junto a Julio Antonio Mayobre, Carlos Sanz de Santa María y Raúl Prebisch- un proyecto de Mercado Común Latinoamericano. Desde el BID fundará el Instituto para la Integración de América Latina INTAL con sede en Buenos Aires. Sabemos –y casi no es necesario que se nos recuerde- que la iniciativa freísta se marchita por efecto de la ilusión despertada por la Alianza para el Progreso y la gravitación, en la cúpula del PDC, de los kennedianos. Aun más, ese centro académico padeceré hasta hoy de celulitis burocrática en su estructura y de sofisticación “confundiológica” en lo que investiga y difunde. No obstante, Herrera ya excluído de funciones públicas apoyará la candidatura de Haya de la Torre al Nobel de la Paz de Haya. Ello en 1979 al conmemorarse el centenario de la Guerra del Pacífico. Aplaude la Declaración de Ayacucho y el Acta de Charaña que apuntan a poner fin al encapsulamiento de Bolivia. Apoyará –sin reservas- a la Casa Rosada en Malvinas y, después, la mediación vaticana que resuelve la querella del Beagle.

En ese 1982 –pese ya a estar enfermo- apoyará a quienes han resuelto institucionalizar sus inquietudes y concurre a la fundación del Centro de Estudios Chilenos CEDECH nacido –en lo inmediato- al calor de la gesta del Atlántico austral e influido por el CEDEA que pilotean en Buenos Aires personeros como Alberto Guerberof . Será hasta su fallecimiento Presidente Honorario. Su mérito consiste en sostener –en el contexto de un socialismo criollo- la bandera latinoamericanista. Nos explica que, como representante del BID, favorece los proyectos carreteros, energéticos, industriales y mercantiles de tipo poliestatal que supusieran modalidades de integración. Al mismo tiempo en su docencia como catedrático en la Facultad de Derecho y como asesor de CEDECH proporciona fundamento económico a la tesis unionista. En lo sociológico no da un paso atrás e igual que Ramos identifica al Nuevo Mundo indoibérico como “una gran nación deshecha”. Al regresar el país a la “democracia diet” no es considerado por el nuevo orden y, peor, es olvidado.

Su producción intelectual es copiosa. Apenas se citan algunas de sus obras: “Nacionalismo latinoamericano”, “América Latina integrada”, “Nacionalismo, regionalismo e internacionalismo”, “Latinoamérica: viejas y nuevas fronteras”, “Comunidad latinoamericana de repúblicas: presencia de Chile” son testimonio de un ideario sostenido y de una campaña permanente. No es posible equipararlo a un Haya de la Torre que es pionero en plasmar una doctrina y más que eso intentar una orgánica continental antimperialista. Tampoco es comparable a Manuel Ugarte con su genio profético. Su estatura e irradiación debe cotejarse con la república en que nace y en la cual anheló un rol protagónico que no alcanza porque el destino le es adverso. Quizás en virtud de esas expectativas hizo concesiones evitando compromisos mayores. No obstante, su trayectoria y labor ameritan que lo consideremos –por sobre la lápida de olvido que vuelcan sobre su memoria los democipayos de turno- un adelantado de esa chilenidad raigal e irradiante que, en el ayer profundo, representan O’Higgins y Vidaurre. Hoy lo homenajeamos a horcajadas del IX aniversario de su deceso.
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