aristóteles españa
"TELARES DEL PLATA"
"TELARES DEL PLATA"
TALLER DE ARTE TEXTIL
tramando la identidad
Este taller, se dictará en el Centro de Etnología Americana y Argentina (CAEA), unidad ejecutora del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), sito en Av. De Mayo, 1437, 1º "A", de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a partir del 01 de agosto de 2005.
Para informes e inscripción llamar al (011)15 58534008 o dirigirse por mail a caea@sinectis.com.ar, o cabreragra@hotmail.com. / emiliadelinti@hotmail.com
Son objetivos generales:
Telares y bastidores, de raigambre aborigen, criollo y urbano.
Charlas, cursos y conferencias.
Textilería tradicional aplicada .
Posibilidad de salida laboral.
Prof.: Graciela E. Cabrera
Egresada del Instituto Universitario
Nacional del Arte (IUNA)
ESPECIALIDAD: Arte y artesanías nativas
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Egresada del Instituto Universitario
Nacional del Arte (IUNA)
ESPECIALIDAD: Arte y artesanías nativas
LUIS MERINO REYES
ESCRITORES CHILENOS DE AYER Y DE HOY
Por Aristóteles España
Así se titula este libro del poeta, novelista, y ensayista chileno, Luis Merino Reyes (Ediciones Rumbos, Santiago, 2005). El texto es un compendio de crónicas escritas en distintos periódicos y revistas chilenas durante los últimos cuarenta años donde da cuenta del curso de la literatura chilena, su evolución, temas, contenidos, desde el siglo XIX hasta nuestros días.
Luis Merino Reyes nació el 12 de febrero de 1912 en Tokio mientras su padre era agregado militar de nuestro país en esa nación asiática. Tiene 93 años, vive en Santiago y conserva su lucidez y capacidad de análisis que lo hace estar presente en la prensa chilena y en conversaciones con escritores que acuden a visitarlo.
Estudió en el liceo Alemán de Santiago donde se destacó por su capacidad oratoria y escritural. Su padre falleció en una de sus destinaciones institucionales y volvió a Chile con su madre a vivir de un escuálido montepío. En ese tiempo escribí mi novela Los feroces burgueses, cuenta.
Su madre era tan católica que se hizo agnóstico para siempre. Luis Merino Reyes recuerda que escribió sus primeros poemas en ese liceo aristocratizante. Era un poema bíblico dedicado a María Magdalena y me lo solicitó un sacerdote muy culto, admirador de Goethe. Después escribió su novela La última llama cuyos originales quemó porque a una de sus mejores amigas no le gustó la historia. Le contó al crítico Alone lo sucedido y éste le exigió rearmarla. Al año siguiente, una vez publicada obtuvo el Premio Atenea y se reafirmó su amistad con Hernán Díaz Arrieta, de quien los separaban enormes barreras ideológicas, típicas de los años de la guerra fría.
En este libro único, el escritor cuenta y analiza los avatares de Francisco Bilbao, la vida del poeta Pedro Antonio González, Manuel Magallanes Moure, Ernesto Montenegro, Antonio Acevedo Hernández, Pedro Sienna, Luis Durand, Carlos Sepúlveda Leyton, Benedicto Chuaqui, David Perry, Juvencio Valle, Manuel Rojas, Alberto Rojas Jiménez, Ricardo Latcham, Chela Reyes, Francisco Santana, Victoriano Vicario, Nicomedes Guzmán, Volodia Teitelboim, Guillermo Atías, Gonzalo Drago, Wilfredo Mayorga, Alberto Baeza Flores, Mario Ferrero, Franklin Quevedo, Emilio Oviedo, Antonio Campaña, Fernando González Urízar, José Donoso, David Valjalo, Edmundo Herrera, Miguel Arteche, Eugenio García Díaz, María Cristina Menares, María Silva Ossa, Raúl Mellado Castro, Antonio Rojas Gómez, y muchos otros autores con quienes compartió vivencias e historias culturales y políticas desde 1925 hasta hoy.
Su texto no se limita al comentario de sus obras, sino que ingresa a los laberintos o túneles individuales de sus amigos, trazando perfiles y contando detalles desconocidos de sus procesos de creación artística, las lecturas que fueron diseñando un camino.
Miembro único y destacado de la Generación del 38 junto a Francisco Coloane, Daniel Belmar, Nicomedes Guzmán, Manuel Rojas, Oscar Castro, Andrés Sabella, fue amigo de Pablo Neruda, Pablo de Rokha, con quienes fundó organizaciones que aglutinaran a la dispersa intelectualidad de aquellos tiempos.
Escritores chilenos de ayer de hoy es un libro de antología que retrata fielmente la vida de los artistas chilenos en esos años difíciles, en períodos de gran turbulencia política en Chile y el mundo.
Luis Merino Reyes, es autor, entre otros textos de Islas de música; Los egoístas; El alba y su duelo; Regazo amargo, Los feroces burgueses; Ultima llama; El ramo de rosas y otros cuentos; Epopeya de dos héroes trágicos; Rumbo a Oceanía; Panorama de la literatura chilena; Perfil humano de la literatura chilena; Escritores chilenos laureados con el Premio Nacional de Literatura; Epitafios y laureles; El ramo de ortigas y otros cuentos.
En la década del 50 fue presidente de la Sociedad de Escritores de Chile.
"EN EL BORDE DEL MUNDO"
MEMORIAS DEL JUEZ QUE PROCESÓ A PINOCHET
Por Aristóteles España
En el borde del mundo (Anagrama, Santiago, 2005), se titula el libro que el juez Juan Guzmán Tapia acaba de publicar en Santiago y otras capitales latinoamericanas y europeas. Se trata de las memorias de este abogado de la Universidad Católica con estudios de post grado en París, que inició su carrera judicial en 1970, que nació en San Salvador, El Salvador en 1939, mientras su padre, el poeta Juan Guzmán Cruchaga, Premio Nacional de Literatura 1962, era Embajador de nuestro país en ese país centroamericano.
"¡Te debes retirar del caso Pinochet o vas a traicionar a tu clase social!, le dijeron sus viejos amigos. Presionado para que abandone el caso del General Arellano Stark principal responsable de la Caravana de la muerte, donde decenas de prisioneros políticos fueron raptados de regimientos y cárceles para luego ser fusilados sin juicio, destrozados sus cuerpos con corvos y cuchillos los primeros días del golpe de estado en Chile, este juez se fue interiorizando de los crímenes y de las violaciones a los Derechos Humanos en forma brutal.
Un ex profesor de la Escuela de Derecho le dijo: Vamos, Juan, estás golpeando demasiado fuerte a Pinochet y a ciertos militares. Mucha gente te empieza a considerar un renegado. Deja que te ayude a recuperar tu antigua imagen de hombre de derechas....
Llegaron a decirle distintas personalidades que si te solicitan inculpar a Augusto Pinochet te harás a un lado y dejarás que se pronuncie la Corte de Apelaciones de Santiago. Me estaban invitando a regresar al rebaño antes de la noche, dice el Juez.
Pero las evidencias eran tan fuertes, verídicas, potentes, que siguió adelante para cumplir su cometido como hombre de derecho.
Para este hombre, que en su juventud perteneció a grupos de choque de la ultra derecha chilena, el giro que la vida le señalaba tenía altos costos. Con mis amigos de Facultad asistimos un tiempo a encuentros con un señor Amunátegui, un líder conservador. Eramos parte de grupos de fuerza armados con cadenas forradas en caucho que acudíamos a sembrar el caos en las reuniones del Partido Comunista.
Era, sin duda, una propaganda anticomunista primitiva, señala en su libro. Su gran meta era ser escritor, tenía planes para una novela, historias de su vida, influido por el padre, que lo educó entre los grandes de la literatura latinoamericana y mundial de los cuales era amigo en sus distintas destinaciones por el mundo.
Lector de Somerset Maugham, Oscar Wilde, Charles Dickens, Pablo Neruda, Miguel Angel Asturias, Jorge Luis Borges, Rafael Alberti, Vicente Huidobro (a los cuatro últimos los conoció con su padre en Buenos Aires y Santiago), Julio Verne, Emilio Salgari, Herman Hesse, Thomas Mann, Walter Scott, Robert Stevenson, actor aficionado en el Saint Georges College, jamás pensó que iba a procesar al dictador chileno, que iba a recibir amenazas, andar con escoltas las 24 horas del día, que su vida iba a cambiar para siempre. Después de haber celebrado con champaña el derrocamiento de Salvador Allende y de haber estado en provincias como Panguipulli, Talca, le tocaba enfrentar tal vez el más importante caso judicial del siglo XX en un país dominado por la institucionalidad heredada de la dictadura, y sin el menor atisbo que la mayoría de la dirigencia de la Concertación pretendiera modificarla; claro está, sólo en los discursos.
El libro En el borde del mundo está dividido en tres partes. En la primera repasa su juventud en Santiago, su encuentro con París, la búsqueda existencial de todo joven que desea construir algo trascendente, en este caso, las leyes o la literatura. Un amor de juventud que su padre se encargó de que se olvide por poderosas razones que narra con amenidad. Cuenta como conoció a Inés, su esposa, en una carretera mientras viajaba en busca de aventuras y ella lo conduce en su automóvil. Su amor por ella, el matrimonio, las hijas. Su paso por juzgados rurales en el sur de Chile, su conocimiento de campesinos y latifundistas.
En la segunda parte Juan Guzmán relata su nombramiento como juez de la Corte Marcial y su conocimiento del Caso Letelier lo que significó agudizar su lógica de que el horno no estaba para bollos y que la manipulación periodística de la dictadura era cosa seria y había que andarse con cuidado.
Finalmente, el Caso Pinochet, la detención de éste en Londres, el envío de preguntas vía exhorto que el militar se niega a responder. El regreso a Chile del ex dictador, toda la teatralización de su silla de ruedas en el avión y en el aeropuerto de Inglaterra y Chile, la soberbia de un personaje único.
El Juez sabía que muy pronto tendría que encontrarse con él, personalmente. El viernes 1 de diciembre del año 2000 procesó a Pinochet como autor intelectual de cincuenta y siete homicidios y dieciocho secuestros y lo acompañó con el arresto correspondiente. Lo llamaron políticos de todas las tendencias, magistrados, amigos. La mayoría tenía serias reservas sobre su decisión. La Corte Suprema aprobó que lo interrogue en un par de semanas pero que debe (el inculpado) ser sometido a exámenes mentales por su avanzada edad. A su hogar empiezan a llegar juristas, parlamentarios de la Concertación que alababan su proceder pero hacían hincapié en que había que saber conciliar justicia con paz social. En otras palabras, me decían que había límites que no se podían sobrepasar, so pena de reavivar heridas todavía en carne viva.
Se fijó la fecha y debió acudir al hogar del ex general. Negoció con los abogados del militar que ninguno de sus hijos podía estar presente. Habían proferido palabras ofensivas contra su persona en las últimas semanas. Fue una de las situaciones más delicadas de toda su carrera. Lo acompañaron sus escoltas, la actuaria y el chofer. Estaban algunos de sus ex ministros y colaboradores. Hice una docena de preguntas y mi interlocutor gozaba de buena memoria, dice. Al cabo de treinta minutos sus ayudantes le solicitaron que terminara el trabajo pues el general estaba muy fatigado. El Juez solicitó un espacio para transcribir el acta , pero ocurrió una curiosa escena: Pinochet caminaba y se levantaba con gran soltura, rápidamente hacia otro extremo del hogar.
Se encontraba de buena salud y caminaba con agilidad. No advirtió que lo divisaba desde el comedor y le pareció deplorable esa duplicidad, sobre todo ante el magistrado que había ido a interrogarlo. Fuera como fuere -dice el Juez Juan Guzmán Tapia- la escena bordeaba la parodia después de las numerosas advertencias de sus abogados acerca de su mala salud.
El texto está narrado en primera persona, se lee con gran agilidad; nos permite adentrarnos en el mundo novelesco del juez que procesó a Augusto Pinochet Ugarte.
El libro fue escrito originalmente en francés y traducido por Oscar Luis Molina con la colaboración de Olivier Brass. El magistrado es autor de La sentencia y Etica profesional del abogado. Ha recibido los premios Jordi Xifra de la Universidad de Girona y Oscar Romero de Dayton University, Ohio. Vive en Santiago de Chile."
EL LIBRO DE MICHELLE
(Michelle, Ediciones Catalonia, Santiago, 2005)
Por Aristóteles España
Este libro reportaje narrado en distintas voces por las periodistas Elizabeth Subercaseaux y Malú Sierra, ambas de reconocida trayectoria en nuestro país y el extranjero, dan cuenta de un personaje femenino, cuya particularidad principal radica en que apareció de la noche a la mañana convertida de pronto en un ícono que rompió los moldes de la cultura machista imperante en la clase política chilena desde la fundación de la república. Michelle Bachelet es entrevistada con rigor y visión de futuro. Las periodistas dan a conocer su perfil humano poco conocido a nivel nacional e internacional sin los estereotipos que abundan en este tipo de géneros literarios (biografías, testimonios, crónicas, alabanzas a personajes del mundo de la cultura, la política, la televisión) que compiten desde hace décadas con la ficción.
Una doctora de niños, experta en epidemiología, proveniente de una cultura de izquierda desde su adolescencia, hija de un general de la aviación, torturado por sus pares, acusado de traición a la patria y muerto en la cárcel por los esbirros de la dictadura militar. Esta mujer que llegó a ser Ministra de Salud y Defensa en el tercer gobierno de la Concertación se ganó un espacio en la historia del país recorriendo hospitales, juntas de vecinos, pasando revista a las tropas de las FFAA arriba de tanques y aviones y que logró reivindicar el rol de la mujer en un momento de la historia en que los cargos públicos, privados, legislativos, están en manos de personeros que llevan en sus puestos durante décadas sin abrir espacios legítimos a las generaciones de recambio. La irrupción de Michelle en este escenario cambió la fisonomía del país en todos sus ámbitos, ya sea para sus adherentes o adversarios.
El libro no contiene peroratas ideológicas ni políticas, tampoco da recetas de cómo se deben comportar las mujeres en los escenarios públicos. Simplemente cuenta su infancia de clase media, rodeada de amigos que luchaban por un mundo mejor en la década del 70, su afición por la guitarra y las canciones de moda, los días aciagos del golpe de estado, la prisión junto a su madre Angela Jeria en Villa Grimaldi, los duros instantes del padre muerto sin tener donde enterrarlo porque su institución, la masonería, y todos aquellos que fueron sus amigos simplemente se borraron del mapa. Luego el exilio en Australia, Alemania, sus estudios de medicina en este último país, su militancia en la Juventud Socialista, sus amores y desamores como toda persona que es capaz de enfrentar los avatares de la vida cotidiana que no es color de rosa como caricaturizan los diarios de la derecha chilena con las fotos en colores de sus modelos y parlamentarias.
Una de los capítulos más emotivos es su estadía en Villa Grimaldi, la visita intempestiva del General Manuel Contreras y el recuerdo de sus compañeras de celda, Lucrecia Brito, Patricia Guzmán, María de los Angeles Salinas Farfán, Mónica Villanueva, que tenía 16 años, una dentista cuyo nombre se le escapa, María Eugenia Ruiz Tagle y la primera mujer de Alvaro Covácevich. Se ayudaban mutuamente después de las sesiones de interrogatorios. Michelle atendía a las gravemente heridas. Algunas de ellas le contaron que los días de año nuevo fueron violadas por militares borrachos. Ambas estaban embarazadas de siete y ocho meses. Todas tenían miedo. Cuando se abría la puerta de la celda tenían terror. Ese el mérito de este libro. Que logra transmitir emociones, sentimientos. Nadie puede quedar indiferente. No es un texto de propaganda como los que abundan en períodos como el actual. Es un texto para comprender desde un ángulo escritural diferente la vida de cientos de mujeres olvidadas que soportaron las mismas pesadillas de esta doctora en niños que tiene una cabaña en un lago y que puede ser la primera Presidenta en este remoto país así como Gabriela Mistral fue la primera mujer latinoamericana en obtener el Premio Nóbel de Literatura años antes que sus pares en Chile le otorgaran el Premio Nacional.
El texto tiene fotografías de distintas etapas de su vida, la reproducción del manuscrito que el General Bachelet envió a su esposa desde la cárcel pública de Santiago el 22 de febrero de 1974, días antes de su muerte. Y a lo lejos, en medio de la lectura de este libro se escucha el ruido del avión que las condujo junto a su madre al exilio, su paso (en el avión) por Isla de Pascua, las islas Fiji, y la llegada a Sydney donde su hermano Betingo y Patti, su esposa, los esperaban en el aeropuerto. Los abrazos, el saludo del gobierno, del parlamento. Eran las primeras exiliadas chilenas en Australia. El resto, ya es historia.
¡HASTA SIEMPRE
POCHITA!
MARÍA VIVANCO ALVARADO
(Q.E.P.D.)
Llegó a Río Gallegos hace treinta años, con su compañero de siempre, René Muñoz Ortega y sus cuatro hijos, todavía adolescentes. En Chile, su país natal, no soplaban vientos favorables y había que pensar en los chicos, en el trabajo en el futuro. Fueron muy duros los primeros tiempos. René era un buen mecánico de automóviles y de todo tipo de máquinas. Algo se podía hacer por aquí y por allá. Los chicos continuaron estudiando pero también trabajando. Había que parar la olla todos los días pero en Argentina también se vivían tiempos difíciles. Ella, la Pocha, en la vanguardia, en la casa, era el sostén del grupo familiar, con su empeño, su alegría, haciendo milagros con la comida, la ropa, el colegio de los chicos.
Y así fueron pasando los años. Los chicos crecieron, se casaron, vinieron los nietos y los bisnietos, pudo tener su propia casa que pasó a ser el centro de la familia y amable cobijo para los parientes que venían de Punta Arenas, Puerto Natales, Río Turbio, de Santiago de Chile, de Buenos Aires.
Estuve con ella este verano en Río Gallegos, en su casa del Barrio Jorge Newbery. Pasaba por un mal momento personal y pensé que un poco de aire patagónico me vendría bien. Estuve un mes con la Pocha y su familia y no me equivoqué en la elección. Recibí toda su solidaridad y su afecto.
Esta tarde, hace unas horas, recibí la noticia cruel. La querida Pocha, María Vivanco Alvarado, mi querida prima, falleció en Río Gallegos.
Deja una familia enorme de chilenos y argentinos y su partida enluta los dos lados de la Patagonia.
Desde Buenos Aires, en este triste Día del Padre, un abrazo fraterno con toda mi solidaridad y la de mi familia para René Muñoz Ortega, René, Nelson, Mirna y José Muñoz Vivanco, primos queridos, amigos del alma.
ADIÓS A JONÁS
Por Aristóteles EspañaJaime Gómez Rogers (Santiago, 1940 2005) falleció en el mes de marzo del presente año en la localidad costera de El Tabo, donde residió durante más de 25 años junto a su esposa Vania Escobar. Autor de una valiosa obra, obtuvo el Premio Alerce en la década del 60.
Pocos días antes de su deceso nos hizo su llegar su último libro Entre el silencio y la lluvia (Ediciones Alta Marea, El Tabo, 2004), donde vuelve a redescubrir los temas de su mundo poético: la soledad, el mar, la naturaleza, las aves. Su seudónimo (Jonás) lo acompañó desde muy joven en sus labores académicas y casi toda su obra está firmada de esa manera.
Su libro contiene, además, homenajes a los poetas que influyeron en su formación como Jorge Luis Borges, Walt Whitman, Pablo Neruda, Pablo de Rokha, Gabriela Mistral, Vicente Huidobro. Sus imágenes tienen la fuerza de las olas del literal del centro de Chile el que recrea con sus vientos y las furias de los largos inviernos donde el poeta se concentraba para escribir sus ensayos, cuentos, poemas, que divulgaba posteriormente en su revista Altamarea que distribuía por correo en Santiago, Lima, Valparaíso, Concepción, Nueva York, Buenos Aires.
Tuvimos la oportunidad de conocerlo en 1980 en el Bar La Unión Chica, junto a Jorge Teillier, Rolando Cárdenas, Alvaro Ruiz, Ramón Díaz Eterovic, Enrique Valdés. Llegaba con sus revistas y libros para dejarlos en librerías, diarios. Solíamos visitar tiendas de antigüedades, conseguir libros antiguos, y en más de una oportunidad lo visitamos en su hogar. Fuimos a Isla Negra, Valparaíso, a participar de eventos, recitales, presentaciones de libros. En uno de sus últimos poemas titulado La casa dice que su hogar palpita como las algas y que los silencios son más fuertes que los gritos. Era su despedida, sin duda. Más de una vez lo escuchamos hablar de la muerte, otro tema recurrente en su producción literaria.
Jonás publico Deshojándome (1962); La fuga de Sebastián (1966); Diálogo para dos movimientos (1967); El circo ( 1971); Oración del niño que crecía (1973); El jardín de las palabras (1976); Signos (1978); Tierra madre (1980); El corazón enterrado (1985); Carta a un poeta (1985); Diccionario cabal (1986); Adiós a la ciudad (1989); Entonces vino el mar (1989); El ángel de la orilla (1991); Poetas (1993); Raíces tabinas (1993); Espíritu del valle (1994); El huerto en la montaña (1996); Bitácora (1999); Piedra del trueno (2000); Entre el silencio y la lluvia (2004). Sus textos fueron traducidos al inglés y francés. Durante 25 años dirigió Altamarea, una revista imprescindible de la literatura chilena contemporánea.
ELEGÍA PARA ANTES DE LEVANTARSE
Por Aristóteles EspañaSergio Madrid Sielfeld (Iquique, 1967), reside en Valparaíso donde es uno de los más importantes poetas de su región y del país. Dotado de una voz interior llena de imágenes renacentistas, publicó recientemente Elegía antes de levantarse (Valparaíso, 2004). Sus prologuistas y amigos apuestan por una voz interior cargada de elementos del romanticismo alemán con guiños a una bohemia ritualmente al lado del Conde de Maldoror; sin embargo, el poeta camina por pasillos de luz, con los demonios del conocimiento y se sumerge en la luz del puerto de Valparaíso lleno de imágenes y caricaturas del horizonte huidobriano.
Su poesía está más cerca del conocimiento que de la sangre, donde animales sonríen, y el cielo no está dispuesto a transar. Los textos de Sergio Madrid están repletos de una urbe agobiante donde las imágenes aúllan en el lenguaje de la melancolía. Pensemos en René Char con su apuesta por el porvenir. De pronto Sergio Madrid aletea los sustantivos para dar paso a la voluntad del lenguaje que se mueve como una nube llena de lluvia.
Una apuesta interior que todo artista debe hacer en algún momento es la que hace este poeta porteño. Su construcción verbal está llena, además, de encierros, abandonos, no hay árboles ni calles en la voluntad del poema. Trabaja con las distancias, con los diccionarios que siempre acosan, y con el humo de los cigarrillos en los días del silencio, con poemas que quieren ser eso: silencios, significados, mínimos espacios donde el verbo es una casa que sube hacia habitaciones cerradas.
Poesía de los espacios secretos, de la nimiedad con forma de orejas es la que construye desde Valparaíso, Sergio Madrid.
En los tiempos actuales sus versos huelen a melancolía por lo que pudo ser. Yo provengo de una época infeliz, dice, donde la muerte se paseaba como una persona anónima en las calles de nuestras urbes. El poeta está intranquilo, como todos los poetas del mundo actual, por los días venideros, sobre todo, donde el lenguaje de los vates es oro falso, jardines con abono de cadáveres.
Este libro dotado de habitaciones y ventanas por el mundo que sueña, tiene la intensidad de los románticos alemanes. Augurios, pensamientos al lado de un mar metafísico; gatos que ronronean en sus versos mientras el poeta habla de jardines mustios en un tiempo que no existe.
Finalmente, se despide de los sustantivos que lo invaden , juega con el mes de octubre, el aromo del sol, y en el paisaje con iglesias y cerros del puerto que lo cobijó con el alquitrán de las noches porteñas y las sombras de esa urbe llena de recuerdos y olas.
Sergio Madrid estudió Literatura en la Universidad Católica de Valparaíso, donde actualmente ejerce la docencia. Ha publicado Voz de locura (1988); El universo menos el sol (2000); Retaguardia de la vanguardia (2001); Los novios de Ariadna (2002); Melancohía (2003).