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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado

josé steinsleger


ESPECIES MENORES

<hr><h2><u>ESPECIES MENORES</h2></u> La Jornada - México D. F.

Por José Steinsleger

Por sobre ideologías y modos de entender la vida, la suerte de la humanidad depende del gobierno de George W. Bush, uno de los más incompetentes, agresivos y peligrosos de la historia de Estados Unidos. Todo lo que intenta limitar su poder internacional es visto como una "amenaza". Todo lo que cuestiona su expansión es "terrorismo". Parecería que el equipo de la Casa Blanca se ha tomado en serio las palabras del general retirado Brent Scowcroft ante la Convención Nacional Republicana que en 2000 apoyó la candidatura de Bush: "...desde el imperio romano no se ha dado que un país haya dominado al mundo de la manera que lo hemos hecho nosotros" (Cason, Brooks, La Jornada, 2/8/00).

Opinión desmesurada pues si en mil años el imperio romano legó una civilización, el estadounidense, que lleva poco más de 200 años, promete destruir el equilibrio ambiental y sociocultural del planeta. A causa, justamente, de lo que el imperio romano tenía y el imperio yanqui carece: "una gran estrategia", como dice el historiador Paul Kennedy en “Auge y caída de los imperios”.

Millones de voces aseguran que sólo el amor puede salvar al mundo. Pero en agosto de 1990, tras la ocupación de Kuwait por Irak, la Cicciolina declaró estar dispuesta a hacer el amor con el malísimo Saddam Hussein con el fin de lograr la paz. La propuesta de la ex diva del cine porno y fogosa legisladora italiana quedó en agua de borrajas. Papá Bush fue a la "guerra" y el gobierno que le sucedió en el mando, el de William Clinton, sólo tenía a Madeleine Albright para transar con Saddam. Naturalmente, fracasó. La bella secretaria de Estado prefirió posar con los gobernantes de Corea del Norte, Arafat y otros actores de la política mundial a los que hoy George W. Bush exorciza a diario porque pertenecen al "eje del mal".

En diciembre de 2000, el implacable Donald Rumsfeld, hoy jefe del Pentágono, fue muy claro con tales flirteos: "La historia -dijo- nos enseña que la debilidad es una provocación. La tarea es fijar disuasivos y capacidades de defensa para que nuestro país pueda contribuir a la paz y a la estabilidad en el mundo". ¡Bien dicho! Sin embargo, los centuriones del imperio romano sostenían sus verdades en el campo de batalla. En cambio, muy pocos de los que integran el equipo de Bush fueron a la guerra. El vicepresidente Dick Cheney, quien en las bombas que mataban niños en Irak escribía: "A Saddam, con afecto...", gestionó cinco aplazamientos durante la guerra de Vietnam. Y el patriota George W. Bush se refugió en su rancho de Texas para no ir a la guerra.

Genocida y bufonesca, la política exterior de Washington responde a lecturas del mundo que coinciden con las de aquel enciclopedista conocido, precisamente, con el nombre de Buffon (1707-1788). En sus escritos sobre América hispana, el conde de Buffon aseguró que el nativo de América (al que llama "salvaje") "...es débil y pequeño por los órganos de la generación; no tiene pelo ni barba, ningún ardor con su hembra". Según la tesis bufonesca, las plantas, los animales y hasta los hombres sufren en estas tierras un proceso de involución que los convierte en especies menores, en versiones degeneradas de los originales (Antonello Gerbi, “La disputa del Nuevo Mundo: historia de una polémica: 1750-1900”, FCE, México, 1960). Lo triste es que para buena parte de los gobernantes latinoamericanos no ser WASP (white, anglosaxon, protestant) les obliga al ejercicio de lo "bufonesco". O sea al supuesto de que nuestros pueblos respaldan su propia capacidad de autodenigración. En este sentido el imperio yanqui y sus acólitos parecen haber olvidado la derrota del general Pershing en Chihuahua y las de sus tropas en Nicaragua y Playa Girón.

Luego del entusiasmo de los medios de comunicación ante la "arrasadora" victoria del Pentágono en Afganistán, en la remota localidad de Gardes la resistencia afgana derribó un helicóptero MH-47 Chinook en el que murieron nueve soldados estadounidenses. ¿Pero cómo? ¿No era que los afganos eran "hombres de las cavernas" que habían huido ante las tropas "de la libertad", temblando de miedo?

Estas meditaciones nos recuerdan a un famoso cazador estadounidense, John Walter Pearson, que a fines de los años sesenta llegó a Buenos Aires. Ganador de numerosos trofeos, traía consigo una decena de rifles de las mejores marcas europeas que mostró orgulloso a los periodistas. "Vengo más en plan de turismo que para cazar porque no hay en estos países más que 'especies menores', inofensivas...". Interrogado acerca de qué zonas recorrería dijo que pensaba visitar el noroeste argentino y, si le quedaba tiempo, cazaría unos "gatos" (pumas).

En la provincia de Salta, Pearson contrató dos baqueanos para que lo acompañaran a cazar unos pumas. Días más tarde regresaron y contaron lo sucedido. Desoyendo sus consejos, se había internado en el monte por la noche. A la mañana siguiente salieron a buscarlo. Los baqueanos encontraron su cuerpo destrozado a zarpazos. En una mano, el cadáver apretaba todavía su rifle preferido. No había alcanzado a disparar ni un tiro.


O CHÁVEZ O BUSH

<h2><hr><u>O CHÁVEZ O BUSH</h2></u> Por José Steinsleger

La Jornada, México D.F. Miércoles 4 de agosto de 2004

Ningún pensador honesto podría dejar de apuntar que ha sido en la Venezuela de Hugo Chávez donde las libertades cívicas han estado minuciosa y escrupulosamente sometidas a las regulaciones y presupuestos que exigen los impolutos comisarios de la democracia.

Los teóricos de la libertad "esencialista", que en el nacionalismo chovinista, el autoritarismo caudillista y la demagogia populista ven la síntesis de todos los males de América Latina, podrían felicitarse recíprocamente: de 1998 a la fecha, siete procesos electorales han confirmado sus teorías, ratificando una y otra vez a Chávez presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela.

En otro espacio podríamos debatir acerca de si en Venezuela existe o no un proceso revolucionario o de las potencialidades de una revolución sin más. Podríamos detenernos a estudiar la claridad estratégica, conciencia política, alcances y posibilidades reales en torno a si el gobierno de Venezuela dispone de los requisitos necesarios para empujar una revolución social a fondo, y no he dicho "socialista".

Chávez ha demostrado ser lo opuesto al temido líder "providencial", que tanto azota el biorritmo de los demócratas sin hueso. Líderes providenciales, designados por Lucifer o el Magnífico, fueron Hitler y Mussolini. El presidente George W. Bush y Augusto Pinochet son líderes providenciales, así como también lo son periodistas y escritores best-sellers a tanto la línea, y politiquitos que "piensan distinto", aunque sintonicen sus "puntos de vista" con los mensajes fabricados en los estudios del gángster Gustavo Cisneros, dueño de Venevisión, Univisión, AOL Latinoamérica, Directv América Latina, Playboy, TV Latin America, Caracol TV de Colombia, Chilevisión, Galavisión, Caribbean Comunication Network, Blockbuster, Americatel, HTV, Líderes, Concurso Miss Venezuela, Rodeen, Vale TV, Much Music Argentina, por sólo citar empresas de comunicación.

Uno de ellos, de habla ya pastosa, es el ex presidente Carlos Andrés Pérez (1974-79/1988-93). Acaso pensando en sus años mozos, cuando siendo ministro del interior de Rómulo Betancourt (1959-64) consentía en aplicar la tortura a los caídos en acciones guerrilleras, o bien nostálgico de aquellas fuerzas armadas "institucionalistas" a las que ordenó la masacre del pueblo de Caracas (1989), acaba de reiterar que Hugo Chávez debe ser asesinado. Y lo dijo así nomás, en su mansión de Miami, con la soltura de pecho que sólo pueden ostentar los demócratas "no populistas", en declaraciones a El Nacional de Caracas (25/07/04), periódico que según la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) sería uno de los medios que sufren tantos, pero tantos atropellos a la libertad de expresión, que nadie se explica cómo puede circular, transmitir y fomentar la destruccción del país, sirviéndose del "imperio de la ley" y del "estado de derecho" que le garantiza la revolución bolivariana.

En fin, podríamos discutir acerca de los límites institucionales de líderes populares que surgen de las fuerzas armadas y de los puntos suspensivos que esto conlleva, o acerca de si los dirigentes auténticos de un pueblo deben surgir de abajo, del medio o del vértice de la pirámide social.

Pero el 15 de agosto próximo, la Constitución bolivariana nos convoca a votar. Y lo digo en segunda persona del plural, tal como acaban de manifestarlo prominentes personalidades del mundo, comprometidas en dar a la dignidad humana (en esta hora de máxima reserva y prudencia en torno al destino del mundo) el decoro del que habla José Martí cuando tantas personas parecen haberlo perdido, mientras muchísimas más que no son de atención de los medios lo recuperan, adhiriéndose a la causa de liberación de los pueblos.

De Pakistán a Brasil, de Filipinas a Gran Bretaña, de Australia a Uruguay, ellos han dicho en referencia a lo previsto por una Constitución a la que califican de "extraordinariamente progresista": "Esta clase de mecanismo constitucional es único en Latinoamérica y tal vez en el resto del mundo. ¿Cuántos jefes de Estado tendrían el coraje de poner a prueba su popularidad antes de finalizar sus mandatos?" Y concluyen: "si fuéramos venezolanos... votaríamos por Hugo Chávez".

Pues bien: yo soy venezolano... voto por Hugo Chávez. Y permítanme una digresión: honor y gloria a los mártires y combatientes de Cisjordania, Gaza y Fallujah, que con su heroísmo cotidiano distraen a la bestia para que nosotros podamos estar aquí, en estos actos de análisis y reflexión.

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* Texto leído en la mesa redonda "El referendo revocatorio presidencial en Venezuela", Casa Lamm, Ciudad de México, 2 de agosto de 2004


Mujeres como ellas

<hr><h2><u>Mujeres como ellas</h2></u> José Steinsleger

A los 30 años, en la miseria y con tres hijos tras abandonar a un esposo violento y conservador, Flora Tristán se embarcó en Burdeos en Le Mexicain, hizo escala en Valparaíso y llegó a Arequipa en 1833. A los 30 años también, divorciada y con dos hijos del poeta chileno Jorge Tellier (1935-95), Sybila Arredondo se embarcó en Valparaíso y llegó a Lima en 1966. Flora buscaba el apoyo de un tío español que presumía ser descendiente de los Borgia y del emperador Moctezuma. Sybila llegó en mejores condiciones, enamorada del narrador José María Arguedas (1911-69), a quien conoció en una conferencia que dictó en la Universidad de Chile (UCH) y con quien contrajo matrimonio en 1967.
De nombre libertario, Flora fue pionera de las luchas revolucionarias de Francia, abuela del pintor Paul Gauguin y autora de la frase "La emancipación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores", escrita cuatro años antes de que Marx y Engels la empleasen en el Manifiesto Comunista (La Unión Obrera, 1843).
De nombre que evoca a las pitonisas que en Grecia antigua protegían las bellas artes, hija de la escritora chilena Matilde Ladrón de Guevara y ahijada de la poeta Gabriela Mistral, Sybila se había graduado de antropóloga en el Instituto Pedagógico de la UCH. Y en el Perú del uno y el otro siglo, cuando en las calles de Arequipa y Lima los indios iban presos por tocar la quena (flauta quechua), ambas se hicieron revolucionarias.
Flora regresó a Europa cuando el tío la desconoció como sobrina "legítima". De la experiencia brotaron las famosas páginas de Peregrinaciones de una paria (París, 1838) y la mirada penetrante acerca de la clase obrera de Inglaterra, que anteceden a las de Engels, mientras en el capítulo peruano describe la vida social y política del país recién liberado de la corona española, sin que por eso cambien las estructuras que Sybila observó en la sierra peruana 133 años después.
Contratada por la Universidad de Huancayo durante el apogeo de las guerrillas de Hugo Blanco en el sur y de Luis de la Puente Uceda en el norte, Sybila se incorporó a una generación de militantes de la izquierda peruana y lo hizo en las comunidades indígenas y en las barriadas pobres de Lima. En tanto, Arguedas viajaba seguido a Chile para atender sus depresiones crónicas con la siquiatra Lola Hoffman, "...medio devorado por el despertar de mis antiguos males que esperaba estallarían en iluminación al contacto con la mujer amada... que vino entre muchos truenos, duelos y relámpagos" (Tercer diario, 18/05/69). Arguedas se suicidó en Chosica, en las afueras de Lima, en la misma casa que compartía con Sybila, testigo de sus alegrías y pesares. Mientras el cuerpo bajaba a tierra, el violinista indígena Máximo Damián Huamani ejecutó Huallpa wajari (La muerte del danzante).
Después Sybila leyó para sí la carta de despedida: "¡Quédate en el Perú! Nuestro amor es uno solo con el amor a este país encantado y terrible, de tanto poder y cadenas que tiene. A través mío aprendiste a amar su música y sus danzas, su campesinado quechua, tan dulce, tan puro e inquebrantablemente fuerte... Y enciende el acero de tus nervios y tu ánimo" (28/11/69).
Sybila se quedó. Y aquel Perú que Flora Tristán describió en Peregrinaciones..., el "...de la clase alta profundamente corrompida", el del cosmopolitismo pongo de los escritores que condenaron a Arguedas por su "indigenismo arcaico", se ensañó con la mujer del más grande narrador peruano del siglo xx.
Sybila Arredondo pasó un total de 14 años en prisión. En marzo de 1985 el presidente Alan García la acusó de ser "una de las mujeres más peligrosas del Perú" y fue absuelta porque nada le pudieron comprobar. En junio de 1990 la acusaron de haber trasladado 200 kilos de dinamita en un Volkswagen... En 1995, durante el gobierno de Alberto Fujimori, un "tribunal sin rostro" la condenó a 15 años de prisión. Uno de los firmantes de la condena, esbirro del tenebroso Vladimiro Montesinos, está preso hoy por corrupción.
Negándose a renunciar a su nacionalidad adoptiva para ser liberada ("traición a la patria" fue uno de los cargos), perturba entender cómo Sybila aguantó el régimen carcelario en el que fue apaleada, torturada y aislada, a más de sobrevivir a dos matanzas en el penal de Chorrillos.
"¿De dónde sale esta fuerza tuya?", le preguntó un periodista en Santiago de Chile, luego de ser liberada en diciembre pasado. Con el cabello blanco y 67 años cumplidos, Sybila respondió: "La fuerza sale de lo colectivo... hay que dar gracias por lo que uno sufra o haga para las mayorías. Hay que saber lo bueno que uno tiene y darlo a los demás".
Agotada y enferma, Flora Tristán dijo antes de morir, a los 41 años: "Siento que amo a la humanidad más que nunca". Sybila piensa regresar a Lima, donde sus planes son trabajar en las obras completas de Arguedas y "...buscar soluciones y apoyo a los miles de presas y presos políticos del Perú".