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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado

josé steinsleger


ISLAM Y NACIONALISMO

<hr><h2><u>ISLAM Y NACIONALISMO</h2></u> Por José Steinsleger

Sublevaciones y lucha anticolonial; guerra de guerrillas y guerras interárabes o de árabes contra persas; movimientos laicos o religiosos, conservadores o progresistas, más allá y más acá de la cultura occidental fueron, en el siglo xx, distintas facetas de una causa común: la emancipación del Islam y la autoafirmación político-cultural de los árabes.

Hace mil años, cuando los pueblos de la cristiandad discutían acerca del sexo de los ángeles, huían del agua y olían a diablos, el médico y filósofo uzbeko-iraní Abú Alí al-Husayn ibn Sina (conocido como Avicena, 980-1037) intercambiaba correspondencia con Abu I-Rayhan Mohamed ibn-Ahmed (El Biruni), joven astrónomo y naturista afgano que dictaba sus clases en los Baños de Anusha-jan (Jiva, Uzbekistán actual).

En la "Academia de Mamún" (Ghazna, cerca de Kabul), Avicena y El Biruni proseguían la ruta trazada por los sabios de la Antigüedad: estudiaban a los griegos, discutían de La Iliada y La Odisea, de Platón y de Aristóteles, de la física y el cielo, la estructura del universo, la caída libre de los cuerpos y de las partículas que no pueden descomponerse: los átomos.

No hay cómo perderse: eso que llamamos "civilización occidental y cristiana" jamás hubiese existido sin el legado cultural de Avicena y El Biruni, difundidos en Europa por el español Abú-I-Walid Muhammad ibn Rusd (Averroes, 1126-1198). Y sin Averroes y la escuela de traductores árabes de Toledo, tampoco hubiese existido la Suma teológica de Santo Tomás de Aquino (1225-1274), obra que aristotélicamente trata el tema de la conciliación entre la fe y la razón.

Educado en el dialecto "jwarizm" en tiempos de la dominación persa, el afgano El Biruni prefirió, no obstante, servirse deliberadamente de la lengua árabe como instrumento de pensamiento y medio de expresión de su vida intelectual, de fecundo intercambio cultural entre Oriente y Occidente. De igual modo procedieron los primeros pensadores modernos del Islam, temerosos de que la dependencia mental y espiritual hacia Occidente terminase por destruir la "umma" (pueblo, unidad, nación islámica).

Intelectuales como Yamal Afgani (1839-1897) propusieron a los musulmanes la adopción de la tecnología occidental, cuestionando la versión de los monjes y príncipes reaccionarios del Islam, que a su juicio toleraban la decadencia de la religión y perpetuaban la miseria y la opresión de los pueblos islámicos.

Saij Abduh, su discípulo más famoso, predicó la necesidad de educar al pueblo haciendo uso de la razón y la independencia del pensamiento en lugar de aceptar ciegamente las ideas del Corán. Entre sus objetivos figuraba la devolución a la lengua árabe de su antiguo esplendor, ya que sin ella no se podía comprender debidamente la religión.

De las ideas de Abduh surgieron nacionalistas como Kasim Amin, quien luchó por la liberación de la mujer, Amad Sayyid, defensor de las virtudes cívicas y la vida liberal y constitucional, y Aaad Zagul, quien participaría activamente en la revolución egipcia de 1919 contra el colonialismo británico.

Denso y complejo como sus antiguas civilizaciones, el nacionalismo árabe tuvo que remover pirámides de milenaria injusticia social. El primero en mencionar el concepto de "nación árabe" (que incluía tanto a musulmanes como a cristianos) fue el libanés Nayb Azuri, fundador del partido Liga de la Patria Arabe y autor del ensayo La revuelta de la nación árabe contra el Asia turca (1904).

En Siria, Edmon Rabat tomó parte en la formación del Bloque Nacional (1937) y publicó La unidad siria y el devenir árabe. Rabat cuestionó la división artificial del Islam por el colonialismo occidental y advirtió temprano sobre las consecuencias para la región de la creación del Estado de Israel.

En Irak, el exponente más notable del nacionalismo fue Sati al-Husri,
aristócrata educado en la corte otomana. Sati optó por la nacionalidad iraquí y se esforzó por demostrar que un individuo no puede gozar de libertad fuera de la estructura de una nación, que el panarabismo no perjudicaba al Islam y trató de convencer a los egipcios de que su país formaba parte de la nación árabe.

Otro iraquí, Abd al-Rahman al-Bazzaz, puso en guardia al nacionalismo contra el chovinismo y destacó que el nacionalismo árabe se basaba en una cultura árabe. Igualmente, el sirio cristiano Qustantin Zurayq afirmó que el profeta Mahoma había creado una cultura árabe y que esta cultura y su historia eran el pasado común de árabes y cristianos.

El nacionalismo emancipador de los árabes difería según el grado de desarrollo de sus naciones. Inglaterra y Francia intentaron coptar estas luchas (acuerdos Sykes-Picot, 1916), que recomendaron la creación de un Estado árabe independiente, regido por un monarca bajo la "protección occidental". Pero a Winston Churchill, paladín de las libertades democráticas, no le gustó la idea y recomendó el uso del "gas mostaza" (inventado por los alemanes) para solucionar el "problema árabe". Ni George ni papá Bush habían nacido entonces.


LLEGÓ FAHRENHEIT 451: HAGA CLICK

<h2><hr><u>LLEGÓ FAHRENHEIT 451: HAGA CLICK</h2></u>
El diario “Clarín” de Buenos Aires se alarma: Uno de cada dos argentinos no leyó un solo libro en el último año y más del sesenta por ciento no supo dar el nombre de un escritor conocido. Expertos convocados por el diario culpan al empobrecimiento económico y a la crisis educativa.
Conozcamos la opinión de José Steinsleger al respecto (La Jornada, México D.F., agosto de 2002).


Comunicación, educación y salud. He aquí los enemigos de un sistema que reduce todo a mercancía. He aquí el modelo que depende de la desinformación, de la ignorancia y de las enfermedades para legitimar inequidades e iniquidades. He aquí, en orden alfabético y de prioridades, las fuerzas que al degradarse expanden, conducen y refuerzan el envilecimiento social.

Comunicación, educación y salud. El modelo necesita de la incomunicación (que no se conjura con la mera "información"), de la ignorancia (que no se combate con la mera "instrucción"), de las enfermedades (que no se alivian con la mera "curación"). El modelo necesita del ruido dictatorial mediático, de maestros muertos de hambre que entrenan al esclavo futuro en el tecleo de una consola sin saber para qué, de seres embrutecidos por la desnutrición.

Comunicación, educación y salud. He aquí las tres patas que sostienen eso que con solemnidad llamamos "cultura". ¿Por qué lamentarnos de que el vulgo asocie "cultura" con "privilegio", si la "democracia viable" fue pensada, justamente, para negar el idealismo de El Quijote, la sensualidad de Las mil y una noches y la autonomía del joven Jack Hawkins en La isla del tesoro? Estas obras son subversivas y el modelo pedagógico dominante exige lobotomizar a la juventud que se atreva a ser altruista, gozadora y aventurera.

Por lo demás... ¿desde hace cuántas décadas ya no se leen tales obras? Y si se leyeran... ¿podrían los jóvenes y adultos comprender lo que dicen? En una encuesta reciente entre alumnos de preparatoria, el saldo de palabras conocidas y comprendidas fue noventa (90) de promedio. ¿Qué responsabilidad cabe a los "cultos", que desde hace décadas nos dicen que "una imagen vale por mil palabras"? Mil palabras... ¡Qué ambición!

Todo y más de lo imaginado por Ray Bradbury en su novela de "ciencia ficción" (?) Fahrenheit 451 (1953), temperatura a la que el papel arde, ya está aquí. Hagamos ¡click!: el sábado 10 de agosto pasado, la cartelera cinematográfica del Distrito Federal ofreció lo siguiente: Frío de perros (42 salas), ¡Oye, Arnold! (32), Scooby Doo (37), Spirit, el corcel indomable (27), Amigas para siempre (26), Stuart Little 2 (53), Hombres de negro II (26) y Ouija, el juego de los espíritus (22). En 265 salas de proyección, a razón de cinco funciones diarias y 200 espectadores promedio por función, estas películas fueron vistas por 265 mil personas. Claro, tampoco faltó la "alternancia": Iris y Juana la loca fueron vistas por 7 mil personas el mismo día.

Yabba-dabba-doo. No desesperéis, gracias a la publicidad del fundamentalismo católico, El crimen del padre Amaro promete una asistencia superior a la motivada por la visita del Papa y debates sapientísimos como los que sacudieron al catolicismo de hace mil años. ¿Cuántos días aguantará en cartelera? En el infierno de la "cultura" neoliberal, la literatura y las humanidades han sido reducidas a cenizas. Sostengamos una plática con los jóvenes de las universidades públicas y privadas; indaguemos en su ortografía, sintaxis y capacidad de comprensión, y tendremos una idea clara de un futuro que ya es presente. El pasado nunca fue mejor. Pero se leía. Bien, mal, regular, se leía.

Hoy basta con hacer ¡click!

La "cultura" neoliberal requiere de sociedades postradas y acríticas. Objetivos que se alcanzan cuando se empieza desde muy abajo, con los más chiquitos
. El Banco Mundial anda detrás de los planes de estupidización colectiva, y desde hace años reclama "elevar el nivel" de la enseñanza según la entienden los "modernos": fin de la historia y de la pretensión de formar seres capaces de deliberar acerca de las causas que en el pasado derramaron la sangre, su sangre.

Que la historia, como dice Enrique Krauze, sea "entretenida". Y que todo sea "mito": Hidalgo, Guerrero, Juárez, la Reforma, los Flores Magón, la bandera, Zapata, la Constitución de 1917, el escudo. Que todo sea relativo. Que nada sea verdad. El escepticismo tiene su "glamour".

Bradbury escribió: "Durante un periodo utilizaremos mucho las computadoras. Así crearemos una civilización de estúpidos tecnológicos, mientras una elite se irá quedando con todo. Y cuando hablo de elite hablo de gente como yo, que puede leer. Porque creo que, a la larga, aquellos que se quedan sentados frente a Internet se convertirán en unos idiotas, y los que vayamos a las bibliotecas nos haremos cargo de la civilización. Por ahora, buena parte de la felicidad depende de saber cómo y cuándo apagar el televisor".

En Fahrenheit 451 hay un "parque de la diversión" que aspira a eliminar la necesidad de pensar. Lo necesario es el placer y la excitación. Sin embargo, Bradbury no es un pesimista de esos de a peso que abundan sin peso. Montag, personaje de la novela, consigue escapar del sabueso-robot que detecta a los propietarios de libros y se une al grupo que conserva los clásicos de memoria.


URUGUAY: LOS DESAFÍOS DE TABARÉ

<h2><hr><u>URUGUAY: LOS DESAFÍOS DE TABARÉ</h2></u> Por José Steinsleger

México D.F. noviembre de 2004

Dicen los cristianos que los caminos del Señor "son inescrutables"... ¿qué decir entonces de los que han empezado a recorrer los pueblos latinoamericanos? En México, Zapata retornó para quedarse; en Colombia y Venezuela, Bolívar dicta cátedras de liberación y, en el Río de la Plata, el pueblo uruguayo acaba de votar a favor del legado ético y político de José Artigas.

En épocas de corrupción institucional con fachada democrática, atracos de la iniciativa privada al sector público, subasta de las riquezas y el patrimonio nacional, alienación cultural y esclavización laboral, tres momentos del pensamiento artiguista guardan vigencia plena:

"Nada podemos esperar si no es de nosotros mismos."

"Yo no soy vendible, ni quiero más premio por mi empeño que ver libre mi nación."

"Los pueblos de la América del Sur están íntimamente unidos por vínculos de naturaleza e intereses recíprocos.
"

La victoria de la coalición centroizquierdista uruguaya se veía venir desde 1971, cuando la constitución del Frente Amplio logró superar 5 por ciento del techo histórico de la izquierda tradicional, y obtuvo 18 por ciento de los votos en los comicios presidenciales de aquel año.

La dictadura militar interrumpió aquel proceso de crecimiento de la conciencia nacional uruguaya. Sin embargo, 11 años de persecución, tortura, asesinatos, prisión y exilio de sus dirigentes (1973-84), más 20 de expoliación neoliberal, no consiguieron retrotraer el país a la Suiza de América que la guerrilla tupamara desenmascaró a finales del decenio 1960. El domingo pasado los uruguayos rompieron la "alternancia" del poder oligárquico-burgués. Un poder que aun con gobiernos progresistas como los de José Battle y Ordoñez (1903-07/ 1911-15) fue ejercido durante 176 años por los "colorados", amigos de Inglaterra y de las ideas liberales de la llamada Provincia Cisplatina (1821-25, incorporada a Portugal primero y al Brasil después), y los "blancos" o "nacionales", grupo integrado por terratenientes de ideología conservadora.

Liderado por el general Liber Seregni de 1971 a 1996, el cambio histórico del Frente Amplio (FA) empezó en 1989, cuando logró la mayoría de los votos en Montevideo y gobernó durante tres periodos consecutivos. En 1999 el FA obtuvo 39 por ciento de los votos en la primera vuelta y 45 por ciento en la segunda de los comicios presidenciales.

¿Qué esperar de la coalición Encuentro-FA-Nueva Mayoría que con Tabaré Vázquez, presidente electo, consiguió 52 por ciento del padrón electoral y mayoría de diputados y senadores? ¿Qué tipo de izquierda sin proyecto revolucionario y claramente anticapitalista podrá afrontar el vértigo de la crisis terminal de un pequeño país como Uruguay?

Con 900 mil desocupados de 3 millones 500 mil habitantes y un millón 500 mil que viven en el exterior, 54 por ciento de los niños uruguayos nacen en hogares pobres, en tanto 10 por ciento de los menores de un año y 16 por ciento de los menores de dos años en desnutrición. La deuda externa de la nación rioplatense equivale a 114 por ciento de su producto bruto interno (5.3 veces los ingresos anuales del Estado) y, en virtud del modelo neoliberal, en el primer semestre de 2002 se fugó 45 por ciento de los depósitos bancarios.

En Conversaciones con Tabaré Vázquez, del periodista Carlos Liscano, el presidente electo de Uruguay dice: "A mí me parece que un gobierno, antes que nada, antes que de izquierda, de derecha, del medio, tiene que ser humano. Si un gobernante ante todo es humano, va a correr mucho menos riesgo de separarse de la gente que si deja de lado este aspecto..." Añade: "...no es humano decir que antes que atender las necesidades de la gente hay que mejorar los indicadores macroeconómicos, que las cuentas del Estado tienen que cerrar, que hay que disminuir el déficit fiscal... eso hay que hacerlo... pero un gobernante no puede preocuparse más por eso que interpretar esos números en función de la gente... Uno puede fijar como prioridad a la gente, o elegir hacerle el mandado a otros para que algunos parámetros numéricos estén en determinado valor”.

"Pertenezco al mundo del trabajo y creo en la solidaridad. Ser solidarios implica tener siempre presentes a los demás". Vázquez sabe que su gobierno deberá manejar algo más que cebar el mate con propiedad o echar toda la carne al asador. Y paradójicamente, cuidarse de las connotaciones etimológicas de Tabaré, nombre charrúa: ..."el que vive solo, lejos o retirado del pueblo y hace alusión a su soledad e individualismo"."


NUDOS DE LA IZQUIERDA

<hr><h2><u>NUDOS DE LA IZQUIERDA</h2></u> Por José Steinsleger

En Utopía (1516), el político y religioso Tomás Moro esbozó una tibia reflexión sobre la miseria de Inglaterra. Moro fue canciller, consejero y amigo de Enrique VIII, aquel monarca que decapitaba esposas cuando se cansaba de ellas y murió de desnutrición pese a su apetito legendario por la comida y las mujeres (falta de vitamina C y no sífilis, como se creía, según la historiadora Susan Maclean Kybett, Time, 11.9.89).

Moro fue el primer político de la modernidad con una sensibilidad de izquierda. El vocablo de su libro (inspirado en La república de Platón y en La ciudad de Dios de San Agustín), trascendió más que los pormenores de la historia. Pero desde entonces no sabemos bien qué quiere decir una palabra que denota imposibilidad desde el momento de su formulación.

De la utopía de Moro a la parusia de Marx, la izquierda racionalista (no la racional) ha vivido haciéndose bolas. Y en cada ocasión en que sus ideales salen maltratados, echa mano a los vocablos “utopía” y “autocrítica” (de raíz confesional), con el fin de explicar lo que aparentemente es inexplicable ¿De qué sirve esto? En alguna de las escasas ocasiones en que su espada descansaba de eliminar bárbaros, Marco Aurelio escribió: “No sueñes con ver establecida la república de Platón”.

Moro desaprobó los proyectos matrimoniales y religiosos del rey y fue sentenciado a la horca y el descuartizamiento. En el juicio se ventilaron las “ideas disolventes” de Utopía. En 1535, a punto de subir al cadalso, Moro se
hizo la “autocrítica”, convirtiéndose en pionero de los arrepentidos de la izquierda: “... esa bagatela literaria que, casi sin darme cuenta, escapó de mi pluma”. Conmovido, Enrique VIII conmutó la sentencia y ordenó la decapitación.

En nuestros días, el drama de Moro puede ser interpretado así: la derecha, cuya misión es conservar o tomar el poder real, destruye lo mejor del presente. Y la izquierda, que es liberal, cree que salvará su pellejo si acepta la carta del
menú “plural”. ¿Qué tenemos hoy? ¿Mole globalizado “a la parisiense”, barbacoa integrada “a la efemeí”, ceviches chilenos “a la tonibler”, y otros platillos amenizados con los violines de “Savater ética sounds”, las sevillanas de Felipillo González y las marineras de "Vargas Llosa y sus libertarios”?

Al empezar el siglo XXI, conforme la derecha solipsista pudre el tejido social, la izquierda insomne se pregunta qué va primero, si la “utopía” o la “autocrítica”. Primer nudo de la izquierda: el amasijo de humanitarismo y
racionalismo y la pretensión de que todo puede ser explicado
. La derecha es más simple. Estimula el instinto primario de las personas y cultiva ideales que suelen estar a la altura de sus intereses. La violencia, método que no descarta, le interesa cada vez menos pues para lo mismo sirve la televisión y los planes educativos que la representan. Segundo nudo de la izquierda: quiere cambiar la realidad pero le otorga a la conciencia un lugar aleatorio si es que no prescinde de ella.

La derecha defiende las cosas como están. Suprime sin piedad lo que la cuestiona y fortalece lo establecido en su provecho. Tercer nudo de la izquierda: critica a las cosas tal como están, con una epistemología colapsada que nace en la cabeza de Platón, estalla en la de Marx y se gelatiniza en el marasmo conceptualista del siglo XX.

Si la democracia le favorece, la derecha decreta que la democracia es principio y fin de todas las cosas. Si le es adversa grita “contra todas las dictaduras”, con énfasis en “todas”. Todas menos las del capital, que son casi todas.
Cuarto nudo de la izquierda: piensa en la democracia con el lenguaje de la derecha, extinguiendo la fuerza impulsora que podría haber en los debates necesarios.

La tortuga le está ganando a Aquiles. Pero la izquierda insomne no se da cuenta y acepta la democracia en el terreno que la derecha le propone. Finalmente, la derecha entendió que debía aceptar la democracia, noción que antaño, cuando le
repugnaba, la izquierda subestimaba. La derecha cambia de piel y la izquierda siente que no le queda más que la “utopía” y la “autocrítica”. Ni la derecha de hoy es la de ayer, ni la izquierda de ayer es la de hoy. Pero cuando la derecha funde los ideales del medioevo con los de la izquierda del siglo XIX, aparece el quinto nudo de la izquierda: ya ni siquiera sabe qué debe condenar, resignándose a comer en la cocina las sobras del festín democratizador."


LA CAUSA DE ARAFAT

<h2><hr><u>LA CAUSA DE ARAFAT</h2></u> La Jornada - México D.F. Miércoles 17 de noviembre de 2004

Por José Steinsleger

Cuando un intelectual o corresponsal del "primer mundo" se instala en el tercero para interpretarlo o, viceversa, siendo del tercero lo interpreta con ojos del primero, nada impide que pueda convertirse en talentoso supermán de la interpretación. Pero, al igual que el doctor Jekyll y Clark Kent, vivirá debatiéndose en la doble identidad.

Hay quienes creen que ser "progresista" es igual a "tener identidad". ¿Lo uno incluye lo otro? Hay progresistas que viven en la indefinición, y están los que reivindican con claridad su identidad. ¿Qué propuesta política progresista puede surgir sin identidad?

En su artículo "¿Qué dirán de Arafat?" (“La Jornada”, 12/11/04), Robert Fisk arranca diciendo: "Fue (Arafat) totalmente leal al sueño palestino y ese sueño lo hizo miserable", y asocia al dirigente con el maldito: "Como tantos líderes árabes, Arafat gobernó por la emoción más que por la razón; George Bush hijo es el equivalente más cercano, con su guerra en Irak".

¿Es justo? Seguramente muchos progresistas como Fisk creerán que no hay diferencia entre los niños que gritaban en Gernika y Auschwitz y los gaseados en Fallujah, Gaza y Afganistán. Está muy bien decir que los niños son inocentes y está menos bien recordar que niños como Bush y Sharon se formaron y se forman en la cultura que del genocidio hizo negocio supeditado a "opinión", y construye endecasílabos fervorosos para llorar la "crisis ética y moral del mundo" con vehemencia profesional.

En el pasado medio siglo, el Norte produjo las grandes mentiras que han servido para beneficiar al imperialismo. Una de tantas sostiene que la nación es algo abstracto, cuyo origen y fin no están claros pues sólo puede constituirse en el nivel de lo imaginario.

Idem con el pim-pam-pum del "fin de las ideologías", desarrollado por Seymour Lipset en El hombre político (1955), el sociólogo Daniel Bell en libro homónimo (1960) y el economista gringo Lester Brown, para quien la nación "... impedía la organización eficaz de la actividad económica y la transferencia de tecnología en todo el mundo" (1972).

Ideas que empezaron a circular en el Congreso por la Libertad de la Cultura, financiado por la CIA (Milán, 1955), cuando se constituyó el Movimiento de los No Alineados. Lo del "fin de la historia" tampoco fue invento de Francis Fukuyama, burócrata del Departamento de Estado, sino de su maestro, el ruso neofascista Alexander Kójeve (1902-68) quien dijo que la historia había terminado en tanto conflicto, y que en su lugar regía la lógica del mercado impuesto por las naciones hegemónicas.

Clonados por los capataces criollos del intelecto, se cae en herejía cuando se propone examinar la validez de criterios revestidos de "cientificidad" y aplicados mecánicamente a realidades que no son aquéllas para las cuales fueron concebidos. Por izquierda y derecha, sin pensamiento propio, preocupada por los prestigios que les fabrica el aparato cultural, la inteligencia liberal carece de identidad porque piensa de afuera hacia adentro, quedando atrapada en los temas y "puntos de vista" buenos para abrir la puerta de ciertos círculos, universidades, centros de investigación, editoriales y periódicos.

El sociólogo argentino Carlos Paz dice: "Un pensamiento no es nacional por su localización geográfica, atavismo folclórico o mezquino patriotismo, sino porque renuncia a la imitación, a la repetición, y el hábito acomplejado de quienes revuelven pensamientos de segunda mano". Refutando al historiador liberal Tulio Halperin Donghi, de igual nacionalidad, Paz agrega:

"En la construcción de una nación interviene lo imaginario, pero aún en ese imaginario interviene la historia y los actores de la historia. Creer que la nación es una abstracción importa en los hechos derogarla y renunciar a plantear la cuestión nacional" (“Aportes” Núm. 3, Buenos Aires, 12/1994).

En suma, lo imaginario no sería la nación ni el estado-nacional, sino el racionalismo conservador o liberal que Israel y Estados Unidos pretenden imponer al mundo. Modalidad del pensamiento que, devenido en artículo de fe y consumo, avanza sobre las nuevas "tierras prometidas". Racionalismo vs. racionalidad. ¿Qué vencerá?

Islámico de confesión, laico de ideas, Yasser Arafat resucitó a Palestina, nación negada, pueblo oprimido, cultura soterrada y tierra ocupada, cuya identidad nació con el despertar de las civilizaciones. Para ello luchó y negoció con todos y contra todos: cristianos, islámicos, judíos y... palestinos.

La exigencia de Arafat fue clara: devolución de la Franja de Gaza, la Rivera Occidental, Jerusalén Este (árabe), desmantelamiento de todos los asentamientos ilegales y las tierras ocupadas en la guerra de 1967.
Dice Fisk que Arafat"... era un soñador, característica popular entre los palestinos, que sólo tienen los sueños para darse esperanza". ¿Sólo ellos? Los palestinos sueñan y combaten. El Estado terrorista y criminal de Israel también combate. Pero tras haber sido sueño, hoy es pesadilla.


LA ESPERANZA URUGUAYA

<hr><h2><u>LA ESPERANZA URUGUAYA</h2></u> Por José Steinsleger

La Jornada, México D.F., 20 de octubre de 2004

Argentina y Uruguay ocupan la llamada "pampa húmeda", ubérrima subregión de la cuenca hidrográfica del Plata que abarca sureste de Brasil, Paraguay, sur de la provincia de Córdoba y Buenos Aires y concita los afanes de integración económica del Mercosur.

Sin embargo, no hay lectura geoeconómica válida sin historia política que la interprete. Tautología rioplatense: ¿Argentina extensión del Uruguay, o viceversa? Lo cierto es que pocos peatones que circulan por Piedras, en el centro de Buenos Aires, saben que la calle evoca la batalla que dio inicio a las luchas de emancipación de la corona española (1811). José Artigas, el vencedor, no distinguía entonces entre "orientales" y "porteños". La Liga Federal artiguista (1811-16) se proponía articular una gran nación rioplatense. Pero las oligarquías de Buenos Aires y Montevideo desbarataron el proyecto y acataron la cartografía impuesta por el Banco de Londres.

La separación de Uruguay de Argentina (1830) y la terrible Guerra de la Triple Alianza, que redujo el Paraguay a cenizas (Argentina, Brasil, Uruguay, 1865-70), fueron sendos capítulos de la dramática balcanización de la Patria Grande pensada por San Martín y Bolívar.

Demográfica y culturalmente, la historia cambió. Pero los nativos sobrevivientes al genocidio "civilizador" supieron enriquecer sus ideas libertarias con los inmigrantes llegados de España, Inglaterra, Italia y Europa central. El espíritu artiguista rencarnó en la figura del montonero uruguayo Aparicio Saravia (1855-1904) y el tupamaro Raúl Sendic (1925-89). ¿Podemos dudar si al prócer uruguayo-argentino le hubiese sorprendido la ferocidad represiva de sus enemigos en el trasiego de torturados, asesinados y desaparecidos de la Operación Cóndor (1974-82)? El terrorismo de Estado globalizó el sufrimiento y la explotación de uruguayos, argentinos, paraguayos, bolivianos, chilenos y brasileños. Los tecnócratas se lanzaron al deshuesamiento y subasta de los estados nacionales y los políticos de la "democracia" se convirtieron en predicadores del "mirar hacia adelante", pues a juicio de ellos la sociedad toda debía cargar con el genocidio y la deuda externa.

¿Qué prevén ahora, cuando el Mercosur debe tomar posición ante el modelo esclavista del ALCA? El argentino Néstor Kirchner y el paraguayo Duarte simpatizan con el venezolano Hugo Chávez. Pero con Lula (el "obrero pragmático"), Brasil ya le hizo ojitos al ALCA. ¿Qué esperar del Chile de Ricardo Lagos, ariete de Washington en la subregión? ¿Qué del boliviano Carlos Mesa y su política económica entreguista?

Ningún país del Cono Sur puede ya funcionar por su cuenta. Por ejemplo, el estado de Rhode Island, el más pequeño de Estados Unidos, cabe 100 veces en Uruguay, el estado más pequeño de América del Sur. De modo que los uruguayos que vivieron en el otrora "Estado de bienestar" podrían preguntarse lo siguiente: ¿Por qué Rhode Island, con poco más de un millón de habitantes, supera en 30 por ciento el PIB de Uruguay, con 3.5 millones de habitantes? ¿Por qué los uruguayos destacaron por su nivel educativo y organización social y luego se dispersaron por el mundo? ¿Por qué la población total de Rhode Island equivale al total de uruguayos que viven en la pobreza relativa y extrema (40 por ciento)? ¿Por qué a pesar de tantos uruguayos insertos en la cultura universal, Uruguay encabezó en 2003 la lista de suicidios en América Latina (18 por cada 100 mil habitantes, 612 al año, 1.67 al día)? ¿Qué posibilidad tiene Uruguay para salir de un "pozo" más angustiante que la novela homónima de Juan Carlos Onetti?

Una esperanza asoma en el horizonte: la coalición de centro-izquierda Encuentro Progresista Frente Amplio (EP-FA), liderada por Tabaré Vásquez, que a fines de agosto pasado tenía 46 por ciento de la intención de voto para las elecciones presidenciales del 31 de octubre próximo y grandes posibilidades de evitar el ballotage (segunda vuelta). Si las urnas confirman la proyección, el poder oligárquico coloranco (de los partidos "blanco" y "colorado") estaría llegando al fin de un ciclo histórico, dejando en la desocupación a 20 por ciento de la población económicamente activa.

En caso de que el Mercosur pudiese revertir el modelo neoliberal con una redistribución del ingreso más justa, las potencialidades de Uruguay, país de alimentos, dan para mucho, siempre que sus pueblos se integren dinámicamente al crecimiento con desarrollo social. De lo contrario (y con el ALCA a punto de entrar en vigencia en 2005), la tragedia uruguaya se ahondará hasta la exasperación y ex gobernantes como Julio María Sanguinetti seguirán dando clases de democracia por el mundo, en tanto Enrique Iglesias, director uruguayo del BID, seguirá engordando hasta reventar.


PERVERSIONES SEMÁNTICAS

<hr><h2><u>PERVERSIONES SEMÁNTICAS</h2></u>
Foto: José Steinsleger

Por José Steinsleger

La Jornada, México D.F.

A mediados de los ochenta, en una ciudad de los Andes ayudé a organizar el Centro de Estudios para la Liberación Nacional “Simón Bolívar”, organismo no gubernamental no lucrativo, etcétera. Especialidad: investigaciones sobre Comunicación Alternativa (así se decía entonces) y otras yerbas destinadas a poner en evidencia la forma en que los medios meten gato por liebre. Los holandeses ponían la plata. No mucha pero suficiente para que los profesionales el equipo pudiesen realizar la tarea sin sobresaltos.

Once meses después, llegó de Amsterdam una pareja de la financiera con el propósito de evaluar el proyecto. Quedaron encantados. Los objetivos habían sido cumplidos con creces. Sin embargo, a la hora de discutir el nuevo presupuesto, el que era gordo y sudoroso dijo al otro algo en su lengua demoníaca. “What did you say?”, pregunté. Para hacerla corta, el holandés respondió: “¿No convendría que vuestra ONG se llame Centro de Estudios `Simón Bolívar'?”. Lo primero que me vino a la mente fue la situación de Dorita, la socióloga divorciada del equipo, y sus tres niños en edad escolar. Acepté pensando que a Don Simón, hombre sustantivo al fin, poco le hubiese perturbado la eliminación el adjetivo. El presupuesto fue aprobado.

Al año siguiente enviamos a Europa a un integrante del equipo con igual cometido. Ídem anterior: satisfacción total por los objetivos cumplidos. Pero a su regreso, el compañero manifestó que el gordo sudoroso de la financiera propuso que el Centro de Estudios se transformase en “consultora internacional”. Gran despelote. De los cinco que éramos quedamos un investigador y 66 centésimas. Armando se llevó la computadora. Paladines otra más. Dorita dijo que los anaqueles servían para los libros de sus hijos. Invocamos la “memoria histórica”. El Pilas aseguró que éramos “nostálgicos del pasado” y habló durante una hora con términos novedosos que sonaban a rock: perestroika y glasnost.

La centrifugación existencial avanzó. Semanas más tarde participé en un programa de TV para debatir, precisamente, los nuevos aires de la época. No recuerdo por qué usé la expresión “lucha de clases”. Pero sí la displicencia de una doctora de la FLACSO que tenía los dientes amarillos por el cigarro: “¿Usted se refiere a los `grados de conflictividad de los actores en gestión'?”. Atiné a decir: “¿Mande?”.

Quedé descolocado. Sometido a una sutil microcirugía conceptual, las innovaciones semánticas de la “globalización” exigían el “dime qué lenguaje usas y te diré lo que piensas”. Así, entendí que los países ricos “se desarrollan” y los pobres crecen; que “eficiencia” y “productividad” sustituyen a distribución: “inequidad” y “equidad” a injusticia y justicia; “mercado libre” a capitalismo salvaje; “democracia de mercado” a estado de bienestar; “interdependencia” a pérdida de soberanía; “maquila” a enclave colonial; “flexibilidad laboral” a trabajo a destajo; “gente” a pueblo; “agente social” a dirigente (o líder de base); “ajuste” (política de) a hambre (política de); “necesidades básicas” a derechos sociales; “modernización” a desarrollo; “globalización” a imperialismo; “rezago” a subdesarrollo y “gracias a la vida por haberte conocido”, en versión cosquillosa de Thalía, a “gracias a la vida por haberme dado tanto”, en versión dignificadora de Violeta Parra.


ARTIGAS Y EL MERCOSUR

<hr><h2><u>ARTIGAS Y EL MERCOSUR</h2></u> Por José Steinsleger – La Jornada

A bordo de un tren obsequiado por la reina Victoria, el general Julio A. Roca emprendió su último recorrido por la pampa (1879). La importación masiva del fusil Remington, con alcance de mil metros, había ejecutado el milagro. En la pampa ya no quedaban indios alzados. El "progreso" se repartió sus territorios. Desparramadas por la inmensa geografía, las líneas férreas dibujaron la nueva cartografía nacional. Los trenes, extensión terrestre de la flota naval inglesa, llegaban y partían del puerto de Buenos Aires, transportando cifras récord de carne, trigo y cereales. El mapa del ferrocarril aisló a las Provincias Unidas de América del Sur. La región fue balcanizada.

Convertida en carnicería y panadería de Su Majestad británica, la Argentina se abrió a la "civilización". Y Buenos Aires fue sinónimo de Argentina. Los gobiernos de Roca (1880-86 y 1898-1904) plasmaron las iniciativas de Inglaterra: el "protectorado inglés" de Carlos María de Alvear (1815); el enclave de Bernardino Rivadavia, agente financiero del Baring Brothers (1821); la "República del Río de la Plata" soñada por Bartolomé Mitre (1852) y el exterminio del Paraguay, pionero del industrialismo, durante la primera guerra imperialista moderna financiada por el Banco de Londres (1865-70).

Los historiadores y sociólogos criollos, que en Harvard, Princeton y Yale cursan sus doctorados leyendo Time y Selecciones del Reader's Digest, preguntan: ¿por qué Argentina y Uruguay no fueron potencias económicas como Australia y Nueva Zelanda, de economía y población similar? ¿Motivos de "idiosincrasia"? ¿Fascinación por los caudillos de ibérica impronta? ¿Problemas de "sicología social", como acaba de insinuarlo el economista Tomás Raichman?

Toda opinión de "los que saben" será bienvenida con tal de ignorar que las oligarquías del Río de la Plata no surgieron de burguesías nacionales como las que realizaron las grandes revoluciones de Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos. Se trata de negar el imperialismo, ese invento del marxismo, difundiendo clichés que justifiquen el dinámico proceso académico de mentalización neocolonial.

Los genios se niegan a entender que oligarquías como la rioplatense, fanáticamente conservadoras, practicaron un liberalismo económico intransigente para quedarse con las rentas de los puertos y aduanas, empobreciendo a los pueblos "del interior". Tal es el meollo de las actuales presiones del FMI sobre el gobierno argentino: la reformulación de su relación económica con las provincias, abandonándolas a su suerte. El Estado-nación ha muerto. ¿Okey?

Artigas dijo: "La independencia que propugnamos para los pueblos no es una independencia nacional; por consecuencia ella no debe conducirnos a separar a ningún pueblo de la gran masa que debe ser la Patria Americana, ni a mezclar diferencia alguna en los intereses generales de la revolución" (artículo cuarto del proyecto presentado al gobierno de Buenos Aires, abril de 1814). Obviamente, el ideal artiguista fue el primero en ser aniquilado.

Sin embargo, una mirada al mapa del Protectorado de Artigas (1813-1820) muestra como un todo los territorios de Uruguay, el estado brasileño de Rio Grande do Sul y las provincias argentinas de Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe y Córdoba. ¿Qué otra cosa dibuja el mapa del Mercosur, torpedeado por el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA)? Las exigencias del FMI son claras: ocúpense de la ciudad de Buenos Aires, tan culta, liberal y elegante, con su prosperidad excluyente. Obsesión renovada que consentiría, cuando mucho, en aceptar un nacionalismo oligárquico, que a punto de cumplir 200 años sigue mostrándose hostil a los factores integradores que vislumbró José Artigas (1764-1850) durante las guerras de la independencia.

Estados Unidos exige un continente a su medida. Por el norte, el Plan Puebla-Panamá. Por el sur, el Plan Colombia, que generosamente incluye Patagonia y Amazonia. Si estos planes se imponen, serán pecado mortal y motivo de invasión militar las iniciativas proteccionistas destinadas a frenar el consumo de alimentos transgénicos o la difusión del filme número 13 mil 457 de Arnold Schwarzenegger, salvador del "mundo libre".

Hay que ser "modernos" y adoptar el dólar, pues Estados Unidos, pobrecito, no puede cambiar pesos mexicanos o argentinos en China, ni bolívares o quetzales en Chechenia y Malasia. Que ningún Estado imponga tributo a quienes han tenido ganancias exorbitantes con su comercio, sus seguros y sus intereses. Y que la democracia sea dirigida por los discípulos de Alejandro Vegh Villegas, aquel ministro de Economía del gobierno uruguayo de Juan María Bordaberry (1971-76), quien dijo: "No, señores... No soy pro-yanqui. Simplemente, soy yanqui".

De Seattle a Génova, de Porto Alegre a Monterrey, el espíritu integracionista y modernizador de Artigas coincide con el clamor de la globalización incluyente. Ante el ALCA, umbral de la anexión de nuestros países al Imperio neoesclavizador, el nacionalismo unificador artiguista resulta, sin duda, estremecedoramente vigente.