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18/11/2005


BACHELET:

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¿NEOLIBERALISMO CON ROSTRO HUMANO?

 por Andrés Monares (*)
El Mostrador – 17 de Noviembre de 2005


La candidata presidencial de la Concertación Michelle Bachelet, ha venido deslizando por los medios una petición velada a los ciudadanos y ciudadanas cuya intención de voto es Tomás Hirsch: que el 11 de diciembre sufraguen por ella para no forzar a una segunda vuelta. Es decir, les está solicitando el apoyo a los chilenos antineoliberales y a los decepcionados de su coalición. Cabe preguntarse entonces, ¿qué les puede ofrecer en realidad?

Para empezar, Bachelet ha dejado en claro su opción política y socioeconómica cuando declara: “nadie [¡sic!] discute el rol del mercado”. Y, por más que derroche demagogia al hablar de regulación o de corrección del modelo, las propias acciones de los dos gobiernos que ha apoyado y de éste en que ha participado, evidencian cuál es el tipo de intervención que se puede esperar y a favor de quiénes. No por nada si es electa continuará la línea de una administración a cuyo presidente... ¡lo aman los grandes empresarios!

No nos oponemos aquí a la unidad nacional, ni tampoco a los fans club de colegialas. Sino a las políticas “técnicas” que han posibilitado a los grandes grupos económicos y a las transnacionales obtener altísimas ganancias. Ser “top” en crecimiento de esa élite es fruto —como lo reconocen los propios neoliberales— de lo bien que la Concertación ha administrado el sistema de libre mercado. De ahí que los capitalistas le tendrían más fe (y más amor) al “socialismo” que a la Alianza por Chile. Inédito para un gobierno “socialista” y decidor de su “socialismo”: el país también es “top” en desigualdad en la distribución del ingreso.

El lector podrá plantear que no puedo adelantarme en enjuiciar una presidencia que aún no asume. Entonces, aunque no hemos expuesto meras suposiciones, veamos otro antecedente. Bachelet nombró al senador y economista Alejandro Foxley a cargo de la elaboración de su programa de gobierno “socialista” o de “centro izquierda”. A continuación exponemos un párrafo de una entrevista a Foxley (Revista Cosas, 05.05.2000). Por favor, léalo con detención:

“Él [Pinochet] realizó una transformación, sobre todo en la economía chilena, la más importante que ha habido en este siglo. Tuvo el mérito de anticiparse al proceso de globalización que ocurrió una década después, al cual están tratando de encaramarse todos los países del mundo. Hay que reconocer su capacidad visionaria y la del equipo de economistas que entró a ese gobierno el año ’73, con Sergio de Castro a la cabeza, en forma modesta y en cargos secundarios, pero que fueron capaces de persuadir a un gobierno militar —que creía en la planificación, en el control estatal y en la verticalidad de decisiones— de que había que abrir la economía al mundo, descentralizar, desregular, etcétera. Esa es una contribución histórica que va perdurar por muchas décadas en Chile y que, quienes fuimos críticos de algunos aspectos de ese proceso en su momento, hoy lo reconocemos como un proceso de importancia histórica para Chile, que ha terminado siendo aceptado prácticamente por todos los sectores. Además, ha pasado el test de lo que significa hacer historia, pues terminó cambiando el modo de vida de todos los chilenos, para bien, no para mal. Eso es lo que yo creo, y eso sitúa a Pinochet en la historia de Chile en un alto lugar. Su drama personal es que, por las crueldades que se cometieron en materia de derechos humanos en ese período, esa contribución a la historia ha estado permanentemente ensombrecida”.

Señalé con cursivas algunas frases de la cita porque me pareció demasiado lo que afirmaban. Es más, al tenor de las opiniones de Foxley uno podría transcribir todo el párrafo con cursivas. Cierto es que durante su dictadura Pinochet realizó una revolución neoliberal. Sin embargo, es muy diferente decir que sólo se oponía a algunos aspectos de ella, terminar celebrándola o calificarla como benigna. Y, ¡peor todavía!, únicamente reconocer esa “pequeña” mancha de las violaciones sistemáticas de los derechos humanos, situarlas como un problema personal de Pinochet, bajar el perfil a lo que es una dictadura y a lo que implicó algo así en Chile. En todo caso, Foxley sólo se suma a otros concertacionistas como Boeninger, Brunner, Tironi o Correa que hace rato le conceden públicamente laureles al ex dictador como fundador del “exitoso” modelo chileno. El fin justificó y justifica los medios.

Volvamos ahora a lo que pueden esperar los antineoliberales y los decepcionados de la Concertación de un gobierno de Bachelet. A la luz de las palabras del propio Foxley: alguien que celebra la desregulación y le parece eficiente y benigno el sistema de libre mercado chileno, ¿podría materializar en un programa de gobierno las promesas de regulación y corrección del modelo de la candidata? Es más, ¿una verdadera socialista y una verdadera coalición de centroizquierda lo hubieran elegido para encabezar la elaboración de su programa de gobierno? Luego, ya que de hecho sí fue el elegido, ¿podría en realidad Foxley elaborar un programa de gobierno socialista o al menos de centroizquierda?

No es que pretenda ofender su inteligencia con esas preguntas. Sin embargo, este tipo de ejercicio me parece necesario cuando hace dieciséis años venimos escuchando a los políticos y a los medios hablar de la Concertación como de “centro izquierda” y hoy de Bachelet como la candidata “socialista” o de “izquierda”. Mentiras que ningún implicado se molesta en desmentir. Lo trágico es que han logrado convencer a un número nada despreciable de electores que según ellos votan centro izquierda cuando en realidad vienen votando neoliberal.

Por el momento sólo queda especular cómo será esa fase del neoliberalismo encabezada por la primera mujer presidente de Chile. Tal vez por su calidez humana, su cercanía con la gente, su nuevo tipo de liderazgo y, sobre todo, por ser mujer se podrá esperar que construya un neoliberalismo de rostro humano (ya que con el socialismo no se pudo). Porque la garantía de ese “giro” o “corrección” del modelo viene dada, como se nos ha dicho, por la perenne verdad de que las mujeres tienen una sensibilidad diferente a los hombres.

Sino no lo cree, recuerde por ejemplo a Golda Meier afirmando que el pueblo palestino no existe o a Margaret Thatcher destruyendo el estado de bienestar inglés. Esas sensibles mujeres nunca escondieron lo que eran ni lo que pretendían: no tuvieron que desinformar a sus electores para conseguir sus votos.

(*) Andrés Monares. Antropólogo, profesor en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.

 

Viernes, 18 de Noviembre de 2005 21:53 ;?> No hay comentarios. Comentar.

08/08/2005


LIBRO DE ANDRÉS MONARES

Estimados (as) amigos (as):

Junto con saludarlos, me es grato hacerles llegar la invitación al lanzamiento de mi libro "Reforma e Ilustración. Los teólogos que construyeron la Modernidad", que se realizará el viernes 19 de agosto a las 19.00 horas en Avenida Portales 2885 (esquina Esperanza), Santiago Centro.

Para la ocasión el libro se venderá a un precio especial de $ 5.000.-

Desde ya agradezco que puedan cooperar a difundir este evento reenviando este coreo-e.

Atte.

Andrés Monares
Lunes, 08 de Agosto de 2005 20:05 ;?> No hay comentarios. Comentar.

14/07/2005


EMPLEADOS PROACTIVOS, ESCLAVOS FELICES

foto_42_chica[1].gifpor Andrés Monares
El Mostrador
- 13 de Julio del 2005

Tiempo atrás un conocido, quien trabaja en una empresa prestadora de servicios educacionales, me relató su experiencia en un singular “Encuentro Reflexivo” al que debió asistir. Todo lo cual, traducido al romance, quiere decir que un consorcio dueño de colegios contrató a una consultora para realizar una jornada a fin de condicionar a sus profesores para hacerlos acríticos y más productivos. Ambos estimamos tan bizarra aquella jornada de “desarrollo personal” y el material entregado, que me comprometí a escribir esta columna sobre ella.

Todo comenzó con una alegre y positiva psicóloga —que había llegado en su moderno auto al son de música motivadora a alto volumen— aclarando el tema de la reunión: cómo tener una actitud proactiva. Lo cual consiste en efectuar un cambio interior para actuar positivamente y que cada uno consiga realizar su proyecto de vida. De esa manera se abandona la actitud contraria, la reactiva. Esta se origina con un error básico: pensar que los problemas están fuera de uno —lo cual precisamente sería el problema— y da lugar a un negativismo inmovilista.

Para reflexionar acerca de tan lindos y profundos pensamientos, el material dado a los asistentes contenía citas de personas del nivel de una Louise Hay o un Dr. Wayne Dyer. Todas ellas enfocadas al tema de la transformación interna; pues sólo ese proceso individual podría cambiar lo exterior: las conductas y actitudes. Así, se iba aprendiendo que “sea cual fuere el problema, proviene de un modelo mental” o que “lo que es capaz de cambiar tu pensamiento, es capaz de cambiar tu destino”. Mas, teniendo en cuenta que era una jornada dispuesta por la empresa para sus empleados, lo más importante parecería ser que en verdad uno no trabajaba para quienes siempre creyó que lo hacía. ¡No señor!, craso y típico error de un reactivo. La empresa sólo ofrece un espacio, una oportunidad para construir y materializar un proyecto de vida personal... (¡Qué gallos más paleteados!).

Junto a lo anterior, el material entregado seguía mostrando que el contexto es nada y el individuo es todo. Por eso, no existe la menor diferencia entre nacer en un país desarrollado o en uno subdesarrollado, ni en una familia rica o en una miserable. Lo del contexto es sólo una excusa (¡cómo nunca había visto algo tan obvio!)... A estas alturas de la iluminación era el momento de asumir el “Primer compromiso para el éxito”, ni más ni menos que de Og Mandino: “Nací para alcanzar el éxito, no para fracasar; ¡¡Nunca jamás [sic] volveré a compadecerme de mí mismo ni a menospreciarme!!”. Después se dio paso a la interpretación grupal de canciones proactivas, cuyas proactivas letras estaban incluidas en el material proporcionado a los participantes (pero no hay seguridad si la consultora paga los derechos de autor). De esa forma, era posible seguir interiorizando mensajes tan positivos y motivadores como: “Yo voy a cambiar el mundo, y voy a empezar por mí, lo voy a hacer por tí”; “Pa’lante con fuerza, todo se puede lograr, levanta bien la cabeza y mira alegre el futuro porque algo bueno vendrá”; “Resistiré erguido frente a todo”; “Saber que se puede, querer que se pueda, quitarse los miedos, sacarlos afuera”...

Luego, se trabajaron lecturas de mayor complejidad. La historia de los ratones llamados “Reac” y “Proac” a quienes les habían sacado su queso. Más Mandino y citas de autores por el estilo. Documentos sin referencia, pero con sugestivos títulos como “Principios de la visión personal” y —el más pesado al final— “Estrategias para el éxito”. A esas alturas nadie podía salir igual como entró. La positiva psicóloga exudaba satisfacción. Y, como Ud. se imaginará, mi conocido y todos los asistentes con más de dos dedos de frente (pues otros sí habían visto la luz), no pudieron dejar al descubierto su reactividad opinando sobre tan particular “Encuentro Reflexivo”.

En lo personal, si bien era la primera vez que tenía en mis manos material de esa calaña, ya conocía esas prácticas corporativas. Hace rato que muchas empresas gastan dinero en tales chapucerías para convencer a sus “recursos humanos” que no son un problema sus bajos sueldos, sus extensos horarios, las prácticas antisindicales o sus precarias condiciones de trabajo. Sólo un reactivo vería en ellas una dificultad. La idea es que el empleado proactivo las considere un desafío, una oportunidad para mostrar su capacidad, para desarrollarse... (¡Y yo dándomelas de serio para ganarme la vida!).

Esas pseudoespiritualidad y pseudofilosofía, aunque aplicadas a la esfera laboral, representan la mística e ideas acordes a una época que postula una verdadera sublimación del individuo. Es cierto que si una gran mayoría debe vivir para trabajar, difícilmente podrán salir de su ensimismamiento y relacionarse con otros. Sin embargo, no hacer por los demás lo que ellos no harían por ti, no es una simple cuestión de actitud personal. Es la modernización la que ha impuesto relaciones contractuales y una estructura ad hoc que imposibilitan establecer lazos comunitarios y solidarios.

A su vez, la individualista cantinela proactiva no deja de tener implicancias sociopolíticas. Al eliminar al contexto como variable, se lo hace invisible y se niega cualquier posibilidad de cambio estructural. Se considera la realidad social, económica y política como un dato dado, incuestionable e inalterable. Sólo quedaría asumir el lugar que pareciera por naturaleza nos tocó ocupar y adecuarse a esa realidad por dura o injusta que sea. Visto así, no es casual el actual interés por el enfoque de la resilencia: identificar lo que hace a una persona soportar la adversidad. La esperanza está tan depreciada que ha llegado a significar mera sobrevivencia.

Incluso, por más que se quisiera ser proactivo a nivel personal para lograr un cambio social, ¿es posible realizarlo en un sistema autorregulado? Recuérdese que la premisa básica del modelo es mantener su autonomía resguardándolo de la intervención. Cualquier acción que pretenda regularlo o alterar su lógica interna es rechazada: sólo logrará efectos perversos y desajustes. Sin negar la importancia del cambio interno ni de una ética del trabajo, proponerlos en este contexto es un placebo.

Aristóteles creía que los humanos eran amos o esclavos por naturaleza y que ambos grupos se complementaban y se beneficiaban mutuamente: el amo predeterminado para mandar por su inherente superioridad, era servido por el esclavo predeterminado para obedecer por su inherente inferioridad; al ser consciente de su condición, el esclavo aceptaba su lugar y su destino. Como se puede ver, todavía nos quieren convencer de tales sinrazones; salvo que ahora con karaoke y data show... ¿Adiestrarán también los profesores de este “Encuentro Reflexivo” a sus alumnos para ser futuros empleados proactivos, esclavos felices?
Jueves, 14 de Julio de 2005 20:02 ;?> No hay comentarios. Comentar.

08/07/2005


LA ORFANDAD DE LOS ESTUDIANTES

0011udechile.gifpor Andrés Monares
El Mostrador
- 3 de julio de 2005

Atrás han quedado esas semanas en que coparon los medios informativos las protestas universitarias con encapuchados apedreando carabineros, cometiendo desmanes y lanzando bombas molotov. Parecía que los editores periodísticos no sabían que tras esos “hechos noticiosos”, habían muchos más estudiantes movilizados de forma no violenta rechazando la ley que establece el financiamiento privado de la educación superior con garantía estatal. Una vez más se “informó” desinformando y se le dio un carácter negativo a un movimiento de protesta social.

Ahora se vienen las negociaciones y con ellas es evidente el triunfo del gobierno. Desmovilizó a los estudiantes y hará invisible el conflicto al sacarlo de las calles. Pero, en lo que sería su mayor “logro”, instauró definitivamente la mercantilización de la educación superior. Pues, se imaginará Ud. que tal negociación no será otra cosa que una pelea por las chauchas.

La Ley ya fue aprobada por un Congreso donde es mayoría absoluta esa megacoalición neoliberal, la Concertación por Chile (¿o era la Alianza de Partidos por la Democracia?); y, promulgada en un transparente secreto por Lagos... Enhorabuena, porque -¡horror de horrores!- la “imagen país” estaba deteriorándose con tanta efervescencia. Qué iban a decir los inversionistas y las consultoras calificadoras de riesgo, cuya opinión e intereses hace rato importan más que la opinión e intereses de los propios chilenos.

No obstante, la Ley se estaba tramitando en el Congreso hace unos... ¡tres años!. ¿Dónde estuvimos todo ese tiempo estudiantes, académicos, funcionarios de las instituciones de educación superior, el propio Consejo de Rectores y los ciudadanos en general?. De nuevo, aunque tardíamente, han sido los estudiantes los que dieron la pelea en solitario; como si fuera un exclusivo problema de ellos. Su abandono, sobre todo por parte de los otros estamentos universitarios, ha llegado al punto de hacerlos aparecer como enemigos de sus propias casas de estudio.

Precisamente los que estudiaron gratis -apoyándose en la mala memoria, el derrotismo, la ignorancia y la abulia- nos quieren convencer de lo positivo del acceso a crédito para que los estudiantes paguen por su educación superior. Con lo cual el financiamiento ya no sería problema y, de serlo, no les incumbiría a quienes no estudian. ¡Como si la educación en el país no fuera un asunto de la más alta importancia para todos los ciudadanos!. Y no sólo por su rol fundamental en la formación y reproducción de la nacionalidad.

Incluso, hasta desde el miope individualismo utilitario es evidente que serán esos jóvenes quienes mañana educarán a nuestros hijos, construirán los caminos que recorreremos, las casas donde viviremos, nos defenderán en tribunales o nos sanarán.

Entonces, es necesario comprender que no se trata de una discusión por unos pesos, o unos puntos de interés, más o menos. El problema de la educación superior no debe limitarse a ser una mera disputa entre contadores. Es el gobierno el que ha llevado el asunto hacia ese terreno para manejarse en sus términos economicistas y tecnocráticos.

Es un hecho que el tema del financiamiento es una cuestión fundamental sólo para el modelo socioeconómico y político dominante. Desde su perspectiva lo principal es la ganancia privada; con lo que la educación es una oportunidad más de lucro, como la salud o las pensiones. El logro neoliberal ha sido validar social y hasta legalmente una cuestión que por siglos hubiera sido aberrante.

Lo correcto sería que, después de despejar la cuestión prioritaria de qué educación superior queremos, se diera el paso siguiente: resolver si debe tener algún precio. De ser afirmativa la conclusión, se debe establecer cuánto costará entonces y qué rol tienen en su financiamiento el Estado y los privados. Al analizar el tema desde una óptica menos obtusa y de largo plazo, se entiende que lo principal es discutir sobre el modelo educativo deseado, para que luego los técnicos propongan cómo financiarlo. No podemos seguir poniendo la carreta adelante de los bueyes, por mucho que tal absurdo haya llegado a ser normal y obvio.

Tampoco debemos dejarnos seducir por el espejismo de lo positivo del acceso al crédito. Pues, sólo se intenta hacernos asumir a priori un modelo socioeconómico específico para el cual (por convención) todo es mercancía y, al aceptar esa “lógica”, hace aparecer al financiamiento privado de la educación superior como un camino único, obvio y legítimo. Además, por mucho que se publicite la “neutralidad” del sistema, se percatará Ud. que no es muy inocuo si el Estado le inventa un negocio redondo a la banca, le asegura una demanda cautiva de deudores y además se ofrece como su garante. ¡Mientras al resto de los chilenos nos dicen que debemos ser emprendedores y competitivos!

Pero, qué podía esperarse de un gobierno en que su ministro de Educación expresa públicamente su satisfacción porque en los últimos años la educación superior ha aumentado... ¡su número de matriculados!. O sea, ante las crisis de calidad y financiera, se alegra por lo pujante de ese “mercado”. (Es más, la nueva Ley incentiva la no reprobación de estudiantes y, por ende, la mala educación: castiga a las instituciones de educación superior mientras antes se vaya un alumno deudor, al hacerlas pagar un mayor porcentaje de esa deuda; y viceversa).

De hecho, recuérdense las palabras del propio presidente -de quien se rumorea que en sus tiempos mozos habría sido socialista- a favor de la flexibilización laboral: facilitaría a los jóvenes trabajar para así pagarse sus estudios superiores...

A estas alturas espero que los estudiantes ya se habrán dado cuenta de que la apatía por inscribirse en los registros electorales y votar ha sido su peor enemiga: es cosa de sumar a los jóvenes no inscritos, más quienes votan blanco o nulo, más la izquierda de verdad.

De tal ejercicio podrán concluir que, más que con paros, hubieran tenido un real poder de negociación de haber organizado una campaña de inscripción electoral juvenil para votar contra los tres candidatos presidenciales de la megacoalición, la Alianza de Partidos por la Democracia (¿o era la Concertación por Chile?). Justamente, esa que propone y aprueba leyes mercantiles como la de financiamiento privado de la educación superior. ¿Se entiende ahora el interés de la clase política por el voto voluntario?

Aunque, después de todo, quizás sea una bendición el que de aquí en adelante la educación superior sea una mercancía. Pues, como dijo el locuaz ministro Eyzaguirre a raíz de la subida en las cuentas de luz: ¡un mayor precio incentivará el ahorro!... Imagínense el futuro esplendoroso que se puede esperar en este país donde todo es una mercancía... ¿Cómo era? ¿Más temprano que tarde se venderán hasta las anchas alamedas?

Andrés Monares. Antropólogo, profesor en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.

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Viernes, 08 de Julio de 2005 22:57 ;?> No hay comentarios. Comentar.

26/04/2005


MANDRAKE, NO ESTÁS SOLO

Por Andrés Monares Ruiz
EL Mostrador
- 25 de Abril de 2005

La propuesta de una posible subida de impuestos no cayó bien sobre todo entre el gran empresariado (obviamente por el patriótico motivo de resguardar el bienestar de todos los chilenos). Así, sus críticas sobre Nicolás Eyzaguirre, ministro de Hacienda, no se dejaron esperar. Pero además, hace rato que se viene criticando a la Concertación -personificada al respecto en el citado funcionario- por no incrementar el gasto social para llegar a sectores necesitados de la población. Esa encerrona hizo aflorar el mal humor del ministro. Pues, ¿cómo se podría gastar más en esos grupos mientras se coartan los medios de conseguir más dinero? Cual revival de “Los martes de Merino” (tributo que también Lagos viene realizando cada vez más seguido) señaló molesto que no es Mandrake, en referencia al mago de las historietas.

Evidente es la contradicción: un estado no puede incrementar su gasto si no tiene más entradas. Punto para Eyzaguirre. Sin embargo, es un poco paradójico que una vez establecido un tipo de estado que se priva de intervenir y se automutila gozoso, se caiga en cuenta que se exageró en el empeño. Ya hemos dicho en este espacio que al seguir el extremo neoliberalismo de Friedman -primero la dictadura y luego los maquilladores de la Concertación- en Chile se actuó “con el tejo pasado”. Ahora cualquier revisión del dogma, por mínima que sea, es considerada una aberración: los problemas causados por el neoliberalismo, o sus insuficiencias, se solucionan sólo con más neoliberalismo. O sea, en este caso, crecimiento y no impuestos: ¡jamás impuestos! Política monetaria, nunca fiscal.

Mas, al contrario de los modelos teóricos, los hechos vienen mostrando hace rato que subsidiar sólo a los más pobres de entre los pobres ya no es suficiente (si alguna vez lo fue). Y, como botón de muestra del éxito” del modelo, hasta la clase media viene clamando hace tiempo por ayuda. A la larga, la juerga consumista a la que se nos invitó no se quedaba sólo en artículos de mall a tres meses precio contado. Implicaba también los antaño llamados “servicios públicos”: salud, educación, pensiones, vivienda. Pues, se llegó a considerar normal que todo se pague. Todo y caro. Como el lucro máximo sería el único incentivo de los privados, su materialización en un egoísmo máximo siempre pasa los costos a los consumidores en el precio. El detalle es que se viene pagando con sueldos que no suben.

Por supuesto que el gran empresariado pondrá el grito en el cielo ante cualquier posibilidad de subir impuestos. Para ellos ha sido muy beneficiosa esta sociedad sin más unidad ni proyecto común que entregarles cuantiosas granjerías. Privilegios que un estado, mera comparsa de sus negocios, ha llegado a legitimar a través de la legislación. No obstante, como supuestamente desapareció la política esgrimen argumentos “técnicos”: subir los tributos desincentiva la inversión, pone trabas a la productividad o coarta a los emprendedores.

Ya nadie se acuerda que los impuestos (más todavía su aspecto en verdad relevante: en qué se gastan) son parte de una concepción que concibe un país como una comunidad solidaria con intereses obviamente comunes. Por el contrario, en las actuales condiciones, ¿en qué radica la conveniencia de ser chileno?, ¿entrega el país algo más que un escenario donde residir?

A pesar de que muchos sigan con la cantinela de aumentar la productividad, ¿no es ya tiempo que una vez por todas nos convenzamos de la ineficacia de esa única opción para redistribuir la riqueza? Yo hubiera usado “falacia” en vez de “ineficacia”, mas utilizaré ese término “técnico” para no ser acusado de populista por los realistas (a pesar que es evidente quiénes son en verdad los populistas de promesas falaces y quiénes los que critican desde los hechos).

A mayor crecimiento del gran empresariado viene aumentando la cesantía o al menos se ha estancado el empleo: su meta es el lucro, no crear trabajo o sólo servirse de él para lucrar. ¿Cuántas veces habrá que repetirlo? Como asimismo que por resultado de este modelo y su exigencia de competitividad que determina bajos salarios, ¡Chile es uno de los países con peor redistribución del ingreso del mundo! Esta grave y vergonzosa situación -silenciada descaradamente por el empresariado, el gobierno, la oposición y la intelectualidad liberal- ha llegado a tal nivel que en el exterior ya nos empieza a acusar de dumpig laboral.

Entonces, no sólo el gobierno está complicado por no tener dinero para afrontar gastos necesarios (requerimientos que sólo ayer supuestamente estaban prontos a desaparecer por la magia del mítico círculo virtuoso del crecimiento económico). Por eso, calma Mandrake. Si te sirve de algún consuelo, no eres el único con tales problemas. En realidad, en Chile gracias a tu granito de arena (nada despreciable como ministro de Hacienda) son millones los que tampoco tienen dinero suficiente para cubrir todas sus necesidades. Ahora bien, no sé si cuando se den cuenta de lo que implica tu trabajo te comprendan o solidaricen contigo en el presente trance en que te encuentras. Pero, por ahora, aún no se percatan de que hay algo raro en estar orgullosos por las cifras macroeconómicas del país y al mismo tiempo tener que hacer magia para llegar a fin de mes con sus suelditos.

Tal vez, para no sentirte un mago solitario, puedes conversar con tus numerosos colegas: los jubilados, los pensionados, los estudiantes de educación superior, los usuarios de las ISAPRE, los pequeños y medianos empresarios, los empleados, los subempleados... Y no te preocupes, no tienes que ir a esos suburbios marginales tan lejanos y desagradables para encontrar a esas personas. La clase media vive mucho más cerca. Ellos, como los pobres, sufren del mismo modo por ese extraño fenómeno económico inversamente proporcional: a menos chorreo más se ahogan.

(*) Antropólogo, profesor en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.

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Martes, 26 de Abril de 2005 11:10 ;?> No hay comentarios. Comentar.

19/04/2005


ESOS EXTRAÑOS DEFENSORES DE LA VIDA

por Andrés Monares
El Mostrador
- 12 de Abril del 2005

En las últimas semanas fuimos testigos de cómo en Estados Unidos el marido de Terry Sciavo finalmente logró “dejarla morir” a través de un mandato judicial. La mujer se había convertido en todo un símbolo entre quienes en dicha nación dicen defender el derecho a la vida. Al escuchar sus razones sobre lo terrible que es la muerte de un ser humano por hambre, y más aún inducida a propósito, al menos uno no puede dejar de pensar en el asunto. Difícil respaldar algo así. En general, ¿quién podría decir abiertamente y a priori que está contra la vida?

Esa postura “pro vida” (específicamente anti eutanasia y anti aborto) es apoyada en los Estados Unidos por sectores que en su mayoría son conservadores en lo religioso y/o lo político. En otras palabras, por cristianos evangélicos y católicos ortodoxos, y votantes del Partido Republicano respectivamente. El propio George W. Bush, él mismo un arquetipo de los religiosos y políticos conservadores, dice propugnar en sus dos mandatos una agenda “pro vida”. Hasta se especula que la última elección presidencial estadounidense se decidió a su favor por los temas “éticos”: la pureza moral republicana, representante genuina de los valores y el sentir “americanos”, derrotó la postura libertina de los demócratas.

El problema surge cuando se cae en cuenta de algo que es necesario no olvidar: que ese “líder” del movimiento “pro vida” estadounidense ha llevado la muerte a diversos lugares del mundo. Y, precisamente, con el fiel apoyo de esos rabiosos militantes del derecho a la vida. Sólo en Afganistán e Iraq, ¿cuántas personas asesinadas por su ejército -la mayoría civiles no combatientes- se pueden contar?, ¿cuántos cientos? A estas alturas, ¿miles tal vez? Y para qué extenderse en su accionar “indirecto” a través de su apoyo a dictaduras y gobiernos ilegítimos. Por ejemplo, los disidentes uzbekos secuestrados, torturados y asesinados por la dictadura “aliada” de Bush no se han beneficiado en lo má###ínimo del ímpetu “pro vida” de sus dos administraciones.

Algo extraño debe ocurrir para que la pasión moralista del presidente estadounidense y de sus partidarios sólo se manifieste dentro de sus fronteras y únicamente frente a la eutanasia y el aborto. Incluso, recuérdese la devota fe que tienen sobre todo los republicanos en la pena de muerte, en uno de los pocos países donde se condena a muerte a menores de edad y a débiles mentales. El propio Bush como gobernador de Texas -un estado con un singular entusiasmo por la pena de muerte- al negarse a indultar a condenados a morir ya había dejado en entredicho su apología en defensa de la vida y su afán legislativo al respecto.

Históricamente los Estados Unidos nos tienen acostumbrados a los dobles discursos. A sus repudiables acciones en lo externo en base a la política de hechos consumados, le siguen -siempre a posteriori- debates públicos internos y comisiones investigadoras del Congreso. Mas, la hipocresía no es patrimonio de una nación, por mucho que por más de dos siglos abuse de ella. Sino que es una elección de los individuos y de las sociedades.

Así, sea por imitación o por efectos de la globalización, la discusión sobre la “muerte inducida” de Sciavo llegó a nuestro país. En Chile también encontramos sectores “pro vida” que se oponen al aborto y a la eutanasia. Aquí también están representados en un número no menor -o son los que más se hacen notar en los medios- por sectores conservadores en lo religioso y lo político. Aquí también se puede encontrar entre ellos a quienes están a favor de la pena de muerte. Y, más todavía, aquí también muchos de ellos apoyaron la institucionalización estatal de la violación del derecho a la vida por la dictadura. En este país esos “pro vida” tampoco defienden incondicionalmente ese derecho. Sino que a veces, según el contexto y de quién se trate.

Lo siento, sé que es cuento viejo y majadero para los que quieren “cerrar las heridas del pasado” y “mirar hacia el futuro”. No obstante, es evidente que los mismos que ahora alegan furibundos por el derecho a la vida, ayer no sólo dieron vuelta la cara, sino hasta respaldaron a la dictadura que los violaba. Justamente esa actitud deja su actual empeño “pro vida” en meros aspavientos de fariseos: rasgan sus viejas túnicas que llevan sobre unas nuevas y costosas. Como esos hipócritas, los nuestros tampoco son mejores. Dados sus actos y omisiones, su pretendida superioridad moral además de falsa es un insulto. De hecho, sus verdaderos valores y prioridades han quedado al descubierto: para ellos el dinero es más importante que la vida. ¡Sólo ahora se decepcionan del ladrón, cuando por años han apoyado al asesino!

Con todo, estos extraños defensores de la vida seguramente hacen gala pública de su piedad cada domingo al repetir: “Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”. Aunque ni siquiera se deben golpear su propio pecho... sino el de quien está a su lado. Sin embargo, su dios ya los describió. Cuelan el mosquito, pero tragan el camello. Son sepulcros bien pintados, pero por dentro están llenos de toda clase de podredumbre.

Aparecen exteriormente como hombres justos, pero en su interior están llenos de hipocresía.

Nadie es perfecto, pocos pueden ser ejemplo de algo. Pero específicamente en el tema de la vida -¿o de la muerte?- somos muchos los que en Chile sí podemos tirar la primera piedra.

(*) Andrés Monares. Antropólogo, profesor en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.

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Martes, 19 de Abril de 2005 15:57 ;?> No hay comentarios. Comentar.

17/03/2005


AHORA HABLEMOS DE LOS VIVOS

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(A propósito de Gladys Marín)


por Andrés Monares

El Mostrador
- 16 de Marzo del 2005

No quiero escribir sobre Gladys Marín. Venimos saliendo de una sobresaturación mediática donde se le trató con exagerada zalamería y, como es costumbre en el país, una vez fallecida se elevó su vida por sobre el resto de los mortales. Además, ya se ha hecho en este mismo espacio. Pero, sí quiero escribir a partir de su figura pública sobre los políticos que se quedaron.

Como se repitió hasta la saciedad luego de su muerte, destacó sobre todo en los últimos años por no callar lo que creía tenía que decirse. En lo personal, su estilo no me cautivaba: no me seducía su discurso ni sus muletillas de la cultura de izquierda. Aunque, al escucharla las veces que fue candidata, le dejaba a uno la agradable convicción de que en verdad creía en lo que hablaba y proponía. O sea, tuvo la credibilidad para convencer que tras sus palabras estaban ideas sentidas y no eslóganes vacíos ni jingles pegajosos con letras igual de vacías. Por mucho tiempo debe haber sido una de las pocas candidatas reales. Lo cual se realzaba más en nuestro ambiente “político” lleno de malos actores y actrices inventados en brain storming de publicistas (¡y que aún así salen elegidos!).

De hecho, dentro de las zalamerías mediáticas, la más repetida fue sobre su consecuencia. Sus críticos dirán que es fácil serlo cuando no se tiene el poder y más cuando no hay ni visos de acceder a él. Puede ser. Sin embargo, lo que debería de ser signo de que algo anda mal, es escuchar repetidamente a los propios políticos destacando tanto esa cualidad. Me refiero a que cuando uno cree en un modelo de sociedad, se supone que habla desde esa base y actúa en consecuencia. No debería ser una gracia, sino lo lógico. Lo cual nos da una pista del nivel al que hemos llegado en nuestra “democracia”: cuando un político se comporta como político se le admira... ¡y sobre todo sus pares!

Por algo, de la gran mayoría de quienes pertenecen al ámbito político-partidario de la Concertación o la Alianza, unos se enorgullecen de su buena administración del modelo y los otros -huérfanos por el plagio que los dejó sin propuesta- sólo reclaman acerca de detalles. Mas, ninguno osa salirse ni un pelo del libreto preestablecido para hacer “política”. Por eso, a estas alturas a nadie debería sorprender que se rechacen de plano hasta insinuaciones sobre discutir una posible alteración del orden existente. Porque ni pensar en cambios al modelo. Sin que llame la atención, cualquier propuesta de fondo es deslegitimada como demagogia y desechada luego. Hasta las campañas han dejado de ser una instancia de debate político real o de ideas. Así, de haber algo que discutir en este paraíso del consenso cupular, sólo debe circunscribirse a tecnicismos que mejoren la administración de lo que hay.

Esos mismos administradores, con cara compungida o de estadista en situación, robaron cuanta cámara pudieron para dar una declaración que dejara en evidencia su “altura”. Aunque, fueron esos mismos los que por años, fuera de declaraciones, no han movido un dedo para cambiar el sistema binominal y que el PC esté debidamente representado en el Congreso. Otros compungidos, los hoy salomónicos-reconocedores-de-méritos, sólo ayer fueron cómplices en secuestros, torturas, exilios, muertes y en desaparecimientos de cuerpos de los propios militantes del PC. Desaparecidos entre los que aún se cuenta el esposo de la que ahora ensalzan -la cual de haber sido ubicada habría sido también asesinada- y que murió sin conocer el paradero de los restos de su marido. ¡Con razón se admiran tanto de la consecuencia!

Con todo lo que se le pueda criticar, Gladys Marín llegó a ser una especie de conciencia de nuestro sistema “democrático”. No ella, sino lo que representó su figura política. Estuvo encargada de manifestar lo que la mayoría de los políticos “progresistas” (o incluso los que por ser simplemente chilenos) debían decir y han callado para no perder su sillón en el Congreso o su puesto de trabajo en el aparato del Estado. Eso creo que explica la cantidad de gente que asistió a su velatorio y a su funeral. Si cree Ud. que exagero con eso de “conciencia”, se lo concedo. Pero, lo siento, no es mi culpa que en el país de los ciegos el tuerto sea rey.

No obstante, los “políticos” (esos “administradores realistas”) ya estarán preparando sus intervenciones y campañas calculando que conceptos como “debate”, “redistribución”, “justicia social” o “leyes laborales” deberán emplearse en los discursos, carteles y jingles. Sesudamente habrán concluido, del funeral de Marín como antes del Foro Social Chileno, que eso le interesa a la “gente”. Claro que en su caso es oportunismo. No convicción, ni consecuencia, ni real interés en las verdaderas condiciones de vida del pueblo.

Ojalá algún día nuestros “políticos” se aburran de la administración de empresas y del mercadeo y quieran hacer política, vuelvan a tener ideologías y las confronten. Tal vez hasta les guste. Debe ser satisfactorio eso de trabajar en verdad para quienes les pagan su sueldo legal. Debe ser bueno vivir con honor y morir con gloria.
Jueves, 17 de Marzo de 2005 10:00 ;?> No hay comentarios. Comentar.

16/02/2005


...Y YO SOY DE IZQUIERDA

por Andrés Monares Ruiz

El Mostrador
– Febrero de 2005

Imagino que todos hemos tenido al menos una experiencia de esas que nos hacen pensar que los criterios de realidad de nuestra sociedad han cambiado de pronto y nadie nos avisó. Hace poco tuve uno de esos episodios con un militante de un pequeño partido laico de la Concertación. Se decía de “izquierda”, pertenecía a esa nueva categoría de político-tecnócrata-realista y parecía orgulloso de ambas cosas.

Para empezar, con una capacidad omnicomprensiva que hubiera hecho sonrojar a Aristóteles, se explayaba acerca de su profundo conocimiento de la clase baja. Como él mismo señaló, aquel saber le venía de un par de visitas que hizo a poblaciones del país en el marco de la campaña presidencial de Lagos. De esas experiencias, en un admirable ejercicio inductivo, había desarrollado una completa concepción de la realidad marginal-urbana. Por si fuera poco, siempre dentro de su marco ideológico de “izquierda”, había elaborado unas propuestas para enfrentar la pobreza.

Podemos resumir su posición “izquierdista” en tres puntos. Como tenía por imposible cambiar el sistema socioeconómico neoliberal, proponía adecuarse a él y —con la facilidad con la cual se habla de la aflicción ajena— rescataba su benignidad que permitía a un indigente ganar algo de dinero. En segundo lugar, opinaba que los pobres son unos flojos que esperan todo del Estado, de dónde rechazaba su intervención para así dejarlos en su pobreza obligándolos a surgir. Finalmente, negaba la posibilidad de educarlos para lograr cambios socioeconómicos y políticos por ser un esfuerzo inútil dadas sus características, y porque si se podía esperar algún resultado sería en por lo menos veinte años.

Lo más curioso —para usar un eufemismo— era que para darle fuerza, legitimidad y ecuanimidad a su singular exposición, repetía cada cierto tiempo: “y yo soy de izquierda”. Sin embargo, un detalle no menor es que esas novísimas doctrinas de “izquierda” ya habían sido elaboradas... nada menos que por gente de extrema derecha.

En primer lugar, podemos citar al padre del modelo ultraneoliberal de la dictadura, Milton Friedman (quien incluso rechaza el control estatal de los medicamentos por la FDA en Estados Unidos). Para oponerse a la fijación de un sueldo mínimo utiliza las mismas razones de nuestro “izquierdista” (que son las de RN o la UDI): si se obliga al empresariado a pagar un sueldo mínimo fijado y no el que ellos quieran, no invertirán y no crearán empleos. Por tanto, los cesantes —indigentes o pobres en general— seguirán siéndolo y no accederán siquiera a esos escuálidos sueldos “de mercado”. Mas, ese argumento es “lógico” exclusivamente si se asume la “lógica” neoliberal: que la única y correcta distribución de la riqueza pasa sólo por dejar enriquecerse a los ricos para esperar el “chorreo”.

Veamos la segunda afirmación sobre la pobreza como un incentivo. Ahora podemos recurrir a George Gilder, “filósofo” favorito de Ronald Reagan, quien apoyó la destrucción de la Seguridad Social estadounidense porque “El pobre para tener éxito necesita sobre todo el acicate de su pobreza”. Para fomentar la autosuperación, no la pereza, hay que terminar de una vez con cualquier tipo de ayuda o subsidio estatal. Como sostenían los liberales del siglo XIX: el hambre hace a los trabajadores industriosos. Paradójicamente a los ricos sí hay que ayudarlos, como hizo Reagan o Pinochet, derogando leyes laborales o bajando sus impuestos. Y no preguntaremos si nuestro “izquierdista” hubiera podido cursar estudios superiores sin crédito fiscal, un subsidio estatal.

En tercer lugar, la concepción oligárquica sobre la inutilidad de la educación de los pobres —que nadie menor de 100 años pensé podría sostenerla y menos un representante del humanismo laico— implica no sólo la negación de un elemento básico para el funcionamiento de la democracia, sino igualmente la negación de toda posibilidad de progreso humano. Del mismo modo, conlleva limitar la educación a ser una mera capacitación laboral para los, parafraseando a José Donoso, “hombrecitos” y “mujercitas”. Además, en este caso resulta patético que tome las banderas de la élite quien cualquier aristócrata tendría por “medio-pelo-no-más”: siempre me ha sorprendido el clasismo del esclavo que sirve en la mansión del amo en contra del de la plantación. ¿En qué habrá quedado eso de “Gobernar es Educar”?... ¡Qué diría Pedro Aguirre Cerda de este correligionario!

Ahora bien, más allá de condenar esos juicios moralmente, denunciar su falsedad empírica y opinar acerca de su simpleza, el encuentro con nuestro “izquierdista” me parece relevante por otro motivo. Es un excelente ejemplo de lo que ocurre hoy en Chile: muchos se dicen izquierdistas por votar por partidos que, a pesar de sostener y aplicar políticas de derecha, creen de izquierda. Sea por su falta de información o su mansedumbre intelectual, olvidaron eso de “por sus obras los conoceréis” y optaron por un “por vuestros dichos nos convenceréis”. Por algo nuestro país es el paraíso de la publicidad engañosa: Lavín no es político y es un líder, la Economía de Mercado es técnica y no Economía Política liberal, las FF.AA. no deliberan, la Alianza es de centro derecha, la Concertación es de izquierda y Lagos es socialista.

En todo caso, nuestro “izquierdista” puede estar tranquilo pues sus propuestas están siendo llevadas a cabo. El Estado Subsidiario Corregido actual sólo vela por el cumplimiento de las leyes (que benefician a quienes tienen el acicate de su riqueza) y no hay ni visos de Estado interventor en serio, menos aún de Estado de Bienestar. Gracias a ello, ningún chileno tiene cubiertas por un deber estatal sus necesidades básicas, estando obligados a vivir para trabajar por cualquier salario a fin de poder subsistir. Y, dado que hasta la educación es una mercancía —no un derecho que se materializa en un servicio social— su alto costo evitará la pérdida de tiempo de educar un populacho que no se lo merece.

Pero, el error de los miles de quijotes chilenos que ven gigantes en vez de molinos, no se limita a lo teórico. Con él también dejan libres a peligrosos galeotes de cuello y corbata para que —como una conducta legítima, necesaria y hasta benéfica— se apropien de los recursos del país y exploten a sus habitantes. Todo ello disfrazado retóricamente como la progresista política de un gobierno de izquierda. Visto así, supongo pronta la corrección en los libros de texto del desatino de no señalar que Milton Friedman, Friedich Hayek, John Stuart Mill, David Ricardo, Adam Smith o John Locke son en verdad teóricos de izquierda.

Debo admitir que la singular velada me significó sufrir la tortura de una prolongada vergüenza ajena. Al punto que, mientras oía las chapucerías del “izquierdista”, miraba de reojo alrededor para intentar hallar la cámara escondida: rogaba fuera una broma televisiva a la persona que le discutía o a la que aprobaba sus sinrazones cual evidentes verdades (¡y que asimismo se decía de “izquierda”!). Me hubiera gustado explicarle al personaje lo aquí expuesto. ¡La ignorancia es tan fácil de solucionar!, basta aceptar que hay asuntos que no se conocen. No obstante, al escucharlo comprendí que ya estábamos en el terreno de la genética.

De todas formas, al conocer en la historia variados ejemplos de cambios de sistemas socioeconómicos, quedé tranquilo por no haber cedido todavía a la desesperanza. Pero, sobretodo, por no ser de “izquierda” y saber por qué. Si bien, tal vez debí ser buen samaritano y sugerirle leer Proverbios 17, 28.
Miércoles, 16 de Febrero de 2005 18:10 ;?> No hay comentarios. Comentar.

05/01/2005


SOBRE LA EDUCACIÓN EN CHILE

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EL JAGUAR PORRO



por Andrés Monares - El Mostrador

Una reciente medición que dejó al descubierto el bajísimo nivel de los conocimientos matemáticos de los jóvenes chilenos, provocó una ola de alegatos contra la educación del país. Cuando en realidad no son una novedad los malos resultados educacionales en Chile. No queramos engañarnos rasgando recién ahora vestiduras. Que salgan a la luz pública pésimas cifras de alguna prueba específica cada cierto tiempo es otra cosa. De tal modo, por nuestro nivel quedamos apenas en lista de espera para ser jaguares (y para qué decir por inversión en educación).

Por unos diez años he trabajado con jóvenes de dos “mundos” diferentes. Mundos que les han entregado recursos y posibilidades muy distintas. Por un lado, con universitarios que en su mayoría provienen de la educación secundaria pagada privada: los más con grandes potencialidades a la vez que con una débil formación general. Por otro, con jóvenes que pasaron por el sistema municipalizado de educación, donde un número no menor son verdaderos analfabetos funcionales. Y, en el caso de muchos jóvenes con talento, esas instituciones municipalizadas no tienen la capacidad o los recursos (ni a veces las ganas) de desarrollarlo.

No obstante, a pesar de las diferencias en ambos grupos se deja notar una generalizada y tremenda falta de información, una deplorable capacidad de expresión oral y escrita, de análisis, de establecer relaciones certeras y más aún de crítica. Su sociedad y el mundo les son lejanos o ajenos, con sus vagas nociones no pueden comprenderlos ni menos enjuiciarlos. A lo que hay que sumar que están insertos en una cultura donde disentir y discutir es mal mirado, y hasta una forma indebida de desafío a la autoridad del educador.

Aunque no pretendo situar mi experiencia como una muestra estadística totalmente válida, tampoco creo que sea poco generalizable. Más todavía con las mediciones internacionales y nacionales que dan cuenta de nuestra ignorancia. Entonces, ¿no es hora que después de tantos años de vigencia de la educación municipalizada se acepte su fracaso?. Porque a los años de la dictadura hay que sumarle los de democracia.

En cuanto a la educación básica y secundaria privada pagada, por tanto para una minoría, tampoco su formación sería ni de lejos óptima. Simplemente pareciera que se realiza un buen entrenamiento, de hecho mejor que el de las instituciones municipalizadas, para contestar antaño la PAA y hoy la PSU. Y en el caso de la educación superior, también limitada a quien pueda pagarla, hay sospechas razonables sobre cuál es el peso real de un título hoy.

Después de tantos resultados deplorables, creo que llegó la hora de preguntarse qué educación queremos dar a nuestros niños y jóvenes. Porque el mercado autorregulado -¿el mejor asignador de planes de estudio?- es un hecho que no sirve tampoco en este ámbito. El modelo implementado desde mediados de la década del setenta del siglo pasado a la fecha es entrenar mano de obra con ciertos rudimentos de lo que antiguamente se llamó educación liberal. Fuera de eso, o por eso mismo, la política educacional ha sido no tener política educacional. El resultado está a la vista. Así, por obvio que suene, se debería abrir un debate racional, sensato y general que fije prioridades, roles del Estado y los privados, y planes de financiamiento. Porque el tema no compete exclusivamente a los padres, ni menos sólo a los empresarios. Es un problema de la nación. En realidad, como es una discusión por el futuro de todos, interesa hasta a los que ya estudiaron. Hay que ponerse serios y dejar de confiar ciegamente en las señales irracionales del “mercado laboral” para guiar el “mercado educacional”.

Aquí creemos en la formación de ciudadanos virtuosos capacitados en diversos ámbitos técnico-profesionales para satisfacer las necesidades de sus compatriotas y desarrollar al país en su conjunto. Porque Chile no es sólo economía. Incluso básicamente es un sistema sociopolítico que requiere algo más que analfabetos funcionales que produzcan y hedonistas que consuman. Porque en Chile viven millones de personas más fuera de las élites empresariales y como cualquiera tienen requerimientos materiales, de salud, artísticos, recreacionales, etc. Porque Chile es una nación particular y la educación permite su reproducción como esa entidad cultural particular que es o que aspiramos que sea.

La actual educación para el mercado es simple entrenamiento. Es crear brutos hábiles. Es fabricar en serie algo parecido a las focas de un circo que realizan piruetas mecánicamente a cambio de un pescado. Entrenar exclusivamente o con grosera preeminencia para el trabajo, es un aprendizaje para esclavos: para quienes están condenados a vivir sólo para producir. Es negar la riqueza de la vida humana, es sentenciar a los chilenos a la vacuidad.

Pero además, lo que no es un detalle menor, ese tipo de “educación” es un medio efectivo para facilitar que el Estado siga en manos de los “especialistas”, no de los ciudadanos. Aquellos pueden así continuar gobernando y legislando a favor de los grupos económicos bajo la cantinela del bien común. Pues, una mala educación permite engañar a los ignorantes. Por ejemplo, a principios del siglo XXI se ufanan de la ley que rebaja la jornada laboral, ¡cuando ése fue un logro del movimiento obrero de Europa y Estados Unidos en el siglo XIX!.

El apagón cultural en dictadura fue fruto de una política que buscó banalizar el país para minimizar la posibilidad de pensamiento crítico y distraernos de la realidad: si no había pan, por lo menos de circo no podíamos quejarnos. Actualmente, es resultado de una política nefasta que busca consagrar nuestra vida a la producción que crea riqueza (y no vamos a preguntar para quién)
.

En ese contexto hay que destacar también la responsabilidad de los medios que, en tanto son los actuales referentes masivos, no sólo sostienen la superficialidad sino que la ensalzan y multiplican al punto de dejarnos casi sin otro tipo de oferta. Basta escuchar a esa especie de Corte de los Milagros intelectual que aparece en televisión: novias y amigas de, animadores, modelos, periodistas, actores, cantantes y otros tipos de famosillos. Del mismo modo, una buena
cuota de responsabilidad la tiene parte importante del periodismo que ha rebajado la profesión a nivel de pasatiempo. Han asumido un rol de comparsa del sistema que es un insulto para las pretensiones de ser un cuarto poder.

En ese escenario general el jaguar seguirá siendo porro por mucho tiempo. En verdad, seguirá sin ser jaguar.

(*) Andrés Monares. Antropólogo, profesor en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.
Miércoles, 05 de Enero de 2005 02:52 ;?> No hay comentarios. Comentar.

16/12/2004


LA UNIDAD SUDAMERICANA DESDE CHILE

100lula.gifpor Andrés Monares

El Mostrador
– 14/12/2004

No hará mucho, en un partido de fútbol se enfrentaban uno de nuestros equipos “grandes” con uno argentino del montón. Este dominaba claramente el juego. Desde un sector de las graderías, que dista mucho de ser la de su barra brava, un hincha les gritó molesto: “¡Pobretones!”. La especificidad del “insulto” y su connotación evidente me pareció notable. Una joyita que mostraba nuestra idea de vecindad y cómo nos vemos los chilenos... Lástima que los ricachones, que casualmente están quebrados, hayan terminado perdiendo 2x0...

Mientras, en el Perú, el famoso “sueño bolivariano” ha vuelto a salir a la palestra. No obstante, a estas alturas pareciera que en Chile se le tiene precisamente por un “sueño”. Un mero romanticismo inviable. Aunque el proyecto original del Libertador tenía un ingrediente ideológico-emocional, era de hecho muy práctico: América del Sur debería unirse en un sólo país para equilibrar las relaciones internacionales y para poder negociar de igual a igual con las potencias europeas y Estados Unidos. Los caudillismos, la ceguera, el afán de poder, terminaron con esos sensatos planes. Llevamos casi dos siglos pagando el precio de haber construido pequeños países de un peso insignificante a nivel internacional. Estados separados y hasta enemigos a pesar de que en general —si nos comparamos con la Unión Europea— al menos nos unirían el idioma, experiencias comunes, enemigos comunes y la religión.

Respecto del proyecto comunitario en un diario electrónico aparecían opiniones de lectores de diferentes países del continente. Tras leer unas cuantas, comencé a detenerme sólo en comentarios de chilenos. En su gran mayoría se oponían al plan. No por imposible, sino por indeseable. Sus argumentos olían al mito de la mansión en medio de una población callampa. Casi se podía palpar su aversión a que Chile se rebajara a mezclarse con esa gentecita de piel tan oscura, tan corrupta, de indicadores macroeconómicos tan mediocres cuando no negativos, tan pobres, de democracias tan inestables, tan poco modernos.

Lamentablemente, opiniones de ese tipo y carentes de toda autocrítica nacional no es algo extraño en Chile. En nuestro país de espíritu “nuevo rico” (pero en realidad con pocos ricos), está instalada hace tiempo la firme creencia de que no necesitamos a nuestros vecinos. Lo que se suma al creciente sentimiento de superioridad sobre ellos. De ahí se pueda decir, sin miedo a equivocarse, que es generalizada la opinión de que la unidad suramericana sería un plan que no nos incumbe. Sería algo así como un salvavidas para los fracasados, esos otros que no son exitosos por sí mismos como nosotros.

En ese contexto, no puede ser sorpresa el estudio de Unicef que mostró a un 46% de nuestros niños estima que hay una o más nacionalidades inferiores a la chilena (del total 32% respondió que los peruanos y 30% que los bolivianos). No pocos se preocuparán ante esos juicios. Pero la verdad es que indican la formación que los niños han recibido en sus familias y la escuela. Sus respuestas son reflejo de los patrones culturales del país. Pasada la breve inquietud políticamente correcta por las cifras de Unicef, muchos chilenos de cualquier clase social seguirán usando la palabra “indio” como insulto o etiqueta de inferioridad. Seguirán mirando por sobre el hombro a peruanos y bolivianos, seguirán diciendo que algo chabacano es “tropical” o explicarán la crisis argentina por la corrupción y la flojera transandina. En fin, seguirán saliendo airosos en cualquier comparación a que ellos mismos se sometan con otros suramericanos.

A nivel gubernamental, ante el proyecto comunitario, imaginamos que Chile seguirá expectante. La política de buscar negocios, no aliados, habría dado frutos y muchos... Al menos a ese pequeño grupo que monopoliza la riqueza del país. Para hacer pasable ese “detalle” nos alimentan con un premio de consuelo que se sirve de nuestro sustrato chovinista: somos un ejemplo para el mundo y la envidia de los vecinos. ¡Y funciona! Se ha construido una imagen “país” que ha tenido eco en un número no despreciable de chilenos, dándoles un sentido de unidad y de dignidad. Aunque no puedan acceder a salud decente, a educación superior gratuita o sea un hecho que la mayoría no participa de las ganancias del crecimiento económico, al menos están convencidos de que como “país” están “mejor” y/o como “chilenos” son “mejores” que ese o aquel otro.

(Interesante sería saber qué criterio se usa para determinar nuestra superioridad. Pues, por ejemplo, nuestros gerentes tienen un nivel de comprensión lectora semejante al de un obrero sueco, el porcentaje del PGB destinado a investigación científica es bajísimo, un 60% de los capitalinos no ha leído ni un libro en el último año, estamos entre los países con peor distribución del ingreso del mundo, tenemos un sistema electoral donde el que pierde empata o deportivamente ni hablar).

Me confieso culpable de ser partidario de una unidad basada en la “hermandad”. Sin embargo, también la sigo sosteniendo en las mismas razones prácticas que ya enunció Bolívar en el siglo XIX. Es la sencilla conclusión empírica de que tarde o temprano todos necesitamos amigos, de esos tan cercanos que los consideramos hermanos. Con la salvedad que son hermanos que uno eligió. No es poco para un país pequeño y de poca población poder sumarse a nueve países y conformar una comunidad de más de 17 mil kilómetros cuadrados con unos 380 millones de habitantes.

Para empezar, sería difícil que desde el exterior nos intervinieran, nos presionaran, organizaran golpes y dictaduras en la región. No es poco para quienes algo conocemos la historia de América del Sur alcanzar una verdadera autonomía y fuerza de negociación. Tal unión es del mismo modo atractiva como bloque económico. Más, cuando la megalomanía ataca a los tenderos se olvidan que los clientes lo son sólo hasta que encuentran precios más bajos. Los tecnócratas con su soberbia miopía han de haberse olvidado, a pesar de que se identifican a sí mismos como realistas, que la producción y los negocios necesitan de una base política. Con mayor razón cuando en este mundo globalizado que tanto los fascina, el que no se une a algún bloque político estará perdido.

Un chileno tipo clase media emergente (primera generación con zapatos, como diría alguna señora empingorotada, que hacía todo lo posible porque notaran su nuevo calzado) humillaba cada vez que podía al mozo peruano de un bar santiaguino. Relacionaba su nacionalidad a una mala situación económica. Lástima que él mismo estuviera metido en un bar de medio pelo... Así es Chile. Con una singular y complaciente autopercepción. Convencidos que la cordillera no nos aísla, nos salva. Así es Chile, un poquitín patético.

(*) Antropólogo, profesor en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.
Jueves, 16 de Diciembre de 2004 01:07 ;?> No hay comentarios. Comentar.

15/10/2004


NACIDO EL 4 DE JULIO, NACIDO PARA MATAR

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SOBRE BUSH, KERRY Y EL “DESTINO MANIFIESTO” (*)


Por Andrés Monares Ruiz (**) www.elmostrador.cl

La ilegal invasión y ocupación de Irak llevada a cabo por Bush habría puesto en cuestión su administración. Más allá que su gobierno de hecho esté en cuestión desde lo que a todas luces sería el fraude electoral que lo llevó al poder, parecería un poco ingenuo limitar ese enjuiciamiento sólo a la administración Bush.

Es cierto que Bush ha dado cátedra de cómo ignorar y violar el derecho de las naciones con las mentiras más burdas que últimamente se hayan dado en el concierto internacional; que su indiferencia por las violaciones a los derechos humanos que cometen sus tropas es indignante (y no hablamos sólo de las recientemente publicitadas torturas a prisioneros iraquíes, sino a las que se realizaron y realizan en Afganistán y Guantánamo y al asesinato de cientos, sino miles, de civiles en ambas invasiones y ocupaciones ilegales); y que llega a ser increíble que ni siquiera disimule cómo todas esas barbaridades se llevan a efecto en pro de los intereses económicos de los grupos empresariales de su país. No obstante, ¿es Bush una excepción o un ejemplo más de la ideología nacional estadounidense del Destino Manifiesto que impulsa y legitima ese tipo de acciones?

El Destino Manifiesto es un concepto que, aunque acuñado con posterioridad, nombra una concepción religiosa que en su esencia ha estado vigente desde la colonización puritana (interpretación británica del calvinismo) de los que hoy llamamos Estados Unidos
. Se basa en la doctrina de la elección de ciertos pueblos por Dios y de su consiguiente obligación de materializar Su voluntad de someter a Su ley al mundo y a los no elegidos o condenados. En el transcurso de la historia estadounidense dicho dogma teológico ha tomado expresiones particulares racistas y/o nacionalistas; o, la primaria idea religiosa se sintetizó con ellas. Sin embargo, sea como sea, es evidente su continuidad.

Los llamados Padres Peregrinos llegados en el siglo XVII y sus descendientes directos pretendían fundar la Nueva Jerusalém en el desierto y, como los territorios no estaban precisamente desiertos, no dudaron mucho en exterminar con la venia de su dios a sus ocupantes nativos. Al estructurarse las trece colonias y posteriormente la Unión, la piedad puritana ya estadounidense propiamente tal seguía afirmando la preferencia divina: Thomas Jefferson, uno de los Padres Fundadores, en el siglo XVIII mostraba su convencimiento de que “el pueblo norteamericano era un pueblo elegido, dotado de fuerza y sabiduría superiores”, “la más pura esperanza del mundo”. En el siglo XIX, la continuación del genocidio de las naciones indígenas del país y la anexión de la mitad de lo que era México, también se justificó en ambas cámaras del Congreso y en la prensa expansionista por la urgencia de obedecer el designio bíblico que mandaba hacer fructificar la tierra; la que de seguir en manos de razas inferiores se mantendría infértil. Y, a comienzos del siglo XX, el presidente Wilson afirmaba que los “Estados Unidos poseen el infinito privilegio de realizar su destino y de salvar al mundo”.

Considerando lo anterior, no es raro que en el siglo XXI Bush diga que su país es un “regalo de Dios al mundo”. Y menos extraño cuando aún hoy los niños y jóvenes realizan un juramento a la bandera en las escuelas que afirma que Estados Unidos está regido por Dios (“under God”). Entonces, lo que podría parecer simple populismo presidencial se muestra sincero o, al menos, toma lógica en un país donde aproximadamente un 94% de la población cree en Dios, un 88% que Dios lo ama, donde el 90% reza o donde unos 50 millones de cristianos evangélicos se oponen al plan de paz entre Israel y los palestinos del propio Bush, ya que la entrega a estos últimos de parte de la tierra prometida a los judíos por Jehová retrasaría la segunda venida de Jesús.

El Destino Manifiesto, fruto la “nacionalización” del Dios cristiano en un “dios estadounidense”, es la viga maestra de su mitología religiosa-racial-nacionalista sobre sí mismos. Ahí radica la fuerza espiritual, moral y patriótica que los ha impulsado a guerrear por todo el mundo casi sin pausa durante su nacimiento como república. Si bien es cierto que en los Estados Unidos ha existido y existe un amplio movimiento progresista y laico, la historia demuestra su continua ineficacia para imponer la paz a sus propios gobiernos. Esa general “debilidad” por la guerra no se explica sólo por la conocida ignorancia del pueblo estadounidense, ni por la actual manipulación informativa de que son víctimas. Es un hecho que una mayoría no despreciable de los estadounidenses han apoyado a través del tiempo los actos ilegales, antidemocráticos y atroces de sus sucesivos gobiernos (tanto los cometidos por ellos mismos, como por las naciones, grupos paramilitares y sobretodo las dictaduras “amigas”). De ahí que, como buenos estadounidenses, aquellos sólo les empiecen a molestar cuando les aumentan los impuestos para financiarlos.

Un pueblo que cree sin lugar a dudas en su posición preeminente en el mundo, es obvio que entienda que no puede someterse a las reglas o leyes vigentes para el resto. Por lo que las viola desde su autoconstruida legitimidad mesiánica o asume que posee un marco normativo especial para él. Cuando los “americanos” celebren un nuevo 4 de julio, debemos recordar que si para Monroe América era para los “americanos”, hace rato que el continente les ha quedado estrecho. Los porfiados hechos nos dicen que tenerlos en cuenta no es una histérica exageración antiestadounidense. Esta columna no lleva su título por tratar de cine; sino de historia, actualidad y, pareciera que lamentablemente, de futuro.

(*) El subtitulado es nuestro.
(**) Antropólogo, profesor en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.
Viernes, 15 de Octubre de 2004 21:36 ;?> No hay comentarios. Comentar.

12/10/2004


LOS OTROS SOLDADOS, LOS OLVIDADOS

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Foto: Gral. Carlos Prats


por Andrés Monares Ruiz

El Mostrador – 8 de Octubre de 2004

El último 30 de septiembre el Ejército de Chile rindió homenaje oficial al General Carlos Prats González. Tuvieron que pasar treinta años para ello, por una razón bastante obvia: fue asesinado por la DINA, organismo que dependía directamente de Augusto Pinochet. Los antaño subordinados de Prats, planearon y ejecutaron el asesinato de quien fuera su superior, su camarada de armas, de un miembro de la familia militar (matando también a su esposa). El olvido posterior en que el Ejército lo tuvo no hacía más que resaltar su culpa. Al tiempo que, como otros tantos hechos, esa actitud hizo coherente que lamentablemente se hable con propiedad de un gobierno militar y no de la dictadura de Pinochet.

Mas, el 30 de septiembre el General Cheyre eludió el delicado asunto de quién ordenó matar a Prats y organizó el crimen. Dejando la duda si sus palabras conciliadoras y de homenaje responden a un sentimiento verdadero, pero con una insuficiente autocrítica institucional; o, a una limpieza de imagen que al tiempo deje tranquilos a sectores “duros” del Ejército activos o en retiro (con lo inapropiado y peligroso que sería que un Comandante en Jefe tuviera que hacerlo). De esa forma, respecto al bombazo que quitó la vida lo denominó un “irracional asesinato” y declaró: “El Ejército de Chile rechaza una vez más [sic] la sevicia de los autores de este vil crimen, cuyo ejecutante material y confeso goza de libertad al amparo de una ley extranjera”.

Ese “ejecutante material” es Michael Townley, quien actuó en tanto miembro de la DINA, es decir, como agente del Estado de Chile. Por lo que sólo fue el último eslabón de una cadena que sube por otros militares implicados (algunos altos ex oficiales ya declarados reos en Chile) hasta el jefe de dicha organización criminal: Augusto Pinochet. El silencio de Cheyre respecto a esto respondería, siguiendo sus dichos, a su explícito rechazo a “transformar (...) en villanos a los que hasta hace poco cumplimentábamos”. No obstante, ¿es posible mantener tal actitud y hacerla pasar por legítima cuando esos cumplidos eran para asesinos comprobados?. O sea, ¿su villanía sería supuesta al radicar en meras opiniones tendenciosas? Las miles de fojas de cuantiosos juicios testimonian por sí solas.

En su alocución el actual Comandante en Jefe del Ejército también habló de “cientos de chilenos y chilenas, civiles y militares caídos” fruto de la “irracionalidad” de un período. Pocos podrían hoy no estar de acuerdo en la crisis vivida. Sin embargo, el culpar a una época tiene el problema moral de exculpar a los hechores de crímenes atroces, horribles en sí mismos, en su sistematicidad y ensañamiento. No estamos hablando de cualquier falta, ni de esa falacia de los “excesos” esporádicos de mandos medios. Hablamos de crímenes de lesa humanidad organizados y ejecutados desde el Estado. Tan terribles que no hace falta tener un posgrado en derechos humanos para rechazarlos. Basta la más mínima humanidad para sostener que nadie, piense como piense o haga lo que haga (hasta los mismos torturadores y asesinos de la dictadura), merece ser tratado así.

Uno de esos “militares caídos” es recordado hoy en el Parque por la Paz Villa Grimaldi. Es en ese sitio y no en algún lugar relacionado al Ejército, porque no perdió la vida defendiendo el gobierno de Pinochet. Por el contrario, fue muerto por sus camaradas de armas. Se trata de otro miembro de la familia militar: el Cabo Segundo Carlos Alberto Carrasco Matus. Como tantos otros jóvenes, por simplemente estar cumpliendo su servicio militar en 1973, se vio atrapado por las circunstancias y fue obligado a ser partícipe de delitos.

Carlos Carrasco fue destinado a la DINA y ejerció funciones de guardia en Villa Grimaldi. Dentro de la más extrema y casi inimaginable maldad que se vivía a diario en dicho lugar, él se mostró humanitario con los “prisioneros”. Testimonios indican que al ser sorprendido (¿se puede a alguien “sorprender” por estar “cometiendo” un acto humanitario?) el coronel Marcelo Moren Brito ordenó que, en presencia del resto de los guardias, se le golpeara con cadenas hasta morir. La sádica y brutal lección para esos espectadores, obligados a participar en el asesinato, era que no se aceptarían “traidores”.

El Parque por la Paz Villa Grimaldi, con sus hermosos jardines, es en cierta medida una forma de recordar a la vez que de intentar superar tanta maldad. Cuando lo visité, una sobreviviente de ese horror fue narrando parte de lo que les ocurrió a las cuatro mil quinientas personas que estuvieron allí secuestradas entre 1973 y 1979 (226 de ellas desaparecidas o ejecutadas). Cuatro mil quinientas en la más atroz indefensión ante la cotidiana rutina de vejaciones, arbitrariedades y tormentos, ante la muerte. Cuatro mil quinientas a las que nunca se le formularon oficialmente cargos. En ese relato que se va haciendo en los lugares respectivos del Parque, se pueden llegar a palpar esas abstracciones jurídicas denominadas secuestro, apremios ilegítimos, homicidio.

Esos hechos nos recuerdan que el mal existe. No la mera denominación legal de delito, ni ése de nuestras miserias y mezquindades diarias. Sino el mal con mayúscula, el casi inimaginable. Por eso, me parece que Carlos Carrasco es una muestra real de que hasta en las peores condiciones, en las más difíciles, viles y perversas, la bondad humana puede manifestarse. Aunque incluso llegue a costar la vida por una espantosa muerte. Por eso, tal vez el mejor lugar para recordar a Carrasco y su ejemplo sea justamente la Villa Grimaldi.

Carlos Prats González, con su alta investidura, procuró (mal o bien) contribuir a encontrar una salida pacífica para el país. Carlos Alberto Carrasco Matus, un suboficial convertido en carcelero, trató de paliar con pequeños pero inmensos gestos el sufrimiento de otros seres humanos. Dijo Cheyre en el homenaje al primero refiriéndose a su asesinato y al de su esposa: “nada puede justificar este horrendo crimen (...) sólo una mente turbada pudo concebir que al quitarles la vida los privaría a ambos de sobrevivir a la muerte en el pensamiento de los hombres y sus conciudadanos”.

¿Se referirá así un día algún Comandante en Jefe del Ejército para expresar su homenaje a Carlos Alberto Carrasco Matus y a los otros militares muertos por sus propios compañeros de armas? Por ahora, esa deuda sigue pendiente para con los otros soldados, los olvidados. Esos que tuvieron que callar y actuar contra sus convicciones para salvar su vida, los que perdieron su trabajo, los que sufrieron cárcel, los que fueron asesinados.

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(El discurso del General Cheyre se puede encontrar en www.ejercito.cl; información sobre Villa Grimaldi en www.villagrimaldicorp.cl)
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(*) Antropólogo, profesor en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.
Martes, 12 de Octubre de 2004 00:46 ;?> No hay comentarios. Comentar.

23/09/2004


CARABINEROS A HAITÍ

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SEGURIDAD CIUDADANA Y MARGINALIDAD



Por Andrés Monares (*)

Bajo el argumento que dado el crecimiento del delito en el país era contraproducente el envío de carabineros a Haití, la Alianza por Chile se opuso a la pretensión del gobierno al respecto. Pero, una vez más, ambos sectores mantenían una discusión superficial basada en diferencias aparentes.

Más allá de opiniones y cifras, sería un hecho que la sociedad chilena está enfrentada al crecimiento de los actos delictivos, especialmente los contra la propiedad. Ante ello, la solución solicitada y preferida ha sido la de una mayor presencia policial y el endurecimiento de las penas. Es decir, un enfoque que privilegia la represión. Lo que sigue sin dejar de abordar el problema de fondo: qué ocurre en nuestra sociedad que robar y ponerse al margen de la ley está siendo considerado una opción válida para una cantidad cada vez mayor de personas.

Es evidente que quien roba, como individuo, es libre de elegir hacerlo o no. Pero, tampoco se puede aislar esa elección del contexto en que se toma. Si bien es cierto Chile muestra cifras favorables en lo macroeconómico, en cuanto a alfabetismo o mortalidad infantil, existe también una evidente marginación económica, política y social. Una cantidad no menor de chilenos se encuentran en una situación que se puede denominar de pobreza sin esperanza: ellos y toda su comunidad (su barrio o población) viven en tal grado de marginalidad que no esperan una salida ni siquiera a mediano plazo. Así, es válido pensar que si cumpliendo las reglas jamás mejoraré mi condición, por qué no “ir por lo mío” (como se dice en el ambiente delictual). De ahí que parezca coherente que se explique el robo como una forma de redistribución violenta.

Es claro que sería difícil que el gobierno acepte esa realidad, pues no pondrá en entredicho su propia gestión (ni la de los dos gobiernos concertacionistas anteriores). Por su parte, la Alianza tampoco criticaría las “externalidades negativas” de su modelo. Pareciera que habrá que seguir esperando que el crecimiento económico dé sus frutos, Y, aunque desde el siglo XVIII aún esperamos el chorreo, tendremos que seguir prendiendo velas a la animita de Adam Smith...

En tanto el sistema socioeconómico siga dejando fuera del “banquete de la naturaleza” a la mayoría de nuestros compatriotas, para usar los términos con que Robert Malthus explicaba lo correcto e inexorable de esa situación a su amigo David Ricardo, da lo mismo cuántos carabineros envíen a Haití. Sin embargo, ya no estamos en el siglo XIX y ha pasado mucha agua bajo el puente de la política y los derechos humanos desde esa fecha. Pero aún así, ambas coaliciones mantienen el discurso de la represión. No se convencen que la búsqueda populista de votos nunca ha sido una guía confiable para la acción política, ni ha producido resultados duraderos. La enfermedad nunca se ha sanado por combatir los síntomas.

(*) Antropólogo, profesor en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.
Jueves, 23 de Septiembre de 2004 16:55 ;?> No hay comentarios. Comentar.

21/09/2004


"MES DE LA PATRIA"

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PATRIOTISMO MILITARIZADO VERSUS PATRIOTISMO REPUBLICANO



por Andrés Monares(*)

Elmostrador.cl - Septiembre de 2004

Septiembre, “Mes de la Patria” fue también nombrado el “Mes del Ejército”. No es casual esa conjunción realizada en dictadura. Se puede decir que dentro del mito nacionalista que cada país elabora de sí mismo, el nuestro dio lugar central a las Fuerzas Armadas y al militarismo, identificado principalmente en el Ejército. Quizás por haber nacido de una guerra de independencia el mensaje haya querido ser que somos libres a la fuerza y por nuestro esfuerzo (San Martín es una nebulosa ante el resplandor enceguecedor de O’Higgins). Esa “Patria” que se nos muestra desde pequeños se hizo por la razón o la fuerza. Y se ha preferido realzar lo bien que lo hacemos con la fuerza cuando además, según nosotros, tenemos la razón.

Luego, la dictadura terminó de conformar el mito de los “guerreros” al autoafirmarse las Fuerzas Armadas como una institución “permanente” de la “Patria”. Por sus virtudes ahora patriótico-institucionales, apoyadas siempre en sus armas, se transformaron en “garantes de la institucionalidad”. No bastaba ser los protagonistas de la historia, algo tal vez demasiado metafísico. Era necesario a su vez actualizar esa beligerancia políticamente, mantenerla en el tiempo y, claro está, ejercerla. El Ejército vencedor jamás vencido y su poder quedaban cristalizados para la eternidad.

Pero, nos parece que en este mito patriótico chileno falta algo imprescindible: la ciudadanía. Es decir, dentro del nacionalismo que todo país desarrolla y requiere, esa idea de “Patria” debe tener algún contenido, debe significar algo. Encarnar, en el más pleno sentido del término, a alguien. De no ser así, se lo termina identificando con meros símbolos. Necesarios sin duda, aunque insuficientes y hasta peligrosos en ciertos contextos con tintes fascistas.

Bien lo sabemos en Chile donde los crímenes perpetrados durante la dictadura muestran el riesgo de un nacionalismo simbólico marcadamente militarizado-no republicano. “Juro por Dios y por nuestra bandera servir siempre y fielmente a mi Patria”... Si hasta el día de hoy juran a la bandera, símbolo del patriotismo militarizado, y no a la República o a la Constitución (que ojalá sea algún día democrática), ¿podíamos esperar otra cosa?

Después del Golpe los militares se definieron como salvadores de la “Patria” y salvadores a lo militar: profesionales de la guerra. Su “Patria” es abstracta, eterna, fuera de toda contingencia temporal y social. Se diría que tiene glorificadores y no habitantes; como el Dios cristiano está fuera del mundo por lo que hay que alabarla buscando específicos atributos visibles en el mundo: la bandera, el ejército, el territorio. Esa “Patria” está por sobre los ciudadanos. Estos, por tanto, son parte del paisaje o un medio y no un fin. El fin último es esa “Patria”. Así, los crímenes se definieron como necesidad y los criminales como soldados patriotas. Tanto odio desatado, tanta maldad no fue pura pasión. Fue una misión.

Hechos tan terribles nos deberían hacer preguntarnos si a la fecha ha cambiado esa ideología patriótica en los uniformados. ¿Sabe Ud. qué contenidos se les enseña a los militares, qué ideología se les inculca? En ese plano, sus prerrogativas y autonomía legalmente estatuida pasa a ser si no un peligro, al menos una variable preocupante (¡si por el 10% de las ganancias del cobre que tienen asegurados ya ni siquiera podemos decir que nuestros impuestos pagan sus sueldos!). Dado en lo que se vieron implicados por acción u omisión y aún siguen legitimando por acción u omisión, ¿no son esos urgentes problemas de una democracia? El hecho mismo que sea “tutelada”, como expone Felipe Portales, ¿no es una consecuencia de su concepción patriótica?

Todo nacionalismo puede llegar a desarrollar un cierto tufillo fascista. Lo que no implica necesariamente que siempre la autoafirmación de un país deba pasar por la denigración o por la demonización de algún otro. Y ese tufillo tampoco tiene que desembocar irremediablemente en dictaduras. ¿Alguien se imagina al ejército holandés o sueco tomándose el poder? Es más, el ejército de los Estados Unidos, tal vez el ejemplo arquetípico de una actitud democrático-fascista (disculpen el término, pero lo creo adecuado), ¿daría un golpe de estado? Ha realizado y realiza crímenes en el exterior, mas siempre en nombre de su república, la democracia y la libertad... y con la aprobación de la mayoría de sus ciudadanos.

Se reconoce que el patriotismo republicano, también puede ser otro mito más. Sin embargo, su punto a favor es que tiene bases empíricas: los ciudadanos. No es una construcción mitológica absolutamente emocional e ideal, que por su naturaleza debe representarse en una historia (falsa o no), una bandera, un territorio y en una institución “permanente” de la “Patria”. Lo único permanente de una República, y de hecho lo que hace a una República, son sus ciudadanos. Lo cual tiene por resultado un nacionalismo encarnado, un patriotismo “empírico”. Un sentimiento de un “nosotros” que en verdad representa a un “nosotros”: los ciudadanos que fuimos en el pasado, los que somos ahora y los que seremos a futuro. Los que ciertamente vivimos en un territorio y tenemos una bandera, pero que en primer lugar y por esencia conformamos un Estado dada nuestra ciudadanía.

A muchos de los que vivieron la dictadura en el lado de los “antipatriotas” (malvados antípodas de esos otros “chilenos con el corazón bien puesto”), el patriotismo les huele mal. Me parece que eso es otra de las cargas dejadas por la dictadura. Patriotismo y nacionalismo no son sinónimo irremediable de fascismo, de expansionismo, de militarismo, de xenofobia. No tiene porqué ser negativo, ni patrimonio exclusivo de los uniformados. Es parte de la vida republicana. Justamente, la idea es fomentar el patriotismo republicano, ese que nos identifica como ciudadanos de una democracia y de donde se deriva el ejercicio de la ciudadanía que haría de Chile algo más que una especie de hotel donde simplemente vivimos.

Dentro de una institucionalidad republicana y del tipo de patriotismo que se debería fomentar en ella, las Fuerzas Armadas tendrían que tener un rol constitucionalmente acotado por el republicanismo y acorde a él. Tendrían el alto honor de que el soberano, el pueblo, les conceda el monopolio de la fuerza para proteger a la República y a sus compatriotas. De lo cual se deriva que su honor y republicanismo es tal, que aceptan la subordinación aún teniendo el poder que tienen.
De esa forma, creemos que consolidaríamos unas Fuerzas Armadas republicanas, que nunca más se transformarían por acción u omisión en partido político o montonera de un dictador. Esas Fuerzas Armadas de verdad serían de todos los chilenos, porque como cualquier otro ciudadano serían parte de la República y no un compartimento estanco ni una amenaza. Y al ser parte de la República serían garantes de la institucionalidad al igual que los otros ciudadanos.

(*) Antropólogo, profesor en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.
Martes, 21 de Septiembre de 2004 16:59 ;?> No hay comentarios. Comentar.

09/09/2004


CRIMINAL QUE GUARDA, SIEMPRE TIENE

aupinochet.jpgPor Andrés Monares (*)

El Mostrador – Julio de 2004

Augusto Pinochet tenía una millonaria cuenta secreta y bajo un nombre falso en un banco de Estados Unidos. Una cuenta, en un banco: ¿dónde estarán las demás?

Su espíritu de ahorro ya lo había dejado en evidencia al celebrar la ocurrencia de enterrar dos cuerpos por fosa. Aunque uno tendería a pensar, quizás con un exceso de malicia, que esa cantidad de dinero no se acumula guardando monedas en un frasco, ni por la asidua asistencia y suerte en los bingos de los regimientos en que estuvo destacado... Desde ya todos sabemos que esos millones no los tenía con anterioridad a 1973 y que posterior a esa fecha es imposible que sus salarios le permitieran una capacidad de ahorro de esa magnitud. O sea, una vez más quedaría en evidencia la relación de Pinochet a un asunto oscuro. El cual por su naturaleza, sin forzar mucho la imaginación, nos lleva a concluir que corresponde a otro delito que viene a sumarse a su prontuario.

El sólo hecho de tener una cuenta secreta con tal cantidad de dinero es impresentable e inexplicable. Recordemos a sus patrióticos adherentes incondicionales haciendo campañas para reunir dinero a fin de pagar la defensa en Londres. La propaganda nos mostraba a un anciano agobiado y clamaba su indefensión económica, ¡mientras en verdad es un millonario! Vaya decepción ser no sólo engañado, sino esquilmado por el propio admirado líder. A su vez, quedó hecho añicos el muy cuestionable orgullo sostenido por los adherentes de la dictadura, de ser el único “gobierno autoritario” no corrupto de América Latina.

Entonces, si el “Primer Infante de la Patria” parece que no era tan desinteresado, qué queda para sus subalternos uniformados. Aún en democracia tuvimos la ocasión de presenciar ejemplos claros y graves: el ejercicio de enlace y el boinazo. En ellos, todo el Ejército fue usado para chantajear a la civilidad y sus mandos se hicieron cómplices no sólo de sedición, sino del abiertamente luctuoso asunto de los cheques que el padre ordenó pagar al hijo de modo irregular. No había guerra, estábamos en democracia, donde a nadie se le fusila por desobedecer una orden; y, aún así, no se tienen noticias de que algún oficial haya desobedecido esas órdenes. Por su parte, tal como en los tiempos de la dictadura, la Alianza por Chile poco o nada dijo de los irregulares pagos ni de los actos sediciosos para protegerlos. ¡Para ellos nunca estuvo en peligro el estado de derecho! (aunque en honor a la verdad, este argumento también se escuchó en la Concertación).

Dichos acontecimientos no sólo dejan en evidencia la debilidad de los gobiernos de la Concertación (que si desmovilizó a la ciudadanía, mal podía esperar tener apoyo popular ante hechos de esa calaña; aunque tampoco lo pidió), sino una sospechosa unidad para apoyar a Pinochet incluso más allá de lo político. Decimos sospechosa, porque la coherencia ideológica a la que respondería dicho consenso, puede esconder la autoprotección de los involucrados en hechos ilícitos. ¿O vamos a creer que sólo Pinochet tiene cuentas secretas y que él solo consiguió la plata e hizo los trámites para abrir las cuentas? ¡Por favor! Es obvio que deberían haber cómplices para hacerse del dinero y abrirlas; y, es más que probable que recibieron pagos por tan delicados servicios. Todo hace ver que se estaría en presencia de una asociación ilícita que podría implicar a funcionarios de la dictadura tanto civiles como uniformados.

La propia cuenta bancaria en cuestión y la suspicacia sobre militares involucrados, nos lleva a preguntarnos sobre la reacción del Ejército. Es parte del honor militar no criticar a quienes fueron sus superiores y para más encima si lo nombraron “Benemérito”. No obstante, ¿no habremos llegado al límite? La muerte puede entenderse que sea legitimada entre uniformados (de hecho lo fueron asesinatos ilegales, alevosos y cobardes), ¿pero también la corrupción lo será? Creo que una mayoría esperamos que no. Que además se dé el decisivo paso de buscar y expulsar a los posibles cómplices que aún puedan haber entre las filas. Y que se rechace oficialmente a los que ya están en retiro.

Pareciera el momento de recuperar el honor, la cordura, la probidad y sentar definitivamente con fuerza el republicanismo en el Ejército y, aprovechando, en las otras instituciones armadas. Por las características del hallazgo de la (por ahora única) millonaria cuenta, ni siquiera debería despertar críticas al interior de las filas... Quizás hasta sea un alivio para los uniformados no sólo democráticos, sino simplemente decentes. Mas, la “monolítica unidad” del Ejercicio de Enlace y el Boinazo nos hace mantener la duda.

En lo legal, imaginamos (se usa esta palabra con plena intención, pues estamos en Chile) que alguna institución del estado se encargará de develar este caso, que desde el más mínimo sentido común hace pensar en corrupción. Alguien tendrá que averiguar de dónde salieron los dólares. Una comisión investigadora del Senado estadounidense y la propia CIA tendrían más información; puntualmente se dice que Pinochet, sus hijos y miembros de su gobierno estarían relacionados al tráfico de armas. Aunque, tampoco se puede dejar tener en cuenta posibles desvíos de fondos, estafas o coimas; es decir, actos que perjudicaron al Estado de Chile y por ende a todo su pueblo. Los Tribunales deberían procesar y castigar a los responsables. En plural, se insiste. Pues algo así no se hace solo, sino con cómplices por acción u omisión.

Por último, quisiera dejar un apunte. No creo que alguien pueda decir sinceramente que la noticia lo tomó por sorpresa. No sólo por la calidad moral del personaje, sino por cuestiones totalmente obvias. Por ejemplo, ¿es que no es sospechoso que Pinochet posea y mantenga al menos 5 propiedades de alto costo (Melocotón, Bucalemu, La Dehesa, Viña e Iquique) con su sueldo de militar, de jefe de estado, de senador vitalicio y luego con su pensión? Ya era un asunto demasiado notorio, que sin embargo nadie con responsabilidades públicas se molestaba en hacer notar y menos en investigar. ¿El silencio se debió a miedo, simple desidia o a los acuerdos secretos de la transición? Habrá que averiguarlo. Pero en un estado de derecho alguien tiene responsabilidad política por acción u omisión.

* Andrés Monares es antropólogo y profesor en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.
Jueves, 09 de Septiembre de 2004 17:03 ;?> No hay comentarios. Comentar.


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