Guiomar Cuesta Escobar (Medellín, 1950), poeta y miembro correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua, Bogotá, 2004, visitó Chile a fines del 2005, para participar en un encuentro internacional de escritores realizado por la Corporación Cultural de Chañaral, organizado por el escritor Omar Monroy, y la Universidad de Atacama, Copiapó.
Autora de “Mujer América” (1978); “Cábala: Círculo madre tierra” (1989); “Bosque de metáforas” (1991); “Desde nunca” (1995); “”Ceremonia del amor” (1995); “Doble sonoro” (1996); “Amantes de la lluvia” (1996); “Maderadentro” (1997); “Jaramaga” (2001); “ Fuego cruzado” (2002); Huracán de luz” (2004); “Concierto de amor a dos voces” (2005), en colaboración con Alfredo Ocampo Zamorano.
Guiomar Cuesta obtuvo el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe “Gabriela Mistral” como homenaje a su vida y obra y publicada en París por “Cóte-Femmes”, Editores. Es Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad Javeriana de Bogotá en 1977.
SELECCIÓN DE POEMAS
AL PIE DE TU POEMA
Cuántas veces
Siendo aún muy niña Contuve el aliento Descendí en la oscuridad Hacia una remota memoria
De océanos y batallas
Reconocí La presencia De tu amor Fuerza incontenible En tu palabra
Antes de ti Un monstruo sin cabeza Me dejaba tendida En medio del bosque Como si de nada valieran Mi voz y mi esperanza
Oscuridad vencida Visión en púrpura y oro A las puertas de la muerte.
ÁRBOL ETERNO
“La música nos sacia cuando el cuerpo en río transparente de pupilas hace del otro cuerpo un solo cuerpo” Alfredo Ocampo Zamorano
…hacia la tarde del amor, completa, con la rosa de fuego, en vuestra mano” Antonio Machado
Mi árbol se ahonda
En tu palabra Raíz por la tarde Soledad de un ayer En el poema
Voy Por un río transparente A tu pupila
La tarde se hace amor Violín de fuego Entre las manos
Latitudes siderales Del espíritu
Eternidad Clímax de esta pasión.
HOJA TRAS HOJA
El océano ha derrotado
La penumbra Ahora nacen las mañanas Preñadas de palabras
El sol tiñe las playas Y la fuerza de su marea Sobre el árbol Arroja jacintos A este nuevo verano
Arranco -fallidos intentos- hoja tras hoja de mi pasado
Un sol templario Nos azoga Plenitud del deseo
El paisaje se devora Las ventanas -verde en la borrasca de otros Andes- que nos trae al galope por sus indomables nieves
Rudo incendio -cóndores en pleno vuelo- sol entre los muslos amantes que viven este otro diluvio.
SOL DE MEDIANOCHE
Zarpé sin rumbo
Hacia lejanas Y vastas regiones Tengo la edad De los glaciares Del Artico Depuré los límites Viví de los secretos Que iluminan los cristales Lágrimas que me deshicieron Hilo a hilo Avida por fuera Y desolada por dentro La palabra se congeló en el aire Escapó llevada por el tornado Se acrisoló al fuego Y me aferré a esa antorcha Que jamás se extingue Sol de medianoche.
Gloria Mendoza Borda, nacida en Puno, 1948 (Perú), estudió Letras en la Universidad San Antonio Abad de Cusco y Educación en la Universidad San Cristóbal de Huamanga. Poeta desde temprana edad, perteneció al Grupo Carlos Oquendo de Amat, de Puno. Ha publicado poemas y ensayos en distintos periódicos y revistas del Perú y ha sido expositora en eventos literarios realizados en Uruguay, Chile, Puerto Rico y en distintas universidades peruanas. Ha Editado los siguientes libros de poesía: “Wilayar” (Cusco, 1971); “Los grillos tomaron tu cimbre” (Cusco, 1972); “Lugares que tus ojos ignoran” (Estados Unidos, 1985); “El legendario lobo” (Lima, 1997); “La danza de las balsas” (Lima, 1998); “Dulce naranja dulce luna” (Lima, 2001). Actualmente es profesora en la Escuela Superior de Arte Carlos Baca Flor, de Arequipa. Visitó Chile en el marco del X Encuentro Internacional de Escritores realizado en Chañaral y en la Universidad de Atacama, Copiapó, en el mes de noviembre del presente año.
He aquí uno de sus poemas:
LAS EMBARCACIONES DE EPIFANÍA SUAÑA
El agua es el espejo de nuestra conciencia. Yasuko Notoy Naito (Chile)
Mi nombre es Epifanía Suaña con los años mi nombre crece en el agua mi nombre está poblado de manzanilla danza de peces y olas el legendario Titicaca enmascaró mi rostro el agua guarda mi nombre junto a los helechos en la límpida orilla de Puerto Puquis en las pequeñas embarcaciones que atravesaron mi infancia el río serpiente y ave retiene mi nombre en el susurro de los eucaliptos soy Epifanía Suaña venida de Puerto Puquis una kantuta profunda alegra mi camino busqué mi nombre en el trébol el frío quemó mis trenzas mis manos son balsas de agua dulce catarata señala días especiales el recuerdo wala wala de madre y niño esculpidos en piedra compuerta de Ayabacas mi nombre gira en la paja brava mi nombre piedra eterna en el lago en los putucos que cobijaron mi adolescencia para seguir viviendo no basta el presente hoy en la urbe la lejana brisa enciende llamas en mis ojos carajo soy Epifanía Suaña venida de Puerto Puquis.
de Roberto Contreras Olivares (Mosquito Comunicaciones, Santiago, 2005)
(El disfrute de esas mañanas)
Por Stella Díaz Varín
Presentación de Aristóteles España
Santiago, diciembre de 2005
Muy presente en la memoria está el disfrute de esas mañanas recién amanecidas recién amanecidas cuando el estudiante de secundaria entonces, interrumpía mi trabajo escritural de periodista free lance destinado al entretenimiento de un matutino local.
Confieso que esperaba su llegada con no poco interés porque su visita significaba mi desayuno como cosa segura. Alicia, su madre y mi amiga de tantos años, se encargaba de que así fuera.
Hermosa la compañía, esa cálida amistad enriquecía mi soledad. Por algunos momentos cesaba el estrépito de mi arcaica máquina de escribir, mientras, entre sorbo y sorbo de café –del verdadero-, Roberto ordenaba las cuartillas centimetradas que yo por la urgencia, siempre amenazante, desparramaba sobre la mesa.
Con paciencia admirable el joven poeta esperaba hasta que la última página pusiera fin al artículo, al cuento semanal, a la columna, para que, con gran timidez, se atreviera a entregarme su último poema.
Así, de manera mágica fueron sumándose diariamente sus reflexiones, sus inquietudes adolescentes, el deseo imperioso por llegar al encuentro con el verbo y su comunión definitiva, hasta confirmar su lugar en el territorio del sueño.
Un buen día hablé con Alicia y le conté, entusiasmada, sobre la afición y sensibilidad de mi amigo. Ella ya lo sabía.
-Estoy más que feliz – me dijo-, aunque algo inquieta ya que su padre se empeña en que se dedique por entero a sus estudios de leyes. Tú me comprendes –agregó- él quiere lo mejor para su hijo. Quién más que tú conoce la incertidumbre y la difícil vida de los poetas.
Y pasaron los años. Dejamos de vernos con el joven poeta. Eran tiempos oscuros y destemplados. Cada cual habitando su propio nicho. Terminados sus estudios, Alicia vino a verme. Quería hacerle un regalo a su hijo.
-Debemos darle una sorpresa- me dijo con entusiasmo-: Publicar sus poemas y que escribas algo.
Sin embargo, sus deseos se postergaron. Otra vez el tiempo, inmanejable, tirano e insensible…
Ahora, cuando su ternura, la magia de su amistad generosa la conservamos en el recuerdo por que ella se nos ha ido de nuestro lado, es su hijo quien le regala su palabra florecida.
Los espacios del sueño son recurrentes en la poesía de Roberto Contreras. En realidad un permanente tono onírico se adueña de la escritura. La vaguedad de las metáforas finamente construidas nos conducen a una vigilia reflexiva.
Pero también hay una certeza en el decir que imprime fuerza a las imágenes. La voz de este poeta pretende la unicidad tan poco frecuente en la obra primaria de las jóvenes generaciones.
Esperamos de las realidades vitales incentivos que permitan a los hombres seguir soñando.
Roberto Contreras Olivares (Santiago, 1954), cursó estudios secundarios en el Liceo José Victorino Lastarria, y estudió Derecho en la Universidad Católica de Valparaíso. Se recibió de abogado en 1987. Fue premiado en el concurso de poesía “El hombre y el mar” organizado por la Federación de Estudiantes de dicha Casa de Estudios. Actualmente es Ministro de la Corte de Apelaciones de San Miguel, Santiago.
Stella Díaz Varín, (Agosto de 1924) es una de las más importantes poetas de Chile y Latinoamérica. Autora de “Razón de mi ser” (1949); “Sinfonía del hombre fósil (1953); “Tiempo, medida imaginaria” (1959); “Los dones previsible” (Premio Pedro de Oña, 1987); “La arenera” (1993); “De cuerpo presente” (1999). Traducida a varios idiomas, acaba de ser editada en La Habana en una Colección de Clásicos de la Poesía Contemporánea.
Domingo, 11 de Diciembre de 2005 18:44 Autor: aonike. ;?> No hay comentarios. Comentar.
HUELLA E IMPRESIONES SOBRE LAS PALABRAS DE UN POETA DE LENGUAJE MAYOR
Palabras del escritor Gregorio Angelcos en la presentación del libro “La Entera Noche Llena” de Aristóteles España.
Este poemario da cuenta de los ritmos y los tiempos de conciencia de un poeta que se vincula con la realidad desde su naturaleza humana más profunda y más intensa. En un tiempo donde se privilegia y se recrea el vacío, resplandecen con potencia las imágenes expresadas simbólicamente a través del lenguaje como género mayor, y las palabras como expresión particular de una dimensión existencial, y por tanto, en una atmósfera de filosofía y causa, por una parte; y de creación artística vinculada al valor de lo estético, de lo crítico, de lo político, por otra, y de la vocación a veces consciente y en otras espontáneas, como provenientes de su esencialidad más íntima, de un aprecio premeditado por los valores que sustentan los principios de una necesidad de vida con mayor intención y aprecio por lo humano como imperativo categórico.
Una visión de la vida que no evade la problemática que subyace como subtextos, latente entre los vericuetos alienantes de una modernidad materialista, alienada por los objetos que nutren las debilidades y las vanidades de nuestro tránsito cotidiano por una ciudad que nos propone una ceguera y una esterilidad frente al asombro y de que paso nos invita a castrar nuestras propias emociones.
Aquí la materia predominante es el hombre, un hombre que sintetiza las contradicciones de una interacción homogénea y pálida de otros hombres con sus propias crisis. La realidad para Aristóteles España no es una anécdota que transcurre de manera efímera por su piel ni menos por su percepción sensible de los datos que procesa fotográficamente y archiva en su imaginario, para luego reinventarlos como dilemas en sus poemas.
El tiempo real del poeta no es el tiempo objetivo, nada es cronológico y desechable porque es capaz de trascender al olvido, la desmemoria no existe, curiosa pero atractiva paradoja. Es parte de una acción vital.
Tiempo y espacio específicos son atrapados por su observación de los acontecimientos, captando cada uno de los detalles con el rigor artístico de una pintura de Cezanne;entonces reconstruye los escenarios de la muerte, los sabores agrios y ácidos del desamor, la subcultura patética y traidora de la política que conspira desde los salones de las oligarquías para hacernos sentir el peso de la noche. Una noche que nos conmueve por sus misterios más sórdidos, que penetra en nuestro inconsciente colectivo y que paraliza nuestro inconsciente personal con la presencia del miedo.
“LA ENTERA NOCHE LLENA” desentraña aspectos que develan la personalidad de un poeta intransigente y en estado de vigilia constante, ningún segundo está destinado a la distracción paisajística, o a uno que otro vericueto decorativo. Y aunque nada le es indiferente, a través de sus versos se expresan con una fuerza antropocéntrica: el dolor, el odio, la nostalgia, el deseo contenido, el rechazo a ciertas obviedades y a la intrascendencia como estilo de vida.
Cuando España alza su voz poética lo hace con decisión, con convicción, por instinto, haciendo uso íntegro de su naturaleza animal, pero al mismo tiempo por su naturaleza racional, y por su condición emotiva y su sólida condición poética. Se conjugan en estos versos, el nervio agudo y la sangre que circula a exceso de velocidad por sus venas, y que le insufla el corazón hasta convertirlo en una metáfora dispuesta a explotar por todos sus sentidos.
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El resultado de este proceso es simplemente el nacimiento de un nuevo poema que proyecta una verdad en torno a un hecho o una circunstancia imperecedera en su lógica, y permanente y viva en el universo de los textos y los conceptos, visible y sustancial entre tanto contexto y lenguaje muerto desde la insuficiencia de su propio origen.
Visión, olfato, audición y papilas gustativas forman parte de la multidimensióncon que aprehende el poeta los sucesos y los excesos de la conducta humana en períodos de lahistoria y o en su dinámica cotidiana. Luego aparece el talento y su dominio para transformarlo en creación. En palabras sencillas Aristóteles España se la puede, y dada la calidad de su obra podemos afirmar con certeza que estamos frente a uno de los poetas más sobresalientes de su generación.
OTRA COSA ES CON GUITARRA
Entre los múltiples mitos urbanos que circulan entre el imaginario popular se hace referencia principalmente a tres. “la bandera chilena es la más hermosa del mundo”; “luego viene “el himno nacional que tiene similar calificación” y finalmente: “Chile, tierra de poetas”. Bajo esta última premisa se vienen atrincherando un sinnúmero de francotiradores que de un día para otro, compran un lápiz de pasta importado de Taiwán y rescatando las hojas de un cuaderno de matemáticas o de otra materia de enseñanza que quedaron vacías, se atreven a perpetrar la herejía de escribir un poema, luego viene otro, y así se inicia el ambicioso camino para proveerse de una cierta identidad. Después de un breve recorrido se presentan ante los demás con un cierto aire de superioridad, enfatizando su condición de poeta. A partir de ese instante deterioran la imagen histórica que la sociedad tiene de sus vates, contribuyendo con su presencia a la creación en serie, como si la poesía se tratase de otro producto de consumo que se vende en los supermercados. Libros editados por herejes que entendiendo que su proyecto es el negocio editorial, publican y publican una especie de escoria literaria que no resiste ni el más mínimo control de calidad, pero que sin embargo deambula y vegeta entre eventos, recitales, o cualquier otro espacio donde se intente afectar la honorabilidad de una poesía sólida y bien estructurada. Por esta razón y dado que no es posible instalar la censura para evitar la reproducción de lugares comunes escritos en versos, es necesario diferenciar entre poetas con minúscula y poetas con mayúscula, poetas y poetitas, o hablante líricos y hablantes cínicos disfrazados de poetas.
Regresando a Aristóteles España y a su libro “LA ENTERA NOCHE LLENA” es necesario agregar que su poesía está diseñada con una gran solidez estructural, porquesi bien es cierto que, se trata de una poesía que evade las convenciones y normas de la poesía tradicional, hay detrás del verso una fonética de un ritmo dinámico, fluido, que permite que el lector se desplace con su vista y aprecie el sonido inaudible pero receptivo, en el silencio de la lectura personal.
Otro concepto que la caracteriza es el de la originalidad de sus imágenes poéticas, con frecuencia encontramos versos inéditos, propios de la imaginación y sensibilidad artística del autor, y es grato aceptar que no especula con las palabras, siempre el texto tiene una clara coherencia dentro de la libertad con la que se construye una catedral poética, o un pan amasado con las manos y la sabiduría de una mujer campesina.
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Están siempre presente los olores y los sabores, y la solemnidad de un templo que nos invita a la meditación y al respeto telúrico. Del poema “Detalles de la decadencia” cito algunos versos sueltos, que perfectamente podrían constituirse en otra unidad poética, porque estos poemas permiten la articulación de nuevos contextos, lo que los hace gravitantes independientemente del ordenamiento vital con que los estructuró el autor.
“Es el tiempo de los espejos que caminan / es el tiempo de la utopías escondidas en el armario / el tiempo de los ejércitos sin hipótesis ni balas / el de los cristos hechos a la medida del paciente”.
Los primeros tres versos corresponden al inicios de tres estrofas de “Detalles de la decadencia” y el último cierra el poema propiamente tal;sin embargo, podrían perfectamente constituir, como lo señalaba, un nuevo texto, que además se destaca por la certeza y enigma de algunas de susimágenes.
¿Por qué“es el tiempo de los espejos que caminan o el tiempo de los ejércitos sin hipótesis ni balas?”. Compleja pero atractiva misión de los lectores inteligentes que les interese descifrar el misterio de lo que a veces el poeta dicesin decir.
Finalmente, es imprescindible e ineludible hacer mención de las ideas expuestas a través de sus poemas por el autor. Hay peso en su argumentación poética, sólidos conocimientos y una cultura sustentada en sus estudios y lecturas sistemáticas, una aprehensión de la historia del país, un bagaje de experiencias vividas al límite y que van desde sus propios dolores, cárceles, exilio, hasta sus propias decepciones, desamor, desencanto, desprecio y a veces odio; sin embargo, todo este poemario está atravesado por una constante, el optimismo y la proyección marcada con amor en su destino venidero.
Página 9, un verso breve, sencillo, que completa su hemisferio masculino: “Para Mylene, el amor, el agua, los tiempos que vienen”.
Miércoles, 23 de Noviembre de 2005 21:24 ;?> Hay 2 comentarios.
Incapaz de ocultar su malestar, el ofuscado taxista alcanzó el teléfono a su colega aquella brillante mañana de primavera:
"¡Otra llamá pa’ vos Alfonso... la tercera de esta mañana! ¡Esto ya parece carrera’e botes...!"
"Gracias turco... ¡no te enojís puh hue’on...!
Alfonso Parra Donoso llevaba más de tres años como propietario de un moderno taxi que operaba en el paradero de la "Plaza Condell" en el puerto nortino de Iquique. En poco más de cinco meses y medio terminaría de pagarlo. La vida había sido difícil y dura para el joven taxista, especialmente durante los primeros años cuando era un simple chofer. Entonces había trabajado largas horas ganando un sueldo escaso que apenas le permitía mantener a su joven mujer y a un hijo recién nacido. En algunas oportunidades se vio obligado a hacer algunos negocios ilícitos envolviendo "coca". Tenía que mantener a su familia de alguna manera.
Gracias a su habilidad para administrar su escaso ingreso, después de poco más de cinco años adquirió un coche nuevo. Algunos parientes avalaron el préstamo y se endeudó "hasta los huesos", jugándose entero en la inversión de su taxi nuevo. Felizmente para Alfonso y los suyos todo resultó bien.
Sus primeros años como dueño de taxi fueron difíciles, pero últimamente las cosas marchaban mucho mejor y resultarían mejor aún una vez que su auto estuviese pagado. Durante el último año, había logrado ahorrar suficiente dinero para pagar la cuota inicial de una casita y por el momento el saldo de su cuenta de ahorro seguía aumentando. Parecía que la vida tomaría un vuelco positivo para el esforzado Alfonso. Se lo merecía pues era trabajador, excelente marido y padre; no tenía vicios. Las mujeres habían sido siempre su única debilidad pero desde que su esposa se enteró de su último idilio, Alfonso cambió por completo al comprobar cuanto había herido a su fiel compañera. Aún joven a los treinta años, el futuro de Alfonso se avistaba muy prometedor. Su sueño era adquirir dos o tres taxis nuevos y entonces no tendría que manejar, solamente administrarlos.
"Chao m’hijito... que le vaya bien. Cuídese mucho mire que no sé por qué he estado nerviosa todo el día... tuve un sueño tan re’feo..."
"No se preocupe m’hija... ¿qué puede pasar? No piense así," despidiéndose con un beso.
Contento, ese día de primavera, Alfonso fue a pagar la patente de su taxi. También fue a mirar unos neumáticos nuevos a la "Importadora Tassara". Aunque todavía no necesitaba los neumáticos, Alfonso prefería anticiparse a cualquier situación. Era cauteloso en especial tratándose de su carro. Después de todo, el taxi era el que ponía el pan en la mesa y la razón de todo el progreso que él y su familia empezaban a disfrutar.
"Cuando quieras te doy los neumáticos, tú sabes que aquí tienes las puertas abiertas...," le aseguró el dueño.
"Gracias Tito, te pasaste..."
Astuto para el negocio, Alfonso distribuía tarjetas de negocio entre sus clientes. En ellas, además de su nombre y los teléfonos de su casa y del paradero, incluía un atractivo descuento. De esa forma había conseguido muchos viajes fuera de la ciudad. A fin de conseguirlos, a veces no le cobraba a algunos clientes claves. En la gran mayoría de los casos, la retribución posterior era mayor que el costo inicial.
Como propietario, ahora manejaba solamente media jornada. Trabajaba lo que él consideraba el mejor horario, de las siete de la mañana hasta las dos de la tarde. Entonces entregaba el vehículo a su chofer quien era muy responsable y honesto. Alfonso trataba bien a su ayudante y le pagaba un poco más de lo normal. Pocho le retribuía demostrando honestidad, cuidándole el carro con esmero y generando más utilidades para el justo patrón.
Una vez cumplidos los trámites relacionados con su carro, Alfonso se dirigió al Banco Español a depositar su ingreso diario para después visitar una oficina de bienes raíces.
"Gracias señor Ahumada... Hasta mañana...," agradeciendo con amabilidad al cajero.
Hacía tiempo que conversaba con un tasador de propiedades acerca de una casita. Todavía no se lo había hecho saber a su mujer, sería una sorpresa. Terminados sus quehaceres regresó al paradero a reemplazar a Pocho quien, generosamente había cubierto su turno al volante, permitiéndole a Alfonso el tiempo libre necesario para hacer sus negocios.
"Háceme caso Pocho, no seai hue’on... Ahorra tu plata poco a poco, como se pue’a y en cuanto sea posible comprai tu taxi... Si es necesario, yo te ayudo..." No era la primera vez que Alfonso aconsejaba a Pocho; era sincero.
"Gracias Alfonso, te voy a hacer caso..."
"Gracias a ti por cubrir mi turno..."
Alrededor de las once de la mañana, Alfonso tomó un pasajero que se dirigía a las afueras de la ciudad; era una buena carrera. Entretuvo a su cliente con su amena e interesante conversación durante la mayor parte del trayecto, ello le permitió obtener una generosa propina.
"Gracias patrón. Ya sabe, si necesita regresar al centro me llama nomás y le damos un buen descuento; aquí tiene mi tarjeta..."
Mientras regresaba al paradero y encontrándose aún en las afueras de la ciudad, abruptamente interrumpió su alegre silbar con que acompañaba una popular canción que escapaba de la radio al notar a un chico mugriento y vestido con harapos. El pequeño no podía tener más de diez años y llevaba cargado a su espalda un enorme saco que doblaba por completo su cuerpo débil. Rápidamente, Alfonso se acercó y deteniendo su vehículo al lado del muchacho, cordialmente le preguntó:
"Hey, chiquillo, ¿pa’onde vai con semejante carga...?" El niño le miró con desconfianza, respondiendo en voz baja.
"Pa’ la casa..."
"¿Y dónde queda la casa, muy lejos...?"
"No, no mucho..."
"Mira, yo voy en la misma dirección y te puedo llevar en mi auto... ¿qué te parece?...no te va a costar na’a..."
Incrédulo y vacilante, el niño demoró algunos segundos antes de aceptar el generoso ofrecimiento. Alfonso bajó de su auto y le ayudó a poner el saco en la maletera.
"¿Y qué llevai en el saco...?," preguntó curioso.
"Güesos... vengo de Punta Negra..."
"¿Y que hací con la plata...?"
"Se la doy a mi mamá..."
"Y tú taita, ¿no trabaja...?"
"No tengo taita..."
La breve conversación bastó para que Alfonso comprendiera la tragedia que rodeaba la vida del pequeño, desgraciadamente era una situación muy común. La indigencia extrema que consumía a algunas familias convertía las miserables existencias de sus miembros en un infierno o en milagro o, mejor aún, en ambos. Durante su infancia, Alfonso había conocido muy de cerca dicha realidad en carne propia aunque no al extremo del infortunio del niño presente; simplemente similar. No obstante, muchos de sus amigos de infancia no resultaron tan afortunados y sus vidas se vieron llenas de sacrificios y necesidades.
Alfonso se sintió satisfecho de haber recogido al muchacho y haber ayudado aunque en forma mínima. Pronto llegaron a una esquina donde el niño pidió que le permitiera bajarse.
"¿Cuál es tu casa...?"
"Está unas cuadras más arriba, pero aquí está bien... gracias."
"No... te dejo a la puerta de tu casa... total un par de cuadras más o menos no hacen ninguna diferencia..."
Minutos después, el pequeño le pidió se detuviera enfrente de una casucha situada casi al final de calle Ferrocarril, tan lastimosa que hacía infructuoso todo esfuerzo por describirla. Varios pequeños, todos sucios, de edades fluctuando entre los dos y ocho años jugaban con tierra. Sorprendidos y curiosos, detuvieron su juego y se acercaron presurosos al ver a su hermano mayor llegar en taxi.
Alfonso se ofreció para acarrear el saco con huesos hasta la puerta de la "casa". Una vez allí, dio al niño unas pocas monedas que encontró en su bolsillo y al retirarse notó que, ocultos por las tablas llenas de agujeros que formaban el frente de la pocilga, los ojos de una mujer de edad incierta le observaban con desconfianza.
Rápidamente subió a su carro. Sintió de pronto la necesidad de alejarse de tan triste espectáculo; se sentía agobiado. Debido a la posición en que había aparcado el taxi al arribar, retrocedió unos pocos metros para poder salir. Mientras retrocedía, con sorpresa notó que un obstáculo inadvertido hizo levantar visiblemente la rueda trasera del lado del pasajero. En ese preciso momento escuchó los gritos de los niños que parados alrededor, curiosos observaban el taxi que raramente tenían oportunidad de admirar.
Espantado, Alfonso bajó del auto de un salto corriendo hacia donde se dirigían las miradas aterradas de los pequeños, notando un cuerpo diminuto que yacía inmóvil debajo del taxi. No podía tener más de diez meses y sin que nadie notara, gateando, se había metido bajo el vehículo. Lleno de pánico, horrorizado, Alfonso pudo notar que su cabeza pequeña había sido aplastada por una de las ruedas.
Rápidamente levantó el pequeño cuerpo y junto a la madre quien había salido corriendo, inmediatamente trasladaron al pequeño a la sala de emergencia del Hospital Regional. Mientras conducía su taxi y a pesar de estar seguro que el pequeño no viviría, trató de conformar a la madre que lloraba en silencio. Le ofreció ayudarla económicamente cubriendo todos los gastos provocados por el accidente, incluso ayudaría a financiar los estudios del resto de sus hijos.
Una multitud de oscuros pensamientos inundaron la agitada mente de Alfonso. En segundos vio todos sus sueños y esperanzas desvanecidos; su buena acción había tenido un resultado completamente opuesto. Estaba seguro que una vez que los abogados tomaran parte en el litigio legal que obviamente se crearía, toda la ayuda económica ofrecida a la familia resultaría insuficiente para calmar la avaricia de los leguleyos. Su ruina económica era inevitable.
Minutos después de arribar al hospital, un doctor les informó que el niño había muerto en forma instantánea. Inmediatamente, el médico llamó a los carabineros; el proceso legal se iniciaba y los sueños y esperanzas de Alfonso por lograr una vida mejor para él y su familia desaparecían rápidamente.
"¡Dios mío! ¿Por qué me castigai así...?," desconsolada la madre lloraba desesperada.
Alfonso se sintió enfermo. Se dirigió al baño más cercano y vomitó profusamente. Su cabeza giraba como trompo cucarro y sus pasos eran rápidos y erráticos. No tenía idea cómo se lo diría a su mujer, necesitaría mucho valor para hacerlo. Con pasos lentos, como rehuyendo cumplir con su deber, se dirigió al teléfono público más cercano. Antes de llamar a su hogar, inútilmente secó su frente cubierta por un frío sudor y enjugó las testarudas lágrimas que nublaban sus ojos enrojecidos.
Junto con escuchar la voz alegre de su esposa contestar desde el otro extremo de la línea, a través de una ventana, Alfonso divisó una pareja de carabineros que apresuradamente caminaba en su dirección.
"Maruja... m’hijita... no quiero que se asuste, pero algo muy serio acaba de pasarme..."
Jueves, 10 de Noviembre de 2005 20:51 ;?> No hay comentarios. Comentar.
Uno de los sueños que tenía Rolando Cárdenas era regresar a su tierra natal. A Punta Arenas. Luego de esos trámites burocráticos indolentes, tenemos al fin sus cenizas. Permanecen en una preciosa ánfora, al lado mío, arriba del escritorio.
Por Reinaldo E. Marchant Centro de Estudios Sociales "Avance"
Rolando Cárdenas murió en 1990 y desde ayer 27 de octubre se halla en la Presidencia de la Sociedad de Escritor, en mi escritorio...
El gran poeta magallánico murió en la probreza casi absoluta y su obra, inédita pero premiada, y muy destacada por su amigo Jorge Teillier, vino a conocerse mucho después.
Fiel a la tradición funesta de Chile, tardíamente se vino a saber que había en un enorme poeta.
La Unión Chica, boliche poético donde solían recalar los más conspicuos personajes de las letras, recibía a menudo al querido vate de Punta Arenas, que llegaba sin molestar a nadie, se ubicaba en el rincón de rigor y abría la boca sólo para humedecer la tristeza de la vida.
De pocas palabras, callado a veces en extremo, Cárdenas pasaba tardes enteras con amigos extrañables como Enrique Volpe, Mardoqueo Cáceres, Jorge e Iván Teillier, y Poli Délano. De tanto en tanto, nos sumábamos algunos escritores jóvenes.
Se hablaba mucho de literatura y se bebía con dignidad y orgullo.
Como en ocasiones sucede, la muerte no tardó en llegar. Primero se llevó a Iván Teillier. Luego, a su hermano Jorge. Enseguida le tocaría el turno a Rolando Cárdenas. Más tarde desaparecía Carlos Olívarez y Enrique Volpe. Uno de los más insólitos sobrevivientes es Mardoqureo Cáceres, a quienes muchos lo creen muerto: poco se le ve en La Unión Chica. Dice que de pronto sale únicamente para atemorizar a los oportunistas.
Uno de los sueños que tenía Rolando Cárdenas era regresar a su tierra natal. A Punta Arenas. Luego de esos trámites burocráticos indolentes, tenemos al fin sus cenizas. Permanecen en una preciosa ánfora, al lado mío, arriba del escritorio. Cuando algunos escritores molestosos amenazan con venir a exagerar la tranquilidad, le digo que lo hagan ahora mismo. De paso les digo que estaré con Rolando Cárdenas... ¡Nadie osa venir!
Mardoqueo Cáceres tiene razón: hay escritores exageradamente miedosos.
El 29 de octubre la Sociedad de Escritores realizará un gran homenaje a este valioso y especial poeta. Será a las 19 horas en Almirante Simpson 7 de Providencia.
El día 30 sus restos serán trasladados a su terruño natal, donde será llevado a los bares que frecuentaba y la comunidad local le brindará un hermoso homenaje.
Ese día Rolando Cárdenas descansará en paz.
Lunes, 31 de Octubre de 2005 20:39 ;?> Hay 1 comentario.
Juan Pablo Riveros nació en Punta Arenas, Chile, en 1945. De profesión economista, Magister en Estudios Internacionales, candidato a Doctor en Economía, vive de la docencia universitaria. Ha publicado tres libros de poesía: "Nimia, Poemas en prosa" (1980), "De la Tierra Sin Fuegos" (1986) y "Libro del Frío" (2000).
Del "LIBRO DEL FRÍO" (Selección)
ANTÁRTICA I
Al crepúsculo de la última edad de hielo quise ir lejos de los límites, y reunir la quietud, lo pacífico en la soledad de un tiempo inexpugnable.
Eso era.
Cogido por vientos contrarios, necesité asilos por ocasionales y precarios que ellos fuesen. No era el polo, el recorrido era lo importante. Pues había ahí un frío, una huella, una nieve tan inaccesible, que esta pura gota de blancura es un fragmento de aurora, un trozo de oro azul que cada día se desprende de tu propia Antártica, de tu continente, de tu propia banquiza interior.
Hubo, entonces, en un extremo de la tierra, un punto matemático en el centro de un mar vacío y, en el otro, Yo, en medio de vendavales sin fin y donde cada punto cardinal se aniquilaba en un abismo.
Y hubo frío, el frío más frío de la tierra. Y una noche, y una soledad hubo, que nadie ni nada pudo darle fin.
Así, lejos de la Distracción, sucumbí al imperio del viento y de la noche, a la soberanía implacable del frío. Y dependiendo sólo de mis leyes, destruí todo puente con el mundo, todo gesto, toda nave.
Se trataba, en verdad, de la respiración, de la circulación planetaria del aire.
Meteorológicamente hablando, al interior de la Antártica latía un vacío silencioso, y la celeste águila de la nieve muda.
EXPLORACIONES
Fue la escasez de focas, esas que brillando en la cumbre de rocas riquísimas, lustran el oleaje del océano.
Fue la necesidad humana de traspasar los muros, las banquizas del espanto, esa tonelada cerval de agua indómita.
Pero fue más el ansia, el negocio de las pieles. No para cubrir el hambre ni para colmar el vacío mundial de los cuerpos, sino para ocultar la soledad, la orfandad de las heladas metrópolis. Para satisfacer la gana, fue la Gana internacional, ese non plus ultra de la sociedad contemporánea, esa insaciable codicia de la soledad social. Y no para ser más ricos, Philoxenos, sino para aumentar sus posesiones y crear más y más necesidades.
Por ello alimentaron de perros la noche polar y penetraron la Blancura, ese puro trozo de vida.
(Después, mucho después, llegarían los sabios, la aventura mayor).
INTEMPERIE
¿Y, ahora, dónde me guarezco de mí?
POEMA DEL COSMOS (Selección) - Inédito
LA DANZA DE SHIVA
A F. Capra
El universo, maestro Scardanelli, una telaraña dinámica de íntimos sucesos vinculados.
Como tus ojos, tus manos, el color de tus cabellos, o el ave que vuela quieta bajo el cielo azul, ninguna parte o propiedad de esta telaraña es esencial.
No hay ninguna ley fundamental, maestro, ni una sola. Todo es Li, dice Ch’en Shun, el patrón de las cosas, el principio por el que todo está hecho para acoplarse.
Sólo importa la pirámide total, el conjunto, la gracia del todo, la armonía entre las partes. La congruencia de las interrelaciones es la que le otorga sentido a toda la estructura de los seres.
Y este persistente vaivén de las olas y mi respiración en este crepúsculo frente al mar, esta arena, estas rocas, el agua, la gaviota que tropieza gravemente en el aire, así en toda la telaraña del cosmos miríadas de partículas en vibración se crean y se aniquilan sordamente.
Entonces, como un grano de arena en la playa del universo, como una ínfima estrella en el espacio cósmico, como una chispa menor en todos los fuegos, o una pirámide dentro de otra pirámide. Como una perla del cielo de Indra refleja todas las perlas del collar; como en la Torre de Indra hay cientos de miles de torres que preservan su existencia personal, somos sólo una nota, un compás, parte de una gigantesca danza universal, fragmentos de una cósmica danza de energía.
Oigo el ritmo y siento el sonido de una lluvia de rayos cósmicos, el bullicio de partículas de alta energía que colisionan y bombardean constantemente la atmósfera terrestre. Entonces, cascadas de energía caen desde el espacio exterior creando y destruyendo partículas en rítmicas pulsaciones.
Y no sólo la materia, maestro, también el vacío participa de la danza del universo, pero no es ese vacío occidental como una sencilla nada sino el vacío que contiene todas las formas del mundo de las partículas, esas meras manifestaciones transitorias del vacío fundamental.
Es la danza de Shiva, el señor de la danza de los hindúes.
En el espacio cósmico cada partícula, cada uno canta perpetuamente en la Gran Canción.
Jueves, 20 de Octubre de 2005 20:54 ;?> Hay 1 comentario.
Por Sergio Ojeda Santiago de Chile, octubre de 2005
Víctor Hugo Cárdenas, poeta nacido en Castro, Chiloé, el año que Chile celebraba un mundial de fútbol (1962), nos provoca hoy con una nueva entrega poética.
Cárdenas hombre del sur estremece con su lenguaje sonoro, lleno de palabras que rememoran y trasladan hacia los parajes del sur del planeta.
El poeta ha publicado anteriormente “El juego de la oca” (1977), “Entre la playa y el mar” (1998) y “Las Dalcas bajo la arena” (2002), este último bajo el mismo sello editorial que hoy cobija su nueva creación.
Hablar un poco de la biografía de Cárdenas permite acercarse a su obra y a algunas claves que debemos tomar en cuenta. Víctor Hugo pertenece a una generación de poetas chilotes que ha dejado huella en las letras nacionales. Sus inicios literarios se remontan al recordado taller literario que fundara por allá por 1975 el también poeta castreño, Carlos Trujillo.
Este taller, nacido en los años oscuros de la historia reciente del país, generó a través de la lectura, el estudio y el compromiso poético una verdadera escuela de poesía que me atrevería decir es única en la experiencia literaria, herederos de Aumen son Carlos Truijillo, Aristóteles España, Mario García, Sergio Mansilla y Rosabetty Muñoz, entre otros; todos ellos reconocidos y laureados escritores.
Cárdenas pertenece a esta tribu y se nota. Existe en sus textos una sonoridad y una mirada que denota su tránsito por Aumen. Su voz poética es fuerte, el verso largo y torrentoso nos evoca la lluvia, el bosque, el olor a madera, la costa. Un peregrinaje por los temas del hombre y de la vida que se enmarcan un una estética del vivir.
En El eco de los trieles nos encontramos con dos libros, dos tiempos, dos aperturas, dos puertas que se abren para mostrarnos qué quiere decir el poeta.
La primera puerta es Treca Treca peñi. De justicia habría que decir que el poeta salda una vieja deuda pues estos textos habían sido publicados en edición artesanal hace unos años atrás.
Llama la atención que se construya un universo poético con la experiencia de trabajo de Cárdenas como profesor en la Misión de la localidad de San Juan de la Costa. Es una poesía que toma lo étnico, pero esta vez con los ojos de un afuerino, que toma partido y narra las vivencias del pueblo mapuche, en su formación escolar, en sus temores y angustias, así nos dice:
“Cuando se murió el peñi el padre Nivardo rezó con los mapuches. Asaltó el cielo para que se abriera la puerta…”
De entrada nos ubica en el contexto, es una poesía que habla de algo, que tiene una historia y que sostiene en un lugar, en una geografía tanto del cuerpo como del alma.
Dios en medio de los mapuches, una tradición que aplasta, o quizás un convenio después de tantos años de enfrentamiento.
Las imágenes poéticas se pueblan de palabras como lluvias, pájaros, bosques, huellas y tierra. En el plano estético estas palabras junto a otras conforman una sonoridad que construye un ritmo potente y sostenido. Hay un decir de las cosas que atraviesa el texto, un ejemplo de esto lo encontramos en el poema “Nguillatún para el silencio en Misión San Juan de la Costa”:
“Abierto a todos los vientos el mal augurio es una enredadera como un remolino de polvo misionero en los caminos donde han pasado los ángeles, los pensamientos se despeinan hasta perder las huellas y la sequía de nuestras palabras solicita lluvias del agua más linda que riega Dios”.
Y es así como la vivencia se vuelve poema y se expresa en un decir y un contar de los sucesos. Todo esto al servicio del canto poético que busca situarnos en la miseria de los niños y habitantes de la zona, que reciben la gracia de un Dios que se acordó de ellos. O más bien de un Dios que dentro de una agenda muy apretada destinó parte de su quehacer para educar y enrielar a estos hombres de la tierra que ha costado tanto poner en vereda.
Cárdenas lo logra sin ser miembro de la etnia, sin lágrima, ni postura. Hay que agregar que estos versos fueron escritos mucho antes que se iniciara un verdadero boom de la poesía de raíces étnicas en Chile.
San Juan de la Costa se nos transforma en el alma del libro, es un trozo de mundo que se nos aparece. Un lugar del cual no conocemos ni siquiera sus puntos cardinales.
Y dice:
“Sobre estos cerros de San Juan de la Costa, el silencio rueda como un zuncho, bajando siempre desde la cima (nunca subiendo) se queda en las puertas de la casas, donde golpea impaciente, esperando que salga, tal vez, un día domingo con ojos de apóstol, o una melena larga de rosarios que deje entreabierta la esperanza y desflore lentamente con sus rezos la impaciencia que se cuaja”.
También nos queda en los oídos el Treca Treca, este deambular de lugar en lugar buscando algo. Ese tramite de oficina en oficina, perdiendo la esperanza. Treca parece convertirse en esa búsqueda que cansa, que fatiga, pero que se hace desde la dignidad, desde el territorio que aun late en las venas.
La segunda puerta que nos abre el poeta es el Eco de los trieles. Ya ha transcurrido un tiempo el poeta se ha trasladado a Santiago. Los textos siguen anclados en el sur, la ciudad aparece tangencialmente. Es una voz que habla desde otro lugar, que se hace a cargo de la sonoridad de la cual hablábamos antes.
Cárdenas parece estar de paso por la urbe. Sus textos siguen en la isla, al sur del mundo.
Lo expresa y lo canta a través de estos pájaros, los tríeles, que anuncian la llegada de los visitantes:
“No escuché más a los tríeles cantar. Los chucaos en las quebradas silencian sus presagios. Las gaviotas se hunden en la arena de la playa Con sus picos submarinos. La huerta detiene su crecimiento Y las raíces anudan sus respiraciones”
Las motivaciones mantienen su rumbo. Dios aparece con su presencia sonora y omnipresente, las contradicciones de la vida y la muerte. El intenso pasar de las cosas. Cárdenas mira, declama, y en algunos casos denuncia:
Dice:
“La gran pala de dios llena el tiempo vacío Y arroja las horas para los milagros.”
Los poemas tienen lugares y temáticas y en algunos casos se instalan en la ciudad y en los avatares de la vida del Chile de principios de siglo XXI
“Esa ciudad donde nuestra sed se bebe y el tiempo resbaladizo nos hace árbol (de una vereda a otra)…”
El eco que van trazando los tríeles se configuran como un coro poema tras poema. Esta vez no hay un sitio con San Juan de la Costa; en este caso el territorio es la palabra y las cosas que van constituyendo el mundo de vida del poeta. Es bueno encontrar poemas que tengan títulos y temas. A veces en la búsqueda experimental la poesía pierde sonoridad, río profundo, se convierte en juego de palabras en el que el fin último es la vanidad del escritor.
Con esto quiero decir que Cárdenas se instala desde la simpleza, entiende que la poesía no es un ejercicio de inteligencia, porque sin en rigor existe una inteligencia a la hora de escribir poesía, esta tiene que ver con el texto, con su justificación. Que nada explique lo que la poesía dice por sí misma.
Y que nos diga como en “Medito detrás de la arboleda”:
“He llegado silencioso De a pedacitos al rompecabezas tuyo Que camina sin cabeza al lado mío Que no tiene lado tuyo”.
Esa es la apuesta de este libro. Decir cosas, escribir poemas sobre lo que sucede. Después de haber leído tantos experimentos e intentos, me quedo con los poemas que me cuentan cosas, me dejan imágenes y sonidos.
Esta opción tiene sus riesgos, pero a la vez nos deja un sabor a poesía que es difícil de olvidar.
Viernes, 14 de Octubre de 2005 19:55 ;?> No hay comentarios. Comentar.
A 13 años de Permiso para Vivir, el tomo uno de su autobiografía, el autor de Un Mundo para Julios abre su segundo álbum de recuerdos, que titula Permiso para Sentir. El libro llega esta semana a estanterías locales. "Escribir como si uno estuviera muerto" fue la premisa de Bryce. El resultado es un texto cargado de humor, nostalgia e infidencias: un relato de 600 páginas por donde aparecen y desaparecen amores, amigos, alumnas y, sobre todo, Perú, el país del que salió -y al que está siempre volviendo- hace 40 años
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Andrés Gómez Bravo La Tercera (Chile) – 2 de Octubre de 2005
La escena ocurrió en Puerto Rico. Alfredo Bryce Echenique oficiaba de profesor invitado en la universidad local cuando el amor se atravesó en su camino: una sensual morena de ojos verdes. La atracción fue fulminante y no hubo resistencia posible: "Primero hubo una sonrisa y después nos saltamos al cuello y a los labios y a los brazos, y así sucesivamente", cuenta. El problema para el escritor peruano es que entonces no era un hombre libre, y cuando el rector de la universidad -un señor no muy letrado- se cruzó con él y su nuevo amor en un bar, Bryce tuvo que echar mano a la ficción: "Le presento a... a... a la escritora chilena Isabel Allende!". Bryce mató así dos pájaros de un tiro: salió del paso y dejó muy contento al rector, que creyó haber conocido a la best seller chilena. "Y dejé muy bien parada a Isabel, porque esa chica era guapísima", añade al teléfono desde su casa en Barcelona.
La anécdota está en Permiso para Sentir, segundo tomo de sus memorias. Un libro traspasado de humor y nostalgia que lanza esta semana en España y, simultáneamente, llega a librerías chilenas.
A 13 años de Permiso para Vivir, primer volumen de su autobiografía, el autor de Un Mundo para Julios pide licencia para declarar sentimientos. Con honestidad y esa ironía que es el sello Bryce, el libro es una confesión de 600 páginas por donde aparecen y desaparecen amores, amigos, alumnas, paisajes y, sobre todo, Perú, el país del que salió hace 40 años. Y al que siempre está volviendo.
Una paliza
Dos grandes secciones forman el libro: Por Orden de Azar, que Bryce define como "una miscelánea de recuerdos" guiada por el caos, y Che te Dice la Patria, título de un cuento de Ernest Hemingway que utiliza para hablar y declarar su amor, pena y odio por Perú.
Bryce estampa varios epígrafes que preparan al lector para lo que viene, como: "La felicidad no existe. Hay que tratar de ser feliz sin ella" (Jerry Lewis) o "Avanza Perú, gol de Brasil" (anónimo). Pero el que guía todo su texto es de Henry de Montherlant: "Es preciso escribir como si uno fuera amado, como si uno fuera comprendido, y como si uno estuviera muerto".
Y eso es lo que intenta el narrador peruano con estas memorias a las que prefiere llamar antimemorias: escribir sin recaudos.
El libro se publicó hace dos meses en Perú y los lectores y los personajes mencionados por Bryce pueden atestiguar cuán fiel ha sido el autor a Montherlant: hubo cartas de protesta en los diarios, algunos familiares se ofendieron y hasta recibió amenazas de querellas.
"En general se comentó que era una visión muy auténtica, dura, pero novedosa: la de un hombre que ha estado lejos del país más de 30 años y ve lo que los peruanos ya no ven, porque lo tienen incorporado a su sistema nervioso. Dijeron que dolía, pero que era sincero", recuerda Bryce desde su departamento en España.
Es cierto: Permiso para Sentir entrega una visión dura, a menudo cruel, pero sobre todo dolida de Perú. Es la tristeza y la rabia de Julius -aquel niño de familia aristócrata, sensible e inteligente- que ve su antiguo mundo irremediablemente perdido.
Tras dejar Lima rumbo a París, Bryce volvió en forma intermitente a su ciudad. Hasta 1999, cuando decidió retornar. Llegó ilusionado, pero el aterrizaje fue brusco.
"Asistí al final de Fujimori. Fue algo feroz, ese régimen destruyó Perú", afirma. Y le dio una bienvenida aleccionadora: poco después de rechazar una condecoración del gobierno, Bryce sufrió un secuestro express. No lo difundió entonces, pero ahora lo cuenta.
"Fue una paliza que me dieron y marcó mi vuelta al Perú. Me pescaron cuando salí a caminar, me subieron a una camioneta y me dijeron que no me metiera en política. Después me tiraron de nuevo a la calle", relata.
¿Por qué no lo denunció?
Imagínese: eso ocurría a diario. La corrupción llegaba a límites increíbles.
Lima sin limeños
Las cosas parecieron cambiar con Alejandro Toledo, pero éste no pudo con la fuerza del resentimiento. "Toledo es el cholo de mierda que todos los peruanos llevamos dentro, nos avergüenza Toledo, ha llegado demasiado lejos", escribe Bryce. O lo que es lo mismo: es el blanco del racismo solapado peruano. "Toledo es increíblemente impopular. Ha hecho cosas estupendas en macroeconomía, pero nadie le reconoce sus logros. Ojalá lo suceda un presidente serio", dice el escritor, que también se mofó del mandatario y su señora, Eliane Karp, cuando en una entrevista bromeó que ella -antropóloga de profesión- había cumplido su sueño al casarse con "su tesis".
"Sí, es verdad", comenta Bryce entre risas. "Es que ella ha tenido muchas metidas de pata. Es la típica intelectual europea que exalta a los blancos de San Isidro. Es la típica alumna mía de mayo del '68, revolucionaria cuando de América Latina se trataba", señala.
Pero su frase ingeniosa no tuvo repercusiones: "Me imagino que le han dicho cosas peores", especula. Lo que sí tuvo repercusión fue el retrato que hace de su hermano Eduardo, ya muerto, al que describe como un "vago maravilloso", estafador y mujeriego. "Tuve la tristeza y el placer de reunirme con el hijo de Eduardo, que vino a hablarme a nombre de todos los hermanos. La conversación fue hermosa, pero dura para ambos. No es que estés mintiendo, me dijo, nadie lo ha sufrido a él como nosotros. Yo también lo sufrí, le dije, lo conocí 25 años antes".
Pero más allá de este episodio, lo que le duele a Bryce es constatar que la ciudad en que creció ya no existe. "La Lima de hoy es mucho menos alegre y viva, mucho menos humana y habitable que la que dejé hace tres largas décadas", escribe. Lima ahora es chicha: "Chicha es el señor presidente, el tráfico, la música, el gusto, el clima, la televisión peruana, el equipo peruano de fútbol (...) chicha es el medio ambiente, chicha es el alma, chicha es la idiosincrasia, chicha la corrupción y la degradación moral".
En Lima ya no hay limeños, afirma Bryce, "todo el mundo es provinciano. Los valores tradicionales de la historia del Perú no existen. No aman Lima".
El lado cómico
Pero no todo es Perú en el libro. También hay espacio para la literatura y los amigos escritores. Aunque José Donoso lo reconoció como miembro del "boom junior" y él mantiene amistad con todos los sobrevivientes, Bryce nunca se sintió parte. "Ellos escribieron novelas muy grandes, dictaban clase, pero a los maestros del boom les faltaba algo: era el humor, muy típico de esta sociedad", cuenta.
Por eso fue tan importante para él conocer a Julio Cortázar: "Cortázar fue la gran influencia de mi vida literaria, aunque los logros hayan sido totalmente distintos. Me reveló lo que yo llevaba dentro, me enseñó a liberarme de todo estreñimiento literario y a usar la intuición y a ver el lado cómicamente grave de la realidad", dice.
Con todo, en Perú le ocurrió algo bueno: escribió El Huerto de mi Amada, la novela con que ganó el Premio Planeta y gracias al cual hoy puede vivir seis meses en España y otros seis en su país. Y de rebote originó su próxima obra: "Se llama Las Obras Infames de Pancho Marambio y es sobre la estafa que me hizo un falso arquitecto al restaurar mi casa en Barcelona. Es un exorcismo". Y aún habrá más memorias: "Va a haber un tercer volumen y se va a llamar Arrabal de Senectud", adelanta.
Martes, 04 de Octubre de 2005 12:08 ;?> No hay comentarios. Comentar.
Poema de César Bizzo – Santa Fe (1952) Suplemento “Ñ” – Diario “Clarín” – 1º de Octubre de 2005
Las cosas tenían que ocurrir. No pensarse. Sin darnos cuenta sobrevivimos al dolor mayor de nuestras vidas.
Creímos torcer el rumbo desde una guitarra amparados en el ocio de la noche y el tabaco. Muy cerca, el espanto anidaba en las esquinas.
Por ríos inciertos navegamos juntos sin remos firmes. Miedo a las tempestades, angustia de llegar hasta algún puerto, ansiedad de cruzar la otra orilla. La imposibilidad del retorno.
Tú conservas la canción. Yo disfruto el poema. La patria aún agoniza. Como entonces.
Sábado, 01 de Octubre de 2005 15:18 ;?> No hay comentarios. Comentar.
"LA ENTERA NOCHE LLENA" (EDICIONES LA PATA DE LIEBRE, SANTIAGO - 2005)
Por
Armando Uribe Premio Nacional de Literatura 2004 Santiago, septiembre 2005
El excelentísimo poeta Aristóteles España, fue uno de los pocos nombres de escritores jóvenes que nos llegó al destierro, surgido como un cristo, en la ciénaga de la dictadura. Cuando conocimos su primer libro (Dawson, Editorial Bruguera, 1985), ya no fue sólo un nombre. Autor de verdaderos poemas de energía, emoción y sentido, se impuso como una referencia indispensable en la joven poesía chilena.
Ha habido en Chile un siglo entero de poesía valiosa; no solamente en la métrica convencional (que se dedujo en lo principal de los poemas escritos en el siglo XVI y comienzos del diecisiete, el gran siglo de oro), sino también con el uso de verso llamado libre, que el eximio Pedro Henríquez Ureña llamó en 1927, de versificación irregular, y del cual T. S. Elliot dijo por esos tiempos: “no hay verso libre para quien quiere escribir buen verso”.
Este ha dominado en Chile, sin descuidar los poemas con la métrica y la retórica de los siglos anteriores, que además se introducía a la vez en aquella poesía más libre. Hay que tomar en cuenta que los poetas mayores chilenos, de buena parte del siglo comenzaron a escribir y muchas veces publicar libros en verso regular; por su parte, Gabriela Mistral escribió en métrica, introduciendo en ocasión algunas irregularidades sabias.
Vicente Huidobro, Pablo Neruda, Pablo de Rohka, Nicanor Parra y otros, se iniciaron con versos regulares, y más tarde sus versos libres contenían de varias maneras líneas del todo regulares.
Esto parece cocinería literaria pero es la materia prima de la poesía: palabras cargadas de fuerza, emoción y sentido hasta el extremo posible (decía más o menos Ezra Pound en la segunda década del siglo XX); la exagerada oratoria de quien esto escribe llegó a pontificar, y también hasta el extremo imposible, queriendo decir que a veces la energía, el entusiasmo y el Inconsciente pueden justificar notorios errores y torpezas verbales, barbaridades poéticas que, por crear poesía aceptan lo que no cuadra, lo extravagante, burdo y estúpido – experiencias que en nuestras vidas todos tenemos, los poetícolas.
“La entera noche llena”, de Aristóteles España es un libro notable, original y saliente en ésta que me atrevo a llamar: escuela chilena de poesía en castellano.
Procuré identificar los asuntos y estilo de cada poema de sus cuatro partes. Encontré que casi todos los de la primera parte del texto eran de encendido y a veces violento erotismo, y que muchos de los tres siguientes capítulos eran también eróticos. Luego marqué los demás como pruebas del humorismo negro, característico entre los chilenos. Recapacitando, concluí que con frecuencia el erotismo del autor está contaminado por aquel humor negro.
Esto no varía cuando los episodios ocurren en lugares y ciudades extranjeras. Se trata de un poeta que carga con su Chile donde quiera se encuentre en el mundo. Su “Poema realista para encantados” constituye un Arte Poética apropiado para todo el libro:
2 “El poema sale de su rincón encantado (...) y sale a volar entre la muchedumbre y en el Individuo, con sus mensajes de poema político, con sus piernas de poema erótico, un poema chilenísimo (...) (...) y las palabras que corren como la sangre de un cordero degollado en el matadero clandestino de un pueblo chilote, en el sistema nervioso, en el sistema político, un poema para todos, un poema para nadie, como su merced lo ordene”
.
Interpreto la última como invocación al dios de la poesía, tal como lo señala el Diálogo pseudo – platónico Ion, según el cual ese dios de la poesía posee al poeta, “un dios les sorbe el seso a los poetas”.
Con palabras de hoy dicho dios tendría su morada en el Inconsciente personal del poeta, y en el Inconsciente colectivo del cual participa, el de su nación y de la naturaleza humana. Creo que en el de la colectividad chilena hay rasgos acentuados de la brutalidad (y lo he escrito a propósito del secreto de la poesía); en los textos de España (el poeta y hasta el país), no faltan tales rasgos.
En algunos poemas del libro hay un parentesco con las “Residencias en la tierra” –lo mejor de Neruda-, y alguna vez, con la atmósfera del mejor Teillier.
Pero “La entera noche llena” es el mundo mismo de este poeta, el propio. Puesto que él habla de “poema político”, “sistema político”, es indispensable anotar que su ironía y humor negro llega a ser satíricos. Este poeta lírico es también autor de Sátiras. De hecho, en la siempre dudosa clasificación de sus textos que traté de hacer privilegié junto al término “erótico” –“érot” -, la palabra “sátira” –“sát”-.
En la tradición de un siglo de poesía chilena, desde Carlos Pezoa Véliz, lo satírico tiene verdadero tratamiento gozoso por muchos, además de la punzante ironía, con frecuencia dirigiéndola al propio autor –auto-ironía.
Todos los poemas de este libro me parecen ser “experiencias” reales del poeta; las fantasías y sueños –dormido o en vigilia- son también experiencias efectivas que sus poemas transmiten. Por todo ello escribe “poemas realistas”. La muerte, percibida en la vida, es una de las realidades potentes que se “experimenta”: “la muerte que escribe un poema en el baño y dice puta...”
Para Georges Bataille, en el erotismo está necesariamente la muerte (y agrega, lo religioso). La dictadura –en Chile- y el exilio –afuera- figuran como referencias sombrías las sombras de la vida, recordar que el Papa en Chile llamó al exilio “una muerte civil”.
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“Si vieras las miradas del exilio, entre tanta multitud gritando “yo creo”, diríamos juntos que el paraíso está en el bar del frente”
.
En su erotismo hay a veces también melancolía: “Ella cae por la ventana y ve un señor / con un mordisco de perro en la boca, / y luego una mariposa que dice “cielo de Dios”.
Los títulos de todos estos poemas, tal cual aparecen en el Índice, tienen por sí solos un interés que, alguna de sus partes, constituyen las líneas de un poema que se agrega a los del libro.
En el titulado “Canción de Cuna”, el penúltimo, aparecen versos que también son fragmentos finales de su Arte Poética:
(...) “No quiero villancicos tú más tú (...) la guerra no me gusta TÚ MÁS TÚ Y esas con lenguas que me hablan”
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Sábado, 03 de Septiembre de 2005 20:57 ;?> Hay 4 comentarios.
Doble o nada a la carta más urgente sin código, ni tribu, ni proyecto, mi futuro es pretérito imperfecto, mi pasado nostalgia del presente.
No tengo más verdad que la que arrasa corrigiendo las lindes de mis venas. Por diseñar castillos sin almenas perdí, otra vez, las llaves de mi casa.
Veranos de buen vino y mala sombra, de confundir enanos con molinos, de viajar al abismo con alfombra.
Es hora de volver a la autopista por donde van, burlando sus destinos, el zángano, el adúltero, el ciclista.
X - El gran hermano
¿A quién embaucará tu gorgorito y esa pos de gallito de taberna? ¿La voz? si no te queda ni un hilito, y no me hagas hablar de la entrepierna.
Hazte un favor, dime que estás herniado de parodiar parodias de ti mismo, que un pendejo te quita lo bailado, que el espejo, en lugar de un espejismo,
te devuelve una tos, un higo chumbo, un muñón con goteras en la olla, un veterano narizón sin rumbo,
un sans culotte con joyas, un gusano, uno más de los tontos de la polla que no follan por ver El gran hermano.
XXXV - Cuando tengas frío
Usa mi llave cuando tengas frío, cuando te deje el cierzo en la estacada, hazle un corte de mangas al hastío, ven a verme si estás desencontrada.
No tengo para darte más que huesos por un tubo y un salmo estilo Apeles y páginas anémicas de besos y un cubo de basura con papeles.
Ni me siento culpable de tu lejos, ni dejo de fruncir los entrecejos que usurpan de tus ojos la alegría,
si quieres enemigos ya los tienes, pero si socios buscas ¿cuándo vienes a repartir conmigo la poesía?
XLII - Ay, Rocío
Rocío de mi barba cenicinienta, dulcinea del oso y el madroño, corchea que me canta las cuarenta, sultana de maguey, jersey de otoño.
Abono de las plantas de mis labios, lámpara milagrosa de Aladino, bella durmiente que desgrava agravios, detergente que lava mi destino.
No vuelvas a rodar por la escalera, cuando no haya un portero, a ras del suelo, que medie entre tu alma y los chichones.
Convídame a fundar la primavera, no me cierres las puertas de tu cielo lleno de caramelos y bombones.
LXIV - Benditos malditos I
Benditas sean las bajas pasiones que no se rajan cuando pintan sables, los labios que aprovechan los rincones más olvidados, más inolvidables.
Bendito sea el libro de la calle, los viejecitos verdes con petaca, las medias con costura, qué detalle, los quitapenas que dejan resaca,
las marujitas que pierden al bingo, los descendientes de los animales, los miércoles con ropa de domingo,
los adustos, los dandys insolventes, los justos que parecen subnormales, los iguales a mí, los diferentes.
LXVI - Benditos malditos II
Benditos sean los ceros a la izquierda, los vuelos regular tirando a mal, los de viva el Atleti manque pierda, los que esperan que amaine el temporal,
los quistes de los bronquios del minero, los tristes que se ríen de la tristeza, los calvos que se quitan el sombrero ante la dignidad y la belleza,
los donjuanes sin tierra ni partido, los castos casanovas descastados, los que pudieron ver y no han querido,
los benditos malditos desarmados, los parados sin paro ni despidos, los don nadie, los santos humillados.
LXVII - Malditos benditos II
Maldita sea la voz de la experiencia que nunca se equivoca a media suma, los que afirman la paz con su conciencia, los oiga, que en mi taxi no se fuma,
los energúmenos que se encabritan, los másteres de Yale y Rocambole, los minerales que no se marchitan, los que adornan las notas de su prole,
los que se casan por comer perdices, los cretinos que saben lo que dices, los celestinos de la gota fría,
los que se pasan nunca de la raya, los que exhiben el móvil en la playa, los que hacen trato con la policía.
LXXVIII - Benditos malditos VIII
Benditas sean las rubias calentonas que se bajan las bragas con cualquiera, las niñeras que salen respondonas y arrinconan al niño en la escalera,
las enfermeras que suben la fiebre, las tetas de pezón hospitalario, los gatos que no dan gato por liebre, los misterios gozosos del rosario,
los frívolos culitos cariñosos que perdonan los polvos atrasados y no juegan a ricos y famosos,
los húmedos chochitos de las putas que consuelan a más desconsolados que las madres teresas de calcutas.
LXXX - Benditos malditos IX
Benditos sean los glóbulos rojos, la epidural, el calcio, la insulina, el zotal que extermina los piojos, el ginseng, los condones, la morfina,
los cristales de arena de las playas, los árboles frutales, la aceituna, las fiambreras, el termo, las toallas, las gafas, las bombillas, la vacuna,
el jabugo, el café, la manzanilla, las migas, el arroz, la ensaladilla, el jabón, las tiritas, la escayola,
el botijo, el porrón, la damajuana, el mate, el J.B., la marihuana, el cubata de ron sin coca-cola.
LXXXI - Malditos benditos IX
Maldita sea la mantis religiosa, el granizo, el pulgón, la filoxera, el párkinson, la seta venenosa, la raposa, el bromuro, la dentera.
Malditos sean los fachas reciclados, el cólera, la nitroglicerina, el márketing de los recién casados, el alzhéimer, la hiel, la tosferina.
Maldito sea el sarro de las hienas, los mapas, las cruzadas, los misiles, los papas de las nuevas religiones,
la leche sin café ni magdalenas, la ortiga, la cucaña, los reptiles, las legañas de las desilusiones.
LXXXV - Alrededor no hay nada
El moño, las pestañas, las pupilas, el peroné, la tibia, las narices, la frente, los tobillos, las axilas, el menisco, la aorta, las varices.
La garganta, los párpados, las cejas, las plantas de los pies, la comisura, los cabellos, el coxis, las orejas, los nervios, la matriz, la dentadura.
Las encías, las nalgas, los tendones, la rabadilla, el vientre, las costillas, los húmeros, el pubis, los talones.
La clavícula, el cráneo, la papada, el clítoris, el alma, las cosquillas, esa es mi patria, alrededor no hay nada.
CI - Juégate la vida
Ultramarino amor, bruja granita, recién conversa al puente de Triana, purasangre, tirana, gabachita, pies dorados con pe de peruana.
Lo peor de lo malo de lo horrible es la guerra incivil de nuestro ombligo, lo que no puede ser es imposible, atrévete a ser tú, ti, te, sinmigo.
Qué chanchullo el encono que no arde, si quieres olvidarme lo comprendo, yo también huyo en trenes a medida.
Tierra por medio pon, mañana es tarde y brinda al sol que tienes aplaudiendo, pero, si vienes, juégate la vida.
XCII - El primero de enero
El primero de enero, tararí, será tan gris como un jueves cualquiera, sin Drácula escalando el Pirulí, ni marcianos cruzando la frontera.
Más de lo mismo bajo el cielo añil, Cronos en su fugaz trono vacío, la anoréxica luna giligil no exportará vacunas contra el frío.
Llenaré otro galpón municipal y esperaré el diluvio universal viendo crecer el bosque por la acera.
El primero de enero (del dos mil), aunque siga muriéndome por tí, me iré con la primera que me quiera.
XCIII - Puntos suspensivos
Lo peor del amor, cuando termina, son las habitaciones ventiladas, el solo de pijamas con sordina, la adrenalina en camas separadas.
Lo malo del después son los despojos que embalsaman los pájaros del sueño, los teléfonos que hablan con los ojos, el sístole sin diástole ni dueño.
Lo más ingrato es encalar la casa, remendar las virtudes veniales, condenar a galeras los archivos.
Lo atroz de la pasión es cuando pasa, cuando, al punto final de los finales, no le siguen dos puntos suspensivos.
Viernes, 25 de Marzo de 2005 15:34 ;?> No hay comentarios. Comentar.
Del 11 al 14 de Octubre 2005 Chile será sede del XI Festival Latinoamericano de Poesía
En Valparaíso, patrimonio cultural de la humanidad, se realizará el XI Festival Latinoamericano de Poesía, evento que homenajeará a dos grandes poetas latinoamericanos: José Martí por los 110 años de su muerte y a Gabriela Mistral por los 60 años de su Premio Nóbel de Literatura, galardón que la poetisa chilena recibiera en 1945.
Este importante encuentro poético lo organiza la Asociación Latinoamericana de Poetas (ASOLAPO) y fue anunciado en Cuenca (Ecuador) en junio del 2004 en la clausura del X Festival que tuvo lugar en aquella ciudad, ocasión en que se homenajeó a Pablo Neruda y Rubén Astudillo y Astudillo.
Las inscripciones para participar en este importante evento internacional ya están abiertas, así lo anunció el Primer Vicepresidente de ASOLAPO, Luis Arias Manzo, quien tiene la responsabilidad de asegurar el éxito del acontecimiento. A los poetas que estén interesados en ir a este relevante certamen deben escribir a: asolapo@yahoo.es
La cita oficial en Chile de los poetas latinoamericanos es para el 11 de Octubre y finalizará el 14 del mismo mes, aunque hay programas previstos también para antes y para después del evento en que se prevén visitas a los museos de Pablo Neruda de Santiago y de Isla Negra, lecturas de poesía ante la tumba del poeta Vicente Huidobro y un acto poético en Melipilla en conmemoración al segundo año de la muerte del poeta Víctor Marín Calquín oriundo de esta ciudad.
Para después del Festival hay también previsto un vasto programa turístico-cultural en la 4° región, principalmente, el Valle Elqui, donde los poetas visitarán los museos de Gabriela Mistral en Vicuña y Monte Grande y participarán en actos literarios y culturales en la Región de la poetisa chilena Gabriela Mistral.
Lunes, 21 de Marzo de 2005 16:44 ;?> No hay comentarios. Comentar.
Armando Cassígoli (1928-1988). Nació en Santiago de Chile. Estudió en el Liceo Manuel Luis Amunátegui y cursó Filosofía y Psicología en la Universidad de Chile, donde fue profesor y Decano de la Facultad de Filosofía. Durante el exilio fue profesor en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Maduro de esperar mis juventudes, cansado de inventar mi propia suerte veo pasar la vida en cada trino, en cada soledad, en cada muerte.
Hay un parrón quizás en el recuerdo, un perfume de sal en mares fríos, un caballo de llamas en el lecho, un andén provinciano en el estío.
Una gran rebeldía en el camino, el recuerdo de viajes ya perdidos, un largo atardecer, un largo vino bebido en mi Santiago peregrino.
Un viento de nostalgia azota y quiebra los tristes ventanales del exilio; el Pacífico me baña en otras tierras, pronuncia el nombre 'patria' en otro sitio.
Pesan mis siglos lentamente y quiero reposar en Chillanes ya perdidos recorrer esos mil Valparaísos que hay en cada pedazo de mí mismo.
A esta hora es poco lo que pido; sólo el pan, sólo el aire, sólo el vino, la libertad de ver a mis montañas, la libertad, en fin, por la que vivo.
Lunes, 14 de Marzo de 2005 18:31 ;?> No hay comentarios. Comentar.
Las muchachas sencillas dudan que el mundo sea un balneario para lograr bronceados excitantes y exhibirse como carne en la parrilla de una hostería al aire libre. Las muchachas sencillas no cultivan el arte de reptar hacia la fama ni confunden a las personas con peldaños ni practican ocios ni negocios ni firman con el trasero contratos millonarios. Las muchachas sencillas estudian en liceos con goteras, trabajan en industrias y oficinas, rehúyen las rodillas del gerente, hacen el amor con Luis González en hoteles, en carpas, en cerros, en lugares sencillos. Las muchachas sencillas se convierten en madres, en esposas sencillas, luchan largos años como sin darse cuenta, llenándose de canas, de várices y nietos. Y cuando abandonan este mundo dejan por todo recuerdo sus miradas en fotos arrugadas y sencillas.
Jueves, 03 de Marzo de 2005 22:32 ;?> No hay comentarios. Comentar.
Nació en prisión esta aventura de la libertad. En la cárcel de Sevilla, "donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace habitación", fue engendrado Don Quijote de la Mancha. El papá estaba preso por deudas. Exactamente tres siglos antes, Marco Polo había dictado su libro de viajes en la cárcel de Génova, y sus compañeros de prisión habían escuchado, y escuchándolo habían viajado.
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Cervantes se propuso escribir una parodia de las novelas de caballería. Ya nadie, o casi nadie, las leía. Estaban pasadas de moda. La tomadura de pelo fue un esfuerzo digno de mejor causa. Y sin embargo, esa inútil aventura literaria resultó mucho más que su proyecto original, viajó más lejos y más alto y se convirtió en la novela más popular de todos los tiempos y de todas las lenguas. Merece gratitud eterna el caballero de la triste figura. A don Quijote los libros de caballería le habían quemado la cabeza, pero él, que se perdió por leer, salva a quienes lo leemos. Nos salva de la solemnidad y del aburrimiento.
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Famosos estereotipos: don Quijote y Sancho Panza, el caballero y su escudero, la locura y la cordura, el soñador hidalgo con la cabeza en las nubes y el labriego rústico de pata en tierra. Es verdad que don Quijote se vuelve loco de remate cada vez que monta a Rocinante, pero cuando desmonta suele decir frases que vienen del más puro sentido común, y en ocasiones pareciera que se hace el loco sólo por cumplir con el autor o el lector. Y Sancho Panza, el ramplón, el bruto, sabe ejercer con ejemplar sutileza su gobierno de la ínsula de Barataria.
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Tan frágil que parecía y fue el más duradero. Cada día cabalga con más ganas, y no sólo por la manchega llanura. Tentado por los caminos del mundo, el personaje se escapa del autor y en sus lectores se transfigura. Y entonces hace lo que no hizo, y dice lo que no dijo. Don Quijote jamás pronunció la más famosa de sus frases. "Ladran, Sancho, señal que cabalgamos" no figura en la obra de Cervantes. ¿Qué anónimo lector habrá sido el autor?
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Metido en su armadura de latón, montado en su rocín hambriento, don Quijote parece destinado a la derrota y al ridículo. Este delirante se cree personaje de novela de caballería y cree que las novelas de caballería son libros de historia. Sin embargo, no siempre cae despatarrado en sus lances imposibles, y a veces hasta aplica honrosas tundas a los enemigos que enfrenta o inventa. Y ridículo es, qué duda cabe, pero entrañablemente ridículo. Cree el niño que una escoba es un caballo, mientras el juego dura, y mientras dura la lectura los lectores acompañamos y compartimos los andares estrafalarios de don Quijote. Reímos de él, sí, pero mucho más reímos con él.
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"No te tomes en serio nada que no te haga reír", me aconsejó alguna vez un amigo brasileño. Y el lenguaje popular se toma en serio los delirios de don Quijote y expresa la dimensión heroica que la gente ha otorgado a este antihéroe. Hasta el Diccionario de la Real Academia Española lo reconoce así. Quijotada es, según el diccionario, "la acción propia de un quijote" y quijote es aquel que "antepone sus ideales a su conveniencia y obra desinteresada y comprometidamente en defensa de causas que considera justas, sin conseguirlo".
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Dos veces pidió Cervantes empleo en América, y dos veces fue rechazado. Algunas versiones dicen que era dudosa su limpieza de sangre. Los estatutos prohibían viajar a las colonias americanas a quien llevara en sus venas glóbulos judíos, musulmanes o heréticos, que se trasmitían a lo largo de no menos de siete generaciones. Quizá la sospecha de algún abuelo o bisabuelo que fuera judío converso explica la respuesta oficial a las solicitudes de Cervantes: "Busque por acá en qué se le haga merced". El no pudo venir a América. Pero su hijo, don Quijote, sí. Y en América le fue de lo más bien.
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En 1965, el Che Guevara escribió la última carta a sus padres. Para decirles adiós, no citó a Marx. Escribió: "Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante. Vuelvo al camino con mi adarga al brazo".
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En sus malandanzas, evocaba don Quijote la edad dorada, cuando todo era común y no había tuyo ni mío. Después, decía, habían empezado los abusos, y por eso había sido necesario que salieran al camino los caballeros andantes, para defender a las doncellas, amparar a las viudas y socorrer a los huérfanos y a los menesterosos. El poeta León Felipe creía que los ojos y la conciencia de don Quijote "ven y organizan el mundo no como es, sino como debiera ser. Cuando don Quijote toma al ventero ladrón por un caballero cortés y hospitalario, a las prostitutas descaradas por doncellas hermosísimas, la venta por un albergue decoroso, el pan negro por pan candeal y el silbo del capador por una música acogedora, dice que en el mundo no debe haber ni hombres ladrones ni amor mercenario ni comida escasa ni albergue oscuro ni música horrible".
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Unos años antes de que Cervantes inventara a su febril justiciero, Tomás Moro había contado la utopía. En el libro de Tomás Moro, Utopía, u-topía significaba no-lugar. Pero quizás ese reino de la fantasía encuentra lugar en los ojos que lo adivinan, y en ellos encarna. Bien decía George Bernard Shaw que hay quienes observan la realidad tal cual es y se preguntan por qué, y hay quienes imaginan la realidad como jamás ha sido y se preguntan por qué no. Está visto, y los ciegos lo ven, que cada persona contiene otras personas posibles, y cada mundo contiene su contramundo. Esa promesa escondida, el mundo que necesitamos, no es menos real que el mundo que conocemos y padecemos. Bien lo saben, bien lo viven, los aporreados que todavía cometen la locura de volver al camino, una vez y otra y otra, porque siguen creyendo que el camino es un desafío que espera, y porque siguen creyendo que desfacer agravios y enderezar entuertos es un disparate que vale la pena.
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Ayuda lo imposible a que lo posible se abra paso. Por decirlo en términos de la farmacia de don Quijote: tan mágico es este bálsamo de Fierabrás, que a veces nos salva de la maldición del fatalismo y de la peste de la desesperanza. ¿No es ésta, al fin y al cabo, la gran paradoja del viaje humano en el mundo? Navega el navegante, aunque sepa que jamás tocará las estrellas que lo guían.
(*) Periodista y escritor uruguayo.
Martes, 22 de Febrero de 2005 14:10 ;?> Hay 1 comentario.
No para dar por pensado, sino para dar en qué pensar Agenda de Reflexión Número 244, Año III, Buenos Aires, sábado 1º de enero de 2005
2005
"En un día del hombre están los días" (James Joyce, de Jorge Luis Borges)
"El tiempo es el único enemigo que mata huyendo" (Francisco de Quevedo y Villegas)
El rapsoda inmortal lo definía: enemigo que huyendo nos da muerte; oscuro manto del olvido inerte, que alumbra otros días tras el día.
El tiempo nos humilla y nos guía por sus senderos de tragedia y suerte, con cambio calendario que lo alerte a ese cálido canto de utopía.
El espejo, la flecha, el laberinto, azar de Cronos, que muestra cada año el sutil arabesco de su danza,
latiendo tan igual y tan distinto, renovando la cita del extraño encuentro entre el destino y la esperanza.
Oscar Sbarra Mitre Buenos Aires, diciembre de 2004
(Soneto inédito, difundido con autorización expresa del autor exclusivamente para la Agenda de Reflexión)
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Día del año nuevo, día eléctrico, fresco, todas las hojas salen verdes del tronco de tu tiempo. Corónanos con agua, con jazmines abiertos, con todos los aromas desplegados aunque sólo seas un día, un pobre día humano, tu aureola palpita sobre tantos cansados corazones...
Pablo Neruda, Tercer libro de las Odas
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PRIMERO DE ENERO
Las puertas del año se abren, como las del lenguaje, hacia lo desconocido. Anoche me dijiste: mañana habrá que trazar unos signos, dibujar un paisaje, tejer una trama, sobre la doble página del papel y del día. Mañana habrá que inventar, de nuevo, la realidad de este mundo. Ya tarde abrí los ojos. Por el segundo de un segundo sentí lo que el azteca, acechando desde el peñón de promontorio, por las rendijas de los horizontes, el incierto regreso del tiempo.
No, el año había regresado. Llenaba todo el cuarto y casi lo palpaban mis miradas. El tiempo, sin nuestra ayuda, había puesto, en un orden idéntico al de ayer, casas en la calle vacía, nieve sobre las casas, silencio sobre la nieve.
Tú estabas a mi lado, aun dormida. El día te había inventado pero tú no aceptabas todavía tu invención en este día. Quizá tampoco la mía. Tú estabas en otro día.
Estabas a mi lado y yo te veía, como la nieve, dormida entre las apariencias. El tiempo, sin nuestra ayuda, inventa casas, calles, árboles, mujeres dormidas.
Cuando abras los ojos caminaremos, de nuevo, entre las horas y sus invenciones y al demorarnos en las apariencias daremos fe del tiempo y sus conjugaciones. Abriremos las puertas de este día, entraremos en lo desconocido.
Octavio Paz
Sábado, 01 de Enero de 2005 20:23 ;?> No hay comentarios. Comentar.
El pasado domingo se cumplieron cien años del nacimiento del autor de "El siglo de las luces"
Ernesto Hernández Busto (*)
La Vanguardia - 29 diciembre 2004
Cuando en 1991 Guillermo Cabrera Infante reveló que Alejo Carpentier en realidad había nacido en Lausana, Suiza, muy pocos le creyeron. Cabrera es famoso por su maledicencia y Carpentier -de cuyo nacimiento se cumplió un siglo el domingo- había sido durante muchos años su rival político, el único gran escritor cubano que apoyaba sin fisuras la revolución y cuya obra, elevada a la categoría de monumento nacional, despertaba un respeto reverencial en el extranjero. En un país donde las biografías literarias son un género casi extinto, resulta comprensible que ciertas anécdotas del escritor oficial se alejen del relato de su vida contada por él mismo. Aunque lo interesante no es el lugar de nacimiento, sino la mentira: un escamoteo que revela esa manía del escritor latinoamericano por acomodar su biografía a los avatares de su proyecto literario.
Varias crónicas han aireado los flecos de una infancia idílica de Carpentier, hijo de emigrados, que presumía de una abuela pianista, discípula de Cesar Frank, y de un padre arquitecto "que empezó a trabajar el violoncello con Pau Casals". En realidad, Carpentier vivió en las afueras de La Habana, pasó unos años en el liceo parisino Jeanson de Sailly y regresó a la capital, donde su madre sobrevivió dando clases de francés. El padre, envuelto en un lío de faldas, desapareció en Panamá y al joven Alejo, según recuerda Heberto Padilla, no le quedó más remedio que ponerse a vender leche de casa en casa.
Truncos sus estudios universitarios de arquitectura, en La Habana de los años 20 había dos antesalas del inframundo profesional: el periodismo y la política. Por ambas pasó Carpentier. Su talento como cronista le ganó las páginas de Chic y Carteles. Como cualquier comunista de la época, viajó a México a conocer a Diego Rivera, suscribió protestas y acabó en la cárcel, donde escribió una novela de tema afrocubano con el poco inspirado título de ¡Ecue-Yamba-O! Luego fue a París y contactó con los surrealistas.
En París pasó Carpentier casi una década: perfeccionó su erre, se convirtió en un experto en radiodifusión y esposó a una musa de la belle époque, Eva Fréjaville. Por esos años viajó varias veces a Madrid, donde hizo amistad con Lorca, Alberti o Bergamín.
Sin embargo, en 1945 Carpentier corta su vínculo con la farándula habanera para irse a Caracas a trabajar en la publicidad y la radio. Durante sus 15 años en la Venezuela de Pérez Jiménez pondrá a un lado sus inquietudes revolucionarias para dar forma a su vocación literaria, incluyendo su famosa teoría de lo real maravilloso americano. Paradójicamente, fue con un relato, Viaje a la semilla (1944), que comenzó el proyecto novelístico más importante de la literatura cubana. Pasión por la historia, imaginería barroca que se regodea en la decoración arquitectónica, distancia de la narrativa psicológica e interés por el tiempo como la materia suprema de la ficción... Todo está ya en ese cuento concebido como un tour de force. Luego vendrá El reino de este mundo (1949), relato de la revolución haitiana, en cuyo prólogo reconocemos la astucia de quien toma distancia del surrealismo sin desechar sus hallazgos.
En 1953 Carpentier publica Los pasos perdidos, tal vez su mejor novela y la primera que aborda uno de sus grandes temas: el enfrentamiento entre naturaleza e historia. La obra relata el viaje a la selva de un compositor y musicólogo que, hastiado de la vida urbana, se interna en el Orinoco para comprobar sus teorías sobre los orígenes de la música y reanimar su propia creatividad. Lleno de resonancias autobiográficas, ese libro es también el momento en que, como en una obertura operística, la literatura latinoamericana descubre la relación de la cultura cortesana con el paisaje selvático.
Un émulo de Sainte-Beuve buscaría en la infancia oculta de Carpentier la raíz de una escritura voluntariamente arcaizante. Al pasado confuso correspondería la pulsión de la investigación histórica y la referencia a modelos arquitectónicos y musicales que caracterizan lo que González Echevarría, su mejor crítico, ha llamado "la figura de un escritor sistemático", es decir, "el que vuelve una y otra vez a los mismos temas y repite un discurso propio armado con reiteraciones que llegan a crear una combinatoria previsible".
Esa mezcla de voluntarismo y previsibilidad estilística que define el proyecto de Carpentier le convierte, al menos dentro de la literatura cubana, en el modelo del escritor profesional, omnicomprensivo, capaz de poner la novela latinoamericana al nivel de las exigencias sinfónicas. Pero también le da a zonas de la prosa carpenteriana un aire de grandilocuencia dieciochesca.
La otra gran novela de Carpentier (si dejamos a un lado su brillante incursión en la novela de dictadores, El recurso del método, y un admirable trío de nouvelles -El acoso, Concierto barroco y El arpa y la sombra-), es sin duda El siglo de las luces. La publicó en 1962, en Cuba, donde había vuelto tres años antes, con el triunfo de la revolución. Algunos críticos han visto en esta saga una parábola sobre los peligros saturninos de todas las revoluciones. Pero esa interpretación contrasta demasiado con la última fase del proyecto novelístico de Carpentier.
La altura de esa gran novela histórica que es El siglo de las luces pone de relieve el fracaso de otra, La consagración de la primavera (1978), intento de épica sincrónica, con alarde de planos paralelos y un aburrido enaltecimiento de la indistinción entre el individuo y la masa. En Cuba era esperada como la gran novela de la revolución, la suma alquímica del gran escritor y el funcionario. Fue el único fiasco del Carpentier maduro.
Carpentier murió en 1980. Su centenario debería ser una ocasión para volver sobre sus grandes novelas, rebuscar en sus ensayos y emprender, tal vez, su biografía definiva.
(*) Escritor cubano residente en Barcelona.
Jueves, 30 de Diciembre de 2004 22:42 ;?> No hay comentarios. Comentar.
Cuando, a mediados de julio pasado, Roberto Bolaño murió repentinamente, dejó terminadas cuatro de las cinco novelas que componían su más ambicioso proyecto: 2666. También dejó cerrado el libro de relatos El gaucho insufrible, que editará Anagrama y del que El Cultural publica “Jim”, la historia de un amigo norteamericano “chingado y atrapado” por sus fantasmas. Como el propio Bolaño, referencia obligada para los jóvenes narradores hispanoamericanos de hoy. Quizá por eso algunas de sus palabras tienen acento de testamento. Como cuando escribe, en este mismo libro, que la literatura latinoamericana “no es Borges ni Macedonio Fernández, ni Onetti ni Bioy ni Cortázar ni Rulfo [...] ni siquiera el dueto de machos ancianos formado por García Márquez y Vargas Llosa, [sino] Isabel Allende, Luis Sepúlveda, Angeles Mastretta, Sergio Ramírez, Tomás Eloy Martínez, un tal Aguilar Camín o Comín, ... y muchos otros nombres ilustres que en este momento no recuerdo.”
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Hace muchos años tuve un amigo que se llamaba Jim y desde entonces nunca he vuelto a ver a un norteamericano más triste. Desesperados he visto muchos. Tristes, como Jim, ninguno. Una vez se marchó a Perú, en un viaje que debía durar más de seis meses, pero al cabo de poco tiempo volví a verlo. ¿En qué consiste la poesía, Jim?, le preguntaban los niños mendigos de México. Jim los escuchaba mirando las nubes y luego se ponía a vomitar. Léxico, elocuencia, búsqueda de la verdad. Epifanía. Como cuando se te aparece la virgen. En Centroamérica lo asaltaron varias veces, lo que resultaba extraordinario para alguien que había sido marine y antiguo combatiente en Vietnam. No más peleas, decía Jim. Ahora soy poeta y busco lo extraordinario para decirlo con palabras comunes y corrientes. ¿Tú crees que existen palabras comunes y corrientes? Yo creo que sí, decía Jim.
Su mujer era una poeta chicana que amenazaba, cada cierto tiempo, con abandonarlo. Me mostró una foto de ella. No era particularmente bonita. Su rostro expresaba sufrimiento y debajo del sufrimiento asomaba la rabia. La imaginé en un apartamento de San Francisco o en una casa de Los Ángeles, con las ventanas cerradas y las cortinas abiertas, sentada a la mesa, comiendo trocitos de pan de molde y un plato de sopa verde. Por lo visto a Jim le gustaban las morenas, las mujeres secretas de la historia, decía sin dar mayores explicaciones. A mí, por el contrario, me gustaban las rubias. Una vez lo vi contemplando a los tragafuegos de las calles del DF. Lo vi de espaldas y no lo saludé, pero evidentemente era Jim. El pelo mal cortado, la camisa blanca y sucia, la espalda cargada como si aún sintiera el peso de la mochila. El cuello rojo, un cuello que evocaba, de alguna manera, un linchamiento en el campo, un campo en blanco y negro, sin anuncios ni luces de estaciones de gasolina, un campo tal como es o como debiera ser el campo: baldíos sin solución de continuidad, habitaciones de ladrillo o blindadas de donde hemos escapado y que esperan nuestro regreso.
Jim tenía las manos en los bolsillos. El tragafuegos agitaba su antorcha y se reía de forma feroz. Su rostro, ennegrecido, decía que podía tener treinta y cinco años o quince. No llevaba camisa y una cicatriz vertical le subía desde el ombligo hasta el pecho. Cada cierto tiempo se llenaba la boca del líquido inflamable y luego escupía una larga culebra de fuego. La gente lo miraba, apreciaba su arte y seguía su camino, menos Jim, que permanecía en el borde de la acera, inmóvil, como si esperara algo más del tragafuegos, una décima señal después de haber descifrado las nueve de rigor, o como si en el rostro tiznado hubiera descubierto la cara de un antiguo amigo o de alguien que había matado.
Durante un buen rato lo estuve mirando. Yo entonces tenía dieciocho o diecinueve años y creía que era inmortal. Si hubiera sabido que no lo era, habría dado media vuelta y me hubiera alejado de allí. Pasado un tiempo me cansé de mirar la espalda de Jim y los visajes del tragafuegos. Lo cierto es que me acerqué y lo llamé. Jim pareció no oírme. Al volverse observé que tenía la cara mojada de sudor. Parecía afiebrado y le costó reconocerme: me saludó con un movimiento de cabeza y luego siguió mirando al tragafuegos. Cuando me puse a su lado me di cuenta de que estaba llorando. Probablemente también tenía fiebre. Asimismo descubrí, con menos asombro con el que ahora lo escribo, que el tragafuegos estaba trabajando exclusivamente para él, como si todos los demás transeúntes de aquella esquina del DF no existiéramos. Las llamaradas, en ocasiones, iban a morir a menos de un metro de donde estábamos. ¿Qué quieres, le dije, que te asen en la calle? Una broma tonta, dicha sin pensar, pero de golpe caí en que eso, precisamente, esperaba Jim. Chingado, hechizado/Chingado, hechizado, era el estribillo, creo recordar, de una canción de moda aquel año en algunos hoyos funkis.
Chingado y hechizado parecía Jim. El embrujo de México lo había atrapado y ahora miraba directamente a la cara a sus fantasmas. Vámonos de aquí, le dije. También le pregunté si estaba drogado, si se sentía mal. Dijo que no con la cabeza. El tragafuegos nos miró. Luego, con los carrillos hinchados, como Eolo, el dios del viento, se acercó a nosotros. Supe, en una fracción de segundo, que no era precisamente viento lo que nos iba a caer encima. Vámonos, dije, y de un golpe lo despegué del funesto borde de la acera. Nos perdimos calle abajo, en dirección a Reforma, y al poco rato nos separamos. Jim no abrió la boca en todo el tiempo. Nunca más lo volví a ver.
Sábado, 25 de Diciembre de 2004 20:17 ;?> No hay comentarios. Comentar.
Ahora que celebramos este año el centenario del nacimiento de Alejo Carpentier, que se cumple en el mes de diciembre, no puedo sino pensar en él como el padre fundador de la imaginación mágica en nuestra literatura, un aporte del Caribe al acervo de nuestra cultura hispanoamericana.
¿Dónde sino en el Caribe de Carpentier habría de aparecer Henri Christophe, el personaje de El reino de este mundo, antiguo cocinero de una fonda que peleó por la libertad de los esclavos y luego inventó el trono de Haití para coronarse rey? Un rey que llegó a tener poder de vida y muerte sobre sus súbditos, los antiguos esclavos que él mismo había liberado, después de pasar a cuchillo a los colonos franceses, y que bajo su férula volvían a ser lo mismo de siempre, esclavos. Una historia que no la magia, sino la realidad, sigue repitiendo incesantemente en Haití.
El rey Christopher hizo construir encima de las lejanas rocas de las cumbre del Gorro del Obispo la ciudadela de La Ferrière, cada bloque de piedras subido a lomo de sus súbditos esclavos, y en el palacio de cantera rosada de Sans Souci estableció su remedo de corte francesa con duques y marqueses que llevaban ahora las pelucas empolvadas de sus antiguos amos.
A las ventanas del palacio se asomaban damas coronadas de plumas, con el abundante pecho alzado por el talle demasiado alto de los vestidos de moda. En uno de los suntuosos salones ensayaba una orquesta de cámara. Los oficiales de casaca roja y bicornio, con espadas al cinto, parecían oficiales napoleónicos. “Negras eran aquellas hermosas señoras, de firme nalgatorio, que ahora bailaban la rueda en torno a una fuente de tritones”. Y aquel mundo maravilloso se vuelve inexplicable para Ti Noel, el antiguo esclavo, ya anciano, que lo está viendo todo con ojos de asombro, y sobre cuya espalda los capataces van a encajar pronto una piedra para que la lleve, uno más entre aquel hormiguero de esclavos, hasta la cumbre donde se construye la fortaleza de La Ferrière.
Cuánto tiene que ver la ambición de poder con estas fantasmagorías. Es que somos parte de una misma tramoya, imágenes del mismo juego de espejos. Una gran olla en la lumbre, donde hierven ambiciones y delirios. Y, otra vez, la vieja pregunta acerca de la realidad y la imaginación. En las páginas de su otra novela memorable, El siglo de las luces, suena el clarín de una batalla, la batalla por los derechos del hombre que encandilará la imaginación de ese héroe confuso que es Víctor Huges, comerciante de ultramarinos transfigurado en revolucionario.
La Revolución Francesa viene a proclamar la abolición de todos los privilegios reales, y los de casta, a anunciar algo tan peligroso y disolvente como la abolición de la esclavitud. Y Víctor Huges abolirá en Cayena y Guadalupe la esclavitud bajo el directorio, agente fiel de Robespierre, y la restablecerá sin parpadeos bajo el consulado, agente fiel de la restauración. Lo que importa es el poder, no su color. Las palabras que llevan a la acción, y la acción que contradice las palabras. No hay conciliación posible. Lo alegórico para Carpentier es que las revoluciones son hechos históricos que desbordan la suerte de los personajes. Un péndulo que va y viene, de la luz hacia la oscuridad, repitiendo el mismo viaje desde siempre. El poder, que se vuelve contra los ideales. Las revoluciones que terminan en fracasos éticos, y devoran a sus propios hijos, como Saturno. Es una lección que todavía seguimos aprendiendo.
No libra Carpentier a las revoluciones de su sino trágico. Las revoluciones son deidades mudas, como la guillotina embozada que Víctor Huges trae a América desde Francia, y que navega en las aguas del Caribe sobre la cubierta de un barco que será luego un barco fantasma. Nadie puede librar su cabeza de ese péndulo con filo de guillotina que es el destino vestido con los ropajes del poder.
Ya hemos oído muchas necedades acerca del fin de la historia, y Carpentier no iba a ser quien se adelantara a proclamar esas necedades. “Una revolución no se discute, se hace”, proclama Víctor Huges. Pero para un novelista, que prueba no ser ingenuo, la repetición de la historia humana no termina con ninguna ideología, o con la imposición de un régimen político. Porque los seres humanos siguen siendo los mismos, nos advierte. Víctor Huges, el paladín de los ideales libertarios, termina cazando con perros de presa por los montes a los esclavos que él mismo había liberado.
Esta es una de las mejores lecciones de la imaginación, dictada por la inclemente realidad, que Carpentier, nuestro padre fundador, real y maravilloso, nos deja como perdurable herencia literaria.
Domingo, 12 de Diciembre de 2004 03:30 ;?> No hay comentarios. Comentar.
Publicado en Punto Final N° 581 (noviembre 26/ 2004)
Acaba de aparecer "Cantología" (Ed. Catalonia) de Patricio Manns, el destacado trovador chileno. En este trabajo, con prólogo de Pedro Lastra, nos entrega por primera vez –en un libro- los poemas que sirvieron de base a sus inolvidables canciones. La temática de este autor es extensa. Abarca desde la geografía hasta el compromiso político, pasando por el amor, la ciudad y los mundos interiores del ser humano, pero sobre todo por las grandes luchas sociales de la época que le ha tocado vivir.
Dos ejemplos. En el poema "Llegó volando", se refleja todo el clamor de los pueblos latinoamericanos ante la opresión de los tiranos que surgieron durante el siglo pasado en nuestro continente:
"Hay algunos que se hinchan con gran esmero Sirviendo la codicia del extranjero Y otros que se solazan por mil dolares Entregando su pueblo a los militares" (...)
"Un paredón exijo con Cal y Canto Para que el pueblo juzgue De tanto en tanto".
En otro texto, "Cuando me acuerdo de mi país", nos habla acerca del exilio. Son algunos de los más bellos versos escritos sobre el tema:
"Cuando me acuerdo de mi país Me muero de pan Me nublo y me voy Me aclaro y me doy Me siembro y se van Me duele y no soy Cuando me acuerdo de mi país" (...) "Me escribo de sal Me atraso de bien Me angustio de tren Me agrieto de mal Me enfermo de andén Cuando me acuerdo de mi país" (...) "Me enojo de ayer" (...) "Me lluevo en abril Cuando me acuerdo de mi país Me calzo el deber, me ofusco gentil Me enciendo candil Me encrespo de ser Despierto fusil”.
”Cuando me acuerdo de mi país". Compromiso, rabia y nostalgia conjugados con una profunda belleza poética. En "Vuelvo", que debe ser el mayor poema sobre el retorno que se haya escrito, nos dice:
"Con ceniza, con desgarros Con esta altiva impaciencia Con una honesta conciencia Con enfado con sospecha Con activa certidumbre Pongo el pie en mi país Y en lugar de sollozar De moler mi pena al viento Abro el ojo y su mirar Y contengo el descontento." (...) "Vuelvo al fin sin humillarme Sin pedir perdón ni olvido: Nunca el hombre está vencido Su derrota es siempre breve" (...) "Vuelvo hermoso, vuelvo tierno Vuelvo con mi esperadura Vuelvo con mis armaduras Con mi espada, mi desvelo Mi tajante desconsuelo Mi presagio, mi dulzura Vuelvo con mi amor espeso Vuelvo en alma Vuelvo en hueso A encontrar la patria pura Al pie del último beso".
En "América novia mía", nos encontramos ante el dolor de la conquista, pero también ante la esperanza y el coraje de luchar por un futuro sin opresión. En este poema, la voz del ser oprimido se sublima ante su amada (la tierra):
"América novia mía; tomamé Entre tus brazos mulatos Ciñemé En la boca tus dulzores Viertemé" (...) "Morena América mía: No hay dolor Al cual el hombre No aplaste triunfador. Es duro el camino del libertador Es largo el regreso del conquistador".
En la poesía de Manns también nos hallamos con pueblos, ríos, puertos y montañas, pero esa geografía siempre va acompañada por sus habitantes. Obreros, mineros, campesinos y toda clase de personajes populares conviven en ella. Es el caso de "En Lota la noche es brava", donde nos encontramos con la tragedia del minero en toda su dimensión:
"El hombre por quien preguntas Bajó al turno de la sombra Lo encontré allá en las laderas Mujer: ya regresará Llevaba el pan en las manos Y en los ojos tu mirada Volverá en la madrugada pero alguno no vendrá" (...) "en Lota la noche acaba Con sangre en el mineral El mar y el grisú están cerca Y es de vida o muerte el pan".
La vida de los arrieros, sus victorias y derrotas quedaron estampados en los versos de "Arriba en la cordillera", su más famosa creación:
"La Viuda Blanca en su grupa -la maldición del arriero- Llevó mi viejo esa noche Para arrear ganado ajeno Junto al paso de Atacalco A la entrada del invierno Le preguntaron a golpes Y él respondió con silencios: Los guardias cordilleranos Clavaron su cruz al viento" (...) "Nosotros cruzamos hoy Con un rebaño del bueno Arriba en la cordillera No nos vio pasar ni el viento Con qué orgullo me querría Si ahora llegara a saberlo Pero el viento no más sabe Dónde se durmió mi viejo Con su pena de hombre pobre Y dos balas en el pecho".
Una de las características más sobresalientes de Manns está en el uso que hace del lenguaje, como por ejemplo en "Palimsesto", donde logra una fusión notable de imágenes:
"Huelga deciros que yo os quiero más En la profunda pulpa de antesueño Cuando el glaciar se reconvierte al sol Y se nos va el esperma en el empeño Y se nos cuaja el sueño de cenizas Ávidas de hendir el cavilar del leño" (...) "Qué hombre volver para que Osuna libre Su libre nombre y su veloz corpiño Su vientre cuarzo y su agonía historia Y sus cadenas, su reloj, su niño Y os avecine, os una y os ausculte Con sus dos manos y sus tres cariños Y su refulgir Su oficio de herir La luz por venir".
O en estos otros versos pertenecientes al poema "El equipaje del destierro":
"Tú me preguntas cómo fue el acoso aquel que obtuve Metes la lengua en mi cabeza, en mi pensar, en mi algo" (...) "Pues, ¿cómo van a robar mi volcán con su volcana? ¿Desviar de mi alma el embocar del río con su ría? ¿Hacharme en el paisaje el árbol con su arboladura? ¿Quemar con un fósforo usual mi libro y su librea? ¿Untar el yatagán de mi dolor con su dolora? ¿Hacer aguar en temporal mi bote con su bota? ¿Batir en retirada mi conjuro y su conjura? Vibrar la cuerda de mi solfeo Con su solfear" (...) "¿Pues cómo van a extenuar mi caso con su caza? ¿Adelgazar mi saco vecinal con su saqueo? ¿Uncir mi canto universal de grillo a su grillete? ¿Vaciar de contenido mi araucano y su araucaria? ¿Cavar con fúnebre placer mi tumbo con su tumba? ¿Frenar la turbulencia de mi gesto con su gesta? ¿El choque de mis esperantes con su esperadura?".
Patricio Manns también se reconoce en una serie de personajes de nuestra historia reciente. Es el caso de Bautista van Schouwen, al que le dedica el poema "La dignidad se convierte costumbre". El martirio de Van Schouwen es retratado en este poema de manera cruda pero con una sensibilidad que no pierde jamás el contexto poético:
"Silencioso Con silencio de piedra submarina Con la conciencia sometida al hierro Con la muerte trenzando sus cuchillos Sintió que se quedaba desvestido De sangre, de cabellos y de uñas De ojo y de piel, como si fueran Un violento equipaje, el único equipaje O un dosel, un visillo, una terca ventana Que atajaran el ojo a los verdugos De Bautista van Schouwen, compañeros" (...) "Secando la memoria Clausurando la boca No dijo una palabra ni una fecha Ni un nombre, ni un país Ni un río, ni una flor Ni un bosque, ni una abeja Que sirvieran De mapa a los verdugos de su pueblo".
Otro tema importante en su poesía es el amor, cuya máxima expresión la alcanza en el poema "Balada de los amantes del camino de Tavernay", donde erotismo y amor son expresados con un vuelo poético del más alto nivel:
"El cuarto donde habita mi ruiseñora Se nutre con el ruido de mi demora Los cantos de la calle se están plegando Y el mórbido reloj mira blasfemando" (...) "La cama donde escurro mis homenajes Es donde desterramos la barrera de los trajes Y donde, de algún modo su resolana Se adueña de mi lengua tan soberana. Allí nos respiramos de diestra suerte Allí nos cobijamos (por si la muerte) Allí yo le regalo mis estertores Y allí ella me devora con mil amores Cogiendo de mi sangre Las frescas flores".
La edición de este libro viene a pagar una deuda con este magnífico autor. Porque más allá de sus composiciones musicales, novelas, cuentos y ensayos, Patricio Manns es fundamentalmente uno de los mayores poetas de nuestro continente.
Domingo, 05 de Diciembre de 2004 17:33 ;?> Hay 2 comentarios.
Benedetti cumple 84 años que celebra con "Memorias y esperanzas"
Por Venpres
Publicado el Martes, 14/09/04
Madrid, 14 Sep. Venpres.- El escritor uruguayo Mario Benedetti llega a sus 84 años y dedica su libro más reciente, "Memorias y esperanzas", a las incontables hornadas de lectores jóvenes que lo vienen acompañando desde que publicara “Poemas de oficina”.
El volumen aparecerá aquí coincidiendo con el onomástico del poeta, ensayista y novelista, que lo festejará en su tierra natal donde vive la mitad del año mientras la otra transcurre en España, país al que llegó por primera vez en 1977, exiliado, revela una nota de la agencia Prensa Latina.
Benedetti aborda en “Memoria...” los temas más disímiles en una larga reflexión que va de la política a los valores morales, el sexo, la infancia, la globalización, la hipocresía, la pasión deportiva (es un fanático del fútbol, como todos los uruguayos), la juventud, la conciencia, la canción chatarra o la política de Estados Unidos.
También hace profesión de fe, como la que se desprende al expresar: “me siento satisfecho cuando octogenario, veo que mis valores de toda la vida siguen vivos, que nunca tuve la tentación de renunciar, y que los sigo sosteniendo. Y que toda la vida pude arreglármelas con tan poco, y estar tan contento".
"Que, pese a haber vivido bombardeado por la misma publicidad que a todos nos dice que lo importante es el consumo, que lo importante es generar riqueza (monetaria) y que la globalización y el libre mercado son el único camino que nos queda por delante, sigo pensando que nada de esto es cierto", agrega.
Editado por el sello Destino, “Memoria y esperanza” es una especie de testamento legado a la multitud de jóvenes que repiten en todas las latitudes poemas como Táctica y estrategia o los convierten en materia prima de composiciones musicales.
Con ellos me siento a mis anchas -certifica- los entiendo y me entienden.
Al final de Memoria... hace un llamado: "Hombres y mujeres, adultos o hasta viejos, sintámonos jóvenes por un instante y medio, quizás así percibamos que la juventud no es un enigma, sino un inapreciable azar que a todos nos ilustra y nos descubre".
Jueves, 16 de Septiembre de 2004 22:15 ;?> No hay comentarios. Comentar.
Cuando las amadas palabras cotidianas pierden su sentido y no se puede nombrar ni el pan, ni el agua, ni la ventana, y la tristeza ha sido un anillo perdido bajo nieve, y el recuerdo una falsa esperanza de mendigo, y ha sido falso todo diálogo que no sea con nuestra desolada imagen, aún se miran las destrozadas estampas en el libro del hermano menor, es bueno saludar los platos y el mantel puestos sobre la mesa, y ver que en el viejo armario conservan su alegría el licor de guindas que preparó la abuela y las manzanas puestas a guardar. Cuando la forma de los árboles ya no es sino el leve recuerdo de su forma, una mentira inventada por la turbia memoria del otoño, y los días tienen la confusión del desván a donde nadie sube y la cruel blancura de la eternidad hace que la luz huya de sí misma, algo nos recuerda la verdad que amamos antes de conocer: las ramas se quiebran levemente, el palomar se llena de aleteos, el granero sueña otra vez con el sol, encendemos para la fiesta los pálidos candelabros del salón polvoriento y el silencio nos revela el secreto que no queríamos escuchar.
Aristóteles España
El otro invierno
Las voces de mis primas arden en dirección a un / enero que se fue. Todas reencarnadas, pequeñas leyendas, ubicándose en el agua donde eran más duendes / que mujeres: Imitaciones vagas, un cuadro de Renoir, carreras en el patio donde devorábamos el asado / navideño. Vuelve a repetirse el mismo sol en sus muslos después de doce años, esa lucha por parecernos a parientes remotos como si nada hubiera sucedido, y eso de usar siempre los mismos disfraces. También una danza que ya no recuerdo y afiches religiosos, con los magos que regresan de una historia / diferente cada día, con imágenes de leones muertos y ese bombardeo en los órganos sexuales, y el mismo final en boca de hijos imaginarios: Fotografías viejas que empiezo a destrozar en el / cuarto de una húmeda pensión en calle Diez de Julio en Santiago de Chile en 1981, reteniendo el aire, mientras miro, inmóvil, los huesos en la pared.
Vicente Huidobro
Arte poética
Que el verso sea como una llave Que abra mil puertas. Una hoja cae; algo pasa volando; Cuanto miren los ojos creado sea, Y el alma del oyente quede temblando. Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra; El adjetivo, cuando no da vida, mata. Estamos en el ciclo de los nervios. El músculo cuelga, Como recuerdo, en los museos; Mas no por eso tenemos menos fuerza: El vigor verdadero Reside en la cabeza. Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas! Hacedla florecer en el poema ; Sólo para nosotros Viven todas las cosas bajo el Sol. El Poeta es un pequeño Dios.
Hugo Vera Miranda
Hubo una vez un hombre
hubo una vez un hombre y en sus ojos palomas; de sus zapatos cada agujero era testigo del desdén de los caminos, batalló con las mareas, los artefactos y los hombres de su época.
él vive en cada borrachera de pueblo cordillerano, su mirada de cóndor vigila el derrotero del sol, hubo una vez un hombre; un hombre que fue el Genio del Pueblo, hubo una vez un pablo de rokha.
Miércoles, 08 de Septiembre de 2004 17:05 ;?> No hay comentarios. Comentar.