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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


LA UNIÓN SUDAMERICANA

<h2><hr><u>LA UNIÓN SUDAMERICANA</h2></u>

EL PENSAMIENTO DE ALBERTO METHOL FERRÉ



Por Augusto Batista - Uruguay

El historiador uruguayo Aberto Methol Ferré empieza su análisis diciendo “El tema y la óptica nuestra es histórica. No se puede pensar el futuro sin el arraigo en el mundo histórico al que pertenecemos”. Esto quiere decir que para Methol Ferré solo se puede pensar el futuro si el mismo está estrechamente vinculado al mundo histórico al cual se pertenece. Por eso que el historiador compatriota recuerda la primera independencia. Nos dice “En 1808 se inició el proceso de descomposición del imperio español, vinieron las juntas, luego continuó todo el proceso hasta el año 28 ó 30 del siglo XIX. Entonces, parece útil recordar la lógica de aquellos acontecimientos: la lógica del proceso de la independencia de los países que resultaron independientes. Y hablo de América del Sur, no del conjunto de América Latina, porque de alguna forma el norte, México, América Central y las Antillas siempre tuvieron lógicas específicas y propias, diferentes al conjunto América del Sur. En la independencia también fueron dos procesos que no estuvieron íntimamente imbricados. Hablo de lo que nos importa más, que es la América del Sur, o sea lo más importante de América Latina en extensión, en recursos y en población. La masa fundamental de América Latina está en América del Sur, y lo que define América Latina como “latina” es que abarca los mundos lusomestizo e hispanomestizo por igual y le da al conjunto ese nombre. Aunque “latina” incluye el Haití antillano, que fue el primer país en independizarse solo, no es tan determinante del nombre como las dos partes de América del Sur”.

El historiador Alberto Methol Ferré a la hora de recordar la lógica del proceso de la independencia de los países que resultaron independientes se centra en la América del Sur. Dado que entiende que es la más importante de la América Latina debido a su extensión, sus grandes recursos, y a su gran población. Además, la América del Sur tiene una doble cara. Es decir, una cara lusomestiza y otra cara hispanomestiza. Para Methol Ferré “El rasgo nuestro, sudamericano, es que ninguno de estos países hispanoparlantes se independizó solo, sino que la independencia estuvo siempre ligada al “más allᔠde cada país resultante. Esto es un acontecimiento fundamental. Bolívar empezó la lucha por la independencia de su país en Venezuela –lo que resultó ser un país- pero derrotado tuvo que ir al lado, a Bogotá, ayudó a liberar a Colombia y de Colombia liberó a Venezuela. Y así sucesivamente, marchó sobre el Ecuador, Perú, etcétera. Por el otro lado, en el sur, por ejemplo lo que resultó ser Argentina –que no era el conjunto de las Provincias Unidas del Río de la Plata – para poder lograr la independencia San Martín tuvo que ir a Chile, a Lima, y el objetivo último era el Alto Perú, donde estaba el principal ejercito español, esa tarea se la pasó a Simón Bolívar. De manera que todos empezamos, los países resultantes, a ser independientes, por tuvimos el “más allᔠde lo que resultó ser. Ninguno es hijo de sus actos exclusivos. Es diferente al caso de Brasil, que fue independiente como Brasil desde el comienzo hasta el fin.”

El rasgo nuestro sudamericano, el acontecimiento fundamental, según el historiador uruguayo, es que ninguno de estos países hispanoparlantes se independizó solo, sino que la independencia estuvo siempre ligada al “más allᔠde cada país resultante. Es decir, que los países hispanoparlantes son hijos de sus actos compartidos con el vecino de al lado. No se independizaron por sí mismos. Es entonces, que llegamos al año 1828. En relación a esto, Methol Ferré dice lo siguiente: “Es en el año 28, no recuerdo si en octubre, que con el Tratado de Paz entre Argentina y Brasil, con la mediación inglesa, nace el Estado de Montevideo, que esa sí es la fecha de la independencia del Uruguay. Nadie se acuerda de ella. A no equivocarnos, porque sino decimos la verdad de la historia tampoco entendemos la verdad del hoy. Hay que decir siempre la verdad para poder responder con autenticidad los desafíos. Entonces, ese proceso en que todo empezó y se resolvió se debió a que cada parte resultante fue generada o generó desde el más allá de si misma, terminando en el año 30 cuando Bolívar muere en el destierro. Bolívar, que fracasó en su intento de reunir el conjunto de América Latina entera – no solamente América del Sur-, finaliza su tarea diciendo, un poco antes de su muerte : “hemos perdido todo, menos la independencia”. O sea, hemos perdido las condiciones de la independencia. Eso es lo que dice el más alto representante de la Independencia. Resultó la independencia en un conjunto de “Estados Ciudad” antiguos que controlaban inmensos hinterlands para cualquier europeo, en la periferia de Gran Bretaña, la primera nación industrial moderna.”

La independencia resulto para los países hispanoparlantes, según Methol Ferré, ser un conjunto separado entre si de estados ciudades dependientes comercial y financieramente de Gran Bretaña. En otras palabras, los países hispanoparlantes quedaron siendo estados oligárquicos, en sociedades latifundistas sin industrializar y dependientes de la primera nación industrial moderna. Como bien dijo, Domingo Faustino Sarmiento: “No somos industriales ni navegantes y la Europa nos proveerá por largos siglos de sus artefactos en cambio de nuestras materias primas.” En el siglo XX en el año 1900 entran en escena una nueva generación de intelectuales latinoamericanistas. En relación, con estos intelectuales, Methol Ferré dice lo siguiente: “La crítica del “enanismo” coral, fue la gran tarea de la generación latinoamericana del 900, con Rodó, Ugarte, Blanco Fombona, García Calderón, etcetéra: querían la Patria Grande (es decir, un Estado Continental, sin la cual no había protagonismo posible). Querían los Estados Unidos de América del Sur, alcanzar a ser iguales a los del Norte. Así se ponían a la altura de las exigencias históricas. ¿Qué es la Patria Grande sino el ámbito en que nos podemos salvar las Patrias Chicas?” La crítica a los solitarios estados ciudades de los países hispanoparlantes fue la gran tarea, según Methol Ferré, de los Rodó, Ugarte, Blanco Fombona, García Calderón. Estos intelectuales latinoamericanos querían la Patria Grande. Es decir, los Estados Unidos de América del Sur.

En el año 1930 el mundo capitalista experimenta en sus centros metropolitanos una crisis económica muy grande y en América Latina entre en la escena política el fenómeno nacional populista. En relación a estos temas Methol Ferré nos dice “En los años 30 vino la crisis de los centros capitalistas metropolitanos y la emergencia del nacional populismo, entre nosotros, que muchos han convertido en una mala palabra y que es la mejor palabra que inventó la política de América Latina; lo más original, lo más hondo, lo más popular y lo más nacional de América Latina. Ahora, con el lío de fondo de los mercados financieros, en Washington la preocupación es que no vuelva el populismo. Parece que eso es horripilante. ¿Qué fue el nacional populismo? El inventor fue Haya de la Torre, y es a partir de la crisis del 29 y del año 30 que se inicia la lucha por la industrialización, por la sustitución de importaciones. Una lucha que Haya de la Torre percibía ante todo como la exigencia de la democratización radical de nuestros países agrarios. Y por eso había que industrializar a los países. Y para sostener el proceso de industrialización había que ir a la Integración. Pero la industrialización iba a fracasar si quedaba encerrada en los minipaíses, en los nueve enanos. El enano mayor era Argentina y el otro gran enano estaba en Colombia. Los otros eran todos enanitos. Somos todos enanitos. Este es un dato de la realidad. Si no lo sabemos bien, vamos a macanear incesantemente.” En los años 30 del siglo XX además de venir la crisis económica en los centros capitalistas metropolitanos en América Latina los movimientos nacional populistas por boca, según Methol Ferré, de Haya de la Torre, plantea el tema de la industrialización (sustitución de importaciones) estrechamente vinculado a la cuestión de la democratización radical de la sociedad y de la integración de los países de América Latina.

Para el historiador uruguayo “La Industrialización implica la Integración. Como nadie tiene mercados de escala con población suficiente, la lucha por la democratización es también una lucha por la integración. Las tres dimensiones inseparables de nuestra modernización son: Democratización, Industrialización (ciencia y tecnología) e Integración, que se implican y exigen mutuamente. Ese es el corazón de los “nacional- populismos” tan denotados, por que todavía ninguno alcanzó el objetivo de la realización, que es la integración. Han sido todos nacional populismos truncos.” El corazón de los nacional populismos, según Methol Ferré, son la Democratización, la Industrialización (ciencia y tecnología) e Integración, que se implican y se exigen mutuamente. Pero, los nacional populismos quedaron truncos. Dado, que ninguno alcanzó el objetivo de la realización, que es la Integración. En otras palabras, fueron experiencias de transformación socioeconómicas que quedaron frustradas.

Methol Ferré, sigue diciendo “Entonces el proceso de industrialización en cada país aislado era insuficiente, frágil hacía falta la Integración. Se necesitó recomenzar este asunto en forma más amplia y para mí el gran salto histórico lo da la fundación del Mercosur, que es el acontecimiento fundamental de la historia de América del Sur. La idea fue de un tipo no muy amado por los uruguayos, por lo menos por la mayoría de los uruguayos, que se llamó Perón. Perón es quien propone a Vargas e Ibáñez pasar de una etapa “nacional” a una etapa “continental” para terminar en la mundialización. Había que superar los “Estados nacionales” para ir a los Estados continentales.” Es el presidente argentino Juan Perón que en el año 1951 le propone al presidente de Brasil Getulio Vargas y al presidente de Chile Carlos Ibáñez una segunda versión del llamado ABC. La primera versión fue en el año 1915. En esta segunda versión del ABC Perón es quien, según Methol Ferré, le propone a Vargas y a Ibáñez pasar de una etapa nacional a una etapa continental para terminar en la mundializaciòn. Es decir, había que superar los Estados nacionales y pasar a los Estados continentales. El Mercosur va en ese proceso histórico por eso su fundación es un acontecimiento fundamental de la historia de América del Sur.

Methol Ferré sigue diciendo “Soy uruguayo y amo el Uruguay, pero no amo el uruguayismo, como amo a la Argentina pero no amo el argentinismo, y así sucesivamente, porque fue nuestra perdición y es la negación del proceso que resultó en nuestra propia independencia. Entonces, no es que estamos en la “segunda independencia”. Estamos en la “segunda fase” de la lucha por la Independencia, entrando ahora.” Si la primera fase de la lucha por la independencia de los países hispanoamericanos se caracterizó por sus mutuas y múltiples intervenciones que dio como resultado nuestras independencias. La fundación del Mercosur es la entrada de la segunda fase de la lucha por la independencia. En lo que respecta, al Mercosur, Methol Ferré dice “El Mercosur no es una alianza entre Argentina y Brasil como si fuera una alianza en el Pacto Andino o en otro lado. Es la alianza constituyente de las posibilidades de la unidad de América del Sur, la única alianza que puede fundar la unidad de América del Sur. Por eso reniego del nombre de Mercosur. Eso es un subtítulo. Es pensar que estamos haciendo solo mercado. Bienvenido el mercado entre nosotros, y bienvenido el que se desarrolle, pero lo fundamental es que tendríamos que llamarnos “Unión Sudamericana”. Porque es esta la única posibilidad real de Unión Sudamericana. El Mercosur es más que sí mismo.” El Mercosur es la alianza, según Methol Ferré, constituyente de las posibilidades de la unidad de América del Sur, la única alianza que puede fundar la unidad de América del Sur. Por eso, el historiador uruguayo, reniega del nombre del Mercosur y propone llamarse “Unión Sudamericana”. Siendo esta la única posibilidad real de hacer posible la Unión Sudamericana.

Por último, Methol Ferré termina diciendo “Me parece que el Mercosur, que tantos anuncian su muerte, les va a renacer todos los días, y va a volver una y otra vez porque está en la esencia fundante de nuestros pueblos, que ahora, sino vuelven de si mismos solos, para intervincularse y saber que la globalización no avanza sola: avanza la vecindad, avanza la política sudamericana, está naciendo la política sudamericana. Y por eso esta renaciendo la Unión Sudamericana de la primera fase de la Independencia frustrada.” Lo que está avanzando, según Methol Ferré, es la vecindad, avanza la política sudamericana, está naciendo la política sudamericana. Y por eso esta renaciendo la Unión Sudamericana de la primera fase de la independencia frustrada.

Conclusiones

De lo analizado se desprende que para Methol Ferré el Mercosur no surge en base a un mero acuerdo entre la Argentina y el Brasil, sino que se trata de la alianza constituyente de las posibilidades de la unidad de América del Sur. Es por eso, que el Mercosur se tiene que pasar a llamar Unión Sudamericana. Siendo esta la única posibilidad real de concretar una verdadera Unión Sudamericana. Con la Unión Sudamericana se esta construyendo un Estado continental que es la segunda fase de la primera independencia de América del Sur. Es el avance de la vecindad (la mutua influencia entre los países sudamericanos que son todos países fronteras) es el nacimiento de la política sudamericana.

Bibliografía

Methol Ferré, Alberto, Unión Sudamericana, Segunda fase de la Independencia de América del Sur, Uruguay: opciones para su inserción en un Mundo Global. Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo Uruguay, 2002, p.155.

Galeano, Eduardo, Memoria del fuego (II) Las caras y las máscaras, ediciones del Chanchito, Montevideo, Uruguay, 1987, p.206.


¡BUENOS DÍAS, UNIÓN SUDAMERICANA!

<h2><hr><u>¡BUENOS DÍAS, UNIÓN SUDAMERICANA!</h2></u>

Por Enrique Oliva

Argenpress
- (Fecha publicación:9/12/2004)

Bolívar y San Martín, como tantos patriotas continentales, deben estar festejando la realización de un sueño tan esperado. Ayer 8 de diciembre del 2004, en el 180 aniversario de la definitoria batalla de Ayacucho, ha nacido la unión de pueblos del sur y todos debemos comprometernos a hacer crecer esa criatura a la dimensión de gigante protector de la soberanía popular.

Esa criatura exige ahora los mayores empeños y cuidados. Dispone de nosotros para defenderla de los colonialistas de siempre y en especial de sus cipayos internos, esos enanos cómplices de la explotación y la entrega.

La Unión Suramericana anuncia a la faz de la tierra su voluntad de ser, de conformar la Patria Grande.

La nueva presencia continental nace con características que debemos tener siempre en cuenta. Si gran parte de la autoproclamada clase intelectual y
las bandas de tinterillos de siempre que se llaman politólogos, han comenzado entusiastamente a criticar esta indispensable unidad, es porque estamos acertando. Ninguno se atreve a ponerse abiertamente contra la idea, pero, “entre sí pero no”, le buscan defectos y proponen mañosas recetas, implicando todas más postergaciones de nunca acabar en concretos.

A la jauría mediática que juega como opositora o condena al silencio y la indiferencia, le cabe aquello atribuido erróneamente a Cervantes (porque nunca lo escribió) poniendo en boca de Don Quijote, dirigiéndose a Sancho sobre los ladridos como señal de que cabalgaban.

Alguien dijo que 'los críticos son los que orinan los monumentos', pero no conocemos monumentos a los críticos. Ignorémoslos hoy como lo hará la historia.

Un talentoso y patriota argentino que vive en España, Armando Rubén Puente, ya añoso, nos ha despertado hoy con un correo electrónico celebrando la novedad.

Dice Armando: “La mejor prueba de la importancia que reviste la creación de la Comunidad Suramericana esta dada por la notable oposición y ocultamiento que a este hecho le han dedicado casi todos los medios de difusión que responden a los intereses de Estados Unidos. Baste con mirar los diarios (europeos y yanquis) que comentan con mala voluntad o ignoran hasta ahora el acontecimiento histórico, el inicio de la Unión Suramericana por la que venimos luchando desde nuestra juventud, siguiendo el ejemplo de las generaciones anteriores desde principios del Siglo XX”. Y termina así: “¡Viva la Unión Suramericana! ¡Viva la Patria Grande!”.


SIMÓN BOLÍVAR, 178 AÑOS DESPUÉS

<h2><hr><u>SIMÓN BOLÍVAR, 178 AÑOS DESPUÉS</h2></u>

Por Roberto Bardini

Bambú Press
– México – Diciembre de 2004

El 20 de septiembre de 1830, Simón Bolívar le escribe desde Cartagena de Indias a Pedro Briceño Méndez, su ex ministro de Marina y Guerra: “Estoy viejo, enfermo, cansado, desengañado, hostigado, calumniado y mal pagado. No pido por recompensa más que el reposo y la conservación de mi honor; por desgracia es lo que no consigo”.

Tres meses después, el 17 de diciembre, Bolívar moría en Santa Marta. Tenía sólo 47 años y se llevó a la tumba el sentimiento de haber fracasado en su intento de crear los Estados Unidos de América Latina: “He sembrado en el viento y arado en el mar”.

Triste epitafio para un civil que organizó un ejército rebelde multinacional -integrado por colombianos, argentinos, chilenos, peruanos y voluntarios europeos- y derrotó al imperio español en América del Sur. Terrible final para un político que fue presidente de seis países: la Gran Colombia, que incluía a Colombia, Venezuela, Ecuador y lo que hoy es Panamá (1819-30); Perú (1824-26) y Bolivia (1825-26).

El Libertador recorrió 123 mil kilómetros -muchos más que los que transitó Cristóbal Colón- y llevó la independencia a la distancia de 65 mil kilómetros, lo que equivale a una vuelta y media al planeta. Para decirlo de otra forma: abarcó el triple que el macedonio Alejandro Magno y diez veces más que el cartaginés Aníbal.

Pero los triunfos militares de Bolívar no fueron acompañados por éxitos políticos. Su fracaso más grande fue el Congreso Anfictiónico de Panamá, en de junio de 1826, donde intentó la creación de una sola Hispanoamérica.

En la Grecia clásica, la 'anfictionía' significaba un conjunto de ciudades o repúblicas hermanas, unidas por un idioma y una cultura comunes alrededor de un santuario u otro lugar notable. Existió, entre otras, la anfictionía de Delfos, dirigida por un consejo de 24 miembros, que representaba a las doce tribus de la región de las Termópilas. “¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuera para nosotros lo que el de Corinto para los griegos!... Ojalá que un día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto Congreso”, se entusiasmaba el Libertador.

A la reunión sólo asistieron Colombia, Venezuela, Ecuador, Guatemala, México y Perú. Chile, los países centroamericanos y lo que hoy es Argentina, no participaron a causa de sus conflictos internos. Bolivia no llegó a tiempo. Decepcionado, Bolívar se comparó con “aquel loco griego que pretendía dirigir desde una roca los buques que navegaban”.

El proyecto de una sola Patria Grande chocó con las posiciones particularistas de los antiguos virreinatos y capitanías generales del imperio español, cuyas oligarquías locales prefirieron buscar la independencia por separado.

Transcurrieron 178 años para la firma de la Declaración de Cuzco y la creación de la Comunidad Sudamericana de Naciones (Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela). El proyecto representa al tercer mayor bloque económico del mundo, sólo superado por la Unión Europea y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

La comunidad incluye a más de 360 millones de personas que habitan en un espacio que supera los 17 millones y medio de kilómetros cuadrados, con fuertes reservas de gas y petróleo para más de un siglo. Entre sus objetivos a largo plazo se cuentan una moneda única, un solo pasaporte, un tribunal de justicia común, un Parlamento, una unión aduanera, un mercado común y posiciones conjuntas en foros mundiales.

Quizá algún día se podrá decir que Bolívar -el hombre que creyó que había sembrado en el viento y arado en el mar- ganó la batalla después de muerto, como el Cid Campeador.


UNIÓN SURAMERICANA

<hr><h2><u>UNIÓN SURAMERICANA</h2></u>

Por Enrique Oliva

Reconquista Popular
- Diciembre 2004

Malvinas y la Unión Suramericana son las dos banderas anticolonialistas nacionales, e internacionales, más popularmente convocantes de nuestras conciencias, por enfrentar a los verdaderos grandes enemigos de los pueblos del continente. Ambas insignias coinciden con el mandato de los libertadores, avalados por la sangre criolla derramada tan generosamente.

Las notas difundidas por nosotros y otros grupos activistas patrios sobre la cuestión Suramericana, han tenido una gran repercusión en nuestro país como el exterior. Ese logro de comunicación entre quienes poseen ideas nobles pero sin acceso a la sorda prensa tradicional, lo debemos a Internet, único medio de acceso ilimitado (por ahora).

Los contactos deben ampliarse aun más con la difusión de ideas y sugestiones de cuantos desean el bien común, ante la poderosa ofensiva de quienes atacan al proyecto de unidad nacional e internacional bajo justas banderas.

El enemigo común dispone de muchos medios económicos y bien aceitados mecanismos conformados no solo por ejércitos genocidas sino también con infiltraciones en los movimientos populares y medios de comunicación.

Movilización de cipayos

Ya se le ha permitido, sin ninguna reacción sino con difusión amplia, a la intrusa embajadora de México en Argentina expresarse en forma descalificadoramente insultante contra países firmantes de la Declaración de Sucre. Esta señora, como se informa, ha hecho “estudios superiores” en la Universidad de Kansas durante dos años y un master en la Universidad de Columbia (Nueva York). Pero ese ejemplo de esta “columbian girl” es solo el comienzo de una “guerra total” contra la idea de unidad. Deben esperarse ataques de muchas otras fuentes, quizás hasta ahora insospechadas de cipayismo.

La artillería más pesadas, aun no desplegada, no tendrá ni siquiera el límite de llegar a ”asesinatos selectivos”, pasando por los sobornos.

La alarma no es una invención nuestra. La tomamos del sitio francés http://www.voxnr.com del importante Movimiento Nacionalista-Revolucionario y Solidarista, que señala los instrumentos del imperio para sus operaciones intervencionistas disfrazadas de filantrópicas. Comienza la nota diciendo: “Las fundaciones Soros y Ford, la Freedom House y la CIA financian las 'revoluciones democráticas' en el mundo”. Este llamado de atención, que da muchos ejemplos pasados y presentes será objeto de una traducción completa separada, por ser muy esclarecedor. A nosotros nos recuerda al embajador yanqui Spruille Braden quien núcleo a todos los partidos políticos sin excepción y a los medios de difusión tradicionales en contra de Perón.

Pero el pueblo de Perón le ganó al imperio anglo-yanqui con la movilización del 17 de octubre y luego en las urnas. Lo mismo ocurrió recientemente en Venezuela, donde nunca le perdonarán al bolivariano Chávez que alienta a la Unión Suramericana. Es el mismo pensamiento del General San Martín que le ganó a España, como Juan Manuel de Rosas venciera a los colonialistas franco-ingleses y a los cipayos argentinos que se pusieron los uniformes de las dos más grandes potencias de la época.

Tanto le dolió al Imperio Británico perder el dominio de Argentina, “una de las mejores joyas de la corona”, que Winston Churchill declaró en 1955 en la Cámara de los Comunes, a los 86 años de edad, con su odio intacto: “La caída del tirano Perón en Argentina es la mejor reparación al orgullo del Imperio y tiene para mi tanta importancia como la victoria de la Segunda Guerra Mundial, y las fuerzas del imperio inglés no le darán tregua, cuartel ni descanso en vida ni tampoco después de muerto”.

Argumentos tramposos a tener en cuenta

La principal “razón” objeción de mala fe consiste en sostener que conviene más la “Unión Latinoamericana” y hasta algunos se animan a enarbolar la Panamericana” incluyendo a Estados Unidos.

¿Quién puede estar en contra de una futura Unión Latinoamericana? Por supuesto que nadie. Pero debemos ir por pasos más seguros y con el tiempo llegar a todo el continente y después a un universalismo como lo preveía el General Perón para el futuro.

Si incluimos hoy al Caribe, Antillas y Centroamérica, donde priman colonias descarnadas o encubiertas que son paraísos fiscales y bancarios para los manejos especulativos capitalistas y guarida de dineros mal habidos (narcodólares en especial), los suramericanos quedamos en minoría para cualquier cambio que quisiéramos intentar. Significaría una nueva OEA, esa dependencia del Departamento de Estado cuya nulidad es más que evidente y su servicio al Imperio Anglosajón quedó bien claro con la agresión colonial de gobiernos (no de pueblos) en la Guerra de Malvinas.

A más de la inexplicada entrada a la Unión Suramericana de las guayanas holandesas e inglesas, esperan otras más complicantes como la guayana francesa y Belice. Este último “país independiente”, nacido en 1981, es un estratégico territorio centroamericano de 22.965 K2, usurpado a Guatemala. Por supuesto, también está en la OEA y... en el Commonwealth.

Cuando la Unión Suramericana se consolide, por la movilización de todas las organizaciones populares, será el momento de aceptar el ingreso de otras naciones del continente, una por una, previa demostración de su real independencia.


FRANCISCO SOLANO LÓPEZ

<h2><hr><u>FRANCISCO SOLANO LÓPEZ</h2></u>

"¡MUERO CON MI PATRIA!"



Investigación histórica de José María Rosa


Con esa última frase en sus labios, el 1º de marzo de 1870, en Cerro-Corá, el Mariscal Francisco Solano López, herido, agotado y desangrado, medio ahogado, moribundo y anegada en sangre el agua inmunda del arroyo que, caído sentado, lo circundaba, recibió un tiro de Manlicher que le atravesó el corazón. Ahí quedó, muerto de espaldas, con los ojos abiertos y la mano crispada en la empuñadura de su espadín de oro -en cuya hoja se leía "Independencia o Muerte"-. "O, diavo do López!" ["Oh, diablo de López!"], comentó el recluta del Imperio brasileño mientras pateaba el cadáver.

Las últimas palabras del Mariscal eran algo más que una metáfora: ya casi nada quedaba del Paraguay, toda su población masculina entre los 15 y 60 años había muerto bajo la metralla. Muchísimas mujeres y niños también, cuando no por las balas, por las terribles epidemias de cólera y fiebre amarilla, o simplemente sucumbieron de hambre. Por supuesto, tampoco quedaron ni altos hornos, ni industrias, ni fundiciones, ni inmensos campos plantados con yerba o tabaco, ni ciudad que no fuera saqueada. Apenas si un montón de ruinas cobijaba a los fantasmales trescientos mil ancianos, niños y mujeres sobrevivientes. Se condenó al país a pagar fortísimas indemnizaciones por "gastos de guerra". Paraguay perdió prácticamente la mitad de su territorio, que pasó a formar parte de Brasil y de Argentina (las actuales provincias de Misiones y Formosa).

Cinco años antes, al comenzar la guerra de la Triple Alianza, el Paraguay de los López era un escándalo en América. El país era rico, ordenado y próspero, se bastaba a sí mismo y no traía nada de Inglaterra... Abastecía de yerba y tabaco a toda la región y su madera en Europa cotizaba alto. Veinte años había durado la presidencia del padre, don Carlos Antonio López, hasta su muerte en 1862, y desde entonces la del hijo Francisco Solano. El Paraguay tenía 1.250.000 habitantes, la misma cantidad de la vecina Argentina de entonces (¡Se exterminó en la guerra nada menos que al 75% de la población!). El país era de los paraguayos. Ningún extranjero podía adquirir propiedades, ni especular en el comercio exterior. Y casi todas las tierras y bienes eran del Estado. La balanza comercial arrastraba un saldo ampliamente favorable, y carecía de deuda externa. Contaba con el mejor ejército de Sudamérica. Tenía altos hornos y la fundición de Ibicuy fabricaba cañones y armas largas. Funcionaba el primer ferrocarril de latinoamérica, un telégrafo y una poderosa flota mercante. El nivel de la educación popular también era el primero del continente. Además, Paraguay era un importante productor de algodón, materia prima que necesitaba el capitalismo inglés en su etapa de expansión imperialista para su industria textil, principal motor de su economía. El bloqueo al sur esclavista de la Confederación, que proveía de algodón a la industria inglesa, producido por la guerra de Secesión norteamericana (1861-1865), hizo indispensable para los intereses británicos la destrucción de tal nación soberana.

Esos intereses manipularon al círculo de influencia del emperador del Brasil y al partido mitrista y la oligarquía porteña y montevideana, hasta promover el vergonzoso exterminio espeluznante de todo un pueblo, que incluyó de paso a las montoneras argentinas. Verdaderamente, como se ha dicho, la guerra de la Triple Alianza fue la guerra de la Triple Infamia. Lo cierto es que la marcha final de siete meses de los últimos héroes paraguayos hacia Cerro-Corá, doscientas jornadas por el desierto, bajo el ardiente sol tropical, constituye una de las páginas más sórdidas pero también más gloriosas de la historia americana. Soldados abrazados por la fiebre o por las llagas y extenuados por el hambre, sin más prendas que un calzón, descalzos porque los zapatos, como el morrión y las correas del uniforme, han sido comidos después de ablandar el cuero con agua de los esteros. Todos están enfermos, todos escuálidos por el hambre, todos heridos sin cicatrizar. Pero nadie se queja. No se sabe adónde se va, pero se sigue mientras no sorprenda la muerte. Conduce la hueste espectral el presidente y mariscal de la guerra Francisco Solano. Si no ha podido dar el triunfo a los suyos, les ofrecerá a generaciones venideras el ejemplo tremendo de un heroísmo nunca igualado.

Cinco años después, el gran Paraguay de los López quedó hundido, con todo su pueblo, en los esteros guaraníes. Desde entonces el Foreing Office quedaría como dueño absoluto de la región y dejaría desarticulada, por lo menos durante un largo período que todavía sufrimos, la posibilidad de integrar en una sola nación a la Patria grande. La gran causa iniciada por Artigas en las primeras horas de la Revolución, continuada por San Martín y Bolívar al concretarse la Independencia, restaurada por la habilidad y energía de Rosas en los años del "sistema americano", y que tendría en el Gran Mariscal Francisco Solano López su adalid postrero.

Pero ya una año antes de Cerro-Corá, viejo y pobre en su destierro de Southampton, don Juan Manuel de Rosas, que por sostener lo mismo que López había sido traicionado y vencido en Caseros por los mismos que traicionaron y vencieron ahora al mariscal paraguayo, se conmovió, profundamente emocionado, ante la heroica epopeya americana. El Restaurador miró el sable de Chacabuco que pendía como único adorno en su modesta morada. Esa arma simbolizaba la soberanía de América; con ella San Martín había liberado a Chile y a Perú; después se la había legado a Rosas por su defensa de la Confederación contra las agresiones de Inglaterra y Francia. El viejo gaucho ordenó entonces que se cambie su testamento, porque había encontrado el digno destinatario del sable corvo de los Andes.

El 17 de febrero de 1869, mientras Francisco Solano López y el heroico pueblo guaraní se debatían en las últimas como jaguares decididos que se niegan a la derrota, Rosas testó el destino del "sable de la soberanía":

"Su excelencia el generalísimo, Capitán General don José de San Martín, me honró con la siguiente manda: 'La espada que me acompañó en toda la guerra de la Independencia será entregada al general Rosas por la firmeza y sabiduría con que ha sostenido los derechos de la Patria'.

"Y yo, Juan Manuel de Rosas, a su ejemplo, dispongo que mi albacea entregue a su Excelencia el señor Gran Mariscal, presidente de la República paraguaya y generalísimo de sus ejércitos, la espada diplomática y militar que me acompañó durante me fue posible defender esos derechos, por la firmeza y sabiduría con que ha sostenido y sigue sosteniendo los derechos de su Patria"
."


LOS 110 AÑOS DE PABLO, EL MAYOR

<hr><u><h2>LOS 110 AÑOS DE PABLO, EL MAYOR</u></h2>

"Las Últimas Noticias" - Domingo 14 de marzo de 2004
Luis Sánchez Latorre

No sólo de Pablo Neruda vive el hombre: también de Pablo de Rokha (Carlos Loyola Díaz).

De Rokha, diez años mayor que Neruda, nació en Licantén, a orillas del río Mataquito, en la provincia de Curicó, el 22 de marzo de 1894. Como apunta su acertado biógrafo Mario Ferrero, “su más remota infancia transcurre de poncho y a caballo. Es una infancia dura y varonil, entre arrieros y contrabandistas, entre peones agrícolas y humildes habitantes de la sierra. Este contacto continuo con un
medio ambiente de epopeya, fuerte y desgarrador, incluía la convivencia con todo tipo de personajes de complejísima estructura: comerciantes en ganado, policías y bandoleros, auténticos bandoleros de carabina recortada y puñal al cinto. Aventureros de toda especie, domadores, baqueanos, salteadores de caminos, completaban el reparto humano de este violento escenario”
.

No sé si en son de broma, Enrique Lafourcade me dijo que De Rokha, como jefe de familia, era un padre intimidatorio con todos sus hijos; que él -Lafourcade- vio alguna vez a Carlos de Rokha, el hijo mayor, preocupado de llegar a tiempo a casa para no incurrir en las iras del padre. Esta historia del poeta reprensor de los hijos me parece sumamente discutible, como la leyenda de que Pablo de Rokha se comía los pavos y los chanchos crudos, sólo por haber escrito “Epopeya de las comidas y bebidas de Chile”, obra superior a todo lo que Neruda hizo sobre la materia.

Es posible que en cuanto jefe de hogar venido de la provincia huasa, moldeado bajo la autoridad patriarcal del 900 de don Ignacio Díaz Alvarado y el cuidado hogareño de doña Laura Loyola, sus padres, De Rokha haya sido un tanto chapado a la antigua. En mis contactos con él, que los tuve en abundancia, jamás presencié escenas de familia
que no fueran las de una visible y respetuosa atención por las cosas de los suyos.

Se ha sostenido, asimismo, que fue un bohemio impenitente, sin temor a los rituales de la bebida. Por lo que yo pude captar a través de la experiencia de una larga amistad -que excluye por cierto su juventud-, no fue bohemio ni dado a la bebida. Si se examinan con buena pupila los archivos gráficos de la bohemia literaria chilena
en su apogeo, Pablo de Rokha brilla por su ausencia en esta iconografía.

“Caballero proletario”, como él se definía, fue, con “Los gemidos”, su primera obra de largo aliento, padre del vanguardismo en nuestras latitudes. Neruda, para quien De Rokha fue el “papaíto” de juventud hasta el punto de adoptar el nombre de pila del maestro, acabó negándolo a fardo cerrado. En su libro de memorias “Confieso que he vivido” omite su nombre y lo presenta como “Perico de los Palothes”. No es raro: hasta algunos de los mejores amigos de Neruda pasaron a pérdida en tales páginas. Naturalmente, los 110 años del nacimiento de Pablo de Rokha pasarán inadvertidos para el estilo de farándula con que aquí se manejan oficialmente los temas culturales.


DE ROKHA

<h2><hr><u>DE ROKHA</h2></u>

COMER Y BEBERSE CHILE



Por Jorge Teillier (*)

Permítaseme recordar un atardecer de verano en Lautaro, mi pueblo natal, veinte años después de que ocurriera esta escena. Ritualmente salíamos al atardecer a caminar por el pueblo donde ahora sólo me podría acompañar “el buen crepúsculo/ ese único amigo que me queda” (cito a Nicanor Parra). Salíamos con mi hermano Iván, mi padre, Liro Mancilla, y el actual traductor de Esenin, Gabriel Barra, al puente de Cautín para llegar a la última casa del pueblo y luego tomar unas cervezas en el Club Conservador. Ahora bien, caminábamos cuando siento el brusco frenar de un auto (una ranchera) y de él apareció entre la vaga neblina del crepúsculo Pablo de Rokha. “Compañero Teillier –me dice- vengo desde Los Ángeles muerto de ganas de comerme unas patitas de vaca”. Mientras me restregaba la mano dolorida por su vigoroso saludo lo presenté a mis acompañantes. Mi padre me llamó aparte. “El único lugar donde podríamos ir a comer patitas es donde doña Margarita, pero no creo que el poeta le gustaría ese ambiente”, me dijo. “Es el mejor ambiente donde lo podrías invitar”, le respondí. A él no le gustan las cosas siúticas ni pitucas, es popular. Doña Margarita era dueña de una frutería en el barrio Cuyaquén, al lado de la vía férrea. Su hijo era llamado “El caimán” y su esposo era un ciego gigantesco que habitualmente oscilaba entre la embriaguez parcial y la completa y una de cuyas habituales ocupaciones era la de lanzarle piedras al tren de carga de las cuatro que le interrumpían la siesta. Su sueño era sagrado. La frutería era en realidad una especie de pantalla. Lo importante no era ir donde doña Margarita a comprar frutas, sino acceder a su sanctasantorum, la trastienda en donde sus conocidos probaban los frutos de su buena mano. Privilegiados conocidos: el alcalde, el gobernador, el oficial del Registro Civil y hasta el sargento de carabineros encargado de controlar el clandestinaje, que jamás sacaba un parte donde doña Margarita.

Doña Margarita nos acogió muy complacida, sobre todo cuando la enteramos de que el ilustre visitante (que venía acompañado de uno de sus yernos, encargado de vender cuadros de Juan Francisco González) era candidato al premio nacional de Literatura. Pero –como buena anfitriona- nos ofreció además salmoncito recién salido del río (también sacado en época de veda) y pancoras del río, amén de chicha fuerte de manzana de donde Kunz, la mejor de la zona. “Se ve el horizonte”, exclamó con su mejor vozarrón Don Pablo. Y acto seguido –para empezar a abrir el apetito- pidió una damajuana de chicha como aperitivo, junto a una “pichanguita” que fuera bien contundente, para preparar el ingreso a conversar, según sus palabras. La pichanga (a la cual él llamaba –pese a sus años- causeos criatureros) llegó contando con su aprobación: queso de cabeza, arrollado, longaniza, cebolla escabechadas en vinagre y ají cacho de cabra. Doña Margarita la trajo en una fuente calculada para seis personas, pero Don Pablo con la servilleta puesta empezó a devorarla personalmente; a lo cual la patrona respondió sin decir palabra trayéndonos una fuente para seis personas a cada uno. Singular competencia en la cual yo no tomé parte. Luego llegó el fresquísimo salmón en mantequilla negra acompañado de ensaladas y desde luego las patitas (llamadas “uñetas”) y una damajuana, esta vez de vino pipeño. El profesor primario empezó a cantar cuecas chilotas con el beneplácito de la concurrencia. Gabriel Barra bailó cueca con doña Margarita. Eran cerca de las tres de la mañana y pasó el tren nocturno a Puerto Montt, remeciendo la casa de madera. Allí terminó la fiesta, con la aparición del ciego, que además de lanzarle piedras al tren nos lanzó sin el menor respeto a nosotros los invitados.

“Nadie baile cueca en esta casa –dijo-, se van todos los...” (palabras irreproducibles). Así terminó esta jornada. Como estoy hablando de gastronomía, es bueno decir que el poeta cambió su última obra “Idioma del mundo” por un saco de papas donde el vasco Goicoechea y por un quintal de harina donde el molino de Haury, menestras que envió a Santiago a casa de su hija. Para que sus andanzas fueran mejor cambió un libro por un par de zapatos (número 45) en la zapatería López.

El poeta estaba invitado a almorzar a casa de mis padres. Mi madre tenía problemas para ofrecerle la comida, lo que yo dispuse rokhianamente. Don Pablo era dogmatiquísimo al respecto. “No cometáis la mariconada de comer porotos con riendas”, decía, por ejemplo. Y me llevé un gran reto diciéndole que ése era un plato criollo: porotos con rienda. El almuerzo fue una entrada de lomo aliñado de cerdo sureño oceánico, un ajiaco de pacuntras fiambres y un ganso con ajo y arvejitas de la huerta. De aperitivo una chupilca. Ante el espanto de mi madre, don Pablo no reparó mayormente en la copihuera del frontis de la huerta de la casa ni en el jardín, sino que se dirigió derechamente a la huerta y allí extrajo dos cebollas que comió crudas. Después del almuerzo pidió permiso para dormir siesta en un sillón, en el patio, bajo la sombra de los manzanos. El secreto de su salud, decía, era el dormir sentado, durante dos horas. Incluso en la noche. Para ese efecto, apenas dormía en su sillón ponía el despertador para dos horas más tarde. Despierto metíase a la cama.

Yo solía visitar a Pablo de Rokha, espléndido y peligroso anfitrión. Tomaba nada más que al seco y uno debía seguirlo. Recuerdo mi última visita. Fui a pedirle un poema para la revista Árbol de Letras en su casa de Valladolid. Me entregó “La última hoja”, que fue también el último poema que apareció en su vida. Mientras yo comía perniles calientes el “macho anciano” con su hija adoptiva Sandrita en las rodillas, probaba apenas un caldillo de papas. Y recordé uno de sus versos “Retorna a la provincia despavorida y funeral/arrincónese solo en lo solo/cómase un caldillo de papas que es lo más triste que existe/arrincónese sólo en lo solo”. Un mes después recurría a la Smith Wesson 44 igual que Joaquín Edwards Bello, cumplida su tarea de haberse comido y bebido todo Chile, según sus palabras.

(Publicado originalmente en El Mercurio del 20 de noviembre de 1981, bajo el titulo “Pablo de Rokha y unas patitas de vaca”). Tomado de www.centroavance.cl


PABLO DE ROKHA: ENTRE DOS FUEGOS

<hr><h2><u>PABLO DE ROKHA: ENTRE DOS FUEGOS</h2></u>

Por Alejandro Lavquén

Punto Final
– Edición 578 – Octubre de 2004

Hace 110 años, el 17 de octubre de 1894, nació en Licantén Carlos Díaz Loyola, que pasaría a la posteridad con el seudónimo Pablo de Rokha. Hijo de Ignacio Díaz y Laura Loyola, cursó sus primeros estudios en la Escuela Pública N° 3, de Talca, e ingresó luego al Seminario Conciliar de esa ciudad, del que posteriormente sería expulsado por hereje y leer libros prohibidos. También estudió las carreras de derecho e ingeniería en la Universidad de Chile, pero no las terminó para dedicarse a la poesía.

Instalado en Santiago, publicó sus primeros poemas en revistas y se relacionó con el mundo literario y estudiantil, acercándose a las ideas anarquistas. En 1916 conoció a Luisa Anabalón Sanderson (Winétt de Rokha), con la que se casó, dando origen a una numerosa familia de artistas de reconocida trayectoria, destacándose José y Lukó de Rokha, pintores, y el poeta Carlos de Rokha.

Hombre campechano, aguerrido intelectual y padre de familia, incansable luchador social, es uno de los grandes poetas de la lengua castellana. De Rokha sin embargo es un poeta de dulce y agraz. Tierno y furibundo. Agreste y de vasta cultura, siempre atento a los acontecimientos sociales de Chile y el mundo. Dionisíaco, bíblico, ateo, épico, coloquial, marxista en la filosofía y en la acción. Muchas veces intransigente, pero siempre abierto al debate de las ideas.

Se caracterizó por ser un personaje controvertido y eficaz polemista. Legendarias son las disputas que mantuvo con Vicente Huidobro y Pablo Neruda. Sus libros fueron autoeditados y vendidos por él mismo a través del país. Su obra fue constantemente marginada por la crítica oficial y recién en 1965 fue reconocido con el Premio Nacional de Literatura, que merecía desde muchos años antes. También escribió ensayos y numerosos artículos de opinión en los diarios La Razón, La Mañana, La Opinión, La Nación y en revista Multitud, la que funda en 1939 y aparece con algunas intermitencias hasta 1963, bajo el lema de: “revista del pueblo y la alta cultura”. Durante su permanencia en Concepción, en 1925, fundó la revista Dínamo.

Fue candidato a diputado y miembro del Partido Comunista, aunque posteriormente dejó la militancia por discrepancias con sectores de ese partido (algunos hablan de expulsión), lo que en ningún caso significó que dejara de lado su ideología. Al contrario, la mantuvo hasta su muerte. Fue director de la revista Principios y de Casa América. También presidente del Sindicato Profesional de Escritores, que fundó junto a Vicente Huidobro y otros escritores. La crisis en su relación con el PC alcanzaría su punto cúlmine en los años cincuenta, cuando publica Neruda y Yo

LAS PENURIAS ECONÓMICAS


Su vida estuvo marcada por las estrecheces económicas y la preocupación por buscar el sustento diario para su numerosa familia. Además de escribir, editar y vender sus propios libros, ejerció otros trabajos: corredor de propiedades, comerciante de frutas y vendedor de productos agrícolas. Durante muchos años fue vendedor de cuadros, recorriendo el país con su mercancía. También ejerció la docencia como profesor de estética e historia del arte en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile, donde perdió por un voto su postulación a decano. De Rokha y su familia vivieron en varias ciudades en distintos períodos. Siempre arrendando casas con amplios patios: esto les permitía tener su propio huerto y gallinero para satisfacer sus necesidades de alimentación cuando llegaban las “vacas flacas”. Dice el poeta, en parte de su autobiografía: “Montamos los hogares del vagabundaje con sentido de eternidad y ambición de estabilizarnos, pues yo fabrico muebles, instalo los gallineros con dos patos, un gallo, tres gallinas, dos pavos y el perro de la casa”.

LIBROS Y VIAJES


Durante el gobierno del presidente Juan Antonio Ríos realizó, junto a Winétt, un extenso viaje por el continente, visitando diecinueve países gracias a un nombramiento como embajador cultural. Pocos años antes de su muerte estuvo en China (invitado por el gobierno de Mao Tse Tung), en la Unión Soviética y en Francia. En todos los lugares que visitó fue recibido por las autoridades y personajes de la cultura, como en México, donde fue acogido por su amigo el pintor David Alfaro Siqueiros y el presidente Lázaro Cárdenas, con los cuales realizó una cabalgata por la ruta de Emiliano Zapata. En Estados Unidos realizó lecturas en bibliotecas y universidades y compartió con los trabajadores estadounidenses.

Su obra la componen cuarenta y seis volúmenes, entre libros de poesía, ensayos, folletos y antologías. En 1922 autoeditó su libro Los gemidos, obra esencial para comprender la literatura castellana del siglo XX. Y aunque el extenso poemario fue despreciado por la crítica de la época, se inscribe dentro de las mayores obras vanguardistas de nuestro continente. Algunas obras fundamentales en su larga bibliografía son: Versos de infancia (1916); Sátira (1918); Heroísmo sin alegría (1926); U (1927); Cosmogonía (1927); Satanás (1927); Suramérica (1927); Ecuación (1929); Escritura de Raimundo Contreras (1929); Jesucristo (1933); Moisés (1937); Gran temperatura (1937); Imprecación a la bestia fascista (1937); Carta magna del continente; Morfología del espanto (1942); Los cinco estilos del Pacífico (1947); Idioma del mundo (1948); Arenga sobre el arte (1949); Epopeya de las comidas y bebidas de Chile (1949); Fusiles de sangre (1950); Fuego negro (1953); Antología 1916-1953 (1954); Genio del pueblo (1960); Acero de invierno (1961); China roja; Estilo de masas (1965) y Mundo a mundo (1966). Póstumamente se publicaron la antología Mis grandes poemas (1969); El amigo piedra (Ed. Pehuén, 1990, autobiografía) y Obras inéditas (LOM, 1999).

LA ÉPICA SOCIAL DE AMERICA

Respecto a su propuesta literaria, De Rokha se jugó por lo que él denominó “la gran épica social de América”, en la cual el papel del creador, del artista, es transformarse en una especie de líder que muestra en metáforas la realidad social. Todo en una visión materialista-dialéctica de los procesos artísticos, cuestión fundamental en la argumentación estética rokhiana. Dicho de otro modo: el poeta no puede ser ajeno a su entorno social, debe sumergirse en la realidad del tiempo que le toca vivir e interactuar con ella. El poeta toma como base de su argumento el desarrollo de la leyenda, a la que define como “la intuición poética de los pueblos”, es decir, la “interpretación artística de la realidad” a fin de reemplazar la “interpretación científica de la realidad”, ya que se la impide (al pueblo) la clase explotadora. Es en el fondo la manera de superar por parte del pueblo la enajenación, sublimando la realidad: “De la leyenda emerge la epopeya antigua y yo construyo la épica social americana, como mítico social del realismo insurgente y combatiente de los inmensos pueblos americanos”.

Desde la muerte de su amada Winétt, en 1951, De Rokha vivió con una tristeza que jamás pudo superar. Luego vino la muerte prematura de Carlos, su hijo mayor, en 1962 y el suicidio de otro de sus hijos, Pablo, en 1968. Esa vida marcada por el infortunio terminó por agotarlo. El 10 de septiembre de 1968, cuando se acercaba a los 74 años de edad, se suicidó en su casa de calle Valladolid, en la comuna de La Reina, ejerciendo una acción consciente y voluntaria. En sus obras inéditas había dejado escrito: “Yo admiro mucho al suicida consciente, al hombre que pone fin a sus padecimientos a plena conciencia y por un acto de su voluntad soberana”.