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MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


NERUDA, MARCA REGISTRADA

<h2><hr><u>NERUDA, MARCA REGISTRADA</h2></u>

La Jornada - POLITICA - México D.F. Miércoles 7 de julio de 2004

Por José Steinsleger

Auditorio Cátedra, ciudad de... Mesa redonda con motivo del natalicio de Pablo Neruda (12 de julio de 1904).
Escritor insigne de izquierda (EII): admito que la “Oda a Stalin” fue lo más infausto de Neruda.
Escritor insigne de centro (EIC): No obstante, la construcción del poema es perfecta.
Escritor insigne de derecha (EID): ¿Uát? Neruda fue un pinche comunista hijo de...
Moderador: calma, señores, calma. Platiquemos de lo estrictamente literario...
Revista Proceso (27/9/98): "Actualmente, las tres casas que pertenecieron al poeta son patrimonio de la Fundación Neruda. Son las de Isla Negra, la de Santiago conocida como “La Chascona”, y la de Valparaíso, que él llamó “La Sebastiana”. Las tres son museos. Para visitarlas hay que hacer una cita previa y pagar una entrada cuyo precio es de 2.80 dólares".
EID: El moderador tiene razón. Y desde ya, ante el amable auditorio compenso el exabrupto trayendo a la memoria el día en que a una niña regalé "Veinte poemas de amor y una canción enamorada".
EIC: Desesperada, don. De-ses-pe-ra-da".
(Ídem): "En las tres casas existe un puesto de venta donde se ofrecen libros, camisetas, ceniceros, marcadores de libros... En Isla Negra hay también una cafetería. La entrada al baño se paga... Todas las películas, videos, cintas de audio y fotografías de Neruda que se reunieron durante su vida y tras su muerte son también administradas por la fundación, que cobra por el derecho a difundirlos a razón de mil 100 dólares por cada exhibición de películas y videos; alrededor de 500 dólares por la difusión por una vez de cada cinta de audio, y 100 dólares por cada publicación de cada foto..."
EII: De la lectura intertextual se desprende la voz telúrica y libertaria, la capacidad oceánica de amor, la fuerza mineral de Neruda, la poten...
EID: ¿No ve? ¡Falta que diga "murió fiel a sus ideales"!
EIC: Sí... como quien dice vivió contra los ideales de quienes no pensaban como él.
Moderador: Señores... ¡Cuiden el tono!
Argenpress.info (30/11/03): "La casa donde nació el escritor y poeta chileno Pablo Neruda fue demolida después que su dueño tomó la decisión de hacerlo. Nelson Rocky, el propietario de la vivienda, había ofrecido la casa de adobe a la municipalidad de la sureña localidad de Parral, para no demolerla. Rocky pedía 79 mil dólares para que la municipalidad la comprara, remodelara y convirtiera en museo. 'Nunca respondieron', dijo."
Proceso (6/6/04): "Un sueño extraordinario acaba de comenzar a cristalizar para convertir a Chile en la capital cultural del continente americano. Este 19 de mayo se colocó la primera piedra que a finales de 2005 será el Museo Internacional de las Culturas (MIC) en la Plaza de la Ciudadanía, frente al Palacio de La Moneda... El Estado ya tiene los fondos, anuncia Covacevich (Alvaro)... Es un museo que finalmente costará unos 30 o 35 millones de dólares más o menos".
Agencia de Noticias de Chile (Anchi, 11/6/04): "Los cinco presos políticos que este 9 de junio cumplieron 60 días de huelga de hambre están extremadamente debilitados, con pérdida de peso y de ubicación".
"Dividieron mi patria/ como si fuera un asno muerto.../ Valdivia cortó las manos del cacique/ devolvió a los prisioneros/ con narices y orejas cortadas,/ empaló al Toqui/ a la muchacha guerrillera/ y con su guante ensangrentado/ marcó las piedras de la patria,/ y dejándola llena de muertos,/ y soledad y cicatrices" (Valdivia, 1544, “Canto General”).
Urgente, Chile (Agencias, 24/1/04): "Carabineros de Temuco detuvieron en control rutinario a Pedro César Cayuqueo Millaqueo, periodista mapuche de 28 años y director del Kolectivo Lientur".
EIC: El verbo de Neruda fue vanguardia, confrontación, modernidad y posmodernidad... ¡redactemos una agenda para el consenso!
EID: ¡Eso! "Neruda: consenso y emoción de las Américas." ¿Sale?
EII: ¡Neruda fue hermano de todos!
Palabras de Juan Agustín Figueroa, ex ministro de Estado y presidente de la fundación Neruda: "Neruda sintió muy de cerca la realidad americana. Y dentro de la realidad americana, en letras de oro está escrita la historia de los pueblos autóctonos" (abril de 1997).
Cayuqueo es autor de un largo ensayo intitulado “El lado oculto de la Fundación Neruda”, en el que sostiene que Figueroa, dueño del fundo (hacienda) Nancahue, persigue a los indígenas lonkos mapuche en la zona de Traiguén. La justicia acusa a Cayuqueo de "hurto de madera" de una empresa forestal."


PEDRO LEMEBEL: DE PERLAS Y CICATRICES

<h2><u><hr>PEDRO LEMEBEL: DE PERLAS Y CICATRICES</u></h2>

Por Aristóteles España

Conocimos a Pedro Lemebel a fines de los años 70 en Santiago, cuando aún se llamaba Pedro Mardones y era profesor de arte en un liceo de Puente Alto, absolutamente descolocado del sistema y ávido de lecturas, vida, política. Cada cierto tiempo lo veíamos lleno de rasguños, con los ojos morados, en actitud provocativa frente a la policía y a los matones que merodeaban cerca de Plaza Italia en la capital, especialmente en el bar El Castillo Francés, guarida de poetas, actores, y todo tipo de personajes que pululaban en busca de un vaso de vino o una conversación antes del toque de queda.
Frecuentábamos ese lugar con Jorge Teillier, Carmen Berenguer, José Ángel Cuevas, Álvaro Ruiz, Carlos Mellado, Hernán Miranda, el pintor Nemesio Antúnez, los actores Tennyson Ferrada, Aldo Parodi, Alfredo Castro, Andrés Pérez, el locutor magallánico Yerko Hromic. Llegaba también la escritora Yolanda Lagos, a la que apodábamos La Coneja quien solía cantar arias y canciones en inglés minutos antes de las once de la noche, momento en que por arte de magia, todos desaparecíamos.
Allí, Pedro Lemebel empezó a acumular material literario para sus futuros proyectos, como el maravilloso libro de crónicas “De perlas y cicatrices” (Ediciones Lom, Santiago, 2003).
Lemebel es el símil chileno de Charles Bukosky, el gran narrador norteamericano, en su forma desenfadada de abordar los temas de la intemperie, escribiendo lo que vive, con pequeñas dosis de invención, pero siempre en los límites de la realidad. Pedro es capaz de modificar los caminos a su antojo para luego recrear esos segundos de magia con lujo de detalles absolutamente ciertos, pero que a un lector desprevenido sorprendería por el éxtasis de cada locura que limita con la ficción total. Qué escritor podría orinar a un alcalde de provincia y vomitar sobre los invitados lujosamente vestidos para después ser aclamado por los jóvenes de la ciudad. Solamente nuestro amigo.
En este libro Lemebel cuenta su amor por Camilo Escalona. Amor platónico, sin duda, que molestó más de una vez al actual diputado por Lota y ex Presidente del Partido Socialista a quien no le causó gracia esta confesión. Pedro fustiga al cura Hasbún, se ríe de la Cecilia Bolocco, por sus páginas caminan Palmenia Pizarro, Miriam Hernández, habla de Carmen Gloria Quintana, de la matanza de Corpus Christi, y retrata la sociedad chilena de los últimos veinte años como un agudo paisajista psicológico; porque de eso se trata este libro. Un gran retrato del chileno y chilena que atravesó desde el miedo y la represión de una dictadura a una especie de carnaval democrático donde todos apostaron a otra cosa. No así Lemebel, quien siempre fue un out sider, un marginal que asumió su homosexualidad en un mundo cínicamente machista y se convirtió de la noche a la mañana en un ícono de la cultura chilena, donde representa a un sector de la sociedad con toda la dignidad de las minorías del mundo.
“De perlas y cicatrices” en un ensayo sobre las miserias humanas de una sociedad que se cree exitista y democrática, un canto a la vida y al sentido común de un pueblo injustamente maltratado. Dice el escritor: “Este libro viene de un proceso, juicio público y gargajeado Nuremberg a personajes compinches del horror. Para ellos techo de vidrio, trizado por el develaje póstumo de su oportunista silencio, homenajes tardíos a otros, quizás todavía húmedos en la vejación de sus costras. Retratos, atmósferas, paisajes, perlas y cicatrices que eslabonan la reciente memoria, aún recuperable, todavía entumida en la concha caricia de su tibia garra testimonial”.
Pedro Lemebel nació en 1955 en Santiago, es escritor y artista visual. En la década del 80, junto a Francisco Casas formaron el colectivo de arte “Las Yeguas del Apocalipis”. Ha publicado: “Incontables”; “La esquina es mi corazón”; “Loco afán”; “Tengo miedo torero”. Gran parte de su texto “De perlas y cicatrices” fueron leídos como crónicas en la radio Tierra de Santiago.


SANDINO INSOMNE

<h2><hr><u>SANDINO INSOMNE</h2></u>

Por José Steinsleger

La Jornada, México D.F. Miércoles 14 de julio de 2004

Diez años de agresión económica y militar contra el pueblo de Nicaragua bastaron para que, en febrero de 1990, Estados Unidos incorporase al pequeño país centroamericano al proyecto esclavista del Plan Puebla-Panamá y el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

En un país de superficie ligeramente inferior a la del estado de Coahuila y población equivalente a la de Guadalajara, la revolución sandinista movilizó hace 25 años la esperanza de millones de mujeres y hombres. No pudo ser. Del somocismo al sandino-chamorrismo y del chamorro-sandinismo al somocismo sin Somoza, Nicaragua es hoy un país neocolonial, totalmente devastado: el PIB por habitante corresponde a la mitad (500 dólares) de lo que fue entre 1970 y 1979, y menor de lo que fue como promedio en la década de los años 80 (670 dólares).

Jorge Capelán, de la Red de Consumidores de Nicaragua, nos dice que cada nicaragüense debe poco más de mil 300 dólares a la banca extranjera, en tanto que por cada 100 dólares que el país exporta, 50 son destinados al pago de dicha deuda. Añade: "Al dejar su cargo Arnoldo Alemán, fuera de amasar una fortuna de cientos de millones de dólares en cinco años de gobierno (1997-2002), entregó un país con una tasa de desempleo de 54 por ciento, donde 56 ciento carece de recursos para cubrir los gastos por enfermedad y sólo 30 por ciento de los niños que inician la primaria completan su ciclo escolar". Y agrega: "Alemán no estuvo solo en su meteórico ascenso a las cumbres del poder económico: le siguen toda una clase política y una oligarquía que se ha beneficiado directa o indirectamente de la aceptación más o menos tácita de las prescripciones de la embajada estadounidense y los organismos financieros internacionales".

Según el Fondo de Población de Naciones Unidas, 70 por ciento de los nicaragüenses son pobres. Pero Daniel Ortega, Violeta Barrios de Chamorro y Arnoldo Alemán reciben una renta neta del Estado de 6 mil 600 dólares, en tanto que la de los ex vicepresidentes Sergio Ramírez, Virgilio Godoy y Enrique Bolaños es de unos 5 mil 500 dólares (La Prensa, 19 de junio de 2002: "Las pensiones de gracia"). En los últimos años se ha llevado adelante un proceso de apertura del país a los intereses del capital euroestadounidense, exenciones f fiscales y reglas laxas para el empleo. En las zonas de "libre comercio" (maquiladoras), subcontratistas coreanos y taiwaneses pueden introducir materias primas libres de impuestos para ser ensambladas por una mano de obra semiesclava en la que toda actividad sindical está prohibida.

"En las narices del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) -sostiene Capelán- se han privatizado empresas públicas y bienes del Estado, tales como Enitel (telecomunicaciones), Enel (energía). La empresa española Unión Fenosa, luego de comprar a precios irrisorios la distribución de energía eléctrica, procede a establecer tarifas arbitrariamente altas." A cambio, los usuarios resienten las fallas frecuentes en el fluido, la deficiente atención que se da al mantenimiento del sistema eléctrico, cobro de un alumbrado público inexistente y cobros ilegales en las facturas de los usuarios. Actualmente se libra la lucha contra la privatización de la empresa Hidrogesa, que dejaría 80 por ciento de la producción en manos del consorcio estadounidense Coastal Power.

Acerca de la suerte política corrida por el FSLN mucho se ha escrito. Barrido por las agrias consecuencias de ganar la guerra y perder la paz, los sandinistas entregaron mal el poder, incluyendo el escritor que de ellos se despidió entonando un tango tropical: “Adiós muchachos” (Sergio Ramírez, Ed. Aguilar, 1999). Diestro en el manejo de la non-fiction novel (y a mi juicio con más calidad que su admirado Tomás Eloy Martínez), Ramírez parece confundir la odontología con la mecánica dental. En los últimos párrafos del libro, por ejemplo, alude a la hija de un personaje que murió en la guerra y dice: "Y no importan los resultados, importa su ideal (el del personaje). -Sobre todo... en este tiempo sin ideales- y me sonrió, muy serena." "Ramírez, Martínez y asociados" echan mano al recurso del intelectual "buena onda" que desensilla tras haber cabalgado sobre la lucha revolucionaria que le confirió poder y, decepcionado, se pone a deshojar la margarita del ser y no ser. Nos quedamos con “Las armas del futuro”, valiosa compilación de ensayos que Ramírez escribió y publicó durante la guerra contra Somoza y la contra (Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 1987). Con todo, “Adiós muchachos” amerita ser leído. Mas no tanto por la omnipresencia enfermiza del "yo" o el rol jugado en los intestinos del poder (1975-1990), cuanto por el estilo que el autor escoge, sujetando las riendas de una memoria que al recordar selecciona y, al seleccionar, olvida.


REFERÉNDUM EN BOLIVIA: LA TRAMPA TRANSNACIONAL

<h2><hr><u>REFERÉNDUM EN BOLIVIA: LA TRAMPA TRANSNACIONAL</h2></u>

Por: Andrés Soliz Rada

El decidido apoyo del comandante del Comando Sur de los EEUU, general James T. Hill, al referéndum del 18 julio próximo (Periódico “El Diario”, 13-7-04), en el que se preguntará si se está de acuerdo con exportar gas natural, ha cerrado la campaña oficialista destinada a conseguir ese objetivo, sin haberse incluido la consulta fundamental: “¿Apoya la nacionalización del gas y del petróleo?” El arribo de Hill coincidió con el del Presidente del BID, Enrique Iglesias; de la CAF, Enrique García; y del Brasil, Ignacio Lula da Silva, quien llegó para defender a Petrobrás, empresa que controla en Bolivia, en importantes porcentajes, los mega campos de “San Alberto” y “San Antonio” todas las refinerías, el gasoducto a San Pablo y Cuiabá y el mercado interno de ambos países. El Presidente Kirchner de Argentina anunció su venida, pero la canceló por los problemas sociales que se agudizaron en su país.

La combinación del palo y la zanahoria fue casi perfecta. Mientras el Banco Mundial desembolsaba un millón de dólares para la campaña en favor del “sí” y prometía un crédito de 120 millones de dólares destinado a aliviar al asfixiado presupuesto nacional, las voces que exigían la nacionalización del energético fueron aterrorizadas por el anuncio de la inminente disgregación del país. Una de ellas fue la del Ministro de Defensa argentino, Jorge Pampuro, quien declaró que Bolivia estaba viviendo un proceso de “libanización” (“La Época” 4-07-04). La otra correspondió a Mark Falcoff, asesor de Dick Cheney, vicepresidente de George W. Bush, según el cual Bolivia se encaminaba al suicidio, si defendía su gas (“La Época”, 4-07-04). El Presidente Carlos Mesa añadió que Bolivia dejaría de ser sujeto de crédito sino aceptaba la exportación inmediata. De manera pasarela ofreció “fomentar” la industrialización para las calendas griegas.

Noam Chomsky ha recordado (“Rebelión” 03-07-04), que, en 1916, el pueblo norteamericano, imbuido de espíritu pacifista, no deseaba que su país participara en la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, el complejo industrial-militar, mediante el uso intensivo de radios y periódicos, cambió radicalmente esa opinión en pocas semanas. El “lavado cerebral” también fue utilizado en Bolivia. El Presidente Mesa apareció, cada 15 minutos, durante semanas, en todos los canales televisivos y radios del país explicando los “beneficios” de la enajenación del gas. Las posibilidades de que las corrientes nacionales y patrióticas manifestaran su desacuerdo fueron casi nulas.

La resistencia al poder petrolero quedó gravemente debilitada por un grave error del Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales, que apoyó tres de las cinco preguntas del referéndum, aduciendo que en la interrogante número dos se consultaba si se desea que Bolivia recupere la propiedad de sus hidrocarburos en boca de pozo. La tramposa pregunta no especificó si tal recuperación se produciría en forma inmediata, anulando los 78 contratos suscritos con las transnacionales, o dentro de 36 años, cuando acaben su vigencia. El MAS anunció que el “sí” a la pregunta dos, permitirá que el Parlamento apruebe una nueva Ley de Hidrocarburos en la que haría prevalecer su punto de vista.

Lo que el MAS no advirtió es que el gobierno suscribirá nuevos contratos sin esperar la nueva ley de hidrocarburos, cuya aprobación podría tardar tres semanas, tres meses o tres años. Tal error se agravó cuando su diputado Antonio Peredo Leigue se declaró contrario a la nacionalización (“La Época” 4-07-04), aduciendo que Bolivia no tenía 5.000 millones de dólares para indemnizar a las petroleras, cuyos ejecutivos habían declarado que sus inversiones se hallaban en 3.000 millones de dólares. Ambas cifras son arbitrarias ya que no emergen de una auditoria, la que, en caso de realizarse, demostraría que esas cantidades no alcanzan ni al diez por lo ciento de lo declarado. El mismo diputado indicó que en el país existía una derecha “gonista” (partidaria del ex Presidente Gonzalo Sánchez de Lozada), el régimen de Mesa y la izquierda representada por el MAS. Lo cierto es que encontrar diferencias entre el “gonismo” y el “mesismo” en materia de hidrocarburos, es tarea de biólogos especializados en microorganismos invisibles para microscopios modernos.


EL FÍN DE OTRO MITO

<h2><hr><u>EL FÍN DE OTRO MITO</h2></u>

Por Manuel Rodríguez Uribe

Qué extraña sensación es esa cuando un mito se viene el piso, cuando el mito se diluye en la violenta crudeza de la realidad. Los pueblos y, en particular, los pueblos latinoamericanos, parecen haber vivido históricamente en la necesidad de tener un mito que les dé coherencia a sus creencias y sus aspiraciones, y también muy frecuentemente ese mito se personificaba en un caudillo, en un líder, en un elevado personaje ubicado por encima del bien y por debajo del mal.

Esos personajes se han permitido escribir la historia, amañándola a su imagen y semejanza con la potencia reconstructora del billete, de la utopía o del cañón, y los historiadores se han dado a la tarea de reescribir nuestras historias, bajo el signo de aquellos insignes próceres ubicados por el imaginario colectivo en un altar virtual de virtudes inalcanzables...

En el caso del dictador chileno, sin embargo, el mito continuaba encarnado en la mente de sus evidentes seguidores que se habían permitido colocarlo, con nombre, cargo y charreteras, a la misma altura de nuestro Bernardo O'Higgins, aunque la Patria se duela de tales comparaciones miserables.

El hecho concreto es que esos aduladores, seguidores, fanáticos y partidarios de Pinochet, que los hay a no dudarlo, deben haber dormido inquietos estas últimas noches en Santiago: resulta que el mito se les comienza a desvanecer. Una comisión del Senado de Estados Unidos, buscando desesperada y meticulosamente información que les permita rastrear las innumerables redes que vinculan al narcotráfico, la corrupción, el terrorismo, los fundamentalismos, el lavado de dinero y las maniobras de baja política, devela ahora lo que muchos chilenos olían sin querer decir dónde estaba el excremento: la corrupción y los chanchullos de dinero en la más alta autoridad de la dictadura. El propio dictador, ahora devenido apenas dictadorcillo casi tropical, resulta que manejaba millones de dólares en cuentas secretas personales y corporativas, que circulaban bancariamente de EE.UU. a Gran Bretaña y de la capital americana a Bahamas.

El fin del mito. El fin del mito del liberador de la Patria. El fin del mito del patriota consumado, inmaculado e intocable.

Como titulaba "La Nación" de Santiago hace unos días: "y además millonario...", como diciéndonos en nuestra cara que los senadores estadounidenses sacaron a luz las mismas heces, que nosotros los chilenos no queríamos reconocer se encuentran en el fondo de ese pozo negro. Es decir, su ficha médica o prontuarial podría decir perfectamemnte: "general chileno que traicionó al Presidente que lo nombró Comandante en Jefe, victimario del Presidente de la República, victimario de millones de chilenos, liberador de las empresas chilenas y extranjeras, dio un golpe de Estado en 1973 y se hizo dueño del fundo Chile durante 17 años, ocultó los miles de individuos que asesinó, y millonario de desconocido origen con nutridas cuentas bancarias en Estados Unidos, Gran Bretaña y Bahamas".

Tan patriota era, que prefirió esconder sus dineros en un banco de Estados Unidos y no en un banco chileno como sería de esperar en un chileno patriota que se precia de tal.

Se le cayó el uniforme al mito y el mito ha quedado desnudo. Chileno...


HUGO VERA MIRANDA: POESÍA EN SILENCIO

<h2><hr><u>HUGO VERA MIRANDA: POESÍA EN SILENCIO</h2></u>

por Ramón Díaz Eterovic

Hugo Vera Miranda es un poeta singular. Pronto a cumplir sus 50 años de edad, permanece fiel a su deseo de no publicar sus textos poéticos, los que salvo en algunas revistas de Buenos Aires y otras pocas de Chile nunca han sido recogidas en un libro. Un hecho inusual en un país donde -y con justa razón­ los poetas y narradores se desviven por ver sus creaciones convertidas en libro. Hugo Vera Miranda nació el año 1951 en Puerto Natales y su vida ha transcurrido entre su ciudad natal y Buenos Aires, ciudad está última donde siguió estudios de psicología, trabajó de librero y durante un tiempo editó la revista de poesía "El Trauko".

En Puerto Natales, su casa acoge a una biblioteca borgeana, asombrosa por su diversidad y una gama inusitada de objetos que recuerdan su larga residencia en la Argentina, donde en los años 80 se vinculó activamente al quehacer literario bonaerense. Hoy vive rodeado del entorno natalino, con sus calles despeinadas por el viento y que sólo en verano ven alterada su tranquilidad por el paso de turista en camino a las Torres del Paine o los ventisqueros que realzan la geografía aún inexplorada de Ultima Esperanza. Asiduo de los rincones noctámbulos, su poesía se ha ido decantando sin prisa, con la parsimonia de los días provincianos.

Su habitat y los textos que escribe hablan de un poeta que ha elegido el anonimato, por vivir la poesía como un asunto cotidiano, sin estridencias. Los poemas que se publican han sido espigados de revistas como "La Gota Pura", la revista "Ultimo Reino" (Buenos Aires), el Suplemento Literario del Diario "El Magallanes" y de "Poesía Insurgente de Magallanes", antología realizada por los poetas magallánicos Pavel Oyarzún y Juan Magal. El resto de sus poemas permanecerán inéditos hasta que su opción por el silencio no diga otra cosa.

El TIGRE DE LA MEMORIA

¡Ah qué ganas de vaciar mi cabeza!
Tantos rostros, calles, invierno.
Un horizonte de promesas incumplidas,
la fatiga del tiempo girando, girando,
viejas cartas que nada dicen,
amores tapiados por la insolencia del olvido.
El barco a punto de partir
y nos aferramos a nuestros muertos,
el tigre de la memoria incansable trabaja,
de sol a luna, de luna a mar.
El verdugo hastío se mece en mis cabellos,
estoy solo, me he abandonado,
un juramento, un clamor, una traición,
son enigmas que el viento descifra,
continúo esta marcha inexorable
con la muerte en mis bolsillos.

UNA MAÑANA EN PUERTO NATALES

Íbamos con mi novia al puerto,
íbamos con mi novia a comprar pescado,
al puerto,
de improviso el cielo estalla,
una bandada de gorriones
se posa delicadamente sobre la nieve;
la nieve del puerto.
Me alejé de mi novia,
el pescado se olvidó de mí
y eché a volar con los gorriones.

TODA PLEGARIA ACUMULADA

Con largos colmillos incrustados
al filo de horizonte
la angustia me mira y sobrepuja,
yo parpadeo y sonrío,
viendo pasar su larga melena.
Espero del rocío una palmada
violenta,
indescifrable,
que abarque en un instante
toda plegaria acumulada.

LOS JINETES DEL APOCALIPSIS

¿Cómo defenderse de los solapados inviernos
que anidan las moradas oscuras del deseo?
¿Cómo volver por un instante
al tiempo feroz de la infancia
donde un viejo con cara de sapo
lanza palomas al paso del tren?
¿Cómo descifrar la caricia lejana
y que ahora atormenta el insomnio?
Nos vamos quedando solos,
rodeados de demonios danzando
y un tiro de gracia
que se hará efectivo
apenas crucemos
el umbral de la esperanza.

NOS HABIAMOS AMADO TANTO

No pienses que es fácil olvidarte,
pasarán los trenes, las lluvias, las estaciones,
llegarán los barcos repletos de turistas
y una gaviota quemará sus alas al sol.
Pero por favor...
No pienses que es fácil olvidarte,
la vida habrá de cachetearme paso a paso,
el tiempo me cubrirá de arrugas
y en cuanto menos lo piense ¡saltará la liebre!
tendré mujer, hijos, una casa de madera,
una caña enorme para atrapar peces diminutos,
una vida hecha, una posición respetable,
pero no pienses que es fácil olvidarte.
Yo moribundo, sin curas, poses ni ceremonias
y de cuerpo presente al infinito
habré de pensar en ti,
habré de pensar
que nunca fue fácil olvidarte.


CHILE VERSUS BOLIVIA: OTRA MIRADA

<h2><hr><u>CHILE VERSUS BOLIVIA: OTRA MIRADA</h2></u>

En la foto, el Prof. Pedro Godoy


Por Rolando Mermet

Acabamos de concluir la lectura del nuevo libro del Profesor Pedro Godoy, “Chile versus Bolivia: Otra mirada” recién editado por Nuestra América. Su aparición, acontece en el mismo año que conmemoramos dos centenarios de signo diverso. Uno es el centenario del tratado de 1904 que remachó jurídicamente la pérdida de la salida al mar de Bolivia como consecuencia de su derrota militar en la guerra del Pacífico. El otro, recuerda la construcción del Cristo Redentor, monumento a la armonía y a la integración entre Argentina y Chile. La aparición de la obra de Pedro Godoy, a horcajadas de estas dos fechas, encierra entonces una intencionalidad provocadora y una simbología cargada de sentido y llena de enseñanzas para los habitantes de América Latina.

El Profesor Godoy, con el patrocinio de la entidad que integra, el CEDECH -Centro de Estudios Chilenos-, es además de un talentoso escritor, un intelectual osado. No duda en elevar su voz clara y disonante, en un medio francamente hostil, para defender posiciones que incomodan y molestan. Cada una de las afirmaciones que recorren su libro, implican un cuestionamiento, un replanteo, una crítica profunda, a la vez que un desafío intelectual para repensarlo todo de nuevo. Pedro Godoy nos desafía a sacarnos los lentes del prejuicio y a poner el mapa de cabeza. O al derecho, como diría Arturo Jauretche. Nos invita a desprendernos de falsas nociones distorsivas, hijas de una manera equívoca de interpretar lo nuestro. El libro de Godoy es una formidable convocatoria a desaprender. A deszonzarnos, y una apasionante invitación para acompañarlo en la aventura de descubrir un nuevo mundo.

Dos ideas centrales recorren la obra de Pedro Godoy. La primera, es que los diferentes estados que conforman la América Latina son parte de una misma Nación invertebrada, la Patria Grande Iberoamericana, que debe ser reconstituida. Como consecuencia de esta premisa, se deriva que todos los conflictos bélicos americanos, a excepción del de Malvinas de 1982 y la guerra de EE UU contra México de 1835, deben ser interpretadas como guerras civiles y fratricidas. interestaduales sí, pero no internacionales. La guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay de Solano López, la guerra contra la Confederación Peruano-Boliviana de 1835 o la guerra del Pacífico de 1879, son enfocados como episodios desgraciados, azuzados por el imperio Británico, donde se enfrentan una tendencia integracionista y nacional, contra una disgregadora y mitrista, en el caso de Argentina, o portaliana en el caso Chileno. Nuestro caudillo Felipe Varela, enemigo juramentado de la Guerra al Paraguay, puede ser reconocible en este libro en la figura de Antonio Vidaurre, quien se insurrecciona en Quillota, fusilando a Diego Portales, en oposición al mandato belicista de La Moneda, contra el Mariscal de la Confederación, Andrés Santa Cruz. El autor establece incluso un paralelo con la Guerra de Secesión Norteamericana, afirmando que desgraciadamente en nuestro caso, triunfaron los secesionistas, y que por ello hoy en vez de poderosos Estados Unidos de Suramérica, tenemos 20 estados débiles y fragmentados, que deben reencontrarse y vertebrarse nuevamente. Sus tesis empalman con las de otros grandes autores que han desarrollado el tema, como Felipe Herrera, Raúl Haya de la Torre, Manuel Ugarte y Jorge Abelardo Ramos.

La segunda idea que destaca en el libro, es una profunda y original reflexión sobre la identidad nacional como problema, como conflicto, como construcción colectiva, como legado, pero también como destino. Godoy, rechaza tanto el indigenismo antiespañol, como el hispanismo dorado. Rescata, como elemento central identificatorio de nuestro “ser nacional” lo mestizo, lo criollo y la amalgama con lo aborigen. Efectúa un redescubrimiento y revalorización positiva de lo hispano como substrato unificador y denominador común en toda América. La lengua común y la religiosidad popular son dos de sus legados perdurables. La mezcla de sangres: la española, la india y la africana, constituyen “lo americano”, dice. Adscribe a la fórmula del filósofo mexicano José Vasconcelos de “fusión de Tres mundos” para referirse al V Centenario, desechando por igual las de “encuentro de dos mundos” por episódica y coyuntural y “descubrimiento” por eurocéntrica.

Pedro Godoy es un agudo observador y un crítico de temer. Cultiva un estilo jauretcheano, con el que se lanza a demoler una por una las zonceras trasandinas que juzga inaceptables. Así, indaga en aspectos psicológicos propios del chileno de hoy día, postulando por ejemplo, que el engreimiento soberbio frente al hermano peruano o boliviano, resulta la contracara de una autodenigración cipaya frente a lo anglosajón o lo europeo. Ambas son expresión de una crisis de identidad, afirma. O bien, sostiene que el insularismo espiritual trasandino -al que el denomina “síndrome de la fortaleza sitiada” o “excepcionalismo chilensis”-, constituye la base psicológico-cultural, sobre la que se asientan luego nocivas políticas que dan la espalda a los países vecinos y hermanos de la América, rechazándose el MERCOSUR y buscando en vano una sociedad ventajosa con los EE UU a través del T.L.C., por ejemplo. Con su inconfundible y punzante estilo epigramático, el profesor Godoy las emprende implacable contra el chauvinismo, contra el racismo, la xenofobia, el armamentismo, y la colonización mental de todo signo. Son particularmente atractivas sus reflexiones sobre el “mapuchismo” a la moda, las deformaciones con las que se enseña la historia, o la exaltación interesada y no casual de un folklore litoraleño, en contra de lo andino, por los comunicadores oficiales.

Declarado admirador y partidario de la revolución nacionalista del 52 protagonizada por el MNR en Bolivia, y de la experiencia Peronista del 45, es quizás en ese espejo, y en sus viajes frecuentes a las patrias hermanas, donde el autor elabora y pule su acertada visión revisionista histórica y latinoamericanista. Y es quizás, en la ausencia de un movimiento nacionalista triunfante de características semejantes en su propia patria, donde radique la mayor dificultad para que las justa doctrina defendida por el CEDECH y sus publicistas, arraigue, germine y se convierta en frondoso árbol , sin enfrentar tanta resistencia y asumir tan trabajoso esfuerzo.

El nuevo libro del Chilenísimo Profesor Godoy, asentado sobre los pilares ya explicitados, fundamenta en forma contundente e incontrastable, las profundas razones históricas, políticas, culturales y económicas que asisten la causa del desenclaustramiento de Bolivia. La salida al mar, según postula, resulta además de un corolario de estricta justicia, un elemento de mutua conveniencia. Beneficioso para ambos estados y para toda la región en su conjunto.

Lleno de sabrosas anécdotas, reflexiones personalísimas y guiado siempre por un sentido docente que no abandona jamás, nuestro querido Profesor se atreve a sostener desde el Mapocho, la justicia de la devolución de los trofeos de la guerra del Pacífico a los derrotados de entonces. Pregona la conveniencia de dotar una salida al mar para Bolivia. Promueve una defensa irrestricta de la causa de Malvinas en 1982, aún bajo la mirada amenazante del gobierno dictatorial de Pinochet, aliado acérrimo de la británica Margaret Tatcher.

Un marxista peligroso para los militares. Sospechoso de simpatías militaristas para los expartidarios del Kremlin. Bolivianista y Argentinófilo para los Chauvinistas. Defensor de regímenes “nazifascistas”, para la izquierda desarraigada. Incómodo para todos. Así es Pedro Godoy.

El libro que acaba de editar es un formidable alegato a favor del MERCOSUR, la integración regional y la búsqueda de nuestra verdadera identidad como hermanos de una misma Patria Grande. La obra llega en buen momento. Los pueblos de América Latina comienzan a sacudirse el yugo del neoliberalismo opresor y hambreador. En Venezuela renace la esperanza con la Revolución Bolivariana. Argentina y Brasil avanzan en la edificación de una unidad de hierro. La figura de Simón Bolívar vuelve a cabalgar, como el Cid Campeador, por América Latina infundiendo el terror en los enemigos históricos de los pueblos libres. Enhorabuena y bienvenido sea entonces este aporte imprescindible del Profesor Godoy, que ilumina por encima del Ande milenario, y nos ayuda a todos a pensar y a encontrar el camino, por el cual conducir el nuevo ejército libertador hacia la victoria final.


LA DESAPARICIÓN DE LOS ISÓMEROS (Parte 2)

<h2><hr><u>LA DESAPARICIÓN DE LOS ISÓMEROS (Parte 2)</h2></u>

Por Enrique Zorrilla Concha

En esas tierras ya no existen sobrevivientes de los grupos indígenas que las habitaron hasta hace muy poco. Todos han muerto. Para ver un ejemplar de Patagón o Yagán hay que ir a admirarlo en el bronce erigido a Magallanes en la plaza de Punta Arenas o bien ir a incursionar en el pequeño, muy interesante pero poco lucido Museo Salesiano. Abierto para todos los visitantes y sin la vigilancia que merecen sus tesoros, yacen amontonadas una de las más ricas colecciones autóctonas americanas. Ese pequeño museo es todo un drama de nuestra civilización. Pueblos nómades y selváticos, como sus lejanos primos los hurones e iroqueses u otras tribus del Canadá y EE.UU., o del Caribe y Amazonia, se habían acostumbrado a vivir desnudos en esas inhóspitas regiones. Pero de poco les había servido su fortaleza. Con la llegada del blanco, nuevas condiciones ambientales les habían destruido y exterminado. Al parecer, la naturaleza se complace en deshacerse de sus propias creaciones y las hace sucumbir al contacto de otras más evolucionadas en un proceso infinito de renovación. Pero esta vez la tragedia tuvo proporciones tremendas. No sólo habían desaparecido los aborígenes sino que su muerte había arrastrado al fracaso a uno de los más hermosos sueños de fraternidad. Los relatos, las pruebas y aún las fotografías, estaban allí para demostrar el fracaso de las tentativas civilizadoras laicas y religiosas. Seguramente, con un estetoscopio, habríanse hallado sobre los utensilios indígenas del museo la presencia del virus mortífero. Yo tenía en forma retrospectiva ante mi vista los testimonios irrefutables de la reciente catástrofe. Atraído por una foto que colgaba de una pared, me topé con la cara de uno de los últimos sobrevivientes. No me olvidaré jamás. Dentro de las grandes órbitas se hallaba expresada la más honda de las inexpresiones.
¿Por qué tal injusticia? ¿Por qué? Me fue imposible comprenderlo esa noche. Pero en la mañana temprano obró mi intuición, y me fui al aeródromo donde presenté la carta que me había dado el comandante en jefe de la aviación chilena para volar sobre la región.
Dos jóvenes oficiales me estrecharon la mano y me convidaron de inmediato a hacer el vuelo. Pero antes me pasaron el formulario usual en esta clase de vuelos para deslindar cualquier responsabilidad. Me aprontaba a firmar esa acta banal, semidistraido, cuando sentí clavada en mi persona la vista de los dos pilotos ya enfundados en sus overoles nylon azul marino y me pareció que estaban pendientes de mi decisión de firmar. Envuelto en mis recuerdos y evocaciones, me turbé por completo. Yo necesitaba saber a qué atenerme con respecto a la desaparición de los aborígenes y creía que el paso más directo sería alcanzar la zona de la isla Ambarino, donde podría compenetrarme del tremendo y casual asesinato en masa perpetrado por nuestra civilización en aras de sus eternas ilusiones de fe, poder, dinero, trabajo y seguridad. Los actuales habitantes de la región, me daba cuenta, parecían estar siempre bajo el peso de una gran culpa oculta y ahora la intranquilidad de los dos pilotos confirmaba mis presentimientos. No se trata, por cierto, de obligarme a asumir mi responsabilidad en el vuelo. Se trataba de hacerme asumir una culpabilidad, hacerme compartir, y seguramente para diluirlo hasta el olvido, un gran crimen. Mis cavilaciones y demoras parecían atormentar a los pilotos. Si no firmaba, mi vuelo sería cancelado. En caso contrario, mi decisión sería inapelable. Yo he creído siempre en la solidaridad de los hombres y en la continuidad de las generaciones. Y fue así como después de pensarlo, accedí a firmar y compartir también en nombre de la civilización, su enorme error.
El viento tronaba afuera y sacudía el bimotor como una hojarasca. Pero adentro, la temperatura era tibia. Un largo calentamiento del motor y una cuidadosa inspección del tablero precedió al despegue. Salimos al encuentro del viento y en un instante volábamos en la luminosidad naciente de la mañana. Dejamos los techos rojos de Punta Arenas, enfilamos al Estrecho, pasamos sobre Puerto Hambre en dirección a la isla Dawson. A esa altura, formaciones de grandes nubes grises empezaron a interferir nuestra marcha. Alcanzamos los ventisqueros siniestros de la cordillera de Darwin. Siglos y siglos pasaban en un instante. Ahora, los fiordos se ofrecían a mi vista, la isla Hoste, los canales fueguinos. Uno de los pilotos dio vuelta la cabeza y me hizo una señal con el guante. Habíamos llegado.
Estaba en el Beagle, el gran canal inmortalizado por el velero de Fitz Roy, flanqueado por las crestas nevadas de la Tierra del Fuego y las elevaciones boscosas de la isla Ambarino. Fitz Roy hubiera podido reconocer los parajes y ubicarse en el laberinto de costas sin playas, pero hubiera quedado desconcertado por el silencio y la ausencia de los indios. Sus fuegos estaban definitivamente extintos. Era imposible poder encontrar un solo indicio de su presencia a no ser por algunos antiguos conchales desparramados.
Pero me había propuesto obtener una respuesta. Inclinado sobre embarcaciones, juguetes de las olas, interrogaba vanamente al mar. Yo sabía que era inútil y también ridículo mortificarse por seres que Darwin consideró abyectos y miserables, pero seguía buscando en los conchales mortecinos y en los huesos de ballenas varadas. Atravesaba turberas pantanosas, salvando los árboles caídos y remontaba al nivel de los árboles grandes entre la selva casi impenetrable e insospechadamente feraz en algunos puntos. Seguía interrogando a los árboles retorcidos, envueltos en sus mortajas de musgo verdoso. En el silencio de la selva sólo se lamentaba el viento y se retorcían los árboles. De repente, pude oír el golpeteo de un pájaro carpintero. Hay en esos bosques una ausencia extraña de vida animal. Los reptiles son desconocidos. No hay pumas, zorros, liebres, sino en el continente. Quizá algún huemul. La creencia de estos pueblos era que los hombres una vez muertos, vale decir sus almas, se transformaban en montes y árboles. Para creerlo, basta oír el viento que se lamenta en esas selvas y ver cómo se retuercen de desesperación los árboles y sentir cómo las olas golpean con sus puños los cascos de las embarcaciones.

Fragmento de “América destemplada”, Editorial Andina, Buenos Aires, 1967. Págs. 53 a 55.