Blogia

MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


ENTRE JUNIO Y JULIO

<h2><u><hr>ENTRE JUNIO Y JULIO</u></h2>

Por Marino Muñoz Lagos

Vivimos en un país difícil de complacer. El calendario es una suerte de probador de nuestras virtudes y es por esta razón que se nos hacen pocos los días del año para mostrar nuestro entusiasmo por las celebraciones. Sin demasiada molestia empezamos el año conmemorándolo de lo lindo, seguimos con el recuerdo de nuestro “roto”, damos una vuelta por la Candelaria y en esta forma vamos recaudando festejos y maluras de cuerpo hasta las melodías navideñas.

Sin embargo, existen dos meses que se acaparan una cantidad insospechada de santos y santas que ponen a dura prueba el hígado nacional. Son junio y julio, con un sólido excedente para agosto, como para disminuir el apogeo amoroso de los gatos. Junio no desmiente su fortuna santoral que se derrama como licor generoso al paso de sus semanas. Ahí están los Marcelinos, Robertos, Antonios, Ismaeles, Luises, Juanes, Guillermos, Crecentes, Pedros y Pablos que pueblan los días lluviosos de junio, a la par que sus tocayas, distinguidas por el fulgor de sus nombres en el otoño que se aleja y el invierno que asoma.

En el ayer de nuestros territorios estos santos y estas santas eran celebrados ruidosa y opíparamente. Los humildes animalitos domésticos terminaban en estas fiestas sus despreocupadas y efímeras existencias, cayendo en el abismo de las ollas o siendo atravesados por el férreo aguijón de los asadores. Nuestro poeta Diego Dublé Urrutia, nacido y criado en tierras del sur chileno, captó este rubro especial de las costumbres vernáculas:

”¡Junio! Mes de las aguas, mes de las brisas,
mes en que hacen los pavos su testamento
y en que las rubias ostras –monjas clarisas-
rompen la celda nácar de su convento”.


Entre junio y julio, mientras la lluvia ensaya sus músicas sobre los techos de viejas casas de piedra y adobe. Allí mismo, donde se reunía la gran familia provinciana, con el padre adusto a la cabeza, en la ceremoniosa apertura del festejo. No faltaba la niña de la guitarra, la tierna moza casadera que enfilaba sus canciones por versos de penurias y abandonos, sobresaltos e ilusiones. Tiempo propicio para alzar las copas y brindar por el santo o la santa, providenciales abastecedores de mesas y manteles.

Junio y julio: meses de los vinos nuevos, el aguardiente con apio y el guindado que la dueña de casa guarda bajo siete llaves. Asuntos que se familiarizan con las añorables victrolas, los discos de stenta y ocho revoluciones, el consomé de la madrugada y el primer rayo de sol. Santos y santas que descansan en paz en un olvidado cementerio de provincia, a la sombra olorosa de grandes eucaliptos que enredan su follaje entre la niebla.

”Crónicas del diario soñar” - Punta Arenas – 1987.


POPPER, EL RUMANO QUIMÉRICO

<h2><u><hr>POPPER, EL RUMANO QUIMÉRICO </u></h2>

Lámina: “Señor Julio Popper, ingeniero y explorador de la Tierra del Fuego”, publicado por “El Mosquito” del 1° de abril de 1887.


Por Marino Muñoz Lagos

Tiempo atrás escribimos sobre la fiebre del oro en la región magallánica, especialmente, en la casi desconocida y lejana Tierra del Fuego. Esto ocurrió a fines del siglo pasado y atrajo hasta estos rincones meridionales a multitud de aventureros de todos los continentes y países, condiciones y características. Mucha gente sin destino tomó la ruta marítima hasta Punta Arenas y desde aquí se desplazó por los helados territorios en busca de los ríos que arrastraban entre sus aguas las pepitas y el polvo alucinante de la fortuna.

Entre los forasteros alentados por la llama amarilla del metal, arribó el ingeniero rumano Julio Popper, quien se instaló –luego de varios ensayos-, en las márgenes de ríos y arroyos cercanos a la bahía San Sebastián, en la Tierra del Fuego. Este extranjero enigmático y duro, trajo entre sus pertenencias una famosa cosechadora de oro, que hizo laborar ante la mirada atónita de sus colaboradores más vecinos, acostumbrados a trabajar con utensilios rudimentarios y escasos medios económicos y humanos.

La personalidad de Popper está sugerida en las páginas de un libro que parece hecho por encargo. Su autor es Boleslao Lewin, de quien se omiten datos identificatorios y el título del volumen es ”Popper, un conquistador patagónico”, donde se le tilda de colonizador y hasta de poeta. Aquí se nos dice que nació en Bucarest el año 1857, hijo de un profesor de colegio judío y de una dueña de casa. Los años pasan fugaces hasta su llegada a estas orillas magallánicas, donde le sonríe la riqueza en forma de polvo y pepitas de oro. Sin embargo, su fama se vuelve siniestra en su actitud con los indios fueguinos. Quienes disparan sobre su cabeza lo califican de la peor forma en su persecución en contra de los aborígenes. De todos los epítetos no escapa el de asesino.

Empero, Julio Popper se define y basa su defensa en el dinero. Su ambición es poderosa y hasta se cree rey. Tiene ejército propio y se pasea con sus tropas por las anchas llanuras de la Tierra del Fuego. En sus delirios de grandeza –con el permiso de las autoridades- fabrica sus monedas de oro e imprime sus propias estampillas. El ingeniero no se queda en chicas para colocar su apellido paterno en las monedas y su inicial en las estampillas.

Estos ejemplares numismáticos y de la filatelia tienen un valor incalculable para los coleccionistas.
Los últimos años de Popper, en territorio magallánico, fueron oscuros. Los mineros nativos y extranjeros que fueron perseguidos, sañudamente, por el rumano, hicieron un comicio para que abandonara Punta Arenas por indeseable.

Quien fuera el gran cosechador de oro en la Tierra del Fuego, murió en Buenos Aires, el 6 de junio de 1893, pensando siempre en un título real que se le escapó de las manos en su auténtico dominio de los confines australes.

”Crónicas del diario soñar” - Punta Arenas - 1987


UNA HIJA DE TOLSTOI EN LA PATAGONIA

<h2><hr><u>UNA HIJA DE TOLSTOI EN LA PATAGONIA</h2></u>

Cuando el gran poeta Evtushenko vino a Natales



Volodia Teitelboim (*)- Publicado en Patagonia Mía

A comienzos del año 1968 escuchamos de los labios del poeta Eugenio Evtushenko una historia que nos dejó pensando. Por los días de Navidad del 67, junto al escritor chileno Francisco Coloane, viajó al extremo austral de Chile y del mundo, a Punta Arenas. El poeta, de amanecida, se arrodilló con toda la teatralidad de su temperamento, a las orillas del Estrecho de Magallanes y se lavó la cara con esa agua que para él estaba llena de símbolos. Llegaron a Puerto Natales, poblado patagónico, que para nosotros comparte su condición de “finis térrea” con esos andurriales remotos que llevan el nombre sugerente de Ultima Esperanza, donde el Gobierno nos fijó sitio de relegación en octubre de 1947.

Época, de verano, noches blancas chilenas. El borrascoso “cicerone” Coloane, que conoce esas comarcas y esos hombres como la palma enrevesada de su mano, hace de Virgilio pecaminoso y decide acortar la larga claridad nocturna invitando a su amigo a remojar la sed del camino. La dama que atendía el mesón al parecer se sintió halagada y hasta conmovida cuando le presentaron con gran prosopopeya al poeta ruso de tono rubio pajizo. Según Evtushenko, enhebró con ella el siguiente diálogo, del cual pido confirmación a Coloane, quien garantiza su veracidad silenciosamente, con leve inclinación de cabeza.

El ruso somete a la mesonera, casi como un agente provocador de conversaciones, a un interrogatorio con mezcla de estilos, literario y policial: ¿le gusta la poesía? Responde con un sí, que puede interpretarse como la contestación convencional y a la defensiva que cualquier mujer daría en un caso análogo aunque la poesía le interese sólo para barrer el suelo. ¿Y que poeta le agrada? Se acoraza, tras el peto frágil de la ambigüedad: varios. El poeta, como un perro rastreador de almas desconocidas, quiere saber que hay detrás de esa respuesta demasiado genérica e imprecisa. Persiste implacable, escudriña, intrusea, indiscreto, cercándola con las púas de un cuestionario fisgón y minucioso. ¿Le gusta Neruda? Sí, es el poeta chileno que más me agrada. ¿Y Nicanor Parra?- Lo encuentro interesante. ¿Conoce usted algún escritor ruso? La misma anfibología de antes: Sí, varios. ¿Pero en particular? Silencio. ¿Conoce a León Tolstoi? -Sí. ¿Qué conoce de él? Varias cosas, responde la damisela oscurecedora y equivoquista. ¿Cuáles? Nómbreme una. Ana Karenina. ¿Conoce Resurrección? La mujer contesta: yo soy un personaje de Resurrección. ¿Cuál? -Katiuscha Maslova.

El poeta se asombra. La ventera le cita otros libros de Tolstoi, diversos autores rusos, muchos títulos. Hasta pretende haberlos leídos. Evtushenko la observa por el rabillo del ojo incrédulo. Ella le propone: “Vamos a mi pieza”. Convite sumamente antiguo, un millón de veces oído en los burdeles pobres o lujosos. Helo aquí en el taller de trabajo horizontal de una mujer de la vida, donde ella atiende sus negocios, recibe a sus clientes y amigos, por donde noche a noche pasan trashumantes agentes viajeros, capataces de arreo, campañistas, peones y domadores, contrabandistas, marineros, obreros venidos de los frigoríficos, velloneros, esquiladores, hombres con olor a bestia, a pampa, a soledad y a distancia.

Pero los muros están cubiertos de libros. Divisa obras de Tolstoi, de otros escritores rusos. Saca un volumen del estante. Con su práctica del lector siente que esas páginas han sido recorridas por ojos y yemas de dedos. Están trajinadas por el tráfico constante de las manos que pertenecen a un cuerpo que es de la comunidad y a un alma que en medio de todos los contactos permanece solitaria.

Se queda atónito cuando descubre el único cuadro del cuarto. En lugar de la Virgen María o del Sagrado Corazón de Jesús -que son en Chile las púdicas o sangrantes imágenes habituales y perdonadoras que decoran los muros en las habitaciones de las meretrices arrabaleras- lo contempla, instalado en una vieja y gran fotografía tutelar, el viejo conde. Si, ¡convéncete! León Tolstoi preside la pieza de ese cisne perdido. Si viviera, tal vez esto hubiese alegrado su corazón y su cuerpo que de mozo fornicaba en los burdeles y se emputecía como loco. Surcado por vientos de duda y desesperación aún peores de los que cruzan las estepas magallánicas, conoció las busconas. Quizás alguna vez las amó y por eso escribió un cuento desolador sobre el hombre que se acuesta en un lupanar con su hermana ignorada. Y después, no recuerdo bien si el o ella, se pega un tiro.

El poeta Evtushenko grita, en su castellano desvergonzado, sólo un ¿Cómo? ¡Tolstoi!

-Si-asiste. Cuando mis amigos de las estancias entran a esta pieza, miran siempre el retrato y muchos preguntan: ¿Quién es ese caballero? Comprendo que no puedo entrar en explicaciones que no comprenderían. Casi siempre vienen muy apurados. Sólo les contesto: “Es mi padre”.

No era Francisca, la hermana. Era su hija chilena. La hija pecadora del gran pecador arrepentido y nunca redimido. El poeta termina el relato muy exaltado (no le cuesta mucho). Anuncia: “cuando vuelva a Rusia, escribiré un poema que tendrá por titulo: ‘La Hija de León Tolstoi’”.

Lo escribí -me dice junto a una mesa instalada en la oscuridad de una dacha en Peredelkino, en junio de 1969- pero quedé muy insatisfecho. Resultó una hija pálida de Tolstoi.

Su nombre, a medio siglo de su muerte, sigue penando como anima de la discordia en el centro de la polémica contemporánea, sin exceptuar a Chile.

(*) El autor es Premio Nacional de Literatura. Este artículo es de su libro " Hombre y Hombre" y llegó a nosotros gracias a la gentileza de Carlos Vega Delgado


DÉCIMAS DE ESTE TIEMPO

<hr><h2><u>DÉCIMAS DE ESTE TIEMPO</h2></u>

Por Aristóteles España

“Cien décimas falladas” se titula el libro de Alba Llanos Melussa (Centro Gráfico Prisma, Santiago, 2005). Jueza por convicción y vocación sorprende con este libro donde rescata las Décimas como género para comunicar (o contar) a los lectores su experiencia humana y sensorial con los múltiples ejercicios de vida que la cotidianidad la hace asumir. Su texto literario es producto de su trabajo en la judicatura en materias de infancia, su visión integrada a un mundo complejo y lleno de vicisitudes de todo orden.

Por sus páginas caminan los menores que son llevados a los tribunales. Uno de los más estremecedores es el del niño Felipe. Dice Alba Llanos: “Sus más tempranos delitos/ fueron robos por sorpresa/ al acecho de su presa/ quedaba muy calladito/ se contaba como un mito/ que luego de un gran zarpazo/ apuraba mucho el paso/ corriendo a velocidad/ para que la autoridad/ se enfrentara a su fracaso”.

Las décimas cultivadas por poetas populares del siglo XIX destacaban en sus versos la marginalidad del hombre de campo que llegaba a la capital en busca de nuevos horizontes. Los personajes más frecuentes eran zapateros, panaderos, prostitutas, ladrones de todo tipo. Versos a lo humano y lo divino. Estas décimas eran declamadas en auditorios sindicales, teatros pequeños, mitines políticos. Había un afán de denuncia y compromiso con la vida. Violeta Parra musicalizó este género para defender la libertad y el amor. Lo mismo lo hicieron o hacen Pedro Yánez, Eduardo Peralta, Jorge Yánez, Santos Rubio.

Jaime Hales señala: “Tal vez el drama de los jueces radica en que creen que su trabajo es buscar el equilibrio, olvidando que en una sociedad desequilibrada, no todos tienen la misma fuerza y no requieren la misma protección”.

Sin embargo, la autora toma partido por un mundo mejor. Sus textos inspirados en los casos que ha debido ver y fallar a ratos superan a la ficción, como el de una madre que regalaba a sus hijos; violaciones, alcoholismo de los padres, retratos de carencias afectivas. En el libro es posible visualizar un universo, ciertos paisajes sicológicos que al ser trasladados a este género nos muestran otra dimensión del mundo. El ritmo de las décimas es atrayente y de gran capacidad oral y visual. Al leer estas décimas nadie puede quedar indiferente. Si el objetivo era estremecer al lector, lo logra con creces.

“Décimas falladas” está ilustrado con cartas del Tarot. La Justicia, El Loco, La Rueda, El Colgado, La Torre, la Sacerdotisa son imágenes llenas de símbolos que entregan un mensaje de esperanza por los tiempos que vienen.

El juez Roberto Contreras señala: “Por medio de la literatura podemos acercarnos al ser humano en su realidad íntima y personal, por fuera de los estereotipos conductuales existentes, de modo tal que al juzgarlo consideremos su universalidad y particularidad, su exacta dimensión material y espiritual”.

Estos poemas escritos en décimas son un aporte a la literatura chilena al abordar una realidad desde ángulos escriturales poco recurridos y con gran talento.

Alba Llanos ingresó al Poder Judicial en 1981 desempeñándose como Asistente Social en el 4to Juzgado de Menores de Santiago. Paralelamente estudió Derecho en la Universidad de Chile. Sirvió, además, el cargo de Jueza en el Segundo Juzgado de Letras de Buin y en el Tribunal de Menores de San Bernardo. Actualmente se desempeña como Jueza de Familia en la ciudad de Santiago.


P.S DE CHILE EN LA ARGENTINA

<hr><h2><u>P.S DE CHILE EN LA ARGENTINA</h2></u>

COMANDO DE APOYO A CANDIDATURA DE MICHELLE BACHELET



Sr/a:

Lo invitamos a participar el martes 26 de julio a las 18 horas a un encuentro del PS de Chile en Argentina y el Comando de Apoyo a Michelle Bachelet. Este evento se realizará en Entre Ríos 488, primer piso, en la Ciudad de Buenos Aires.

La tabla del día es:

1. La organización del Comando de Apoyo a la candidatura presidencial de Michelle Bachelet en la Argentina.

2. Informe y ampliación de las comisiones: Relaciones Institucionales, Finanzas, Organización y Comunicaciones.

3. Las elecciones en Chile y la participación: Inscripción en los registros electorales (hasta septiembre) y en el proceso electoral (Diciembre).

4. Varios

Esperando contar con su participación, saluda atentamente.

Juan Carlos Berríos (Presidente)
José Salvador Cárcamo (Relaciones Públicas)
Juan Morello (Secretario Organizaciones Sociales)
Alicia Alvarado (Secretaria Organización Interna)

psdechileenargentina@yahoo.com.ar
.


PETROANDINA

<HR><H2><U>PETROANDINA</H2></U>

Otro paso para el anillo energético
de América del Sur



Por Causa Popular
Sábado 23 de julio de 2005

El pasado lunes se realizó en Perú la XVI cumbre de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), donde el primer mandatario de Venezuela asumió su presidencia por un año. Hugo Chávez, quién insistió nuevamente en que ganará “la pelea del socialismo” en Venezuela, no detiene su camino hacia la conformación de la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN), y la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA). En Lima, el país anfitrión, Colombia, Bolivia, Ecuador y Venezuela, llegaron a un acuerdo para integrarse en torno a Petroandina, una asociación que busca optimizar la utilización de la riqueza en petróleo y gas de la subregión.

La Comunidad Andina de Naciones, que el lunes 18 de julio realizó su cumbre en Lima, acogió una propuesta del presidente Hugo Chávez para que Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia se unan en torno de las enormes reservas de gas y petróleo existentes en esta subregión.

Así como lo hiciera en su propio país a fines del mes de Julio -ver Causa Popular del 2 de julio- con los países del caribe, y la propuesta a estos de conformar PetroCaribe, Chávez aprovechó la Cumbre para interesar en su propuesta de Petroandina, la que él mismo definió como una asociación estratégica de las empresas petroleras de los cinco países. La misma participaría de la “articulación de tres grandes espacios geopolíticos y geoeconómicos en Sudamérica y el Caribe”.

Esos tres espacios son -según lo explicó el mismo presidente venezolano en el final de la cumbre-, el caribe insular, servido por PetroCaribe, ya en marcha; Petrosur, “acordada por Argentina y Brasil”, y la propia Petroandina. Chávez no se anduvo con vueltas y expresó, “Hay que hacer una reunión de ministros de Energía en Caracas ya, si es mañana, mejor” para dar nacimiento a Petroandina, señaló quién asumió como presidente protémpore de la CAN por el lapso de un año.

El mandatario inclusive mencionó varios de los proyectos que podrían empezar a tomar forma o facilitarse por Petroandina. “Uno de los proyectos prioritarios que hemos visto es regular las necesidades energéticas de nuestros países en base al estudio que hagamos de cada uno”, señaló.


9 DE JULIO: ENTONCES Y HOY

<HR><h2><u>9 DE JULIO: ENTONCES Y HOY</h2></u>

Por Abel Posse
Para La Nación 9 de Julio de 1999

Por suerte no fueron sensatos. No creyeron en la evidencia cuantitativa. No tuvieron en cuenta que en el Congreso de Viena (la Yalta de entonces) las superpotencias repartían el mundo sin considerarlos. No se agobiaban ante esa España que había derrotado a Napoleón. Contra ella se alzaban con sinrazón ibérica en Tucumán, corazón perdido de esa América remota.

Eran los meses amargos cuando aquel primer ejército de centauros pobres retrocedía por el Altiplano reseco: Vilcapugio, Ayohuma, Sipe-Sipe. Había que tener mucha convicción para sentir la derrota como pasajera, como un incidente sin importancia en el océano de una gran causa.

No contabilizaban el mal: por eso siempre crecían. Buenos lectores de la Biblia, sabían que el rey David fue reprendido como "insensato" por haber contado sus huestes. Avanzaban a través de los desiertos hacia Tucumán, desde los cuatro puntos cardinales, con sus levitas polvorientas y sus sotanas zurcidas. Obstinados en sus galeras por aquella Patria agreste que nacía desnuda y desamparada. Iban a los tumbos entre las vizcacheras y seguramente el libro de Rousseau rodó entre las nueces confitadas entregadas con el beso de la despedida. Más de una vez saltarían las páginas del misal y del sabio Samuel se caería en el Apocalipsis.

Sabían que España preparaba la mayor expedición transoceánica que se hubiera conocido. San Martín vaticinaba que de no atacarse a los españoles en los dos años inmediatos, ya no sería posible vencerlos. Ellos recordaban estas cosas con la mirada perdida en el desierto durante las largas horas sin paz de la travesía. Crecían en la amenaza. Iban a la patriada, al puro coraje, a la quijotada. Y casi sin gestos, desnudos de discurso: eran gente de acto grande y palabra breve.

Tierra seca. Polvareda lejana de ganado cimarrón. Batallas de ejército de perros hambrientos. Lodazal del litoral: tardes enteras luchando por salir del zanjón. Cielos de tormenta. Solazos rajantes. Amenaza del indio, del puma, de la duda. Postas miserables con agua turbia y un apenas de charqui en la fiambrera.

Espacios desiertos

¡Hacer una patria de aquella heredad infecunda! De aquel espacio que por entonces era sólo desierto.

En esas distancias, hoy todavía poco humanas, el poder político era teoría. Era la tierra del gaucho bárbaro y errante. Si algo unía, era el agua de los sentimientos. Un algo perdido en el aire del tiempo. Un sobrentendido en el rasgueo de guitarras, junto al fuego de la posta.

Fueron llegando a Tucumán después de los calorones. A fines de junio estaban los necesarios. El 9 de julio declararon la Independencia con el laconismo de lo verdadero e irreversible. Fue en casa de Zavalía. Se debatieron entre la monarquía constitucional, que entonces era la forma de gobierno recomendable para vivir internacionalmente, y el retorno al inca, ambición justa pero nostálgica. En todo caso, por la libertad y la democracia.

Se permitieron el lujo de ser y declararse libres. Era la gente que había quemado los instrumentos de tortura y abolido la esclavitud ya en 1813.

El 10 festejaron el desafío. Pueyrredón presidió las ceremonias en su calidad de director supremo. Caminó hasta la Catedral y pasó revista a un ejército que todavía no tenía ni tiempo ni dinero para uniformes (cada insignia se ganaba con un acto de coraje). Eran cinco mil gauchos de poncho y lanza de pobre: un cuchillo atado a una estaca. (Cuenta Mitre que a tres cañones de fundición se los llamaba "batería".) Luego, un sarao inolvidable. Los héroes se pelearon por bailar y enternecer a Lucía Aráoz, la belleza mayor de entonces. Intentaron salir a los jardines, hacia el perfume alcohólico de los jazmines, con Camelia Muñecas, con Juana Rosa Gramajo (tan cercana al corazón de San Martín), Belgrano con su amada y seducida Dolores Helguero. Hubo mucho vino, el blanco suave de Cuyo y el duro y profundo de los valles riojanos. Vals vienés y minué.

Ataque al imperio

El mismo 10 partió Pueyrredón a revientacaballos hacia Córdoba. Llegó en cinco días, un verdadero récord. Lo esperaba San Martín, que había llegado en secreto desde Mendoza. Revisaron los detalles de la pobreza, las dificultades. Pero se decidió el ataque al imperio. Esta vez se proponían algo más insólito que embestir molinos de viento: cruzar los Andes y atacar. Otra vez triunfaba la dignidad sobre el cálculo.

En aquella reunión quedó decidida la aventura genial de la liberación de Chile y de Perú. El gigante Bolívar embestía por el norte contra la mejor fuerza militar de España.

¿Callejón sin salida?

Ahora todo cambió. La tierra está dominada. El desierto es sembradío. Los galerones amenazados por los perros salvajes, grandes ciudades. A Tucumán se llega en dos horas de avión. Infraestructura, caminos, sanidad, hoteles, correos, satélites. Y un pueblo apto para lo mejor, en el que todavía persisten los efectos del genial esquema cultural sarmientino.

A pesar de todo, enmarañados en la posibilidad siempre mal conducida, el final de siglo nos encuentra desalentados. El traspié nos parece drama. Nos permitimos el inconsciente lujo de equiparar una crisis financiera a un bombardeo atómico. Es poco serio. El único subdesarrollo del que nos podríamos acusar es el político. Tenemos todo lo externo y una voluntad pagana de vivir, pero no sabemos ordenar la marcha. Inmaduros, oscilamos entre la exultación vana y la queja aún más que vana, despreciable.

El desierto aquel ya no existe. Pero ahora la tierra yerma parece haberse refugiado en nuestras mentes. Esta es la "travesía" que nos toca superar. ¿Temeremos la cultura, la libertad, la democracia? ¿Echaremos todo por la borda porque el rojo del debe es muy abultado?

Aquellos hombres con nada hicieron todo. (En 1928, todavía por su aliento de gigantes, éramos la sexta potencia financiera del mundo.) ¿Es posible que nosotros, que tanto nos jactamos de la Patria y de la estirpe, teniéndolo todo no nos animemos ya a nada? ¿Que nuestra política nos parezca un callejón sin salida? ¿Que el economicismo mercantilista termine por amedrentar y frenar todo el impulso político creador que se necesita en esta hora de crisis mundial?


9 DE JULIO DE 1947: LA INDEPENDENCIA ECONÓMICA

<h2><hr><u>9 DE JULIO DE 1947: LA INDEPENDENCIA ECONÓMICA</h2></u>

No para dar por pensado,
sino para dar en qué pensar


Agenda de Reflexión
Número 197, Año III, Buenos Aires, viernes 9 de julio de 2004


Ya lo había dicho Perón al presentar el Primer Plan Quinquenal: "Aspiramos a una liberación absoluta de todo colonialismo económico, que rescate al país de la dependencia de las finanzas foráneas. Sin bases económicas no puede haber bienestar social: es necesario crear esas bases económicas. Para ello es menester ir ya estableciendo el mejor ciclo económico dentro de la nación, y a eso también tiende nuestro Plan. Debemos producir el doble y a eso multiplicarlo por cuatro, mediante una buena industrialización -es decir, enriqueciendo la producción por la industria-, distribuir equitativamente esa riqueza y aumentar el estándar de vida de nuestras poblaciones".
El 9 de julio de 1947, con gran despliegue oficial, se promulgó en la misma Casa histórica de Tucumán donde se había declarado en 1816 la Independencia Política, el Acta de la Independencia Económica. Esta declaración es uno de los hechos más trascendentes producidos por el gobierno peronista. Refleja la consolidación de la independencia nacional de los poderes y organismos internacionales, en un país sin deuda externa, con una pujante industria nacional abasteciendo al mercado interno, y con los resortes económicos estratégicos regulados por el gobierno.

Acta de la declaración de la Independencia Económica

En la benemérita y muy digna ciudad de San Miguel de Tucumán, a nueve días del mes de julio de mil novecientos cuarenta y siete, en celebración del centésimo trigésimo primer aniversario de la Declaración de la Independencia política sancionada por el Congreso de las Provincias Unidas reunido en mil ochocientos dieciséis, se reúnen en acto solemne los representantes de la nación en sus fuerzas gubernativas y en sus fuerzas populares y trabajadoras, para reafirmar el propósito del pueblo argentino de consumar su emancipación económica de los poderes capitalistas foráneos que han ejercido su tutela, control y dominio, bajo las formas de hegemonías económicas condenables y de los que en el país pudieran estar a ellos vinculados.
A tal fin los firmantes, en representación del pueblo de la nación, comprometen las energías de su patriotismo y la pureza de sus intenciones en la tarea de movilizar las inmensas fuerzas productivas nacionales y concertar los términos de una verdadera política económica, para que en el campo del comercio internacional tengan base de discusión, negociación y comercialización los productos del trabajo argentino, y quede de tal modo garantizada para la República la suerte económica de su presente y porvenir. Así lo entienden y así lo quieren, a fin de que el pueblo que los produce y elabora y los pueblos de la tierra que los consumen, puedan encontrar un nivel de prosperidad y bienestar más alto que los alcanzados en ninguna época anterior y superiores a los que puedan anotarse en el presente. Por ello, reafirman la voluntad de ser económicamente libres, como hace ciento treinta y un años proclamaron ser políticamente independientes.
Las fuerzas de la producción e industrialización tienen ahora una amplitud y alcance no conocidos y pueden ser superados por la acción y trabajo del pueblo de la República. El intercambio y la distribución suman cifras que demuestran que el comercio y la industria se expanden conjuntamente con aquellos. La cooperación, que contribuye a fijar de manera permanente las posibilidades humanas, será activada hasta alcanzar el completo desenvolvimiento que demandan las nuevas concepciones del comercio y empleo mundiales de las energías. A su término, una vez leída esta declaración y preguntados si querían que las provincias y territorios de la República Argentina tuviesen una economía recuperada y libre del capitalismo foráneo y de las hegemonías económicas
mundiales o de las nacionales comprometidas con aquéllas, aclamaron y reiteraron su unánime y espontáneo, así como decidido, voto por la independencia económica del país, fijando por su determinación el siguiente Preámbulo:
Nos, los representantes del pueblo y del gobierno de la República Argentina, reunidos en Congreso Abierto a la voluntad nacional, invocando la Divina Providencia en el nombre y por la autoridad del pueblo que representamos, declaramos solemnemente a la faz de la tierra la justicia en que fundan su decisión, los pueblos y gobiernos de las provincias y territorios argentinos, de romper los vínculos dominadores del capitalismo foráneo enclavado en el país y recuperar los derechos al gobierno propio de las fuentes económicas nacionales. La nación alcanza su libertad económica para quedar, en consecuencia, de hecho y de derecho, con el amplio y pleno poder para darse las formas que exijan la justicia y la economía universal, en defensa de la solidaridad humana.
Así lo declaran y ratifican ante el pueblo y gobierno de la nación, el gobierno y pueblo aquí representados, comprometiéndose uno y otro al cumplimiento y sostén de esta, su voluntad, bajo el seguro y garantía de sus vidas y honor. Comuníquese a la nación, y en obsequio del respeto que se debe a los demás Estados, detállense en un manifiesto y acta las fuentes determinantes de esta solemne declaración, dada en la Sala de Sesiones del Congreso de las Provincias Unidas, donde en mil ochocientos dieciséis se proclamara la independencia de la República, y refrendada por los representantes del pueblo y gobierno argentinos aquí reunidos.

Juan Perón, presidente de la nación, y demás firmas de los Representantes.