Blogia

MIRANDO AL SUR - augusto alvarado


CUREÑA

<h2><hr><u>CUREÑA</h2></u>

General Líber Seregni
Falleció el 31 de julio de 2004 a los 88 años


Homenaje al General Líber Seregni



Por Eleuterio Fernández Huidobro

El último acto de la vida es morirnos. Las grandes personas suelen a veces morir trágicamente y entonces la suerte se ensaña con sus restos: pensemos en los cuerpos de Guevara, Allende o Leandro Gómez, por poner unos ejemplos.

Otras veces, dicha suerte, sin ser tan aviesa, tampoco compadece la importancia de la vivida vida: pensemos en los restos de Artigas, que traídos muy tarde desde el exilio paraguayo quedaron tirados en un galpón portuario. Olvidados por otro largo tiempo.

También es común que dichas grandezas fallezcan de muerte natural en su lecho y sin sufrir tales oprobios den lugar a sentidos, solemnes y multitudinarios homenajes: pensemos en José y en Luis Batlle, en Luis Alberto de Herrera por citar sólo tres casos. Dichas muertes, por sí solas, trajeron cambios sustantivos en la Historia. Como no podía ser menos.

La del General Líber Seregni, arropado por el calor del pueblo, también los trajo. Muchos conocíamos su gravísimo estado de salud. La muerte en este caso vino avisando. El jueves de la semana pasada, a partir de la portada del diario La República (otro General había ordenado reponer el cuadro de Seregni en el sitio de donde en mala hora lo habían sacado), lo supe: el General se muere. Fue un día inquietante. Agonizaba en esas horas cuando fueron llegando al despacho de este senador rumores intranquilizantes: acuartelamiento en algunas unidades militares de Montevideo, agitadas asambleas del generalato, tensas entrevistas con el ministro y con el Presidente...Todo por una foto.

Se moría mansamente el General, produciendo sin embargo, y por morirse, crujidos astillantes en las carcomidas vigas de una grosera impostura histórica. Dicen las crónicas -y ahora lo creo- que el Viejo, sabiéndose morir, pidió que su bastón de mando fuera con él. A la vista de todos. Y allí estuvo sobre el pabellón nacional en el féretro, el viejo bastón que otrora le quebraran cobardemente. Entero estaba. Yo lo vi.

Cuantos acostumbramos soñar, por suerte la enorme mayoría, vimos en la modestia del bastón reparado por manos anónimas su último tenaz y tozudo mensaje: «Sigo siendo, también, un soldado». Jamás dejó de sostenerlo. Y fue muy criticado en vida por eso.

En materia de símbolos su muerte atrajo un verano de banderas frenteamplistas, pero también junto al pabellón nacional puso el bastón: un símbolo militar. Como si hubiera puesto el uniforme o las fotos color sepia de un joven oficial de artillería cuando, por desgracia, millones de cañones atronaban el mundo y la libertad de todos se iba o se venía por el ánima de cada uno.

Previsibles e inexorables, como la enfermedad que lo mató, vinieron luego del aciago mediodía del sábado las decisiones presidenciales: honores de ministro y, con ellos, los honores militares. Casi al mismo tiempo, en minúsculos conciliábulos, se acordaba mantener su foto en la División de Ejército Nº 2 y arrestar al general Wins, que por haberla puesto pasó a la Historia.

Hay un sórdido planeta desarreglado, en el que reinando el desvarío la Historia es arrestada. Pasamos a vivir horas mágicas en las que se intercambiaban entre la vida y la muerte supremos mensajes. Aunque debemos reconocerlo: totalmente incongruentes. Y a ratos intranquilizantes. Seregni conmovía en todos los sentidos de la palabra.

Por eso dije al principio que la muerte de las grandes personas produce por sí sola grandes cambios, pero nunca imaginé que ésta los fuera produciendo a tanta velocidad, dejando a la vista desde el último suspiro, como un viento arrachado, tanta incoherencia crasa y en pelotas.

Debo pensar forzosamente que esta increíble saga la «escribió» a plena conciencia con un pie en el estribo de la eternidad. Hasta le adivino una cierta sonrisa misteriosa, pícara, cómplice...

Después, ya jinete, hincó espuelas en el potro de la inmortalidad. A las dieciocho del sábado estaba mirando en Carrasco el decolaje de dos aviones cuando supe que la Fuerza Aérea participaba con «hondo pesar» la muerte acaecida. Algo muy grande se había producido. Cuesta escribirlo: gracias a la muerte de una vida generosa. Seregni, militando mucho, después de haberse ido para siempre, volvió enseguida.

Toda cureña es cureña de artillería. Poner sobre ella un féretro implica sustituir un cañón.


La humanidad, transformada en guerrera desde que tiene memoria, ha ido inventando en sus cuantiosas y torpes tragedias, homenajes a sus más queridos muertos para poder llorar del mejor modo posible: las hecatombes griegas, el caballo ensillado y sin jinete de los árabes, con las botas al revés en los estribos, la cureña de las piezas de artillería para llevar en inhóspitos campos de batalla los cuerpos lacerados de los héroes a la tristes tumbas.

Es un tosco homenaje macho, pero las madres espartanas exigían de sus hijos cuando los mandaban a la guerra, que volvieran con el escudo o sobre el escudo: «cureña» de cuando no había pólvora...

Dice la leyenda y repiten los poemas, que entre cuatro se llevaron el cuerpo de Saravia en tosca camilla hecha con dos largas lanzas. Pero lo que se usa hoy en casi todo el mundo es la cureña de artillería. Casualmente, el arma del soldado Seregni.

En la calle Yaguarón entre Canelones y Maldonado estaban los jinetes y los siete caballos (tropilla de un solo pelo oscuro como la muerte), la cureña y su custodia alistada en pie de guerra al mando de un joven oficial sable en mano. Calle abajo esperaban formados contra el cordón de la vereda, los efectivos de tres bandas militares, y los de la banda policial, con banderas y escoltas. Un oficial superior que trajinaba entre la gente estaba al mando de todo.

En esa media cuadra de la calle Yaguarón se iba a producir el contacto histórico (para mí, que a veces deliro, pero también para mi abogado el doctor Gonzalo Fernández que no delira nunca) entre la multitud frenteamplista que se traía al General sobre el escudo, y las Fuerzas Armadas que lo esperaban nerviosas. Todo ello rodeado a esa hora de un escenario pletórico de gente, gritos y banderas que ya inundaba calles, veredas y hasta techos, dejando espacio nulo para protocolos.

Vimos venir a los dirigentes del Frente Amplio, del Encuentro y de la Nueva Mayoría, en vilo. La muchedumbre, que llevaba al General, al pabellón y al bastón de mando, los traía también a ellos en el pulso hasta el punto del contacto después que pasaron las motos y las carrozas cargando un mar de flores. En ese momento al Uruguay le garuaba flores por todo el cuerpo.

El gigantesco sentido común de la común gente transformada en gentío henchido de perfumes y sin protocolo, se encargó de todo porque en medio de aquella confusión de brazos, pechos, lágrimas, sables, banderas, cantos, fusiles y flores, sin orden alguno, sin seguridad ninguna, mezclados todos, hombres, caballos, mujeres, dirigentes máximos, niñas, soldados, jerarcas municipales, diputados y hasta senadores, como en el loco tango de Ferrer pero al fúnebre ritmo de las cajas destempladas, se fue yendo en santa paz el General.

Abrigado por la sublime seguridad de un pueblo armado hasta los dientes de pañuelos. Creo que sólo Uruguay es capaz de hacer eso. Que me perdonen la inmodestia: solamente Uruguay.

Y bueno: el resto lo sabemos. Como en un cofre, el pabellón nacional quedó en las manos de su esposa, el bastón de mando en las de sus hijas y nietas. Retumbaron veintiún cañonazos cuando el féretro entraba en el panteón, el clarín logró tocar a silencio, una voz gritó ¡Padre Artigas: ahí va tu General!, y la multitud, sin orquesta alguna, cantó el Himno. No hubo nota discorde. Por el contrario: gestos de nobleza por cuenta de adversarios políticos.

En este imponente concierto nacional, sólo desafinaron algunas microscópicas declaraciones que las hormigas basureras del olvido ya comieron... Se los están comiendo.

Tomado de Reconquista Popular


ZURITA EN CHUQUICAMATA

<h2><hr><u>ZURITA EN CHUQUICAMATA</h2></u>

Por Aristóteles España

El autor de “Anteparaíso”, Premio Nacional de Literatura 2000 viajó hasta el mineral de Chuquicamata para premiar a una poeta joven llamada Gabriela Sotomayor, alumna de la Fundación Educacional de Codelco, quien obtuvo el Premio Pablo Neruda por un poemario donde da cuenta de la existencia de una poesía cósmica y telúrica en el desierto chileno, de similares espacios y círculos en los que trabajó Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto hace 70 años en remotos pueblos perdidos en los mapas llamados Batavia, Rangoom, donde escribió “El tango del viudo”, dedicado a Jossie Bliss quien, según cuenta la leyenda, quiso castrar al futuro Premio Nobel.

De este y otros temas conversamos con Zurita en el desierto más árido del mundo. Del ensimismamiento por el lenguaje en algunos vates jóvenes, donde la emoción queda relegada a un segundo plano. Malabarismos, enfoques lingüísticos diversos, el país que lee imágenes y no a sus escritores que siguen intentando pintar la realidad, musicalizando los enormes silencios de una patria quevediana, con sus muros aún con los pájaros del miedo que observan cómo este pueblo se da cabezazos y busca verdades de todo tipo. También respuestas; y más preguntas sobre lo ocurrido en aquellos días aciagos de botas y fusiles (“Miré los muros de la patria mía...”, decía don Francisco de Quevedo). Autores de la hornada más reciente en Chile, indagan hoy en el fenómeno creativo, en la evolución de estos procesos interiores, sin perder de vista la historia cotidiana, el país como una pieza de ajedrez, los tiempos vertiginosos que llenan de agua la imaginación creadora, la metafísica de los territorios que aún quedan por descubrir en un país como el nuestro donde los poetas fundan pueblos desde Ercilla hasta Neruda con su célebre “Cantalao”, la villa para los artistas que había empezado a edificar frente al mar en Punta de Tralca.

Con Zurita reflexionamos sobre este proceso que se da cada cierto tiempo en la poesía chilena. Ocurrió con Rosamel del Valle y Humberto Díaz Casanueva en plena Guerra Fría, con Jorge Teillier y Enrique Lihn en las décadas del 70 y 80 en medio de experimentos políticos como la Revolución en Libertad, La Vía Chilena al Socialismo, donde estos últimos escriben sus mejores obras. La dictadura militar trajo consigo la dispersión pero también el establecimiento de nuevos corpus poéticos, que analizaremos en próximas crónicas.

Las obras recientes de autores como Malú Urriola ("Nada”, Premio Municipal de Santiago 2004); Armando Roa Vial (“Hotel Celine”); Christian Formoso (“Los coros desterrados”); Oscar Barrientos Bradasic (“Egloga de los cántaros sucios”) dan cuenta de este ciclo en que se abren ventanas con representaciones de ríos, hoteles, lenguajes abiertos, música de cámara con las vocales haciendo de las suyas y, como telón de fondo, un Chile que busca aún en su pasado, con una enorme fe en el lenguaje del porvenir como decía Li Tai Po.

Zurita habló a los mineros, a los docentes, a los poetas, a los estudiantes que repletaron un Tambo cerca del río Loa, y contó el por qué quiso ser un artista comprometido, además, con su tiempo. Habló de sus lecturas iniciales y recientes. Instó a la juventud a seguir creyendo en la magia de la creación. Les dijo a esos cientos de personas frente a las dunas de Calama que la poesía era el canto superior, eran los pájaros de Homero, las golonniñas de Huidobro, el aire de Heráclito, los gemidos rockianos, las piedras colosales de la Mistral, aquella niña del valle de Elqui que llegó al cielo en la tierra.

Después de esta memorable jornada de reflexión crítica y lecturas de este tiempo y del otro, podemos decir que el mundo sobrevivirá, que la poesía nos enseña a ser mejores, que seguiremos resistiendo a todas las guerras aunque algunos se empecinen en contradecirnos con sus tanques, cohetes, la aguda melodía de sus marchas."


ENTREVISTA: HELIO JAGUARIBE

<h2><hr><u>ENTREVISTA: HELIO JAGUARIBE</h2></u>

“Si Argentina y Brasil no se integran, se condenan” Estudia la relación entre los dos países desde hace 50 años y se transformó en uno de los principales especialistas en el tema. Sostiene que “el desarrollo y la integración” son tareas urgentes, porque la globalización los puede condenar a ser “segmentos indiferenciados del mercado internacional”.



Por José Natanson - Página 12 – 30/08/2004

Titular del Instituto de Estudios Sociales de Río de Janeiro y decano de la sociología brasileña, Helio Jaguaribe es quizás el mayor experto en el estudio de la relación entre Argentina y Brasil. Viajó por primera vez a Buenos Aires en su luna de miel, en los años ‘50, y aún recuerda que por ese entonces “todos los taxis de Buenos Aires eran marca Di Tella”. Hoy, con 80 años y recién recuperado de una operación, Jaguaribe no ha perdido ni la frescura personal ni la capacidad de análisis. En el diálogo con Página/12, el intelectual brasileño parte de una visión cultural para terminar proponiendo un giro en la estrategia del MERCOSUR con eje en una nueva integración industrial.

-En sus últimos trabajos usted distingue tres dimensiones de la integración, ¿cuál es la diferencia entre cada una?

-Desde un punto de vista cultural podemos hablar de una comunidad latinoamericana, que va desde México hasta la Patagonia. En este sentido yo creo que es muy importante que desde América del Sur mantengamos un estrecho contacto cultural con esa gran sociedad que es la de México, que ha dado una extrordinaria contribución a la cultura latinoamericana.

-¿Qué define esta unidad cultural?

-El hecho de compartir un idioma común. Desde hace tiempo yo vengo diciendo que Latinoamérica tiene un idioma común con dos versiones, el español y el portugués. A nivel internacional es un idioma común. Eso da una unidad cultural extraordinaria, implica un capital importante que hay que atesorar, que no tienen otras zonas del mundo, como Asia o África. Y que no tiene Europa, aunque haya avanzado mucho más en términos de integración. Esa es una primera dimensión. En cuanto a la económica, se diferencian claramente los estratos norteños de América latina y, por otro lado, México, Centroamérica y el Caribe. Es una zona que opera bajo modalidades económicas más relacionadas con Estados Unidos y constituye parte integral de ese sistema. En cambio, América del Sur logró mantener, a pesar de las dificultades, un grado de autonomía más importante. Por eso lo fundamental para nosotros es consolidar el Mercosur, que tiene como llave de su viabilidad una alianza estratégica seria y recíprocamente ventajosa entre Argentina y Brasil. Son las dos grandes dimensiones. La cultural, que es latinoamericana, y la económica, que es sudamericana. La política depende de qué dimensión predomine en cada país.

-¿Es posible acelerar la integración económica?

-Es absolutamente necesario que la opinión pública y desde ya los sectores dirigentes de nuestros países registren un dato muy significativo: el desarrollo de nuestras naciones y su integración, al menos en el sistema sudamericano, es un proceso que no permanecerá abierto indefinidamente. No es verdad que un país como Argentina o como Brasil pueda en cualquier momento, en el futuro, empezar su desarrollo.

-¿Por qué?

Porque estamos sometidos a un proceso de creciente y drástica reducción de los espacios de acción internacional, consecuencia del impacto del proceso de globalización. Es un movimiento acentuado por el unilateralismo imperial de los Estados Unidos. Como consecuencia de todo esto, países como Argentina y Brasil no tienen más que veinte años, a lo sumo, para lograr su desarrollo y su integración. Si no lo hacen, probablemente se conviertan, como les está ocurriendo a tantos países, en segmentos indiferenciados del mercado internacional. Se mantendrá una apariencia de soberanía, un himno, incluso elecciones. Pero si no se avanza rápidamente, los dirigentes de nuestros países se verán compelidos por constreñimientos irresistibles -económicos, culturales y políticos- a seguir la línea que dicten el mercado financiero internacional, las multinacionales y Washington.

-¿La idea es que va a ser demasiado tarde?

-Sí. Estaremos condenados a una internacionalización tonta.

-Hasta ahora se habla casi exclusivamente de la integración económica ¿La integración política debe acompañarla después?

-El ejemplo de Europa demuestra que la política es la última etapa del proceso integrativo. Se tiene que empezar por la integración económico-cultural. Y la llave de esa integración es una estrecha, durable, confiable y recíprocamente ventajosa alianza argentino-brasileña. Es necesario que nos percatemos de que no hay ninguna posibilidad de un futuro ventajoso aislado para Argentina o para Brasil. O trabajan conjuntamente o están condenados a ser segmentos del mercado internacional.

-En concreto, ¿qué se puede hacer para acelerar el proceso?

-Es necesario que procedamos a una revisión del régimen regulatorio del Mercosur. El régimen no prestó debida atención a las asimetrías entre los países. El PBI argentino es hoy un tercio del brasileño. La industria argentina, que era espléndida, fue terriblemente afectada por el neoliberalismo. El país ha sido condenado por la estupidez neoliberal a quedarse con la producción de petróleo y productos primarios y hoy se encuentra prácticamente importando todo lo demás. Dentro del régimen actual hay un ingreso masivo en Argentina de productos brasileños, porque Brasil mantuvo su industrialización. Sin embargo, esto concuerda perfectamente con las normas actuales del Mercosur. Hay que tomar conciencia de esas asimetrías y cambiar el régimen actual por uno que tenga como eje una política industrial común que permita la reindustrialización argentina. Si no, Argentina va a seguir exportando petróleo y materias primas, y eso es negativo no sólo para Argentina sino también para Brasil. El país necesita recuperar la industria liviana. El problema es que el Mercosur partió del ideal abstracto de que todos los países son iguales, y eso no es verdad. Se trata de mantener la igualdad jurídica, la igualdad de dignidad, pero reconocer que Argentina necesita desarrollar nuevamente su industria, que hay que promover condiciones más favorables para Uruguay y sobre todo para Paraguay. Yo tengo contactos con Argentina desde los años ‘50 y recuerdo esa época en que todos los taxis de Buenos Aires eran Di Tella. Las mejores telas del continente se compraban en Buenos Aires, eran producto nacional. Y ahora todo es importado.

-¿Las diferencias macroeconómicas entre los dos países -el default y la devaluación alocada de Argentina frente a la continuidad brasileña- no complican este proceso?

-No creo que esto tenga mucha importancia. El default es algo que en principio, por supuesto, hay que evitar, pero una vez que ocurre, resulta menos grave de lo que se pensaba. No estoy recomendando el default como política, pero sí una visión no catastrófica. Hay que evitarlo, pero una vez que ocurre se vive igual. Por otro lado, nuestros presidentes son totalmente favorables a la integración y tienen un alto entendimiento recíproco.

-Los últimos datos de Brasil demuestran una tibia recuperación
económica, ¿usted registra un cambio en la situación del gobierno de Lula?


Lula es un hombre excepcional, muy inteligente, de muchas cualidades. Ha estado, y todavía continúa estando, demasiado presionado por los equipos neoliberales del gobierno. Sin embargo, se está presentando en el 2004, como usted señala, la perspectiva de una discreta recuperación del crecimiento económico. El año pasado fue de crecimiento cero, o abajo de cero, y este año puede ser entre 3 por ciento y 4 por ciento. Lo que no sé es si los dos presidentes, Lula y Kirchner, tienen conciencia de que estos índices son insuficientes. Tenemos que alcanzar tasas de crecimiento económico no inferiores al 6 por ciento.

-¿Cómo se presenta el panorama para las elecciones municipales?

-Es necesario no exagerar el aspecto nacional de las elecciones. Brasil es un país con muchas diversificaciones, muy federal, de un federalismo exacerbardo. Y estas elecciones son de tipo local. Seguramente se va a producir en algunos sitios una reacción contra algunos aspectos del PT. Pero al mismo tiempo, Lula mantiene un gran apoyo popular. Hay una diferencia entre la imagen negativa del PT como partido y la de Lula como presidente.

-Otro aspecto que diferencia a Argentina de Brasil es el perfil social, ¿cómo impacta en la integración?

-El problema crítico de Brasil es efectivamente la total inviabilidad de su actual perfil social. Es un problema complejo, con dos dimensiones. En la de largo plazo es evidente que la solución pasa por una gran campaña de promoción de la educación pública general que recupere estas masas marginales a niveles satisfactorios de educación. Pero eso puede tardar entre 10 o 15 años. En el corto plazo hay que dar aspirina, asistencia financiera, soluciones para mejorar la situación angustiosa del 30 por ciento de brasileños que viven en la miseria. En Argentina las condiciones han empeorado mucho, pero viene de una historia muy diferente. En este aspecto también es muy importante avanzar en el proceso de integración. Yo veo a Lula y a Kirchner muy decididos, aunque quizás el enfoque no sea del todo correcto. No veo a los dos pensando en que esto no se tiene que resolver discutiendo si se compran más o menos calzados o heladeras. Eso es una tontería. Se trata de establecer una política común y dentro de ese rumbo garantizar la salida de productos argentinos a Brasil. Una integración industrial.


SUCRE, HOMBRE SOLAR

<h2><hr><u>SUCRE, HOMBRE SOLAR</h2></u>

Por: Iraida Calzadilla Rodríguez

www.granma.cubaweb.cu


Hijo y nieto de cubanos fue Antonio José de Sucre y Alcalá, el Gran Mariscal de Ayacucho. Vivió en Santiago de Cuba desde pocos meses de nacido, hasta los 11 años de edad. Cerca de las 8:00 de la mañana, del 4 de junio de 1830, el Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre y Alcalá, se despidió del mesón de Ventaquemada y partió rumbo a Pastos. El más virtuoso soldado de Colombia, como se le llamó, no pudo imaginar que, media legua más adelante, en la montaña de Berruecos, un disparo le alcanzaría el pecho y dos la cabeza.

Cuentan que el hombre impar de la independencia de América en la decisiva batalla de Ayacucho, cayó del mulo en que cabalgaba, fulminado por una muerte inesperada y equívoca. Los traidores, a cambio, recibieron 50 pesos cada uno.

Simón Bolívar, el Libertador, al conocer la noticia del asesinato de su lugarteniente, dijo: "¡Bárbaros, han derramado la sangre de Abel!".

Menos conocido es el vínculo de este hombre medular de la historia de nuestro continente con la mayor de las Antillas. Hijo y nieto de cubanos fue Antonio José de Sucre, y vivió en Santiago de Cuba desde pocos meses de nacido, hasta los 11 años de edad. El venezolano de Cumaná nunca olvidó a la Isla y, apuntan los historiadores que, inmerso en batallas difíciles por la independencia de América, no dejaba de recordar a Bolívar su deseo de llegar a La Habana con un ejército.

De aquel intrépido, considerado el "gran señor de la milicia latinoamericana", apuntó José Martí: "Fue hombre solar y no se piensa en él sin vida y resplandor". El Maestro lo describió como guerrero de victorias puras, amistad viril, corazón de alas y muerte súbita y sombría.

Martí escribió de Antonio José de Sucre y Alcalá: "Amó la América y la gloria, pero no más que la libertad".


4 NARRADORES CHILENOS Y ALGUNOS POEMAS

<h2><u><hr>4 NARRADORES CHILENOS Y ALGUNOS POEMAS</u></h2>

Por Hugo Vera Miranda

28 de Junio de 2004

No son muy conocidos por sus poemas, pero vastamente reconocidos por su abundante y maravillosa obra narrativa, hoy se lo presentamos a nuestros lectores como empezaron siendo; poetas, y de los buenos.

RAMON DÍAZ ETEROVIC



MUCHACHAS

Alguien como yo también las ama.

Las veo
cuando van rumbo a la fábrica,
o tras las cajas de un supermercado
contando treinta monedas
que no le pertenecen.

A veces ríen
-simples y momentáneas-
como flores
que no resistirán el invierno.

A su manera son felices,
y sé
que alguien como yo
también las ama.

GATO DE BARRIO
El gato
me observa
desde su rebeldía azul.

Suave, arisco,
como dulce enigma.

Adormilado en sus recuerdos
él entiende
mis dolores cotidianos,
la pequeña muerte que me espera
cuando cada mañana
abro la puerta de mi casa
y me clausuro.

CÁRDENAS

Algunas tardes vuelvo a la cantina
donde él embriagaba su sonrisa provinciana.
Sus poemas saltan a mi memoria,
Como huidizos y lejanos copos de nieve.
Recuerdo las calles
que recorrimos
mientras el viento
-aquel del sur y en el corazón -
nos decía
que éramos tan frágiles
como los rayos del sol
en un amanecer magallánico.

Algunas tardes
su nombre asoma en el vino que bebo.
Y es como una llama
que ilumina el camino,
ahora
que estoy solo
y los amigos se han ido
sin anunciar la fecha del regreso.

AUTORRETRATO DEL OTRO

Hay un hombre que recorre por las noches
las calles de un país que no se nombra.
Se parece a mí, a otros, a todos.
A veces sueña y a veces ríe,
mientras mira sus dientes en una vitrina.
Le gusta detenerse en las esquinas,
explorar sombras y temores,
ocultar su rostro a los extraños.
Al amanecer reniega de sí mismo
y de sus pecados inconfesables.
Regresa a su casa.
Bebe un café, lava su cara
y aprisiona su corbata entre los dedos.
Luego,
despojado de su verdad y de sus sueño
sale a recorrer las calles,
enmascarado.

LUIS SEPÚLVEDA



LAS MUJERES DE MI GENERACIÓN

Las mujeres de mi generación abrieron sus pétalos rebeldes de rosas, camelias,
orquídeas u otras yerbas, de saloncitos tristes, de casitas burguesas, de
costumbres añejas, sino de yuyos peregrinos entre vientos.
Porque las mujeres de mi generación florecieron en las calles, en las fábricas
se hicieron hilanderas de sueños, en el sindicato organizaron el amor según sus
sabios criterios.
Es decir, dijeron las mujeres de mi generación, a cada cual según su necesidad y
capacidad de respuesta, como en la lucha golpe a golpe en el amor beso a beso.
Y en las aulas argentinas, chilenas o uruguayas supieron lo que tenían que saber
para el saber glorioso de las mujeres de mi generación.
Minifalderas en flor de los setenta, las mujeres de mi generación no ocultaron
ni las sombras de sus muslos que fueron los de Tania, erotizando con el mayor de
los calibres los caminos duros de la cita con la muerte.

Porque las mujeres de mi generación bebieron con ganas del vino de los vivos,
acudieron a todas las llamadas y fueron dignidad en la derrota. En los cuarteles
les llamaron putas y no las ofendieron porque venían de un bosque de sinónimos
alegres: Minas, Grelas, Percantas, Cabritas, Minones, Gurisas, Garotas, Jevas,
Zipotas, Viejas, Chavalas, Señoritas: Hasta que ellas mismas escribieron la
palabra Compañera en todas las espaldas y en los muros de todos los hoteles,
porque las mujeres de mi generación nos marcaron con el fuego indeleble de sus
uñas, la verdad universal de sus derechos.
Conocieron la cárcel y los golpes, habitaron en mil patrias y en ninguna.
Lloraron a sus muertos y a los míos como suyos. Dieron calor al frío y
Al cansancio deseos; al agua sabor y al fuego lo orientaron por un rumbo cierto.
Las mujeres de mi generación parieron hijos eternos; cantando Summertime les
dieron teta, fumaron marihuana en los descansos, danzaron lo mejor del vino y
bebieron las mejores melodías.
Porque las mujeres de mi generación nos enseñaron que la vida no se ofrece a
sorbos compañeros, sino de golpe y hasta el fondo de las consecuencias. Fueron
estudiantes, mineras, sindicalistas, obreras, artesanas, actrices, guerrilleras,
hasta madres y parejas en los ratos libres de la Resistencia.
Porque las mujeres de mi generación sólo respetaron los límites que superaban
todas las fronteras. Internacionalistas del cariño, brigadistas del amor,
comisarias del decir te quiero, milicianas de la caricia. Entre batalla y
batalla las mujeres de mi generación lo dieron todo, y dijeron que eso apenas
era suficiente.
Las declararon viudas en Córdoba y en Tlatelolco. Las vistieron de negro en
Puerto Montt y Sâo Paulo, y en Santiago, Buenos Aires o Montevideo fueron las
únicas estrellas de la larga noche clandestina.
Sus canas no son canas sino una forma de ser para el qué hacer que les espera.
Las arrugas que asoman en sus rostros dicen he reído y he llorado y volvería a
hacerlo.
Las mujeres de mi generación han ganado algunos kilos de razones que se pegan a
sus cuerpos, se mueven algo más lentas, cansadas de esperarnos en las metas.
Escriben cartas que incendian las memorias. Recuerdan aromas proscritos y los
cantan. Inventan cada día las palabras y con ellas nos empujan. Nombran las
cosas y nos amueblan el mundo. Escriben verdades en la arena y las ofrendan al
mar. Nos convocan y nos paren sobre la mesa dispuesta.
Ellas dicen pan, trabajo, justicia, libertad. Y la prudencia se transforma en
vergüenza.
Las mujeres de mi generación son como un puño cerrado que resguarda con
violencia la ternura del mundo.
Las mujeres de mi generación no gritan porque ellas derrotaron el silencio. Si
algo nos marca, son ellas. La identidad del siglo son ellas.
Ellas: la fe devuelta, el valor oculto en un panfleto; el beso clandestino; el
retorno a todos los derechos; un tango en la serena soledad de un aeropuerto; un
poema de Gelman escrito en una servilleta; Benedetti compartido en el planeta de
un paraguas; los nombres de los amigos guardados con ramitas de lavanda.
Las cartas que hacen besar al cartero. Las manos que sostienen los retratos de
mis muertos. Los elementos simples de los días que aterran al tirano. La
compleja arquitectura de los sueños de tus nietos. Lo son todo y todo lo
sostienen, porque todo viene con sus pasos y nos llega y nos sorprende. No hay
soledad donde ellas miren, ni olvido mientras ellas canten.
Intelectuales del instinto, instinto de la razón. Prueba de fuerza para el
fuerte y amorosa vitamina del débil. Así son ellas, las únicas, irrepetibles,
imprescindibles, sufridas, golpeadas, negadas pero invictas mujeres de mi
generación.

ROBERTO BOLAÑO



RESURRECCIÓN

La poesía entra en el sueño
como un buzo en el lago.
La poesía, más valiente que nadie,
entra y cae
a plomo
en un lago infinito cono Loch Ness
o turbio e infausto como el lago Batalón.
Contempladla desde el fondo:
un buzo
inocente
envuelto en las plumas
de la voluntad.
La poesía entra en el sueño
como un buzo muerto
en el ojo de Dios.

LOS DETECTIVES HELADOS

Soñé con detectives helados, detectives latinoamericanos
que intentaban mantener los ojos abiertos
en medio del sueño.
Soñé con crímenes horribles
Y con tipos cuidadosos
que procuraban no pisar los charcos de sangre
y al mismo tiempo abarcar con una sola mirada
el escenario del crimen.
Soñé con detectives perdidos
en el espejo convexo de los Arnolfini:
nuestra época, nuestras perspectivas,
nuestros modelos del Espanto.

LOS PERROS ROMÁNTICOS
En aquel tiempo yo tenía veinte años
y estaba loco.
Había perdido un país
pero había ganado un sueño.
Y si tenía ese sueño
lo demás no importaba.
Ni trabajar ni rezar
ni estudiar en la madrugada
junto a los perros románticos.
Y el sueño vivía en el espacio de mi espíritu.
Una habitación de madera,
en penumbras,
en uno de los pulmones del trópico.
Y a veces me volvía dentro de mí
y visitaba el sueño: estatua eternizada
en pensamientos líquidos,
un gusano blanco retorciéndose
en el amor.
Un amor desbocado.
Un sueño dentro de otro sueño.
Y la pesadilla me decía: crecerás.
Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto
y olvidarás.
Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen.
Estoy aquí, dije, con los perros románticos
Y aquí me voy a quedar.

HERNÁN RIVERA LETELIER



PLEGARIA AL PASO

Señor
hazme invisible
como un buen árbitro de box.

EL ENVENENADOR DE PERROS

Exhausto de repartir sus hostias
hasta casi el amanecer
se levanta a la hora del almuerzo
se lava las manos a la manera
de los sacerdotes
y se sienta a la mesa
Su mujer le sirve en silencio
-su mujer es mansa y doméstica hasta lo canino-
y resignadamente
echada a sus pies
lo observa malicioso oliscar las albóndigas.

EPITAFIO A MI PADRE MUERTO EL 73
No levantéis de ese modo las cejas:
El viejo se murió de silicosis.

ELEGIA CON INSTRUCCIONES DE JULIO CORTAZAR
}
Cuando nuestras escaleras mecánicas
comiencen a atascarse una a una
irremediablemente y porque sí
y amontonados a los pies
de sus cadáveres decorativos
nos quedemos mirando hacía arriba
sin saber qué hacer
lo que nos hará falta entonces
más que instrucciones para subir una escalera
será esencialmente
instrucciones para llorar.

Tomado de www.dorotea.blogspot.com


GUATEMALA 1954.... ¿VENEZUELA 2004?

<h2><u><hr>GUATEMALA 1954.... ¿VENEZUELA 2004?</u></h2>

La Jornada - México D. F. Miércoles 30 de junio de 2004

José Steinsleger

¿Qué funcionario de Washington, y cuándo, manifestó: "El principal problema de América Latina... es el sentimiento prevaleciente de que Estados Unidos, preocupado con otras regiones del mundo, ha perdido interés en los asuntos hemisféricos"? ¿Fue Colin Powell, actual secretario del Departamento de Estado?
¿Qué otro (ídem) dijo: "... Estados Unidos debe identificar los intereses estratégicos y políticos de América Latina con sus intereses estratégicos y políticos mundiales... se debe inculcar en la mente de los latinoamericanos un sentido de 'participación honorable', en el intento de salvaguardar la libertad"? ¿Fue Roger Noriega, asesor del presidente George W. Bush?
Negativo. La primera glosa concierne a Dean Acheson (secretario de Estado del presidente Harry S. Truman); la segunda incumbe a su asesor Louis Halle, y ambas se remontan al 4 de enero y 9 de noviembre de 1950.
Guatemala estaba gobernada entonces por Juan José Arévalo, líder del movimiento popular que en octubre de 1944 derrocó a la feroz dictadura del general Jorge Ubico. "Socialista espiritual", demócrata liberal, crítico del imperialismo yanqui, Arévalo trató de impulsar el desarrollo capitalista, con leyes laborales como las existentes en Europa y Estados Unidos desde el siglo XIX. Misión imposible. Auténtico Estado dentro del Estado, el monopolio bananero United Fruit Company (UFC) funcionaba en Guatemala como enclave colonial. De modo que ni la negativa del arevalismo para legalizar el Partido Comunista ni su apoyo a la guerra de Corea convencieron a quienes preferían tratar con gobiernos dóciles y sanguinarios.
Arévalo pudo gobernar con relativa estabilidad. Sin embargo, cuando el embajador Richard C. Patterson exigió el despido de los ministros que él llamaba "comunistas", el gobierno lo declaró "persona non grata" y el horizonte político de Guatemala se cargó de nubarrones.
En las elecciones de 1950, el coronel Jacobo Arbenz obtiene la mayoría abrumadora de los votos emitidos. Su gobierno traza un programa de desarrollo capitalista independiente, impulsa políticas de salud, alfabetización y educación, redistribuye el ingreso y aplica una tibia reforma agraria que obliga a los terratenientes a pagar impuestos, en un país donde 2 por ciento de los propietarios concentran 70 por ciento de las tierras.
Estados Unidos, la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) confirman sus dudas: Arbenz es "agente" de Moscú. La CIA, dirigida por Allen Dulles, se pone en acción. Busca militares traidores y los encuentra. Busca intelectuales "disidentes" y los encuentra. Busca gobiernos serviles y los encuentra.
John Foster Dulles, secretario de Estado del presidente Dwight Eisenhower, hermano de Allen y accionista principal de la UFC, aplaude en la Décima Conferencia de Cancilleres de la OEA (Caracas, marzo de 1954) a los delegados enviados por Fulgencio Batista, Rafael Leónidas Trujillo, Anastasio Somoza y otros "demócratas".
El canciller de Guatemala, Guillermo Toriello, desmiente una a una las acusaciones de Estados Unidos. Sólo México y Argentina muestran dignidad. Al inicio de junio, un grupo de "patriotas" entrenados por la CIA en Honduras invade el país, dirigidos por el teniente coronel Carlos Castillo Armas. La aviación yanqui arroja bombas de 250 kilos sobre la población civil. El 25 de junio Arbenz ordena repartir armas al pueblo. El ejército se niega. En la noche del 27 de junio, renuncia. El embajador John E. Peurifoy convoca a los periodistas en el Club Americano y allí exclama: "Jacobo, knock out!" Un joven médico de 26 años se refugia en una embajada, analiza la situación, saca conclusiones y en septiembre se sube a un tren que lo deja en Tapachula. Le dicen Che.
¿Por qué cayó Arbenz? El dramaturgo guatemalteco Manuel Galich, dijo: "No teníamos una ideología antiimperialista, revolucionaria... Lo nuestro era una reacción instintiva que se resumía en un postulado muy poco doctrinario: 'Gringos hijos de la gran puta'"
Destinado a Indochina, Peurifoy muere acribillado dos meses después de la invasión, por un comando nacionalista tailandés. En 1957 un escolta mata a Castillo Armas. La Conferencia de la OEA que condenó a Guatemala a medio siglo de infierno, sesionó en el hotel Tamanaco, de Caracas, inaugurado para la ocasión. Tamanaco fue un cacique que luchó contra los españoles por la independencia de su pueblo.
El 28 de julio de 1954, en el estado venezolano de Barinas, la cigüeña deja un niño en casa de la familia Chávez Frías, a quien bautizan con el nombre de Hugo. Si el lector desea saber cómo sigue la historia, basta con rebobinar el artículo y pensar en la Venezuela de hoy.


"LIBANIZACIÓN" DE BOLIVIA

<h2><hr><u>&quot;LIBANIZACIÓN&quot; DE BOLIVIA</h2></u>

Por Andrés Soliz Rada (Bolivia)
2 de julio de 2004

Con la delectación de un descuartizador profesional, el Ministro de Defensa argentino, José Pampuro, ha manifestado a Radio “Rivadavia”, de Buenos Aires, su preocupación por la “libanización” que vive Bolivia a causa de sus conflictos sociales y políticos. Serrucho en mano, Pampuro asegura que el país se dividirá en tres partes. Una será Tarija, la que se anexará a otra República (a la Argentina, sin duda), región que, casualmente, guarda casi el 90% de las reservas bolivianas de gas natural. Las otras dos quedarán para los demás vecinos. Indicó, además, que el problema será analizado en una visita que realizará a Haití, en próximos días, junto a sus colegas José Viegas, de Brasil, Michelle Bachellet, de Chile, y Yamandú Fau, de Uruguay (“La Prensa”, 26-06-04).

Recordemos que el Líbano afrontó en años precedentes espantosos conflictos internos y externos. Después de la Guerra de los Seis Días, en 1967, perdió una franja de su territorio a manos de Israel y que fue importante escenario bélico en la Guerra de Yon Kipur, de 1973. Los choques armados incrementaron el número de refugiados palestinos a territorio libanés, hecho que desató una sangrienta guerra civil, iniciada en 1975, pero que tuvo sus momentos más crueles, como las masacres de Sabra y Chatila, entre 1977 y 1980. La ola de crímenes y atentados posteriores tardó mucho en aplacarse.

No sabemos cuantas de estas desgracias desea Pampuro para Bolivia, país que, según las ingenuas palabras del presidente Carlos Mesa, ha resuelto vender gas a la Argentina, en acto de solidaridad con el pueblo argentino. Y no es que pensemos que los bolivianos no debamos ser solidarios con la Patria de San Martín y Scalabrini Ortiz, sino que tal venta fue digitada por la española Repsol, filial, Bolivia, con la Repsol, filial Argentina, con la finalidad de obligar al gobierno de Kirchner a incrementar tarifas en su mercado interno, objetivo que fue plenamente conseguido.

En una segunda ingenuidad, Mesa aseguró que ni una molécula del gas boliviano vendido a la Argentina sería re exportada a Chile, debido a que su gobierno ha resuelto utilizar el gas como arma estratégica para recuperar su costa marítima, perdida en la guerra de 1879. A pocos días de iniciarse tal exportación, Argentina normalizó sus ventas al país trasandino, no con el gas boliviano, probablemente, pero si con la disponibilidad del energético que le quedaba libre luego de recibir los suministros de Bolivia. El tema es de “Ripley”, ya que, de manera simultánea, se reveló que las petroleras que operan en Bolivia venden a Chile gas licuado de petróleo (GLP), sin necesidad de intermediarios.

Hace pocos días, Mark Falcoff, el experto iberoamericano del American Enterprise Institute (AEI), un centro de peritos neoconservadores al servicio del vicepresidente estadounidense Dick Cheney, ha anunciado la desintegración de Bolivia a menos que las transnacionales vendan el gas que está en Tarija a México y EEUU. ¿Este es el punto que, según Pampuro, discutirán en Haití los Ministros de Defensa de Argentina, Brasil, Chile y Uruguay? ¿Por qué en Haití, país del que hace pocos meses fue expulsado el presidente Aristide, democráticamente elegido, y que sufrió una invasión norteamericana, para luego recibir el apoyo de soldados chilenos, argentinos y brasileños?

Los países vecinos a Bolivia no deberían coadyuvar a “libanizarlo”, ya que en cualquier momento podría correr su misma suerte. Entre todos, más bien, deberían impulsar la creación de Petroamérica, la petrolera latinoamericana, sugerida por el Presidente Hugo Chávez de Venezuela, a fin de detener las políticas imperiales de Washington. El martes pasado, el canciller de Kirchner, Rafael Bielsa, dijo: “La verdad es que el Gobierno argentino está harto de que el Embajador de EEUU en Buenos Aires, Róger Noriega, se entrometa en asuntos internos de la Argentina” (“La Razón”, 30-06-04). El diplomático gringo había expresado su preocupación por las manifestaciones de desocupados que bloquearon rutas y ocuparon sedes de transnacionales. Ha llegado el momento en que Bielsa le diga a Pampuro, que deje de ser vocero de intereses que también oprimen al pueblo argentino.


MERCOSUR

<h2><u><hr>MERCOSUR</u></h2>

LA PASIÓN DE UNA REALIDAD FUNDADORA



Por Abel Posse - Para LA NACION
15 de marzo de 2004

Estamos viviendo una etapa decisiva. Después de la aniquiladora ilusión globalizante y de economicismo sumiso, el país vira hacia la realidad nacional y a sus intereses. Somos la presa herida que va recobrando sus fuerzas recónditas, para empezar las de la dignidad. Volvimos a nuestra moneda, a la producción de lo que sabemos hacer, a desarrollar nuestra creatividad. El mundo se sorprende de una recuperación que ningún autor del totalitarismo economicista hubiese atinado a prever. Y lo que es más importante: los argentinos van recuperando su autoestima. Pero sin consolidación de poder regional, un país como el nuestro queda expuesto a dependencias y tensiones como las que vivimos, sea con el FMI, con el Banco Mundial o con los tenedores de bonos de nuestra descomunal deuda pública.

Más allá de la integración y de los beneficios de crear zonas de libre comercio, hoy los pactos regionales son realmente pactos de existencia ante la aplanadora del poder financiero mundial desmadrado. Sin una zona fuerte en apoyo a los estados nacionales débiles, no hay posibilidad de resistencia. Ni política, ni económica, ni cultural, que es lo más importante. (En realidad, la dependencia económica se corresponde con el ingreso en un esquema de transculturización y de decadencia moral, que no queremos o no sabemos cuantificar). El Mercosur nos convoca a diseñar un polo de poder mundial. Una unidad política múltiple y funcionante. Hay que tender puentes, caminos, trenes de alta velocidad; unificar formas jurídicas, unir empresarios, fundar una estrategia militar defensiva y disuasoria, institucionalizar las formas de conducción de la gran nación de naciones que tenemos entre manos. Tarea homérica, supremo desafío. El de nacer.

No interesa ya el Mercosur como un mero campo para el mercantilismo mundializado. Debemos vivirlo con la pasión de una realidad fundadora, de un renacimiento. Significa el rescate de nuestro anémico sentido de soberanía y la posibilidad de recuperar un puesto mundial que está en la base del orgullo de la genial ocurrencia fundacional de la Argentina.

Un Mercosur aliado de la Comunidad Andina sería el camino hacia esa Unión Sudamericana que parecería el bolivariano destino manifiesto de nuestros países y, sobre todo, de esa gran cultura euroamericana que vivimos todavía de pantalón corto, sin darnos formas civilizatorias propias. Somos los retrasados, los eternos nonatos, del octeto de culturas que Huntington imagina como protagonistas del futuro de este mundo, donde el todopoderoso Occidente entró en su etapa decadente, implosiva.

En efecto, el siglo XXI se abrió desde el agotamiento de los grandes programas decimonónicos. Estamos ocultando la esencia de dos imposibilidades, de dos caminos gastados:

1) El capitalismo liberal entró en mercantilismo y financierismo terminal. Enfrente, el límite ecológico y cultural. El futuro de expansión de consumismo feliz y democracia para todos ya es ilusorio: se sabe que se engendra pobreza y miseria, que se consolidan mínimos islotes de opulencia y continentes de postergación. (Dos ejemplos de la anormalidad que estamos viviendo: se necesitaría un planeta tres veces más grande que la Tierra para abastecer la energía y las materias primas que exigiría el bienestar de los pobres del mundo, según los criterios actuales de producción y consumo. En este mundo absurdo, cada vaca europea recibe 2,67 dólares de subvención diaria. Sesenta y siete centavos más que esos 2700 millones de pobres que actualmente malviven con 2 dólares o menos por día. Casi la mitad de la población mundial, según las estadísticas de la ONU.

2) Por otra parte, se evidenció, en el último ventenio, que ninguno de los socialismos, desde el soviético a los de China, América del Sur o Africa, ni las socialdemocracias europeas, lograron consolidar un camino de vida distinto, alternativo, libre de la fuerza de atracción del liberal-capitalismo que termina por fagocitar los sueños de libertad, igualdad, fraternidad. No pudieron hacer prevalecer lo social sin recaer en lo esencial del capitalismo.

Esto sugiere que estamos ante una laguna de creación renovadora a escala mundial, disimulada por el statu quo y la repetición de lo fracasado. Los dioses han muerto y no sabemos pensar otros, los que necesitamos para dar sentido a contenidos de vida que abran un nuevo horizonte y estilo.

El momento es crucial: hay que pensar nuevas formas económicas que no signifiquen una trasnochada dialéctica entre fuertes y explotados, opulentos y condenados de la Tierra.

Esta reflexión geocultural viene al caso si pensamos que estaríamos consolidando con el Mercosur ese gran espacio que nos debemos. Pero sería ingenuo y estéril recorrer los caminos de probada decadencia y la reiteración de un mercantilismo tardío, ya inviable. Debemos pensar en una Gran Política para la gran casa en construcción. Sin un sentido de retorno ético y de afirmación de nuestra cultura y espiritualidad, estaríamos apenas en otra repetición.

Como afirma Edgar Morin, hacer verdadera política es marcar "direcciones, rearme espiritual y otorgar un sentido de vida que pueda remontar la disgregación y decadencia del mundo occidental".

Ya no se trata de sobrevivir de cualquier manera. La política grande que hagamos deberá responder a la pregunta: sobrevivir, integrarnos, pero ¿para qué calidad de vida, para cuál concepto del hombre, para qué espiritualidad y para cuál forma social que nos libre de un futuro en el que cuatro de cada seis humanos vivirán en la miseria?

Ahora que arrancamos con un nuevo Mercosur, el de Lula y Kirchner (por cierto en una línea de creación política absolutamente diferente a la de Menem y Cardoso) debemos convocarnos con la misma energía con que se conmueven los pueblos para sus empresas fundacionales. Junto con la política de integración física, económica y de convergencia en líneas políticas básicas, debemos tener presente, con todos los países hermanos con los que iniciamos una nueva etapa de unidad, que esta tarea de proyección mundial tiene que fundamentarse en los valores culturales que compartimos, con la ineludible responsabilidad de ser protagonistas de una nueva conciencia para contener y superar la atroz involución subculturizadora.

Tendremos que pensarnos el mundo no como profesores asustados que traducen lo que otros piensan o hacen, sino como renovadores, capaces de afirmar nuestra dimensión poética, creativa, religiosa, dentro de un Occidente que parece huir de sus valores sin saber recrearlos. Esa idiosincrasia latino-mediterránea que vivimos casi con culpa, como una personalidad de trastienda, es lo único que nos distingue, al punto que justifica nuestro ingreso en la clasificación de grandes culturas, ya aludida, del libro del profesor Huntington. Y hasta ahora es como una reserva enmohecida sin estrenarse todavía en el "mundo de primera".

Somos el adolescente que debe asumir su adultez. Para nosotros, los argentinos de la generación del fracaso, el Mercosur y la eventual Unión Sudamericana sería la oportunidad del resurgimiento que nos adeudamos. Si supiéramos convocarnos a la grandeza del propósito nos liberaríamos de tanto lloriqueo por el pasado y del pesado aburrimiento y humillación de pasarnos los años melancólicamente, juntando monedas para pagar la quiebra del siglo .